Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

XI

...

En la Academia del Loto Blanco, Toph siempre entrenaba por su cuenta, lejos de los maestros novatos e incluso de aquellos que se aclamaban a sí mismos como los mejores maestros tierra de todos los tiempos. Inicialmente prefería mantenerse al margen de todos por considerarlos que simples niños que no conocían el mundo real, y que no estaban interesados en conocerlo. Sin embargo, destacaban algunos como el pequeño Poi, un maestro tierra de no más de diez años, que la admiraba enormemente y la reconocía como la mejor maestro tierra de la vida. Sólo por eso merecía un lugar en su corazón.

Poi fue el primero en acercársele, dándose cuenta inmediatamente de su ceguera y pidiéndole que le enseñara tierra control, ya que no entendía al loco de Bumi como maestro. Toph rió en ese momento, pues Poi declaró aquello sin ningún tipo de vergüenza, y si ella sabía que el aludido maestro estaba a sólo unos pasos de distancia ya podía imaginarse un rostro desfigurado por la pena y la súplica que haría hacia el pequeño para que le diera otra oportunidad de ser su maestro y guía.

A pesar de los ruegos de Bumi, el pequeño Poi se empecinó con ella, y esa fue la primera vez que Toph trató con otro maestro en la Academia. Resultó ser que Poi tenía un hermano gemelo, Ping, que era un no maestro y, contrario a lo que cualquiera creería, aquello era lo que más los unía. De hecho, Ping estaba presente en casi todas las sesiones, y cada vez que Poi dominaba una nueva técnica gracias a Toph, parecía más emocionado que el mismo Poi.

Fue esa tarde que, enseñándole a Poi una nueva postura que le ayudaría a levantar más peso, que Toph sintió algo extraño fuera de la Academia. Su pulso y su respiración comenzaron a acelerarse de tal forma que incluso Bumi pudo darse cuenta de su agitación.

...

Mientras Zuko aguardaba por su tío, no pudo evitar que toda clase de historias cruzaran por su cabeza. El tipo del hospital seguía rondando por sus pensamientos —de una forma nada agradable— y sabía que eso era sólo el comienzo; la recepcionista, el paramédico; Iroh y Lu Ten; Bumi y la academia incluso, todos y todo parecían estar relacionados con esta chica sin padres, con ella y con su tío Iroh.

¿Por qué era, siempre, el último en enterarse de las cosas?

Cuando no era más que un niño, y aquel fatídico día aconteció, pasaron semanas antes de que le dijeran que su madre había muerto: con su propio accidente y su propia vida en riesgo durante días, nadie creyó que debía saber la verdad, ni siquiera su tío. A pesar de que sabía que era en pos de su propio beneficio y recuperación, luego de que Iroh le contara la noticia estuvo casi dos años emitiendo sólo las palabras necesarias, encerrándose en su mundo de apatía y soledad, y el blanco de su indiferencia había sido principalmente aquel hombre cuya casa estaba visitando.

Cerró los ojos frustrado. Odiaba recordar aquella época de su vida y en especial la muerte de su madre, pero últimamente eran cosas que venían a su cabeza más seguido de lo habitual, y no podía controlarlas. La cicatriz en su rostro pareció pulsar, como guinda de aquel pastel.

—Sobrino, qué agradable sorpresa el tenerte aquí. —Iroh apareció por el pasillo unos cuantos minutos después, trayendo consigo no sólo un rostro confundido debido a su presencia. Había algo más, y Zuko lo sabía—. Si es por la ropa de Toph, podrías habérmelo dicho y con gusto iba a por ella.

—El paramédico te envía saludos, Tío, creí que sería descortés de mi parte esperar para dártelos, sobretodo tomando en cuenta lo preocupado que ha estado él por Toph: dijo que cualquier inconveniente lo llamaras directamente, y que no fueras al hospital bajo ninguna circunstancia. —Zuko continuó sentado, esperando que Iroh dijera algo, pero su tío parecía tan reacio a hablar que casi lo desconocía.

Ambos suspiraron al mismo tiempo.

—¿Sabes? Olvidé mi chaqueta ayer en el hospital —continuó el muchacho—, y mientras esperaba a que el paramédico que nos atendió ayer volviera con ella, un hombre comenzó a molestar en recepción.

—Es una lástima —interrumpió Iroh—, Ming es una dulce chica. ¿Sabías que su padre es un amante del té como yo?

—El hombre en cuestión pedía información sobre un paciente que había ingresado al hospital, y fue allí cuando el paramédico intervino y te envió ese mensaje.

—Mak es un buen muchacho, y gran trabajador —añadió paseando por la sala para llegar a la mesita tenía su juego de té favorito. Mientras calentaba el agua con el fuego proveniente de sus dedos, Zuko tuvo la impresión de que el hombre agradecía enormemente que la chica en cuestión no estuviera presente—. Es sólo unos años mayor que tú, Zuko, seguramente se llevarían bien si...

—Tío, basta. —Zuko se acercó y le quitó la taza de las manos, molesto—. Podré no conocer a todas las personas que tú conoces, podré no tener tu experiencia ni tu sabiduría, pero no soy estúpido: ese hombre buscaba a Toph, y quiero saber por qué.

—Zuko...

—¿Por qué ese sujeto tan espeluznante va detrás de una chica de diecisiete años? ¿Por qué esa chica de diecisiete años no vive con algún familiar? ¿Por qué tú?

—Es algo difícil de explicar, Zuko, la historia es muy larga —trató de calmarlo Iroh.

—Es una suerte que tenga tiempo entonces.

Zuko volvió a tomar asiento, con una postura más agresiva esta vez. El hombre contuvo el aliento por unos segundos pero, derrotado, volvió a suspirar, aceptando su derrota, y tomó su tasa de líquido caliente para sentarse junto a su sobrino.

Sería una larga historia, en efecto.