Capítulo 11.– La Reina de la Noche
De vuelta en el castillo de la Amistad, todas ocuparon sus asientos en la sala del Cutie Map. Mientras Spike acababa de preparar la bandeja de galletas, Twilight trajo una infusión de tila a Discord, quien desde la salida del tribunal y de revelar que sabía quién andaba detrás de la magia, había querido permanecer en silencio hasta llegar a un lugar más discreto.
Por primera vez en mucho tiempo, Twilight veía al draconequus afectado y algo triste.
– ¿Y bien Discord? –apremió Rainbow Dash–. ¡Tenemos los cascos sobre ascuas aquí! ¿Quién es el responsable de esto? ¿Y dónde le encontramos para cocearle los cuartos traseros?
Twilight observó a Discord sorber levemente de la taza.
– Veréis, pequeñas ponies –suspiró Discord–... Es complicado.
– Discord –murmuró Applejack, desconfiada–... Si tienes algo que ver con esta locura, es mejor que ayudes a solucionarlo ahora.
– ¿Cómo puedes pensar eso? –protestó Fluttershy–. ¡Discord es inocente! ¿Verdad... Discord?
Twilight resopló. No estaba segura de conocerle tan bien como lo hacía Fluttershy, pero veía en él auténtica preocupación. Quizás hasta remordimiento.
– Ella se hace llamar... La Reina de la Noche –explicó Discord, directo al grano–. Es... Una draconequus, como yo. Veréis... No pensé que hubiese sido ella al principio... Ha pasado tanto tiempo... Creí.. Creí que estaba muerta. No obstante, mi detector de magia no miente. Una vez que he podido analizar el patrón de aparición de los números musicales, todo ha cuadrado.
Inmediatamente chasqueó los dedos y se hizo aparecer tumbado en un diván. En su cabecera, Fluttershy tomaba notas en un cuaderno ataviada con una bata de doctora.
– Creí que eras el único Draconequus en el mundo –murmuró Twilight, extrañada.
– Bueno –contestó desde el diván–... Hace muchos siglos no lo era. Pero los años fueron pasando y los de mi raza fueron desapareciendo. Algunos por edad, otros por aburrimiento... Algunos atrapados en bromas que salieron horrendamente mal... Existíamos muchos tipos de draconequus, si bien... Me gusta pensar que soy especial.
– ¿De qué tipo es esa... Reina? –preguntó Fluttershy al tiempo que mordía la patilla de sus gafas.
– De ninguno –suspiró Discord–. Veréis... Hace más o menos mil quinientos años... Yo... La creé.
El cercano amanecer sorprendiola en la entrada de la gruta. Agotada por el esfuerzo del vuelo, Luna plegó sus alas y decidió caminar, pues no era seguro teleportarse tan cerca de Ella. Si bien estaba segura de que aun no debía temer por su vida, era difícil predecir qué clase de trampas mágicas habría preparado.
Cargó, no obstante, su cuerno con magia y lanzó un hechizo protector.
Spike encontró la última caja de galletas y acabó de preparar la bandeja del té. Al llegar al cuarto del Cutie Map, rodeó el asiento de Rarity para que la orden de alejamiento no se activara y logró colocar los dulces al alcance de todas. Discord estaba desarrollando su Discord-drama desde un diván que probablemente habría hecho aparecer. Por algún motivo, Fluttershy estaba disfrazada de doctora. Cosas de Discord.
– ¿La creaste? ¿Como la receta de una tarta? –parpadeó perpleja Pinkie Pie.
– Más bien... Como a una compañera.
– ¿Una compañera de juegos y de fiestas? –insistió Pinkie–. Creiste que alguien había... ¿Olvidado tu cumpleaños?
– Más bien como una consorte.
– ¿Te creaste una... Novia? –se extrañó Twilight.
– Eran otros tiempos –se justificó Discord– y estaba muy solo. La creé un poco por aburrimiento. No le di poderes de draconequus del todo. Podía controlar en cierto grado la magia y canalizarla. Y le di libertad de albedrío. Los doscientos primeros años vivimos un romance apasionado. Luego me abandonó. Dijo que quería conocer mundo.
– Así que... ¿Todo esto es una venganza de tu... Ex? –trató de hilar Rarity–. Discord, cielo... ¿Qué no nos estás contando?
Spike vio a Discord bufar, desde el diván.
– Durante el siglo siguiente Reina estuvo viajando y... Bueno. Os encontró. Encontró a los ponies.
Twilight carraspeó. Spike conocía ese carraspeo: era el de que algo no le cuadraba.
– No recuerdo registro histórico alguno en el que se hable de otro draconequus que no seas tú –apuntó, seria.
– Probablemente, Celestia acabó borrándolo –murmuró Discord haciéndose pequeñín en el diván.
– ¿Pero... Por qué la Princesa haría tal cosa? –se extrañó Fluttershy.
– Os dije que iba a ser complicado... Veréis... Tras encontrar a los ponies... Ella... Se encariñó y... Adoptó a Celestia y a Luna como a sus... Hijas.
– ¿QUÉ? –gritaron todas al unísono.
Luna llegó por fin a una sala de cristal, con un trono al fondo, tan grande o más que la del castillo de Celestia. La luz ténue era, mas podía sentir en la oscuridad que como temía, Ella había regresado.
– ¡Madre! ¡Madre! –gritó Luna–. ¡Sé que andáis ahí, Madre! ¡Revelaos! ¡No más juegos!
Luna la vio hacerse sólida en su trono, sus garras apretando los brazos del asiento de piedra, cristal y joyas, con su espigado cuerpo acabado en una negra y elaborada peineta. Rostro alargado y severo. Ojos de hielo que parecían congelar todo alrededor. Cientos de recuerdos se algoparon en su mente al verla de nuevo, pocos de ellos agradables. Madre nunca había gustado de presentarse humilde y al verla erguirse en su trono no podía recordar cuándo había sido la última vez que había visto en ella amor o piedad. ¡Tanto tiempo había transcurrido! ¿Quizás su encierro la habría cambiado?
– ¿No es acaso mi hija preferida? –sonrió Madre con gélido desdén. Su tono hizo mil ecos en la caverna de cristal–. ¿No es acaso aquella que me juró lealtad? ¿La que me traicionó?
No, comprendió. Como Nightmare Moon en su destierro, Luna supo que Madre no había cambiado un ápice. Más aun, su odio y su resentimiento sólo habían aumentado.
– ¡Madre! ¡Es conmigo con quien tenéis pendencia! ¡Dejad a los ponies en paz!
– ¡No sois Vos quién para darme órdenes, potrilla! Además, ¿pendencia? –rugió Madre. Amenazadora y cruel se materializó ante ella y sin que Luna pudiera evitarlo, la agarró de las varillas–. ¡Lo que tenéis Vos conmigo, hija mía, es una deuda! ¡Me prometisteis la vida de vuestra hermana Celestia! ¡La queríais tan muerta como yo! ¿Y qué obtuve por confiar en Vos? ¡Más de mil años de encierro en cristal! ¿Queréis que deje en paz a vuestros adorables ponies? ¡Cumplid vuestra promesa! ¡Matemos juntas a Celestia y reinemos por siempre en la Noche!
– ¡Madre! ¡El mundo ha cambiado! ¡Yo he cambiado y Celestia también! ¡Dejad que el amor entre en vuestro corazón, os lo ruego! –exclamó Luna, mientras oía la música crecer a su alrededor–. ¡Si me dejáis que...!
La música las envolvió en acordes intimidantes y complejos. Luna pudo ver cómo Madre había traído a toda la Phillyarmónica de Canterlot, y en la escasa luz de la caverna de cristal, un haz refulgente cayó sobre ellas al tiempo que los ponies de la orquesta acababan la introducción de lo que parecía un aria.
– ¿Llenar mi corazón de amor? –rió ella–. ¡Lo tengo lleno de ira! ¡Y rabia!
Entonces empezó a cantar junto a la música más hermosa que Luna había podido escuchar en mucho tiempo.
Del frío infierno, por fin soy regresada.
Ira y rabia...
Ira y rabia que perdonaré...
...Si acaso Vos... ¡A Celestia podéis dar muerte!
¡A Celestia habéis de dar muerte!
– ¡No! –gritó Luna–. ¡Jamás!
Madre cambió a un gesto amenazador y cruel, al oír aquella respuesta.
O no seréis mi hija, nunca más.
O no seréis, mi hija, nunca más.
.
aaaa–aaaaaaaa–a.
aaaa–aaaaaaaa–a.
aaaa–aaa–o–aaa–o–aoaaiaaiaaaa
Luna intentó moverse, pero comprendió demasiado tarde que las hermosas notas que habían salido de la garganta de Madre, iban destinadas a hacer crecer el cristal que comenzaba a aprisionar sus cascos al suelo. ¡No! ¡No! ¡Debía liberarse!
Mi hija, nunca más.
.
aaaa–aaaaaaaa–a.
aaaa–aaaaaaaa–a
aaaa–aaa–o–aaa–o–aoaaiaaiaaaa
.
¡O no seréis, mi hija, nunca más!
Luna lanzaba hechizos contra lo que creciente e imparable comenzábala a atrapar. Aleteó, en desespero, mas la magia de Madre era demasiado poderosa. Sintió el cristal creciendo sobre sus patas, y comprendió que no lograría impedir su encierro. ¡Si al menos pudiera...! ¡Si al menos...!
– ¡Madre! ¡Toma mi vida, te lo ruego! ¡Pero perdona a Celestia! –pudo gritar para hacerse oír por encima de la hermosa música–. ¡Que mi vida pague mi deuda!
Mas Madre, volvió a observarla gélida, sin afectarse por su angustia.
Si no queréis matarla...
Si no váis a matarla...
Yo tendré que matarla...
.
Y me volveréis a amar.
.
Odiarla.
Matarla.
Y amarme.
.
Y me volveréis a amar
Y me...
meeeeeeeeeeeeeee–e–e–eeeeeeeeeeee
ooahaoaooa
ooahaoaooa-aooaaaoaoaoaaoaoa
.
¡Y me volveréis a amar!
Sólo quedaba su cabeza por cubrir. ¡Oh Celestia, hermana! ¡Os he fallado otra vez!, pensó. ¡Lo siento tanto!
No oiréis,
ni veréis,
a Celestia nunca más.
Una lágrima cayó de sus ojos volviéndose cristal y Luna, antes de abandonarse al sopor del encierro, pudo oír las últimas amenazas de Madre
¡Oíd, oíd, oíd!
¡Mis ponies!
¡Oíd!
¡Mi juramento!
Twilight escuchó con atención el breve relato de Discord. De cómo Reina había encontrado a Celestia y Luna, de potrillas, huérfanas, y las había criado con magia y dones. Y sin embargo, al mismo tiempo, había sembrado en ellas su mismo carácter impulsivo y egoísta.
– Fue culpa mía –aceptó Discord–. Los rasgos que hacen interesante a una draconequus, no lo son tanto en un pony. Si Reina crió a las Princesas es porque vio en ellas una capacidad mágica asombrosa. Reina es complicada. Ella ama a los ponies, pero a la vez, también desprecia muchos aspectos de vuestra naturaleza. Cuando las potrillas crecieron vieron la verdad de lo que escondía el corazón de su madre. La primera que le plantó cara fue Celestia. Reina nunca perdonó lo que siempre consideró una traición. Finalmente, Celestia y Luna se aliaron y atraparon a Reina en un cristal. Para bien –suspiró–. Yo supe de esta historia después, antes de que me encerraran en piedra. Reconozco que en su momento enterarme que Reina había sido hecha prisionera me enfadó, pero luego acabé por entender a las Princesas: no había sido exactamente una madre modelo.
– ¡Guau! –exclamó Rainbow Dash–. ¡Ser princesa debe ser un asco! Sin ofender, Twi.
– No te preocupes, Dash. Por un momento –pensó en voz alta Twilight–, creí que había tenido algo que ver con Nightmare Moon. ¿Crees que esa Reina tuvo algo que ver en eso?
– No sabría decir –aceptó Discord–. Yo era piedra por aquel entonces.
Twilight iba a insistir, pero el portazo en la sala del Cutie Map interrumpió cualquier réplica. Cadence, las CMC, Trixie y Starlight Glimmer irrumpieron a la vez atascándose en la puerta.
– ¡Twilight! –dijeron todas a la vez–. ¡Tenemos algo importante que contarte!
FIN CAPÍTULO 11
NdA: ¡La villana ha sido desvelada! Y se me ha puesto el fic megadramático en un momento... "Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen" o "Der Hölle Rache" o también mal llamada "Aria de la Reina de la Noche" (hay otra aria antes de la reina en la obra) es un fragmento de la ópera de Mozart "La Flauta Mágica". La música clásica no es lo mío, pero de vez en cuando escuchar piezas como esta me deja alucinado. Espero que la parte de los gorgoritos (o agilidades vocales o coloraturas, he visto por ahí que lo llaman) no haya quedado rara. Sinceramente, no sabía cómo transcribir. Y... No. Puedo ponificar usando inglés, pero alemán casi que no :)
"La Flauta Mágica" (Die Zaubeflöte), K 620 es una ópera que W.A. Mozart estrenó el 30 de septiembre de 1791, en Vienna. ¡A ver cómo continua esto, pero le queda poco!
