Después de tan larga espera… aquí esta, la continuación de este fic que inicié hace siglos. ¿Qué mejor disculpa que una actualización? Y que lo sepan … no lo pienso abandonar de nuevo.
Palpito
— ¿Quién demonios eres tú? —inquirió la extraña sin apartar el dedo del gatillo, aun así, Radamanthis no se inmutó, por el contrario, el traumatólogo le respondió con toda la indiferencia que cabía en su boca.
—Eso depende de quién pregunte.
—Pero qué insolente… pareces un tipo listo, es una lástima que tenga que matarte…
Radamanthis escuchó como la mujer le quitaba el seguro al arma y sintió sus vellos de la nuca crisparse. En definitiva, esa mujer no estaba jugando. –Te recomiendo que cierres los ojos, eso lo hará más fácil.
No obstante, su orgullo era mayor que su miedo; sus parpados no se movieron y sus pies no retrocedieron ni un centímetro. Si, tenía los nervios de punta y la adrenalina corría en su interior como un ejército de hormigas rojas que mordían para que no se quedara quieto.
— ¿Qué estas esperando? ¡Dispara de una vez!
Por supuesto que Radamanthis no estaba listo para morir, pero no soportaba la incertidumbre, ni el suspenso.
—Como quieras…
Entonces, en el momento en el que el rubio comenzaba a ver su vida pasar frente a sus ojos…una camioneta negra con los vidrios polarizados apareció de la nada y se abalanzó contra la mujer como si el conductor hubiera hundido el pie en el acelerador.
—Pero ¿Qué dem…? — Lanna no tuvo tiempo de reaccionar. De no haber sido por su auto que fue el que recibió todo el peso de la camioneta, seguramente habría salido volando sin una pierna. Claro que esto no evitó que se llevara un buen golpe por parte de su propio vehículo.
—¡Entra, rápido!
Aquella era otra voz femenina, y aunque no sonaba menos exigente que la anterior si era menos amenazadora.
Sin peros ni desconfianza alguna, el traumatólogo abrió la puerta corrediza y se montó mientras el auto daba marcha atrás.
—¿Estas bien? — le preguntó la mujer al volante. Radamanthis trataba de ver quien conducía, pero el vehículo se sacudía tan fuertemente que no podía hacer más que rodar de izquierda a derecha por toda la van. —Lamento eso, no se conducir muy bien.
—¡Ya lo noté!
Uno, dos, tres baches y el rubio no dejaba de azotar la frente en el suelo de la camioneta.
—¿Podrías, por favor, ceder el volante? ¡Nos vas a matar!
Los ojos purpuras de la desconocida dieron un rápido vistazo al retrovisor, cuando estuvo segura de que nadie los seguía hizo el cambio de pedales y frenó de sopetón haciendo que el hombre saliera disparado contra el asiento del copiloto.
—Ggh… Gra…cias…
—Muy bien, ahora sí. ¿Quién eres tú? Y ¿por qué conducías el auto de mi hermano?
—¿Tu hermano? —devolvió el rubio desenterrando el rostro del respaldo con disgusto— Querrás decir "MI" hermano.
—Genial… acabo de salvar a un loco…—la chica apagó el motor y se giró completamente para encarar al sujeto—Mi nombre es Pandora Heinstein y mi hermano es Valentine Heinstein, ¿tú quién eres?
Luego de tronarse el cuello para reacomodarse el resto del esqueleto, el hombre contestó:
—Yo soy Radamanthis Wyvern, hermano mayor de Valentine Wyvern y también soy el más indicado para manejar esta cosa, así que… si te haces a un lado…
En cuanto el hombre puso sus manos en los brazos de la extraña esta protestó de inmediato.
—Oye, pero ¿¡quién te crees!?
—Un hombre con licencia, anda, dame el lugar.
—¡No me toques!
—¡Pues entonces muévete!
Si… no iba a ser un recorrido sencillo…
EN ALGUNA PARTE DE LA CIUDAD
A la luz de una lámpara, sentado en un sillón en L y con la televisión encendida, el joven Valentine cambiaba y cambiaba de canal desinteresadamente preguntándose cuándo aparecería el paranoico de su hermano. Cuando por fin se hubo cansado de oprimir el mismo botón, el chico apagó la tele y se levantó para dar una vuelta por el lugar. Al principio se había abstenido de curiosear, algo que había aprendido desde pequeño junto a su hermano era que al entrar a casa ajena no podía salir de la sala si no se lo indicaban. Pero era el hogar de su hermano, un hermano del cual no había sabido nada en años; tanto tiempo perdido, tantas vivencias que se quedaron en añoranzas… él quería saber qué hacía, en dónde vivía, cómo lo hacía, ¿Qué aficiones habría adquirido con el paso del tiempo? ¿Habría algún balón o bate de béisbol en algún rincón de la casa?
—Madre, perdón, pero yo debo saber...
Y así, sin más, Valentine se levantó y comenzó a deambular por la casa.
Se sorprendió al descubrir que en realidad no había mucho que ver, había cuadros con fotografías de paisajes en las paredes, muebles caros, pero sin adornos ostentosos que relucieran por ningún lado, libros y revistas de medicina, pero nada más.
—Es como una de esas casas de muestra…
Valentine no esperaba encontrar fotos familiares, todo lo que tenían de su antigua vida sólo eran recuerdos, sin embargo, al llegar a lo que parecería ser algún tipo de despacho, los ojos del muchacho se ensancharon, pues ahí, en esa sola pieza… había de todo.
—Entonces, aquí es tu nueva casa del árbol ¿eh? Sabía que tenías que tener un lugar así.
El sentimiento de triunfo y felicidad que embargó a Valentine era casi el mismo que experimentó aquella vez cuando siendo niños dio con el escondite en el que su hermano guardaba sus tesoros más preciados.
Se aproximó al escritorio y peinó la superficie con vista curiosa.
—Un tablero de ajedrez, un mazo de cartas y un… ¿un cráneo firmado? — Valentine recogió el artefacto artificial y lo estudió con cuidado. Había tantos nombres y tantas caligrafías distintas que no entendía— Si… se nota que son doctores—dijo poniendo el cráneo en su lugar— ¿Qué más habrá por aquí?
Ciertamente, el cuarto era espacioso, tal vez era el más grande de toda la casa y aun así no había un solo portarretrato, ni en los libreros, ni en el escritorio, ni siquiera cerca de la pecera, lo cual resultaba extraño tomando en cuenta la cantidad de material fotográfico que había en un pequeño estante.
—Cámaras, lentes… vamos, viejo, ¿en donde están las fotos? — Valentine se debatía entre si abrir o no los cajones cuando el ruido de la puerta principal lo incitó a ir a la estancia.
—Oye, hermano, no sabía que te gustaba la…—al momento de doblar la esquina su rostro palideció— ¿Pandora?
— Y compañía— completó Radamanthis cerrando la puerta tras de sí. Lo último que Valentine vio antes de desmayarse fueron los rostros alarmados de sus hermanos al verlo caer al suelo.
HORFANATO DE LA FUNDACIÓN GALARD— CUARTO DE SHAKA
Después de que Milo les explicara por tercera vez la frágil situación de su nuevo amigo, Aioria y Shaka se miraron entre sí para comprobar que ambos habían entendido.
—¿Y bien? — soltó Milo impaciente luego de que el rubio levantara una de las manitas del señor Kypo.
—El señor Kypo y yo pensamos que necesitaremos muchas almohadas si queremos hacer una fiesta para alguien tan frágil.
—Tal vez si ponemos papel de burbujas en el suelo…—divagó el pequeño de ojos verdes imaginándose saltando sobre las burbujas—¡Si, eso sería divertido!
—Me gusta lo de las almohadas, pero ¿de donde sacaremos el papel de burbujas? — Milo infló los cachetes con un puchero frustrado a lo que Shaka respondió con simpleza.
—¿Por qué no se lo pedimos a Sorrento? Cuando algo falta en clases la maestra Medea le dice a él.
—Si, Milo, ¿Por qué no le dices a Sorrento? —dijo Aioria conteniendo la risa a sabiendas de que ese par era incapaz de concordar—Después de todo eres su consentido.
—Ja…ja…ja… ¿Por qué no le dices a la maestra que lo pida por ti?
La sonrisa de Aioria se esfumó en un instante.
—¡Oigan, oigan! –Terció Shaka agitando su muñeco— Se les está olvidando algo importante.
—¿Qué cosa? — espetaron al unísono.
—La decoración— completó una cuarta voz.
—¡Fler! ¿Qué haces aquí? Esta es el ala de los chicos.
—Ya lo sé, Milo, pero con sus gritos no me dejan dormir.
—Y según tú ¿Qué nos hace falta? —refutó Aioria enarcando una ceja.
—La decoración, bobo. Apuesto a que no tienen ni la menor idea de qué cosas le gustan.
—Eso…—comenzó Shaka con amago de alegar—Es cierto.
—Milo, ¿Por qué no invitas a Shaka para que juntos visiten a tu amigo?
—¿A mí? —cuestionó el rubiecito asombrado mientras que Aioria, lejos de sentirse excluido se alegró y alentó a su amigo.
—Si, ve con él, Shaka. Eres un gran conversador y caes bien.
—¿En serio?
—¡Claro! Eres gentil, amable, tranquilo y listo. Estoy seguro de que ese chico se sentirá a gusto contigo.
—Si. Ven conmigo Shaka.
El pequeño hindú no sabía qué decir. Nunca había sido la primera opción para absolutamente nada y ahora era más que eso, era la elección, y no cualquier elección, sino la elección de los que ahora podía llamar con seguridad "sus amigos".
Con mucha cautela bajó al señor Kypo, luego miró a Milo y asertivamente respondió:
—Si. Con mucho gusto voy contigo.
MEDICAL COSMOS 11:00 PM
Minos se paró en el portal de la pequeña capilla del hospital, cerca de la sala de emergencias, un sitio que no visitaba a menudo. Ahí encontró a Violate, la chica estaba sentada en completa soledad en la seguridad de la esquina de la última banca.
—¿Piensas quedarte aquí toda la noche?— aventuró el medico con voz la apagada aun sabiendo la respuesta de su compañera.
—Mañana es mi día libre—señaló Violate sorbiendo la nariz. Le dedicó una mirada de soslayo al de cabellos platinados y sonrió lastimosamente al ver que él no estaba en un mejor estado que ella. –Ven…— le indicó palmeando el espacio junto a ella.
El joven de nariz rojiza, ojos irritados y semblante abatido se mostró reticente al principio.
—Él no va a oírme…—aseguró Minos mirando al techo. ¿Qué ser divino atendería los rezos de un pecador rencoroso?
—Tampoco me siento muy digna de pedir nada, ¿sabes?... pero no estamos aquí por nosotros.
Violate volvió a palmear la banca y Minos se sentó silenciosamente a su diestra.
Pasaron largo rato en silencio, meditando, tratando de recuperar el optimismo; resulta fácil pensar que las cosas pueden arreglarse cuando no sabes a ciencia cierta lo que pasa, pero cuando tienes el conocimiento del mal que se cierne sobre un enfermo…cuesta trabajo ver más allá de las estadísticas. Ese pensamiento condujo gradualmente al noruego a pensar en su mentor y en las palabras que le dijo.
"De no haber sido por Albafica, yo no habría llegado a tiempo y Aiacos estaría muerto"
—Él va a estar bien.
Las palabras del joven tomaron por sorpresa a la enfermera más de lo que lo hizo el hecho de verse bajo su brazo.
—Albafica hizo un gran trabajo, no me cabe duda. Si Hades no tuvo complicaciones fue porque Albafica lo hizo bien… jamás se permitiría perder a un amigo… lo sé.
—Minos…
Sin más que decir, el hombre besó la frente de la mujer y se irguió con la disposición de salir de la capilla.
—¿A dónde vas?
—A trabajar. También tengo un amigo que necesita de mí.
Violate adivinó de quien se trataba y una sonrisa armoniosa sustituyó la aflicción en su rostro.
—Tienes razón… ve a por ello, tigre.
Luego de un intercambio de guiños, el pediatra abandonó la habitación y Violate volvió la vista al frente, pero ya no con desconsuelo, sino con serenidad.
—Tú ganas—dijo mirando hacia la cruz—Voy a confiar en ti y en los dones que les has dado a ellos…
SALA DE URGENCIAS
Albafica no terminaba de digerirlo, ya había pasado una hora y seguía sin creer que acababa de auxiliar a un colega. La ética profesional dictaminaba que no debía hacerlo, pero aquello había sido una emergencia.
Recargado en las puertas de la sala de operaciones, el peliazul se miró las manos y notó que estas temblaban. Inmediatamente se arrancó el tapabocas y salió directo al baño antes de que alguien notara su ataque de pánico.
"Cálmate, Albafica… Cálmate…" repetía mentalmente mientras veía como el mundo se ralentizaba a su alrededor.
Entró súbitamente al baño y se enclaustró en el primer cubículo que encontró.
Cuando por fin consiguió calmarse, el joven abrió la puerta esperando ver su reflejo con un mejor semblante, sin embargo… no fue su reflejo lo que vio…
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Fue cuestión de un parpadeo… en menos de un segundo la imagen de Shion se había proyectado en el espejo haciendo que el corazón de Albafica casi se detuviera de la impresión.
Justo en ese instante, Minos entró por la puerta…
Continuara…
NA: Desde que volví a la plataforma he tratado de actualizar esta historia, pero créanme, después de tantos años ni yo recordaba de qué iba y cuando intentaba seguir la musa simplemente no venía, después de estar trabajando diligentemente en Stay with me, las tuercas han perdido el óxido y la musa de la inspiración volvió con algo más que pilas, así es… volvió con mi memoria jajaja. Tuve que leer todo lo que había puesto y no puedo creer que escribía con esa ortografía tan horrenda, tuve la idea de corregir todo, pero no les voy a mentir, me dio pereza, así que les prometo no darles más errores garrafales.
Perdónenme, por favor, por todo… espero les guste el capítulo, las amantes del cejota pueden respirar tranquilas:" v
Ya saben, comentarios, quejas, tomates, pulgares arriba y sugerencias son más que bienvenidos.
Gracias a todos por su tiempo y otra vez… lamento la espera.
