Capítulo 7

Ambos estaban en cuclillas mirando hacía la calle en espera del siguiente camión. El silencio se había ceñido en ellos desde el principio y ninguno de los dos quería romperlo, incluso cuando llevaban más de media hora esperando sin éxito.

La calle era poco transitada, así que eran pocas el número de veces que los dos se ponían de pie y fingían llevar solo segundos esperando y miraban con los ojos al carro irse para volverse a poner de cuclillas. Pese al tiempo que transcurría y la cercanía, ambos estaban sumergidos en la seguridad de su pensamiento.

Serena pensaba en Saori. Amable y fuerte se había puesto en medio de Nephrite y Sailor Moon sin importarle nada. Eso debería parecerle romántico, algo digno de contar una y otra vez a sus amigas. En lugar de ello, le causaba tristeza. Luego, su mente saltaba a Nephrite fingiendo ser amigo de Darién que tampoco le causaba ninguna emoción positiva.

Mientras mas lo pensaba, la teoría romántica de Amy se volvía más ridícula. Recordó al general oscuro poner un paraguas encima de Darién, como si él fuera un niño y Nephrite su guardián. Después de todo Darién tenía a Saori así que desde el principio no existió ninguna posibilidad. Serena sintió una mano fría apresar su corazón ante esa idea pero no dijo nada.

Serena observó al horizonte, en espera de otro camión. Algo que se complicaba cada nuevo segundo, pues el sol seguía ocultándose para dar paso al abrigo de la noche sin preocuparse de que Serena aún necesitaba la luz. Para distraerse de su nuevo predicamento, Serena decidió observar a Darien. Sus ojos azules miraron las mejillas rojas y párpados cansados en un rostro preocupado.

Una parte de Serena sabía que si él no estuviera ahí, ella podría transformarse en Sailor Moon y volver a su casa sin ningún problema, incluso se vio tentada a cruzar la calle y tomar el camión que cruzó por el sentido contrario, pero la imagen de un Darién pequeño quedándose solo en la parada de camión la detuvo.

Serena comenzó a imaginar lo mucho que quería que Darién no estuviera ahí, pero él no desapareció o hizo movimiento alguno para indicar que se iba.

El tiempo siguió transcurriendo, llevándose el sol consigo, para dar paso a una tenue luz de luna que se filtraba por nubes grises cargadas de agua. Serena se abrazó así misma cuando se percató que ningún vehículo había cruzado en los últimos veinte minutos y un miedo comenzó a empezar a recorrer su cuerpo al darse cuenta de la hora. Su reloj interno le indicó que llevaba una hora esperando y su hora de llegada a la casa estaba por llegar.

Media hora después, Serena caminaba nerviosa de un lado a otro, Darién, de pie, la observaba atento y de vez en cuando volteaba de un lado a otro de la carretera, buscando también alguna seña de humanos que los rescatarán. La noche había traído pequeñas lloviznas intermitentes que no alcanzaban a mojar pero lograban robar un poco del calor del cuerpo y ambos estaban dispuestos a pedir auxilio al próximo vehículo que pasará sin importar qué.

Después de dar varias vueltas, Serena admitió su trágico destino: Ya no iba a pasar ningún camión aunque ella fuera una bella damisela en apuros que tenía que llegar a su casa y comer la cena caliente de su mamá. Creía que el mundo la había abandonado, dejándola sola para morir de frío y hambre en la nada mientras que sus padres pensaban que estaba con alguna de sus amigas.

O quizá, ellos también la habían olvidado. A pesar de ser sus únicos padres, ellos ya no la recordaban y le iban a dar todas sus cosas a Sammy, despues iban a mirar la ropa de ella y decir "nunca tuvimos ninguna hija" "¿Serena? ¿Quién?"

—Noooo — Serena comenzó a llorar olvidando que Darién estaba ahí, metida en su propia fantasía— A pesar de que somos familia me olvidaron ¡Bua! ¡No es justo! Mamá, papa, Sammy... Si me olvidan..entonces yo los voy a odiar.

Todo lo había dicho en un arranque de histeria infantil, pues a pesar de ser una super heroína, seguía siendo una niña mimada que podía decir palabras sin temer a que se volvieran realidad. Eran amenazas vacías realizadas para hacerse olvidar del frío y la soledad, listas para ser olvidadas al siguiente segundo.

Darién, quién había estado a punto de burlarse porque ella estaba hablando sola, se detuvo en seco al escuchar las palabras de Serena. Algo similar al terror apoderándose de él y sintió sus energías abandonarlo.

—¿Dijiste algo? —Serena preguntó en cuanto se percató de que Darién estaba como estatua mirando hacia la carretera sin observarla. Ella creía haber escuchado su voz y aunque sabía que él no había hablado, tenía la necesidad de asegurarse de ello.

—Haces mucho ruido, Cabeza de Chorlito —Darién dijo sin mirarla— Además, ¿hablando sola? ¿Sabes que eso es un signo de locura?

—¿Dice quién? —Serena sacó su lengua y cruzó sus brazos —Si alguien está loco ese eres tú.

En lugar de recibir un insulto como ella esperaba, Darién se alejó más de ella y apretó con fuerza su maletín escolar al punto que iba a dejar marca de sus uñas en el cuero. Serena lo ignoró y volvio a su búsqueda de alguna seña de algún carro. La pequeña llovizna empezó a caer con un poco más de fuerza y ella bufo pero no hizo nada para protegerse más pese a tener su maletín en la mano.

Pudo sentir los ojos de Darién en su nuca y estubo a punto de gritarle algo cuando la luces de un carro comenzaron a asomarse en dirección a Juban. Serena sacudió su mano libre para pedirle que se detuviera y el conductor, obediente, se estacionó a pocos metros de la parada de camión, las luces del carro sobre los dos muchachos.

El conductor del coche bajo del carro, y gracias a la luz de su propio vehículo, Serena pudo ver la cara de Nephrite sonriendo con humor. Serena sintió su sangre irse de su cara e imagino que las próximas palabras del general revelarían que todo era una trampa. Serena llevó su mano a su broche, preparada para transformarse.

Antes de poder comenzar el conjuro, una mano cayó sobre su pequeño hombro. Ella soltó un grito agudo y brincó aterrorizada como si la mano fuera la misma muerte. Nephrite negó con la cabeza y caminó hacía ella, o más correctamente, a Darién, su cara de nuevo una máscara de arrogante cordialidad pese a estar temblando por el frío.

Serena lo observó más detenidamente. Incluso con poco luz podía ver que algo no estaba bien.

—Ella es tu "amiga" del hospital, verdad?

El tono de Nephrite se volvió sarcástico cuando pronunció la palabra "amiga", como si supiera un secreto que nadie más conocía. Darién lanzó una mirada a Serena y encogió sus hombros, después, para sorpresa de todos, el joven estornudo. El estornudo agudo que salió por sus labios similar al ruido de un pequeño animal.

Avergonzado, con ojos grandes como platos y cara roja como tómate, volteó a ver la cara burlona de Serena.

La joven aún tenía en su mente transformarse si Nephrite si este realizaba un movimiento dudoso, pero la forma en que Darién estornudo le pareció tan graciosa que tuvo que morder sus labios para ahogar una carcajada, porque burlarse de alguien a su cara eran muy malos modales y el general oscuro estaba ahí.

Ella deseaba estar con sus amigas y contarles ya sobre la forma en que su enemigo número uno estornudaba y la forma en que sus cachetes se encendían al estar avergonzado, en lugar de estar a pasos del general oscuro y Darién.

—Deberías ser más considerada conmigo, o si no, perderás el raite Cabeza de Chorlito.

Nephrite lanzó una mirada a Darién, quién la ignoró por completo, pues toda su atención seguía en Serena quién le sacó la lengua en cuanto escuchó el insulto.

—No me interesa tú ayuda —Serena dijo triunfal, dispuesta a rechazar lo que ella creía ser una obvia trampa para subirla al carro y llevarla a otra dimensión —¡Chu!, ya puedes irte con él...bye bye.

La actitud de Serena confundió a Darién. Él intentó buscar ayuda en el otro hombre, pero Nephrite se mantuvo al margen, observando la interacción en absoluto silencio, sus ojos fríos juzgando a ambos adolescentes como si fueran inferiores a él.

—Cabeza de Chorlito...digo...Serena — el muchacho intentó usar una voz amable, conciliadora —Estaba jugando, sí te vamos a llevar a tú casa. Te lo prometo.

—No me voy a subir a ningún carro contigo — O Nephrite, Serena pensó pero no agregó.

—Él es Maxfield, lo conociste en el hospital, te aseguro que es una persona responsable. Puedes confiar en él.

Serena alzó una ceja altanera a las palabras de Darién, incapaz de creer que él la creyera tan tonta como para subir al carro de un peligroso general oscuro. La llovizna comenzó a hacerse lluvia y Nephrite se devolvió a su carro, dejando a los dos adolescentes en un intercambio de miradas desafiantes.

—No iré contigo, tonto —Serena dijo y sacó su lengua.

—¡Vamos! No es momento para actuar como una niña. Tienes que volver a tu casa —Darién siguió suplicando, ignorando como Nephrite se acercaba a ellos cargando un par de paraguas.

Serena se sorprendió cuando Nephrite le extendió uno abierto y automáticamente lo sujetó, sin sentir ninguna energía maligna o sin que el objeto sacará murciélagos o alguna otra alimaña del mal. Pese a estar más protegida de la lluvia, debido al viento las puntas de su largo cabello seguían mojandose.

—Maxfield, ayúdame aquí. No puedo hacer entrar en razón a Cabeza de Chorlito.

Nephrite abrió el paraguas arriba de Darién, quién no hizo movimiento alguno para quitarle el mango al general. Serena se preguntó, una vez más, cual era la relación entre los dos hombres. ¿Seria posible que Darién fuera el jefe de Nephrite? ¿Amigos? ¿Aliados?

En ese momento, Nephrite parecía estar tratando a Darién como si fuera su mayordomo, cubriendo al joven del agua sin importarle su propio estado. El general oscuro, parecía dispuesto a completar esa imagen con sus siguientes palabras.

—El joven Darién, aquí, se disculpa profundamente por haberla insultado, señorita Serena —Nephrite dijo en un tono tan formal que ganó que dos pares de ojos azules lo vieran como si le hubiera salido otra cabeza.

—Esto no es un juego, Maxfield —Darién dijo, al darse cuenta que era el otro hombre quien cargaba el paraguas, acomodó su maletín bajo su brazo y le quitó el paraguas a Nephrite con fuerza y torpeza inusual en él —No le hagas caso, Serena.

La luz del carro iluminaba la piel pálida de Darién, sus labios morados temblorosos por algo que no era frío y ella sabía que las gotas que recorrían su cara no eran por la lluvia. Eso desarmó cualquier plan de insultar a Darién para que la dejara en paz.

—Eh...bien. en cualquier caso, prefiero esperar aquí a otro carro. No te ves bien, tal vez deberías irte a tu casa —Serena apretó el mango del paraguas y espero que la reacción de Darién fuera la de alguien que ya se iba.

—Maxfield, ¿no tienes celular? Para pedirle un taxi a Serena.

—No. Tú no sabes mi número y no quería que el celular me quitará tiempo de tu búsqueda —Nephrite explicó, un tono de desaprobación en su voz, intentado mantener su temperamento bajo control.

—Bueno...¿Puedes volver a la ciudad y mandar un taxi para Serena y otro para mí? Te lo pagó después.

Serena agitó su cabeza y se apresuró a intervenir en la conversación de los dos hombres.

—No, no es necesario. En serio, Darién. Te puedes ir — ella planeaba transformarse en Sailor Moon así que lo más conveniente era quedarse sola—En serio. No te ves bien ¡vete!

—¡No te voy a dejar sola! Es de noche, eres una niña en medio de la nada, esta lloviendo y hay gente muy peligrosa por ahí. No sé qué quieres...¡ya sé! Maxfield puede ir por tus padres y traerlos aquí, ¿eso estaría bien?

Él estaba desesperado y sus labios estaban temblando cuando terminó de hablar. Serena pudo ver gotas de agua,o sudor, caer por su barbilla, e incluso con la poca luz que les brindaba el automóvil de Nephrite, Serena podía notar la palidez de Darién y como le era más difícil estar de pie cada segundo. Algo no estaba bien.

¿Quizá Nephrite sí le estaba robando energías a Darién?

—Yo...

Nephrite observó algo en ese instante y tomó el brazo enyesado de Darién con una mano fuerte. Serena apretó sus puños, preparandose a revelar su identidad para salvar a Darién. Nephrite, sin embargo, tenía su vista fija en el yeso.

—¿Que haces? —Darién gritó mientras apartaba su brazo. Tambaleando un poco tras el movimiento. Serena se a acercó despacio motivada por la curiosidad, aunque su mano seguía lista para alzarse en el aire de ser necesario.

—Eso...¿Eso es sangre? —había una mancha oscura justo arriba del punto donde casi dos semanas atrás el hueso de Darién perforó su piel, y Serena sintió náuseas al verlo.

—No sé —Nephrite contestó sin apartar sus ojos de la mancha —. Hay algo extraño. Darién, ¿te sientes bien?

—¿Qué?... sí.

—¡La mancha creció! ¡O no! ¡¿Qué está pasando?! —Serena gritó al ver la mancha negra extenderse. Nephrite observó en concentración, después miró a la cara pálida de Darién. Sus cejas se ciñeron cuando golpeó el yeso y la mancha desapareció como si jamás hubiera estado ahí. Serena observo de la mano de Nephrite a su cara —¿Qué pasó?

—¿Qué fue eso? —Darién preguntó irritado.

—Te lo dire después de ir al hospital.

—¿Al hospital? —Darién preguntó enojado, vió a Nephrite como si fuera su mayor enemigo —No me iré de aquí hasta que me digas que fue eso. Además, no podemos dejar a Serena sola.

Nephrite respiró profundo, miró la cara asustada de Serena y después la enojada de Darién antes de usar un tono autoritario, amenazante.

—¡Sube al carro!

—¡No! —Darién gritó en respuesta, confrontando al general oscuro como si fuera una lucha de egos. La voz de ambos asustó a Serena, quién apretó con más fuerza el paraguas y recordó la última vez que Darién había estado en una pelea.

Lo habían sedado. Y mientras más lo pensaba, más su recuerdo de Darién tendido en el suelo del hospital, le recordaba a un hombre muerto. El mismo hombre que había sido atacado por un youma y que ella fue incapaz de proteger. Dos semanas después, algo le estaba pasando pero él estaba muy ocupado peleando para admitirlo y ella no podía hacer nada.

—Por favor. Basta.

Las palabras salieron de sus labios con suavidad, pero los dos hombres las escucharon con claridad. Nephrite giro sus ojos en malhumor, pero Darién fue incapaz de soportar ver a Serena tan tímida, suplicando algo que no sabía si se le podía dar.

—Lo siento. No queríamos asustarte Serena. Es solo que no vamos a dejarte sola.

—Entonces, vamos al hospital juntos —Serena dijo tragando un sollozo — Por favor.

Darién accedió con la cabeza.


Media hora después, los motivos para llorar de Serena cambiaron.

Serena sintió lágrimas formarse al ver la expresión de enojo de su padre al llegar junto a ella afuera de la entrada del hospital. En ese momento deseaba haber aceptado la propuesta de irse en Taxi de Nephrite pero por alguna razón, llamó a su casa desde la recepción del hospital y su padre gritó que iba ir por ella.

Ambos estaban parados en la entrada del hospital, esperando a que la lluvia se calmara para ir corriendo al carro y eso hacia poco para aliviar el mal humor del hombre.

—¿Por qué viniste al hospital? —Kenji preguntó mientras observaba a su hija por debajo del armazón de sus lentes, sin esperar respuesta, continuó hablando —Se que no te he dado tiempo a solas con Liar, pero, ¿no ir a la casa por venir a visitarlo a escondidas? ¿en qué estabas pensando?

Serena parpadeó un par de veces, después, la insinuación de su padre la sacó de su espiral de tristeza para llevarla a la indignación.

—¡No vine por Liar, papá! —dijo mientras cruzaba los brazos, sus labios apretados para mostrar su desagrado ante la idea.

—Entonces, ¿no llegas a casa a las ocho, tu hora límite, y llamas casi a las diez desde el hospital en donde trabaja tu alma gemela porque te pareció bonito el clima?—Kenji limpió su cara de una lágrima que escapó sus ojos —, yo también fui joven Serena.

—¡¿Qué?! Nada de eso —Serena se defendió —Yo... verás. Me equivoqué al tomar el camión...y..bueno..yo..

La expresión de Kenji apenas se modificó. El hombre ya había imaginado la razón por la que su hija estaba en el hospital, pues sabía que tarde o temprano su hija buscaría tiempo a solas con su alma gemela, pero le dolía la forma en que sucedió, a escondidas y en la noche. Como una delincuente.

Serena negó con su cabeza de nuevo y en el movimiento, pudo ver qué Darién y Nephrite estaban saliendo por la puerta del hospital. Nephrite cargaba con las dos paraguas cerrados, a su lado, Darién tenía un yeso que parecía completamente nuevo y en su mano buena cargaba una pequeña bolsa con medicamentos.

El mayor de los dos tenía su habitual cara de impertinencia, el otro parecía estar luchando una guerra contra su ira que hasta que la vio y su cara se suavizó al verla con su padre. Ella pudo ver el momento exacto en que los ojos de Darién se iluminaron, pero no pensó mucho al respecto.

—¿Aun sigues aquí? — el general preguntó a Serena, después, observó a Kenji con atención. Luego a Darién y de nuevo a Kenji —Usted debe ser el padre de Serena. Su hija fue de mucha ayuda.

—¿Ayuda?

—Sí. Darién aquí, tuvo complicaciones con su herida y su hija fue tan amable como para esperar con Darién a que yo llegará por él.

—Sí, mi hija siempre ha sido una joven muy considerada —Kenji admitió. Él reconocía a una persona con dinero y de la alta sociedad a leguas de distancia. Más importante aún, le agradaba que alabarán a su hija.

Serena y Darién intercambiaron miradas exactas de confusión, observando la conversación con cejas alzadas y bocas abiertas. El cambio de actitud de las otras dos personas sorprendiendo a ambos.

La joven scout dudaba de que fuera buena idea que el general oscuro conociera a su padre. En otras circunstancias la hubiera molestado, pero en ese instante, lo único que podía sentir era vergüenza, pues Nephrite siguió hablando, contando una historia de como Serena, "muy amable" había aceptado acompañarlos al hospital porque Darién ocupaba a alguien haciendo presión en la herida.

Serena sabía que eso no era verdad, pero la mención de la herida le recordó la mancha que había visto en el yeso poco menos de una hora atrás.

—¿Qué era lo que tenías?

—Una infección. Nada grave —Darién contestó, sus ojos no abandonaron a los dos adultos platicando como viejos amigos—. Es bueno que tu padre y tú hayan hecho las paces. La relación entre padres e hijos es imprescindible para un buen desarrollo y una vida feliz.

Las palabras sonaban como el tipo de palabras que Sailor Moon usaría algún día, así que Serena las guardo en su repertorio de ideas para usar en alguna batalla futura. A veces Darién podía decir cosas que eran útiles.

—Sí. Es muy importante —Serena sonrió con suavidad sin darse cuenta, mirando el perfil de Darién con cariño.

Kenji dijo algo y Nephrite carcajeó devolviendo a Serena al presente. En ese momento, el villano del Negaverso parecía un hombre tan normal que Serena hizo lo que hacía cuando una plática de su padre con sus asociados la aburría, comenzó a imaginar escenarios en su cabeza.

Al estar viendo la cara de Darién, la primera imagen que se le cruzó fue la de Tuxedo Mask con una flor en los labios, vestido con su perfecto traje negro, ojos azules brillando detrás del antifaz, una de sus manos suaves en su espalda y su cara bajando poco a poco hacia la de ella. Era tan guapo que ella quería besarlo.

—Tuxedo Mask —Serena susurró, cachetes rojos y una sonrisa de enamorada en los labios.

—¿Tuxedo Mask? —en su sueño, el héroe repitió las palabras, confundido.

Serena parpadeó y vio a Darién lanzando una mirada burlona. Su padre también la observaba como si ella fuera un bicho raro. La expresión de Nephrite era una de contemplación sin perder por completo rastros de su desdén hacía el nombre.

—¿Tuxedo Mask? ¿No era eso algo de un truco publicitario? —Darién preguntó confundido a Serena.

—Para nada —Serena colocó sus manos en su cintura, dispuesta a defender la existencia de su amado héroe enmascarado —Tuxedo Mask es un aliado de Sailor Moon.

—¿De Sailor Moon? —Darién repitió, intentando imaginar como aliado de Sailor Moon a algo que él solamente había escuchado como un truco publicitario —¿Tuxedo Mask es real?

—Sí —al ver que Darién seguía sin creerle buscó la ayuda de su padre —¿Verdad papá?

—No sale mucho en los periódicos, pero sí. Al menos hay tres recuentos de un hombre vestido de negro que ayuda a las Scouts. Aunque tiene otros nombres también, como el Hombre del Antifaz, Tuxedo Mask es un nombre popular entre los adolescentes—Kenji decidió intervenir en la plática.

—Sí, bastante real —Nephrite agregó con un poco de veneno en su voz.

Darién los miro a los tres y alzó los hombros en derrota.

—¿Y es amigo de Sailor Moon? — preguntó a Kenji.

—Probablemente novios —Kenji contestó. Si vio a Serena ponerse roja se lo achacó a que ella era una romántica y no a que estuvieran hablando indirectamente de ella.

—¡Imposible! —Darién gritó sin querer, despues al ver como todos lo miraron, se puso rojo y aclaró su garganta —Digo, solo por qué dos personas se ayuden no significa que sean pareja...bueno. en cualquier caso. Miren la hora...ya me tengo que ir.

Serena y su padre vieron a Darién salir del refugio de la marquesina con Nephrite apurandose a abrir un paraguas sobre el muchacho. Los dos Tsukinos esperaron a que los dos hombres estuvieran fuera de vista para hablar del curioso comportamiento de Darién. A quién ambos no dudaron en llamar "señorito".


...

Las pastillas giraron junto al agua y se fueron por el caño, llevándose las pruebas del crimen cometido contra ellas. Darién cerró la tapadera y se sentó a pensar un poco sobre todo.

Una parte de él se sentía mal por desperdiciar medicamento, pero la medicina tenía raros efectos en él. Le hacían ver u oir cosas, y después de la charla con Liar una semana atrás, Darién estaba consciente de que su libertad pendía de un hilo.

El alma gemela de Serena, el Pervertido, había conseguido un tiempo a solas con Darién en el hospital. El hombre, con una sonrisa de zorro, le recordó con palabras crueles, sobre su estancia en el mismo hospital diez años atrás.

"Eso me recuerda, joven Chiba" el hombre colocó su mano sobre el hombro izquierdo de Darién, sabiendo que Darién tenía sus manos literalmente atadas "Estás en la universidad pese a ser tan joven..demasiado joven... pero también eres demasiado joven para ir a un manicomio, ¿verdad?"

Darién sabía que fue Liar el que metió la denuncia a su universidad. Darién sabía a quién culpar de que lo hubieran expulsado. Pero le era difícil odiar al Pervertido por haber hablado con la dirección. Años atrás, cuando tenía quince, Darién sabía que estar en segundo de preparatoria sin haber cursado tercero de secundaria o primero de prepa era ilegal. Pero él jamás dijo nada. Tenía suerte de no estar en la cárcel por ello.

Cómo terminó dos años adelante de lo que debía era un misterio, pero él jamás lo investigo. Las personas a su alrededor vieron a un joven alto y reservado, por lo que aceptaron su aparente edad sin dudas.

Si el Pervertido no lo hubiera acusado, incluso con malas calificaciones, Darién hubiera podido continuar sus estudios. En el fondo, Darien sabia que la culpa era suya. Una semana y media atrás, sus planes fueron aniquilados porque él había hecho una estupidez al golpear al enfermero.

Él había estado seguro de que Serena había gritado, su sangre hirviendo la condujo a ella y él hizo lo que debía. Darién recordó el dolor en su muñeca tras haber lanzado el puñetazo. Aunque ese fue el comienzo del fin, Darién no lo lamentaba. Lo volvería a hacer si se le diera oportunidad.

Aunque no estaba feliz con las consecuencias.

Darién recordó la carta de expulsión que el maestro en letras le llevo personalmente al cuarto del hospital. El maestro se disculpo por no poder hacer nada por él, pues no solamente estaba el asunto de "el problema administrativo" sino de su descenso de calificaciones y salidas a mitad de las clases sin explicaciones.

Darien sintió frío al recordar los dolores de cabeza que le daban repentinamente y, en los cuales, si cerraba los ojos por varios segundos (o eran horas), al volver a abrirlos, estaba en un lugar completamente distinto sin saber cómo había llegado ahí. Últimamente, los periodos de fuga, no lo llevaban a otro lado que su apartamento, excepto por la de esa tarde.

A veces recordaba techos de casas y edificios, el olor de rosas y una figura delicada que se parecía a su amada. La mujer que él siempre supo que era real desde su infancia y que él estaba seguro que era Sailor Moon.

Su princesa.

—¿Todo bien? —Maxfield tocó la puerta y Darién se apresuró a cerrarla, cayendo torpe sobre la madera.

Estaba mareado, su brazo dolía donde lo habían abierto para hacerle la curación y sus ojos ardían gracias a una fiebre que no se le quitaba.

—¡Sí! —Darién gritó —¡Gracias por haber venido!

Esperaba que sus palabras pudieran correr a Maxfield, pero el hombre gustaba de quedarse en el departamento de Darién sin invitación. Lo que normalmente no le molestaría tanto.

Él amigo de su padre le era familiar. Si se esforzaba, la imagen de Nephrite pintando estrellas en el techo, aparecía como un recuerdo importante de su infancia.

Darién trago saliva y recargó su cabeza sobre la puerta del baño. Le habían dado antibióticos en el hospital, al principio no se percató de ningún cambio. Todo parecía normal. Hasta que llegó a su cuarto y una imagen lo asalto.

Maxfield vestido de un traje militar gris cerrando una pesada puerta de madera, listo para dejar a Darién en la oscuridad. Una fotografía de algo que había pasado. Pero no era real. Se quedó contemplando el techo hasta que el sueño lo abatió.


Una buena tarde de películas entre chicas era justo lo que las scouts necesitaban. Todas estaban reunidas en casa de Serena, sentadas en los sillones de la sala mientras disfrutaban de una película romántica.

Amy analizaba la película buscando entender cómo se había conseguido filmar la escena en la que el principe, gallardo, peleaba contra un monstruo en forma de gato gigante. Los efectos no eran los mejores, pero el uso de las luces era espectacular.

Lita apretaba sus manos con fuerza, intentado contener sus ansias de golpear al monstruo que le recordaba mucho a los youmas. Luna, astutamente, saltó hacia el suelo al notar las emociones que irradiaba la scout de Jupiter.

Rey, comía las palomitas con tranquilidad. Conocía la película a la perfección y era ella quien la sugirió. No era muy popular, pues a diferencia de otras historias de almas gemelas, esa no era de amor sino de un principe mágico que podía "curar" a las personas y devolverles el color con un toque. Era la perfecta película para hablar de un tema que ella había pensado llevar a la mesa desde meses atrás.

La menos entusiasta con la película era Serena. Al pensar en almas gemelas, tras el beso de Liar, algo había cambiado. Sabía que era aquel hombre su destino, su llave a la felicidad y qué ni sus deseos por Andrew o Tuxedo Mask cambiarían algo.

El principe cayó del balcón al vacío y Serena no pudo sacar su vista de la pantalla. Un ligero frío recorriendo su espalda. La escena en blanco y negro cambió a otra, llena de colores verdes y rojos , truenos a la distancia, mientras el mundo se derrumbaba alrededor.

Lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas mientras comenzaba a rodar la última parte de la película. El principe, vencido por el monstruo, cerraba sus ojos y antes de que se mostrará la pantalla negra del fin, la última escena enfocó una rosa solitaria que perdía un pétalo.

—Toma, Serena —Lita extendió un pañuelo desechable. Después miró a Rey con detenimiento —No sabía que te gustaban ese tipo de películas. Vieja, interesante y morbosa. No parece tu estilo.

—Mi abuelo actuó en ella. Fue una producción conjunta con sus amigos —Rey se defendió, recordando el orgullo de su abuelo respecto a la película —Sin embargo, no es por eso que quería que la mirarán. Es solo que, ¿no les parece extraño? ¿Que hablen de la falta de colores como una maldición?

Rey suplicó que alguna de las chicas la fuera entender. Amy cerró sus ojos y pensó en lo que debía decir, sin embargo, la risa burlona de Luna las sorprendió a todas.

—¿Qué es tan gracioso, Luna? —Lita preguntó, sus brazos cruzados y mirada juzgadora la hacían parecer más grande de lo que era, pero la gata no se inmutó.

—Recorde que en el pasado los humanos tenían también esa extraña maldición y estaban obsesionados con encontrar a su alma gemela —Luna dijo tras terminar de reír —Ahora que lo pienso, no han cambiado mucho.

—Ya veo, como eres un gato no ves el mundo descolorido como los humanos—Amy comenzó a teorizar y después negó con la cabeza a su idea. Luna se tensó al escuchar esas palabras.

—Ustedes son scouts. No deberían tener esa maldición —Luna observó de una a otra chica, preocupada por la nueva revelación.

—Cuando estamos transformadas el mundo se vuelve más colorido —Amy señaló —Se está empezando a ver colorido incluso sin estar transformada.

—¡Así que no soy la única! —Rey trono los dedos, orgullosa de finalmente poder hablar de algo que la había inquietado por meses, sus ojos brillando de emoción.

Serena y Lita, quienes nunca habían visto ese cambio, ambas con la capacidad de ver colores desde pequeñas, escuchaban con atención la plática, sin entender por completo lo dicho.

Luna cerró los ojos, concentrada en recuerdos del pasado.

—¿Porque dices que es una maldición? —Amy preguntó, su mirada inquisitiva sobre la pequeña gata negra.

—Así es como le decían durante el Milenio de Plata —Luna explicó —, al ser ustedes Sailor Scouts, su magia debería poder a hacer frente a la maldición, en este caso, su magia parece ser capaz de curarlas lentamente. Lo más probable es que en unos meses el mundo sea tan colorido como debió serlo desde el principio.

—Entonces, ¿es posible que nos "curemos" antes de conocer a nuestra alma gemela? —Rey dijo con una sonrisa —¡Genial! ¡Ningún hombre podrá jugar conmigo!

—¿No te interesa conocer a tu alma gemela? —Lita preguntó.

—No. Prefiero elegir a un chico por mi propia cuenta. Uno guapo, bien portado...con mucho dinero.

—¡Rey!

La joven, al ver tres pares de ojos juzgadores, aclaró su garganta y buscó que decir para defenderse. Para ella, era lógico buscar un buen partido. Unas semanas atrás, antes de descartar la idea de que Darién y Tuxedo Mask eran uno solo, Rey pensó que Darién era ideal.

Sin embargo, el asunto con Nephrite la preocupaba. El general oscuro y sus planes seguian eludiendo a las scouts e incluso tras momentos de tranquilidad, la amenaza del Negaverso parecía acercarse cada segundo más.

Eso la preocupaba.

Las otras tres chicas, al notar la preocupación caer sobre las facciones de Rey, intercambiaron miradas de preocupación.

—¿Qué ocurre Rey? —Serena preguntó con suavidad.

—Toda una semana sin señal de Nephrite. Sus motivos me preocupan.

—La última persona en verlo fue Serena. Con Darién —Amy mencionó con su suave voz de niña buena, pero las otras tres recordaban a la perfección sus anteriores insinuaciones.

—¡No de nuevo! —Rey se quejó —Serena dijo que Nephrite lo trataba como si fuera un noble ¿no? Quizá se está haciendo pasar por su mayordomo y le está robando energías a su familia.

—Esa es una buena teoría —Amy aceptó —Tendremos que investigar si no ha habido alguna familia rica actuando más exótica de lo habitual.

—O tal vez, Nephrite es amigo de Darién ¿verdad?—Serena preguntó tímidamente, casi suplicando que alguien la apoyará. Amy y Rey negaron con sus cabezas.

—No creo que sea así —Lita colocó una mano en el hombro de su amiga —Pero si llevó al tal Darién al hospital, Nephrite no puede ser tan malo. O completamente malo.

—Es mejor que investiguemos. Debe estar planeando algo —Amy dijo ignorando la positividad de las otras dos jóvenes —Tampoco podemos excluir la posibilidad de que Darién trabaje para el Negaverso.

Serena se puso blanca ante la idea y un tremor recorrió su cuerpo.

—Se que Darién es un tonto —Serena dijo en un hilo de voz —Pero, como les dije, espero en la lluvia junto conmigo y además, dijo que estaba feliz que mi papá y yo hubiéramos hecho las pases. Es imposible que sea del Negaverso.

—Serena...

—Amy, por favor, debe haber otra explicación ¿Verdad, Luna?

Luna suspiró, después saltó arriba de la mesa y con gran seriedad miró a las cuatro niñas sentadas a su alrededor, sus ojos rojos cayeron finalmente sobre Serena, quién ya empezaba a tener lágrimas en los ojos.

—He encontrado la vivienda de Darién Chiba —Luna comenzó a decir —Es posible que pueda investigarlo. Aunque creo que Nephrite sabe que Sailor Moon tiene un gato negro, me parece que lo mejor es que yo verifique lo que está pasando, ¿verdad?

Serena accedió con la cabeza y la sesión quedó como concluida.


Lita recorrió las calles de la ciudad silbando. Ella vivía en otro distrito así que tenía que irse antes, pero eso no le causaba molestias. Ella era una superhéroe como Sailor Moon y además, después de lo que parecía un largo tiempo de soledad, tenía amigas.

Serena, infantil y de gran corazón, la había aceptado con brazos abiertos, alabando desde la fuerza de Lita a su belleza; Amy, reservada e inteligente, le dió una bienvenida amistosa, incluso comprando un regalo para agradecer a Lita haberse unido; Rey, temperamental y abrasiva, seguia agradecida con Lita por haberla salvado y no dudaba en considerar que la presencia de Sailor Jupiter era un signo de buena fortuna.

Lita no estaba acostumbrada a ser tan aceptada y querida.

Estaba pensando en esto cuando vio a un hombre conocido parado frente a una tienda de ropa de hombres.

—¡Hola!—Lita no dudó en saludar y llegó hasta él en unos cuantos pasos.

El hombre apenas y volteó a verla. Si Lita hubiera estado de mal humor, hubiera entendido la señal de desagrado y, de mal humor, se abría marchado con una mala palabra en los labios. Más ella estaba demasiado feliz y todo era color de rosa en ese instante.

—¿Ya se mejoró el hijo de su amigo?

—Oh... sí —el hombre dijo en un tono neutral, reconociendo a Lita finalmente —La niña del vivero, la del helecho, ¿qué quieres?

—¿Saber sobre el hijo de su amigo? —Lita repitió la pregunta, asumiendo que él no la había escuchado la primera vez.

—En este momento le estoy buscando vestimenta más acordé a su edad — el hombre dijo, ignorando la pregunta, después miró a Lita con ojos calculadores —. Pareces tener un buen estilo.

Lita sintió sus cachetes encenderse y recordó de nuevo a su superior. Él también alabó el sentido de la moda de Lita una vez.

—¡Sí! ¡Yo le ayudo a buscar algo para el hijo de su amigo! —Lita dijo, olvidando por completo que debía tomar un camión rumbo a su distrito. Su día parecía perfecto en ese momento.

Dos horas después, ambos se encontraron descansando en unas bancas del centro comercial. A sus pies, había distintas bolsas de ropa de buena calidad. Lita entendía que el hijo del amigo de Maxfield debía ser muy importante para darle tantos regalos.

Lita sabía solo de otra persona que había comprado tanto para un "amigo". Un chico de tercero de preparatoria que se los compraba a uno de primero. El gasto solo cobro sentido cuando salió a la luz que eran almas gemelas.

Lita suspiró desanimada y clavó la cuchara de su nieve con tristeza. Ella parecía no tener suerte en el amor mientras que el resto del mundo sí.

—Oiga, una pregunta, ¿usted ya tiene alma gemela?

—Falleció —él comentó como quién habla de una tragedia ocurrida décadas atrás. Algo triste pero sin relevancia. Tras unos segundos de silencio, el hombre continuó hablando — En esta época, todos creen que encontrar su alma gemela es el principio y el fin de todo. Ya no trabajan en su relación.

—Hay mucha gente que no se casa con sus almas gemelas —Lita comentó, aceptando las palabras del hombre.

—Algunas almas gemelas son hermanos. Otras se llevan décadas y algunas tienen diferentes "gustos"—él sonrió por primera vez desde haberse encontrado con Lita —La obsesión con casarse con el "alma gemela" es cómico.

La última palabra era condescendiente, cruel, pero Lita no tuvo ningún comentario que dar al respecto. Ella sabía que su destino no era encontrar su otra mitad, pero la noción le seguía pareciendo la más romántica del mundo.

El hombre observo su reloj e hizo un pequeño chasquido con la boca.

—Ya me tengo que retirar, señorita Kino, ¿gusta que la lleve a su casa?

—No, no gracias.

Él hombre se despidió con un gesto de la mano y dejó a Lita pensando sobre el amor y almas gemelas. Él tenía un asunto que atender.


Nephrite dejó a la joven atrás, sus manos cargando bolsas de ropa para el "hijo de un amigo". OO mejor dicho, su fuente de energía que le ahorraba muchos problemas.

Al principio, Nephrite lo había visitado en el hospital en espera de que llegarán las sailors scouts, en lugar de ello, el cristal oscuro reaccionó a su energía. Era menor a la de una persona en el apíce de su poder, pero seguia ayudando a cumplir su cuota.

El muchacho ni siquiera se daba cuenta pese a haber perdido la conciencia en varias ocasiones y al ser huerfano, era el blanco perfecto. Cuando se cansará de jugar al buen amigo de su padre, tomaría toda la energía del muchacho y nadie se daría cuenta sino hasta semanas después de lo ocurrido.

Se dirigió al departamento, esperando encontrar al joven sentado en el sillón. A veces, su blanco gustaba de desaparecer por horas y Nephrite tenía que buscarlo por toda la ciudad. O a sus afueras.

Nephrite sonrió al recordar la semana pasada, como lo busco por horas para encontrarlo con la niña del hospital. Le era cómico la actitud del blanco, tan infantil con sus palabras y tan noble como para esperar por horas bajo la lluvia por ella.

Aquella noche aprendió que el joven tenía más poderes que los que aparentaba. La capacidad de proyección de ilusiones era una habilidad común, pero esas rara vez se realizaban subconscientemente. El poder del blanco le parecía muy interesante y tenía que encontrar la forma de utilizarlo.