Disclaimer: Ninguno de los personajes de Inuyasha me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este Fic.
Este Fic participa del Mini-reto estacional del foro ¡Siéntate!
• Mis variables son invierno y nauseas
• Además, forma parte de una serie de Fics que planeo subir en torno a ciertas palabras. De ahí su nombre, cuya definición es cuando las nubes adquieren un color rojo al ser iluminados por los rayos del Sol
Arrebol
Por Franela
IV
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La joven se paseaba de un lugar a otro entre las paredes de su habitación. Nadeshiko junto con aquella extraña exorcista la habían dejado minutos atrás, llevándose consigo aquella mezcla que habían practicado y que le daría una respuesta categórica. Estaba nerviosa, por supuesto. Sus manos sudaban y le dolía el estómago.
Al mirar hacia el jardín se dio cuenta de que una fina capa de nieve estaba cubriendo el patio, escasos copos caían del cielo mientras unas pequeñas marcas se dibujaban en el blanco suelo sin que la princesa se diera cuenta de ello.
Izayoi sintió un pinchazo en el cuello. En seguida, una voz en su oído.
—Izayoi-hime, tanto tiempo sin verla ni probar su dulce sangre. —Myōga saltaba desde su mano, más rechoncho seguramente de lo que estaba cinco segundos atrás.
—Myōga-jiji —se sorprendió la muchacha—. Si usted está aquí, significa que...
—Izayoi-hime —interrumpió una mujer al adentrarse en el cuarto una mujer. Myōga se apresuró a esconderse detrás del cuello de la princesa—. Izayoi-hime, finalmente lo ha conseguido, ha sido un éxito. —La exorcista entró con la misma fuente con la que había salido algunos minutos atrás y la dejó en medio de la habitación, una fuente con un líquido humeante—. Con esto podremos tranquilizar a su señor padre, los espíritus dejarán este palacio y ni siquiera los más poderoso yōkais podrán acercarse.
—¿Realmente funciona? —La princesa sentía una pequeña hebra de su cabello ser jalado; temía por la pulga Myōga. Una luna llena atrás un hōshi había sido mandado a llamar, el hombre dijo que aquella pócima mantendría alejado a los espíritus malignos e incluso a los yōkais; él había hecho la primera ración, y cuando aquélla se acabó, la exorcista había llegado para hacer otra.
—¡Por supuesto! Es una pócima muy potente, y con mis poderes puede estar tranquila, ese hōshi está casi a mi altura. —Izayoi no creía una palabra. Sin embargo, lo cierto es que nada extraño parecía haber ocurrido en el último mes en el palacio, y ni la pulga ni aquel yōkai de cabello plateado se habían presentado ante ella desde la luna llena anterior. Ahora, en lo que respectaba a los poderes de ella... esa noche sabrían la respuesta.
Llamó a Nadeshiko y le encargó a la exorcista: seguramente su señor padre estaría muy interesado en oír todas las cosas que aquella extraña mujer quería decir. Ordenó que nadie saliera al patio, no quería ser molestada por el resto de la tarde.
—Izayoi-sama —contrarió Nadeshiko—, podría ser peligroso para usted, aun cuando sea el interior de las murallas del castillo.
—Esta mujer dice que la pócima hará su trabajo, debería estar bien incluso si me aventurara fuera del palacio. —Antes de que la mujer continuara, la muchacha levantó su mano—. No te preocupes, Nadeshiko, no saldré del castillo, sólo quiero disfrutar del patio antes de que no pueda caminar por él.
—No se preocupe, con esta pócima saliendo de su habitación, ningún yōkai se atrevería a acercarse —aseguró la exorcista—. Sin embargo, princesa, lleve esta sal consigo, para que esta mujer esté tranquila. —Le entregó un sobre de papel bajo la dura mirada de Nadeshiko. Izayoi sabía que la exorcista tampoco era del agrado de su guardiana.
Las mujeres se marcharon. Izayoi no esperó un segundo para correr (lo más rápido que sus ropas se lo permitían) fuera de la habitación. Con gentileza retiró el cuerpo de la pulga de su cuello, encontrándose con el pequeño yōkai inconsciente.
—¡Myōga-jiji! —Con sus manos trató de mover a la pulga, escuchando gemidos de lamentación—. Myōga-jiji, ¿se encuentra bien?
—Izayoi-hime... —Myōga rodó sobre su estómago, saciándose nuevamente de la sangre perteneciente a la princesa humana. Una vez hinchado, volvió a rodar—. Eso estuvo cerca —suspiró.
—¿Qué pasó, Myōga-jiji? —preguntó la joven—. ¿Realmente funciona la pócima de aquella mujer, sus poderes se han visto reducidos, cree que va a morir? —pregunta tras pregunta, la voz angustiada de la princesa conmovió a la pulga, quien sacó un pañuelo de sus pequeños ropajes.
—Izayoi-hime, que una princesa como usted realmente se preocupa por un humilde servidor como yo, una simple pulga yōkai, hace que me sienta muy afortunado. —Myōga hizo uso del pañuelo un par de veces más.
—Yōkai... —repitió la joven—. Oh, no, Yōkai-sama. ¡Myōga-jiji, Myōga-jiji! ¡Dónde está Yōkai-sama! ¿Estaba con usted? ¿Lo habrá afectado la pócima también?
Mientras decía estas palabras Izayoi volvió a correr. Myōga trataba de explicar verdaderamente la situación, sin embargo, fue demasiado tarde. La princesa vio al yōkai de cabello platinado recostado bajo un árbol, resguardándose de los pequeños copos que continuaban cayendo.
La princesa fue rápidamente a su lado. El yōkai carraspeó en cuanto la mujer se acercó, transformando luego aquella tos en sonidos de lo más extraños acompañado de convulsiones de su cuerpo. Izayoi temió lo peor. Buscó a la pulga para que se llevara a su amo lejos y no volvieran, o de lo contrario aquella pócima los mataría a ambos.
—Se equivoca, Izayoi-hime —la alertó la pulga desde su hombro—. Los poderes de esa pócima no nos afecta (no afectaría ni a una mosca yōkai), el problema es el aroma que tiene, Oyakata-sama tiene una nariz muy sensible. Esa mujer es una farsante —sentenció la pulga, en posición muy sabia—. Es cierto que la pócima de aquel hōshi tenía algo, pero jamás afectaría los poderes demoniacos de Oyakata-sama. —Myōga se tapó la nariz con una de sus cuatro manos—. En cambio esa exorcista sólo les dio una bomba apestosa. No se preocupe, Izayoi-hime —La pulga saltó al hombro del yōkai y palmeó la armadura con confianza—. Oyakata-sama se repondrá.
Izayoi asintió. Aún no comprendía del todo las palabras de la pulga, pero mientras pudiera esperar a su lado, no le importaba en absoluto que su cabello comenzara a teñirse de blanco por la nieve.
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¡Hola otra vez!
Estoy al borde del tiempo, y de palabras (983 según word, ufff)
Esta viñeta fue de los más... extraña xD No se me ocurría que hacer con la sensación, no quería escribir todavía sobre el embarazo(?) Y bueno, aunque el General Perro sea un demonio completo (y que asumo, como a Sesshōmaru, no le afectarían venenos ni menos una porquería como la que he puesto en el fic), quise darle prioridad a su nariz para que sepa lo que sufrirá InuYasha en el futuro con los olores(?)
¿Qué les pareció? ¿Demasiado Random? xD
Nos vemos~
