Disclaimer: Ninguno de los personajes de Inuyasha me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este Fic.
Este Fic participó del Mini-reto estacional del foro ¡Siéntate! (Hace como un año jajaja), aunque este capítulo no lo hace
• Ya que este capítulo y los siguientes son una continuación que le he querido dar a la historia y no participan del reto, no tengo variables, pero trato de usarlas también.
•Esta historia como un todo forma parte de una serie de Fics que planeo subir en torno a ciertas palabras. De ahí su nombre, cuya definición es cuando las nubes adquieren un color rojo al ser iluminados por los rayos del Sol
Arrebol
Por Franela
VI
Desesperación
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—¡Hime-sama! —El grito alarmante fue suficiente para que el yōkai trasladara su mano hasta la empuñadura de su espada, desistiendo de sacarla sólo por el acto de la joven humana, un reflejo de poner su mano sobre la suya—. Princesa, ¿qué está haciendo? —El terror en su voz era casi palpable, tanto que Izayoi temía que la alzara más y los guardias del palacio vinieran en el acto.
—Nadeshiko... —Izayoi trató de acercarse pero la mujer cayó sobre su espalda al ver que el demonio también hacía un ademán hacia ella—. No te hará daño, Nadeshiko, él es bueno. —La chica comprendía el actuar de su guardiana, después de todo, era normalmente como reaccionaban los humanos ante un yōkai. Llegó hasta ella y tomó su mano, ayudándola a reincorporarse. Él trató de acercarse otra vez y la mujer gritó nuevamente—. Taisho-sama, por favor.
El demonio vio la mirada suplicante de la princesa, el miedo titilante en las pupilas de la guardiana, y supo que no había otro proceder. Se marchó así sin siquiera decir adiós, desapareciendo en lo oscuro del bosque que antes parecía tan lúcido bajo el cielo despejado que amparaba ese día.
Izayoi hizo caso omiso de la opresión en su pecho ante la última mirada que vio en esos ojos ámbar para concentrarse en la mujer que apenas reaccionaba entre sus brazos. Temía que Nadeshiko entrada en un estado de crisis por lo que había presenciado: su guardiana jamás había sido simpatizante de los demonios, y en cuanto se dio cuenta de que ella mostraba un interés por dichas criaturas se encargaba de recordarle siempre sobre la muerte de su madre.
No fue sino hasta que estuvieron resguardadas en su habitación al interior del castillo de que la mujer fue capaz de articular su primera frase desde que la sorprendiera extremadamente cerca con el yōkai de cabello plateado.
—Hime-sama... ¿Por qué? ¿Por qué usted...? —Sin embargo, todavía n era capaz de hilar frases que tuvieran sentido—. ¿Ese demonio la ha engañado? ¿Está usted bajo su hechizo? —fue algo que pudo distinguir entre sus balbuceos. Ella negó con el rostro.
—No es así, disfruto de su compañía, Nadeshiko.
—P-pero es... Un demonio, ¿cómo es eso posible? —La guardiana insistía con revisar cada parte del cuerpo de la princesa que tuviera al alcance de sus dedos. La joven trató durante los siguientes minutos hablar con la mujer para explicarle la situación. En el intertanto, cada vez que podía, la anciana le recordaba la angustia de su padre y su tristeza propia por la muerte de su madre a manos de un demonio para que recapacitar—. Es... ¡es el mismo yōkai de hace años!, ¿verdad? Su señor Padre dijo que había sido engañada por un demonio... sí, sí, lo recuerdo, ¡por eso mandó a llamar a ese hōshi tan poderoso!
—Nadeshiko, cálmate... —La situación ya se le estaba yendo de las manos.
—¡Hime-sama, recapacite por favor! —suplicó tomando los brazos de la princesa, cayendo de rodillas en el suelo de la habitación—. Los demonios son seres horrendos, matan sin razón, son crueles. ¡Por favor! Su señor Padre la protegerá, ¡pero debe reaccionar!
—Yo... —Izayoi bajó la voz y la mirada para encontrarse con la de su guardiana, poniéndose también a su altura para que ésta se calmara sólo unos segundos—. Yo le amo —finalmente admitió. Después de tanto tiempo siendo consciente de sus sentimientos, exteriorizarlos era una sensación difícil de describir.
Sin embargo, cuando la tranquilidad comenzaba a relajar sus gestos, Izayoi se dio cuenta con horror de un hombre frente a su puerta. Había escuchado todo.
—Un demonio, con mi hija...
—Padre —llamó Izayoi, yendo hacia él. El rostro del hombre parecía perdido en el tiempo—. Señor Padre, por favor escuche.
—Se ha apoderado de ti... Me está ocurriendo nuevamente, los demonios han entrado a mi castillo y quieren llevarse a mi hija esta vez...
—No, Padre, no es así... —La joven intentaba debatir cada frase de Daimyō del castillo, pero éste continuaba desvariando mientras luchaba por seguir de pie. Nadeshiko fue en auxilio del hombre que parecía colapsar en cualquier minuto.
—Señor, reaccione —decía la mujer.
—¿Estás bien, Nadeshiko? —preguntó el hombre, mirando en dirección de la mujer y soltándose del agarre preocupado de su hija.
—Sí señor, estoy bien —contestó ella—. Pero la Princesa...
—Fue engañada por ese demonio otra vez, ¿no es así? —Izayoi continuó llamándole, pero el hombre parecía ignorar sus palabras. Sólo podía pensar en el yōkai que quería arrebatarle a su única hija—. No puedo permitirlo. —El Daimyō del castillo se marchó como si nada del lugar, dejando tanto a la mujer muy perturbada como a la princesa llena de temor por el proceder que le aguardaba.
Nadeshiko marchó también entonces e Izayoi quedó sola en sus aposentos. Fue su turno de caer de rodillas en el suelo de la habitación.
Nadie la visitó en el resto del día.
Al día siguiente ni su padre ni Nadeshiko estuvieron en su presencia, sólo las sirvientas que la ayudaban con el baño y su ropa. También había guardias apostados en cada una de sus puertas, tanto las que daban al jardín interior como al interior mismo del castillo. Nadie le dirigía la palabra ni estaba en su presencia más de lo necesario.
Cada noche mientras buscaba la luna en lo alto del cielo, Izayoi buscaba al demonio con cabello de plata que se había apoderado de su ser. Y buscaba por sobretodo sus ojos, aquellas piezas de ámbar que necesitaba volver a ver para olvidar su expresión de la última vez que continuaba causándole molestia en el pecho. Debía decirle su sentir, sólo así sabría cómo proceder cuando llegara el momento.
Sin embargo, muchas lunas pasaron y la joven princesa continuó recluida en sus aposentos, sin la visita de su padre, de su guardiana, o de aquel demonio propietario de sus anhelos.
¡Ahora sí volví en forma de fichas!
¿Cómo les va? Pues estoy tratando de retomar un poco esto, y este fic es una de mis prioridades. Pero no crean que me he desaparecido un año de aquí y que fue tiempo perdido, no: en mis tiempo libre (já) me he estructurado un calendario cronológico de esta historia, así que tengo más a mano muchos momentos de este par para hacer un pequeño capítulo (es muy lindo, es un excel con línea de tiempo, fechas, colores y todo eso jajaja).
¡Así que no desesperen! (Sé que no lo hacen, pero soñar es gratis)
Eventualmente seguiré subiendo partes de esta historia que en lo personal me ha gustado mucho, no solo por la pareja y por el cariño que le tomé luego de comenzarlo por un reto del foro ¡Siéntate!, sino porque le he dedicado su tiempo para armar una estructura que al menos sea coherente y, en lo posible, creíble. Ya saben, esto de no tener información de absolutamente nada de los padres de Inuyasha te da libre albedrío prácticamente, pero he tratado de tomar cada detalle que pude rescatar tanto de la serie como del manga, y de la tercera película, que aunque no sea parte del manga, me gusta tomar como referencia: por ejemplo, en en las traducciones del anime y de la película donde sé que Myōga le dice Oyakata-sama a Inu no Taisho, pero me he inventado que Izayoi le dijera Yōkai-sama y Taisho-sama luego, no sé si me explico.
Si tienen alguna idea me gustaría leerla (también comentarios, no sean tímidos (por favor)). Con este capítulo quise hacer un contraste gigante del último que publiqué, pero me ha costado armar un reaccionar del padre de Izayoi ante el descubrimiento de que su hija se ha enamorado de un demonio, por lo cual me gustaría tener opiniones acerca de eso. Como dice Nadeshiko, no es la primera vez que Izayoi es descubierta con el demonio (no sé si recuerdan el capítulo de la sacerdotisa que era una farsante, pues ése es el motivo de su presencia como la del monje mencionado), por lo que me he guardado una reacción más dramática para ese momento y ahora opté por algo más... ¿extraño, quizá? En fin, no les cuento más, que arruino la sorpresa de mi historia(?)
¡Hasta aquí los dejo!
Muchas gracias por leer, espero saber de ustedes :)
Franela.-
