Capítulo 8

A Serena no le gustaba la lluvia, pero al ver por la ventana el cielo nocturno, deseo que gotas cayeran del cielo, porque cuando llovía, Darién era una mejor persona que se bajaba del camión a esperar con ella por horas o que la reconfortaba cuando caían truenos.

—¿Soy egoísta? —se preguntó así misma, recostando su cabeza en la cama.

Luna, su guía, había ido el día anterior al departamento de Darién pero él no había estado presente y volvería a intentarlo esa misma noche. Serena quería respuestas de porque Nephrite seguía a Darién, especialmente porque a pesar de su buen corazón, no podía descartar que el joven de cabello negron y profundos ojos azules también era un enemigo.

—No lo es —se contestó así misma mientras cerraba los ojos.

Y soño, como lo había hecho desde que vio la película de Rey, en un pasado que olvidaría al despertar.

—Eres mío, mi príncipe, mi alma gemela —una mujer decía como mantra a un hombre de cabello negro. Incluso arrodillada, se veía enorme al lado del muchacho sentado en la silla, vestido con ropa de noche pese a que ella llevaba puesto un elegante traje digno de una reina, dejando en claro que había diferencia entre ambos.

Serena los podía ver a los dos desde su posición en el balcón, oculta por las plantas y la oscuridad de la noche. Su corazón latía con urgencia y más de una vez lanzó una mirada furtiva a su pulsera de perlas amarillas, y después volvía su vista a la pareja dentro del cuarto por temor a lo que estaba ocurriendo ahí.

—No soy tu alma gemela — el joven dijo con certeza. La mujer lo ignoró y con una enorme mano con largas uñas rojas, acarició la cara inmovil del príncipe.

—Cuando te veo, el mundo es más brillante, más vivo, más perfecto —la mujer llevó su cabeza al hombro de él y Serena cerró sus ojos para no ver. Bajo el paladar, podía sentir la magia oscura que lo mantenía inmovil y por eso sabía que era necesario esperar —Te amo.

—Yo no.

Las palabras fueron dichas sin la más mínima compasión, casi una burla, y fueron respondidas con una cachetada que lo hizo caer al suelo.

—¡Soy tu reina! — la mujer gritó enfurecida y Serena se escondió más entre las ramas por temor a ser vista —¡Tu me perteneces! ¡Eres mío! ¡MÍO!

Serena volvió a ver su pulsera y se recordó que la paciencia era vital en esa situación. No sé atrevió a ver hacía dentro hasta que escuchó la puerta dar un portazo y la tela de la bata de dormir del príncipe hacer ruido cuando él se puso de pie.

Fue entonces que entró por el balcón. Él la volteó a mirar con los ojos de quien acababa de sufrir una enorme perdida. Ella puso un dedo en sus labios para indicarle que guardará silencio y se apresuró a tomar su mano.

No había tiempo para besos o abrazos. En cuanto lo tocó, las perlas de su mano brillaron y ambos fueron sumergidos en una luz brillante color amarillo.

Al llegar al palacio, su príncipe cayó desmayado sobre ella. Tan lejos de su planeta, Serena temió que haberlo salvado de ser esposo de Beryl había sido un error. Ella no sabía si su principe sobreviviría tener tanta distancia entre él y su planeta. Acarició la cara morena, notando por primera vez que había surcos de lágrimas en sus mejillas.

Serena abrió los ojos y sacudió su cabeza cuando escucho gotas golpear contra su ventana. Notó, aún medio dormida, que estaba llorando.


Despertó con el sonido de un rayo. Sin embargo, eso no fue lo que lo hizo levantarse y abrir la puerta que llevaba al balcón. Había un gato negro pegado al vidrio, viéndolo con ojos brillantes de animal nocturno.

Muchos consideraban a los gatos negros ser un mal augurio, una señal de un desastroso provenir. Darién Chiba, sin embargo, era un amante de los animales y plantas. Así que, sin pensarlo mucho, abrió la puerta corrediza y lo dejo entrar.

—¿Estás bien, pequeño? — preguntó mientras llamaba al gato con los dedos, esperando, con ilusión, que el gato caminara hacía su mano y se dejará acariciar.

El pequeño gato negro parecía bien cuidado, pues su pelaje era lustroso a excepción de lo que parecía ser una cicatriz en forma de luna en su frente. Eso Darién ya lo había visto antes, casi dos meses atrás, cuando su mayor preocupación era escribir su ensayo para una universidad a la que ya no podía ir.

—¿No eres la gata parlante de Cabeza de Chorlito? —le preguntó a la gata, observando a la criatura detener sus pasos en seco, a varios centímetros de su mano y después, tras observarlo, entró por un lado de él e ignoró su mano extendida. Ser rechazado por un gato no debería doler, pero aún así lo hacía.

Revisó su cuarto desde el marco de la puerta corrediza, viendo primero debajo de su cama. Por suerte, él nunca había sido de los que usaban sábanas largas que ocultaban lo que estaba debajo de la cama así que dedujo que la criatura se había escondido entre la esquina del cuarto y su tocador. O en las bolsas de ropa que Maxfield le había regalado.

—Vamos, gata parlante, Luna, ¿verdad? ¿Por qué no...

Antes de poder continuar su intento de convencer a la gata de salir, la puerta se abrió con fuerza y una persona entró corriendo al cuarto, sus pasos resonando en las paredes.

Darién miró a Maxfield, con ojeras bajo sus ojos y un cuchillo en mano, parecía ser un asesino de película. Los ojos del hombre revisaron la figura de Darién, después a toda la habitación, de nuevo a Darién y luego, en cinco pasos, empujó a Darién para salir hacia el balcón.

El adolescente estaba demasiado cansado para enfadarse porque, de nuevo, Maxfield parecía ignorar su privacidad. Al principio, no había tenido el valor para dejar en claro sus límites y ya le parecía muy tarde para intentarlo así que aceptando la batalla perdida, se resigno a su destino.

—Alguien entró al cuarto —Maxfield dijo con certeza, una de sus manos cerrando la puerta del balcón, la otra ya no apretaba con la misma fuerza el cuchillo pero lo seguía sujetando—¿Estás bien? ¿Qué haces fuera de la cama?

—Nada —Darién contestó sin pensar.

—¿Nada? —Maxfield dejó el cuchillo sobre las sábanas antes de tomar la cara de Darién entre sus dedos. Había un toque maniático en sus ojos y Darién requirió todo su valor para mantener su mirada desafiante y figura erguida. Funcionó por tres segundos antes de que un espasmo helado recorriera su pecho y lo hiciera doblarse. Maxfield soltó su cara y lo condujo a la cama con mayor fuerza de la necesaria —¿Crees que tu vida es un juego?

Darién no pudo soportarlo más. Maxfield podía ser su única pista sobre su pasado, pero él ya no pudo soportar su actitud dura y dominante.

—¡No. Me. Toques! —escupió cada sílaba con furia y golpeó la mano de Maxfield para alejarla de él. Agradeciendo que finalmente tenía sus dos manos sanas para defenderse.

Quería gritarle que se alejara. Que lo dejara solo y nunca volviera, pero ¿y si lo hacía?

—Perdón —Maxfield dijo, sorprendiendo a Darién con su disculpa, luego se sentó en la cama, tomando el cuchillo para depositarlo abajo de la cama. Todo el tiempo mirando al más joven con una cara que amenazaba quebrarse con la preocupación —Perdón por asustarte.

Darién noto, por primera vez, que sus manos estaban temblando y que el frío en su cuerpo no era causado por la calentura. Nada tenía sentido para él.

—Ayer casi mueres por esa infección —Maxfield llevó una de sus manos a su frente —No te pude despertar, los doctores en el hospital apenas lograron salvarte ¿por qué te odias?

—Yo no me odio.

—¿Entonces por qué no tomaste tu medicamento? —Maxfield logró preguntar sin gritar, pero era obvio que estaba llegando a su límite.

—No sé —Darién mintió y dejó su espalda recargarse en el vidrio de la puerta del balcón, sintiendo vergüenza por todo lo ocurrido. A ese paso, terminaría internado en un manicomio antes de que terminara el mes. Con o sin medicinas, su futuro parecía gris.

Maxfield respiró profundo y logró componer su apariencia a su habitual arrogancia que amenazaba con dar más órdenes. En lugar de ello, Maxfield se acercó con cuidado a Darién y de nuevo intento llevarlo a la cama. Darién se preguntó en su mente si así era como un padre trataría a su hijo.

Se dejó conducir a su cama y aceptó el dorso de la mano de Maxfield en su frente para medir su temperatura. Toda la pelea dentro de él se había terminado tras ver la preocupación del amigo de su padre. Únicamente la culpa permanecía.

—Si tomas tus medicamentos como es debido —Maxfield dijo mientras se sentaba al otro extremo de la cama —, te daré dinero para que le compres algo a esa niña, a Serena Tsukino.

—¿Qué? ¿Por qué querría comprarle algo a Cabe...a Serena?

Maxfield lo observó, sin señal de abatimiento, tristeza o irá. No, simplemente miró a Darién como si fuera un niño que pregunta porque se les dice pájaros a los pájaros. Darién no tuvo tiempo para molestarse, porque en un pestañeo de ojos, se durmió en medio de decir otra pregunta.


Serena miró el reloj de su casa con aprehensión, viendo el minutero caminar sin misericordia.

Media hora más, Liar, su alma gemela, llegaría de visita a su casa para continuar la plática interrumpida un mes atrás. Al recordar aquel día, Serena no pudo evitar llevar sus dedos a sus labios.

El primer beso. Al que ya debía acostumbrarse.

Antes del beso, las cosas eran sencillas. El matrimonio parecía muy lejano, tanto que podía llenarse de ilusiones de amoríos con Tuxedo Mask o Andrew. Después del beso, le parecía inútil desear algo más que una sonrisa de amigos.

Quería ponerse a llorar por su mala suerte, pero el comunicador de las scouts sonó. Ella apretó el botón de aceptar con rapidez, dispuesta a cualquier excusa para huir de su casa.

En la pequeña pantalla, Luna apareció, detrás de ella una pared verde que le era desconocida a Serena.

—Chicas, me he logrado infiltrar al departamento de Chiba, confirmo que Nephrite a estado presente toda la noche y la mayor parte del día, acaba de salir y por su aura, asumo que no planea nada bueno.

—¿Qué hay de Darién, está bien? ¿Nephrite le está quitando energía a su familia? —la voz de Rey preguntó desde el comunicador.

—Esta enfermo. Pude ver rastros de que él ha sido víctima de perdida de energía constantemente, sin embargo, por lo que escuche, su condición actual es debido al accidente en la embajada y una infección mal cuidada —Luna contestó, parecía querer decir más, pero soltó un maullido y saltó fuera de la cámara del comunicador.

Serena pudo escuchar el gemir de una puerta, después una serie de pasos y más maullidos de parte de Luna. La joven tragó saliva y comenzó a prepararse para transformarse en scout e ir al rescate de su gata.

—¿Gata parlante? ¿Dónde estás? —la voz distorsionada de Darién fue renconforante. Lo hubiera sido más si el comunicador no hubiera vibrado con una nueva llamada.

Con miedo, Serena acepto la llamada de Mercury, que apareció en su pantalla ya transformada, sus ojos ceñidos y obvias señas de ira en las comisuras de sus labios.

—Sailor Moon, Mars y Jupiter, Nephrite acaba de atacar. En la florería Silva. Requiero ayuda.

—¡Voy en camino! ¡Estoy lejos, pero haré lo posible por llegar! —Jupiter contestó de inmediato, seguida por una afirmativa de Rey. Serena fue incapaz de decir nada, temerosa de que Darién reconociera su voz. Seguramente, había encontrado el comunicador y ya había escuchado la plática.

Mientras se transformaba en Sailor Moon, entre todas sus preocupaciones, agradeció que por lo menos tenía una excusa para alejarse de su casa.


Nephrite no estaba feliz.

La utilidad de Chiba parecía estar llegando a su fin. O mejor dicho, era más problemático de lo que debía ser. Despertar a media noche para llevarlo al hospital y pasar horas en vela no era lo que esperaba al elegirlo como su blanco y sin embargo, eso es lo que había pasado dos noches atrás.

Una vez, tras una visita de Zoicite (otro general del Negaverso), Nephrite pensó en llevar a Chiba a la mansión y meterlo en un cuarto del que no podría escapar. Así tendría energía de sobra sin preocuparse por mantener ningún tipo de apariencia de preocupado amigo.

Pero, la idea inmediatamente lo repugnó. Una parte de él deseó haberlo hecho, tal vez así Darién hubiera tomado su medicamento y no hubiera casi muerto por algo tan ridículo como una calentura. Tal vez, no se hubiera mojado por horas en la lluvia y abría comido mejor cortesía de una youma que alguna vez fue chef en un negocio de Jadeite. Tal vez Darién estaría sano en lugar de estar continuamente enfermo.

Nephrite sacudió su cabeza, decidiendo ignorar sus anteriores pensamientos. Tenía una nueva víctima cuya utilidad era mayor. Sin embargo, pese a hablar con las estrellas, estás no parecían estar de su lado.

Sailor Mercury había aparecido en la florería casi inmediatamente, y pocos minutos después, Mars llego como fuego. Pronto Sailor Moon y la nueva Sailor Júpiter aparecerían.

Por el momento, únicamente debía preocuparse de las dos scouts que corrían de un lado a otro en la enorme florería, escapando de las ramas del youma creado de la energía del vendedor; por otro lado, tenían el inconveniente de tener que escapar de un youma escogido desde el Negaverso, que si lograba capturar a alguna con sus hilos, las volvería sus marionetas.

Una de las comisuras de sus labios se alzó. Feliz de su ingenioso plan.

Incluso la entrada de Sailor Moon por la ventana no lo saco de su dicha.


Darién sintió un familiar dolor de cabeza mientras bajaba de su carro. Estaba frente a la gran florería Silva. El lugar donde las scouts, Sailor Moon, estaban peleando contra youmas. Él no tenía tiempo para perder el conocimiento, así que apretó sus dientes y pese a su falta de fuerza y el agobiante dolor de cabeza, se forzó a abrir las puertas del local.

La gata negra de Serena mordió su pantalón para evitar que entrara, era un intento inútil, pues sin dudarlo, cruzó el portón y entró a la zona de guerra dispuesto a ayudar.


—¿Por qué hay dos youmas? —Sailor Moon gimió mientras esquivaba un hilo que salía de la mano peluda de una youma que parecía el cruce entre un oso y una araña. Ninguna de las scouts sabía que hacían los hilos, así que lo mejor era esquivarlos.

Mercury estaba peleando contra el youma-planta, buscando hacer tiempo para la llegada de Júpiter. Mars, en el segundo piso, intentaba lastimar con su fuego a Nephrite, quién por primera vez parecía estar decidido a pelear.

Sailor Moon ya quería ver su cara ser destruida por los puños de Lita. Eso le enseñaría a no suberstimarlas.

La youma intentó lanzarse sobre Sailor Moon, pero está logró saltar dos metros sobre la youma y caer sobre el barandal de la segunda planta, desde la cual podía ver a Mars lanzar ofudas contra Nephrite. Por el momento, todo parecía estar bien.

El monstruo arrugó sus cuatro ojos rojos antes de gruñir. Sailor Moon sonrió segura de su victoria y comenzó el primer paso de su ataque.

—Tiara lunar, acc-!

Nephrite, quién la había visto saltar, lanzó un ataque contra el barandal, aceptando que una de las llamas de Mars alcanzará su brazo con tal de conseguir mayor ventaja si lograba sacar a Sailor Moon del juego.

La joven heroína lunar cayó boca abajo, abriendo su barbilla con el impacto y todo el aire se le fue de los pulmones. El dolor que atravesó todo su cuerpo fue tanto, que lágrimas se formaron en sus ojos y un gemido prolongado escapó de sus labios.

El youma, aprovecho el estado de Sailor Moon para lanzar uno de sus hilos hacía ella mientras ella recobraba el aliento.

El golpe del youma nunca conectó, pues una figura saltó desde las sombras y se interpuso en medio del ataque. La silueta le era conocida a Sailor Moon, pero ella estaba segura que cuando logrará enfocar su vista no sería para ver a Tuxedo Mask.

Un frío agudo recorrió su pecho, enmudeciendo el dolor, y sus brazos comenzaron a funcionar de nuevo con la única indicación de apresurarse.

—¿Qué hace un humano aquí? — la youma preguntó cuando logró poner varias telarañas para controlar al joven que se había interpuesto entre ella y Sailor Moon — Bueno, no importa. Humano, ahora eres mi marioneta, se bueno y ataca a Sailor Moon.

La heroína comenzó a temblar al ver al hombre frente a ella voltearse para encararla. Darién, pese a ya no tener enyesado el brazo, parecía más enfermo que nunca, con sus cachetes rojos y cara sudorosa, ella sabía que él tenía que estar en cama y no ahí.

Lo peor eran sus ojos azules aterrorizados al ver que su mano era controlada para tomar unas tijeras de podar que estaban colocadas en una mesa cercana a él.

Darién apenas tuvo tiempo para decir la primera sílaba de Sailor en un grito desesperado, pues con rapidez sobrehumana, movido por hilos blancos que lastiman su piel, se lanzó hacia ella, tijeras en mano.

Pudo escuchar el sonido del trueno de Júpiter, resonando en sus oídos junto al grito de Darién, suplicándole que se moviera.

Sailor Moon apenas consiguió esquivar el ataque, y la cuchilla de las tijeras alcanzaron a rozar su guante y rasgar su brazo. Era una herida más superficial que la de su aún sangrante barbilla, pero el hecho de saber que era Darién quién la ocasionó, eso era lo más doloroso.

Tenía que acabar con el youma. Así Darién sería libre.

Logró esconderse trás un pilar, y sin pensarlo mucho, rodó sobre el suelo, preparo su tiara y lanzo su ataque, lista para hacer al youma ceniza.

El monstruo se preparó para el contratante, y logró hacer que Darién saltará como marioneta frente a la tiara lunar.

—¡Darien! —Mars gritó a la distancia al mismo tiempo que Sailor Moon detuvo la tiara, sintiendo un poco de dolor al hacerlo, como cuando giras de improviso y los tendones de tus pies parecen quejarse sobre su propio peso, solo que el dolor se concentraba en sus muñecas.

Mercury y Júpiter, aún estaban ocupadas peleando contra el youma, así que Serena sabía que no tendría ayuda para destrozar al monstruo.

—¡Huye Sailor Moon! —Darien gritó mientras, de nuevo, se abalanzaba hacía ella, líneas rojas formándose en sus brazos, muñecas y dedos, que eran los lugares donde los hilos del monstruo lo forzaban a moverse más —¡Huye!

—¡No te puedo abandonar!— Sailor Moon, meneando su cabeza de un lado a otro, gimió entre lágrimas.

La youma sonrió con dientes afilados ante esas palabras, y con un movimiento de dedos peludos, detuvo a Daríen en seco, y con un gesto, manipuló la mano de Darién para llevar la punta de las tijeras justo debajo de su propio mentón, consiguiendo paralizar por completo a Sailor Moon.

—Dame el Fantasma del Cristal de Plata o el humano muere —el youma dijo mientras se ponía al lado de Darién, una de sus asquerosas manos acariciando el cabello negro del muchacho mientras decía esas palabras. Darién solo logró mirarla con desprecio pero fue incapaz de mover su cara.

Sailor Moon observó, como hipnotizada, los dedos del monstruo deslizarse al cachete de Darien y darle una palmaditas con los nudillos, consiguiendo dejar marcas rojas sobre la piel morena.

—Te doy cinco segundos para hacerlo.

—¡No lo tengo! —Sailor Moon logró decir pese al nudo de su garganta —No lo tengo, por favor.

—Uno —la youma comenzó a contar y la punta de las tijeras tocaron la piel de Darién.

—¡Te lo suplico!

—Dos.

Sailor Moon cayó derrotada al suelo, sintiendo la mayor impotencia de su vida. Serena solamente quería volver a su casa, a su vida normal. No, eso no era cierto. Quería que Darién y sus amigas volvieran a su casa. Que todos estuvieran a salvo.

—Tres

El sonido de un proyectil logró hacer que Sailor Moon alzará su cabeza. "Tuxedo Mask", pensó feliz mientras veía como el youma caía para atrás y Darién se balanceaba hacía adelante, tijeras cayendo al suelo simultáneamente.

—¿Por qué...Lord Nephrite? —la youma preguntó antes de volverse polvo, viendo a un lugar por arriba de la cabeza de Sailor Moon. No muy lejos, el otro youma comenzó a descomponerse.

Darién intentó recuperar el aliento, logrando caer sobre sus brazos, le era imposible siquiera alzar la cabeza para cerciorarse que el peligro había pasado.

Sailor Moon corrió hacía él y con sus brazos abrazo aquel cuello que casi había sido lastimado por la maldad del youma, toda su atención fija en escuchar su respiración y el latido de su corazón.

Él apoyo sus manos en los hombros de ella y la alejó de él para poder ver mejor su cara. Sailor Moon, también, pudo verlo mejor. Él la estaba viendo con sus profundos ojos azul como si ella fuera lo más bello e increíble del mundo.

Era una mirada tan gentil, tan familiar, que sin pensarlo, cerró sus ojos, esperando que él hiciera el siguiente movimiento. Los labios de Darién fueron tímidos y apenas lograron cubrir los suyos.

Y sin embargo, ese casto beso, era infinitamente mejor que su primer beso.

Lágrimas rodaron por sus mejillas al recordarlo. Ella tenía ya a alguien, a un hombre que era la promesa de un final feliz. Ella era afortunada por tener a su alma gemela ya y hacerse con ideas vanas de amoríos era inútil.

Alejó su cara de la de Darién y negó con la cabeza. De nuevo, pudo sentir la herida de su barbilla, que ya había dejado de sangrar, pero poco le importó pues toda su atención volvió a la cara enfermiza de Darién al escucharlo respirar.

Darien ya tenía a Saori y Serena a Liar. Lo suyo nunca podría ser.

—¿Sailor Moon? — él preguntó confundido, después miró hacia las tijeras en el suelo, y la volteó a ver con un nuevo terror en sus ojos.

Ella dejó más lágrimas recorrer sus mejillas e ignoró el sonido de varios pares de botas que se acercaban a ella. Eran las scouts, lo sabía sin voltear. Miró a Darién, intentando guardar su imagen para el futuro. Lo correcto era nunca volver a verlo.

—Ya estoy comprometida — le dijo mientras se ponía de pie, ignorando el deseo de abrazarlo de nuevo y decirle dulces palabras de un amor imposible.

—No —Darién negó — Pero tu alma geme-

—Sí, estoy comprometida con mi alma gemela —Sailor Moon lo interrumpió con fuerza, dándose media vuelta para no verlo temblar.

Las palabras eran tan amargas que casi la hicieron vomitar. Por eso corrió lejos de él, escuchando los gritos de sus amigas volverse más distantes a cada paso...todo era tan injusto.


Notas.

-Escribir a Nephrite y Darién siempre me es interesante, por un lado, Nephrite tiene remanentes de sus recuerdos de su vida pasada, no mucho y menos relacionado con Endymion. Pero algunos sentimientos de lealtad y cariño siguen ahí. Pero sigue siendo un miembro del Negaverso, lleno de malvadas intenciones que debe ver a Darién como una víctima más para explotar. Por otro lado, Darién reconoce algo familiar en "Maxfield" y tiene varios sentimientos encontrados al respecto.

-Hablando de Darién, su mal día va a volverse uno de los peores días de su vida en el siguiente capítulo...¿ya debería subir esto a M con tantas escenas de acoso sexual y violencia?