Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)
¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela
VIII
...
¿Había escuchado bien?
La mano de Toph se retiró lentamente y fue a parar junto a su propio cuerpo. Zuko se vio a sí mismo observándola, con el cabello aún húmedo sobre los hombros y la toalla que le rodeaba el cuello; habitualmente ella lo usaba recogido por lo que nunca había reparado en su largo, algunos centímetros por debajo del pecho. Parecía una chica menuda aunque estaba seguro que era todo menos indefensa: sus brazos parecían firmes, sus pies hacían de buena base y, con la certeza de verla todos los días en la academia, el muchacho sabía lo buena maestro tierra que era.
Ella miró hacia otro lado, notoriamente incómoda, y comenzó a mover sus dedos con impaciencia.
—Lo siento, ¿qué? —atinó a decir el muchacho, espabilando de su ensueño.
—No me hagas decirlo otra vez, Chispitas.
—¿Qué? —repitió nuevamente, viendo como ella se levantaba de la cama y caminaba hacia el sofá—. ¿"Chispitas"?
—Sí, ya no te llamaré princesa, pero debes tener un apodo.
Zuko la miró desde su dormitorio, sin entender cómo las cosas se habían distorsionado tanto en apenas unos minutos.
—Y bien, ¿qué hay para comer, Chispitas?
Zuko sacudió la cabeza, ligeramente divertido, y se dirigió a la cocina, buscando algo que hacer para la cena: su despensa no era abundante, pero tenía confianza en sus habilidades culinarias como para que ella se declarara satisfecha. Por lo demás, no creía que fuera muy exigente.
—¿Qué opinas de arroz con cerdo?
—¿Con mucha soya? —replicó ella desde el sillón, aparentemente concentrada en otra cosa.
—No utilizo mucha soya, pero puedes echarle más a tu plato si gustas —le dijo mientras sacaba la carne del refrigerador. Debía ir pronto al supermercado, ya se le estaba acabando hasta el arroz en la despensa—. ¿Alguna otra exigencia?
—Con mucha cebolla. Ah, y no me gusta el huevo crudo. —Hizo una mueca—. Prefiero que esté bien cocido.
—Bien, mucha cebolla, huevo cocido. Lo tengo. —Terminó de sacar los ingredientes del refrigerador y los colocó sobre la pequeña mesa junto a la cocina. Se le hizo extraño ocupar tanto espacio para cocinar, usualmente apenas si se preocupaba de prepararse algo para él, además solía traerse comida del restaurant. Suspiró. Sería una molestia tener a la chica por una noche, pero creía que se lo debía.
Durante los próximos minutos Zuko se encargó de poner el arroz a cocinarse, lavar las verduras y sazonar la carne mientras el aceite se calentaba. Tanto él como Toph aportaron con algunos comentarios que trataron de convertirse en una conversación, pero nada llegó a buen puerto. Ninguno de los dos participantes era bueno con las palabras, y aunque lo intentaran, seguían siendo torpes en tratar con otro ser humano.
—Tu tío habla mucho de ti, ¿sabes? —fue el último intento de la chica. Parecían dos completos extraños cuya única cosa en común era Iroh, y el cariño que ambos sentían por él.
—¿En serio? —Aquella frase no parecía muy creíble, menos después de las últimas semanas que habían pasado todos. La chica asintió—. ¿Qué dice sobre mí?
Ella pareció pensarse las palabras que iba a utilizar.
—Que eres joven, pero tienes el espíritu algo viejo.
—¡Qué!
—No lo dice como algo malo —aclaró ella, jugando con un adorno que tomó de la cocina—, más bien, parece que lo lamenta. Dice que has pasado por mucho desde que eras un niño, que has crecido cuando no era el tiempo y que eso ha envejecido tu alma.
—Ya veo... —Tal vez era cierto, Zuko no era del todo ajeno a las conjeturas de su tío. Desde la muerte de su madre y los problemas con su padre, Iroh estaba más atento de él y de sus acciones, actuando siempre como un consejero implacable y un hombre digno de la más alta confianza cuando se enfrentaba a cualquier clase de problema. A veces el muchacho creía que su tío lo conocía más que él a sí mismo—. ¿Tú que crees? —preguntó a la chica, retomando su atención—: ¿Crees que tengo un espíritu viejo?
—Creo que tienes el alma de un anciano, estoy segura que tu tío tiene un espíritu más joven y aventurero que tú —contestó ella con simpleza, la sencillez de una chica que ve el mundo desde una perspectiva extraña y simple—. Te complicas por cosas innecesarias, Chispitas. Relájate un poco.
—¿Qué edad tienes, Toph? —preguntó entonces; la duda le había venido de pronto, y no pudo detenerla a tiempo. La chica dejó de jugar con el adorno que mantenía entre sus dedos, sin comprender de dónde venía esa pregunta—. Si no quieres contarme, está bien —comprendió él.
—No, está bien. —Como si nada, de forma trivial, Toph volvió a jugar con la figurilla—. Cumplí diecisiete hace unos meses.
—¿No vas a la escuela? —Una vez abierta la llave de la curiosidad, Zuko no fue capaz de cerrarla.
—Tu tío consiguió maestros particulares para mí, creyó que sería lo adecuado dada mi situación. —Dejó el adorno en su lugar y se estiró cómodamente en el sofá—. ¿Cuánto falta para comer, Chispitas?
—Estoy esperando que el aceite esté bien caliente, no debe faltar mucho. —La cocina en su apartamento era eléctrica, sumamente engorrosa cuando de alta temperatura para cocinar se necesitaba. Por un momento sopesó la idea de aplicar algo de fuego a la fuente de acero pero la descartó tras recordar el motivo de que los departamentos no tuvieran acceso a gas o cualquier otro tipo de inflamables, pues era muy peligroso en espacios tan pequeños y con tanta gente concentrada a los alrededores.
El teléfono comenzó a sonar, por lo que Zuko dejó la cocina para ir a su habitación a contestar. Era Iroh, por supuesto, que quería saber cómo estaban marchando las cosas entre ambos, además de disculparse él mismo por dejarlo en tal situación. Se alegraba, empero, de que no se hubieran matado a esa altura de la noche. El joven no encontró divertido el comentario de su tío, pero le siguió el juego y sentó en la cama, preguntándole cómo estaban las cosas por allá.
Se llevó el teléfono a la cocina para continuar en su labor, y la muchacha se acercó para hablar con su tío a través de él, cosa bastante incómoda por lo demás. Era difícil hacer tantas cosas a la vez, y tanto Iroh como Toph se empeñaban en hablar más y más fuerte. Terminó pasándole el teléfono a la chica para poder cocinar tranquilo, sin embargo, al darse vuelta pasó a llevar un extremo de la fuente que contenía el aceite y éste se esparramó por el piso, siendo apenas esquivado por su brazo.
—¿Qué ocurrió? —preguntó la chica, volteándose hacia él.
—No, Toph, no te acerques...
Pero su advertencia fue demasiado tarde. De un salto Toph cayó hacia atrás y el teléfono se perdió en algún lugar de la sala. Y el grito de dolor llegó hasta los oídos de Iroh al otro lado de la línea.
...
Soy un asco de persona, lo sé :(
Además de demorar un siglo, hacerle esto a la pobre Toph, merezco el infierno. Pero creo que es algo necesario para estos dos, creo que ese momento en la serie fue clave para ambos y, aunque ahora Zuko no fue directamente el culpable, sí estuvo involucrado.
He estado trancada con muchas historias, y ésta ha sido de la que menos me he preocupado, lo admito. De a poco voy retomando el hábito de escribir, creo que adentrarme en otros fandom y otros personajes es un buen ejercicio, y las historias cortas que publiqué a lo largo del año tienen esa ventaja, que son sólo de un capítulo y no debo retomarlas y seguirlas, que es lo que me ha costado.
Siento mucho la demora, actualizaré a cuenta gotas pero lo haré, lo prometo.
Muchas gracias por sus comentarios a Dragnyk, xmomo-chanx, dany150599 y Tokitou, sé que fueron hace bastante pero siempre me alegra el leer sus palabras, como a cada escritor.
Saludos, espero leer sus comentarios :)
