Estos personajes pertenecen al señor M. Kurumada

La copa

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¿Albafica?...

El aludido apartó la vista del espejo para encontrarse con la cara confundida del noruego. Minos no lo estaba buscando, pero se había prometido a si mismo darle las gracias personalmente en la primera oportunidad que se le presentara, pero no esperaba encontrárselo en ese estado dentro del baño.

El medico de emergencias tragó grueso en cuanto lo vio, volvió a mirar al espejo de soslayo y su corazón se calmó al verse reflejado.

—Estas pálido—observó el albino con prudencia— ¿Te encuentras bien?

—…Si, Minos, yo… estoy bien—respondió intentando retomar el control de su respiración e intentando disimular la frialdad de sus manos— ¿Cómo esta… Aiacos?

Minos apretó los labios y escondió las manos en los bolsillos de su pantalón, al parecer, decirle "gracias" a una persona con tantos años de enemistad no era tan sencillo como él creía, aunque de verdad se sintiera en deuda.

—Está estable. Hades dice que puede haber riesgo de una hernia cerebral, pero que por el momento no hay nada más grave que el estado de coma.

—Por lo menos no está muerto…—dijo para si en un pobre intento de distracción y consuelo. Todavía no conseguía sacar la imagen de Shion de su cabeza, sin embargo, lo siguiente que oyó sí que lo logró.

—Albafica, yo… quería… quería darte las gracias—por mucho que Minos bajara la voz o desviara la mirada ellos dos seguían siendo los únicos presentes en ese baño silencioso—Gracias… por todo lo que hiciste por Aiacos.

El de cabellos azules lo miró sorprendido por un momento, luego suavizó su mirada respondió:

—No me agradezcas… Es lo que hacemos. — Los dos hombres se miraron y un incómodo silencio se alojó entre ellos, ya era bastante extraño mirarse sin odio y ahora se hablaban sin reñir—… Y… ¿Tú? ¿Vas a quedarte? Hace horas que terminó tu turno.

—Uh… bueno, yo…—comenzó Minos con vacilación, no quería decirle a nadie que estaba haciendo horas extras para un paciente—Tenía que quedarme por unos expedientes, ya sabes… pero si, ya me voy.

—Bueno…entonces creo nos veremos mañana en rehabilitación.

Antes de que Albafica cerrara la puerta del baño, Minos le hizo una recomendación:

—Busca algo de Buspirona.

El muchacho que ya estaba con un pie afuera, cerró los ojos y sonrió forzadamente al verse descubierto.

"Maldito, Minos. Qué bien me conoces"

—Lo tomaré en cuenta.

Entonces se alejó, mientras tanto, el cirujano pediátrico se miraba a si mismo con complicidad en el espejo. Oh, si… Minos sabía cuándo Albafica tenía indicios de ansiedad.

—Tal como en la universidad…

Más tarde, o, mejor dicho, más de madrugada, luego de descubrir que tenía unas tres horas para dormir, Minos decidió hacerle una pequeña visita a su cama, así que sin perder el tiempo fue hasta el estacionamiento y se puso detrás del volante, vio el espacio vacío que denotaba la ausencia de Radamanthis, no lo había visto salir del hospital, así como tampoco rondó por la sala de emergencias.

—Alguien se va a llevar muchas sorpresas mañana. —comentaba el doctor mientras encendía la marcha.

Manejó tranquilamente durante unas cuantas cuadras hasta que se vio obligado a frenar de repente.

—¡Por Dios!

Las llantas chillaron con el pavimento y el auto se paró a escasos centímetros de las rodillas raspadas de la mujer que le había salido al paso.

El medico estaba a punto de bajarse del auto cuando la extraña mujer de largos cabellos castaños levantó su arma contra su parabrisas.

—Ay, no es cierto…—Minos respiró con paciencia, se sentía un tonto ¿Por qué no simplemente la esquivo? Pensó en dar marcha atrás, pero antes de que su mano se aferrara a la palanca de cambios la chica ya se había movido hasta su ventana.

Dos golpecitos con la punta del arma le indicaron al noruego que bajara el cristal.

—Sal del auto—le ordenó.

Sintiendo como su pulso se aceleraba, el hombre giró lentamente la cabeza para ver quién le azuzaba y vaya sorpresa se llevó al ver de cerca el rostro de la muchacha.

Era una cara de facciones finísimas, como las de un elfo de los libros de Tolkien, sus ojos, semejantes a las hojas secas de un árbol tenían pequeños rasguños alrededor y había un fuerte moretón en uno de sus pómulos. También tenía el labio roto y aunque no la podía ver completamente, la forma en la que su delgado cuerpo se inclinaba hacia la derecha le indicaba que había sufrido un fuerte golpe.

—Escucha…soy doctor. Si bajas tu arma y te tranquilizas, tal vez pueda ayudarte—no hubo palabra por parte de la fémina, sólo el cañón frio tocando su sien—Okay, Okay… Ya entendí, no quieres mi ayuda. —respondió el albino apresuradamente poniendo las manos en alto—Por lo menos, déjame darte unas pastillas. ¿conoces el paracetamol? Es bueno.

Lanna hizo una mueca de fastidio. Detestaba cuando la gente trataba de escudarse tras la amabilidad.

—No quiero pastillas. No quiero tu ayuda, medico de pacotilla… sólo quiero tu auto. Ahora sal antes de que tú necesites ir a un hospital.

El gruñido de la mujer molestó menos a Minos en comparación con el ultimátum. ¿Medico de pacotilla? Esa chica no lo sabía, pero el noruego era de orgullo sensible.

—¿Sabes una cosa, jovencita? — increpó el hombre con un tono menos permisivo—Hoy no tuve un buen día. Mi mejor amigo acaba de entrar en coma, llevo casi un día entero sin dormir, tengo un niño con huesos tan frágiles como el vidrio que necesita de mí y a un imbécil capitalista tratando de echarlo del hospital. — De un momento a otro el hombre en el auto posó su mirada harta sobre la pistolera y la retó—Apolo y tú podrán creer que soy un médico de pacotilla, pero no. Ahora llévate mi maldito auto si quieres, no voy a dejar que algo de tan poco valor me cueste la vida cuando tengo muchas que salvar.

El cambio de humor tan radical, hizo que Lanna se hiciera para atrás dejando al joven arrojar la puerta.

—Espera…—dijo antes de que el joven saliera del auto—¿Te refieres a Apolo Solaris?

—¿Conoces algún otro imbécil capitalista?

—Conozco a muchos—soltó ella bajando la pistola—Pensándolo bien… hazte a un lado, yo manejo.

A la mañana siguiente…

Casa de Radamanthis 5:00 am

Valentine se despertó mareado, había tenido un sueño bastante loco en el que no sólo había encontrado a su hermano mayor, sino que este había aparecido con su hermana adoptiva en… la misma casa desconocida en sonde se hallaba.

"Entonces… ¿no fue un sueño?"

Se cuestionó al no reconocer el cuarto en el que estaba metido. Se esculcó buscando su teléfono móvil y al extraerlo saltó de la cama al ver que tenía varias llamadas perdidas de Kanon.

—Mierda…

Con mucho cansancio y confusión, el chico salió de la cama rascándose la cabeza. La impresión de ver a sus dos hermanos en la puerta fue tal que literalmente se le apagaron las luces. Salió al pasillo con el celular en la mano, testeando con el instinto más que con los ojos. Ya había llegado a la sala cuando vio algo que… no lo hizo desmayar, pero si provocó que el celular se le resbalara de las manos.

Ahí, enroscados en el sillón y cubiertos bajo la misma manta estaban sus dos hermanos; Pandora estaba acomodada con las piernas dobladas sobre el sillón y la cabeza recargada sobre el pecho de Radamanthis, mientras que este, estando completamente sentado la rodeaba con un brazo.

—Exactamente ¿de qué me perdí?

La voz de Valentine tomó por asalto a sus dos hermanos quienes al verse cómo estaban se separaron de inmediato.

¡Aaahh! —gritaron ambos.

—¿¡Por qué me abrazas!?

—¿¡Yo!? ¿Quién te dio permiso de usarme de almohada?

—¡Ni siquiera tuviste la educación para ofrecerme una habitación! —recriminó Pandora tapándose con un cojín. Entre tanto, el chico de melenas rosadas sólo miraba de un individuo a otro.

—¡Porque quería que te fueras!

—¿Y dejar a mi hermano contigo? —la chica soltó una carcajada sarcástica—No, ni en sueños.

—Ya te dije… que es MI hermano, no tuyo.

—Estás loco…

—¡Bueno, ya! —intervino finalmente Valentine deteniendo la discusión—Ambos son mis hermanos. ¿Oyeron? Radamanthis es mi hermano de sangre Pandora y ella…—dijo dirigiéndose al mayor—Es mi hermana adoptiva.

—De la familia que te dijo que yo estaba muerto, ¿no?

—Val sabe que yo no tuve nada que ver con eso—se defendió Pandora cruzándose de brazos. —Deberías dejar de atacarme y darme las gracias por salvar tu pellejo.

Valentine parpadeó asombrado. —Espera, ¿Qué?

—¿Val? No lo llames Val. Su nombre es Valentine, sólo yo le llamo Val.

—Acabo de preguntar algo…

—Pues a él no le molesta.

Viéndose completa y monumentalmente ignorado, el chico entrecerró los ojos, tomó uno de los cojines y lo arrojó contra sus hermanos.

—¿¡Se quieren callar y escuchar!?—cuando Radamanthis y Pandora se voltearon para verlo, el chico respiró hondo para llamar a toda su paciencia y continuó—Créanme, lo último que me esperaba era tenerlos a ambos conmigo al mismo tiempo y de verdad, estoy muy feliz por ello y detesto no tener tiempo para decirles cuanto…—Valentine encontró sus ojos con los de su hermano—Cuanto los he extrañado o lo agradecido que estoy de que se preocupen por mí—esta vez miró a Pandora—Aun si no lo merezco, pero…esto en lo que estoy metido es muy peligroso… Radamanthis—el rubio lo miró—¿Qué pasó ayer que te fuiste? ¿Quién te seguía?

DEPARTAMENTO DE MINOS…

El cirujano pediátrico estaba parado debajo del marco del baño, cuya luz era la única encendida en todo el departamento y usaba para abrocharse los puños de la camisa mientras vigilaba a la chica que dormía en su cama.

Aun seguía procesándolo…

FB

—Entonces… Tú… como quiera que te llames, ¿estas huyendo de Apolo?

—Algo así—dijo la mujer al volante mientras seguía las instrucciones del albino. Ella sabía que fallar una orden de Apolo era firmar una sentencia de muerte, o le llevaba la cabeza de Valentine o dormía con los peces—¿Estas seguro de que quieres llevarme a tu casa?

—En realidad es un departamento. —corrigió Minos con naturalidad—Y si, ya que dices que no quieres ir a un hospital, el único lugar que queda con la indumentaria necesaria para atenderte es mi departamento.

Lanna torció la boca y miró al albino con rareza—¿Qué clase de persona le ofrece ayuda a alguien que le acaba de apuntar con una pistola?

—Alguien comprometido con su profesión. —respondió dando una nueva indicación—Además, me interesa saber el tipo de conexión que tienes con ese sujeto.

Ella frenó bruscamente en una luz roja.

—¿Y qué te hace pensar que te diré algo?

—No lo sé. Siempre he dicho que nada se pierde con intentar…

FB

La seguía mirando…

Dormía como si nunca fuera a despertar, tal vez se debiera a los medicamentos o a la fatiga de su propio cuerpo. El Dr. Graif le había vendado y suturado cuidadosamente, tenía muchos hematomas en el costado, pero ninguna costilla rota; la había atendido profesionalmente, sin preguntar ni decir nada, esperando que ella lo hiciera por voluntad, pero al final, no le dijo ni su nombre…

Dio un vistazo a su reloj despertador, ya era hora de irse, pero no iba a hacerlo sin antes dejarle una pequeña nota a su paciente privada.

"Ay… Aiacos… si pudiera contarte…"

MEDICAL COSMOS 6:00AM

Radamanthis llegó al trabajo con la cabeza hecha un lio. Luego de contarle a Valentine lo sucedido junto a Pandora, el muchacho les hizo prometer que no se meterían en su investigación más de allá de lo debido. El plan "A" de Valentine era infiltrarse en el hospital o bien, hacerse de un contacto para conseguir el acceso a los expedientes y estados de cuenta del mismo, y por supuesto que Radamanthis era el elemento idóneo para ello. No obstante, aunque se tratara de un doctor de prestigio, Radamanthis no tenía un acceso directo a esa área, nadie lo tenía, así que lo que fuera que iba a hacer, debía hacerlo con excepcional cuidado.

"Este tipo de trabajos requieren de un mes o dos de observación, no te precipites"

Le había advertido Valentine. Si al menos lograba conseguir la clave de Apolo con eso bastaría para hacker el sistema y sacar más información todavía.

—Así es, Rada… Ser doctor es lo más emocionante del mundo…—su broma personal lo hizo sonreírse y las enfermeras de la recepción creyeron estar viendo una visión que en ese momento no iba con el estado emocional del lugar. —Buenos días, señoritas.

—Buenos días, doctor—dijeron a coro con sus voces monótonas.

—¿Qué pasa? ¿Por qué las caras largas?

—Ay… Doctor Wyvern…—comenzó June suspirando de pena—Dudo mucho que pueda haber algo bueno el día de hoy.

—El doctor Aiacos fue ingresado de emergencia ayer—secundó Shaina haciendo que la ceja superpoblada del inglés saltase junto con sus ojos.

—¿¡Que dice!? ¡Pero si ayer estaba bien!

—El doctor Hades y Albafica lo atendieron anoche—siguió Sonia cabizbaja—Dijeron que está en coma…Ay... ¡Pobre Violate!

—Si, ella y el Dr. Minos estaban por los suelos anoche.

Radamanthis no lo podía creer ¿Cuántas cosas podían pasar en una sola noche?

Pensó en ir inmediatamente a buscar a Minos, pero se encontró con Asgard en su lugar.

—¡Miren nada más! —dijo el grandulón—Por tu cara creo que ya te enteraste de lo de anoche.

—Entonces… ¿es cierto? Pero ¿Cómo?

—Estrés, falta de sueño, no lo sé, pero pasó. —el hombre palmeó la espalda del traumatólogo y le dijo: —Lo mejor que podemos hacer por el momento es cuidar de nuestros pacientes y de nosotros mismos. ¿Por qué no vas a ver al pequeño héroe?

—¿Pequeño héroe?

—El pequeño bravucón de huesos frágiles—repuso Asgard con orgullo—Debiste ver cómo defendió a June del abogado de Apolo—el hombre rio fuerte—El pequeño tapón de alberca lo puso en su lugar, nunca había visto a nadie mirar al arrogante de Pharao como lo hizo él.

—Creo que me perdí de muchas cosas ayer… Iré a ver cómo esta, luego le haré una visita a Minos.

CUARTO DE CAMUS

El pequeño se había despertado con el ruido de los pájaros, eso no le molestaba, al contrario, ya no quería dormir, no quería seguir en esa cama, aunque una parte de él quería volver a soñar para volver al lago y jugar como nunca había podido, quería ver a ese muchacho de nuevo.

—¿Habrá sido un ángel? —se preguntó mirando hacia el cielo; Camus había aprendido a ser optimista y a dejar crecer sus ilusiones hasta el cielo sin importar que alguien las rompiera. Pesó que tal vez Shion podía ser su ángel de la guarda y que él había enviado a Milo para que fuera su amigo, aunque cuando lo pensó por segunda vez se dijo a sí mismo: —No creo que los ángeles anden por ahí rompiendo los brazos de la gente para que conozcan enfermos.

—Yo tampoco lo creo—dijo Radamanthis apareciendo en la puerta —Hola campeón. Me contaron que pusiste a un trajeado arrogante en su lugar.

— ¡Radamanthis! —exclamó el niño sorprendido antes de sonrojarse otra vez, pero no por pena, sino por coraje que sintió al recordar las palabras de Pharao—Ese tipo estaba tratando mal a la señorita June. Los hombres no deberían ser groseros con las mujeres y menos cuando son tan lindas y amables como ella.

Una media sonrisa se dibujó en el rostro del doctor, no se maginaba que ese tipo de cosas hicieran rabiar al enanin.

—Admiro tu valentía, Camus, pero tengo que pedirte una cosa—dijo Radamanthis retomando seriedad—Ten más cuidado la próxima vez. Los sujetos como Pharao no son nada buenos.

—A mí no me da miedo. Y si vuelve a molestar a la señorita June otra vez…

—Si vuelve a meterse con ella o con cualquier otra persona te prometo que me encargaré personalmente de él ¿está bien?

Ahora que el traumatólogo sabía qué clase de rata era Apolo no le quedaba duda de que sus perros roñosos fueran igual de peligrosos.

Y mucha razón tenia…

EN ALGUN LUGAR DE LA CIUDAD 9:00am

Dentro de un restaurante lujoso, dos hombres hablaban de negocios…

—Entonces es todo. Hoy presentará al joven Solo con el señor Nadrell, ¿verdad?

—En efecto, Pharao—Apolo tomó su cuchillo y su tenedor para degustar su filete—Adoro la carne roja en la mañana. Por cierto ¿Cómo viste las cosas en el hospital?

El joven que estaba por probar su vino tinto bajó la copa con un gesto de hastío—Al parecer el Dr. Graif hablaba en serio sobre quedarse tiempo extra.

—Entonces el mocoso sigue ahí…

—Es una molestia, por cierto.

Apolo se tapó la boca con su servilleta para disimular su risa—Si me enteré. —el pelinegro apartó la mirada indignado— Lo siento, Pharao, pero, ja, ja, ja, es muy gracioso.

—…Como me gustaría apretar su pequeño cuello hasta quebrarlo…—masculló el abogado haciendo rechinar sus perfectos dientes.

—Pues… si quieres mi permiso lo tienes—adujó el pelirrojo con indiferencia danto un sorbo a su copa—Después de todo también es mi hospital y todo lo que hay ahí es mío.

Pharao meneó su copa y la contempló con malicia mientras presionaba el fino cristal con dos dedos.

—Pharao, basta… La vas a romper.

—Lo sé…

Continuará...