Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)
¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela
IX
...
En tan sólo un par de horas la noche había dado demasiados giros, más de los que Zuko estaba acostumbrado a soportar en su ajustada rutina.
En el pasillo que conectaba al área de urgencias el joven maestro fuego aguardaba por su tío Iroh y por Lu Ten. Estaba sentado, casi con la cabeza a la altura de las rodillas, cuando soltó un respingo y se puso de pie. El grito de dolor de Toph continuaba resonando en sus oídos mientras recordaba lo ocurrido. Luego de treinta segundos paseando a lo largo de un metro no fue capaz de seguir igual y volvió a tomar asiento; llevaba quince minutos en lo mismo.
El médico le había dicho que su actuar había sido el correcto dada la situación y el accidente, sin embargo él continuaba respingando en el pasillo. Cuando la chica cayó al suelo lo único a lo que atinó Zuko fue a tomarla en sus brazos y llevarla al baño para aplicarle agua fría; no hubo momento en su vida en el que deseara más ser un maestro agua para aliviar en algo su dolor. Mientras la muchacha balbuceaba incoherencias teñidas por su propia angustia y desesperación, Zuko fue al teléfono para llamar al hospital, encontrándose con que su tía continuaba en la línea preguntando incansablemente por lo ocurrido.
Apenas diciéndole adiós fue que el joven cortó la llamada y se comunicó con la línea de emergencias, explicándole en torpes frases a quien le atendiera lo que había ocurrido. Cortó al cabo de un minuto y corrió para tomar sus llaves y su chaqueta de la puerta de entrada, la puso sobre los hombros de la chica y nuevamente la cargó en sus brazos, esta vez para sacarla del departamento y llevarla al hospital. Suerte tenía que no vivía lejos.
Veinte minutos habían pasado de aquello y continuaba esperando, nuevamente de pie. Iroh y Lu Ten llegaron entonces, y Zuko pudo apreciar como no lo hacía en años un rostro perturbado en las facciones de su tío.
—¿Cómo está ella? —preguntó el hombre, ligeramente fatigado por una caminata presurosa.
—Continúan atendiéndola —respondió él.
—¿Cómo fue que todo ocurrió? —cuestionó entonces Lu Ten.
—¡Fue un accidente! —Zuko alzó la voz más de lo debido, tanto que incluso miradas desde la sala de espera fueron en su dirección. Iroh tomó su hombro, haciéndole entender que su primo no le estaba recriminando la situación, pero que también estaba preocupado. Después de todo, él había cortado su llamado sin explicarle nada, y sólo lo llamó cuando la muchacha ya había sido ingresada a urgencias para atender sus quemaduras.
Luego de resumir todo lo ocurrido los tres procedieron a tomar asiento para seguir esperando.
El enfermero de turno salió de la sala en la que se encontraba la muchacha para comunicarles que todo estaba bien y que podían entrar a comprobar su (casi) perfecto estado. Y, en efecto, cuando los tres hombres ingresaron a la habitación se encontraron a la chica sentada en la camilla, balanceando sus pies en el aire mientras parecía mirar un punto fijo en el suelo. Su cabello negro alborotado y la ligereza con la que parecía estar sentada le daba un aspecto infantil, más del que Zuko aseguraba que tenía.
—¿Cómo te siente, Toph? —preguntó Iroh, con ese tono cariñoso que siempre ocupa con ella. Zuko se percató de que sólo entonces ella reparó en su presencia.
—Podría haberme ido peor —respondió ella con esa simpleza que la caracteriza, empero frunciendo los labios—. El enfermero dice que no puedo caminar todavía, aunque cojear se me da bastante bien —añadió, y es que sólo uno de sus pies había pisado el aceite hirviendo que había caído al suelo del pequeño departamento, el otro apenas si había recibido algo de daño.
—Si él lo dice, será mejor que le hagas caso —advirtió Lu Ten—. Será mejor esperar una segunda curación antes de atormentes al mundo con muletas, conozco a una chica que podría ayudarte a sanar más rápido. —Sonrió divertido entonces y miró en dirección a su primo—. Por mientras Zuko será feliz cargándote.
El aludido ni siquiera fue capaz de replicar ante la mirada que le daba su primo mayor, y terminó refunfuñando bajo el umbral de la puerta.
—Bien —continuó Lu Ten con más ánimo—, dado que no hay de qué preocuparse, con mi padre haremos el papeleo necesario para irnos a casa. Zuko, quédate con Toph; Toph, estás a cargo.
—¿Estás hablando en serio? —cuestionó el muchacho mirando a su tío, quien decidió encogerse de hombros y reír bajamente. El par dejó la habitación y el joven maestro fuego resopló. Al momento de pasar la mano por su rostro sus dedos se quedaron a la altura de su ojo izquierdo, sintiendo las marcas habían nacido producto de un accidente y que no lo habían abandonado jamás; aquellas marcas que habían cambiado su vida para siempre.
El silencio fue rápidamente instalado entre aquellas cuatro paredes mientras el muchacho continuaba recordando las horas pasadas: luego de que la chica llegara por primera vez a su hogar (a lo que él llamaba hogar) vinieron las peleas que él veía como inevitables, sin embargo fue cuando ella tocó la cicatriz que lo acompañaba en su día a día que, por sólo un instante, su relación cambió drásticamente.
«Lo siento», ésas habían sido las palabras que habían salido de la boca de la muchacha cuando la rabia y el colapso se habían apoderado de su ser y lo habían hecho tomar la mano de la chica y plantarla en su rostro. «Lo siento» fue lo que ella dijo luego de que sus pequeños dedos se aventuraran con cada arruga que era parte de su ser y calmaran la situación en la que se encontraban, se había disculpado como nunca antes lo había hecho con su persona. «Lo siento» era lo que aquella chica había pronunciado antes de que él quemara sus pies.
Y la verdad era que él todavía no se había disculpado, ni por el incidente de ese día ni por ninguna otra discusión absurda en la que había caído para con la muchacha. Suspiró, otra vez, cuando ella se lo hizo notar con su habitual sarcasmo.
—¿Te quedarás donde mi tío esta noche? —preguntó entonces.
—Supongo, parece ser lo más adecuado. —Toph se enderezó su cuerpo—. A menos que quieras cederme realmente tu cama.
—No cuentes con ello.
—Ya lo suponía —rió la chica por un segundo. Zuko contuvo la respiración por ese mismo segundo—. Pero deberás llevarme al auto, Lu Ten dijo que yo estaba a cargo. Después de todo, quemaste mis pies.
—Lo siento, Toph —dijo Zuko, tan sencillo y rápido que le costó creer realmente que lo había dicho.
—Tranquilo, Chispitas, fue un accidente. —Toph le restó importancia al asunto como parecía hacerlo con todo, con aquella voz burlesca y esa sonrisa irónica—. Pero en cuento pueda volver a poner mis pies sobre la tierra, te aseguro que patearé tu trasero.
...
¡Hola otra vez!
Lo sé, soy de lo peor, siempre demoro mucho en actualizar, y para resumirles un poco (y tratar de excusar mi demora), he estado con mucho en la universidad. No me fue muy bien en el semestre regular y he decidido tomar cursos en verano (para que se hagan una idea, mi semestre regular termina en Noviembre, y Diciembre-Enero es el semestre de verano), cosa que realmente me ocupó demasiado tiempo y ni siquiera pensé en este fic.
Pero ya ven, adoro esta pareja y como les juré antes, actualizaré (eventualmente D:)
Generalmente les diría que no tengo fecha de actualización, pero en este caso tengo una meta de colgar el siguiente capítulo antes del 20 de este mes, así que me pondré a trabajar mucho en ello.
Espero no perderlos, y saber qué les ha parecido este capítulo.
Sé que es corto, pero es una transición al siguiente que espero tenga un poco más de drama/acción/no-sé-cómo-decirle de esta pareja, y la historia, por supuesto.
Bueno, no los distraigo más.
Espero leerlos n_n
¡Saludos!
