Capítulo 33: La invitación
El mal momento que habían vivido Dante y Lily había llegado a su fin. Cuando se encontraron en un terreno libre de la influencia de SILVERTECH, ambos pudieron estar tranquilos. Era evidente que la figura de los militares seguía causando dolor en la figura de la mexicana.
Pero eso no impidió que el resto de las vacaciones fueran grises, disfrutaron de momentos gratos y, por el momento, la presencia de los transformers no fue requerida.
Se respiraba la paz, aunque, como bien es conocido. La calma precede a la tormenta.
En un abrir y cerrar de ojos, el tiempo había finalizado, nuevamente el equipo De La Vega Racing habría que reunirse en las instalaciones y realizar los trabajos de rutina.
Alicia y Mafer se encontraban ordenando algunos registros sobre inventarios, presentaciones mientras Lily ayudaba a acomodar varias llantas en una de las cajas de los tráiler junto a Michael y Jerzy.
Dante estaba investigando por medio del internet (aunque por el momento, mantenía un perfil bajo para no levantar las sospechas del enemigo) información sobre los próximos movimientos de SILVERTECH en México. En el buscador escribía Competencias SILVERTECH, intuía que cada evento deportivo organizado por ellos era una fachada para algo más complejo.
Repentinamente, los datos aparecieron en la pantalla y se desplegaba el calendario de actividades como a su vez un video llamativo de las últimas competencias sostenidas de Sudamérica y en el Rally Dakkar en donde se visualizaba a varios equipos luchando por ganar. Todas estas secuencias de video eran acompañadas por una voz varonil profunda realizando la publicidad:
"En SILVERTECH nos dedicamos a promover el deporte y desafiar a aquellos que experimentan la adrenalina en sangre propia. Es muy cierto que nuestro equipo ha sufrido algunas derrotas y reconocemos a nuestros adversarios como dignos representantes del género."
Al escucharse la narración, se apreciaba las imágenes de los tres vehículos del equipo De La Vega donde ellos vencían a los equipos en competencias.
"SILVERTECH extiende la invitación a todos los equipos del mundo a participar en la prueba de los nuevos dispositivos: vehículos, sistemas satelitales. El equipo Triunfador se llevará el premio económico nunca antes visto en cualquier disciplina deportiva."
Dante observaba a detalle las condiciones de la competencia, simultáneamente, escuchaba cómo terminaba el video. Lo cual despertó sospechas. Tomó nota en una libreta tomando en cuenta algunas consideraciones.
Salió del internet mientras se dirigía a Mafer para comentarle lo que estaba por acontecer.
La mexicana escuchó con atención a Dante sobre lo que había observado y las sospechas que había despertado en él. De inmediato dio la orden para que los trabajadores tomaran un descanso mientras convocaba a reunión al resto del equipo para discutirlo en la sala de juntas.
Los seis miembros se reunieron a puerta cerrada tomando en cuenta el anuncio que su rival había publicado.
-Como han observado – Dijo Dante – SILVERTECH desea jugar sus últimas cartas en un evento sin precedentes, sin embargo hay algo que no concuerda. – Hizo una pausa antes de continuar. –En los últimos enfrentamientos, hemos dejado sin bastiones a nuestros adversarios, que sin duda, económica y militarmente han causado bajas en ellos.
-Algo apesta. – Comentó Jerzy. – Es como si fuese una especie de trampa anunciada.
-Sin embargo – Habló Michael – El recurso económico es sin duda el señuelo para asistir, temo que han empezado a sospechar y la prueba de ello fue cuando Elita….
El americano se interrumpió abruptamente cuando notó el silencio de todos como la tristeza reflejada en ellos.
-Lo lamento. – Se disculpó el americano.
-Tranquilo Bee – respondió Mafer para que no se sintiera incómodo. – Cuando la enviaron, tenía la misión de provocar una división dentro de nosotros.
-Y por poco lo logran. – Menciona la oriunda de Guatemala – Pero si rechazamos participar en ello, levantaremos la sospecha del enemigo.
Lily había guardado silencio como si tratara de recuperar lo mejor de las intervenciones de los presentes. Sin embargo, como si un relámpago atravesara por su mente decidió tomar la palabra:
-SILVERTECH desea probar su fuerza y que a pesar del daño que le realizamos, quiere que todos contemplen que no están perdidos… esto me recuerda a la película Death Race.
Un nuevo silencio se hizo e inmediatamente ellos cayeron en la cuenta que cada competencia SILVERTECH eliminaba "deportivamente" a quienes podrían representar un peligro y/o poder obtener a pilotos entrenados para poder actuar en actividades de alto rango.
-Dante, ¿Qué sugieres que hagamos? – Pregunto Mafer.
El británico quedó callado.
-Es un juego en el cuál no nos podemos negar, si vamos a jugar, debemos prepararnos y tener un plan de acción. – Respondió el mencionado con seguridad
Detrás del escritorio
El dueño de SILVERTECH contemplaba con sus propios ojos lo que aún le quedaba del imperio que había construido: Apenas desde uno de los edificios más lujosos de alguna ciudad dentro de la República Mexicana se enfocaba hacia la luna.
John Silver apretaba los puños y golpeaba violentamente el escritorio, notando que había causado una abolladura profunda.
-¡Malditos sean! – Expresó furioso.
El grito pudo escucharse más allá de la oficina que algunos empleados se asustaron e incluso no se atrevían a acercarse. El anciano esbozó una sonrisa macabra.
-Aunque el mundo empiece a pensar por sí mismo… pronto los Transformers estarán bajo mi control. Si pude dominar el mundo una vez; volveré a hacerlo. – Soltó una sonora carcajada, podría decirse que su actitud fue muy bipolar.
Cerró las cortinas de su oficina mientras de un librero accionaba un dispositivo secreto que desplegaba una pantalla. En él, observaba las batallas sostenidas tanto militares y deportivas. Notaba algunos patrones en movimientos de algunos vehículos: maniobras de conducción. Su instinto le indicaba que estaba cerca de hallar a sus enemigos.
Activó el intercomunicador de su escritorio.
-Señorita – Expresó con voz de mando. – Dígale a Landon que venga a mi oficina para ajustar los últimos detalles.
Se escuchó la respuesta afirmativa de la secretaria para asistir a su jefe.
Mientras eso ocurría, muy a lo lejos y en otro punto del globo terráqueo, otro hombre contemplaba el atardecer y dejaba escapar un hondo suspiro. Portaba un traje de mecánico y su edad era la de un hombre mayor.
-Finalmente, la hora se acerca.
Carlos Portillo regresaría a la escena de los hechos.
