Capítulo 3
Despertar tarde, olvidar su maletín, correr por las calles de la ciudad por más de veinte minutos, preocuparse por la tarea, recibir un castigo y esperar fuera del salón mientras cargaba un bote de agua. Eso era algo normal en la vida de Serena Tsukino.
Era la rutina, pero ese día tenía un problema adicional, mientras sus manos jugaban con el aza del balde, la estudiante de secundaria no podía evitar sentir un peso en su corazón al recordar los eventos del día anterior. La voz de Darién, cándida, diciendo que había encontrado a su alma gemela.
Un hombre como él, de carácter burlón y con el peor sentido de la moda, había encontrado a alguien a quien felizmente le iba entregar su corazón, y ella (una mujer hermosa) a él. En cambio, Serena tenía tardes en las que miraba la foto de su alma gemela, intentando enamorarse de Liar con la fuerza que lo hacían las personas de las películas.
Quería ese amor que movía montañas, el que prometía robar su aliento y llevarla a un lugar que únicamente él podía. Mangas, novelas, la televisión, todos prometían que el alma gemela era la llave para la felicidad más grandiosa.
Al final, tras fallar en enamorarse, siempre volvía a esconder la foto de Liar, y después sacaba una de Andrew junto a ella, la amistosa cara del empleado del arcade sí era capaz de causar mariposas en su estómago.
—¡Serena! —una voz aguda llamó su atención, sacándola de una fantasía con Andrew, y la niña volteó hacía el piso, donde pudo ver a una familiar gata negra que la miraba con inteligentes ojos rojos.
Luna, su pequeña guardiana, era una gata capaz de hablar. Era ella que le había entregado el broche para transformarse en Sailor Moon. Normalmente Luna se la pasaba en casa de Serena o investigando alguna anomalía, lo segundo era casi siempre señal de un nuevo enemigo. Su presencia en la escuela era indicación de lo que esperaba a la joven estudiante y ella apretó con más fuerza la aza mientras esperaba las malas noticias.
—¿Qué haces aquí, Luna?
—Hay un enemigo en la escuela de Rey, ¡tenemos que ir a ayudarla!
—¿En la escuela? —Serena tragó saliva y observó los pasillos, temerosa de que también hubiera algún youma escondido ahí, pequeñas lágrimas formándose en sus ojos por lo desesperante de la situación —¡Hay, no! ¿Por qué?
—Calma Serena, aqui no hay ningún monstruo —Luna se apresuró a decir —Sailor Mars ocupa nuestra ayuda, así que deja de llorar.
La niña limpió sus ojos con su mano izquierda, revisó los pasillos, y trás una última mirada a la puerta cerrada del salón, dejo el balde en el suelo y corrió lejos del salón para buscar un lugar donde transformarse.
Media hora después, Sailor Moon, Mercury y Mars estaban descansando arriba del techo de la secundaria de Rey, la Scout de Mercurio tenía una herida larga en su brazo y las otras dos estaban esperando que se recuperará. Estaban lejos de ojos curiosos, pues todas las personas normales estaban a tres edificios de distancia, revisando el daño en el gimnasio.
Ellas habían logrado salvar a la profesora de educación física y habían logrado escapar de la escena antes de que los policías llegarán a investigar la conmoción.
—Por suerte vino mi amado Tuxedo Mask — Sailor Moon dijo, sus manos entrelazadas y una sonrisa enamorada en sus labios al recordarlo.
—Aun no puedo creer que no sea Darién —Mars mencionó casualmente, mirando al cielo azul contemplativa.
—¿Finalmente lo admites? — la Scout de la luna observó a la otra chica, incapaz de entender totalmente porque Mars había cambiado de opinión. Un par de días atrás había dicho algo completamente diferente.
Para Serena, la idea de que su galán enmascarado fuera la persona más antipática de la Tierra era horrible, y desde que Rey la había pronunciado un mes atrás, en el parque de diversiones, Serena había peleado contra ella.
—Si Darién fuera Tuxedo Mask no hubiera aparecido hoy — Sailor Mercury explicó sin dejar de apretar una tela blanca contra su brazo, haciendo presión sobre la herida como su madre le había enseñado, aunque había dejado de sangrar ya ella prefería la cautela— Ayer lo dejaste plantado.
—A... sí, se me olvidó por completo — Sailor Moon mintió, su sonrisa nerviosa no convenció a las otras dos chicas quienes cruzaron los ojos y se vieron una a otra para desaprobar la actitud de su líder simultáneamente.
—No fue correcto —Mercury atinó a decir.l
Ella había visto muy pocas veces a Darién, así que su principal fuente de información de él era Serena, lo que pintaba a un muchacho desagradable, pero aún así, las scouts le habían dado su palabra de verlo. Pero Sailor Moon no asistió.
—Sí, creo que le rompiste el corazón —Mars bromeó, guiñendo un ojo en muestra de la poca seriedad en sus palabras, despues reflexionó un poco y continuó con deshumor—Tuvimos que mentirle y decirle que te habías enfermado. Me siento un poco mal por mentirle.
—Lo siento, no volverá a pasar.
—Ya no tengo rastros de herida — Mercury revisó su piel complacida, y sabiamente decidió no comentar sobre el tema anterior—Finalmente podemos volver a clases.
Las otras dos scouts parpadearon antes de exhalar cansadas. Ninguna de ellas dos compartía el amor por los estudios de su compañera.
Pese haberse ido del pasillo sin decir palabra alguna, la maestra Haruna dejo ir temprano a Serena.
En cuanto habían vuelto, Amy tocó la puerta del salón y con una perfecta cara de vergüenza contó que ella misma se había sentido mal y había encontrado a Serena en el baño, quien fue a buscarle un cambio de ropas, porque su anterior falda se había ensuciado.
La maestra, también una mujer como ellas, entendió lo no dicho y felicitó a Serena por la "hermandad entre mujeres".
Desde que la heroína conoció a Amy, siempre había admirado su inteligencia, su dedicación, su gentil ayuda. Pero al escuchar a su amiga mentir por ella de tal forma, Serena sintió su admiración crecer dos veces más.
La joven de cabello corto arriesgaba su vida y reputación por Serena sin quejarse. Por eso, Serena se prometió así misma esforzarse más y llorar menos, para así ser digna de llamarse líder.
En ese momento, ambas estaban caminando rumbo al arcade. Ambas iban caminado lento, tomando su tiempo para llegar, disfrutando la tranquilidad con la alegría de solo quienes han sobrevivido a la muerte conocen.
Un familiar corte de cabello en la acera contraria paró a Serena en seco, su mano fue en automático al codo de Amy para que ella también se detuviera.
Las dos vieron, con distintos grados de sorpresa, a un joven de cabello negro rompiendo con desánimo una serie de hojas. Entre su antebrazo y cuerpo aún tenía un bonche del cual sacaba un nuevo papel para romperlo y tirarlo a un bote de basura.
—No es correcto espiar — Amy mencionó en una voz muy baja, su cara roja mientras apretaba su costado contra el de Serena, caminando con el mismo sigilo que el de su compañera.
Él estaba tan concentrado en su misión, que no las notó cuando cruzaron la calle o se escondieron detrás de un poste de luz a solo un metro de él. El resto de las personas siguió caminando, alguno que otro lanzó una mirada curiosa a alguno de los tres, pero inmediatamente resumía su rutina.
Darién terminó de romper todos los papeles, de lo poco que podía ver Serena de su cara, ella deducía que él estaba triste, cansado y frustrado. Solo verlo así, causaba dolor en su propio corazón. Por unos segundos, se olvidó que lo estaba espiando, salió de su escondite y dió un paso al frente, lista para poner su mano en el hombro de él.
Ignoró la mano de Amy que la intentó jalar de nuevo hacía detrás del poste, sus ojos solamente fijos en Darién, como si temiera que el fuera a desaparecer .
Él alzó un poco la cabeza, sintiendo la presencia de alguien observándolo y volteó a mirar a la niña rubia que había conocido meses atrás y que aparecía en su camino más veces de las que debía ser posible.
—¡¿Me estabas espiando?!— su anterior fachada de hombre triste cambio por la de un hombre con ceño fruncido y respiración agitada, sus manos apretadas en puños. Parte de su cuerpo haciendo una sobra amenazante sobre la pequeña figura de Serena.
En todo el tiempo de haberlo conocido, ella nunca lo había visto como alguien que la pudiera lastimar, pero ahí, al alcance de sus puños, ella tuvo que retroceder el paso que había dado, lágrimas no formadas ardían en sus ojos y había alzado ambas manos frente a su pecho para defender su cuerpo.
La furia en él desapareció inmediatamente al ver la reacción de ella. Incapaz de procesar todo el mar de emociones dentro de él, se limitó a apretar su entrecejo con con su mano derecha, en un intento por quitarse su expresión de enojo de su cara.
—Yo...lo siento —Darién logró decir en un hilo de voz, sin esperar respuesta de Serena, corrió lejos de ella, pasando a una Amy quien tenía también un ceño fruncido. Él no le prestó atención a ella o a nadie más.
Amy parpadeó una vez antes de volverle brindar su atención a Serena. La pobre estaba llorando y para quién no la conociera, podría parecer que algo trágico le había pasado por la forma que las lágrimas brotaban libremente.
La joven genio se acercó a su amiga, le puso una amable mano en el hombro y sonrió mientras decía que desde el principio había sido una mala idea.
—¡Todo por esos tontos papeles! —Serena inhaló, aún llorando, su nueva ira casi cómica en contraste con la seriedad de la situación —¿Qué son? ¿Qué crees que ese bobo quería esconder?
Lo gentil hubiera sido que Amy negara con la cabeza, tomará el brazo de Serena para llevarla lejos y dejar todo el asunto atrás, pero ella tenía una enorme curiosidad que empujaba la pequeña conciencia que decía "Estás invadiendo la privacidad de un hombre por nada"
—Estaba durante el ataque de un youma — dijo a su conciencia, racionalizando que él aún podía ser peligroso, así que ella estaba actuando correctamente mientras sacaba la mini laptop de Mercury.
Serena, más calmada, aprobó las palabras que permitirían saber porqué él estaba triste.
—Es un ensayo sobre lenguajes ideograficos —Amy mencionó, mirando el análisis en la pantalla. Tenía que agradecer la magia que le ahorró tener que asomarse al bote de basura o reacomodar papeles.
—Así que el chico especial también recibe malas notas —Serena dijo, decepcionada que fuera algo tan trivial lo que hubiera hecho que él le gritará —Se lo merece por antipático.
Ocho días de dicha tuvo Serena antes de volver a ser molestada por algún youma o su enemigo personal Darién.
A pesar de haberla llamado su amiga, después de de meses de intercambio de insultos, era difícil pensar en él de otra forma que no fuera "el antipático", además él le había gritado y asustado. No quería volver a verlo. Pero, el cruel destino jugó con ella de nuevo y ambos terminaron cruzando caminos de la forma menos esperada.
Ella había estado corriendo hacía su casa, emocionada ante la gran idea de un baile de máscaras en el cual habría una princesa de verdad, e incapaz de frenar a tiempo, chocó contra una familiar espalda.
—Cabeza de Chorlito, ¿por qué no me sorprende? —Darién dijo altanero, pero sin su habitual sonrisa, en lugar de eso sus labios eran una fina línea triste y sus ojos carecían de su regular resplandor.
Después de todo lo que él la había dicho, de la forma en que él la había asustado con su furia y tantos meses de soportar sus burlas, ella estaba cansada.
—¡Dejame en paz! — Serena detestaba ese apodo y al verlo, vistiendo un esmoquin negro, no pudo evitar en pensar en él bailando con su misteriosa amada —¿Por qué no vas y molestas a tu alma gemela?
Las palabras sonaron desesperadas, una súplica para que él la dejará en paz. En lugar de una reacción habitual de irritación o sonrisa burlona, Darién se puso pálido y más sombrío. Ella no pudo estudiar su expresión, pues él se marchó en dirección contraria a ella, caminando rápido para poner la mayor distancia que fuera posible entre ellos.
Una nueva rutina donde ambos estaban destinados a encontrarse como polos opuestos y repeler se tal magnetos.
Serena olvidó inmediatamente el altercado y volvió a su misión de ir a su casa, esperando ingenuamente que su padre la pudiera llevar como invitada.
En sus sueños, a veces, ella había bailado en un enorme salón digno de un castillo. En el hermoso lugar, un misterioso él la esperaba bajando la escalera, listo para tomar su delicada mano en la suya. En lugar de llenarla de felicidad, al despertar se sentía nostálgica.
Pese al desalentador sentimiento, Serena quería ir al baile de máscaras, pues una parte de ella añoraba volver a bailar con el hombre de sus sueños una vez más.
—Me permite está pieza —un joven de cabello negro y con un elegante frac tendió una mano hacía ella, sacándola de su mente por un breve segundo.
Serena se había conseguido meter a la gala gracias al poder mágico de la pluma-P, un objeto invaluable que conseguía cambiar su imagen y darle información que ella nunca había aprendido. Incluso podía conducir un bote con la ayuda de la pluma mágica así que ella podía bailar con elegancia también.
En ese momento, vestida con un hermoso vestido rosa con decoración de flores, Serena parecía la imagen de una verdadera princesa venida de una tierra muy lejana.
El hombre frente a ella, con su máscara blanca de dominó y su impecable traje negro, podría hacerse pasar por Tuxedo Mask, sin embargo, en lugar de su héroe enmascarado, los pensamientos de Serena fueron a otro hombre. Darién, vestido de negro bailando con su alma gemela. La idea de que él sí fuera feliz y ella no le parecía injusta.
Su rostro mostró inmediatamente su descontento y por sus labios salió un gruñido molesto. Cada vez que pensaba en Darién su humor empeoraba.
—No era mi intención incomodarla —el hombre se disculpó, su mano volviendo al lado de su traje, despues de otra breve disculpa, se retiró para desaparecer en un mar de personas vestidas como él.
Ella parpadeó mientras reflexionaba en la oportunidad perdida. Incluso aunque un tercio de su rostro había estado ocultó, su nariz, labios y barbilla eran suficientes para saber que él era un hombre apuesto. Del tipo de hombre que le gustaban a Serena.
Estaba decepcionada consigo misma, una pescadora que había perdido su pescado por estar pensando en aves. En esa situación, deseaba un poco de soledad para dejar sus emociones surgir. No sabia si estaba triste o enojada.
Fue a tomar aire en uno de los balcones, dejando que la brisa de la noche enfriará sus emociones encontradas. De nuevo, las imágenes borrosas de un castillo blanco aparecieron en su mente, acompañadas de una increíble nostalgia.
—Tss, Serena —Luna brincó al barandal y tocó la mano de la joven con su pata —Sentí una energía oscura en el piso de arriba.
—Por supuesto — Serena apretó su mandíbula, harta del día y de los youmas, pero incapaz de poder hacer más que aguantarse y pelear — ¡Por el poder del prisma Lunar, transformación!
Tras un halo de luz rosa, la guardiana de la luna ya estaba vestida para el combate.
Saori era una hermosa mujer de castaño cabello lacio. Era hija de un inspector de policía y por eso era normal haber sido invitada a un evento de tal magnitud como era la gala de la Princesa Di, con el único problema de que su padre le dio un pase doble.
Para un novio que Saori no tenía o quería poseer.
Después de largas horas de revisar expedientes de casos, tenía una aprehensión de formar relaciones con hombres. Incluso los que le agradaban eran insufribles.
Incluido el joven al que ella había invitado para no desperdiciar el pase y al que llevaba buscando por más de una hora.
Tiene puesto un smoking, debería ser fácil encontrarlo entre tantas personas con fracs y sacos comunes...pero no, Darién tiene que desaparecer, quizá todos tienen razón y él está en malos pasos.
Era algo que le dolía, pensar que aquel niño amable de la preparatoria se había vuelto un delincuente. Ella lo había invitado para observarlo mejor, pero en un lugar con tantos objetos de valor, quizá ella había cometido el mayor error de su vida.
Había rumores de escapadas del salón a mitad de clase, moretones y que al menos dos veces algún policía lo había encontrado vagando cerca del área de algún crimen, esas eran alarmas que sonaban con fuerza en la cabeza de Saori mientras lo buscaba en el piso superior.
—¡Auxilio! ¡Un monstruo! — una voz aguda gritó desde uno de los pasillos exteriores.
Saori no pensó mucho para correr en rumbo de la persona que ocupaba ayuda, pero tras casi tropezar en un mal pasó, se sacó las zapatillas y aún sosteniendo una continuó corriendo para llevar a cabo su rescate.
En un mundo lleno de noticias de muerte, tortura y violación, Saori esperaba encontrar a una niña siendo acosada por un hombre. Al salir por la puerta de madera, pudo ver a la elegante Princesa Di al lado de un hombre que la tenía sujetada por el brazo y Saori tomó medio milisegundo para observar la situación.
La princesa tenía cabello rojo corto, lentes de armazón grueso sobre una fina nariz aristócrata y un vestido digno de la realeza roto en algunas partes. El hombre vestía un esmoquin, su cabello negro partido a la derecha y le sacaba al menos una cabeza a la niña.
Había encontrado a su cita.
—¡Darién! —Saori gritó, una furia roja envolviendo su visión, aceleró hasta estar a unos pasos de él dispuesta a matarlo por su descaro, su arma lista en la mano para golpearlo y su cuerpo temblando de ira.
Antes de poder golpear con su zapatilla la cabeza de él, este calló sobre sus rodillas, respirando con dificultad en el suelo y en obvia agonía.
—¡No! ¡Oh, no! —la princesa gritaba histérica —¡Ayuda! ¡Un monstruo! ¡Por favor!
Ante los ojos sorprendidos de Saori, un verdadero monstruo verde estaba avanzando hacía ellos tres, pese a tener brazos y piernas, estás eran demasiado largas, y su rostro humanoide era deforme.
—El cristal princesa —la cosa siseó.
—¿Hablas del diamante? ¡No lo tengo conmigo! —la princesa gimió, temblando como una hoja, intentaba esconder su cuerpo detrás del de Darién aunque su vista estaba fija en el monstruo.
—Yo te lo daré si la dejas ir —Darién dijo casi jadeando, logró incorporarse un poco, lo suficiente para sentarse, y al ver a Saori la miró confundido pero continuó —A ella también. Déjalas ir y te daré el diamante.
El monstruo sonrió, mostrando dientes amarillos. Después, se lanzó al suelo, y aunque Saori logró jalar a la princesa Di hacía, fue incapaz de sacar a su cita del alcance del monstruo.
—Dámelo primero y luego pensaré si las dejo ir — el aliento del monstruo movió el cabello de Darién, quien tenía ambos brazos detrás él, sometidos por una larga mano que amenazaba con romper sus muñecas —Pero no lo tienes, pequeño mentiroso.
Saori podía ver el rostro adolorido de Darién, quien era incapaz de desafanarse del agarre pese a sus mejores intentos. Desesperada, buscando salvarlo, ella lanzó la zapatilla contra la cara del monstruo.
El golpe fue certero, lamentablemente.
—¡Agh! —Darién lanzó el grito agudo de una persona sufriendo, lanzado su cabeza para atrás y moviendo su cuerpo con desesperación . Saori dió un paso para adelante, buscando acercarse pero eso solo causó que el monstruo volviera a lastimar a Darién.
—¡Grita! ¡Grita más fuerte! — la cosa jadeó, despues pateó la espalda de su rehén, quién cayo sobre una mano derecha buena y una izquierda que estaba en una posición unnatural. Despues, llevó su larga mano al cabello de Darien, sus uñas rasgando la frente del muchacho al momento de sujetarlo por las entradas.
—¡Sueltalo y nadie saldrá herido! —Saori logró decir pese al nudo en su garganta, pero su súplica ignorada.
—¡Qué grites! — el monstruo sujeto el brazo derecho de Darién y ante los ojos atónitos de las dos mujeres lo rompió, consiguiendo el desgarrador grito que tanto deseaba.
La princesa Di no pudo soportar el peso de su cuerpo y cayó sentada en el suelo, ladeando su cabeza de un lado a otro y Saori volvió a intentar dar un paso hacía él, incluso si moría, no podía quedarse con los brazos cruzados .
—¡Tiara Lunar! ¡Acción!
El haz de luz fue suficiente para hacer que Saori tuviera que ocultar su cara, y aún así sentirse ciega por varios segundos. Pudo escuchar los pasos de una persona dirigirse a Darién, por el sonido deducía que eran botas de mujer.
Sailor Moon adoraba las poses de entrada. La emoción de ser admirada mientras decía alguna frase triunfal siempre era lo que la terminaba de convencer de entrar a la escena de la batalla.
Pero esa vez, el grito de Darién hizo que olvidará todo su teatro de aparición y fuera directo a lanzar su ataque más poderoso, arrojando la tiara con mucha más energía de la que usaba normalmente.
Al terminar, sintió sus piernas temblar, su cabeza comenzó a doler y sus ojos ardían. Su cuerpo suplicaba tirarse al suelo y dormir por varias horas, pero aún así, lo ignoró para correr rumbo a Darién, quién estaba gimiendo en el suelo, cubierto del polvo del youma.
Sailor Moon se agachó sobre una rodilla para verlo más de cerca, su mente ignorando la sangre caliente que se pegaba en su piel. Estaba más enfocada en el hueso roto que se asomaba por su piel morena. Ella deslizó su mano sobre la herida y suplicó a su magia que lo curará.
—¿Quíen eres? — una guapa mujer se hincó al otro lado de Darién, quien se tragaba los gritos de dolor entre sus dientes apretados e inhalaciones forzadas.
—Sai..lor —Darién consiguió sacar las palabras cortadas, e intentó levantar su cabeza para ver mejor a la heroína — ¡Uff! yo...¡agh!
—¿Eres Sailor Moon? —la mujer preguntó tras lanzar una mirada a la cara tensa de Darién, tras recibir solo un pequeño gesto afirmativo, Saori acarició la frente sudada del herido, despues se puso en pie —Voy por un médico, siempre hay uno cerca en caso de emergencia.
La joven héroe apenas registro las palabras, ocupada en llevar su magia a él. Había un pequeño brillo dorado sobre la herida, y eso debía ser muestra de que algo estaba funcionando.
—Nadie se ira de aquí hasta que me entreguen el fantasma del Cristal de Plata — una voz familiar dijo desde detrás de la princesa Di.
Sailor Moon sintió su sangre irse al ver a aquel hombre. Vestido en su uniforme gris, su largo cabello castaño moviéndose con el aire y una sonrisa triunfante, el general Nephrite había aparecido.
Notas:
Al principio intenté que toda la trama siguiera solo a Serena, pero pues al final necesitaba una razón para la que Darién también estuviera en la fiesta.
En datos curiosos, Tuxedo Mask en realidad viste un frac y no un esmoquin (Tuxedo en inglés). Toda mi infancia fue una mentira.
Aunque ustedes no lo vieran, la razón por la que Darién se encontró con la princesa Di es porque Tuxedo Mask fue a tomar aire tras ser rechazado por Serena, se destranformó y ahí, sin saber cómo llegó al último piso o la última hora de su vida, Darién se descubrió peleando un monstruo.
Gracias por leer.
