Capítulo 4
Desde la primera vez que Serena se transformó en Sailor Moon, siempre había contado con la ayuda de su príncipe enmascarado: Tuxedo Mask, gallardo y guapo, aparecía en el clímax de la batalla con flores rojas, palabras dulces y un milagroso rescate.
Una vez, él la había seguido a un mundo paralelo para ayudarla a salvar camiones llenos de pasajeros, apareciendo como un ángel guardián en el cielo. Aún así, ella no esperaba que él apareciera todas las veces o la salvará de todos los golpes.
Pero en ese momento, mientras Sailor Moon sostenía su mano a centímetros del hueso salido de Darién, con un enemigo poderoso frente a ella y solo una mujer sin zapatillas como defensa, buscó en las sombras a su héroe.
Jamás había deseado tanto su ayuda. Ella creía, inocente, que él sería capaz de salvar a Darién.
El brillo dorado sobre la herida aún seguía presente, pero ella tenía sospechas de que si dejaba de canalizar su magia a él, Darién no sobreviviría la noche. Sus ojos estaban llorando del cansancio y tenía un dolor de cabeza en la nuca causa a la magia que le estaba dando, así que no se movería de su posición hasta que fuera necesario.
—Ese hombre está herido —la única mujer adulta del lugar dijo con firmeza al general oscuro, a diferencia de la princesa, la mujer tenía total control de sus emociones y estaba haciendo lo posible para buscar una solución—No servirá de rehén.
—¿Rehén? —Nephrite preguntó en burla—No necesito tal cosa. Denme el fantasma del Cristal de Plata y los dejaré en paz, incluída tú, Sailor Moon.
La Princesa Di había caminado como cangrejo hasta pegarse contra la pared, sus lentes de armazón grueso se le habían caído de la cara dejando al mundo por fin ver la belleza de sus facciones que hubieran sido más resplandecientes de haber estado sonriendo y no llorando.
Ella observó la figura del hombre herido en el suelo y se forzó a hablar desde su posición en el piso, aún temblando como hoja y ojos rojos por tanto llorar.
—No tengo el diamante conmigo, pero se dónde está.
Varios pares de ojos la miraron. Las otras dos mujeres aterrorizadas y el general oscuro malhumorado, como si ella lo hubiera ofendido con su voz, pero a diferencia del monstruo, Nephrite no se movió para atacar a nadie.
Tras revisar de nuevo la cara de la princesa, el general hizo aparecer un objeto brillante en su mano derecha. Era más grande que su puño y brillaba a la luz de la luna con un hermoso resplandor cristalino. Sailor Moon jamás había visto una joya tan hermosa en su vida, pero el general lo miraba con desdén.
—Este diamante no es el fantasma del Cristal de Plata—Nephrite lanzó el objeto a los pies de la princesa, quien lanzó un grito agudo de terror y cerró sus ojos aterrorizada.
Sailor Moon escuchó pasos fuertes corriendo por el pasillo, pero el general no desvió su vista de las dos mujeres frente a él. Dió un paso al frente y Saori se mantuvo firme en la posición de defensa, manos extendidas, dispuesta a dar su vida por Sailor Moon y Darién hasta el final.
Su intentó fue inútil, pues Nephrite se teletransportó detrás de Sailor Moon, alzando su figura sobre ella y dejando pocos centímetros de distancia entre él y ella, viendo a sus víctimas con una cara de piedra.
Sailor Moon mantuvo su mano sobre la herida abierta y no sé atrevió a mirar tras de ella, porque entonces hubiera sido incapaz de seguir curando a Darién.
Sentía que era su última oportunidad. Tragó saliva y envió tanta energía como pudo al herido, indispuesta a dejarlo morir. Él se había desmayado del dolor y soltaba de vez en cuando gemidos de agonía, pero seguía vivo, así que su magia lo podía salvar. Ella era su única esperanza y no lo defraudaría.
Mientras miraba la cara pálida volverse borrosa, los párpados cerrados de Darién la hicieron pensar que no volvería a ver sus ojos azules nunca más.
Tras lanzar el resto de su energía a Darién, el cansancio fue demasiado. Todo su cuerpo temblaba y lo único que podía ver eran manchones grises sin forma, pudo escuchar a alguien gritar su nombre y después, fue tragada por la oscuridad.
—¡Ya está despertando! —una voz, Rey, gritó emocionada.
—Serena, por favor, ¡despierta! —suplicó Amy, una de sus manos sosteniendo la de la convaleciente como si temiera lastimarla.
Serena abrió sus ojos para ver las caras de sus amigas, aún en sus uniformes Sailors, mirándola con ojos vidriosos. Por encima de ellas, se alzaba la luz del amanecer, pintando el cielo de colores rosas.
Por la textura de su ropa en su cuerpo, la joven heroína tenía la correcta sospecha de que seguía siendo Sailor Moon pese a haber estado inconsciente por al menos siete horas. Todos sus músculos quemaban como si hubiera hecho ejercicio y tenía una pequeña jaqueca pero fuera de ello se sentía bien.
—¿Qué pasó? —preguntó mientras se sentaba. La mano de Mercury ayudando detrás de su espalda a sostenerla le permitía no caerse —¿Corrí un maratón o un carro me atropelló?
Las otras dos Sailors de vieron con duda, despues Mars negó con la cabeza aunque sus labios formaron una amable sonrisa.
—Nada de eso. Al menos que Nephrite pudiera llevar un carro al último piso de una mansión. Bueno, tal vez si puede, pero no había ningún carro.
Sailor Moon recordó la silueta de Nephrite sobre ella, pero había muchos detalles borrosos, como si fueran parte de un sueño. Incluso, en su mente adormilada, existía la memoria de un niño vestido de impecable blanco y un jardín lleno de flores de todo el mundo en donde ella había estado por breves segundos.
Cuando intentó agarrar ese recuerdo, este se esfumó entre sus pensamientos, desvaneciéndose de su mente como agua entre las manos, dejando solo una sensación molesta por haber olvidado algo pero nada más. Sailor Moon apretó sus ojos y llevó una mano a su cabeza intentando desaparecer, también, su migraña.
Además del sueño, había algo muy importante que era incapaz de recordar. Derrotada y harta de tantas sensaciones dejo su transformación ir. Tanto volverse Sailor Moon como volver a ser Serena aceleraba sus poderes de curación, y por eso, cuando perdió el traje, su migraña desapareció aunque sus músculos seguían dolidos y le era más difícil moverse.
Mercury y Mars siguieron su ejemplo, apareciendo vestidas con elegantes vestidos de noche y bien maquilladas, en sus caras no existía muestra alguna de que habían pasado la noche en vela pero Serena sospechaba que ninguna de las dos había dormido.
—¿Qué pasó con Nephrite? ¿Pelearon con él? — Serena preguntó a sus amigas cuando estás terminaron de destransformarse.
—Ese cobarde huyó —Rey bufó —¡La próxima vez lo mataré!
Serena palideció ante el veneno en la voz de Rey, quien había recuperado su furia al ver que su líder ya estaba mejor y su preocupación fue cambiada por las dulces llamas del deseo de venganza.
Por un segundo, tanto rencor no tuvo sentido para Serena. Nephrite no había herido a nadie, en cambio el youma..
—¡Darién! —Serena gritó el nombre en sorpresa. Él había estado gravemente herido, incapaz de defenderse de nadie y ella se había desmayado (una parte de ella recordaba que alguien sujeto su pecho antes de que pudiera caer sobre él). Su preocupación, sin embargo, no duró mucho y fue reemplazada por enojo. Él no debió haber estado ahí—¿Qué pasó con el tonto Darién?
—Lo llevaron a un hospital —Amy contestó sin perder la compostura pese al raro cambio de humor de Serena —Una de las otras víctimas, una mujer, lo acompañó.
Serena recordó a la bella mujer de la noche anterior. Había sido tan valiente, poniéndose como escudo humano sin temor por su vida, y había un aire de madurez en ella tan poco común en las personas pese a ser adultas que la volvía lo que Serena llamaba "una verdadera dama"
Ella debía de ser el alma gemela de Darién. Era demasiado buena para él, pero esas cosas del amor nadie las decidía.
Después de intercambiar detalles de las batallas, las tres chicas volvieron a sus casas, Serena no sabría de Darién sino hasta varios días después por obra del destino.
Una vez cada dos meses, la familia Tsukino visitaba a Liar. Como él trabajaba en el hospital, los cuatro miembros decidieron comer en un restaurante cercano mientras esperaban la salida del enfermero para hablar sobre los arreglos matrimoniales pese a estar a cuatro años de distancia.
Sammy era el menos feliz por la situación, pues odiaba los hospitales y le desagradaba Liar. Consideraba al hombre muy viejo y feo para Serena. Desde que supo que el enfermero era el futuro marido de su hermana, un pequeño Sammy de cinco le tiró una taza con té caliente. Liar lo esquivó y rió lleno de humor ante lo ocurrido.
Aún así, el resto de la familia siempre tenía sus ojos sobre el niño, pues sus acciones para demostrar desagrado nunca habían parado, incluso cuatro meses atras decidió empujar a Liar contra una bicicleta y se negó a disculparse fingiendo inocencia.
Serena desvió los ojos para no ver cómo Sammy metía palillos de dientes en sus bolsillos en lo que ella sospechaba era un plan para lanzarlos despues a la cabeza de Liar cuando nadie lo viera. Supuestamente, ella debía detenerlo pero prefirió ver a los demás comensales e ignorar la orquestación del crimen.
Fue mientras miraba al resto de las personas comer que vió a una mujer familiar sentada sola a dos mesas de distancia de la familia Tsukino. La mujer estaba jugando con el popote de su baso y parecía estar distraída en sus pensamientos, pero la alma gemela de Darién era inconfundible.
Serena se puso de pie, explicó a su familia que tenía que saludar a alguien y en unos cuantos pasos terminó en frente de la mujer que noches atrás no había dudado en enfrentar a un general oscuro pese a carecer de magia.
—¿Puedo ayudarte en algo? —la "alma gemela" de Darién preguntó cortésmente, sus ojos verdes eran tan gentiles que bien podrían pertenecer a una madre preocupada que había sido sacada de los pensamientos de su hijo enfermo.
—Soy conocida de Darién...
La estudiante de secundaria atinó a decir, insegura de como proseguir con la plática. La mujer observó a Serena antes de invitarla a sentarse con ella.
—Soy Saori —la mujer dijo inclinado su cabeza en saludo —No recuerdo habernos visto antes señorita...
—Serena, me llamo Serena, ¿Cómo está él? — preguntó Serena mientras su mano buscaba una servilleta para secar el sudor en las palmas de sus manos.
Saori sonrió por primera vez, como si acabara de descubrir algo con esa simple pregunta.
—Es casi hora de visita, si quieres puedes venir a verlo conmigo.
Serena accedió con la cabeza al instante, demasiado feliz como para reflexionar que le había quitado tiempo a solas a dos personas que ella consideraba almas gemelas. Necesitaba verlo en persona para asegurarse de que estaba bien.
Después de explicarle a su familia, con medias verdades, que iba a ver a una persona en el hospital, Serena acompañó a Saori por los blancos pasillos del hospital hasta llegar a un cuarto que por fuera tenía una placa con el nombre completo de Darién. Se apellidaba Chiba y eso no sorprendió mucho a Serena, como si siempre lo hubiera sabido.
Al acercarse, escucharon la voz familiar de Darién, después una carcajada que le pertenecía a un hombre completamente distinto. Saori se tensó un poco, intentó frenar el caminar de Serena, pero está continuó su paso largo para terminar justo en medio de la puerta abierta, lista para saludar a su "enemigo" ignorante de las reservas de Saori.
Lo que vió dentro le congeló la sangre y borró la sonrisa alegre de su cara.
Parado a un lado de la cama de Darién, vestido con un traje ejecutivo gris y con el mismo largo cabello castaño ondulado, estaba Nephrite. Sus horribles ojos azules cayeron sobre la figura de Serena, viéndola con fingida curiosidad y sin rastros de la carcajada que había realizado segundos atrás.
El hombre miro a un persona por detrás de la adolescente y dibujo una mueca amable mientras hablaba con una voz demasiado agradable para el oído. Era una voz que Serena había aprendido a despreciar desde su primera batalla y no pudo evitar tensarse al escucharla.
—Señorita Saori, ¡Que sorpresa! Pasé con nosotros.
Nephrite y Saori eran las máscaras perfectas de adultos comportándose pese a un mutuo desagrado, en cambio Darién miró a Serena como si ella fuera su enemiga número uno, ignorando por completo a los otros dos. Ella sintió su sangre hervir al ver su cara.
Saori intentó sujetar el hombro de Serena, dispuesta a disculpar las molestias y marcharse del lugar para llevar a la niña a un lugar seguro, más esta le ganó la jugada y se metió al cuarto con un firme paso, dejando la mano de Saori volando trás de ella incapaz de sujetarla.
Serena odiaba a Nephrite, pero en ese momento, incluso aunque tenía un brazo enyesado y una mano vendada, la ira que sentía hacia Darién era mucho mayor, lo suficiente para cruzar sus brazos frente a él y lanzarle una mirada llena de rencor.
Él estaba compartiendo carcajadas con un peligroso enemigo de Sailor Moon mientras que ella aún tenía que lidiar con músculos cansados por salvarlo y aún así él tenía el descaro de mirarla como si la odisea.
—Cabeza de Chorlito —Darién dijo con desprecio, olvidando que había dos adultos en el cuarto por completo. Su ceño fruncido y una mueca de disgusto en sus labios lo hacían ver bastante infantil.
Serena estaba apunto de sacarle la lengua pero fue detenida por un grito de sorpresa.
—¡Darién!— Saori se colocó detrás de Serena y lanzó una mirada desaprobadora que sacó toda la altanería del muchacho, quién se puso rojo por la vergüenza y desvió la cabeza hacía las sabanas azules sobre sus piernas como un niño regañado por su maestra.
Darién tragó saliva, después vió de Nephrite a Serena una vez antes de volver a hablar, su tono más humilde y reservado.
—Maxfield, te presento a Serena. Serena, este es Maxfield.
—Serena quería verte pero iba a ser rápido, ya tenemos que irnos —Saori dijo con calma, despues sujetó el brazo de Serena y la jaló con ella mientras se iba fuera de la habitación. Reconocía a Nephrite como el hombre de la fiesta y quería poner a salvo a la Serena, pero esta última no se dió cuenta de qué estaba pasando por la mente de la otra mujer.
En esos momentos, el único pensamiento racional en la cabeza de Serena era Nephrite y Darién estando platicando como amigos de mucho tiempo atrás, como grandes aliados. La idea volvía su estómago un nudo y su furia hacía Darién creció.
Pese a no quererse ir y dejarlos solos, Serena se dejó llevar hasta un pasillo lejano y después, Saori dio una disculpa por lo ocurrido, luego le dijo que tenía que decirle algo a Darién y se despidió de Serena con una cordialidad que no traicionaba el terror de su corazón.
Aún así, los pasos apresurados de Saori sacaron a Serena de su furia y ella recapacitó en su extraña actitud y no pudo evitar sentirse como una tonta. Aún le faltaba mucho para entender a los adultos, pensó mientras se recargaba contra la pared.
—¿Serena?
Una voz familiar la devolvió al hospital y los hombros de Serena se tensaron en espera de que el dueño llegara a su lado. Ella había sabido desde el principio que al entrar al hospital las posibilidades de cruzar caminos eran altas, aún así, no esperaba verlo tan pronto.
Vestido con un traje bien planchado de enfermero, caminaba feliz hacía ella, su prometido Liar. Ella se pegó más contra la pared y fingió una sonrisa. Nunca habían estado los dos solos y él también reparo en el hecho trás voltear hacía ambos lados del pasillo, pero su rostro no cambio mucho al notarlo.
—¿Qué ocurre? — Liar puso una enorme mano amable sobre el pequeño hombro de ella y antes de que Serena pudiera procesarlo la estaba abrazando, llevando la mano de su hombro a detrás de la espalda de Serena, con lo que le prohibía alejarse —Todo está bien, mi otra mitad.
Desde que ella tenía memoria, a él le gustaba llamarla así, pero rara vez lo hacía porque Kenji, el padre de Serena, siempre aclaraba su garganta y se sentaba más derecho en su asiento. Quizás, si Serena hubiera sentido algo por Liar, el apodo la pudo haber alegrado, en su lugar, sintió escalofríos recorrer su piel y su sangre irse de su cara.
El abrazo era inocente, carente de la pasión de las películas. Ni siquiera la estaba abrazando con las dos manos, pues su mano derecha seguía en el costado de él, aún así, el corazón de Serena era un caos mientras que el resto de su cuerpo estaba tensó en anticipación.
Él la apretó contra su cuerpo y susurró el nombre de Serena sobre su cuello como una asquerosa serpiente, dejandola helada. Después, su mano derecha acarició el cachete de ella y limpió una lágrima que había escapado de sus ojos. Ella finalmente pudo alzar su cara para ver la de él aunque le costaba verlo directamente.
Los ojos de Liar brillaban con afecto mientras acariciaba el mentón de Serena y después, esa misma mano fue a parar entre el cabello y el cuello de la joven, sosteniendo su cabeza. Ella tragó un pequeño sollozo que alzó sus hombros pero eso no detuvo a Liar. Él acercó sus labios a los de ella y Serena no hizo nada para evitarlo.
Su primer beso. El beso del verdadero amor que prometían las novelas. Bello y capaz de hacer mariposas volar en el más frío invierno.
Y ella lo odiaba. Todo era mentira. Una cruel farsa. Su mente y cuerpo estaban paralizados y ella lo único que sabía es que quería que todo acabará pero no sé movió incluso cuando él lo hizo más profundo.
—¡Aléjate de ella! ¡Desgraciado!
Alguien apartó a Liar de su cuerpo, en un rincón de su mente Serena imaginó a Tuxedo Mask saltando a su rescate y finalmente escapó del terror que la había abordado desde que la mano de Liar tocó su hombro.
Ante su sorpresa, el hombre que había apartado al enfermero de ella era Darién, quien pese a tener aún lesionada la mano izquierda, la uso para lanzar un puñetazo contra Liar, sin embargo, este no parecía tener intenciones de pelear y esquivó el golpe retrocediendo un paso.
Liar miró a Serena con una nueva comprensión, después observó al obviamente debilitado Darién y a otros dos hombres que habían llegado corriendo detrás de él. Serena también los vio llegar, un doctor que apenas podía contener su aliento tras haber corrido y a Nephrite que no tenía ni un cabello desordenado más de lo habitual.
—¿Qué ocurrió? — el doctor preguntó nervioso, viendo a Serena de reojo pero su pregunta fue dirigida a Liar.
—Este loco me atacó —Liar dijo y comenzó a caminar hacía Serena y Nephrite tuvo que apresurarse a sujetar a Darién para evitar que golpeará de nuevo a Liar —Asusto gravemente a mi alma gemela con su violencia.
La única persona que abrió más los ojos que Serena fue Darién, quien la miró suplicando que ella negará las palabras de Liar. Al recibir solo silencio de ella, él negó con la cabeza.
—¡Esta mintiendo! — Darién gritó enfurecido, ignorando por completo que otro enfermero llegó al lugar con una jeringa en mano, listo para someterlo.
—Joven Chiba, por favor, detenga está locura.
—¡No estoy loco! —Darién volteó a ver al doctor con furia, pero al ver como Liar ponía su brazo sobre los hombros pequeños de Serena devolvió todo su odio al enfermero —¡Suéltala! ¡Tú... tú...pervertido!
—Vuelve a jugar con tu amigo imaginario —Liar soltó las palabras con tal veneno que Serena no pudo evitar ver su normalmente gentil cara para asegurarse que había escuchado bien. En lugar de amabilidad Liar portaba el mayor gesto de soberbia que podía.
Estaba tan ocupada viendo a Liar, que no se dió cuenta cuando el otro enfermero inyectó el brazo de Darién para sedarlo. Cuando volvió sus ojos a su enemigo, este yacía entre los brazos de Nephrite, quien miraba al enfermero con furia contenida pero sin dar señales de verdadera amenaza.
Todo era muy extraño. De la peor manera posible. Y Liar seguía sujetándola.
Como un rayo de luz, Saori apareció entre los hombres, buscándola a ella sobre todos los demás. Al ver a la otra mujer, Serena finalmente comenzó a llorar, casi chillando, y buscó sus brazos como si fueran los de su madre.
Liar no tuvo otra opción que soltarla.
Al salir del hospital, acompañada por Saori y Liar (con Saori en medio), Serena vió a sus padres platicando afuera del lugar ignorantes de todo lo ocurrido, y aún desesperada por un abrazo familiar, corrió hacía ellos sin importarle sus escoltas.
Su mamá la sostuvo entre sus brazos, y con la mirada cuestionó a Liar.
—Un transtornado nos atacó —el prometido de Serena contestó, a su lado Saori apretó los labios pero aguantó el deseo de defender a su amigo. Liar portaba un moretón de donde Darién lo había golpeado y ella prefería evitar escalar la situación.
—La intención de Darién jamás fue a herir a alguien, estoy segura que fue un malentendido —Saori dijo diplomáticamente.
Serena se sintió mal al escuchar aquellas palabras. Quería decirles que Darién la había salvado, que él no era malo y ella estaba agradecida con él. Pero, todo el asunto, desde su silencio mientras era abrazada al asqueroso beso, la llenaba de vergüenza y deseaba ocultarlo. Olvidarlo.
—¿Podemos irnos, mami?— suplicó en voz queda desde la blusa de su mamá, indispuesta a ver el mundo en ese momento.
—Lo siento mucho Liar, pero debido a la situación, tenemos que volver a casa —Kenji se disculpo mientras se ponía entre las dos mujeres Tsukino y Liar.
—Entiendo. Después nos ponemos de acuerdo para la siguiente cita.
Ese día, sin lugar a dudas, era el peor día en la vida de Serena.
Todo el trayecto en el carro, la joven lo ignoró la plática de su familia, prefiriendo ver el cielo azul con los pensamientos perdidos en alguna nube blanca.
Al llegar a su casa, abrió la llave de la regadera para preparar la tina, insegura sobre todo lo ocurrido. Al cerrar sus ojos vió a Darién, muriendo en el suelo, uno de sus huesos saliendo por encima de su piel, y mirando a Sailor Moon como si fuera una aparición.
Después, lo recordó, aún herido, dispuesto a golpear a Liar aún al coste de lastimar más su mano. Luego, había caído al suelo drogado, su cabello negro ocultando su frente y sus ojos cerrados (como si estuviera muerto).
—¡Idiota! —murmuró antes de echarse agua a la cara.
—Serena —Luna brincó a una pequeña silla que siempre estaba en el baño y después al borde de la tina. Ella no se había dado cuenta de que la gata la había seguido —Tu comunicador sonó, era Amy. Algo está pasando en el hospital.
—¡Idiota!—Serena gritó, está vez insultnadose así misma. Entre lo ocurrido con Liar y el estado de Darién, había olvidado a Nephrite.
A diferencia del ya ausente (quizá muerto) Jadeite, Nephrite sacaba energía de un solo objetivo con increíble saña. Una persona a la que el mismo general tachaba como blanco para ser su próxima víctima.
Tan rápido como pudo, salió corriendo de su casa vistiendo solo una falda y camisa, ignorando el grito de su madre y con Luna siguiéndole los talones no tenía tiempo que perder. Su corazón palpitaba con fuerza dentro de su pecho.
Había sido una idiota.
Notas:
-Este cap no me gustó mucho. Pero pues necesito ánimos para escribir el siguiente cap, y quizá sí tengo reviews se consiga.
-Me he estado peleando con el autocorrector que se come letras y desaparece palabras. Así que escribir esto me fue un poquitín complicado.
-En mi mente, Darién iba a descubrir a Liar hablando con Serena en medio de la calle y ahí iba a saber sobre el alma gemela de Serena, pero pues cuando en el cap anterior se dejó lastimar de gravedad las cosas cambiaron...Serena es la que sufrió más por este cambio. Pobre.
Gracias por leer.
