Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

VI

De esta su Tío no se escapaba. No señor.

Zuko obligó tanto a Iroh como a Lu Ten a que lo acompañaran al interior de la casa para decirles a ambos unas cuantas cosas. Básicamente, estaba harto de todo aquel asunto que involucraba a su familia con esa chica extraña, maleducada y, por sobre todo, desagradable. Quería que le explicaran todo de una buena vez. Se lo debían. ¡Ella lo había atacado, por todos los cielos!

—Creo que estás exagerando —murmuró Lu Ten, luego de algunos segundos de silencio—. Toph es una chica muy agradable, si te dieras el tiempo de conocerla...

—¡¿El tiempo de conocerla?! —exclamó, atónito, el muchacho—. ¡Ella me atacó! ¡A-ta-có!

—No te atacó —refutó su primo.

—¡Claro que sí!

—Ya basta los dos —interrumpió Iroh, con aquel tono sereno que sólo enfurecía más a su sobrino—. Zuko, estás precipitándote, las cosas no son lo que parecen ser, te lo he dicho muchas veces.

—Entonces dime de una vez cómo son las cosas —sentenció—. ¿Quién es ella? ¿De dónde te conoce, tío? ¿Por qué está viviendo aquí, contigo? ¿Dónde rayos están sus padres?

—Muertos.

Quien dijo aquellas palabras no fue su tío, tampoco Lu Ten. Toph estaba de pie en la sala, bajo el umbral de la puerta, a espaldas de Zuko. Cuando el muchacho se volteó no se encontró con una chica al borde del llanto, angustiada, ni mucho menos triste: su rostro era serio; su pose, altanera; y su voz, neutra. Zuko jamás habría creído que alguien podía decir con tamaña facilidad y normalidad aquella palabra (y todo lo que ella conllevaba) como ella lo estaba haciendo. Casi parecía una trivialidad.

—Tu tío es un viejo amigo de mis padres, y me está haciendo el favor de recibirme por un tiempo. Lo de ir a la Academia fue su idea también —agregó, girando el rostro hacia otro lado, como se quisiera evitar las miradas que sabía estaban sobre ella.

Zuko guardó silencio, por supuesto. ¿Qué más podido hacer? Lu Ten le dedicaba de esas miradas obvias. Su tío Iroh suspiraba. Bien, asumía su falta de tacto, ¡¿era necesario condenarlo de esa forma?! No era su culpa después de todo, a él nada le habían informado (era obvio que su primo era más conocedor que él de los pormenores de la chica).

—¿Algo más que la princesa desee saber? —preguntó la chica, notoriamente sarcástica—. Bien, me retiro entonces —murmuró seria.

Esa muestra de buenos modales lo desconcertó un poco. Zuko se sabía avergonzado y con la mejillas rojas, aquella no había sido de sus mejores jugadas.

—Iré a hablar con ella más tarde —dijo antes de que su primo y su tío se apresuraran con lo que debía hacer.

Sin embargo, el 'más tarde' nunca llegó. La joven permaneció alejada de los demás por el resto de la tarde, y Zuko veía como el cielo anaranjado le indicaba que debía emprender la partida. Se despidió de ambos hombres y dedicó una última mirada al pasillo que llevaba hacia la habitación de ella, marchándose con el sabor amargo en la boca.

Durante la siguiente semana no asistió a la Academia, debía preparar exámenes que estaban a la vuelta de la esquina y hasta el trabajo se volvió más complicado. Realmente extrañaba a Jeong-Jeong, comenzaba a sentir la temperatura de su cuerpo aumentar día a día por no hacer el ejercicio al que se había acostumbrado. Esa tarde había vuelto a discutir con un compañero y su jefe le había dado una advertencia. Nada estaba saliendo bien. Miró el reloj en su muñeca y realizó unos cálculos: si se apresuraba podía recoger algo de ropa de su departamento y pasar por la Academia para la última sesión del día. Si tenía suerte Chan estaría por allí.

El viejo maestro fuego se sorprendió de verlo (y se lo hizo notar, por supuesto, él odiaba la inconsistencia) pero de igual forma le permitió ingresar a la clase que había comenzado cuatro minutos atrás. La sesión transcurrió con normalidad; Zuko realmente se sintió mejor luego de que el sudor recorriera cálido su cuerpo y el aire abandonara sus pulmones con insistencia. Extrañaba esa sensación de fatiga. Los demás abandonaron la sala y Jeong-Jeong se quedó viéndole insistentemente. Sabía que quería hablar con él, y sospechaba el motivo.

—Tu tío está preocupado por ti, Zuko —le dijo sin rodeos—: cree que te sobre exiges demasiado. Yo no lo considero así —añadió rápido—, dejaste mis clases como si nada, así que asumo has tenido más tiempo para ti.

El muchacho no contesto, prefirió aguardar por la advertencia que sabía vendría.

—Si te vuelves a ausentar por otra semana, no te molestes en volver. Mi amistad con tu tío no me hará cambiar de parecer otra vez —advirtió mientras lo dejaba solo.

Zuko suspiró. Su semana no había comenzado bien y terminó peor, dos advertencias eran demasiadas. Se pasó la mano por el pecho, removiendo con la camiseta el sudor que comenzaba a enfriarse; le siguió el rostro y el cabello; ahogó un grito en su garganta. Escuchaba la sección de los maestros tierra, la algarabía de Bumi y los ataques que ella realizaba. Recordó que nunca se había disculpado con la chica. Después de unos minutos abandonaba las duchas con el bolso sobre sus hombros, sabía que ella seguía ahí, Bumi realizaba mucho ruido. Si bien no entendía cómo ella se llevaba tan bien con su tío, tampoco comprendía su afinidad con el maestro tierra.

Se marchó de allí al cabo de unos segundos.