Capítulo 4.— Huesos y odio
— Es la última celda del fondo, a la izquierda.
Rarity asintió intimidada por la oscuridad de las mazmorras y empezó a avanzar a lo largo del corredor de piedra.
La noticia de que una pony de tierra había sido encarcelada por ponycidio la había sorprendido en Canterlot, adquiriendo nuevo género en la tienda de Nice Fabric. Cuando el potrillo de las noticias había aclarado que se trataba de Pinkie Pie, Rarity lo había dejado todo y se había ido directa al cuartel de la Guardia Solar a interesarse por su amiga. ¿Ponycidio? ¿Pinkie Pie? ¡Menuda tontería! ¡Debía tratarse de un error!
¡Esos guardias solares ineptos! ¡Pinkie Pie era una de las portadoras de los elementos de la armonía! ¿Cómo podían haber cometido tal error?
Llegada al cuartel, Rarity había pedido hacer una visita a la detenida y tras mucho discutir, los guardias habían aceptado.
Allí, por fin, Rarity observó a Pinkie Pie dando botes de un lado a otro de su jergón. Sola y abrumada en su fría celda tras gruesos barrotes, Pinkie lucía un extravagente y delicioso conjunto de chaqueta y pantalón que parecía sacado, ¡qué atrevido y gallardo pañuelo al cuello!, de la Franponia de hacía más de cien años...
Contuvo un suspiro de desesperación al verla así: no podía permitir que la pobre Pinkie la viese abatida.
— ¿Pinkie, cielo? —se acercó Rarity.
— ¿Rarity? ¡Hola Rarity! —saludó con su jovial voz. Rarity no necesitó más para comprender que todo era sin duda fachada y que la pobre Pinkie se hallaba emocionalmente destrozada. Parecía la de siempre, sin duda, con su pelo encrespado y alegre, pero era evidente que por dentro debía sufrir terriblemente. O quizás no—. ¡Qué bueno verte! ¿Por qué has venido?
Rarity sacó la tarta de sus alforjas de Versaddle y se la entregó a Pinkie con una sonrisa.
— Sé que las de limón te animan —suspiró—. He estado a punto de meterle una lima o un serrucho o algo... ¡Esta situación no me gusta nada!
— ¡Rarity, tontita! —la abroncó suavemente Pinkie al olisquear agradada el regalo—. ¡Las tartas de limón no deben ser ricas en hierro! ¡Además, no te preocupes! ¡Seguro que todo se aclara! Mañana me llevarán a ver a la jueza Judy y me sacarán de aquí.
Rarity suspiró con cierto alivio. Justice Judy era una yegua razonable; seguro que con las pruebas en el casco, todo se acabaría arreglando para Pinkie. No obstante, conforme su amiga fue contándole qué había sucedido exactamente en Sweet Apple Acres, comenzó a tener dudas. Confiaba en Pinkie al cien por cien, sin duda, pero no poder explicar qué hacía el cadáver en aquel carro mortuorio en la finca de Applejack podía ser un problema.
— ¿Y dices que todo apareció por arte de magia? —repitió Rarity.
— Aha —confirmó Pinkie tras acabarse el último trozo de tarta—. ¡Fue ponerse a cantar y tooooodo se descontroló!
— ¡Oh, cariño! ¡Lo siento tanto! —exclamó Rarity—. Si al menos pudiésemos saber de quién era el cadáver, quizás podríamos investigar y llegar al fondo de esto...
Un portazo al fondo de las mazmorras las interrumpió en la charla. El presuntuoso potro Black Coroner apareció con su gesto de sabelotodo y su pose chulesca.
— Sobre la identidad del cadáver —entró en la conversación sin ser invitado—... Creo que ya tenemos... Algo.
Rarity se lo quedó mirando de arriba a abajo. Black Coroner era un pony de tierra azabache, de crin color zanahoria. Su cutiemark era una espada cruzada con un microscopio. Dentro de las mazmorras había colgado sus gafas de sol del bolsillo de la bata de laboratorio que sin duda era lo que le hacía creerse más inteligente que los demás a su alrededor. Por ello, probablemente, elegía al hablar un todo pausado y resabido que le hacía sentir a Rarity unas tremendas ganas de perder las formas de señorita educada y arrearle una coz bien ganada en el hocico.
— ¿Y bien? —inquirió Rarity fría como el hielo—. ¿Qué es eso que tienen?
Black Coroner la ignoró por completo y se dirigió a Pinkie Pie.
— ¿Puede decirme, señorita Pie, cuándo robó el cadáver del Comandante Huracán?
Rarity vio a Pinkie parpadear unos segundos, tan atónita como ella.
— Yo no he robado ningún cadáver —contestó Pinkie con naturalidad.
— ¿Primero la acusan de ponycidio y luego la acusan de... Robar cadáveres? —intervino Rarity, dejando clara su indignación.
Black Coroner suspiró, como si todo aquello fuese muy rutinario para él.
— Hemos identificado el cadáver de Sweet Apple Acres como el del Comandante Huracán —recitó—. Eso son buenas noticias para la señorita Pie, puesto que significa que no puede haberlo matado. No obstante esta investigación tiene aun muchos interrogantes, especialmente dada la importancia histórica de los restos óseos. ¿Puede decirme dónde lo encontró y cuándo lo desenterró?
— ¿Se refiere al Comandante Huracán de Heart's Warming Night? —siguió parpadeando Pinkie Pie, perpleja—. ¿El superior de Private Pansy? ¿El líder de los pegasos que discutió con el canciller de los ponies de tierra Puddinghead y la princesa Platinum de los unicornios cuando la gran tempestad provocada por los windigos asoló la tierra y no quedaba comida y cada tribu fue a encontrar su...
— Ese —le interrumpió Black Coroner, sin paciencia.
— ¡Pero eso es imposible! —exclamó Rarity—. ¡Todo eso sucedió hace cientos de años! ¡El pobre comandante Huracán será ya polvo! ¡Además! ¿Qué importa? Si está claro que Pinkie no pudo haberlo matado, ¿qué hace aun entre rejas?
— Huesos, no polvo, para ser más exactos —corrigió Black Coroner—. Y sobre la importancia del delito puede usted explicársela a los pegasos que están empezando a reunirse frente a la puerta de la comandancia —contestó Black Coroner, de nuevo seco como el desierto—. Con sinceridad, prefiero un caso de ponycidio antes que uno de incitación al odio racial. Me temo que se ha corrido la voz, señorita Pie, y aunque dadas las pruebas no tendría ningún problema en sacarla de la celda antes de su comparecencia frente a la jueza Judy, me temo que por su propia seguridad es mejor que se quede aquí.
Confirmando las últimas palabras del arrogante forense, Rarity empezó a escuchar cómo fuera, en la calle, un tumulto y gritos de protesta comenzaban a aumentar en intensidad.
— Saldré a hablar con ellos —dijo Rarity con firmeza.
— Lo desaconsejo totalmente —protestó Black Coroner.
Pero era tarde.
Rarity se fue a la puerta y se enfrentó a la turba.
Pegasos. Cientos de pegasos.
Algunos volando, con aleteo indignado y firme, otros, los que usaban sus patas, lo hacían sosteniendo entre sus alas un preocupante número de antorchas y horcas. Rarity, al salir de la puerta del cuartel de la Guardia Solar, no daba crédito. Había esperado poder hablar con ellos para tranquilizarles pero aquello...
... ¡Aquello era una turba! ¡Una locura!
Y no sólo con horcas y antorchas. Símbolos del antiguo reino militar pegaso, potrillos con viejos yelmos emplumados y simbología pegaso en desuso durante el reinado de la Princesa Celestia.
— ¡Donde está esa sucia pony de tierra! —gritó una envalentonada pegaso de color turquesa.
Rarity se armó de valor y usó su magia para subir un poco su tono de voz.
— ¡Ejem! He venido a decirles que mi amiga Pinkie Pie es inocente —explicó—. ¡Todo es un malentendido!
— ¡Tendrás que darnos algo más que tu palabra, unicornio estirada! —gritó un encendido pegaso con la cabeza rapada y una camisa negra.
Rarity comprendió que no podría razonar con ellos. Si al menos Rainbow Dash hubiese estado allí... ¿Cómo meter en vereda a aquella muchedumbre de pegasos salvajes?
Quizás... ¿Una canción? Fue pensarlo e inmediatamente una guitarra apareció. Lo primero que pensó Rarity fue que era imposible... Ella no había teleportado una guitarra...
— ¿Conocen a una tal... Lovely Mane? —improvisó mientras tañía un acorde. Qué extraño, pensó. Ella no sabía tocar instrumentos—. Es una yegua que va y viene por ahí. ¡Creo que ella podría ser la causante de todo esto!
Rarity observó las miradas desconfiadas de los pegasos. Más le valía que aquello funcionara. Suspiró y sin saber cómo, sin saber muy bien por qué, encontró que las palabras venían solas a su boca en una simple tonada.
When Mrs. O'Leary's cow
kicked the lantern
in old Chicoltgo town...
They say that started the fire,
that burned Chicoltgo down...
That's the story that,
went around.
But here's the real low-down...
Put the blame on Mane, colts.
Put the blame on Mane...
Mane kissed a pegasus from
out of town...
That kiss burned,
Chicoltgo down!
So you can,
put the blame on Mane, colts.
Put the blame on Mane...
La canción había empezado como una suave melodía tocada a la guitarra con pocos acordes, pero Rarity comprobó que todos los pegasos parecían haber perdido la furia, totalmente embelesados con la canción.
Sin saber muy bien cómo, continuó.
Remember the blizzard,
back in Manehattan
when wendigos returned?
They say that ponies were frozen
and with cold induced burns...
That's the story that,
went around.
But here's the real low-down.
Put the blame on Mane, colts.
Put the blame on Mane.
Mane gave a colt such an
ice—cold "No"...
For seven days they shovelled snow.
So you can,
put the blame on Mane, colts
Put the blame on Mane...
Rarity se sintió realmente bien cantando. Una magia extraña le llenó el pecho y al ver que todos los pegasos se la quedaban mirando, avanzó entre ellos hasta quedar en mitad de la muchedumbre...
Y...
...De repente todo cambió...
La fachada del cuartel de la Guardia Solar se había convertido en un elegante Night Club. La orquesta de viento del conservatorio de Canterlot apareció con chaqués blancos y la acompañaba, un foco sobre ella, mientras se movía en un atrevidísimo conjunto de noche negro acabado en unos delicadísimos guantes de satén.
When they had the earthquake
in San Franciscolt
back in nineteen-six.
They said that evil King Sombra
was up to his old tricks.
That's the story that
went around
But here's the real low-down...
Put the blame on Mane, colts.
Put the blame on Mane.
One night she started to
shim and shake...
That brought on, the Ciscolt quake
So you can,
put the blame on Mane, colts.
Put the blame on Mane...
Los pegasos, incluso los voladores, habían tomado asiento en elegantes mesas de gala y observaban embelesados su baile. Rarity se puso a dos patas y se llevó los cascos a la crin, en una provocativa pose que arrancó silbidos de la audiencia.
They once had a fightin' up in the Foaldike
when they got Dan McHoof
Foals were putting the blame on,
the lady known as Lou
Llevada por la música, Rarity comenzó a quitarse un guante.
That's the story that went around.
But here's the real low—down.
Comenzó a mover el guante en molinete para locura del público.
Put the blame on Mane, colts.
Put the blame on Mane...
Mane did a dance called the hoofy-coo
Provocativa, sacudió la cola imitando el baile y los chillidos de los pegasos se volvieron frenéticos.
That's the thing that slew McHoof...
So you can put the blame on Mane, colts.
Put... The... Blame... On Mane!
Rarity tomó aire, aturdida y mareada, mientras los pegasos tiraban al suelo las últimas antorchas y horcas y aplaudían a rabiar. ¿De dónde había salido aquel vestido? ¿Y todo el Night Club en mitad de la calle de Canterlot? ¿Y qué hacía Spike llegando en traje de chaqueta con unas exageradísimas hombreras?
— ¡Spike! ¡No! ¡Es el hechizo! ¡No dejes que te domine! —oyó que advertía Twilight desde algún lugar.
Pero era tarde. Rarity vio cómo Spike la agarraba de los cascos y le daba una tremenda bofetada para pasmo de todos los presentes.
FIN CAPÍTULO 4
NdA: A mi también me sorprendió descubrir que la canción de Gilda tenía dos partes. La de la guitarra, que es la primera mitad, y luego la famosa del guante. Como ya habréis adivinado, la canción original es "Put the blame on Mame", compuesta por Allan Roberts y Doris Fisher en 1946 para la película Gilda. La voz era de Anita Ellis y fue interpretada por Rita Hayworth. Las circunstancias de la canción son mucho más escabrosas, me temo. Y enrevesadas. Me paso de palabras, pero es por el comentario.
