Doce Bonenkai tercera parte

Ranma descansaba de su desafortunado día de navidad, había llegado tarde a casa y se había acostado a dormir sin más. Al menos para su amigo todo había salido bien, Ranma lo rescató y lo llevó con Akari quien tomó muy bien cuando Ryoga le contó del accidente con el pastel. Más tarde Ryoga le había escrito que una amiga de Akari los había alcanzado mientras veían las luces en el parque, para entregarles un pequeño pastel para salvar la tradición.

Vaya suertudo pensó Ranma, ¿Sería así de ahora en adelante? . Torció el gesto, no estaba interesado en saber cada detalle de la relación con Akari. Se encogió de hombros, ya se le pasará.

Se estiró lo más que pudo y sintió el frío colarse por sus extremidades. Contempló el techo entre dormido y despierto y la imagen de la chica del tren se le pasó por la cabeza, esos grandes ojos que lo veían con rabia. Había sido muy grosero de su parte aproximarse así, pero era una emergencia, bueno, no una emergencia como tal, claro que ella no tenía porqué saberlo. Se llevó la mano a la mejilla donde ella lo había golpeado, tiene fuerza de gorila.

Escuchó el teléfono sonar varias veces pero no le prestó atención,ya le había dicho a Ryoga que se iba a tomar el día libre y no pensaba contestarle.

Arrastró los pies por el apartamento hasta llegar a la cocina, no había más que un par de huevos y té. Al comer un desayuno tan ligero a lo que acostumbraba tuvo la idea de salir a entrenar al aire libre, por lo general lo hacía en uno de sus gimnasios o dojo, pero ese día se sentía con ánimo de un poco de aire limpio.

Se puso ropa deportiva de su propia marca y sus tenis favoritos que aunque estaban algo gastados, se negaba a cambiar.

—¡Bien!— dijo echándose a correr desde la entrada a su edificio.

Inició con un trote despacio para calentar los músculos, hacía frío, con cada exhalación se podía ver el aire condensado. Dejó que los pasos lo llevaran a cualquier parte, hasta que se encontró en un parque, sería buen ejercicio recorrerlo, aceleró más el paso, no había nadie, porque quién querría correr con ese frío el día después de navidad.

Pero entonces divisó una silueta, alguien más había tenido la misma loca idea, una chica trotaba a buen paso a unos cuantos metros de él.

—pero si es…

Ranma no sabía si su mente le estaba jugando en contra, lo que podía ver a lo lejos era una mujer de cabello corto, con ropa deportiva negra y guantes del mismo color.

Aceleró el paso, cuando ella lo sintió cerca lo vio por encima del hombro abriendo los ojos por la sorpresa.

Si, era ella, la chica del tren.

—¡Hola!— saludó animado.

Por toda respuesta la joven se echó a correr a una increíble velocidad.

—¡Espera!— pidió Ranma incrementando también su velocidad.

La joven era rápida y le llevaba una ventaja considerable desde el principio, pero esto no hizo más que incentivarlo a correr.

Sus pasos repiqueteaban al pasar un pequeño y viejo puente de madera, dieron vuelta a la fuente de querubines. Ranma pudo ver como la chica cruzaba la esquina murmurando algo. El no tardó en doblar la esquina, sólo para encontrarse con la calle vacía. Miro a todas partes pero no había rastro de la chica del tren.

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—Te estuve llamando cómo loco— reclamó Ryoga mientras firmaba un papel tras otro — sabes lo que tuve que hacer para conseguir un reemplazo.

—Ajá— contestó escuetamente Ranma mientras miraba hacia la ventana.

—ella es buena, te lo aseguro, me pateo el trasero.

—umm.

—¡Enfrente de Akari!— chilló pasándose una mano por la cara —Pero claro, él "señor importante" no podía ir él.

—Claro.

Ryoga elevó una mirada furiosa por encima de la pantalla, tomó el pisapapeles y se lo lanzó con furia.

Ranma lo esquivó por poco y solo porque en el instante tuvo la suerte de girar la silla nuevamente.

—¡¿Qué te pasa idiota?!

—¡¿Qué te pasa a ti?! ¿Al menos sabes de que te estoy hablando?

Ranma miró al techo —me hablabas de Akari— aventuró.

Ryoga dejó salir el aire y se tiró en la silla.

— ¿De verdad no has leído mis mensajes?

Ranma negó con la cabeza.

Ryoga puso en blanco los ojos, algo debía pasar con su amigo para que estuviera así de distraído, ya lo averiguaría más tarde.

—Ya sabes que Sensei Hinako está embarazada.

—¡¿Pasó algo?!— Ranma se alarmó.

—No, bueno sí, más o menos, resultó ser un embarazo de alto riesgo y va a estar incapacitada hasta que nazca.

—Oh, pero entonces…

—Eso es lo que estoy tratando de explicarte idiota, tuve que contratar otra Sensei, para mi buena suerte la amiga de Akari resulto ser excelente.

—¿Ah sí?

—Si, luego tendrás tiempo de evaluar sus habilidades— Ryoga se levantó sonriente —¿Listo para la celebración de hoy?

Ranma cerró los ojos y agachó la cabeza.

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Bōnenkai seis: departamento de servicios generales.

—¿Qué es todo esto? — musitó Ranma dando un rápido vistazo al salón de eventos.

—No tengo idea, ¿Alguna fiesta temática? Ya sabes que Tsubasa Kurenai es un poco excéntrica, digo excéntrico, bueno, tú me entiendes.

— Y hablando del diablo…— Ranma señaló disimuladamente una figura que se aproximaba.

Tsubasa era, ante los ojos de la gente, una bella dama. Inició en el puesto de limpieza del edificio principal y no tardó en llamar la atención de uno que otro empleado, respondía siempre amable pero tomaba distancia, no fue sino hasta que uno de esos empleados se quiso sobrepasar, que la empresa se dio cuenta de su secreto. Tsubasa se defendió de aquel hombre dejándolo bastante mal herido, al responder ante el jefe Saotome por el inconveniente, no le quedó más remedió que admitir que era un hombre. Ranma se sorprendió inicialmente pero luego le agradeció por haber expuesto al empleado, que por supuesto fue despedido y misteriosamente recibió otra golpiza meses después.

Tsubasa parecía conforme con su cargo de limpieza pero sus habilidades para mantener todo en orden le fueron ganando cada vez un mejor estatus en la compañía, actualmente era el director del departamento y tenía a su cargo todos los empleados que hacían que tanto las oficinas como los gimnasios y dojos siempre tuvieran un excelente aspecto.

—Jefe Saotome, Jefe Hibiki— Tsubasa hizo una reverencia.

Ranma enrojeció de inmediato— levántate por favor, ya te he dicho que no es necesario que nos saludes de esa manera.

El se levantó con gracia, alisando su vestido rosa— espero que encuentren divertida la reunión.

—Por cierto…¿Cuál es la temática?

Tsubasa sonrió cubriéndose la boca con la mano— Una amiga mía es Colombiana, se llama Vanessa, se dedica a organizar todo tipo de eventos, me dijo que si queríamos probar un poco de su cultura ¿No le parece fascinante jefe Hibiki?

Ryoga pensó que durante sus viajes nunca había visitado tal país, pero entonces comprendió a qué venía tanta decoración extraña.

Una de las meseras se acercó a ellos y les puso un par de sombreros a rayas. Ranma lo recibió pero de inmediato se lo quitó para observarlo.

—Se llama sombrero vueltiao— dijo una mujer que se aproximó a ellos.

—Vane-chan— exclamó Taubasa tomándola de las manos — todo te ha quedado precioso.

—Me alegra que te guste— respondió con un acento algo marcado.

— Ryoga, Ranma ¿Los puedo llamar así? Tantos años en Japón pero no me acostumbro a llamar a las personas por su apellido.

Los aludidos asintieron.

— Al menos ya dejé la costumbre de saludar a todos de beso— se rió — no se imaginan la cantidad de problemas que tuve por eso.

Ranma se detuvo a pensar cómo sería andar por él mundo saludando de beso a las personas y se frunció, para él sería muy extraño.

Mientras se dirigían a la mesa principal la música se escuchaba más fuerte, aunque no por eso entendían la letra.

Vanessa caminaba con gracia en unos tacones altos que hacían juego con su elegante vestido de color verde esmeralda, se adivinaba una figura muy poco común para las mujeres japonesas, piernas largas, busto más grande al igual que su trasero. No hacia falta ver sus grandes ojos de color miel para saber que era extranjera.

—¿No es genial la música, jefe Saotome?— preguntó Tsubasa con ensoñación — Vane-chan me contó que se llaman…— trató de encontrar la palabra en su memoria.

Villancicos— aclaró Vanessa mientras los invitaba a sentarse — ese en especial habla del burrito que lleva a un pastor hacia Belén.

Ryoga y Ranma se miraron por unos segundos, lo cual no pasó desapercibido para Vanessa quien rió contenta —No se preocupen, más tarde viene lo bueno— les guiñó un ojo.

—¿Y qué es esto? — dijo Ryoga tomando uno de los platillos de la mesa.

Buñuelos

—Ummm, delicioso ¿Y esto?

Natilla

—¿Y esto?

Hojaldras.

—Te vas a atorar— regañó Ranma, pero Ryoga continuó comiendo uno tras otro.

—¿Y esto?

—desamargados.

—¿Y esto?

aplanchados

—No entendí una palabra de lo que dijo, pero está delicioso— Ryoga se limpió la boca con una servilleta.

Ranma intrigado tomó algo de color naranja y pequeño, se lo llevó a la boca. Masticó solo un poco y tragó con dificultad.

Una risotada salió de Vanessa —No se preocupe jefe Ranma el chontaduro no le agrada a todo el mundo, mejor pruebe esto— ella se aproximó a una de las mesas auxiliares y sirvió una bebida caliente.

—Ehh…gracias.

—Es chocolate con queso.

Ranma no pudo disimular su cara de disgusto.

—es delicioso, pruébelo— lo animó.

Ranma con algo de escepticismo le dio un sorbo, luego otro.

— El queso es lo mejor.

El jefe Saotome nunca se había imaginado que una combinación tan rara resultaría deliciosa.

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Los jefes Saotome y Hibiki comieron hasta reventar en medio de canciones extrañas y palabras en español que no comprendían.

Tsubasa y todas las personas del departamento parecían complacidos con la extraña fiesta.

—Llegó la hora Jefe Saotome— exclamó emocionado Tsubasa cuando las luces de colores se encendieron en el centro del lugar.

Ranma levantó la cabeza para ver mejor el por qué del alboroto.

Dos bailarines jóvenes con traje a juego en colores brillantes. Caminaron con pasos estudiados y perfectamente coordinados hacia el centro donde adoptaron una pose estilizada. La música comenzó con trompetas, timbales y bongo.

Ranma miraba con la boca abierta, le parecía una cosa increíble la velocidad con la que movía los pies la pareja.

—Son excelentes Jefe —Tsubasa hipnotizado también por el ritmo no separaba los ojos del lugar.

Al terminar la presentación las personas ovacionaron de pie a los bailarines quienes se marcharon con la misma gracia.

—¿Le gustaría aprender Ranma?— preguntó Vanessa.

—No,no,no,no — Ranma movió las manos delante de él.

—Vamos Ranma— lo empujó Ryoga— ¿no dices que eres él mejor en todo?

—En las artes marciales, no bailando…

salsa— completó Vanessa.

—eso

—Ustedes no se preocupen ¡Marcela, Angela!— llamó en medio de la multitud.

Dos mujeres jóvenes se hicieron presentes de inmediato.

—No, no por favor, solo las voy a pisar— insistió Ranma aferrándose a la silla.

le falta un poco de valor— afirmó Marcela sacando de alguna parte una botella.

—Justo lo que necesita esta fiesta— Vanessa tomó el micrófono y animó a todos los presentes —Vamos a brindar por la compañía H&S, salud, kampai.

—Kampai.

—¿Qué licor es este?—preguntó Ryoga apurando el vaso.

aguardiente— respondió Tsubasa — la señora Vanessa lo mandó a traer desde Colombia.

Las jóvenes amigas de Vanessa no descansaron hasta hacer parar de la mesa a los jefes, tras ellos la mayoría de personas también se fueron animando, con la cara roja, por la vergüenza y el licor intentaron seguir algunos pasos básicos.

La organizadora no descanso en toda la noche pasando por cada mesa inventando cualquier excusa para brindar. Para cuando pensaron que ya estaba por terminar la reunión, Ryoga estaba por caer sobre la mesa cuando le pusieron una peluca y unas gafas.

—Es la hora loca.

—¿Qué?— trató de protestar Ranma, pero ya estaba siendo arrastrado por otro de los animadores en medio de música alegre.

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A las 7 de la mañana la fiesta parecía no querer morir, pero Ranma y Ryoga a duras penas se mantenían despiertos, a diferencia de Vanessa que parecía inmune al licor y a la falta de sueño.

—No se preocupen, ya traen la sopa levantamuertos.

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10 am por las calles de Tokio, Ranma y Ryoga reían como tontos y " cantaban" una canción que habían escuchado en la fiesta.

—tengo que admitir que por lo menos esta vez fue divertido.

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Ranma reía dando sonoras palmadas en su escritorio.

—Entonces… Akari prohibió las fiestas con alcohol.

—Si, digo no. Tú no estabas ahí para ver la cara que puso cuando me vio.

Ranma por poco se ahogó con su propia saliva, tosió para aclararse la garganta.

—¡No te burles! Cuando tengas novia lo entenderás.

—Hmpt— Ranma arrugó la nariz —tengo mejores cosas en que pensar.

Ryoga se sintió un poco mal por su amigo, así que decidió cambiar el tema — lleva ropa deportiva, vamos al gimnasio que dirige Ryu Kumon.

Bonenkai 7: departamento de gimnasios S&H

Ryu Kumon era un chico huérfano que había vivido como un nómada, entrenando aquí y allá hasta volverse bastante fuerte. Un día conoció a una joven de carácter igual de seco y duró, Rouge, ella lo llevó al gimnasio al que entrenaba y desde entonces Ryu no hallaba mayor satisfacción que la de levantar más y más peso, lo cual por supuesto lo llevó al reconocimiento y fue allí donde se conoció con Ranma quien le ofreció dirigir los gimnasios.

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— Me gusta más entrenar al aire libre, ¿qué tanto pueden hacer estas máquinas?— Ryoga examinó uno de los discos y lo levantó como si no pesara nada.

— Estoy de acuerdo, pero no hables muy duro, ¿Sabes que somos dueños de una cadena de gimnasios?— murmuró Ranma.

Ryoga se rascó la cabeza.

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—¡¿Están listos?!— gritó Ryu Kumon con su porte casi militar, erguido ante sus subordinados, pero también ante sus jefes.

—¡Sí señor!— respondieron todos igual de enérgicos.

El gimnasio entero se había convertido en un circuito, en primer lugar estaban las máquinas de pierna y glúteo, luego de abdomen y por último de espalda y brazos.

¿Qué tan difícil podía ser terminarlo? Pensó Ranma son solo ¿Unas 100 máquinas?

—pff pan comido— se burló Ryoga.

—¡10 minutos de calentamiento en la caminadora y luego 12 repeticiones en cada máquina!— Ordenó Ryu.

En grupos de 10 personas se acomodaron en las caminadoras para iniciar.

—Ryoga, Ranma, ustedes pueden hacer solo 5 repeticiones, entiendo que el trabajo de oficina no les deje tiempo para entrenar.

—¡¿Qué insinúas?!— protesto Ryoga.

—Haremos 20 repeticiones— aseguró Ranma molesto.

—Como deseen los jefes.

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Después de menos de una hora el total de los empleados había terminado el circuito, el mínimo peso de las máquinas y las pocas repeticiones hicieron que todo marchara rápido.

—Buena forma de despedir el año Ryu, nos vemos en la reunión de Enero — Ryoga levantó una mano a modo de despedida.

Ryu lo miró confundido —¿No van a terminar la actividad?

—pero si acabamos de hacerlo— Ranma señaló hacia las máquinas.

— Ah, lo siento no me expliqué bien, ahora vienen las siguientes series con aumento de peso progresivo.

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—Vamos Ryoga, no hagas quedar mal a la compañía — Ranma le advirtió desde la máquina contigua.

Ryoga temblaba en su décima serie de sentadillas, el peso amenazaba con doblar la barra. Una gota tras otra de sudor caían al piso desde la frente de Ryoga

Ryu Kumon se acercó trotando tras acabar su ronda.

—Si quieren pueden acompañar a los que ya se rindieron — señaló las colchonetas donde algunos empleados estiraban sus doloridos músculos.

Ranma sintió una puñalada en su orgullo y terminó sus repeticiones bufando y resoplando.

—¡Siguiente serie!

—¡Siguiente serie!

—¡Siguiente serie!

Ryu kumon no paraba de agregar peso en cada ronda, ya solo quedaban ellos tres para la última. Ryu parecía estar pasando una agradable tarde de picnic mientras que Ranma y Ryoga parecía que los hubiera atropellado un camión.

—¡Última ronda!— grito Ryu

Gracias a Kami pensó Ranma, sintiendo sus fuerzas al límite.

—Ryoga muévete, ya tenemos que cambiar de máquina, ¿Ryoga? ¡Ohe!

Ryoga dio un paso para levantarse pero cayó desmayado. Los empleados que estaban observando lo arrastraron hacía una de las colchonetas.

Tanto Ranma como Ryu terminaron la última ronda pero Ranma se sintió extraño, se nubló su vista, le gritaba a sus piernas que se movieran, a sus brazos, pero era imposible, temblaba como gelatina.

No, no, no, odio esta sensación. Se negaba a admitir que estaba teniendo una crisis de hipoglicemia.

—traigan una barra energética —pidió Ryu.

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—¿Y por qué no simplemente te rendiste?— preguntó Ryoga divertido.

Ranma se dejo caer con un quejido en la silla —idiota, ¿Acaso no fuiste tú el que prefirió seguir hasta desmayarse?

—Ay, ay, ay — se quejó Ryoga tratando de caminar hacia Ranma —Ni se te ocurra contarle a Akari— amenazó con un dedo todavía tembloroso.

— espero que no se me escape durante la reunión de hoy.

Los hombres se retaron con la mirada durante eternos segundos.

— Esta mañana vi un lindo gatico afuera, tal vez me vaya temprano y tengas que averiguar si todavía sigue ahí afuera— canturreó Ryoga

—No te atreverías— Ranma se cruzó de brazos con el ceño fruncido— está bien, no diré nada, pero asegúrate que no esté cuando yo salga.

—Nenita.

—P-chan

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Bōnenkai 8: departamento de gimnasia.

—Por aquí Jefe Saotome, jefe Hibiki— indicó Sasuke, el asistente de la directora de gimnasia.

El pasillo largo y oscuro parecía no tener fin.

—¿Qué clase de despedida es?

—Es una sorpresa — respondió Sasuke.

Caminaron hasta algún punto en la oscuridad donde les pidió que aguardaran.

—Esto no me está gustando nada, mejor vámonos —susurró Ranma.

Un sonido fuerte acompañó la luz que se encendió sobre sus cabezas, una segunda luz se encendió al otro extremo de la habitación iluminando una figura de una mujer en un pomposo vestido. Ryoga entrecerró los ojos tratando de adivinar.

Se escuchó una música instrumental que inundó el lugar y finalmente se encendieron todas las luces.

La persona que se aproximaba era la directora del departamento de Gimnasia, Kodachi Kuno. Ranma sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver que el pomposo vestido no era precisamente de gala, era un vestido de boda y la música era una marcha nupcial.

— corre y no mires atrás — ordenó Ranma tironeando del traje de Ryoga.

—¡Ranma-sama!— chilló Kodachi al ver huir a su presa.

Ryoga y Ranma regresaron sobre sus pasos a toda velocidad.

La señorita Kodachi, excelente gimnasta, ganadora de innumerables premios, pero un poco falta de cordura, los seguía de cerca levantando su vestido de novia negro, mientras declaraba su amor por Ranma.

—¡Señorita Kodachi! Esto es completamente inapropiado— razonó Ryoga.

—no hay nada inapropiado cuando dos personas se aman jefe Hibiki.

—¡Kodachi está despedida!

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—Entonces señor Hibiki—el policía dejó de escribir para mirar a Ryoga—dice usted que una empleada de su compañía.

—ex-empleada a partir de hoy— corrigió

— ex-empleada…secuestró a su socio para ¿casarse con él?

—si, así es.

— y dice que su socio es el campeón de artes marciales Ranma Saotome.

—ajá

— y¿ cómo una mujer de contextura delgada y estatura pequeña como Kodachi Kuno pudo hacer eso?

— le digo que no lo sé, lo perdí de vista unos segundos y de pronto ella lo llevaba cargado cómo si no pesara nada — dijo alterado.

Se escuchó el golpe de la puerta de la estación contra la pared, los policías reaccionaron de inmediato, algunos poniéndose en pie, otros incluso sacaron sus armas de la funda.

Un hombre con ojos desorbitados, cabello revuelto y traje elegante pero vuelto girones, entró buscando a su socio.

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Bōnenkai 9: departamento de armas tradicionales.

— Mousse, no te parece un poco extremo (loco) encontrar armas y pelear con ellas en medio de la niebla— habló Ryoga desde algún lugar del dojo cubierto de humo.

—¿No le parece divertido, Jefe Hibiki? Por eso me contrataron, por ser experto en todo tipo de armas tanto japonesas como chinas.

— Si, pero…para qué entrenes a las personas.

— Esto es un entrenamiento de los sentidos, un verdadero guerrero no se vale solo de sus ojos, también de sus demás sentidos— habló Mousse en un volumen más bajo, o tal vez solo se encontraba más lejos.

—¡Vamos Mousse!, se supone que nos reuniríamos con tú departamento para despedir el año, no para tener una batalla campal.

—Jefe Saotome, no me diga que tiene miedo—

Ranma masculló algunos insultos y después…silencio, solo el ruido blanco de la máquina de humo.

Mousse el maestro de las armas ocultas tenía una clara ventaja, desde niño le habían diagnosticado baja visión lo cual no fue impedimento para que entrenara artes marciales, fortaleciendo sus otros sentidos y aprendiendo el uso de las armas blancas más letales.

Un sonido imperceptible, un quejido rápido y un golpe seco.

¿Ryoga?

Entre las niebla una figura, Ranma entrecerró los ojos pero lo que creyó haber visto desapareció, un sonido metálico lo hizo tensarse.

—¡Ahhh!

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—Señor Saotome necesito que se quede quieto— ordenó, con la poca paciencia que le quedaba al final del turno, el enfermero Satoshi.

Ranma levantó la cara de la camilla y gruñó.

—Ranma no seas niñita— Ryoga le hundió la cabeza nuevamente en la camilla.

—¡Idiota! No es a ti al que le están suturando el trasero.

Pobre del redondo y firme trasero del jefe Saotome, ahora adornado con tres cicatrices de shuko, el arma favorita de Mousse.

Continuará

Notas

Si, ya se ya se, me salí un poco de lo que siempre escribo y aunque, aclaro, soy colombiana, no me gusta el vallenato ni el aguardiente y no es que baile mucho , pero las fiestas acá son una cosa loca, invitados todos jajaja.

Algunas reuniones son más cortas que otras, pero bueno, ya se aproxima el final.

estoy corriendo para tratar de terminarlo. un abrazo a todos

feliz año

Gracias especiales a:

Benani0125

Stalinaser23

Vanezl25 (si, use tú nombre jajaja pero no tú personalidad)

gatopicaro831