Capítulo 2

La mayoría de las personas sueñan con su alma gemela y, mientras se pasean por arriba de las nubes, sostienen la mano querida de su amado para ir juntos al castillo prometido de la felicidad.

Serena, en cambio, prefería fantasear con Andrew. Él era un trabajador del Arcade Crow, y desde que lo había conocido, ella había sido flechada por su radiante sonrisa y agradable carácter. Todo en él era perfecto: desde su cabello rubio a sus lindos ojos azules, hasta su complexión de hombre joven delgado con hombros fuertes y anchos.

Pero algo había cambiado en los últimos meses, a partir de volverse la superhéroe Sailor Moon, existía una nueva adición en sus sueños. Tuxedo Mask aparecía con antifaz blanco cubriendo su cara bronceada, un sombrero alto sobre su sedoso cabello negro y un frac negro bien planchado como si estuviera listo para ir a una fiesta. Él era la imagen pura de la elegancia y el porte.

Serena ansiaba ser amada por él más que nadie en el mundo, pero ella sabía que él no era su alma gemela. No, en lugar de eso, tenía a Liar.


—¿Comprometida? —Amy parpadeó varias veces tras decir la palabra, su cara roja tras hablar de un tema que ella consideraba vergonzoso.

—Sí —Serena contestó cabizbaja mientras pequeñas lágrimas se empezaban a formar en sus ojos, haciéndola parecer incluso mas joven que sus catorce años.

—No pareces muy feliz —Rey señaló, sus cejas estaban fruncidas y parecía muy molesta ante la idea de Serena casándose con un hombre que no amaba —¿Conocemos a ese hombre?

La voz de la sacerdotisa empezó a cobrar un tono peligroso y ella mentiría si no estuviera pensando en usar sus increíbles poderes de fuego para quemar a alguien que ella ya consideraba un enemigo.

—¡No! —Serena se apresuró a contestar, agitando una mano frenéticamente frente a ella para despejar el aire—Es un enfermero, no lo conocen.

—¿Estas segura de que es tu alma gemela? —Amy preguntó más tranquila, dejando atrás la vergüenza para utilizar un tono más neutral, el tono de voz que había llevado a algunos a considerarla cínica, pero que era el más indicado para la situación —Un treinta por ciento de las personas que creyeron haberse casado con su alma gemela admite tener dudas si la otra persona es en realidad su alma gemela.

—¡Exacto! —Rey exclamó mientras golpeaba la mesa, agitando su cabeza de arriba a abajo para mostrar su apoyo a la idea de Amy —Seguro que no es tu alma gemela.

—Imposible...ambos comenzamos a ver colores al mismo tiempo...yo sé que él si es mi alma gemela. En serio chicas, lo prometo.

Serena suspiró profundo y lanzó su mayor sonrisa de victoria, como si en realidad estuviera feliz de haber encontrado su alma gemela. Sin embargo, en su mente el amable Andrew y el galante Tuxedo Mask pasaron brevemente jurando amor. Aún así, su sonrisa permaneció perfecta en sus labios.

—Pero aún faltan muchos años para eso —Serena agarró un nuevo aire de optimismo al recordar que su boda con Liar aún quedaba lejos, sus ojos brillaban de energía al recordar ese detalle —¡Así que disfrutaré mi juventud!

Unos días después, mientras se enfrentaban de nuevo contra otro youma, Serena pensó que su juventud de estaba malgastado en monstruos.

Ella se consideraba una niña común con intereses complejamente simples: hombres guapos, lindos vestidos, comida deliciosa, día de playa con sus amigas, intereses sencillos que nada tenían que ver con enfrentar a un youma cortesía del general Nephrite.

Dicho general era un hombre atractivo de cara cuadrada y piel morena, su largo cabello castaño era ligeramente ondulado y sus ojos, a pesar de ser azules, eran opacos. Él era el enemigo en turno de las Scouts, aunque rara vez las enfrentaba directamente.

Sailor Moon esquivó un carrito de juguete con dientes mientras buscaba al general, pues no quería ser atacada por sorpresa. Para ella era innecesario enfocar toda su atención en el youma, pues Sailor Mercury y Mars le avisarían el momento propicio para atacar.

Ellas podían acabar con los monstruos también, especialmente Mars, pero los ataques de Sailor Moon eran los que eran más útiles para el golpe final. A diferencia del fuego de Mars, la tiara de la líder no destruía más de lo necesario, y los ataques de Mercury, aunque podían poner una neblina en una enorme zona, eran poco útiles para el ataque.

Ellas tenían que trabajar en equipo para ser eficientes y la mayoría del tiempo lo conseguían sin salir heridas.

—¡Cuidado Sailor Moon!— ella escuchó la voz de Tuxedo Mask y su mente registró simultáneamente que uno de los jueguetes se dirigía hacía ella.

—¡Sailor Moon! —Mars alcanzó a lanzar una pequeña bola de fuego al carrito para cambiar su dirección y, tras verificar que su amiga estaba bien, devolvió su atención al enemigo — ¡Fuego de Marte! ¡Enciendete!

El enemigo fue sumergido en un mar de fuego y cayó en medio del patio (el escenario de la pelea), a unos metros, un niño yacía pálido en brazos de un hombre que ninguna de las tres mujeres había visto hasta ese momento.

Los ojos de Mars y Moon se volvieron grandes como platos al notar que, incado en el pórtico de la casa, estaba Darién. Se veía pálido, su cabello negro mojado por el sudor y mientras con un brazo sostenía parte del cuerpo del niño, su otra mano era un puño blanco sobre su camisa azul.

—¡Ahora, Sailor Moon!— Mercury gritó desde el otro lado del patio, ignorando por completo a Darién por no considerarlo un factor relevante. Ella era la única que mantuvo su atención en el monstruo y al ver la oportunidad de finalizar todo, logró que su voz sonará fuerte sobre el ruido del enemigo.

—¡Sí! ¡Tiara lunar, acción!

En un haz de luz, el monstruo fue golpeado justo en el centro de su pecho negro, dió un paso para atrás y, mientras caía al suelo, la energía escapó de su cuerpo para volver al niño, quién respiró aliviado en los brazos de Darién. Aún seguía inconsciente, pero más como si estuviera dormido que desmayado.

Darién también parecía haber recuperado color en su piel al momento que el peligro pasó, pero aún así, las tres scouts dudaban de como proceder ante lo que ellas consideraban un civil que había aparecido en el campo de la batalla sin ser detectado.

—¿Qué era eso? — Darién preguntó tras cerciorarse que el pulso del niño era normal, sus ojos azules yendo de las Sailors a un inerte carrito de madera que había caído en el lugar donde unos segundos atras estaba el monstruo.

—¿Qué haces aquí? — a Sailor Moon le desagradaba Darién, por ello, su voz estaba llena de un filo que hizo al hombre hacerse para atrás —¡Contesta!

Él la observó con detenimiento con ojos demasiado brillantes, sus cachetes ligeramente sonrojados y aún en cuclillas al lado del niño la miraba para arriba como si ella fuera una adulta y él un pequeño descubierto en una fechoría. Ver a Darién hacía abajo era una experiencia a la que la heroína no estaba acostumbrada, pero la hacía sentirse mejor sobre la situación.

Desde que se conocieron, él la había irritado con sus horribles modales y habilidad de aparecer en su camino cuando menos se esperaba. Su pequeña muestra de valor en el cine ya había sido olvidada y reemplazada por su último encuentro donde él de nuevo la llamó "cabeza de chorlito."

—Vine a ayudar — Darién se puso de pie, cargando al niño, y contestó con la mayor seguridad que pudo, aunque estaba ligeramente intimidado por la mirada de las mujeres frente a él.

—Era innecesario — Sailor Mercury señaló en un tono similar al de una maestra de kinder amonestando a un niño pequeño— Los youmas son peligrosos y es mejor alejarse cuando hay una pelea.

—¡Cierto! —Mars se acercó a Darién para observar mejor lo que a simple vista no podía, despues una sonrisa burlona se formó en sus labios —¿Cómo nos encontraste?

—Estaba de paso y escuché el ruido — él contestó defensivo y sus cejas comenzaron a ceñirse — Si yo no hubiera estado esa cosa hubiera lastimado a Sailor Moon. Así que "De nada"

La líder de las Scouts miró por unos segundos a su casi enemigo. Él parecía estar seguro de sus palabras, y cuando la nombró, su mirada la buscó en espera de que ella le diera también la razón.

—¿Así que fuiste tú el que gritó? — Mars preguntó retóricamente y lanzó la sonrisa conspiradora del tipo "Darién es Tuxedo Mask" que le gustaba hacer de vez en cuando.

Excepto, que para Sailor Moon, esto era mayor prueba de que los dos hombres no eran para nada iguales. Tuxedo Mask era guapo, gentil, dispuesto a dar palabras motivacionales y guapo. En cambio, Darién era Darién. Sus modales, por ejemplo, no habían mejorado incluso si estaba hablando con Mars.

—Sí. Yo "grite" — él contestó mientras sus orejas y cachetes se ponían rojos, quizá porque no consideraba gritar varonil, pero su obvia vergüenza no calmó la furia dentro de Sailor Moon.

—¡Pues no lo vuelvas a hacer! — ella lo regañó con los brazos cruzados, su voz fuerte para dejar en claro que su presencia la molestaba —¡Vamonos chicas!

—¡Espera Sailor Moon!

Ella deseaba dar un salto de varios metros y dejarlo atrás, pero una parte de ella seguía siendo una niña que quería complacer a los demás, así que se detuvo y accedió con la cabeza para indicarle que lo estaba escuchando.

—¿Podemos hablar en privado? — el miro a las otras dos guerreras y acomodó al niño en sus brazos, era obvio que se estaba empezando a cansar del peso, pero en comparación de su apariencia unos minutos atrás, se veía renovado.

—Si le quieres decir algo, va a ser frente a nosotras — Mercury contestó por Sailor Moon, segura de que las otras dos chicas estaban de acuerdo con sus palabras, tanto que no volteó a verlas. En ese punto, Mercury no tenía confianza en ningún hombre guapo que quisiera hablar a solas con una chica.

Hasta dónde ella sabia, él era un agente del Dark Kingdom como el tal Maxfied (el alias de Nephrite)

Darién las vio con detenimiento, suspiró profundamente y accedió con la cabeza, aunque sus pensamientos sobre la situación se mostraban en su cara completamente roja. Lo que quería decirle a Sailor Moon era algo que, sin lugar a dudas, lo avergonzaba.

—¿Qué hago con el niño? — preguntó tras unos segundos de silencio, buscando respuestas en ellas como si las scouts tuvieran un manual de cómo actuar en esas situaciones — Está bien, está dormido...pero no puedo dejarlo solo.

—Espera a sus padres y cuéntales lo que pasó —Mercury sugirió con firmeza, y adelantándose a su pregunta siguió hablando — A las veinte horas de mañana, en el lago del parque Juban, si quieres hablar con Sailor Moon nos veremos ahí.

Sailor Moon estaba confundida por todo lo dicho, pero confiaba en Amy, así que accedió con su cabeza y lanzó una sonrisa a Darién para dejarle saber que estaba de acuerdo con Mercury.

—Bien —Darién bufó y una vez más, acomodó el peso del niño en sus brazos— ¡Ahí estaré!

Las tres chicas se fueron del lugar, saltando sin problemas por encima de las casas, y tras haber puesto buena distancia se escondieron detrás de una barda y se detransformaron.

Rey acomodó su largo cabello negro, corrigió las líneas de su uniforme y arregló una de sus calcetas antes de voltear a ver a sus amigas con una sonrisa conspiradora, feliz por otra batalla en las que ellas eran las ganadoras.

Amy, por su parte, sacudió su falda azul y después llevó sus manos a sus cachetes, intentando calmar sus nervios por todo lo ocurrido en aquel jardín, incapaz de creer que había dado órdenes a un hombre adulto. Era algo a lo que se tenía que acostumbrar, pero aún le faltaba experiencia en ser héroe.

Serena estiró sus brazos y giró su cabeza en círculos para quitarse el estrés, porque la simple idea de Darién la estresaba. Para ella, encontrarlo en la calle ya era suficiente tortura y no quería verle la cara más de lo necesario.

—¿Por qué dijiste que lo íbamos a ver mañana? —preguntó tras relajarse un poco —¡Ya se! ¡Es una broma! Él va a esperarnos y no vamos a ir, ¡Jiji!

—¿Qué? ¡No! No fue por eso, ¿cómo crees Serena?

—¿No? ¿Entonces?

—Rey cree que él es Tuxedo Mask, creo que deberíamos escuchar que tiene que decir, ¿verdad?

Serena hizo un ademán similar al de una persona que chupa un limón y sacó su lengua para mostrar su total desagrado. Rey decidió intervenir antes de que comenzara una rabieta.

—¡Vamos, no seas tonta Serena! Si es nuestro Tuxedo Mask, quizá finalmente quiera ser nuestro aliado formal, ¿acaso no te gusta la idea que que Tuxedo y nosotras seamos equipo?

—¡Sí! ¡Pero no! ¡Todos menos él! ¡Jamás! Mi Tuxedo Mask es mucho mejor.

De esa forma, comenzó una batalla infantil entre Rey y Serena, sacándose la lengua una a otra, seguras cada una de estar en lo cierto. Amy observó todo sin comentar, acostumbrada ya a esas extrañas muestras de amistad.


—Mi Tuxedo Mask es mucho mejor —Serena repitió su mantra una vez más mientras caminaba hacia el arcade.

En unas cinco horas más, tendría su encuentro con Darién en el parque, él confesaría lo que sea que le iba a decir a Sailor Moon y Rey finalmente dejaría de molestar con sus desquiciadas ideas. Aun así, no quería verlo. Ella le tenía poca fe a él, así que su primera y única idea era que él insultaria su peinado.

—¡Entonces yo lo haré polvo! — gritó mientras lanzaba un puño al aire.

De la forma en que solía ocurrir desde que lo conoció, casi como si el destino tuviera un mal sentido del humor, Darién se atravesó en su camino, apareciendo de detrás de un poste de luz para recibir un impacto de parte de ella.

Algunas veces, chocaban directamente y ella caía al suelo, otras, ella lanzaba algún objeto que terminaba cayendo en su cabello negro, y esa vez, fue su puño cerrado el que impactó contra su brazo. Al no haberlo visto, paradójicamente, su ataque tuvo más fuerza pues no esperaba ser detenido.

—¡Auch! — ambos exclamaron al mismo tiempo.

Darién revisó el lugar del golpe y sacudió la tela de su elegante camiseta azul como si buscará limpiar polvo. Serena agitó su mano adolorida por el dolor tras el golpe y parecía que la sensación la seguiría molestando por varios segundos.

—¿Cuál es la gran idea, cabeza de chorlito? — él preguntó molesto —No está bien andar por ahí golpeando gente.

—Sí lo es cuando esa persona eres tú —Serena dijo, su mano adolorida suficiente incentivo para no disculparse.

Darién sacudió la cabeza, pero después de observar a Serena de pies a cabeza, un gesto gentil apareció en su faz y Serena no pudo evitar sentir que algo malo se avecinaba.

—Serena, eres una mujer, ¿verdad? —sin esperar respuesta, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y continuó hablando triunfante —Ya que somos amigos, necesito tu opinión.

—¿Eh?

La niña no sabía qué parte la confundía más, que el hombre le hubiera preguntado si ella era mujer o que la considerará una amiga. Su confusión debió mostrase en su rostro, pues Darién miró hacia todos lados buscando la razón por la que Serena se veía tan perpleja

—¿Esta todo bien?

—¿Disculpa, que dijiste? —Serena ignoró la pregunta y miró a Darién con lentes renovados. Le había llamado amiga, y para lo que ella entendía, esa era su forma de dar una rama de olivo —¿Qué ocupas mi grandiosa ayuda?

—¿"Grandiosa"? No es para tanto — él suspiró y miró para todos los lados con nerviosismo antes de continuar hablando —¿Podemos hablar en privado?

Eran las mismas palabras que un dia atras, su cara había adquirido también el mismo color rojo y todo en él indicaba que estaba a punto de revelarle un gran secreto.

Ella aún seguia sonriendo mientras lo acompañaba a un cafe , complacida de estar a punto de descubrir un jugoso chisme.

Darién y ella se sentaron en una mesa, uno frente al otro. Él con orejas calientes por la vergüenza y ella complacida lo miraba como una sabelotodo observa al peor estudiante. Ella sospechaba, y estaba en lo correcto, que él era un buen estudiante y eso la hacía sentirse mejor sobre todo.

—¿Crees en almas gemelas? — Darién preguntó en un tono quedo y ella sintió la sangre irse de su cara.

Una cosa era hablar de almas gemelas con amigas, soñar despiertas con el verdadero amor mientras se imaginan castillos en la luna. Eso era normal, seguro. Un arte que ella tenía dominado desde la primaria.

Hablar con un hombre de algo tan importante, tan puro, la dejaba helada. Y más porque temía que Darién le preguntará si ella tenía a su alma gemela. Entre todas las personas, salvo Tuxedo Mask, era Darién la última persona que Serena quería que supiera de Liar, pues temía sus burlas.

—Todo el mundo sabe que son verdad —Serena atinó a decir y comenzó a jugar con la punta de su cabello por debajo de la mesa.

—Cierto — Darién suspiró y tragó saliva antes de continuar, se reclinó sobre la mesa para evitar ser escuchado y continuó en voz baja —Serena, tu eres la mejor persona que conozco, así que no se lo vayas a decir a nadie, ¿lo prometes?

—¿Qué cosa? — ella sintió su corazón saltar al verlo tan de cerca y una sensación de Deja Vu la invadió, era parte de un sueño lejano que aún era incapaz de recordar, un recuerdo de otra vida. Al final, solo pudo susurrar una palabra —Dime.

—Encontré a mi alma gemela—Darién dijo sin titubear, sus ojos fijos en los de ella.

Serena sintió que alguien la había golpeado en el estómago y perdió el aire inmediatamente tras escuchar esas palabras. Por algún motivo, el sonido en el mundo parecía haberse apagado y que todos siguieran moviéndose era surreal.

—¡¿Cabeza de Chorlito?! — Darién sostuvo uno de sus hombros, sus ojos yendo frenéticos de un comensal a otro, perdiendo toda la seguridad que tenía ante el terror de ser juzgado, además, el silencio se Serena lo estaba asustando—¿Estas bien?

—Sí —ella titubeó, el mundo seguía apagado para ella, pero se forzó a apoyar su cabeza en una de sus manos y agarrar enormes bocanadas de aire.

Darién mandó pedir un chocolate y agua, y ella comió y bebió por inercia. La noticia la había sorprendido demasiado.

—Entre todas las personas del mundo, no esperaba que tu tuvieras un alma gemela —Serena consiguió decir con media sonrisa, intentando aligerar la tensión entre ambos. Sus palabras, sin embargo, solo consiguieron hacer que la preocupación de Darién cambiará a furia.

Si ella hubiera podido leer su mente, hubiera sido testigo de los pensamientos de un hombre traicionado. Le había confiado su mayor secreto a una persona que él apreciaba, y ella se había burlado de él, además, sus palabras le recordaban un miedo de él desde que tenía memoria. Que de verdad estaba solo en el mundo.

Pero Serena no leía mentes, así que no se disculpó por sus palabras.

—¡Creelo! ¡Ella es real! Hoy a las ocho nos vamos a ver —Darién dijo sin alzar la voz aunque sus ojos estaban llenos de furia y su tono de veneno. Se levantó de su silla y sin esperar la cuenta, dejo el dinero. Serena no hizo nada para detenerlo.

Ella solo quería ser una niña normal y que ni los monstruos ni almas gemelas existieran. En ese momento, especialmente, ella se sentía la mujer más miserable del mundo.


Notas:

-Se que no debería haber escrito este capítulo, pero me hizo ojitos y una cosa llevó a la otra, y pues aqui esta.

-Oh, fics de almas gemelas, no soy fan. No sé qué se ha escrito al respecto, quizá la trama que estoy usando es rebuscada y es más cliché que el amor a primera vista. Pero necesitaba crear drama sin alterar mucho el mundo de Sailor Moon, XD.

-Gracias por leer.