Rendirse no es Opcional

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Akane pasó saliva, luego tomó una inspiración profunda antes de siquiera atreverse a poner su mano sobre la mampara corrediza del dojo, le tomó al menos cinco minutos más abrir por fin la puerta y entrar.

Dentro, los sonidos que producía Ranma eran fuertes y constantes producto de un entrenamiento riguroso, aunque claro, el chico nunca reconocería que la mera presencia de su prometida, lo incentivaba a hacer su práctica más vistosa solo para deleite de ella.

- Ra... Ranma... - Lo llamó casi con miedo, el chico volteó a verla como si apenas hubiera notado que estaba ahí y paró con lo que hacía.

- ¿Acabas de llegar? - Preguntó cínicamente. - ¡Que calor hace para ser invierno! - comentó como si nada, quitándose la parte de arriba del gi de entrenamiento que rara vez usaba.

- Si... acabo de llegar... - Dijo nerviosa, y no porque él hubiera descubierto aquel torso que... ¡Concéntrate Akane! Se dijo, no estaba ahí para eso. - Tengo que hablar contigo.

- Tu dirás. - Se sentó en la duela, tomó su termo de agua y esperó a que hablara.

- Bien... el incidente de hace unos días...

- ¡¿Todavía estás enojada?! - Dijo como si fuera una tontería. - Ya te dije que si intervine fue porque eres muy torpe y hubieras terminado herida. - Se refirió a una pelea típica de sus prometidas, un tres contra una que de ninguna manera beneficiaba a Akane.

- No... no estoy enojada... ya no... - suspiró. Ranma se alegró de oír eso, ya hasta estaba pensando en disculparse para que volviera a ser la de siempre, estos últimos días había estado muy callada.

- ¿Entonces? - Preguntó con más ánimo.

- Estuve pensando mucho, ¿sabes? - Hizo una pausa y a Ranma le empezó a subir algo parecido a la ansiedad por la columna vertebral, eso no podía significar nada bueno. - Estuve analizando mi situación.

- ¿Qué situación?

- Yo... soy buena estudiante...

- Aja... - Asistió Ranma.

- Con mi carrera, ayudaré al dojo de otra manera... - Dejó al aire y Ranma comenzó a alarmarse. - Creo que todo este tiempo he sido demasiado obstinada... realmente tienes razón, soy muy torpe...

- Oye... ¿pero...

- Me hice ilusiones desde niña viviendo una mentira de que era fuerte y capaz de dedicarme a las artes marciales.

- ¡¿Pero de qué de...

- No, escúchame por favor. - Pidió y en su afán de ser escuchada le tomó por las manos, nada romántico, pero igual sirvió para dejar al chico callado y quieto. - Es mejor hacerlo ahora y por lo sano, como una cinta adhesiva que te quitas de la piel, dolerá, pero a la larga será mejor... - Miró al techo conteniendo las lágrimas. - Voy a dejar las artes marciales. - Declaró segura.

- Oye, espera un momento. - pidió consternado al ver que se levantaba. - Akane.

- Quería que fueras el primero en saberlo. A penas lleguen papá y tío Genma de su viaje, se lo anunciaré a la familia y no sé qué se les vaya ocurrir a nuestros padres hacer con el compromiso. - Ranma sintió que su corazón se detenía, era cierto, las artes marciales era el principal motivo por el que estuvieran comprometidos, si ella dejaba el arte, ¿qué los uniría? - Y también, te lo digo de todo corazón Ranma, no me sentiré ofendida si decides romper por tu cuenta el compromiso o elegir a otra persona. - Dicho esto, salió corriendo del dojo.

Ranma se quedó al menos dos horas más en el dojo sin saber que hacer.

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El sábado por la tarde, Genma, Soun y Happosai aparecieron, estaban cansados, sucios y hasta golpeados, a saber en qué problemas los había metido el maestro, sin embargo, a Ranma no le importaba nada de ello, en lo único que podía pensar era en la nefasta noticia que Akane daría.

A penas comenzó la cena y el joven Saotome supo que empezaba el último conteo contra reloj para que todo acabara, no prestó atención a las historias de los viejos, no supo ni que estaba comiendo y mucho menos se dignó siquiera a pensar en otra cosa que no fuera la joven que se movía nerviosa a su lado.

Por propia mano sabía que Akane no era débil, al contrario, era muy fuerte, tal vez si un poco torpe, pero él tenía muy claro que era a falta de un entrenamiento riguroso, su padre, al igual que él mismo, rehuían a la posibilidad de lastimarla y fuera de ellos tampoco había nadie disponible para ayudarla

- ¡Pues aunque se quejen, son mis discípulos, mis herederos! - Se quejó Happosai al ser tan atacado en la historia que contaban los patriarcas. - ¡Y me deben respeto! ¡Sin mí, nada de esto sería posible!

- Si... si lo respetamos maestro. - Dijeron a coro Soun y Genma.

- Me alegra que lo digan porque si me hacen enfadar, soy capaz de anular todo mi apoyo hacia ustedes, al fin y al cabo, Ranma y Akane continuarán con mi legado y se encargarán de seguir adelante con el arte. - Por supuesto que se refería al compromiso.

- ¡Claro que si maestro! - Genma secundó. - Ranma y Akane se encargarán de engrandecer su legado.

- En... en realidad... - Habló Akane y todos y cada uno de los vellos del cuerpo de Ranma se erizaron. - Quería... - tomó aire, todos le estaban prestando atención. - Decirles que... he tomado la decisión de...

- ¡Casarnos el próximo mes! - Gritó por lo alto Ranma. Los gritos de júbilo no se hicieron esperar, todos se levantaron y felicitaron a los novios, tanto era el alboroto que Akane no pudo decir ni una sola palabra más.

- ¡¿Qué rayos haces Ranma?! - Le preguntó consternada.

- A partir de mañana comenzaré a entrenarte.

- Pero... - más confundida que antes intentó detenerlo, cuando se levantó del suelo.

- No puedo permitirme tener una esposa débil. Más vale que te prepares. - Sin más salió del comedor, dejándola a merced de aquella loca celebración.

Y realmente a Akane no le importó, de hecho, sonrió orgullosa, su plan había funcionado, no la habían dejado rendirse.

FIN

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N/A.

Todos juntos, ¡09!

Para el 22 de diciembre y por fin estoy al día, un corto después del dramón anterior, gracias a todos por continuar conmigo.

Por cierto, por si no quedó claro, todo fue una treta de Akane, digo, alguna vez debía sacar sus trucos jeje.

De este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.