Intercambio de Regalos Equivalentes
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- ¿Qué tú pagaste por hacer qué? - Preguntó Ranma a su antiguo amigo de instituto confundido. Ese día había tenido un día agitado, las últimas clases del año en el dojo, supervisar una construcción que estaban realizando en la propiedad Tendo, acompañar a Akane a comprar sus regalos de navidad y dejar completamente impecable el salón de entrenamiento que sería utilizado para la fiesta, todo eso lo tenía frito. Estuvo a punto de hablarle a sus amigos y decirles que no iría a su pequeña reunión anual pero al final había decidido asistir.
La preparatoria había terminado hace tres años y los tres muchachos habían tomado caminos diferentes, mientras Ranma se había quedado en Nerima y se había dedicado completamente a las artes marciales, Hiroshi se había mudado con su madre a Kyoto y solo regresaba a visitar a su padre una vez al año en diciembre, por su lado, Daisuke, se había ido a estudiar a la región de Tohoku e igualmente solo visitaba la ciudad en vacaciones, por lo que una vez al año pactaban una fecha para verse y ponerse al día.
Ranma en general, nunca había tenido muchos amigos, por lo que hasta el mismo se había sorprendido procurando seguir conservando esta amistad.
Hiroshi suspiró como si estuviera enamorado mientras Daisuke reía como tonto dejando su cerveza de lado.
- Como lo oyes amigo, llega el momento en la vida de un hombre en que necesita de esas atenciones.
- No puedo creer que hayas pagado para acostarte con una mujer. – Se rio Daisuke.
- ¡¿Qué el qué?! – Ranma se atragantó con el agua que estaba bebiendo, no había entendido a lo que su amigo se refería hasta ese momento.
- ¡¿Qué?! ¡No! – Se exaltó. – Yo no pagué por sexo. – Aclaró. – Solo hice lo que ya les dije… no tenía dinero para más... - Dijo tristemente mientras él otro se carcajeaba con soltura.
- A ver… ¿De que demonios hablan? – Ranma estaba harto de no entender.
- Siempre tan ingenuo amigo Ranma, ¿En verdad no sabes que es eso? – Daisuke levantó las cejas insinuante.
- Es que ustedes siempre hablan de cosas raras. – Se defendió y los otros dos se miraron entre si antes de echarse a reír por lo grande. - ¡Cállense ya!
- No te enojes Ranma. – Dijo Hiroshi limpiándose las lágrimas que le brotaron de la risa. – Es una onomatopeya, es fácil de descifrar, ¿que piensas cuando la escuchas? – Jugó con él.
- ¡Bah, ni quien quiera saber! – dijo enojado, levantó la mano y decidió pedir una cerveza como sus amigos, no bebería mucho, solo para pasar el rato. Sus amigos siguieron riéndose un rato más de él.
Hiroshi se acercó con cara de maldad hacia uno de los costados de Ranma, aunque en el bar había mucho ruido, no quería que nadie fuese escuchar aquello y lo tildaran de pervertido... aunque en realidad lo fuese.
- Es cuando, un chico como tú, pone y agita su cabeza entre los "encantos" – dijo poniendo sus manos cóncavas sobre su pecho. - De una chica como tu prometida.
Ranma en verdad quería golpear a su amigo por hablar de los encantos de Akane, pero su fértil imaginación lo había dejado inmovilizado, completamente rojo y con el corazón a mil.
- Entonces, ¡salud por los "pafu-pafu"! - Levantaron la voz los amigos e increíblemente, lograron que Ranma chocara su cerveza.
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- Ranma… Ranma… - Se oyó que lo llamaban, no quería levantarse y se enroscó dentro de las cobijas en el futon, ayer había bebido mucho más de lo que planeaba con tal de sacarse ciertas imágenes de la mente y ahora, ahí estaba, con resaca, cuyo dolor de cabeza parecía mortal y al palparse la zona tenía un gran chichón en ella, ni siquiera recordaba haberse caído. – Vamos Ranma, levántate antes de que pierda la paciencia.
Ranma reconoció entonces la voz de Akane y enseguida se sentó de tirón con la cara roja, recordando en automático la plática de la noche anterior.
- Apresúrate para que desayunes, vamos a comenzar con las decoraciones del dojo. ¿Ranma? ¿Me escuchas?
- Aaa… - balbuceó con la vista fija en la pared frente a él, sentía que, si dejaba de verla, sus ojos irían a parar a los…
- ¿Estás bien? – Akane que estaba por salir del cuarto, regresó, y se posicionó frente al futon, tapando la vista del chico que quedó por defecto sobre las piernas de ella. El muchacho comenzó a sudar a mares, las piernas de ella de por sí, no eran buenas para calmar sus nervios, y eso que llevaba un pantalón deportivo sin forma, pero extrañamente no podía mover la vista hacia otro lugar sin caer en la tentación que sus amigos le habían puesto en la cabeza la noche anterior. - ¿Ranma? - Se inclinó hasta poner las manos sobre las rodillas para verlo mejor. - ¡Oh por Dios! - El joven se desmayó con una hemorragia nasal incontenible.
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- ¿Se desmayó? ¿Pues ahora que le hiciste Akane? - Preguntó Kasumi con preocupación mientras entre ambas arreglaban el dojo, Ranma se había quedado acostado.
- ¡Yo no le hice nada! - Se defendió. - Solo intentaba levantarlo. Pero claro, como ayer llegó tan borracho, el muy tonto, debe de sentir que se muere de la resaca.
- ¿Tan mal llegó? - Cuestionó poniendo una esfera.
- Mal es poco. Ese idiota... - masculló enojada. Después de unos segundos, solo suspiró y cambió de tema. - Oye Kasumi... ¿Por qué este año decidiste poner todo en blanco y dorado?
- Me pareció bonito... - dijo con una marcada sonrisa en la cara.
- Ya... ¿Y por qué decoramos casi una semana antes de la fiesta?
- Oh cielos... pero que tonta, olvide decírtelo por completo, pero... - A Akane comenzó a sonarle todo muy extraño. - Tendremos una pequeña reunión hoy, algo muy íntimo, como una celebración pre navidad.
- ¿Porqué?, siempre dices eso de que mientras más seamos mejor.
- Bueno, este año sería bueno cambiar un poco las cosas, ¿no? - Terminó lo que hacía y admiró el pino terminado. Akane terminó también con el último adorno de pared y antes de que pudiera preguntar algo más apareció Nabiki en la puerta.
- Ya llegué, ¿están listas para ver lo que les conseguí? - Se recargó en el marcó con suficiencia.
- ¿De qué hablas?
- Para esta noche por supuesto, no pretenderás aparecer con un atuendo sin chiste Akane.
- Pero...
- ¡Ve con Nabiki! - Kasumi empujó a su hermana menor para que fuera con la otra. - Yo me quedaré a esperar a la tía Nodoka.
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Ranma terminó de acomodarse la corbata, su padre le había dejado un traje formal para que se vistiera. Durante todo lo que iba del día había estado evitando a Akane y hasta ahora parecía haber funcionado en enfriarle las ideas.
El toquido en la puerta sacó a Ranma de sus pensamientos e inmediatamente se puso tenso.
- ¿Puedo pasar? - Preguntó desde el pasillo Akane.
- Cla... claro... adelante... - dijo tratando de respirar con normalidad. La joven entró y cerró tras de sí con cuidado. Ranma siguió haciendo como si su corbata necesitara trecientos nudos para verse formal, todo con tal de no mirarla.
- Ranma... algo raro está pasando... todos están actuando muy raro... - Sin poder evitarlo volteó a mirarla, ella llevaba un vestido de color blanco con mucho vuelo en la falda conformada por muchos y pequeños plisados, en la parte de los hombros, el vestido simulaba tener una especie de cubierta de puros holanes que terminaban en los puños de las muñecas y su cintura estaba marcada por un elegante lazo dorado.
Ranma casi se atraganta con su saliva de solo verla "pafu-pafu", recordó las palabras de sus amigos, pero manteniendo esta vez el aplomo que lo caracterizaba, pudo por fin despegar su vista de ella.
- ¿Me estás escuchando Ranma?
- Se... - Carraspeó. - Seguro no es nada, Akane, relájate. - Dijo como si la tildara de loca.
- Es que... - la interrumpió.
- Nada, estás paranoica.
- ¡Eres un grosero! ¡No se puede hablar contigo! - Se dio media vuelta y salió de la habitación.
- ¿Estás listo Ranma? - Asomó su cabeza Nodoka.
- Si, ya voy. - Dijo respirando lo más tranquilo que podía, solo esperaba que todo acabara rápido.
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En el dojo, habían dispuesto una mesa estilo occidental para la convivencia de nueve personas, a unos pocos metros otra mesa para la disposición de la comida que se serviría en la cena, junto al gran pino habían colocado los regalos que se suponía eran para un intercambio en familia y al fondo otra mesa más pequeña que solo estaba adornada con un mantel blanco.
Cuando todos los invitados estuvieron en su sitio, la cena transcurrió con normalidad y todo parecía marchar bien, por primera vez en mucho tiempo tenían una cena decente, sin ninguna clase de pelea ni disturbios, conviviendo en paz.
Terminada la cena Soun y Genma se levantaron y hablaron intercaladamente de su amistad y la gran familia que habían formado gracias al compromiso de Ranma y Akane, también agradecieron la presencia de Tofu y por extraño que pareciera lloraron al hablar de la pasión a las artes marciales que les había inculcado Happosai y que era el inicio de todo, el viejo maestro también se notaba sensible.
- Entonces, querida familia, los invito a levantar sus copas... - Habló Tendo.
- Brindemos todos juntos deseando lo mejor para... - Continuó Saotome, entonces a coro completaron.
- ¡El matrimonio de Ranma y Akane! - La joven que ya tenía su copa levantada la dejó caer y se hubiese manchado el vestido de no ser porque Nabiki la sostuvo por ella.
- Pe... pero... - volteó a ver a Ranma y este tenía un gesto molesto pero sonrojado mientras bebía de su copa. - Ra... Ranma...
- Si gustan pasar de una vez a firmar. - Dijo la madre de Ranma tomando a la chica del brazo para que se levantara, Ranma lo hizo por sí mismo. Fue entonces cuando la heredera Tendo notó que la mesa solitaria estaba ocupada por un hombre de traje que no conocía y desplazados sobre el impecable mantel blanco estaban los documentos de casamiento.
- Señor Saotome. Si es tan amable. - Dijo el hombre tan pronto los tuvo frente a él, le entregó una pluma y le señaló donde debía ir firmando. - Señorita Tendo, es su turno. - Le entregó la pluma y le señaló donde debía firmar.
Akane miró a su alrededor todos la veían sonriendo a excepción de Ranma que miraba el techo.
- Yo... yo no... - insegura dejó la pluma sobre los papeles.
- No seas tímida hija. - Soun se apresuró a volver a colocar la pluma en su mano, estaba a punto de reclamar cuando Ranma, sin mirarla, tomó disimuladamente su mano. Akane lo pensó varios segundos y dando un suspiro... procedió a firmar donde le indicaban.
Terminados los trámites todos los felicitaron como si hubiesen ganado una gran batalla, los patriarcas seguían llorando e incluso Nodoka y Kasumi lagrimeaban de vez en vez.
- ¡Es hora de los regalos! - Declaró feliz Kasumi conduciendo a los recién casados cerca del pino. - Comiencen con el mío. - Akane suspiró entendiendo muchas cosas, por eso todo estaba de blanco, incluso la envoltura de los regalos a excepción de los suyos que estaban en papel festivo rojo. El regalo era un conjunto de pijamas de pareja.
- Aquí tienen el mío. - Apareció Nodoka con una caja grande, resultó ser un juego completo de sábanas, cubre cama y fundas de almohada.
- Espero que les guste. - Dijo con una sonrisa Tofu. - Aunque debó decir que recibí ayuda de la señora Saotome. - Al abrirlo encontraron un libro con el título "Los mejores 100 consejos para procrear a un bebé."
- ¡Mamá! - Amonestó Ranma, Akane estaba completamente roja.
- Este es el mío. - Declaró orgulloso Happosai, era la caja más grande de todas. Dentro había cientos y cientos de conjuntos de lencería, ninguno traía etiqueta, por lo que probablemente eran robados. - Espero que los disfruten.
- ¡Maestro!
- ¡Viejo libidinoso! - ambos lo regañaron.
- Olvídense de él, aquí tienen. - Les extendió Nabiki una caja pequeña.
- ¿Boletos de avión? - Preguntó sin creerlo su hermana.
- El vuelo sale a las 4 de la mañana tendrán que estar en el aeropuerto al menos dos horas antes, así que no se desvelen demasiado.
- ¡Nabiki! - Reprendió Akane, volteó a ver a Ranma y él no decía absolutamente nada mirando el suelo, la chica no le veía la cara, pero supo que estaba rojo por sus orejas de ese mismo color.
- Este es el nuestro, mío y de Tendo. - Emocionado Genma les extendió el regalo, Akane tuvo que abrirlo sola porque Ranma seguía haciéndose tonto.
- ¡Dos semanas de alojamiento! - Levantó la voz sorprendida. - ¡¿Estaremos fuera dos semanas?! - miró a sus padres.
- Es lo menos que merecen para su luna de miel. - Tendo se acercó lloroso a su hija y yerno, los abrazó fuertemente. - De verdad deseo que sean muy felices.
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El reloj de la sala marcaba 5 minutos a las 02:00hrs, por los ventanales de la sala de embarque solo se apreciaba oscuridad y a pesar de la calefacción del aeropuerto el ambiente era frio.
Ya habían documentado las maletas y ahora solo les quedaba esperar, aunque si eran sinceros, era algo incómodo ese silencio entre ambos, desde las últimas palabras que intercambiaron antes de la cena en la alcoba de Ranma no habían dicho nada más, bonita forma de comenzar un matrimonio.
Akane sacó de su bolsa de mano una pequeña frazada, si debía esperar dos horas más para la salida del avión, al menos no lo haría con frío.
- ¿Tienes mucho frio?
- Pensé que no hablabas. - Dijo ella, la verdad si estaba un poco molesta, era más que claro que Ranma había sabido todo el tiempo lo que pasaría, y no se iba a dar golpes de pecho y decir que ella no deseaba casarse, pero al menos le hubiera gustado estar enterada previamente.
- Yo... no podía decirte nada... papá me amenazo. - Mintió
- Como si alguna vez le hubieras temido. - Terminó de desenrollar la cobija y antes de poner acomodársela, Ranma se la quitó y como todo un caballero, él fue quien la acomodó en sus hombros, y sin previo aviso la abrazó. - Ra... Ranma... - Se sorprendió ante aquello. - Nos van a ver.
- Casi no hay nadie, además, eres mi esposa, ¿cuál es el problema? - Dijo molesto sin soltarla a pesar de que ella se movía.
- Ranma, ya. - Se alejó moviéndose de asiento dejando una silla libre entre ellos, Ranma cerró el espacio, ella volvió a moverse y él igual, terminaron haciéndolo por toda la larga fila de butacas hasta que ella quedó contra la pared, cuando el joven se puso a su lado, ella pretendió levantarse, sin embargo.
- Te juro que si te levantas de la silla, me siento yo en ella y te obligo a estar sobre mis rodillas como la niña malcriada que eres. - Ella lo miró con molestia entrecerrando los ojos, pero no dijo nada, tampoco se levantó. - Vamos a nuestra luna de miel, al menos podrías intentar estar en paz. - Solo la oyó bufar y supuso que no podría seguir haciendo las cosas de ese modo, como si todo se fuese a resolver por sí solo.
Ranma reconoció para sí, que cuando oyó hace meses por accidente el plan de sus padres, su primera intención había sido correr a contárselo a ella, pero luego se preguntó, en verdad quería evitarlo y la respuesta era obvia, no. Así que, sin más, se había hecho él que no sabía nada, y si una habilidad tenían los Saotome, era hacerse los desentendidos y tontos, por lo que Ranma no tuvo problema con hacerse el inocente cuando comenzaron a construir una "bodega" aledaña al dojo que casualmente tenía bien delimitados los espacios de un departamento pequeño, así mismo se encargó personalmente de supervisar la obra y modificar cosas según consideraba los gustos de Akane; tampoco cuando casualmente le preguntaron qué lugar le gustaría visitar y cuánto tiempo quisiera quedarse ahí, y por supuesto que no había hecho ni una sola pregunta cuando comenzaron a pedirle ciertos documentos con excusas tontas y él mismo tuvo que robar los de Akane.
- Lo siento... debí decirte... - dijo por lo bajo.
- Al menos lo admites... - Contestó sin más. Y pasó un largo silencio antes de que Ranma encontrara valor para preguntar.
- ¿Tan malo es para ti? - Bajó la mirada esperando una mala respuesta. Con cada segundo transcurrido su corazón se contrajo hasta el punto de no poder respirar.
- En realidad... no. - Volteó a verla y ella tenía el rostro sonrojado.
- Tengo algo para ti. - Rebuscó entre su mochila y al poco tiempo sacó una pequeña caja de joyería en color blanco.
- Pe... pero Ranma.
- Ábrela por favor. - Pidió ansioso.
- ¿Una... una llave? - Lo miró confundida.
- La bodega junta al dojo... no es una bodega. - Explicó y eso fue suficiente para que ella comprendiera.
- ¿Es... es para nosotros? - Lo miró con sorpresa.
- Se suponía que yo no sabía nada, pero... en la primera oportunidad que tuve... hice algunas sugerencias inocentes y ellos las tomaron, además me encargué personalmente de dejarla a tu gusto, y bueno... yo soy el único que tengo llave de las cerraduras que instalaron hace unos días. También ya tengo elegidos y pagados la mayor parte de los muebles, debemos ir a recogerlos a nuestro regreso.
- Ranma... - Sin poder evitarlo más lo abrazó. - Es un detalle muy bonito. - susurró. - Pero... yo no tengo ningún regalo para ti... bueno, si tengo, pero es un tonto suéter que ni siquiera me quedó bonito.
- No importa Akane. - Dijo sonriendo mientras hundía su cabeza en el pelo de ella. La chica se separó de él y sin previo aviso lo besó colgándose del cuello masculino.
Ranma estuvo absorto en el mero amor hasta que ella se separó de su boca y continuó abrazándolo. El joven y sano chico Saotome podía ser especialista en evadir ciertas cosas, pero... aunque Akane seguía hablando no le estaba prestando demasiada atención, la chica estaba pegada a él y en lo único que podía pensar era en la conversación con sus libidinosos amigos.
- Justo ahora... cuando pensé que ya lo había superado. - Pensó tratando de concentrarse en lo que ella decía.
- De verdad Ranma, estoy tan feliz... Gracias. - recitó enamorada. - Te prometo que cuando regresemos buscaré un mejor regalo, más bien, ¡te daré el mejor regalo de navidad! - Declaró con decisión. - Es más te dejaré escoger lo que quieras.
- ¿Lo que yo quiera? - Se separó de ella para mirarla a los ojos para saber que estaba segura de ello.
- Si.
- No importa lo que yo pida, ¿me lo darás?
- Te lo prometo. - Sonrió de oreja a oreja y levantó su mano derecha para confirmarlo.
Ranma se puso completamente rojo, sus manos comenzaron a sudar y la ansiedad lo invadió hasta el punto de tener que mover los pies, tomando aire se acercó hasta la oreja de su esposa y dijo.
- Hay algo que me puedes regalar...
- ¿Qué cosa?
- Un... un...
- ¿Un...? - incitó
- Es... es.. bueno... es algo... que... - Se interrumpió. - Es decir... porque ya eres mi esposa... - explicó. - No tendría nada de malo... ¿verdad?
- Ranma, ¿de qué hablas?
- Porque yo sé que suena mal, pero no estaría mal... ¡claro que solo si tú estás de acuerdo! - aclaró por si acaso. - Porque si tú no quieres, yo no tengo problema, me refiero a que...
- Ranma. - Lo interrumpió ya desesperada de sus giros mentales. - Dímelo de una vez.
- Un... - su voz se fue haciendo tan delgada que no lo escuchó.
- Un ¿qué?
- Un... - de nuevo sucedió lo mismo
- Ranma, habla bien. - pidió frunciendo el ceño.
- Un... solo si no tienes problema... un...
- ¡¿Un qué?!
- Pafu... - hizo una pausa. - Pafu... - completó.
Akane se separó inmediatamente de él, lo veía con la cara entre molesta y confundida.
- ¿Te estás convirtiendo en una especie de pervertido? - Ranma abrió los ojos con sorpresa.
- ¿Sa... sabes lo qué... es...? - Tragó saliva.
- Tu mismo me lo dijiste... ya sabes... cuando... ¡ya sabes! - repitió como si fuera lo más obvio.
- No, ¿cuándo? - preguntó entrando en pánico.
- Cuando llegaste borracho, era lo único de lo que hablabas, ¿no lo recuerdas? - Ranma negó con la cabeza. - Incluso... tú... por eso yo tuve que... - Le señaló el chichón en su cabeza.
- ¡¿Qué?! - Más asustado se echó atrás. - ¿Te forcé? - Consternado se tomó la cabeza entre las manos, nunca se podría perdonar haberle hecho algo a Akane sin su consentimiento.
- Bueno... - Intentó arreglarlo, tampoco era tan malo... - No es para tanto... eras mi prometido desde hace varios años y llevábamos saliendo formalmente algunos meses, ¿verdad? - Le tomó de uno de los hombros, si bien nunca habían cruzado ciertos límites, sabían que tarde o temprano cruzarían esa línea.
- Pero... pero yo... lo... lo siento mucho Akane... yo no quería... perdóname. - Aun se sostenía la cabeza tratando de recordar, con razón ya le parecía extraño que no hubiese ninguna imagen mental desde el bar hasta la mañana siguiente que lo levantó Akane.
La ahora señora Saotome intentó sacarlo de ese trance, pero por más que le habló no pudo hacer mucho, decidió que se le pasaría por sí solo.
- Yo... en verdad lo... - Ranma volteó a ver a su esposa y se sorprendió al ver que no solo estaban a bordo del avión, sino que la azafata les entregaba comida, lo cual significaba que ya habían pasado varias horas de vuelo.
- Si, la de mi esposo por favor con picante. - Indicó y recibió el platillo. - Gracias. Ya regresaste a la realidad, que bien. - Ella misma puso la mesa de apoyo y dispuso la comida para él. - Come antes de que se te enfríe. - Dijo dándole un beso en la mejilla.
- Akane... ¿cuando...
- Te quedaste como zombi. Ni siquiera diciéndote que iba a hacer lo que querías de regalo reaccionaste. Esto está bastante bien. - Dijo comiendo. - ¿Qué tal está el tuyo?
- ¿Lo vas a hacer? - Preguntó ignorando todo lo demás. - Akane lo miró con una combinación entre ternura y vergüenza.
- Pues... es un poco raro... pero eres mi esposo... supongo que no importa...
- ¿Ahora?
- ¡¿Ahora?! - Gritó y todos los pasajeros voltearon a verla. - Estamos en un avión. - Explicó brillando de rubor.
- Hay baños. - Dijo jugando con sus dedos. Pasaron algunos minutos y Ranma, desanimado, pensó que era mejor comer.
- De... de... de acuerdo... - Dijo por lo bajo. Con cuidado de no tirar la comida se levantó y se fue por el pasillo. Ranma inmediatamente la siguió, tiró todo en el camino, se tropezó tres veces y casi tira a la azafata que supervisaba. La vio entrar al baño de mujeres y según su criterio, entró en el cubículo sin ser notado. Dentro... solo ellos sabrán lo que pasó.
FIN
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N/A
Para el 19. Me voy a apurar se los prometo.
Gracias a todos en especial a:
1. Nita-chan84
2. BereNeST (x2)
3. Benani0125
4. JHO
5. Psicggg
6. Kris de Andromeda
7. Shiviss2087
8. gatopicaro831
9. Juany Nodoka
10. Akai27
11. Arianne Luna (x2) Viene uno en la lista de este diciembre.
12. Guest (01)
13. Lelek An3li
14. Sailordancer7
15. YokoLyn
16. Grace
17. Lu chan87
18. Crisel Grajeda
19. Bealtr
20. Chat Nihiliste
21. hcoronadogandara
Gracias a todos, de este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.
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EXTRA
- Llevan ahí media hora. – dijo una mujer apurada. - ¿Cuánto más irán a tardar?
- No lo sé, yo creo que la mujer se ha de sentir realmente mal, su esposo se veía desesperado por alcanzarla. – Habló la primera mujer de la fila que había visto a Ranma entrar.
- Bien, pues alguien debería entrar a revisar. Me ha parecido oír como la mujer se quejaba, debe estar muy mal. – Dijo la tercer señora de la fila - ¿Qué tal y es algo grave?
- Pues la azafata les preguntó y le dijo el esposo que ella solo necesitaba tiempo para recuperarse. Creo que no es tan grave, pero a saber Dios que tendrá la pobre mujer.
- Señoras, si me acompañan, las llevaré al baño de primera clase para que no tengan que esperar más. – Indicó la azafata, su cara aún era preocupada, pobre mujer, esperaba que su esposo la pudiera ayudar.
FIN.
