Ranma 1/2 no me pertenece, le pertenece a Rumiko Takahashi, este fanfic es hecho sólo para diversión y sin fines de lucro
Secret Santa
La navidad, una época llena de felicidad, buenos deseos, tranquilidad, tiempo en familia y con tus seres amados, esa debería ser la regla, lamentablemente, esta no aplicaba para la familia Tendou quienes, año con año, veían esos días como una guerra inminente, a manos de las visitas indeseadas que clamaban su derecho por pasar esa festividad con lo que ellos reclamaban su ser amado, sobre todo con cierto chico de cabello color azabache.
Podría decirse que, aquella épica batalla justo en noche buena se había vuelto una especie de tradición en la cual, siempre, el azabache la pasaba golpeado, adolorido, con hambre y, por sobre todo, solo. Usualmente, pese a todo, no le molestaba demasiado, es decir, cuando estaba de nómada con su padre, no solían celebrar la navidad, ese día para ellos era bastante normal, con sólo una hogaza de pan y un poco de sopa si tenían suerte.
La primera navidad que pasó con la familia Tendou, fue un caos, con sus prometidas persiguiéndolo por toda la ciudad, peleando, discutiendo, todas insistiendo que pasara la navidad con ellas cuando él, sólo quería pasarla tranquilo y en un ambiente familiar. Al final lo logró, y debía admitir que fue bastante bueno, pero no completamente como esperaba. Tal vez si no hubiera pasado todo el día buscando los regalos que quería la peliazul la hubiera pasado mejor.
El siguiente año no mejoró, ya que, previniendo que pasara lo del año anterior, esta vez planearon hacer una fiesta a lo grande, la cual estuvo bastante buena, porque en esa ocasión no tuvo que correr por toda la ciudad, pero la clásica pelea se trasladó a la cocina mientras todas, a excepción de Akane, intentaban preparar la cena para él, al menos por ese aspecto todo estuvo más tranquilo. Lo único malo fue el hecho que lo obligaron a cantar como chica.
El año después de ese no fue mucho mejor, de hecho, consideró que empeoró, porque los pleitos y combates volvieron, sus auto proclamadas prometidas peleaban por decidir con quién pasaría él la velada, sin siquiera preguntárselo. ¿El resultado? Pasó la noche entera huyendo de ellas, no cenó, tuvo varios golpes, pasó frío y la ojicastaña se enojó con él por una semana. Si había algo que no había cambiado a través de los años era ese carácter tan explosivo que tenía.
Cansado de todo eso, se prometió a sí mismo que, ese año, haría hasta lo imposible por pasarla tranquilo, sin pleitos, sin golpes, sin moretones y, por sobre todo, sin prometidas locas persiguiéndolo por toda Nerima. Miró el calendario de forma un tanto distraída, faltaban exactamente 13 días para navidad, estaba justo a tiempo para preparar su plan para librarse de aquel trío.
- ¡Ya llegué!
Se escuchó la cantarina voz de su prometida. Últimamente ya no se veían mucho, los dos chicos estaban muy ocupados últimamente estudiando para su ingreso a la universidad, más la peliazul que él, obviamente. La chica pasaba mucho tiempo en la biblioteca, investigando y leyendo libros tantos libros que pensaba que se quedaría ciega en cualquier momento, él por su parte, hacía lo que podía, nunca había sido bueno en los estudios y no creía que fuera a empezar a serlo, apostaría más por sus habilidades físicas, ya que planeaba ser maestro de educación física y, modestia aparte, él era el mejor en combate, sólo le faltaba la teoría.
- Llegaste temprano – le dijo saliendo a su encuentro
- Si, es que Yuka quería salir con su novio y Sayuri la apoyó – dijo girando los ojos en señal de fastidio – Yo quería seguir estudiando en la biblioteca, pero me dijeron "No es bueno que te esfuerces tanto Akane, si haces eso tu piel se dañará y te saldrán arrugas" Como si eso me importara – bufó
- De hecho, creo que te veo una nueva aquí – se burló señalando su ceño
El carácter explosivo de la chica no se hizo esperar, pero contrario a lo que todos pensaban, la peliazul sólo retiró la mano del chico de un manotazo.
- Ranma, estoy muy cansada y no tengo humor para tus juegos. Iré a mi habitación para seguir estudiando. Que Kasumi me diga cuando la cena esté lista.
Y acto seguido se retiró. El ojiazul la vio subir las escaleras como siempre, era obvio que la chica estaba estresada y por demás cansada, dedicaba todo su tiempo libre en estudiar. Inclusive habían dejado de pelear tanto, pero si casi no se veían, cómo iban a hacerlo. Nunca lo admitiría, pero extrañaba esos momentos tan únicos entre ellos dos, últimamente se sentía bastante solo y un poco aburrido, sin sus pleitos, sus días se le hacían monótonos.
Akane llegó a su habitación y dejó sus libros sobre su cama, estaba exhausta, pero sabía que tenía que seguir estudiando, el momento para relajarse y descansar vendría después de que pasara el examen, estaba decidida a ser la mejor fisioterapista de Japón. Había comprendido que, pese a que entrenara arduamente y a diario, nunca podría alcanzar el nivel de su prometido, en gran medida por la diferencia de género, y lo había aceptado, lo que realmente hería a su orgullo, era que nunca había logrado el mismo nivel que la versión femenina del azabache. Al menos había logrado estar al nivel de Shampoo y Ukyo, aunque eso no le reconfortaba mucho.
Suspiró cansadamente mientras abría su libro en la página donde se había quedado, realmente estaba cansada. Miró el calendario que mantenía en su escritorio notando que faltaba poco tiempo para navidad, luego su mirada se posó en la oscuridad de la noche, aún no se decidía si debía regalarle algo a Ranma o no, su relación no estaba en los mejores términos últimamente, es decir, casi no habían peleado en los últimos meses, pero tampoco se veían tan seguido.
Hacía algún tiempo, parecía que habían dado un paso hacia adelante, él comenzaba a tratarla un poco mejor, ya no la insultaba tanto y, de vez en cuando, la abrazaba o le sujetaba la mano, pero en cuanto alguien se acercaba, la magia entre ellos desaparecía, haciéndole sentir confundida y herida, además, seguía el problema de las "otras prometidas", quienes seguían peleando por su atención y amor, y él nunca les había puesto un alto. Suspiró. Estaba harta de aquel jueguito.
A veces se preguntaba si en verdad valía la pena seguir enamorada del chico, sentía que iba en círculos. En el oscuro cielo pudo divisar una estrella fugaz caer y, una idea ridícula, se cruzó por su mente, cerró los ojos y, desde lo más profundo de su corazón, dijo un único deseo en la soledad de su habitación, el cual se disipó rápidamente en el aire. Una vez que la magia desapareció, se sintió ridícula, no tenía cinco años como para estar pensando que los deseos a las estrellas se podían hacer realidad. Agitó la cabeza fuertemente con el único fin de desaparecer cualquier pensamiento incoherente y se enfocó en lo que era real.
La hora de levantarse llegó más pronto de lo que le hubiera gustado, el sentimiento de cansancio no se iba, pero seguía con su rutina de siempre, salió a trotar, supo que sería uno de esos días cuando se topó con Shampoo, quien inevitablemente siempre que se encontraban, quería comenzar una pelea, usualmente verbal, remarcando su falta de atributos y habilidades femeninas. La china sabía bien cómo herir su orgullo, pero ese día no le daría el gusto así que, haciendo uso de todo su auto control, simplemente la ignoró y siguió su camino. Estaba segura que poco le faltaba para tener una úlcera.
Cuando regresó a su casa, aún la mayoría de los miembros de su familia se encontraban dormidos, tomó una ducha, intentando relajarse y olvidar el amargo trago que acababa de pasar, y después fue a la cocina esperando encontrar algo que comer y luego irse a la biblioteca para poder seguir estudiando, sin embargo, Kasumi se le había adelantado y ya le había preparado algo, su hermana siempre tan amable, le agradeció y salió de su hogar.
Para cuando Ranma se despertó, ya la chica llevaba varias horas afuera, se lamentó internamente, extrañaba las discusiones diarias en el desayuno, el ir juntos a la preparatoria y las carreras diarias por intentar llegar a tiempo, ahora caminaba solo, lo cual no estaría tan mal, si no fuera porque, prácticamente a diario, el trío de prometidas lo inmiscuían en un pleito para saber quién le acompañaría, y ese día no fue la excepción.
- ¡Ran-chan!
- ¡Airen!
- ¡Mi querido Ranma!
El azabache suspiró cansado
- Shampoo acompañará a Airen a escuela como buena prometida
- ¿Estás loca? La que acompañará a Ran-chan a la escuela seré yo, de cualquier forma, él y yo vamos a la misma escuela
- Ustedes plebeyas no tienen derecho a llevar a Ranma a la escuela, la única que debe hacerlo soy yo, una prometida que está a su altura – dijo para reír después en forma estrepitosa
Era obvio para cualquiera, excepto para aquellas tres chicas, que el ojiazul se mostraba incómodo, por un lado, los jaloneos a los que era sometido le hacían doler los brazos, por otro estaba el hecho de que ninguna de ellas se molestaba en siquiera modular su voz, así que, pronto, se vio en medio de un círculo de gente curiosa. A lo lejos pudo escuchar la campana de la escuela y se lamentó, otra vez llegaría tarde y lo dejarían castigado.
Akane notó claramente que su prometido no se presentó hasta la segunda hora de clase y bastante mallugado, sabía de sobra a qué se debía, y su corazón se estrujó, sintió ganas de llorar al sentirse menos, para el ojiazul, ella nunca sería suficiente, ni siquiera sabía el porqué seguían estando prometidos, tal vez era ya más fuerza de costumbre. Sacudió la cabeza intentando aclarar su mente, ella sólo debía concentrarse en estudiar.
Ese día, la peliazul decidió irse directamente a casa en lugar de quedarse a estudiar motivada por un dolor de cabeza que se había acrecentado durante el día debido a ciertas chicas que no paraban de interrumpir sus clases y destruir la calma. Abrió el casillero donde guardaba sus zapatos y descubrió que, dentro de esta, había una pequeña cajita, curiosa y con cierto recelo la tomó, no era la primera vez que recibía cartas, Kuno solía dejarle muchas cuando estudiaban juntos, aunque ahora ya era menos frecuente, sin embargo, aquello no tenía las características de un regalo del castaño. Al abrir la cajita notó una pequeña nota con algo escrito.
"En el doceavo día de navidad, algo te quiero contar, se dice que cuando suena una campana, un ángel recibe sus alas, espero que, con este pequeño regalo, los tengas siempre a tu lado"
La chica miró la nota por ambos lados, esperando ver alguna firma, o algo, pero no había nada. Abrió con cuidado el pequeño paquete para ver qué contenía, encontrándose con una discreta pero hermosa pulsera con varios cascabeles, doce para ser exactos. A pesar de lo extraño, el presente le sacó una sonrisa e hizo que el dolor de cabeza menguara, eso hasta que alguien le arrebató la nota de su mano.
- ¿Qué es esto? – preguntó mientras leía la tarjeta
- Ranma, devuélvemelo, es mío – dijo molesta
- ¿Quién te envió esta tontería? – dijo claramente molesto arrugando el papel y aventándolo sobre su hombro.
- ¡No te importa!
- ¿Estás segura que es para ti? Estoy seguro que era para otra chica y se confundieron ¿Quién querría enviarle algo a un marimacho, agresiva, fea y mala cocinera como tú? – se burló
El aura de la peliazul comenzó a mostrar signos de su enojo, estaba furiosa, detestaba que el chico le remarcara su falta de cualidades y le dolía cada palabra, pero a lo largo de los años, fue aprendiendo a controlarse ante esos arrebatos infantiles del azabache, así que hizo gala de su madurez y auto control, caminó hasta donde había caído la nota, la recogió, la arregló y simplemente se fue.
- ¿Pero qué mosca le picó? – se preguntó el chico
- ¡Ran-chan!
El chico escuchó la voz de la castaña a lo lejos y, no dispuesto a ser atrapado nuevamente ese día por ninguna de sus auto proclamadas prometidas, se fue saltando por los tejados lo más rápido que pudo.
Akane llegó rápidamente a su casa y se dirigió de forma inmediata a su habitación, cerrando la puerta tras de ella, dejó sus útiles sobre la cama y se sentó en su escritorio mientras observaba aquella pequeña pulsera. Tenía sentimientos encontrados, cuando vio la cajita, una parte de ella creyó que había sido su prometido quien había decidido, al fin, hacerle un presente, pero cuando lo vio comportarse de esa forma tan celosa, se dio cuenta de la verdad. Todo el mundo sabía que Ranma era su prometido, por lo mismo procuraban mantenerse al margen, así que ahora tenía curiosidad por saber quién le había hecho aquel regalo.
- Con que, ángeles ¿no? – sonrió con total sinceridad
Quien quiera que le hubiera dejado aquello, le había alegrado el día y, con nuevas fuerzas, volvió a sus estudios.
El día siguiente fue bastante parecido al anterior, últimamente todos los días eran iguales, salir a correr, prepararse, estudiar, asistir a clases, quedarse en la biblioteca para estudiar hasta tarde e irse a casa, siempre era la misma rutina, y tan impuesta estaba a ella que ya había olvidado el evento del día anterior, hasta el momento en que abrió su casillero y encontró otra cajita dentro. La tomó delicadamente y la abrió, dentro estaba otra tarjeta.
"En el onceavo día de navidad, algo significativo te voy a dar, once listones para tu cabello adornar, largo o corto no ha de importar, para tu femineidad honrar"
Al descubrir el regalo vio, de hecho, once hermosos listones para adornar su cabello, sintió su cara ruborizarse, no había vuelto a pensar en arreglarlo desde hacía años, no desde una ocasión que Shampoo se burló de ella diciéndole que para qué se esmeraba, que mejor lo dejara así, porque corto lucía más su aspecto masculino. Ese día lloró a mares, no por la ofensa, sino porque aun después de tanto tiempo, le dolía la pérdida de ese símbolo de su belleza. Tomo uno de los listones y lo acarició con suavidad.
El día siguiente si que hubo cambios, con algo de temor había decidido usar uno de aquellos listones y atarlo alrededor de su cabello, como consecuencia, sus amigas no dejaban de decirle que se veía hermosa, y los chicos no paraban de mirarla, se sentía cohibida, hacía mucho tiempo que nadie le prestaba atención, inclusive pudo notar cómo Ukyo parecía molesta ya que Ranma no paraba de mirarla, aunque con el ceño fruncido.
- ¿De dónde sacaste eso? – preguntó con un claro tono de molestia cuando fue la hora del receso
- ¿Esto? – preguntó sosteniendo un trozo del listón – Es sólo algo que tenía guardado – comentó
- Nunca te lo había visto
- Sentí que quería cambiar un poco mi apariencia – sonrió
- Se te ve bien
- ¿De verdad?
- ¡Claro! Así puedes disimular esa horrible cara que tienes
El semblante de la chica cambió drásticamente, de uno alegre a uno lleno de pesar.
- No le hagas caso – la defendió Yuka – sólo está celoso de que todos los chicos te observen
- Ranma no tienes que ser un grosero, si sientes celos sólo díselo
- ¿Celos, yo? ¿De una marimacho?
- Déjenlo chicas, no importa – sonrió – mejor sigamos estudiando si queremos pasar ese examen
Y, aunque el comentario le dolió, su día continuó. Cuando ya se retiraba a su hogar, otro regalo estaba en su casillero, aquello ya le empezaba a asustar un poco, no sabía cuándo ni quién ponía aquellos presentes y, aunque le gustaba la atención que estaba recibiendo, no sabía si era lo correcto o no, a fin de cuentas, y en contra de su voluntad, ella ya estaba prometida. Tomó la pequeña caja para ver lo que contenía.
"En el décimo día, te quiero otorgar, algo que, en este día, puede te sea de utilidad, un pañuelo con tu flor favorita, para tus lágrimas secar. Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar"
Akane observó el hermoso pañuelo de color celeste con exactamente diez claveles bordados, su flor predilecta. Sonrió desde lo más profundo de su corazón, repasando la última estrofa de ese mensaje, pensando en la razón que tenía, pero también, sabiendo que, cuando se ama, es imposible no derramar lágrimas, aún así, apreció el gesto. Cerró su casillero y caminó a casa, sintiendo el corazón un poco más ligero.
El cuarto día fue atroz, se había levantado más tarde de lo usual, así que, solamente pudo correr la mitad de lo que estaba acostumbrada, luego desayunó lo más rápido que pudo y corrió a la escuela junto al azabache como antaño y, obviamente, los problemas usuales llegaron. El trío de chicas no se hizo esperar, abalanzándose contra el chico y ocasionando un disturbio como era su costumbre, como siempre ella se molestó, pero hizo gala de su recién adquirida paciencia y, en lugar de golpear al ojiazul y lanzarlo hasta el otro extremo de Nerima, simplemente lo dejó a su suerte y siguió su camino, llegando a la escuela justo a tiempo y comenzando su rutina diaria.
Después de alrededor de una hora, el ojiazul llegó, lleno de raspones y algo mal trecho, pero vivo, aunque con un humor bastante malo y, para acrecentarlo, lo castigaron en el pasillo. Cuando llegó la hora del receso, el chico mejoró su humor, aunque sólo por unos instantes, ya que descubrió que, en su pelea matutina, había perdido su almuerzo, le rogó a la peliazul que compartiera el suyo, pero debido a la molestia que tenía aún por el disturbio que ocasionó en la mañana, ésta se lo negó, y aunque su prometido se quejó, no hubo poder humano que la hiciera cambiar de opinión. Pensó que era un castigo justo por hacerla enfadar.
Al terminar sus clases dudó entre ir a su casillero o ir a la biblioteca, tenía esperanzas de encontrar otra nota que alegrara su día, pero tampoco quería verse obvia, o tal vez era el miedo de saber que alguien la hacía sentir especial, y ese alguien no era su prometido. Suspiró cansadamente y decidió mejor ir directo a la biblioteca, era mejor simplemente ignorar esos eventos, probablemente fueron algo fortuito, no había razón para seguirlos recibiendo, aunque si se ponía a pensarlo bien, las notas iban en descenso, ¿eso significaba que debía esperar otros nueve regalos? Bueno, ya lo descubriría más tarde, por ahora se concentraría en lo verdaderamente importante, pero, cuando sacó sus útiles, se dio cuenta de que su libreta de apuntes le quedaban pocas hojas, se lamentó, ahora tendría que estudiar menos de lo que le gustaría para ir a comprar otra.
Con ese pendiente en mente, le fue muy difícil concentrarse, así que después de un par de horas, decidió que aquello era caso perdido y simplemente se retiró del lugar dirigiéndose a su casillero para tomar sus zapatos. Tan absorta en sus pensamientos estaba que había olvidado por completo el asunto de los obsequios así que, cuando abrió la pequeña puerta y vio uno nuevo, no pudo evitar sorprenderse honestamente. Este era un poco más grande que los anteriores. Tomó el objeto, esta vez sin caja, y sacó la pequeña nota que contenía.
"En el noveno día te quiero ayudar, a cumplir tu objetivo de estudiar, una libreta adornada con granzas, para anotar todas tus enseñanzas"
Akane rio por la rima algo mal hecha, pero sonriendo por el intento, y sintiendo un eterno agradecimiento al haberle evitado tener que ir por una nueva. Contó las granzas en la libreta y notó que eran nueve exactamente, se preguntó mentalmente cuánto debió tardar en conseguir una así. De pronto a su mente vino una realización ¿Cómo sabía que su libreta estaba a punto de terminarse? ¿Sería que quien quiera que le daba esos regalos le estaba espiando? Sus sentidos se alertaron y, con la mirada, buscó a su alrededor, pero estaba completamente sola, así que se relajó. Sacudió la cabeza y sonrió, no, seguramente no fue más que una extraña coincidencia.
El quinto día volvió a su rutina normal, lo cual agradeció infinitamente, porque sentía que en los últimos días su vida estaba volviéndose un caos del cual había intentado escapar los últimos meses al simplemente mantenerse al margen de las situaciones con su prometido. Almorzó con sus amigas, se permitió un momento de relajación, siguió con sus clases y al final fue a la biblioteca. Para cuando terminó era un poco más tarde que de costumbre, y su estómago empezaba a reclamarle la falta de comida, revisó la hora y notó que, en esos momentos, Kasumi ya debería estar sirviendo la cena, esperaba que su hermana le guardara algo y que no se lo comieran todo los hombres de la casa. Cuando abrió su casillero, su estómago hizo un fuerte ruido que logro hacerla sonrojar, agradeció que no hubiera nadie a su alrededor, dentro, estaba la ya ahora acostumbrada cajita con una nueva nota.
"En el octavo día, te voy a regalar, algo para tu hambre calmar, cómelos tranquilamente y sin apresurarte, que llegaron a ti para tu día endulzarte"
En la cajita había ocho dulces, y podría ser un regalo cualquiera si no fuera por una sola cosa, eran sus dulces favoritos, el detalle le pareció extraordinario, no solía comprarlos a menudo porque eran difíciles de encontrar, pero quien quiera que le estuviera dando aquellas notas, había hecho el esfuerzo por conseguirlos. Con delicadeza tomó uno y lo colocó en su boca sintiendo el delicioso sabor y apaciguando un poco su hambre. Sonrió.
El siguiente día fue desastroso para ella, por alguna extraña razón Kodachi había decidido que era un buen día para molestarla por algo relacionado a Ranma, aunque no estaba segura de qué era, lo único importante era el hecho de que, en medio de la pelea, su puerta había sido destruida. Se dijo a sí misma que esa no era forma de comenzar su día y, aunque quiso conservar su calma, no pudo, aquello había traspasado sus límites.
La pelea con la rosa negra no le tomó mucho tiempo, más por el hecho de que, cuando el azabache apareció en su radar visual, su combate quedó en el olvido y la chica corrió tras el ojiazul, quien gritaba y corría despavorido lejos de ella. Gracias a ese incidente, toda su mañana fue un desastre, y ahora no tenía puerta para azotar y descargar su enojo. Maldijo por lo bajo y continuó su día.
Para cuando llegó el momento de irse a casa se sentía sumamente exhausta y se preguntaba mentalmente si su padre habría tenido tiempo de reemplazar su puerta, esperaba que sí. Abrió el casillero de su lugar con pesar, para rápidamente cambiar su expresión por una de asombro, dentro estaba otro regalo, pero en esta ocasión, era uno bastante peculiar, un colgante para su puerta, el cual había perecido precisamente aquella mañana. Este colgante era bastante similar al que solía tener, pero en lugar de un gran pato, tenía siete patitos pequeños.
"En el séptimo día, te voy a encargar, que cuides a estos pequeños patitos y les des un nuevo hogar, se que contigo encontrarán felicidad, pues en tu corazón sólo hay bondad"
Tomó el nuevo colgante para su puerta y lo abrazó fuertemente, decidiendo que sería la mamá de aquellos pequeños patitos, aunque fuera sólo un juego.
Últimamente sus días eran algo cansados y un poco caóticos, no solamente por las constantes peleas que sucedían a su alrededor, sino por algunos eventos aleatorios que estaban ocurriendo, un ejemplo claro fue ese día, que pese a que creyó que sería un día bastante tranquilo y cotidiano, cuando llegó a la escuela se topó con la sorpresa de que, todos sus lápices estaban regados en su mochila, su lapicera se había roto. Se lamentó enormemente, había tenido aquella lapicera por un largo tiempo y le gustaba bastante.
- Tendrás que comprar otra – le dijo Sayuri cuando le contó
- ¿Acaso piensas que sea un mal augurio? – cuestionó Yuka
- No creo – respondió la peliazul
- Claro que no Yuka, fue sólo una coincidencia, además esa lapicera ya estaba bastante desgastada
- Es cierto, la tengo hace ya bastante tiempo
- Se nota que le tienes un aprecio especial – dijo Sayuri
- Es que, esta lapicera me la regaló el doctor Tofu cuando ingresé a la preparatoria
- Ya veo, con razón la cuidabas demasiado
Akane sonreía ante el recuerdo, de cuando aún estaba enamorada del joven médico, y cómo había sentido mariposas y su corazón desbocado al recibirlo, ahora era un objeto al que quería con nostalgia, le dolía perderlo, pero así era siempre, tarde que temprano terminaban por romperse, y no se refería solamente a los objetos. Se preguntó si acaso su santa secreto, como lo había comenzado a llamar a falta de otro nombre, sabría lo que le había pasado a su lapicera y le daría una nueva. Sonrió. Seguramente en la tarde lo descubriría.
Al final del día, en su casillero, había otra cajita con su respectiva nota.
"En el sexto día, te voy a recordar, que todo objeto tiene su final, pero no por eso debes estar triste, mejor sonríe por lo que viviste, te ayudaré a superar tu melancolía, con una nueva lapicera que alegre diariamente tu día, y que mejor con tu mascota favorita"
Y ahí estaba, como si lo hubiera invocado, una nueva lapicera, pero no era una cualquiera, ésta era sumamente especial, ya que tenía seis p-chan pintados. Estaba segura que en ningún lado se podría conseguir algo como eso, no es como si pudieras ir a la tienda y pedir que te den una lapicera con el dibujo de tu mascota, así que, sólo quedaba una conclusión, habían sido hechos a mano. El detalle y esfuerzo en el regalo la conmovió y algo dentro de ella se removió.
Mientras prestaba atención a la clase, jugaba un poco con un lápiz en su mano, ahora ya llevaba claramente la cuenta, faltaban seis días para navidad, toda aquella actividad le parecía una especie de juego, de hecho, de algún lado le sonaba, pero no podía recordar exactamente de dónde. De forma distraída, hizo girar el lápiz en su mano, pero con tan poca pericia que éste simplemente resbaló y fue a dar al piso.
Se agachó lentamente para recuperarlo del piso, notando que la punta se había quebrado y lamentándose, hizo una nota mental para no hacer eso en el examen o tendría problemas. Sacó el sacapuntas de su nueva lapicera, la cual adularon Sayuri y Yuka, y afiló el grafito. Desvió su mirada a su lado notando el asiento vacío, el azabache no había asistido aquel día, no estaba segura del porqué, pero tampoco es que le preocupara demasiado, últimamente era un comportamiento habitual en el chico, pero era debido a que salía a competiciones, aunque no sabía que había uno en esas fechas. Miró de nuevo la pizarra y prestó atención.
Al final del día, después de salir de la biblioteca, fue hasta su casillero esperando, ahora sí, el nuevo regalo. Admitía que ahora ya los esperaba con ansias, le sacaban una sonrisa. Otra cajita con una nueva nota estaba dentro, la sacó con cuidado y la leyó.
"En el quinto día te vengo a entregar, algo que seguro vas a necesitar, te dejo cinco lápices que te servirán para que tu examen puedas aprobar"
Akane rio por el nuevo regalo, simples y llanos lápices, pero entregados con un objetivo en particular, se le hizo tierno. Con una sonrisa regresó a su hogar.
La peliazul prestaba completa atención a la clase, o al menos eso parecía, pues en momentos, su mirada se desviaba al asiento contiguo, que permanecía vacío. Ahora si estaba un poco preocupada, cuando llegó a su casa el día anterior, imaginó que escucharía la clásica pelea entre el padre del azabache y este por algún trozo de comida, pero lo único que vio fue a su familia cenando tranquilamente, no había rastros del ojiazul por ningún lado.
No quiso verse obvia, así que prefirió no preguntar, pensó que tal vez había tenido que ir a algún mandado o quizás simplemente había salido con sus amigos, no era común pero tampoco extraño, sin embargo, cuando para media noche, la hora en la que ella se durmió, no supo de él, su corazón se estrujó en preocupación y tristeza, imaginando escenarios donde el chico estaba pasando la noche con alguna de sus prometidas más bonitas, y con esa idea se fue a dormir.
En la mañana intentó recobrar el ánimo, pero no ver a su prometido por ningún hacía que sus dudas se incrementaran, y el hecho de que tampoco haya asistido a clases no le estaba ayudando a su salud mental. Bufó enojada, no tendría porqué estarse preocupando por él, y sin embargo no podía evitarlo, por eso su día pasó con pesadez, por eso, cuando llegó el momento de retirarse y descubrir el presente de ese día, sonrió.
"En el cuarto día te haré notar, que nos estamos acercando ya a la recta final. Te entrego este pequeño obsequio para tu suerte incrementar, y que en esta última pelea puedas ganar"
Akane observó el pequeño trébol de cuatro hojas, le pareció extraño y más la nota, si bien era cierto que se estaba preparando para un examen muy difícil, no estaba seguro de que pudiera considerarse completamente como una pelea, aún así, lo guardó con cariño en su lapicera al tiempo que emprendía su camino a su casa, o al menos eso pretendía hasta que sintió cómo unos objetos se acercaban velozmente a ella. Los esquivó con suma agilidad y notó que se trataban de un bonbori, una rosa roja y una espátula, maldijo su suerte, no tenía ni tiempo ni energía para gastarlas en esas locas.
- Chica violenta devolver a airen
- ¿Qué?
- No te hagas la tonta Akane, sabemos que tienes secuestrado a Ran-chan
- ¿Secuestrado?
- Será mejor que liberes a Ranma, plebeya
- ¿Se puede saber de qué demonios están hablando?
- Airen no visitar a Shampoo en varios días
- Y tampoco ha venido a la escuela
- ¿Y nada más por eso piensan que yo lo secuestré?
- Pues claro, esa es la única forma en la que Ranma podría hacerte caso – apuntó la pelinegra
- Miren, yo no tengo idea de dónde está Ranma ni me interesa, yo solo he estado estudiando todos los días aquí
- Si chica violenta no tener a airen entonces ¿dónde estar?
- ¿Y yo cómo voy a saber?
- Viven juntos, es lógico que tu sepas – dijo la castaña - ¿Oh es que acaso Ran-chan y tu ya no se hablan? – le provocó
- Lo que Ranma haga o deje de hacer me tiene muy sin cuidado
- Pues bien, plebeya, si no nos lo quieres decir por las buenas, lo harás por las malas
Y fue así como Kodachi fue la primera en atacar con su clásica rosa roja, sin embargo, la peliazul lo esquivó con gran agilidad, la siguiente en atacar fue Ukyo, haciendo uso de su gran espátula, quien usó toda su fuerza con el firme objetivo de dañar a la chica, mas ninguno de sus ataques dio en el blanco, frustrando un poco a la castaña. La última en atacar fue la amazona, usando sus bonbiris uno tras otro.
Para Akane, Shampoo siempre fue una contrincante muy poderosa, en parte por los trucos sucios que siempre usaba y en otra porque en verdad era una guerrera formidable, pero en esa ocasión, algo se sentía extraño, diferente, podía ver claramente todos los ataques de la pelimorada y esquivarlos con mucha anticipación, cosa que hacía que la chica se enfureciera más y le atacara con más ferocidad.
En uno de los ataques, la peliazul saltó con gracia, dio unas piruetas en el aire y cayó suavemente en el piso, dejando anonadadas a las chicas, internamente sonrió, se sentía realizada al saber que, al fin, podía en contra de esas tres sin ayuda de su prometido.
- Escuchen bien ustedes tres – les gritó – si quieren saber dónde está Ranma, vayan y búsquenlo a otra parte, yo no sé ni tengo por qué decirles nada, si él no quiere verlas sus motivos tendrá, pero no me metan a mí en eso
- ¿Chica violenta celosa?
- No te equivoques, Shampoo, no estoy celosa, estoy cansada de este estúpido jueguito de ustedes peleando por él y él simplemente esquivando la responsabilidad de decidir, si quieren seguir siendo su juguete, allá ustedes, yo por mi parte, tengo mi dignidad y no pienso seguir en esto
- Es decir que chica violenta darse por vencida – sonrió maliciosa
- No, Shampoo, no me es que me de por vencida, sino que me valoro más a mi misma que simplemente continuar en esta batalla interminable, ustedes sigan pelando por Ranma, que al menos yo, encontraré a alguien que pelee por mí.
Dicho esto, se dio la media vuelta y se retiró, su corazón latía a mil, y las piernas le temblaban, pero se sentía orgullosa de sí misma, las había enfrentado y, a su propio modo, sentía que había ganado, tal vez el que le daba aquellos regalos tenía razón, y ese pequeño trébol le había dado la suerte que necesitaba para salir victoriosa.
Akane miraba distraída a través de la ventana, el día se veía nublado y como si fuera a nevar en cualquier momento, aunque no lo creía posible. Ese día el azabache tampoco había asistido, ni tampoco Ukyo, su corazón temblaba al pensar que ellos pudieran estar juntos, pero el día anterior había tomado una decisión, y no pensaba dar vuelta atrás, amaba a Ranma, pero no estaba dispuesta a seguir siendo sólo una prometida más.
Cuando pasara el examen, le diría a su padre que el compromiso estaba roto, que no estaba dispuesta a que su honor siguiera siendo pisoteado por un poco hombre que no podía poner en claro sus sentimientos, iría a la universidad, estudiaría para ser la mejor de su carrera y, tal vez, encontraría a alguien que realmente la valorara y no fuera solamente un juego para él. Observó el cielo oscurecido, tal como su humor ese día, y simplemente dejó que el día continuara.
Al finalizar su jornada, ya estaba el tan ansiado regalo en su ya clásico lugar, lo tomó con cuidado leyendo la nota del día.
"En el tercer día una oportunidad te daré, de pedir tres deseos con las estrellas que del cielo bajaré, piénsalos detenidamente y se te concederán, pero dilos bajito o alguien los podría escuchar"
La peliazul tomó un pequeño prendedor para el cabello que contenía exactamente tres estrellas, lo cual se le hizo adorable, quien quiera que fuera su santa secreto realmente le prestaba atención. Pensó en lo que la tarjeta decía, tres deseos, y se puso a pensar, en cuáles podrían ser, sacudió la cabeza alejando el efímero pensamiento que le vino a su mente, no, si podía pedir tres deseos, no desperdiciaría uno en una simple fantasía, en una promesa que nunca se cumpliría.
El día siguiente el clima no mejoró, seguía nublado y algo grisáceo, se preguntaba si seguiría igual para el día siguiente, si era así, era muy probable que nevara, eso le gustaría, le gustaba cuando era una blanca navidad. Por su cabeza cruzó la idea si eso contaría como un deseo. Se rio de si misma. Ese era el cuarto día consecutivo que el ojiazul no asistía a clases, y el cuarto día desde la última vez que lo había visto. Se dijo que, quizás, al fin había podido aclarar sus dudas y decidirse finalmente por alguna de sus prometidas.
Intentó que aquello no le molestara, pero era prácticamente imposible, le dolía, y tenía que admitirlo, pero no por eso se dejaría entristecer, ella misma ya había planeado su propio destino, y se apegaría a él, y si su prometido ya había tomado una decisión, eso le ayudaría a romper su compromiso más fácilmente, de cualquier forma, ellos nunca estuvieron hechos el uno para el otro, o al menos eso es lo que se decía para no llorar. Cuando su día llegó a su fin, se alegró, se sentía agotada. En su casillero estaba el acostumbrado regalo.
"En el segundo día te voy a adelantar, un regalo que para año nuevo será. Dos monedas que en el templo usarás para tus propósitos de año nuevo implorar. Sólo te pido que una de las monedas las guardes, pues en tu visita quiero acompañarte"
Las mejillas de Akane se pintaron de un hermoso color carmín. Según entendía en la nota, su santa secreto quería verla, entonces dejaría de ser tan secreto. No se sentía segura de aquello, aún no estaba preparada para dar su corazón a alguien más. Cerró su casillero con fuerza y corrió a casa con las mejillas ardiendo.
Akane despertó de forma perezosa, hacía mucho que no descansaba tanto. Después de lo de ayer, se sentía exhausta y confundida, pero una buena noche sueño le había ayudado. Ese día era Noche buena, no tenía que ir a la escuela, así que su santa secreto no podría entregarle el último regalo. No supo si alegrarse o entristecerse por ello, por una parte, le alegraba no tener que ver otra nota con una especie de declaración en ella, pero, por otra parte, le daba curiosidad saber cuál habría sido el último regalo.
No queriendo pensar mucho en eso, se arregló y bajó para ayudar a sus hermanas en la tarea de preparar el hogar para la navidad. En esta ocasión, sólo serían ellos, como en los viejos tiempos, y le alegraba, necesitaba algo de tranquilidad para variar un poco. Su mañana pasó entre la alegría y las risas, discutiendo de vez en cuando con su hermana Nabiki quien quería hacer un negocio de todo.
Para cuando terminaron de adornar ya era casi la hora de la comida, así que Kasumi se apresuró a comenzar con esta y, de paso, preparar la cena que tendrían aquella noche. Quiso ayudar, realmente lo deseaba, pero sabía de sobra que las labores domésticas no eran lo suyo, el azabache se lo había hecho saber hasta que se le quedó grabado en la piel, así que simplemente se quedó sentada mientras veía la televisión, eso hasta que su hermana mayor le llamó.
- Dime Kasumi
- Te llegó correspondencia – le dijo mientras le tendía una tarjeta navideña
- ¿A mí? Que raro, no esperaba una
- Probablemente sea de alguna de tus amigas
Akane tomó la tarjeta aún con duda, ni Yuka ni Sayuri solían enviarle algo así, pensó que quizás fuera una trampa de Kodachi, no sería la primera vez, o tal vez de alguna de las otras dos chicas, pero, cuando vio su nombre, supo que no era de nadie mas que de su santa secreto. Sintió cómo su corazón dio un brinco, aunque no supo si de nervios o de emoción.
"En el primer día de navidad, te voy a entregar, un regalo muy especial, que espero puedas aceptar. A la media noche te voy a esperar en el jardín de tu hogar, con una pregunta que te quiero realizar y que una respuesta me puedas dar…"
Akane se sonrojó a sobre manera, no entendía bien, o se negaba a hacerlo. ¿Cómo era posible que se colara a su casa y de qué pregunta hablaba? Su corazón latió fuertemente y a una gran velocidad.
Todo el día la peliazul se sintió nerviosa y viendo en cada esquina de la casa, como si esperara que, en cualquier momento, alguien saliera de la nada y la asustara, sin embargo, esto nunca pasó. La cena transcurrió bastante tranquila y es que, sin el azabache cerca, no había nadie que le peleara la comida a su progenitor y, aunque agradeció la calma, su corazón se sentía apesadumbrado al no contar con la presencia de su prometido, pese a que mantuvo la esperanza todo el día, en ese momento, fue cuando éstas murieron.
Después de la cena todos disfrutaron de un delicioso pastel que la mayor de los Tendou preparó, abrieron los regalos y, para antes de las once de la noche, ya los dos hombres de la casa habían caído dormidos de tanto que bebieron, así que las chicas simplemente recogieron todo y cada una se dirigió a su habitación. La ojicastaña miraba nerviosa el reloj en su escritorio, debatiéndose si acudir o no al encuentro.
Tenía miedo de que aquello no fuera más que otra treta de el trío de locas que rondaban al ojiazul, pero lo dudaba, no creía que ellas pudieran ser tan crueles y tener tanta paciencia, pero, sobre todo, temía que, si iba, y nadie aparecía, ella se decepcionaría. Respiró hondamente y se decidió, ella no era una cobarde, iría y enfrentaría a quien quiera que le hubiera mandado todos aquellos regalos. Con sigilo salió de su habitación rumbo a la puerta trasera de su hogar y, cuando llegó ahí, pudo ver una cajita, justo en la salida, sin ninguna nota.
Tomó el contenedor con cuidado y lo abrió, sólo para descubrir dentro otra caja más pequeña que tenía un pequeño anillo con un simple diamante y, debajo de ésta, una nota.
"…Un anillo de compromiso en tu dedo quiero colocar, si mi pregunta puedes contestar, Akane Tendou…"
- ¿Quieres ser mi esposa?
La voz proveniente detrás de ella le hizo dar un brinco de susto, ahí, en la oscuridad, se encontraba el ojiazul.
- Ranma – su voz salió en poco más de un susurro - ¿Qué haces aquí?
- ¿No es obvio?
Akane miraba intercaladamente a su prometido y al anillo en la caja, sin comprender completamente, o tal vez sin querer comprender
- ¿Dónde habías estado? – preguntó al fin
- Tenía que resolver algunos asuntos
- ¿Qué asuntos?
- Sólo unos cuantos que tenía pendientes desde hacía mucho tiempo – le dijo colocándose junto a ella
Los chicos eran iluminados tenuemente por la luz plateada de la luna.
- Ranma ¿Qué es todo esto?
- ¿Tú que crees?
- ¿Fuiste tú todo este tiempo? ¿La lapicera, la libreta, los listones, el broche, todo?
- ¿Acaso crees que alguien más podría hacer algo como eso?
- ¿Por qué? No comprendo, has estado tan distante, tan silencioso, creí que… creí que
- Si eh estado distante es porque quiero darte tu tiempo para que estudies, sé que este examen es muy importante para ti
- Pero tu dijiste… Tu prometiste…
- ¿Tú por qué piensas que no he estado aquí los últimos días?
- Creí que…
- Déjame adivinar, tu cabecita loca creyó que me había ido con alguna de esas locas – suspiró cansado mientras se rascaba la cabeza en exasperación – Creí que ya habíamos aclarado esto hacía mucho tiempo.
- Yo creí, que lo habías olvidado
- ¡Jamás! Cuando este año inició, te prometí que, para cuando terminara, todo estaría aclarado, y que resolvería todos esos problemas con todas aquellas a las que me prometió mi padre, y créeme que no fue nada fácil, sobre todo con Shampoo y su abuela, quienes no querían darse por vencidas, pero encontré una forma de lograrlo
- ¿Cómo?
- Eso es un secreto – sonrió – Debes entender – dijo tomándole las manos – que la única prometida a la que quiero, eres tú, Akane.
Los ojos de Akane se llenaron de lágrimas mientras sus mejillas se sentían calientes y estaban de un color rojo brillante. Aún recordaba esa promesa el primer día de año nuevo, cuando los dos habían hablado con la verdad y la chica le expuso sus temores y dudas al ojiazul, y este le había prometido que, al finalizar el año, ella sería la única, había cumplido su promesa.
- Entonces ¿Cuál es tu respuesta? ¿Quieres casarte conmigo?
- Sí – dijo derramando lágrimas
Y ahí, en la oscuridad de la noche que los cobijaba, el azabache colocó el sutil anillo en la mano de su prometida, después se sentaron a disfrutar la compañía del otro, sin decir palabra alguna, sólo viéndose a los ojos, y fue la misma luna la que atestiguó su primer beso real, dado por voluntad y conciencia por parte de ambos y, sin que ninguno de los dos se diera cuenta, comenzó a nevar.
El corazón de Akane no podía con tanta felicidad, lo único que podía pensar era que todos sus deseos se habían hecho realidad, desde el primero que pidió a la estrella fugaz que vio, hasta los tres que deseó con aquél hermoso broche. Y, ahora que su cabeza estaba clara, pudo saber a qué le recordaba toda aquella actividad, a la canción de doce días de navidad.
- Feliz Navidad, Ranma
- Feliz Navidad, Akane
Notas del autor
Lo terminé justo a tiempo para Navidad.
Este fanfic fue creado específicamente para la #Dinámica_Navideña de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma quienes me invitaron a participar llamado #12_eventos_decembrinos y, aunque admito que tenía muchas cosoas por hacer, como terminar mi anterior fanfic "Si tan solo" no quería dejar pasar esta oportunidad, porque me divierte mucho escribir en las dinámicas que realizan, así que no puedo agradecer infinitamente por la oportunidad de participar.
El reto estaba en que tenía que contar con el número 12, y pues por eso fueron los doce regalos de navidad. Admito que me hubiera gustado hacerlo más extenso cada regalo y detallado, pero como dije, estaba corta de tiempo y quería que fuera específicamente para navidad, así que, la mejor forma que tuve de arreglarlo fue esta, aún así, espero que les haya gustado.
Y como últimamente me gusta realizar algo relacionado a los fanfis que escribo, al menos siempre que tenga oportunidad, este fanfic también tiene su propio dibujo, que podrán encontrar en deviantart o tumblr con mi usuario aikohiwatari, o en instagram con el usuario aiko. hiwatari (eliminen el espacio después del punto)
Agradezco mucho el tiempo que se tomaron para leer mi fanfic y el review que puedan dejar, estos alegran mucho mi día, ya que sin ustedes esta historia no tendría vida.
Por último sólo me queda desearles una muy feliz navidad.
Hasta la próxima historia
