Elección

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Ranma se tiró en el futon completamente frustrado, más que eso, en realidad estaba completamente abatido. En los años que llevaba teniendo una maldición, había hecho muchos intentos por curarse y nada había resultado; al final de cada desenlace, siempre había levantado la cabeza con orgullo y optimismo, incluso después del suceso en Jusenkyo; pero en este último año en particular, sentía que su paciencia y positivismo ya estaban llegando a su fin.

Tomó la almohada y la apretó contra su cara, gritó ahogando el sonido, pero eso no fue suficiente y sentándose de tirón, aventó el objeto blando contra la pared más cercana con toda su fuerza, el impacto causó que el muro se agrietara a pesar de la poca dureza del objeto.

Se volvió a dejar caer en el delgado colchón y se llevó el brazo a los ojos, tapando con ello los últimos rayos del sol, que entraban por la ventana.

En este último tiempo la necesidad de ser una persona normal se le había metido en la cabeza como una bala incrustada en su cerebro, veía a sus amigos realizar su vida, conseguir parejas, incluso uno de ellos ya tenía un bebé, ¿y él? Seguía sin siquiera poder besar a Akane. Primero lo atribuyó a la falta de experiencia con mujeres en el plano romántico, luego a la nula enseñanza de su padre a expresar sentimientos, incluso había intentado achacarlo a ser simplemente una persona tímida en ese aspecto; sin embargo, el tema se le había empezado a salir de las manos cuando no una, ni dos, ni siquiera tres veces, sino varias, había tenido oportunidad de besar a su prometida y la oportunidad se había visto arruinada por algún incidente con el agua.

¿Qué mujer en su sano juicio querría salir con un fenómeno como él? Nadie, ni siquiera Akane, había podido ver la decepción en sus ojos al verlo transformarse.

En esta última ocasión alguien había recomendado que los malditos fueran a ver a un supuesto chaman cerca de los pueblos aledaños a Kyoto; encontrarlo no había sido fácil, pero Ranma no se había dado por vencido, y aunque a últimas instancias ya nadie lo acompañaba, nunca había dejado su objetivo de lado. Al encontrar por fin a este extraño hombre que profesaba poder curar cualquier cosa, le explicó su problema y debió saber que era un charlatán cuando lo hizo transformarse varias veces solo para satisfacer su morbo. Al final le había dado unos menjurjes que sabían peores que la comida de Akane y todo había sido en balde, lo único bueno de aquello, es que había sacado del negocio a otro ridículo estafador.

- ¿Ranma? - Oyó que la puerta se deslizaba lentamente, el joven había pensado que la casa estaba vacía, pero al parecer, se había equivocado. - Llegaste. - Le dijo con una sonrisa ingresando a su habitación.

- ¿Nadie te enseñó a tocar la puerta? - dijo de manera grosera y la joven paró en seco su movimiento. - ¿Qué tal y me hubiera estado cambiando de ropa? Seguro me hubieras gritado por pervertido y mandado a volar cuando la única que no tiene modales eres tú.

- Yo... - Ella retrocedió. - Lo siento... solo quería ver si habías llegado, si todo había ido bien en tu viaje.

- Pues ya viste que si llegué.

- ¿Y tú viaje? - La joven se aferró al marco de la puerta, ya un paso fuera de la habitación, como si no quisiera irse.

- ¿No tienes nada mejor que hacer? Vete de una buena vez. - No había gritado, pero sonaba duro, áspero, harto de ella y Akane solo pudo volver a cerrar la puerta y retirarse sin más.

Ranma estaba más que consciente que estaba siendo extremadamente duro con ella, pero no podía evitarlo, era como si todo el amor que le tenía, se convirtiera en la más pura frustración en contra de la joven al saber que mientras no encontrara una cura, nunca iba poder acercarse a ella de la forma que deseaba. También sabía de sobra que la lastimaba con sus palabras, Akane siempre había sido sensible, pero en parte, creía que era mejor así, si nunca se curaba, sería más fácil alejarse.

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Akane caminaba con rumbo a la estación de trenes, era sábado y se había reunido con algunas ex compañeras de la preparatoria, una de ellas, hablaba emocionada sobre como su novio desde hace dos años le había propuesto que vivieran juntos.

Todo lo que ella relataba era lindo, una historia feliz de dos personas que se amaban, y lo peor de todo es que Akane solo quería que se callara, su vida amorosa era terrible y aquel relato solo servía para torturar su maltrecho corazón.

Desde hace un tiempo Ranma se comportaba cada vez más huraño, enojón y grosero, especialmente con ella, y lo peor, estaba empezando a temer que de verdad, lo que se habían gritado tantas veces en la adolescencia, lo que para ella habían sido solo rabietas de dos niños inmaduros, para él fuera verdad, que no la soportara.

Actualmente era raro que pasaran tiempo juntos, ni siquiera en la misma habitación sin que Ranma le tirara alguna indirecta, en caso de que no estuviera tan de malas, porque de lo contrario, si estaba de mal humor no se tentaba en decirle algún comentario insolente.

- ¿Qué hago? - susurró dejándose llevar por sus pensamientos.

- ¿De qué hablas Akane? - Dijo una viéndola con preocupación, la verdad es que ambas ya habían notado que la joven lucía tensa, triste y nada contagiada por el ambiente de esa reunión.

- Yo... - Por un momento pensó en esquivar la pregunta, pero, ¿y si les pedía un poco de guía? - Solo pensaba en una amiga… de la universidad, no sé cómo aconsejarla.

- ¿Qué le pasa? - Las chicas se tomaron el tiempo para sentarse en una banca del cercana.

- Ella... digamos que ha estado en una especie de relación y no siente que esté yendo hacia el rumbo correcto. - Terminó por decir.

- ¿Y ya intentó redirigir el camino hacia donde ella quiere?

- Lo intenta, pero él cada día parece más y más distante. - Suspiró sin poder evitarlo.

- Dile que… a veces es mejor dejar ir. - Dijo la de su lado derecho. - Es difícil, pero a la larga es lo mejor, lo digo por experiencia, cuando el amor se acaba y solo lastima, ya no es amor.

Esa fue la primera vez que la joven Tendo se planteó, ¿qué pasaría si dejara ir a Ranma?

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Aquel frio día Ranma se la había pasado metido en el Nekohaten, la vieja Cologne le había dicho que había encontrado un remedio por medio de moxibustiones, para bloquear las maldiciones. Había sido un proceso largo y doloroso, solo para descubrir que ni Mousse había querido hacer de conejillo de indias, menos aún, Cologne iba a poner en riesgo a su nieta, y esas habían sido buenas decisiones (para ellos) porque las malditas quemaduras le habían dejado la piel casi al rojo vivo sin ninguna clase de resultado.

Entró al dojo Tendo sintiéndose pésimo, no solo emocionalmente como ocurría últimamente, sino también físicamente, tal vez debió de haber ido directamente con Tofu a ver si tenía algún remedio que lo hiciera sentirse mejor, pero estaba tan cansado que decidió solo ir a dormir, si mañana seguía mal, entonces iría.

Al entrar a la casa, comenzó a quitarse los zapatos lentamente, de fondo podía oír el ruido en la cocina, el ruido de la televisión, las risas de Genma y Soun diciéndose "insultos" ñoños relacionados al shogi y más allá, el ruido de la lavadora. Mejor si todos estaban ocupados, no tendría que dar explicaciones.

- Ranma. - Oyó la voz de su prometida, ella estaba al pie de las escaleras y ya estaba en pijama, llevaba el pelo mojado e iba descalza. - Pero, ¿qué te pasó? - Se acercó de inmediato a él, aunque llevaba una chamarra que incluso tapaba parte del cuello, en su cara también tenía quemaduras.

- Nada.

- Pero...

- Bueno y a ti, ¿qué carajos te importa? métete en tus asuntos. - La esquivó y comenzó a subir las escaleras.

- Solo te iba a ofrecer ayuda para curarte, no tienes que ser grosero. - Contestó.

Ranma se sorprendió por un momento volteando a verla, esto no era como sus antiguas peleas donde Ranma tiraba el primer insulto y ella se lo regresaba, a decir verdad, cuando él actuaba así de frío, ella prefería quedarse callada y retirarse, sabía de sobra que en el momento que los dos cayeran en ese juego ya adulto de lastimarse mutuamente, todo acabaría, pero estaba muy cansada de sus malos tratos.

- Entonces no seas entrometida. - le rebatió.

- ¿Qué es lo que pasa contigo? Todo el tiempo estás de mal humor y... - ni siquiera la dejó terminar.

- Será porque me hastía tu presencia, tu voz y tu actitud amable, me enferma. - Se dio la vuelta y subió lo más rápido que pudo.

Akane tuvo que apelar a su dignidad para no llorar delante de la familia que como siempre habían llegado a espiar, y lo que más odiaba era que no la veían con curiosidad por saber cómo le iba a contestar, tampoco susto imaginando como lo iba a golpear, la veían más bien con lástima. En esa ocasión, fue la primera vez que Akane pensó que la relación no podía ser salvada.

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Akane caminaba a paso rápido, le había prometido a Kasumi que llegaría temprano para ayudarle con las decoraciones de navidad, pero al ser el último día de clases de la temporada, se había retrasado despidiéndose de sus compañeros.

Al llegar al dojo, notó que fuera, junto a la entrada, estaba recargado Ranma, su corazón latió de solo pensar que la había estado esperando como hace mucho no hacía, lo cual le produjo una vertiginosa arcada cuando al acercarse más, notó que a su lado estaba recargada igualmente Ukyo y no solo eso, le tenía tomado de la mano y el joven parecía a gusto con eso.

Metros más cerca, vio como la cocinera se paraba frente a él y le dejaba un suave beso en la mejilla, luego le jalaba de las manos para llevárselo de ahí.

- Hola Akane. – Saludó alegre la jovencita. Ranma no dijo nada, solo la miró de reojo.

- ¿Qué… pasa? – preguntó casi tímidamente, no quería sonar como una novia celosa cuando últimamente su prometido no le daba ni la confianza para dirigirle los buenos días.

- Ranma y yo iremos por ahí… - insinuó y Ranma tuvo que tragarse un bufido, a lo único que había accedido era ir a comer a su restaurante.

- Ranma… - Akane lo llamó esperando que dijera algo, pero él simplemente la ignoró, hoy había estado todo el día metido en la biblioteca de libros antiguos del viejo Happosai a ver si de casualidad encontraba algo útil para su mal y le dolía la cabeza horriblemente.

El joven Saotome si bien se soltó de las manos de Ukyo, avanzó por la calle sin explicar nada y eso terminó por romper el corazón de Akane.

La joven Tendo entró en la casa y luego se encerró en su cuarto, durante las siguientes horas lloró tanto que sintió que la vida se le iba, que nada de lo que hiciera nunca purgaría el dolor y tendría que aprender a vivir con esa decisión. Ese fue el momento en que Akane decidió que era mejor dar por terminado el compromiso.

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Tres días después del incidente con Ukyo, Ranma se encontraba entrenando en el dojo descargando su furia, Cologne le había hablado para decirle que había recibido de china una carta donde le explicaban que había comenzado a salir agua limpia del gran pantano que actualmente era Jusenkyo y que dentro de un mes iría a investigar, asegurándole, que aun cuando el agua no tuviera una cualidad específica, seguramente tendría alguna clase de poder que podrían aprovechar para formular alguna cura.

El problema, era que Ranma no tenía suficiente dinero para viajar a China y si aceptaba la "buena obra" de la vieja para llevarlo, estaba seguro que luego le querrían sacar provecho estando ya en China.

Necesitaba tener la cabeza fría para decidir que hacer. Su concentración se vio distraída al oír que las mamparas de entrada se abrían.

Obviamente notó que se trataba de su prometida y terminó por perder la concentración. Dando un resoplido, paró lo que hacía, tomó su toalla de sudor del suelo y se dispuso a irse.

- Ranma. – Lo llamó.

- Luego Akane, tengo cosas más importantes en que pensar. – Dijo saliendo del lugar, sin si quiera dignarse a mirarla. Pero a Akane, que tenía un mensaje muy corto, le dio igual, ella solo continuó.

- Hoy en la cena voy a anunciar la ruptura del compromiso.

Ranma congeló su caminata por el pasillo, por un momento pensó en haber escuchado mal. Ella no podía haber dicho eso, ¿cierto?

- Solo te lo aviso como atención. – Sin más, ella también procedió a retirarse a su habitación a esperar la cena.

- ¿Atención dices? – preguntó yendo tras ella, con una furia creciendo como la espuma dentro de él. – ¿Acaso soy tu jodido cliente? - Ella siguió su camino. - ¡Maldición Akane! - La alcanzó tomándola del brazo y la volteó hacia él. - ¡¿Qué demonios pasa contigo?! ¡¿En qué...

- ¡Ya déjame en paz! - se zafó y dio un paso atrás, había aguantado todo este tiempo y si ya había tomado la decisión, Ranma no iba a volver a hablarle de esa manera. - ¿No era lo que querías? ¿Qué dejara de meterme en lo que no me importaba? ¿No te tenía hastiado? Felicidades, eres libre. - Casi escupió la frase. El chico se quedó mudo y ella se metió a su habitación.

Esa noche, durante la cena, el ambiente fue muy tenso, todos ya sabían lo que pasaría, pero esperaban que Ranma apareciera con alguna escusa que lo impidiera, sin embargo, el heredero Saotome nunca bajó y al finalizar de comer, Akane anunció la noticia oficialmente. Nadie tuvo cara para recriminarle algo, ni siquiera para pedirle que no lo hiciera, el chico con sus acciones había dejado muy claro su postura respecto a ella.

Después de levantarse de la mesa, Akane se fue a dormir a casa de su amiga Yuka, necesitaba un hombro que simplemente estuviera dispuesto a sostenerla en el más amargo de los llantos, sin que ni una sola vez intentara si quiera insinuarle un "tal vez" de la decisión que había tomado.

Dos semanas después Soun encontró oportunidad, y valor, para hablar con Akane, ella limpiaba afanosamente el dojo. Desde la ruptura del compromiso Ranma rara vez estaba en la casa y su hija también evitaba el hogar lo más que podía.

- ¿Qué haces hija? - Se paró en la puerta del dojo.

- Pues... - Jadeó un poco restregando el piso con un trapo, estaba sentada sobre el mismo enfocando su vista en la madera. - Iba a ponerme a entrenar, pero este piso estaba muy desatendido y prefiero dejarlo en condiciones, después ya podré entrenar. - Soun ya había notado que la muchacha no estaba entrenando demasiado desde "el evento", le daba la impresión de que ella estaba evitando deliberadamente aquello.

- ¿Cómo estás? - Preguntó por fin.

- Bien, ¿por qué?

- Hija... - se sentó frente a ella, con esa visión se dio cuenta que si Akane no había levantado la vista era porque estaba llorando. - Cariño...

- En verdad, estoy bien, solo... solo que... ¡esta estúpida mancha no se va! - Soun tuvo que acercarse a ella y rodearle los hombros.

- Esta bien Akane... - Él mismo se tragó las lágrimas, hace mucho que no era un padre emocionalmente fuerte para sus hijas y ella necesitaba apoyo de verdad.

Media hora después, Soun le limpió los restos de lágrimas y preguntó.

- Hija, había pensado en que los Saotome pudieran quedarse, aunque no hubiese compromiso, pero si eso te hace mal...

- No, a pesar de lo que pase con Ranma, ellos se han vuelto parte de nuestra familia, además, Ranma se ha vuelto importante para el funcionamiento del dojo. Pero... - Akane tomó valor y soltó de tajo. - Necesito tomar mi espacio y he estado pensando en cambiarme de escuela.

- Pe... pero...

- Sería a una universidad de Kanagawa, está a menos de una hora y podría venir una vez a la semana. - Aclaró.

- Es que...

- Por favor... - Pidió con suplica y a Soun no le quedó de otra que aceptar.

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- Akane se fue esta mañana. - Dijo Nodoka recargada en la puerta del cuarto de Ranma.

- ¿A la escuela? ¿Ya se acabaron sus vacaciones? - Dijo sin despegar su vista de lo que leía. Tofu le había conseguido una serie de libros basados en remedios con plantas que curaban enfermedades milenarias.

- Si. - El joven no despegó su vista del libro. - Ranma sé que te preocupa mucho tu maldición, pero hay cosas más importantes.

- En este caso no.

- Me contaste que una vez perdiste toda tu fuerza, si tuvieras que escoger... ¿qué preferirías, la maldición o tu fuerza?

- No es el caso madre. Y peor para mí, porque en esa ocasión, padecí ambas.

- Bien, entonces entre tu cura y tu familia.

- Es una pregunta muy tonta.

- Responde.

- Ni siquiera le veo el caso, porque el que me metió en esto fue mi propio padre y tu aceptaste. Incluso estar aquí con los Tendo, es gracias a que practico artes marciales.

- ¿Y entre tu cura y Akane?

- Mamá estoy algo ocupado. - Cerró el libro con fuerza y se levantó del suelo.

- Responde.

- Por si no lo recuerdas... - Se dirigió a la ventana dispuesto a irse. – He sacrificado varias veces mi cura por ella, ahora, porque mejor no le preguntas a ella que prefiere, si un prometido normal o a mí. - Salió sin más.

- ¿Se lo dijo tía? - Preguntó Kasumi al entrar a la habitación.

- No, es tan necio... ¡bah, tal vez lo que necesita es un golpe de realidad! - Dijo enojada. - Dejemos que se dé cuenta solo.

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Había pasado casi un mes y Ranma cada vez se veía más demacrado, obsesionado con su objetivo. Esa mañana, Genma estaba sentado en la duela de la estancia viendo el cielo. Tendo se había ido a una junta con los vecinos y no tenía nada mejor que hacer.

El portón del dojo se abrió y pronto empezó a escuchar como Ranma maldecía en voz alta. Siguió el sonido dándose cuenta que había subido a su habitación y dentro golpeaba lo que podía.

- ¿Ranma? ¿Qué es lo que pasa?

- ¡Esa vieja momia! - Agujeró una pared. - Desde hace un tiempo, me propuso viajar a china, Jusenkyo está produciendo agua potable y es probable que se pueda hacer algo con eso para la cura. Pero obviamente quiere que vaya con ellas, todo este mes me la he pasado buscando otra cosa, algún remedio que me dé por fin mi cura y no tener que ir a seguir a las amazonas, he conseguido varios días de atraso en el viaje, pero ya es definitivo, se van en dos días, Voy a tener que ir.

- Hay algo más, ¿cierto? - dedujo el hombre sentándose en el piso.

- ¡Por supuesto que hay más! - Gritó desesperado. - O me caso con Shampoo llegando a China o no hay trato.

- Es decir que, ¿Cologne ya te aseguró que puede obtener una cura?

- Esta segura en un 90%. ¡Maldita sea! - Volvió a hacer otro hoyo esta vez en el suelo.

- ¿Irás?

- ¡No me queda de otra viejo! ¡Necesito librarme de esto! ¡Necesito ser normal!

- No te lo recomiendo...

- ¿De qué hablas viejo? ¡Es la única oportunidad que tengo de curarme, de volver a ser normal! ¡Y no puedo creer que justo tú no entiendas! ¡Has querido lo mismo que yo desde hace mucho!

- Si, pero hay un límite en todo Ranma, y tú ya estás en el tuyo.

- ¡¿De qué rayos hablas?!

- Desde hace meses estás completamente obsesionado con eso, no descansas bien, no comes como deberías, tu rendimiento en combate ha bajado considerablemente, y peor aún, cambiaste a la persona que más te importaba por esta estúpida obsesión.

- ¡Jamás! ¡Óyelo bien! ¡Jamás pondría nada sobre Akane! - Ranma había entendido perfectamente a quien se refería su padre.

- No se nota.

- ¡No vuelvas a decir tal cosa! - Lo tomó del gi y lo alzó del suelo furioso. - ¡¿Por quién crees que hago esto?!

- ¿Ah, sí? ¿Y porque no has notado que ella ya no vive en la casa?

- ¿Qué? - Lo soltó con el gesto fruncido.

- Le rompiste el corazón, la orillaste a romper el compromiso y hasta se fue. ¿A eso le llamas preocuparte por ella?

- No... no es cierto... yo la he visto... yo...

- ¿Cuándo? ¿Los fines de semana? Son los días que viene a ver a la familia.

- Pero...

- ¿Qué es más importante para ti Ranma? ¿La cura o Akane?

Ranma no lo pensó demasiado. Tomó lo más necesario y salió de la casa... aunque varias horas después tuvo que llamar para pedir la dirección del lugar en donde estaba.

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Akane se frotó las manos con insistencia, la biblioteca estaba helada y no veía la hora de regresar a descansar.

- Tendo, ¿podrías explicarme esto? - dijo uno de sus compañeros de clase. Se aguantó de hacer una mala expresión y procedió a explicar el ejercicio.

Una hora después, ya de noche, por fin pudo salir del recinto, el clima al parecer no era lo suficientemente frío como para congelar el agua que caía del cielo y todo estaba mojado.

- ¿Quieres que te acerque a tu casa Tendo? Traje mi auto. - Le preguntó un chico de su grupo de estudio.

- Te lo agradecería, Maeshima. - Contestó resignada, no tenía ganas de mojarse y pescar un resfriado. Caminaron juntos y compartiendo el paraguas de ella hasta salir de la universidad.

- Akane. - Escuchó una voz aguda llamándola. Se giró solo para encontrarse a una menuda pelirroja completamente empapada.

- Ra... Ranma... - Él se levantó de la jardinera donde estaba sentado y se acercó a ella, miró con rencor al chico que estaba al lado de su ex prometida, pero no hizo nada, si en otros tiempos hubiera arremetido a golpes contra cualquier imbécil que intentara acercarse a ella, ahora no tenía valor, no cuando lucía así de patético, mojado bajo la lluvia en un cuerpo que odiaba, una maldición que le impedía acercarse a ella. - ¿Pasó algo? ¿Le pasó algo a alguien? - Preguntó asustada. Había puesto su teléfono en silencio durante toda la tarde al estar en la biblioteca y empezó a temer no haber atendido algo importante.

- No. - Dijo mirando al otro joven. - No pasa nada.

- Entonces... ¿qué haces aquí? - dijo aun preocupada. No creía que él fuese a verla de su propia iniciativa.

- Nada... ya me iba. - Dijo dándose por vencido. Se dio media vuelta y comenzó a caminar.

- Oye, Tendo, es algo tarde y está lloviendo. - Le dijo el chico. - No tengo problema con llevar también a tu amiga. - A Ranma esto le pareció un acto descarado de coquetería, aunque en realidad el joven solo trataba de ser amable.

- Si, gracias. - Regresó sobre sus pasos y los encaró a ambos. Akane estaba muy confundida y ni hablar del chico, el solo intentaba ayudar y la pelirroja lo veía como su fuese un patán. A Tendo no le quedó de otra que aceptar que movilizaran a Ranma.

Después de varios minutos en los que tuvieron, por ofrecimiento del chico, que compartir el paraguas con Ranma, llegaron al vehículo y Ranma se aferró en ir adelante, pareciera que aunque hace algunos minutos se había sentido derrotado y resignado a perderla, ahora solo lo dominaban sus celos.

- ¿Y a donde te llevo?

- A donde vaya Akane. - Contestó enseguida.

- ¡¿Qué?! - preguntó la joven en la parte de atrás. - Me refiero a que... -trató de explicarse. - Pensé que regresarías a Tokyo.

- Pues, según sé, ya casi son las siete y de aquí a que lleguemos el último tren habrá salido. - Maeshima habló poniendo el auto en marcha. - Creo que, deberías darle alojamiento por esta noche Tendo.

- Exacto, Tendo. - Remarcó el apellido solo por hacerla enojar, sin embargo, seguía mirando fijamente al muchacho a pesar de que indirectamente, gracias a él, iba a quedarse con Akane.

- ¿Vives sola? - Preguntó Ranma cuando ya iban en el elevador hundidos en un silencio tenso.

- ¿A qué viniste Ranma? - Preguntó cuando las puertas se abrieron en el cuarto piso. No le respondió, así que suspirando salió de ahí y él la siguió. Akane se detuvo en el apartamento número 37 y abrió sin problemas, tenía ganas de dejar a Saotome botado fuera, no quería convivir con él, pero no podía hacerlo, no cuando el clima era tan frio, sin opciones para regresar a Nerima y peor aún, todo mojado, ni siquiera traía puesta una chaqueta.

- Este es el baño, úsalo rápido mi compañera de departamento es algo "especial" y está a punto de llegar, no quiero problemas. - Algunos minutos después Akane tocó la puerta y anunció que le dejaría ropa. La cara de Ranma era un poema al ver el pijama verde que él usaba en su adolescencia, había olvidado que cuando comenzó a quedarle chica se la había regalado a Akane solo como una broma tonta, y ahora resultaba que no solo la había aceptado a pesar de haberlo mandado a volar en aquella ocasión, sino que la seguía conservando. Se vistió rápido y salió del baño.

- Me queda algo apretada... pero supongo que funciona. - Le dijo a sus espaldas, Akane estaba preparando comida instantánea.

- Es lo único que tengo ahora. - Le ofreció unos fideos en vaso sin siquiera mirarlo y no por falta de ganas, pero la ponía nerviosa que hubiera dejado la parte de arriba abierta mostrando el tórax, la parte de abajo no había querido ni verla. Fue la cena más tensa que habían compartido, ninguno de los dos dijo nada.

- ¿Quién es este sujeto? Te dije bien claro que no puedes meter a nadie a la casa Tendo. En especial hombres, no pensé que fueras de "esas"

- Soy su prometido. - Aclaró de inmediato él ante la insinuación que hacía la joven recién llegada. - Saotome Ranma. - La chica no contestó, le dio la espalda y se metió a su habitación.

- Ve a mi habitación, necesito hablar con ella. - Le dijo en tono cansado, ya se imaginaba una escena de talla mundial cuando le dijera que Ranma se quedaría a dormir.

Ranma se metió a la habitación que ella le había señalado y ganas no le faltaban de husmear todo, sin embargo, apenas cerró tras de sí, pegó la oreja a la puerta, quería escuchar que pasaba, si Akane se iba a meter en problemas por alojarlo, era capaz de salir y hacerle frente a su compañera.

- ¿Qué quieres Tendo? - dijo la chica en mala gana.

- Primero quiero pedirte una disculpa... - Akane suspiró, no le iba a quedar de otra que seguirle la corriente a Ranma si no quería poner más furiosa a la muchacha. - Se nos fue el tiempo y mi prometido perdió el tren de regreso, no tiene donde más quedarse.

- Existen los hoteles, ¿sabías?

- Prometo que solo será esta noche, Hoshina. - Remarcó. - Se irá mañana temprano.

- De acuerdo, pero una cosa si te advierto, no te quejes si decido un día de estos traer a mi novio a dormir, si tu no respetas el departamento yo tampoco.

- Ya te dije que solo es cosa de hoy. -Trató de no subir la voz. - Pero mira, con tal de llevar la fiesta en paz, no estoy en contra de que traigas a tu novio siempre y cuando no me afecte. - Trató de conciliar. Se dio la vuelta, casi le da un portazo a Ranma en la mejilla al entrar de repente a la habitación.

Comenzó a sacar de su armario algunas cobijas extras y habló ya fastidiada.

- Dormirás en la sala. - Se encaminó de nuevo a fuera, iba a dejarle las cobijas en el sofá cuando Hoshina, intervino de nuevo.

- No, claro que no.

- ¿Y a ti en que te afecta? - Ya desesperada subió la voz.

- No voy a permitir que un extraño duerma en cualquier sitio de la casa, si lo trajiste hazte cargo y mételo a tu habitación, yo no voy a salir en la mañana en pijama y desarreglada a sabiendas que anda un desconocido en mi casa.

- Por favor... - masculló. - Bien... entonces, vete a la habitación. - Le ordenó a Ranma que no sabía qué hacer. - Yo dormiré en la sala.

- No.

- ¡¿Y ahora qué?! - Le reclamó a la chica. Ahora Ranma entendía lo que Akane quiso decir al llamarla "especial"

- Mi novio vendrá y es lo mismo, no quiero que tenga que salir al baño o a la cocina y tenga que verte dormida como una roca.

- Escucha, yo solo...

- Si no te parece los dos se pueden ir yendo, tus cosas por supuesto te las entregaría cuando tenga tiempo. - Dijo interrumpiendo cualquier sermón que Akane tuviera planeado, así que sin más remedio regresó a su habitación llevándose a Ranma con ella.

- ¿Siempre es así?

- Todo el tiempo. - contestó dejándose caer en la cama. - Todo le molesta, por todo hace problema, toma mis cosas sin permiso y se come mi comida, comenzó a ser peor cuando dejé de comprar víveres más que los necesarios y a ponerle llave a mi habitación.

- ¿Por qué no te cambias de lugar? - Preguntó sentándose a su lado.

- No es tan fácil, pagué tres meses por adelantado y uno más de depósito, perdería todo el dinero si me voy antes, además, no hay muchos alojamientos cerca de la universidad y los que hay son el triple de caros.

- ¿Por... por qué decidiste cambiarte de universidad? - Preguntó luego de algunos segundos, pero ella no estaba dispuesta a decirlo. Ahora tendría que aguantar tenerlo en la misma habitación, incluso ahora, no sabía si iba a resistir sin derrumbarse.

- ¿Puedes dormir en el suelo? - Esquivó.

- Claro... - Dijo desganado. ¿Qué esperabas idiota? ¿Qué te dijera "compartamos la cama"?

- Akane... - Llamó, había pasado más de una hora desde que estaban a oscuras y ninguno de los dos podía dormir, Ranma había notado que ella se movía cada tanto y la oscuridad le daba cierto valor, debía decirle algo, a lo mejor y no la recuperaba de ninguna manera, ni siquiera como amigo, todo este tiempo se había comportado como un idiota, lo sabía de sobra, pero al menos le debía una buena explicación de su comportamiento.

Algunos segundos después, la sintió moverse de nuevo, pero no le había contestado, suspirando y auto convenciéndose de que ya estaba dormida, comenzó a hablar.

- Papá dijo que había puesto la cura de mi maldición por sobre todo, incluso sobre ti. - Pasó saliva. - Pero no es cierto, te prometo que nunca quise ponerla sobre ti. Nunca sobre ti. - Todo siguió en silencio y supuso que efectivamente ella estaba dormida, confiándose más siguió. - Yo no puedo ser tan egoísta de atarte a un mitad hombre, pero al mismo tiempo, no puedo evitar serlo, por eso he estado tratando como asno de curarme, para que no te fueras... Supongo de todas formas que ya no importa, ¿cierto?

- ¿Y por eso me trataste como si fueras uno? - Le recriminó y a Ranma casi le da un infarto.

- Yo... no es...

- Ni siquiera sé cómo interpretar tus palabras. - Dijo desde la cama. Lentamente, el chico se sentó sobre las cobijas que le servían para recostarse y la vio acostada boca abajo, con la cara sobre sus brazos. - Y la verdad estoy cansada de intentar entenderte. Ya no puedo. Ya no quiero.

- ¿Qué piensas de mi maldición? - Se animó a preguntar, ella no cambió de posición, ni siquiera lo miró, pero no se detuvo de gritarle.

- ¡¿Estás bromeando?! ¡¿No me salgas con eso?! ¡Desde los diez y seis acepté el compromiso imbécil!

- ¡Pero nunca me dijiste nada sobre ello! - Contratacó hincándose y atestando sus palmas contra el colchón.

- ¡¿Y qué demonios querías que te dijera?! ¡ "Eres un fenómeno, pero igual me gustas" ¿o algo más estúpido para ver si así lo entendías?!

- ¡Exacto Akane! ¡Soy un estúpido fenómeno! - Gritó más fuerte, ahora si levantándose del suelo. Esperaba una contestación cuando la oyó hipar, estaba llorando. - Maldición... - masculló dejándose caer en la cama. - Lo siento... nunca aprendía a tratarte correctamente.

- Te odio... ¿lo sabías?. - Ranma tuvo que respirar profundo, ese dolor producido por sus duras palabras sentía que le iban a perforar el pecho. - Te odio todo el tiempo, me haces sentir miserable, me haces pensar que en realidad no soy nada para ti y lo peor de todo es que con la misma intensidad que te odio, te amo.

- A... Akane...

- Quiero que te vayas, no quiero verte, me duele verte y me duele aún más que no estés, que no me mires, que yo no pueda provocarte ni la mínima parte de lo que tú me haces sentir. - Lloró más fuerte. - Ya no puedo con esto... elige ahora, o te vas y desapareces o te quedas y no te vuelves a ir... - Las últimas palabras habían salido en forma de suspiro, y no uno enamorado, sino uno dolido.

- Me... me quiero quedar. - Se recostó en la cama abrazándose a ella, usando la espalda femenina como almohada. - Si a ti no te importa mi maldición, yo podría... - Ella cambió de posición haciendo que él se alejara y le gritó con furia mirándolo de frente.

- ¡Demonios Ranma! ¡¿Eres idiota?! ¡Obviamente no me importa! - Se levantó de la cama no soportando más aquello, dispuesta a salir de la habitación.

- Yo también te amo. - La dejó estática con aquellas palabras. - Pero entiendes lo que viene con eso... no vamos a poder ir a la playa sin que piensen que somos dos amigas, la lluvia arruinará cada buen momento, cualquier momento que incluya agua fría no nos va a dejar ser felices.

- ¿Y quién te dijo a ti que yo no iba a ser feliz? ¿Cómo te hago entender que te acepto tal cual eres si tú mismo no te aceptas?

- Yo... no sé... - Sintió su mano tibia posarse en su brazo y hacerla girar lentamente. - Pero... te amo tanto que no me importa aceptarme, me importa que lo hagas tú.

Akane le tomó el rostro comprendiendo la inseguridad tan grande que tenía, le acarició las mejillas, la frente, los labios, bajó al cuello y terminó en la nuca, luego se abrazó a él, y por supuesto que él la envolvió rápidamente, con fuerza, sintiendo su cuerpo más cerca de lo que habían estado en toda su vida, por alguna situación no peligrosa; hundió su cara en el cuello de ella y sin poder evitarlo más la alzó del suelo.

- ¿Lo haces Akane? ¿Me aceptas? ¿Así?

- ¿Me vas a volver a lastimar? - Realmente no era una pregunta, era un acuerdo.

- No, te lo prometo, no.

- ¿Me podrías dar por favor un beso? - Le pidió llorando de nuevo y no tuvo que repetirlo dos veces.

Los labios de ambos se encontraron tantas veces esa noche que perdieron la cuenta del tiempo y el espacio. La elección había sido la correcta.

FIN

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N/A.

Para el 16 de diciembre. Esto de meterme en dramas no es mi fuerte, prefiero las comedias ligeras y románticas, pero igual se le echa ganas a todo xD.

Gracias a todos, en especial a:

· gatopicaro831

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· BereNeST

· Psicggg

· Lelek An3li

· Rowenstar,art

· arianne luna

· Benani0125

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· Akai27

· Nita-chan84

· Pao Vedder

· nancyricoleon

· Juany Nodoka

· Grace

· Guest (02)

· Felicius

· Guest (03)

· Vero,Guti

· Carol FVargas

· Chat Nihiliste

· hcoronadogandara

Gracias a todos por su apoyo, ya vamos a mitad wiii, de este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.

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EXTRA

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Ranma se levantó cerca de las diez de la mañana del día siguiente, Akane no había ido a la escuela y aún permanecía dormida. La compañera de vivienda de su prometida, se había ido temprano, y lo sabía porque a las 06:30hrs en punto había ido a tocarles la puerta de manera exagerada y gritado que más valía que cuando ella volviera a medio día, Ranma se hubiese ido.

Saotome abrió la puerta del baño sin cuidado y al instante volvió a cerrarla.

- Lo... lo siento, no sabía que había alguien dentro. - Se disculpó.

- Sin problema chico. - Dijo el sujeto que estaba dentro lavándose las manos, Ranma dio gracias de que no había interrumpido segundos antes. - Listo. - declaró al salir.

- ¿Y tú eres?

- El novio de Kiki, Hoshina Kiki. - Aclaró. - Fujimoto Hide.

- Soy el prometido de Tendo, Saotome Ranma. - Se inclinó ligeramente en forma de saludo y el otro hizo lo mismo.

- Siento el escándalo que les hizo esta mañana, no le hagan caso, está un poco loca. Pero no se preocupen, en compensación, me ocuparé de mantenerla ocupada hasta la noche, y si vuelves a quedarte, solo no le digas que estás aquí. - Le guiñó el ojo y se fue, segundos después oyó cerrarse la puerta de entrada.

Akane se levantó de la cama, había notado que su prometido se había puesto en pie y decidió ha ver lo mismo, si Ranma regresaba a la cama, ninguno de los dos abandonaría el lecho y se suponía que Ranma debía regresar a Nerima a arreglar sus asuntos, especialmente con las amazonas que seguramente lo buscarían hasta debajo de las piedras.

Abrió la puerta solo para chocar con el torso de Ranma, quien de inmediato la sostuvo de la cintura y la besó.

- Buenos días Akane.

- Buenos días. - Sonrió.

- Te tengo noticias.

- ¿Cuáles? - No sabía si estaba más confundida por las supuestas noticias o porque Ranma la estaba guiando dentro de nuevo.

- Tu compañera, esa tal Hoshina, no va a regresar hasta la noche. - Cerró la puerta tras él.

- Pero hoy sale temprano… - Se tragó un suspiro cuando él comenzó a besarle el cuello. - ¿Qué... qué haces... Ranma?

- Si... si... pero... - La puso aún más nerviosa que hubiera metido sus manos por debajo de la sudadera que había usado para dormir. - Ra... Ran... ¡Ranma! - Lo empujó asustada, más de la propia reacción de su cuerpo que de las acciones del muchacho.

- Dijiste que me aceptabas. - Volvió a abrazarla.

- Eso es un chantaje. - Le advirtió al verlo acercarse. - Ranma... no... es que... no es correcto... yo no... tú más bien... no...

- Akane... - La acorraló contra la pared. - ¿No quieres? - Le dio un beso para acallar la respuesta inmediata. - Piensa bien lo que vas a decir y elige... - Cuando la vio asistir con la cabeza, supo que había elegido lo mismo que él.

FIN.