Capítulo 9.– Juicios rápidos (I)

La mañana de la vista llegó y parecía que medio Cloudsdale había logrado apretujarse en la pequeña sala de tribunal de Justice Judy. Twilight logró detener un bostezo con un nuevo sorbo de café; tomarlo no era quizás la mejor de las ideas ya que los nervios por el destino de sus amigas apenas la dejaban pensar, pero lo cierto era que si no se despejaba iba a acabar como su pobre hermano mayor. A su lado en el escritorio de la defensa y tras toda una noche de ajetreo para preparar los alegatos, el pobre Shinning daba cabezadas adormecido por el murmullo constante de aleteos y de pegasos indignados. Como él, Applejack y Fluttershy peleaban por no cerrar los ojos en primera fila. El único que no parecía afectado de sueño era Discord, que en un formal traje de chaqueta y corbata miraba a todas partes visiblemente nervioso.

La familia de Pinkie Pie al completo, incluidos Marble, Limestone y Maud habían acudido a la vista y estaban también allí, entre el público. De Ponyville habían logrado entrar pocos más: controlados por un destacamento de la Guardia Solar, fuera de las puertas del juzgado, una multitud esperaba impaciente el resultado de las vistas a las cuatro portadoras de los elementos de la Armonía.

Durante sus años de estudiante en Canterlot, Twilight había podido asistir a algunos de los juicios que Justice Judy, probablemente la única jueza en toda Equestria, tenía que celebrar de vez en cuando. Los pleitos entre ponies eran poco comunes y solían envolver custodias de mascotas perdidas, problemas de lindes entre granjas de ponies de tierra y, como descubrió en su última visita, infracciones de vuelo de pegasos demasiado imprudentes. Los casos de magia incontrolada de unicornios eran menos habituales, pero Twilight había oído que también entraban dentro de su jurisdicción. A pesar de ser una pony de tierra, Justice Judy era ciertamente respetada por todas las razas.

Cuando el alguacil la anunció, los murmullos de la sala a rebosar cesaron y todos los ponies se pusieron en pie. Twilight vio cómo Black Coroner y un ayudante unicornio hacían lo propio en la banca de la acusación. El patólogo polipony había cambiado su bata de laboratorio por una corbata y ejercería de fiscal. En el estrado, firme y bajo una toga, la jueza Judy se colocó sus gafas de leer mientras abría los expedientes.

– No sabía que Justice Judy se parecía tanto a Mayor Mare –susurró Pinkie Pie sorprendida desde el banquillo de acusadas.

– Son trillizas, cielo –aclaró Rarity.

– Sí –añadió Rainbow–. La tercera hermana, Legislative Action, tengo entendido que trabaja en la Cámara de Represenponies.

Spike iba a preguntar, probablemente, por qué no se apellidaban igual cuando solemne, la jueza le interrumpió dando un cascoteo de herradura en su estrado para iniciar la sesión.

– Buenos días –saludó alegre, pero firme–. Se abre la sesión de... Ah, sí. Tres vistas para la fianza y un juicio rápido por imprudencia en vuelo. La defensora en todos los casos tengo entendido que será la princesa Twilight Sparkle, ¿es así?

– Así es, señoría –contestó Twilight tras carraspear.

Asintió la jueza, satisfecha, mientras ojeaba los expedientes.

– Empecemos si les parece por el caso de... La ciudad de Cloudsdale contra Rainbow Dash, el juicio rápido. –Justice Judy levantó los ojos del expediente y lanzó una mirada severa y fría hacia Rainbow–. Señorita Dash, se la acusa de participar en una carrera-duelo ilegal. ¿Cómo se declara?

Rainbow se levantó y suspiró, abatida. Twilight asintió con la cabeza. En el caso de Rainbow no había mucho que pudieran hacer: los guardias solares que la habían detenido declararían como testigos y lo mejor era aceptar con responsabilidad los cargos.

– Culpable, señoría. Participé en esa carrera-duelo –añadió–. Y... Gané... Porque... Soy alucinante.

La jueza asintió despreocupadamente, volviendo la mirada a los papeles.

– Antes de dictar sentencia, me gustaría aclarar que los otros dos ponies infractores no han sido identificados aun –informó–. Sería de interés para la Justicia que algún pony presente pudiera decir sus nombres.

Twilight vio cómo todos los pegasos de la sala inmediatamente comenzaban a silbar mirando a diferentes lados. Rainbow ya le había advertido que un pegaso antes se dejaría atar al suelo que convertirse en un chivato; los ojos de Justice Judy, ante tal realidad, se entrecerraron un poco en lo que parecía una mueca de molestia.

– Insisto –dijo esta vez dirigiéndose a Rainbow–, en que es de interés para la Justicia identificar a TODOS los infractores. La acusada puede beneficiarse de una reducción de condena si decide señalarlos.

Vio a Rainbow tragar saliva. Sabía que los conocía porque ya le había dicho a Twilight que la carrera-duelo había sido contra Hateful Hater y Proud Boy. Pero Rainbow, suspiró Twilight, no dejaba de ser una pegaso.

– Me temo que... No les conozco... Estaba muy oscuro y...

– Entiendo –interrumpió la jueza, gélida–. Puesto que no ha habido daños a terceros ni a la propiedad, sentencio a Rainbow Dash a dos semanas sin licencia de vuelo.

Y con un casco en el estrado que sonó como un trueno, ordenó a dos alguaciles unicornio que trabaran las alas de Rainbow Dash en un cepo mágico. Que el castigo fuese razonable y lo esperado, no quitó para que los murmullos entre la mayoría pegaso de la sala se elevaran de tono al presenciar el castigo.

– ¡Orden! ¡Orden! –alzó la voz Justice Judy con más cascoteos en el estrado–. Vayamos ahora a las dos primeras vistas para la fianza.


Los casos de Spike y Rarity levantaron también murmullos, pero probablemente más por morbo que por simpatía hacia los acusados. Twilight creyó oír el mascar de palomitas en alguna parte entre el público, mientras Black Coroner exponía en primer lugar la agresión de Spike ante un gran número de testigos y cómo la misma había hecho sospechar de la conducta inapropiada de la unicornio Rarity. Twilight intuyó un atisbo de esperanza al observar en la jueza lo que le pareció una mueca decepcionada, casi reprobatoria, durante el alegato de Black Coroner.

– Por eso, la acusación encuentra necesario la prisión preventiva sin fianza. También queremos añadir en interés de la Justicia...

– Yo diré qué es de interés para la Justicia, jovencito –cortó secamente Justice Judy–. ¿Quiere la defensora hacer su alegato?

Twilight se aclaró la garganta.

– Sí, señoría.

Twilight comenzó con exponer en primer lugar que durante sus años de amistad con Rarity nunca había visto ningún tipo de conducta inapropiada entre ella y Spike. Existía una amistad entre ellos, sin duda, pero en ningún caso nada más; con respecto a la bofetada, eligió cuidadosamente sus palabras.

– La reacción de mi hermano menor Spike, se debió a un intenso pico de magia de origen desconocido. Fue esa magia y participar en la pantomima que esa magia creó, lo que llevó a la agresión, que en ningún caso fue consciente y deliberada y que...

– ¡Por favor! ¿Vamos a culpar a una magia desconocida? ¿Era la misma magia que hace unos años provocó que Spike Sparkle secuestrara brutalmente a la señorita Rarity convertida en un gigantesco dragón? –interrumpió Black Coroner.

– ¡Eso fue totalmente diferente!

– Acérquense defensa y acusación, por favor –ordenó la jueza.

Twilight se acercó, soprendida. Cuando miró hacia atrás en busca de consejo, desde su puesto de ayudante Shinning se encogió de hombros. En su preparación de los casos, una charla con la jueza nunca había estado prevista. Cuando el odioso Black Coroner y ella quedaron cerca del estrado, Justice Judy habló bajito y casi confidencial, pero sin perder un ápice de autoridad.

– Sobre esa misteriosa magia señorita Sparkle, voy a concederle el beneficio de la duda por ahora –anunció ante la indignada cara de Black Coroner.

– Pero... Pero –protestó él.

– ¡Nada de peros, jovencito! –aleccionó la jueza–. ¡Has traído a mi sala un caso sin pruebas y lanzando acusaciones sin base como un principiante! ¡Y lo peor es que son cargos graves! ¡Me has atado los cascos!

– Pero... ¡Mamá! –gimoteó Black Coroner.

Twilight se quedó con la boca abierta, tratando de asimilar que Justice Judy era en efecto la madre de Black Coroner.

– ¡Nada de peros! ¡De un dragón con enamoramiento a un agresor de pareja hay un abismo! ¡Tienes dos semanas para encontrar pruebas de conducta inapropiada de la señorita Rarity! ¡Lo mismo para él! Si no encuentras nada, habrá sobreseimiento de ambos casos. Entretanto, decretaré libertad sin fianza. ¿Conforme, señorita Sparkle?

– Conforme, señoría –suspiró aliviada Twilight.

Justice Judy les envió de nuevo a sus escritorios.

– Decreto libertad sin fianza para ambos. Lamentablemente, la gravedad de los cargos con respecto a Spike Sparkle, me hacen también decretar una orden de alejamiento preventiva entre él y la señorita Rarity de dos alcances de garra –anunció la jueza. Twilight fue a protestar, pero Justice Judy la detuvo–. Es el procedimiento obligatorio con estos cargos –explicó–. Los cascos de este tribunal están atados al respecto.

Dicho y hecho, los alguaciles lanzaron un hechizo de alejamiento e, inmediatamente, una burbuja apareció rodeando a Spike, que le separó a dos alcances de garra de Rarity. Cuando Twilight se acercó a él, pudo abrazarle con normalidad; había oído de aquellos hechizos, pero nunca había visto uno puesto en práctica.

– Vayamos ahora a la última vista –anunció la jueza–. El pueblo de Equestria contra Pinkie Pie bajo los cargos... ¿Profanación de tumbas?


FIN DE EPISODIO 9. CONTINUARA...


NdA: El juicio era importante y me quedó largo, así que lo partí en dos. Por eso no hay canción. Estuve a punto de meter a Vonda Shepard, pero no cuadraba. A ver cómo acaba la vista para la fianza de Pinkie Pie...