-Al fin y al cabo, fue solo un compromiso arreglado-la escuchó decir, viéndola como jugaba con el borde de la taza sobre la mesa. Una bolsa con presentes para los Saotome descansaba a su lado.

[Solo un compromiso arreglado? Pero yo...Te amo, Akane, te amo tanto. Cómo es que pasó esto?-pensó horrorizado]

-Claro, por supuesto-respondió con obviedad, apretando sus manos bajo la mesa para calmar la frustración que sentía.

Los primeros copos de nieve empezaban a cubrir el patio de su casa, decorando de blanco el exterior mientras el frío llenaba el ambiente.

-Me da gusto que estemos de acuerdo. Estaba preocupada de que lo tomaras a mal, todo pasó tan rápido, verdad?.-suspiró aliviada la chica llevando la taza a sus labios- Por cierto, ya estás mejor? Escuché que te lastimaste entrenando.

-Perfectamente-se apuró a responder y sin saber dónde mirar, sus ojos se clavaron en la humeante taza frente a él.

La cálida decoración navideña de aquel juego de te que alguna vez compraron juntos solo lo hacía sentir aún más miserable.

-Por cierto, me enteré de que el tío Genma decidió cumplir finalmente el compromiso con Ukyo, felicidades-comentó la chica devolviendo la taza a la mesa.

-Eso no me importa, lo sabes-su voz casi lo delató incluso en su inútil intento por disimular-Sigo en entrenamiento, una esposa no es mi prioridad ahora.

-Ranma, pero ya casi no queda nada por aprender para ti. El matrimonio te hará bien, ya lo verás-Ella sonrió acariciando su vientre.-Al menos no será Shampoo o Kodachi, te imaginas?

-Bien, entonces, regresaré a entrenar.-dijo ignorando la molesta conversación. De todos los temas posibles para hablar con Akane su compromiso con Ukyo era el que menos le interesaba - Mamá no debe tardar, quedas en tu casa. Me dio gusto saludarte y gracias por los obsequios, no era necesario.

Se levantó molesto y caminó hasta la puerta de madera, deslizándola, sintiendo el peso de sus palabras como un enorme yunque sobre su cabeza.

Las palabras que dijo siendo adolescente, aquellas que no dijo después y las que acaba de pronunciar.

-Y, felicitaciones por el bebé.-añadió antes de salir.

Akane sonrío con dulzura una última vez para él.

De todos los posibles escenarios de su futuro, ninguno fue tan aterrador como ver regresar a su prometida tomada del brazo de aquel desmemoriado joven al que Akane conoció muchos años antes de que supiera de la existencia de su compromiso con él.

Su cabello azulado había crecido durante el tiempo en el que ella se había empeñado en estudiar lejos de casa. Ahora lo llevaba largo, casi igual a la primera vez que la vio.

Si tan solo él hubiera ido por ella a esa estúpida universidad y confesado sus sentimientos, ese hijo ahora sería suyo y ella sería su esposa, tal y como siempre pensó que sería.

Su figura también mostraba cambios. Los propios de una mujer embarazada. Sus pechos se veían naturalmente más grandes y su otrora vientre plano se encontraba abultado en el quinto mes de gestación.

Golpeó con fuerza el muñeco de entrenamiento que estaba en el patio, descargando su rabia, celos y desconcierto.

Había sido un tonto al creer que ella seguiría esperando por él para siempre.

Un completo imbécil al no prestar atención a su prometida, a pesar de la amenaza latente que representó Shinnosuke desde el primer instante en que supo de él.

Un ingenuo que volvió a caer en los engaños de su padre, quien lo convenció de irse de casa de los Tendo para estar al pendiente de su madre, Nodoka.

¡Puras mentiras! El viejo solo lo utilizó y para cuándo él reaccionó ya era tarde, Akane se había marchado a estudiar lejos de él.

Y, él era Ranma Saotome, el más cabezota de todos los hombres del Japón y no había seguido a su prometida por puro orgullo.

"[Ella volverá-se dijo cada noche-le dará celos imaginarme con las otras chicas y regresará conmigo]"

Idiota. Había sido un idiota, engreído y confiado!.

Ahora ya no había vuelta atrás. El anillo en la mano izquierda de Akane, el hijo que ahora esperaba...todo, todo tal como lo imaginó más de una vez como suyo desde los 16 años, ahora eran de él, de Shinnosuke.

-Ranma, ya me voy-la escuchó decir a su espalda-la tía Nodoka está tardando y si me quedo más tiempo, Shinosuke se preocupará.

Una pesada gota de sudor se resbaló de su mentón a pesar del viento frío.

No fue capaz de mirarla partir y despedirse de ella para siempre. Verla marcharse sería simplemente demasiado. Por toda respuesta levantó la mano derecha, de espaldas a la chica cuya mirada podía sentir fija en él.

El corazón le latía como un corsel desbocado, doloroso y punzante en el pecho.

Akane, su Akane, estaba embarazada... No sólo eso, Akane estaba casada ¡Pero no con él, con Shinosuke! ¿¡Cómo demonios había pasado todo eso?!

-No-se dijo a sí mismo apretando los puños y echó a correr en busca de su prometida. En busca de su Akane.

Porque ella era suya aunque se hubiera casado y estuviera esperando al hijo de otro hombre, aún era suya.

O al menos todavía podía intentar recuperarla, volver a tenerla, a tenerse mutuamente, como antes.

Como fuese, realmente no quería renunciar a su marimacho. No así. No sin decirle que la amaba.

No sabía bien cómo ganar una batalla que a todas luces ya tenía pérdida pero aún así debía al menos intentarlo.

No era muy tarde para decirle la verdad... Tal vez lo era, pero aún así quería decirlo. Tenía que hacerlo.

Sin embargo, al salir no encontró a la chica fuera de casa. Quizás un taxi la estaba ya esperando y la llevaba de regreso con él. Con aquel miserable ladrón que le había robado lo que él más amaba en el mundo.

-Akane!-gritó con los ojos cerrados, a todo pulmón, apretando los puños hasta sentir como las uñas se le clavaban en la palma de la mano.

Abrió los ojos con rabia, le ardían por las lágrimas que se negaba a derramar, entonces, la vio junto a él.

Con el largo cabello negro azulado, la misma mirada tan pura que lo había enamorado y esa sonrisa tan hermosa como la que le ofreció aquella tarde lluviosa cuando se conocieron a sus tiernos 16 años. Iba vistiendo el abrigo de lana roja que él le obsequió en una navidad pasada.

Aún era suya, tan suya como siempre-pensó aliviado

-Tranquilo, estoy aquí-susurró la chica de ojos cafés mientras dejaba sobre su frente un paño frío.-Tuviste mucha fiebre, Ranma-empezó a explicar ella

Antes de que Akane pudiera terminar la frase y todavía temiendo que su imagen fuera parte de un sueño, se apresuró a levantarse y abrazarla con todas sus fuerzas

-Ranma!-se quejó ella, aunque sin intentar separarse.

-Déjame, solo déjame que te abrace un poco más.

-Pero qué te pasa?.-lo cuestionó sin prisas-Cielos, la fiebre debe haberte afectado de verdad.

Quería quedarse así para siempre. Respirando la suave fragancia de su adorada marimacho. Abrazado a ella sin dejar espacio para nadie más.

Que pesadilla tan horrible había tenido!.

Le horrorizaba solo imaginar un futuro lejos de Akane. Porque él era de ella y ella era suya, era su hogar, lo único invariable y real en su vida. Jamás dejaría que ningún idiota se la robara, nunca permitiría que lo apartaran de ella, bajo ningún motivo.

-Te amo, te amo como no tienes idea Akane, perdón por tardar tanto en decirlo.

-Tardar tanto?-preguntó la chica aún abrazada a él, dándole ligeras palmadas en la espalda para reconfortarlo.-Ranma, deberías descansar un poco más-añadió divertida y empezando a romper el abrazo que los mantenía unidos.

-No escuchas lo que te digo? He dicho que te amo!-se quejó indignado por la fría respuesta de su prometida.

-Es que eso ya lo sé, bobo, hace años. Yo igual te amo, te he amado desde hace 12 años, cuando nos conocimos.

Miró a su tierna marimacho con atención mientras ella seguía hablando.

-Y me amas tanto que tuve que casarme estando embarazada.-ella se separó lo suficientemente de él y entonces pudo notarlo: El vientre abultado de Akane. Al abrazarla notó la redondez del cuerpo femenino, pero él solo creyó que había subido de peso y no le había dado mayor importancia.

-Es mío?-preguntó hipnotizado acariciando el vientre femenino

-Claro que es tuyo, de quién más iba a ser, idiota!-se quejó ella indignada, aunque con una sonrisa en los labios.

Era verdad, hace tres años él había viajado hasta la universidad de Akane y, por fin, habían iniciado su relación.

Y aunque al final, el embarazo había apurado las fechas de su matrimonio, no se arrepentía de nada.

Sí, que horrible pesadilla había tenido al imaginar una Navidad, un futuro, una vida sin Akane, pero que hermosa era su realidad junto a ella mientras esperaban por su primogénito.

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Nota de la autora:

Pues...no es mucho pero es honesto y realizado con amor.

Diciembre me lleva contra las cuerdas, auxilio!!

No es cierto, o sí, ha de ser por las fechas festivas. Todo se ve en cámara lenta y al mismo tiempo va demasiado rápido. Lo siento si no llegué a terminar con los pendientes, no ha sido falta de interés si no de tiempo.

Si han leído hasta aquí, muchísimas gracias, sepan que tienen una parte de mi corazón reservado para ustedes.

Por cierto la imagen de portada, un premio de cuando su página alcanzó los mil seguidores y que estuve esperando para usarla, es de la talentosa XiaoAi_mx, si aún no la siguen, que esperan? XD

Por si no puedo entonces: Les deseo muy felices fiestas!...Y ya saben, si no les alcanzó este año para cumplir sus metas, qué creen? El calendario se reinicia para todos y eso significa 365 nuevas oportunidades para cumplir todas esas cosas que hemos deseado realizar!!

Besos, los quiero mucho!