Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

XIII

...

«La encontraron —pensó Iroh—. Todo nuestro trabajo para nada, la encontraron».

El hombre se paseaba por la habitación de un lado a otro, su ceño fruncido y la preocupación presente en sus ojos contrarrestaban enormemente con la tranquilidad e indiferencia que emanaba el cuerpo de la menor. Iroh la había invitado a adentrarse en el cuarto con la finalidad de informarle que estaban tras sus pasos, pero la muchacha interrumpió su habladuría para decirle que había logrado esquivar a uno de ellos en la academia.

—¡Entraron a la academia! —había exclamado el hombre.

—Técnicamente no entraron, estuvieron por los alrededores —puntualizó la muchacha, despreocupada desde el sillón, mientras estiraba sus agarrotados miembros. El sujeto en sí no había tenido contacto con ella, pero Toph sabía quién era, y creyó correcto mencionarle al hombre lo ocurrido.

Sin embargo, Iroh continuaba con la mente muy lejos del salón. Tendría que llamar a todos, sí, tenía que llamarlos a todos, debía moverse rápido. Un teléfono, ¿dónde estaba el teléfono? En la Academia seguramente ya estaban al tanto, le extrañaría que Bumi no se hubiese percatado de un intruso dando vueltas por la academia, igual Pakku o Jeong Jeong, pero algo estaba pasando, no era posible que no le hubiesen avisado-

—Iroh. —Toph había tomado su mano, sacándolo de la ensoñación trémula en la que se había metido—. Está bien, debes dejar de preocuparte tanto por mí. Ya no soy una niña.

«Eres una niña, Toph». Para Iroh, incluso Lu Ten era un niño a sus ojos, qué decir de Zuko. Siempre lo serían. Toph y su sobrino sufrían un destino similar, ambos habían perdido a sus padres, a sus guías; sentía la obligación de cuidarlos de todo peligro, incluso de sí mismos… Sobre todo de sí mismos.

—Me marcharé de la ciudad mañana por la mañana —continuó ella, soltando un suspiro de cansancio—. Realmente te agradezco por todo Iroh, pero ya es hora de que me valga por mí misma.

—Toph, no tienes porqué marcharte. Podemos buscar otro lugar, otra ciudad. Si hacemos bien las cosas no te volverán a encontrar. —Iroh insistiría todo lo posible, pero bien sabía él que Toph sólo recibía su ayuda porque ella lo quería; ahora que ella planeaba desaparecer, el hombre estaba seguro que nada podía hacer para convencerla de lo contrario.

—Yo me busqué esto, Iroh, debes dejar de cubrirme la espalda. —Toph se acercó al hombre y se paró frente a él. En general la chica era considerada como menuda por todos, y sin embargo el mayor podía verla parada firmemente, más ancha de hombros, ligeramente más alta que él. Y a pesar de la confianza y preocupación mutua que se tenían, jamás Toph lo había abrazado como lo hizo en ese momento.

Y se quedaron así por algunos minutos, sin decir más.

Por la noche, mientras la luna apenas se mostraba entre las nubes que anunciaban una nueva llovizna, Toph se marchó del lugar que había sido su hogar durante las últimas semanas.

...

Zuko se marchó confuso y alterado del hogar de su tío. Había algo que todavía no le cuadraba, su tío aún no le contaba toda la verdad pero... ¿qué más podía hacer? No podía ir a por Toph por respuestas, ya se imaginaba las que le daría la chica. Lu Ten seguramente tampoco sería de utilidad, y ya podía irse despidiendo del enfermero, seguramente su tío ya le habría advertido sobre su curiosidad. ¡La Academia, claro! Cómo no lo había pensado antes.

—Seguro que Bumi puede decirme algo —murmuró mientras caminaba por la calle. Al instante recordó la personalidad del maestro tierra y lo descartó como informante—. Pero probablemente no entendería nada de lo que me diga, ese tipo está loco. —Pakku también estaba descartado, claramente no era muy hablador y Jeong Jeong ni siquiera era una posibilidad—. ¡Rayos! ¡A quién puedo acudir! —gritó, y para cuando se dio cuenta, la gente a su alrededor ya lo miraba raro—. Maldición —masculló mientras volvía a caminar. La cicatriz en el rostro le pulsó ligeramente.

«No sé ni porqué me interesa —pensó—. Ya debería meterme en mis propios asuntos». Quizá, por una vez, debería hacerle caso a su tío.

Pero el muchacho era de naturaleza terca, y bastó con que llegara a su departamento para recordar lo que había acontecido algunas noches atrás apenas viera la cocina. Comenzó a preguntarse cómo habría sido su noche de no ser por aquel incidente. Qué habría charlado con Toph. ¿Hubiesen sucedido más silencios incómodos o habrían aprendido a comunicarse? ¿Le habría gustado a la muchacha la comida que él había preparado? No podría decirse que era un excelente cocinero, pero para ser algo que nunca se le hubo enseñado hasta que tuvo que vivir por su cuenta, Zuko consideraba que cocinaba bastante bien. ¿Qué habría pasado después de comer? ¿Se hubiesen ido a dormir sin más?

Zuko se sentó en la cama, buscando con la mirada el lugar donde ella estaba sentada cuando él tomó su mano y la depositó en la cicatriz de su rostro; inconscientemente, su propia mano viajó a dicho lugar, recreando la escena. Si ella no hubiera dicho aquellas palabras, rompiendo con el tiempo detenido, ¿cuánto más habrían estado así? Ella se había disculpado con él. ¿Por qué, de pronto, él se había sentido tan derrotado? Toph había acariciado ligeramente su rostro. ¿Por qué se había sentido tan bien su tacto?

Cayó sobre su espalda y bufó mientras un brazo caía sobre su rostro. Por supuesto, él le habría cedido la cama para dormir; estaba seguro de que ninguno querría compartirla con el otro pero... Odiaba el sofá, era pequeño e incómodo para dormir, lo había comprobado una que otra noche en la que el estudio le sobrepasó y no pudo evitar cerrar los ojos. Pero ¿era sólo eso? Miró hacia las almohadas. ¿Habría sentido curiosidad por verla dormir?, porque, de pronto, la tuvo. La chica habría dormido en esa misma cama de no ser por su estupidez con el aceite. Y no pudo evitar imaginarla arropada por las sábanas, seguramente con otras mantas que guardaba en su armario por lo fría que había sido aquella noche. ¿Las habría querido ella o le acomodaba el frío para dormir? ¿Se habría refugiado entre las sábanas o le habría permitido ver su rostro?

Estas y más eran las preguntas que se hacía el muchacho sin saber que la muchacha dueña de sus pensamientos recorría las calles y avenidas de la ciudad buscando una ruta segura para escapar, tal y como lo había hecho aquel día en que lo vio por primera vez.

En esos momentos, Zuko se removía incómodo entre las sábanas. El calor de la habitación era sofocante a pesar de la suave lluvia que invadía su ventana, y es que se negaba a abrir ésta por temor a quedarse dormido y conseguir una gripe; los exámenes estaban a la vuelta de la esquina, y peligraba en tantas materias que no podía darse el lujo de estar coger un resfriado.

Queriendo comenzar la semana de una forma diferente, Zuko se cortó el cabello al día siguiente, preguntándose si Toph notaría aquel cambio ya que no podía verlo directamente. Tocándose las puntas recortadas que no podía visualizar mientras caminaba por la calle, el muchacho miró la hora en su reloj para darse cuenta de que ya estaba atrasado para sus clases.

Por la tarde fue más animado de lo normal a la academia, pero no demoró mucho en darse cuenta de que el ambiente entre los maestros era diferente. Los maestros de agua y fuego se estaban batiendo a duelo con diversos alumnos de su respectivo elemento, mientras que los de tierra veían todo con entusiasmo. Que Jeong-Jeong estuviera de mal humor era algo normal, qué decir de Paku, pero que ambos estuvieran tan irritables era algo fuera de lo común, sobre todo si se tenía en cuenta aquéllos eran los que mantenían las cosas en orden en el recinto: no era normal, bajo ningún punto de vista, que los mayores tuvieran tal espectáculo en la academia.

Bumi, por el otro lado, no estaba a la vista.

No estando interesado en participar de la masacre, Zuko fui directo en la búsqueda del maestro tierra perdido, y lo encontró junto acompañado en una de las salas apartadas del gimnasio principal. ¿Bumi estaba llorando?

—Se ha ido, Iroh —decía el maestro tierra—. Se ha marchado y no hemos podido encontrar a esos sujetos que la estaban buscando.

—He puesto todo de mi parte, Bumi, bien lo sabes. —Su tío no parecía contento—. Ya están en el radar, no será fácil que salgan de la ciudad y la sigan. Lo impediremos. Confía en mí.

—Deberíamos haber puesto fin a esto hace mucho tiempo, Iroh. Esos bastardos… —Bumi caminaba por la habitación, como si no lo hubiera escuchado—. Toph es una niña, no debería cargar con todo esto, no debería temer por su vida.

—Ella quemó un laboratorio, debes entender que…

—¡Que Toph hizo qué!

Sin darse cuenta, Zuko había entrado a la habitación e interrumpió a los maestros. Bumi le miraba con sorpresa, pero Iroh tenía la mirada perdida, como si aquella revelación ya no significara nada.

Aquella mirada le recordó a Zuko cuando, hace años, le preguntaba a su tío por su difunta esposa.