Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

VII

La presencia de Toph en su vida se convirtió en algo constante, y también lejano.

La veía casi casi todos los días en la Academia, los fines de semana en la casa de su tío, y si bien la charla del 'más tarde' nunca había llegado, su (escasa) relación no había empeorado de forma categórica: básicamente seguían ignorándose mutuamente, ella respondía mordazmente a cada oportunidad que tenía para con él y Zuko se mordía la lengua para no causar más problemas como los que ocasionó. En la sección de los maestros tierra la observaba en la distancia, le gustaba su postura y su técnica, aunque a veces carecía de paciencia. De hecho, en más de una ocasión había golpeado a Chan por meterse en su sección cuando ya acababa la última sesión del día e insistía con que entrara a competir junto a él al pro bending. Zuko reía por lo bajo, las muecas que ella realizaba cuando era interrumpida le divertían. Siempre se marchaba en silencio, sabía que ella era consciente de su presencia pero ninguno decía algo. A veces se encontraba allí con su tío que venía a buscar a su pequeña protegida, y charlaban hasta que ella llegaba toda hecha sonrisas para un viejo hombre que, aunque no fuera su pariente, se había convertido en una luz presente en su invariable oscuridad.

Ese día en particular Iroh llevaba ya media hora de retraso, llovía demasiado y Zuko sólo esperaba que su tío llegara para marcharse rumbo a su propio hogar; no confiaba en que la chica, conectada a su elemento o no, pudiera llegar sola a casa con semejante clima. Ambos aguardaban en la sección de maestros tierra completamente en silencio, ella sentada en el suelo y él apoyado en una muralla, sólo se oía el ruido de Bumi en la sala de al lado. Discutía con Pakku, como siempre.

Luego de algún rato Lu Ten lo llamó y confirmó sus sospechas: su tío no iba a poder ir ese día, y estaría muy agradecido si él (sí, él) se hiciera cargo de la chica por esa noche. Le mandaba saludos, por cierto. Zuko colgó su teléfono y se quedó viendo insistentemente la pantalla. ¿Realmente lo someterían a aquello?

—No podrá venir, ¿cierto? —dijo ella. Suspiró y estiró sus brazos, arqueando su espalda con pereza—. Bueno, a veces las tragedias pasan. ¿Qué harás, princesa? —preguntó entonces, viéndolo con sus ojos grises—. ¿Me llevarás tú a casa de Iroh o me quedo contigo?

No quería, realmente no quería llevársela consigo a su departamento pero, siendo éste financiado en parte por su tío, pagaba en parte ese favor al llevársela consigo; no tendría sentido ir a la casa de Iroh y luego volver en medio de la lluvia siendo que vivía a unas pocas cuadras de allí.

Fue su turno de suspirar y se levantó, yendo hacia la entrada de la academia.

—¿En qué clase de mansión vives, princesa? —preguntó ella en cuanto le dio alcance.

—En uno de treinta y ocho metros cuadrados, mi Dama —contestó sardónico. Extendió su paraguas y aguardó afuera por ella—. ¿Vienes?

Caminaron en silencio las siete cuadres que separaban la Academia de su departamento. Mientras aguardaban en una esquina Zuko recordó que aquella era la esquina en que la vio por vez primera. «¿Por qué correría de esa forma? —se preguntó entonces. Parte de él lo había olvidado—. ¿Tenía miedo realmente?»

Cuando llegaron a su departamento ella estaba mojada en casi su totalidad. Por más que Zuko frenara su andar para compartir el paraguas ella insistía con quedarse atrás. Ahora recordaba porqué esa niña lo sacaba de sus casillas. Dejó el paraguas en la entrada y colgó su abrigo, ella hizo lo mismo y ambos dejaron sus respectivos bolsos en el suelo. Toph de inmediato se sacó los zapatos, disfrutando del roce de la alfombra con la piel endurecida de sus pies. Zuko le indicó dónde estaba el baño para que se diera una ducha.

—Tomaré una de tus toallas —obvió ella, dirigiéndose al armario como si conociera cada centímetro del lugar. El muchacho tuvo que reprimir aquel impulso por preguntar, recordando las palabras de su primo respecto a ella y su elemento.

«Ella sabe por dónde camina —recordó—. Excepto aquella vez». El joven seguía preguntándose por aquel día de locos. Se pasó la mano por el rostro, sintiendo la textura de la piel quemada bajo la yema de sus dedos. Se preguntó entonces si ella vería el físico de las personas como veía los objetos con los que no tropezaba, si vería la barriga que su tío había cultivado con los años o aquella barba que le daba un toque de sabiduría, si vería el físico de Lu Ten, tan distinto al de su progenitor... Si lo vería a él, y a aquella cicatriz que lo marcaba desde su infancia.

Su vida después de aquel accidente no sólo había sido mala por la pérdida de su madre, los conflictos con su padre o su relación con su hermana, sino que la vida de un niño normal era algo a lo que no podría volver a aspirar. Los niños eran crueles, más con quien era diferente, a sus compañeros de clase les encantaba recordárselo (y a su hermana también, para qué iba a mentir).

Suspiró cansado, sentado en el suelo junto al ventanal, apoyado en su cama: ese era todo su lujo, un departamento de dos habitaciones —la más pequeña con su cama y la otra con un sofá, una pequeña mesa anclada a la pared y la cocina— y un baño. Su único consuelo es que sólo le debía favores a su tío, se había podido desprender de su propia familia.

Toph salió de su baño al cabo de unos minutos, muy a gusto la ropa que también le había sacado del armario. Pasó a su lado y continuó su camino, entretenida en secarse con una toalla el cabello negro que le caía por los hombros. Lo primero en que reparó Zuko fue en sus pies descalzos, tan blancos como el resto de su piel cuando toda la tierra había sido arrancada de sus poros. Se veían endurecidos y agrietados, pero estaban limpios al fin y al cabo. Suspiró y fue su turno de entrar a la ducha.

Al abrir la llave el agua cayó fría como el hielo, espantándolo. Si había algo que no soportaba era el agua fría; eso iba bien para los maestros agua, no para él. El mar de la región de Ember era cálida en verano, incluso en invierno conservaba algo de calor.

Cuando salió de la ducha una estela de vapor salió con él; se dio cuenta de que ella estaba muy cómoda en su cama, mirando el techo, con la toalla rodeando su cuello y sus manos tras la nuca. Se avergonzó de salir medio desnudo hasta que recordó que ella era ciega. Sin embargo...

—Toph... —Trató de sonar lo más casual posible, no quería que ella se diera cuenta de cómo se sentía en esos momentos—. ¿Qué tanto puedes ver por medio de tu elemento?

—Formas, principalmente, sé dónde están las cosas y cuánto espacio ocupan. —Una sonrisa ácida se dibujó en sus labios—. Como el hecho de que llevas unos cinco minutos ahí parado, princesa.

Zuko no respondió.

Fue al armario y sacó una camiseta, imitando lo que ella hiciera algunos minutos atrás para secar su cabello. Estaba largo, llevaba algo más de un año sin cortarlo. Antes, cuando vivía con su padre, solía preocuparse de llevarlo siempre corto y bien arreglado; ahora, bien poco le importaba, pero podría darse un corte cuando tuviera algo de tiempo.

Ella estaba cómoda en su cama, y no parecía tener intenciones de moverse. Resignado se sentó al otro lado y trató de entablar una comunicación medianamente civilizada, pero fue inútil como siempre ya que ella o no le prestaba atención, o lo insultaba indirectamente.

Más tarde, cuando ya la noche era plena, temperatura estaba bajó drásticamente y ambos lo sintieron, pues Zuko no tenía calefacción en el departamento. Vio que ella se tomaba los pies descalzos para que éstos entraran en calor. A él el rostro le dolía ligeramente, soltaba uno que otro bufido y se palpaba la piel tirante.

—¿Qué te pasa, princesa? ¿Temes que tu delicado rostro se reseque con el clima?

Estaba harto de que le dijera princesa, harto de que lo menospreciara y se burlara de él, harto de todos, de la vida, del estrés, de las apariencias. Jaló la mano de ella y la pegó a su rostro casi a la fuerza. Toph demoró en mover sus dedos y aventurarse a deslizar sus dedos, Zuko perdió las fuerzas y soltó su mano; aquélla continuó ahí, tocando, sintiendo las arrugas. Se quedaron así unos momentos hasta que unas palabras que él jamás creyó oír provenientes de ella se escaparon de sus labios.

...

¡Hola!

Luego de más de un mes sin actualizar (otra vez), aparezco con otro capítulo :D

Lo siento mucho, he estado demasiado estresada con los exámenes en la Universidad T_T Demoro, pero prometo que no tengo la historia tirada :c

Gracias a xmomo-chanx (espero saber qué te pareció este capítulo) y a Hyaku chan (no me pareció raro, de hecho, me alegró bastante c:) por sus comentarios :)

Para los demás, ¡no sean tímidos(?)! Agradezco sus favoritos y follow, pero me gustaría saber si siguen aquí (espero que así sea D:) y qué les ha parecido.

Saludos~!