Capítulo 6.— Arcoíris
Rainbow Dash entró con una violenta coz en la puerta de cumulonimbos que franqueaba el paso a la taberna "El tormentón". Sabía que liarla no iba a ayudar a calmar los ánimos en Cloudsdale, pero también sabía que no podía dejar que alguien fuese por ahí metiéndose con sus amigas. Mientras ella estaba de práctica con los Wonderbolts, la ciudad pegaso se había trastornado en apenas unas horas y quizás, tuvo que aceptar, aquella misma conmoción también se había apoderado de ella: alguien había desenterrado los restos del Comandante Huracán y, como si de repente las historias de Heart Warming's Eve estuviesen olvidadas, todos los pegasos se encontraban ofendidos, insultados y, básicamente, en pie de guerra por primera vez desde hacía cientos de años. Quizás por eso "El tormentón" estaba más lleno que de habitual, con la mayoría de los pegasos intercambiando miradas enfadadas y planes para presentarse en la sesión de Justice Judy al día siguiente.
Nada más acabar la práctica con los Wonderbolts y con el sol poniéndose por el horizonte, a Rainbow le habían llegado noticias tanto de lo ocurrido con Pinkie Pie en Sweet Apple Acres, como de lo que había logrado evitar Rarity en el cuartel de la Guardia Solar.
Entró en la taberna pisando fuerte y no esperó a que la música bajara para gritar a pleno pulmón:
— ¿Quién ha sido el que ha dicho que mi amiga Pinkie Pie es una sucia pony de tierra?
Como si todos los presentes esperasen aquel momento, las conversaciones se acallaron al instante y se formó un pasillo hasta la barra, donde un pegaso con gafas de sol, camisa negra y las crines rapadas apoyó la espalda despreocupadamente. Junto a él, una pegaso turquesa se dio la vuelta sin separar los labios de su cóctel de zanahoria.
— Yo —dijo ella desafiante.
Rainbow Dash sintió cómo se le entrecerraban los ojos. Conocía a aquella pegaso. De todo Cloudsdale, a decir verdad, no podía imaginar que llamar "sucia" a una pony de tierra, pudiera salir de otro hocico.
— ¡Imaginé que serías tú, Hateful Hater! —gruñó Rainbow—. ¿Tienes agallas para mantenerlo o prefieres que te acompañe hasta Canterlot para que te disculpes y ahorrarte así la humillación?
— No nos vamos a disculpar por decir la verdad —gruñó el pony de la camisa negra—. Yo también creo que tu amiga Pinkie Pie es una sucia pony de tierra por haber profanado los restos del Comandante Huracán. Y tú deberías creerlo también, si fueras una pegaso de verdad. ¿Lo eres? Aunque entiendo que no lo seas... Siempre acompañada de tus amigas... No pegaso...
Rainbow no prestó atención a los comentarios que se levantaron en la taberna. Reconoció entonces al pegaso de camisa negra. Le había costado hacerlo sin sus habituales crines color añil. Proud Boy era otro busca-problemas de primera. Su familia era una de las dueñas de la fábrica de nubes y siempre se había creído con derecho a hacer lo que quisiera y cuando le viniera en gana.
Hater y él, a decir verdad, eran tal para cual.
Rainbow desplegó sus alas y las batió una sola vez, provocando una pequeña ventolera que logró derrarmar el cóctel de Hater.
— Veamos quién es un pegaso de verdad —gruñó Rainbow—. Vamos afuera.
Proud Boy se levantó con las alas las gafas de sol y se las puso sobre la frente. Tenía una mirada desafiante y fría.
— Yo llamé a tu amiga Rarity unicornio estirada —sonrió—. ¿También quieres darme una lección?
Rainbow lanzó una mirada salvaje al potro. Les iba a machacar.
— Tranquilo, os dejaré ventaja.
Llevados por la excitación del inminente duelo, los pegasos de "El tormentón" vaciaron el local en segundos y se agruparon en los puestos de paso a lo largo del improvisado recorrido de nubes, en la noche, llevando antorchas y luces de neón portátiles.
Rainbow no se molestó en mirar a Hateful Hater y a Proud Boy a su lado en la línea de salida; les conocía bien: intentarían todos los trucos sucios del manual.
Una carrera-duelo era algo que todos los potrillos pegaso habían llevado a cabo como juego en algún momento en sus vidas, pero a decir verdad, fuera de las amistosas, Rainbow no había estado en ninguna siendo adulta. Había presenciado muy pocas, de hecho. Los pegasos, aunque de natural orgullosos, no dejaban de ser ponies amistosos y preferían arreglar sus diferencias de una manera más constructiva, especialmente una que no les causara en el peor de los casos una humillación pública. Sin embargo, desde aquella tarde, todo parecía trastocado y, lo que antes quizás hubiese causado aprensión (¡un duelo, por Celestia!), sólo parecía capaz de causar emoción y adrenalina hasta en los ponies más inocentes.
— ¿Listos? —dijo la potrilla en la salida antes de soltar el pañuelo.
Rainbow bufó, junto a Hater y Boy.
Entonces la potrilla soltó el pañuelo.
Y tal y como Rainbow Dash había prometido, les dejó ventaja mientras dejaba, lentamente, que le hirviese la sangre. La oscuridad y las luces de neón formaron un pasillo frente a ella y sin poder evitarlo, qué tontería, aquello sólo la retrasaría, sintió la necesidad de cantar. Las guitarras y los platillos de la batería empezaron a marcar el ritmo, mientras acompasaba la respiración.
Veo todo en arco iris...
El cielo acaba siendo amigo mudo...
Ponies con luces, marcando pasos...
Amigo mudo... Oh, oh...
Y arrancó, con un batir de alas, sintiendo su corazón palpitando a mil por hora.
¡Quiero ser más rápida que ellos,
verles nubes morder, uno tras otro;
y un buen rato después poder llegar a Cloudsdale,
antes de que el sol me diga que es de día!
Les alcanzó a la tercera curva, la que los potros a los lados del circuito habían montando tras el quinto edificio de la fábrica de nubes. Una chicane cerrada, que la obligó a ajustar balance y tras la que dejó Hater rezagada, sin más problema que esquivar su torpe empujón de lentorra.
Sólo Proud Boy delante.
Tengo tiempo para esperar;
Cloudsdale parece distinta...
Proud Boy a solo unos cascos...
Durante horas puedo ser capaz
de aletear en estas calles
y volar inmortal.
Cazó a Proud Boy en el colegio de primaria y se emparejó a él porque le cerraba todos los giros. El muy inútil trató de echarla del circuito por la fuerza y al tercer empujón, Rainbow improvisó un tonel para esquivarle; el muy idiota se llevó por delante uno de los cubos de basura del restaurante grifo de la calle siete.
Aprendiendo cada esquina.
Rainbow aceleró, sin mirar atrás.
¡Sólo quiero ser más rápida que ellos,
verlos nubes moder, un día tras otro,
y un buen rato después saber llegar a Cloudsdale,
antes de que el sol me diga que es de día!
Rainbow casi sintió pena por ellos cuando, de repente, le vino un tirón en su pata trasera. Era Proud Boy, que había remontado inexplicablemente y que la arrastró hacia atrás ante los alaridos de éxtasis del público. Al momento quedó atrás y sintió otro tirón, esta vez de Hater, que la acabó tirando contra unos cúmulos tras el parque de nubes de tormenta.
Casi nunca sé,
dónde estoy...
No me importa el rumbo
ni la dirección...
Rainbow se recuperó del golpe y volvió al circuito. Alcanzó a la pareja de tramposos en el tercio final, cuando enfilaban la calle de la taberna. Se puso a la altura de Hater, y esperó a que tratara de sacarla del recorrido.
Te preguntarás
que cascos hago aquí,
dispuesta a buscar,
pelea si hace falta.
Un nuevo tonel y Hateful Hater quedó fuera de carrera llevándose por delante unos postes de neón naranja. Sólo quedaba Proud Boy. Vamos. ¡Vamos, vamos, vamos!
Porque sé que
es un vuelo salvaje
combate a mala cara...
Veo todo en arco iris, arco iris.
Sé que es un vuelo salvaje,
combate a mala cara...
Veo todo en arco iris, arco iris.
Rainbow logró emparejarse con Proud Boy mientras la mitad de Cloudsdale que estaba en las calles enloquecía por la música y la carrera. Aprendiendo de su error anterior, Boy trató de dejarla en su estela de aire sucio, sin empujarla, pero soltando desesperadas coces a ciegas.
¡Sólo quiero ser más rápida que ellos
ver al resto perder, un día tras otro!
¡Y un buen rato después saber llegar a Cloudsdale,
antes de que el sol me diga que es de día!
Y en la recta final, acabó por rebasar a Boy para locura de los espectadores, mientras las guitarras se volvían locas y, con una mueca de disgusto, Proud Boy y Hateful Hater quedaban inevitablemente detrás.
Rainbow atravesó por fin la meta a toda pastilla y pudo frenar antes de chocarse contra el bombo de la batería de la ACARUC (*1). ¡No podía ser! ¿Habían sido ellos los de la música todo el tiempo? ¿El grupo de música de su padre?
— ¿Papá? —exclamó Rainbow mientras los pegasos se la llevaban en volandas—. ¿Qué haces aquí?
— No lo sé —admitió su padre echándose la guitarra eléctrica a la espalda—. Estábamos ensayando en el garaje cuando hemos aparecido aquí. Hija... ¿Acabas de participar en una carrera-duelo?
Rainbow iba a contestar pero entonces un cabo y dos patrulleros de la guardia solar hicieron aparición, al tiempo que todos los pegasos asistentes desaparecían en un suspiro.
(*1) Asociación de Caballos/Caballeros por la Apreciaciación del Rock Urbano de Cloudsdale.
Twilight, sin poder dar crédito, presenció cómo los pegasos de la Guardia Solar metían a Rainbow en la celda enfrente de Rarity. Agradeció al menos que Black Coroner se hubiera ido a dormir para no tener que aguantar su presuntuosa sonrisita.
En deferencia a su condición de princesa de Equestria, los guardias habían traído al pasillo de celdas de Canterlot un escritorio y un par de sillas desde donde Twilight, con la ayuda de Shining, había podido empezar a preparar la defensa de sus amigas para la mañana siguiente. Aquello era una tarea de varias semanas, desde luego no de una noche, lo que la estaba poniendo de los nervios. Ver aparecer a Rainbow Dash esposada no contribuyó a calmarla.
— ¡Pero esto qué es! ¡Y ahora a Rainbow de qué se le acusa! —protestó.
El cabo de guardia cerró la celda con dos vueltas de llave.
— Desorden público, vuelo temerario, carrera-duelo ilegal —resumió—... Probablemente pierda su licencia de vuelo.
— No sabía que los pegasos tuvieseis licencia de vuelo —pensó en voz alta Shining Armor
Rainbow bufó mientras le quitaban los grilletes.
— Es más una formalidad —explicó Rainbow—. Cuando tras un accidente nos la quitan, normalmente nos la vuelven a dar cuando los huesos acaban de soldarse.
— ¡Rainbow! ¿Qué ha pasado?
Rainbow Dash esperó a que el guardia saliera del pasillo.
— Lo siento Twilight... Me metí en un lío y... Empecé a...
— ... ¿Cantar? —completó Pinkie Pie—. Creo que te comprendemos muy bien...
Rainbow asintió.
Twilight observó a sus amigas, desoladas tras los barrotes.
— ¿Qué está pasando Twilight? —suspiró Rainbow Dash—. En Cloudsdale todos los pegasos parecen haberse vuelto locos. ¡Media ciudad se va a presentar a la vista de mañana para protestar! ¡Es como si nadie recordara Heart Warming's Eve!
Twilight tomó de los cascos a su amiga a través de los barrotes. No podía ser casualidad que, de entre todos los incidentes con música que habían sucedido a lo largo del día, sólo sus amigas hubiesen sido encerradas. Aun con el origen de aquella magia por determinar, comenzaba a formarse en su cabeza la idea de que nada de aquello podía ser casualidad y que, de algún modo, todo estaba relacionado.
Pero, ¿por qué?
— No te preocupes Rainbow Dash —trató de animarla—. Llegaremos al fondo de esto. Ahora, vamos a preparar tu defensa para la vista de mañana.
FIN CAPÍTULO 6
NdA: Esta historia se me está poniendo oscura por momentos... ¡Y eso que todavía no he llegado al metal! La canción era "En blanco y negro", publicada en el LP "Por instinto", año 1991, del grupo "Barricada". Productora Polygram y compositores, Alfredo Piedrafita, Enrique Armendariz Villareal, Fernando Coronado y Francisco Javier Hernandez (la banda, vamos).
NdA2: Me estoy poniendo las pilas y convirtiendo a la secta del guión largo para diálogos. A ver si logro meter las sangrías de párrafo nuevo...
NdA3: Un par de errores corregidos... Shining es con una "n"! :)
