Disclaimer: Ninguno de los personajes de Inuyasha me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este Fic.
Este Fic participa del Mini-reto estacional del foro ¡Siéntate!
• Mis variables son primavera y entusiasmo
• Además, forma parte de una serie de Fics que planeo subir en torno a ciertas palabras. De ahí su nombre, cuya definición es cuando las nubes adquieren un color rojo al ser iluminados por los rayos del Sol
Arrebol
Por Franela
III
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La joven muchacha aguardaba en su habitación por su señor padre. Como nunca, deseaba que él viniera a hablar con ella sobre su siguiente destino. Últimamente él estaba viajando mucho, acción que le permitía a ella tener un poco más de libertad al interior del palacio. Durante su última ausencia había aprendido a hacer algunas medicinas, e increíblemente fue Nadeshiko quien le había enseñado; en los últimos años aquella mujer se había vuelto menos estricta con ella, la mimaba mucho más que cuando era un niña.
Luego de unos cuantos minutos de charla, la princesa ya hacía planes de lo que haría en el nuevo periodo de ausencia paterna. Definitivamente dejaría el koto por un tiempo, a pesar de que las cuerdas sonaban mucho mejor cuando los cerezos florecían: sus dedos se encontraban algo maltratadas por tratar con hierbas que no eran las adecuadas. Nadeshiko se las arrancó de las manos en cuanto vio que ella las sostenía, aunque aquéllas de la mujer ya estaban acostumbradas a tratar con todo tipo de hierbas (y situaciones, por lo demás). Se despidió de su padre en la puerta principal del palacio, deseándole la mejor de las suertes y la protección de los dioses en aquello que requería su presencia.
Tan ensimismada estaba con su futuro próximo que no notó cómo uno de los samuráis que acompañaba a su señor padre se le quedó viendo más tiempo del adecuado.
En la soledad de su habitación se dio el tiempo de revisar antiguas pertenencias. Encontró un viejo retrato de su madre, una mujer tan hermosa que los dioses se la llevaron cuando era demasiado joven, aunque el verdadero culpable había sido un yōkai que decía estar enamorado de ella y que finalmente la mató en sus últimos minutos de agonía, mientras los hombres del palacio y su señor padre trataban de rescatarla. A pesar de ser ella muy pequeña para recordar aquel suceso, sabía que su padre no había vuelto a ser el mismo, por eso se empeñaba en mantenerla vigilada a cada momento del día: mientras menos personas supieran de su existencia, mejor, aun cuando se tratara de humanos.
Una ventisca sacudió los cerezos del jardín y les permitió a unos cuantos pétalos la entrada a sus aposentos. La joven comenzó a recogerlos para guardarlos cuando se dio cuenta de que uno había llegado demasiado lejos, junto a un pequeño alhajero. Dentro de él, un mechón platinado de cabello le recordó cierto suceso de su infancia. Seguía igual de suave, tenía el mismo color... hasta su aroma continuaba allí. Siempre había sentido curiosidad por aquellos seres que tanto miedo provocaban en sus cercanos.
La muchacha dejó todo en su lugar menos aquel alhajero. Estaba segura que su señor padre tenía algunos pergaminos con información al respecto; sabía lo inútil que sería preguntarle al resto de los sirvientes del palacio, incluso a Nadeshiko, sobre yōkais. De pronto tenía la necesidad de saber.
Emprendió marcha a los aposentos de su padre, sin preocuparse por cerrar las puertas de su propia habitación que daban al jardín interior del palacio. Sin preocuparse de que el olor de aquel mechón platinado viajara libremente desde su encierro en el alhajero, y de que, por supuesto, su propio aroma se mezclara con él.
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Hola otra vez~
Pues, aquí no incluí nada del yōkai (directamente) en cuestión, pero aproveché este capítulo para sentar las bases del futuro(?)
Morgan, ¡me la pusiste difícil con la sensación!
¡Nos leemos luego!
P.D: Pásense por el foro de ¡Siéntate!, hay muchos (¡muchos!) drabbles y viñetas que leer. Lo bueno es que son cortos, aunque uno queda con gusto a poco(?)
