Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)
¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela
XII
...
Muchos años atrás, cuando Lu Ten ni siquiera había nacido, Iroh conoció a Lao Beifong, un joven que soñaba con revolucionar el mundo. Iroh llevaba poco tiempo en los negocios familiares y todavía podía permitirse disfrutar de una tarde de descanso en la agitada ciudad, bebiendo un poco de té en un pequeño negocio. Fue en una de aquellas tardes que conoció al joven Beifong; las ambiciones científicas del muchacho eran tales que dejó un futuro seguro y una beca en medicina por seguir una carrera de investigación y desarrollo en el área de la química. Tildado como un genio, Lao atrajo la atención.
Mucha, para su desgracia.
Tentado con el trabajo de sus sueños aunque fuera en la gran industria, el chico que antes soñaba con cambiar el mundo a través de sus descubrimientos se vio a sí mismo dejando la investigación con fines científicos a un lado para hacer lo que le pedían que hiciera. Lao descubrió cosas, sí, pero cosas que prefería no haber sabido jamás, cosas que comenzaron a generarle enemigos incluso en su propio trabajo.
Decepcionado de sus decisiones y triste por su futuro, un reencuentro con Iroh luego de algunos años le trajo una posible solución. ¿Por qué no trabajar con él, para su familia? La propuesta de Iroh había sido sincera: se había consolidado en la compañía familiar y se estaban abriendo paso en el área de investigación y desarrollo, un genio como aquel joven sería lo ideal para formar parte del equipo de trabajo que había comenzado su padre. Era un beneficio para ambas partes.
Aunque su comienzo fue modesto, Lao prontamente obtuvo grandes resultados, y su amistad con Iroh se consolidaba cada día. De vez en cuando volvía al pequeño negocio en el que se habían conocido, y en aquellas escapadas a sus rutinas fue que el brillante investigador conoció a Poppy, una muchacha brillante que atraía mucho las miradas de quienes estuvieran a su alrededor.
Todo parecía marchar bien para ambos hombres, hasta que la tragedia cayó sobre el mayor de ellos. Luego de dar a luz a su primer y único hijo, la esposa de Iroh falleció, dejándolo sumido en una depresión tan grande que apenas el bebé que lloraba en sus brazos era capaz de arañar aquella coraza de vez en cuando. Su retiro oficial de las empresas de la familia se dio a los cuantos meses.
Para Lao aquello no significó sólo la pérdida de un gran amigo y de un gran apoyo, sino que implicó que su trabajo ya no podía ser realizado de la misma forma, viéndose sobrepasado por su nuevo jefe y sus exigencias cada vez más altas. Fue tanto el problema, que incluso su investigación personal tuvo que ser presentada con el fin de continuar trabajando en la compañía.
Pero la vida de Lao parecía no tener descanso, y descubrimiento tras descubrimiento fue cada vez más expuesto a la comunidad científica, y también a miradas indeseadas. El centro de investigación recibió un ataque de un grupo que buscaba limpiar la tierra de aquellos que jugaban a ser dioses, y Lao, como jefe del grupo más avanzado, fue directamente responsabilizado por parte de los atacantes por su actuar.
El trabajo se volvía cada vez peor, tanto en lo físico como en lo emocional. Y cuando Poppy dio a luz un bebé unos meses después del ataque, una niña que parecía tan débil e indefensa a sus ojos, Lao tomó la decisión de abandonar el trabajo que le había otorgado sus mayores logros, pero también el que le había brindado una inseguridad en cada esquina.
Renunciando a su vida como investigador, Lao se dedicó de lleno a la crianza de su pequeña Toph, a quien trataba de cuidar de cada peligro que él podía encontrar.
Por los siguientes años, a pesar de la ceguera de su hija, Lao vivió en paz junto a su esposa en los suburbios de la que antes fuera su gran cuidad. Sin embargo, a sus oído llegó la noticia de que la industria para la que una vez trabajó había formado una alianza con la compañía que tiempo atrás dejó, todo con el fin de seguir aquella investigación de la que él había desertado por ir en contra de su filosofía como científico.
Lao acudió a Iroh, utilizando su vieja amistad como prenda para que éste hiciera todo lo posible para detener tamaña barbaridad. Iroh lo intentó, pero hacía años que su voz había dejado de importar en los negocios familiares, sobre todo ahora que su padre estaba completamente a cargo y su hermano menor era la mano derecha de Azulon. A pesar de que la investigación era peligrosa y poco ética, se llevaría a cabo.
Aunque su nombre jamás fue expuesto en aquella desgracia, no pasó mucho tiempo para que amenazas comenzaran a llegar a su puerta: los que una vez atacaron el centro de investigación lo harían otra vez, y él sería nuevamente el culpable por permitir que todo ocurriera.
Semanas después Iroh recibió una llamada proveniente de un hospital cercano por haber sido el último contacto marcado en el teléfono de Lao, y a pesar de todas las luces rojas que cruzó en el camino, no logró llegar a tiempo: el accidente automovilístico había sido demasiado grave y poco podía hacerse.
Toph tenía 12 años en aquel entonces.
Todos y cada uno de los ofrecimientos de su parte hacia la muchacha para que ésta se quedara en su casa y viviera con él y con su hijo fueron rechazados. La chica disfrutaba de la libertad que Iroh le daba, y el hombre trataba de apagar la culpa que abrumaba su ser.
—No fue tu culpa, tío —dijo Zuko luego de que el mayor dejara de hablar por algunos minutos—. Tú mismo dijiste que fue un accidente automovilístico, justo como el de mamá.
La mirada esquiva de Iroh, no obstante, parecía indicar todo lo contrario.
Antes de que Zuko pudiera continuar con su interrogatorio, la puerta principal fue abierta; ambos hombres sabían de quién se trataba. Iroh se levantó con pesadez del sillón y dejó su té a un lado para recibir a la muchacha, pero de llegar siguiera al umbral se detuvo, mirando significativamente a su sobrino. Zuko comprendió entonces que nada de lo dicho en esa habitación debía ser repetido.
Ambos caminaron por el pasillo hasta encontrarse con la muchacha en cuestión, quien los saludó como si nada, deteniéndose unos segundos más de los habituales en el joven de ojos ambarinos.
—¿Ha pasado algo? —preguntó entonces, recordando que Lu Ten había cambiado el rumbo de sus pasos justo antes de encontrarse con ella.
—Zuko sólo ha venido a saludar —contestó Iroh, risueño como siempre—. Lamentablemente ya debe emprender su marcha, pero ha sido una agradable visita, sobrino —añadió al muchacho, tocando cálidamente su espalda.
—Sí, sólo vine a saludar —confirmó Zuko, tratando de recomponer su rostro—. Y a saber cómo estabas, ya sabes, tus pies —agregó, ligeramente incómodo. Ni siquiera había pensado en la salud física de la chica, sólo estaba empecinado con sus propios pensamientos y conjeturas.
—Lo puedes ver con tus propios ojos. —Toph respondió levantando uno de sus pies, mostrando la sala –y dura- piel de sus plantas—. Hay un maestro agua que es curandero en la Academia, me ayudó mucho el día de hoy.
—Eso es algo bueno. —Zuko sonrió sinceramente. Dejó de hacerlo en cuanto recordó que ella no podía verlo—. Bueno, será mejor que me vaya. Adiós Toph, adiós Tío.
Apenas el joven dejó la casa, Toph se cruzó de brazos y frunció el ceño.
—Di la verdad Iroh. ¿De qué estaban hablando cuando llegué?
—Ya te lo dije, Toph, Zuko apenas había llegado, fue una visita muy corta. —Iroh comenzó a dar la vuelta para retirarse y volver a su taza de té inconclusa—. Ya sabes cómo son estas cosas de la universidad, mi sobrino apenas tiene tiempo para sí mis...
—Sabes que puedo saber que mientes, ¿no? —le interrumpió la menor—. Zuko estaba intranquilo cuando llegué, su corazón latía demasiado rápido al verme.
Iroh soltó una carcajada.
—Eso bien podría ser otra cosa, jovencita, mi sobrino es joven y... —El hombre notó el ceño aún más fruncido de la chica y detuvo su hablar. Suspiró entonces, derrotado—. Ven Toph, hay algo de lo que debo hablar contigo.
Esta vez fue turno de la chica de soltar el aire en sus pulmones al tiempo que dejaba caer sus brazos y su cabeza.
—Odio las charlas, nunca traen nada bueno —dijo al pasar junto a Iroh.
—Lo sé. Yo también las odio.
¡Hola!
Muy breve, porque debería haber estado saliendo a la universidad hace como 20 min jajaja
Lamento mucho la demora, me excedí demasiado esta vez :(
Lo peor es que hace como un mes me puse a revisar con más detalles los reviews que me habían dejado (que agradezco infinitamente, fueron muy lindo c:) los contesté por mensaje diciendo que probablemente actualizaría ese finde, y bueno, aquí estamos, con un mes de tardanza :C
Se me pasó demasiado el tiempo, dije "actualizo el otro, así escribo mejor el capítulo" y pasó un finde, luego otro, y otro, y ya me estaba pasando el mes, así que fue, o actualizo ahora o no lo hago hasta salir de exámenes, que parto esta semana.
Espero tener el siguiente pronto, poder seguir contando con sus impresiones y que les siga gustando :)
Cualquier cosa, me avisan!
Cuídense, muchos saludos n_n
Franela.-
