Capítulo 10
—La oscuridad, el Caos en la Tierra está siendo alimentada por la energía del principe.
—Su majestad—Serena dijo a su honorable madre —, las implicaciones de lo que me comunica, si lo que dice es cierto entonces...
—A veces es necesario hacer sacrificios.
Serena saltó de la cama asustada, su piel empapada con sudor y pegada a la tela de su pijama rosada. Era un hermoso lunes de septiembre, un bello día brillando feliz fuera de su ventana. Era difícil creer que el día anterior había sido real.
Sus padres no apreciaron que se fuera de la casa y dejará plantado a Liar, quien pese a la ausencia de Serena, dejó un hermoso par de aretes blancos para su prometida. Los aretes estaba sobre su tocador, amenazantes y peligrosos. Ella no quería ponerselos.
Pero, ella ya no podía escapar de su futuro. Su destino estaba con Liar, no con Tuxedo Mask o Andrew. Mucho menos con el antipático y grosero de Darién.
—¿Estás bien Serena?
—Sí, es solo esa fecha del mes — Serena contestó mientras limpiaba lágrimas de sus cachetes, dejándolos rojos.
—Por favor, Serena, confía en mí —Luna acarició su brazo con su pelaje, un suave intento por mostrar su apoyo a la joven heroína — Incluso antes de despertar, estabas llorando.
—Solo fue una pesadilla —Serena dijo, los remanentes de su sueño desapareciendo como espuma finalmente. Lo único que recordaba es que el contenido la había hecho sufrir —Ya te dije, no te preocupes.
La gata acarició de nuevo el brazo de la niña y su gesto fue respondido con un abrazo fuerte, un intento de ganar tiempo al futuro incierto. Después de varios minutos en silencio, ambas vieron que Jupiter Les había dejado un mensaje urgente y les pedía reunirse en el templo a las cinco.
Eso daba suficiente tiempo para ir al arcade, una horrible tentación considerando que ella ya no podía ver a Darién nunca más. Ella no podría soportar verlo y saber que jamás serían, la simple idea causaba dolor en su corazón y un vacío en su estómago.
Serena apretó sus dientes y caminó hacia el baño con los puños apretados, Luna siguiéndolo los talones.
—¿Cómo se atrevió? —Serena murmullo mientras tiraba su ropa al cesto, molesta por los sentimientos de dolor que ese beso, dulce y tierno, ocasionó —Por supuesto, ¡típico de esa clase de hombres! Es un tonto. Tonto te digo.
—¿Quién? —Luna se atrevió a preguntar, esquivando el borde de la pijama.
—¡Darién! —Serena exclamó, frustrada pro tener que decir el nombre en voz alta —¡Es un tonto!
La gata vio a Serena caer sobre sus rodillas, el agua de la regadera golpeando su espalda blanca sin piedad. Era una imagen tan triste que Luna se atrevió a entrar en la tina de baño y mojarse para confortar a la pobre niña.
—Perdón, no me di cuenta que él te había asustado tanto —Luna dijo, acariciando su costado —. Creí que era otro tipo de hombre.
—No le tengo miedo —Serena dijo entre lágrimas, sintiendo un enorme peso en su pecho mientras recordaba todo lo ocurrido ayer. Sus ojos llenos de calidez, como si ella fuera el sol—Es solo que él tiene a Saori...y yo...Él no debió hacerlo.
No debió haberla hecho sentir mariposas en el estómago o haberla hecho desear ser amada por él. No siquiera sabía que debajo de la magia estaba Serena. La idea trajo una nueva claridad a su mente.
—Besó a Sailor Moon, Luna.
Serena Tsukino seguía siendo "una amiga" que era más una extraña a la que el destino había hecho coincidir un par de veces. Probablemente, en unos meses, la olvidaría.
En cuanto terminó de bañarse, se puso el uniforme escolar y, sus ojos aún rojos, la vieron ponerse los pequeños aretes blancos que le regaló Liar. Ella haría su relación funcionar sin importar qué y ningún muchacho besa superhéroinas lo arruinaría todo.
Intentó buscar a Amy en la escuela, pero aparentemente ella no había logrado sanar a tiempo de las heridas del día anterior.
Horas después, terminada la escuela, Serena caminaba sin rumbo mientras esperaba que el tiempo pasará y las cinco llegará. Era horrible no poder visitar el arcade, pero era necesario para superar todas las emociones que Darién causaba en ella.
—Y dices que soy inmadura —Serena le dijo a Luna, quién fielmente la seguía de un lado a otro del parque.
—Tengo que admitir que has crecido mucho —la gata aceptó y brincó hacía los brazos de la niña para poder ver mejor su cara —Así que no entiendo porque tus papás te castigaron. Por suerte los convenciste de dejarte reunir con las chicas hoy.
—Deje plantado a Liar —Serena dijo y abrazó con mas fuerza a la gata, sintiendo sus cachetes perder color al pronunciar el nombre de su prometido —Pero, bueno, eso ya no importa. Esas cosas no importan nada, nada de nada.
Mientras más hablaba, su agarre sobre la gata se volvía más fuerte, al punto en que la pobre comenzó a tener problemas para respirar.
—¿De nuevo lastimando a tu gata, Cabeza de Chorlito?
El escalofrío que recorrió la espalda y piernas de Serena era algo que ella siempre había conectado a él, una señal de terrible peligro que le gritaba que estaba olvidando algo terrible. Y muy importante. Pero en ese momento, el escalofrío era casi doloroso pues no era un recuerdo de milenios atrás, sino de lo del día anterior.
Su estómago dolía solo de pensar en voltear a verlo. Todo por un ridículo beso.
—¡A ti que te importa! —el grito estaba cargado de toda su furia, e incluso cuando volteó y pudo ver su cara morena llena de moretes y brazos con líneas aún rojas, su gesto de enojo permaneció firme.
Ella había hecho todo para evitarlo y ahí estaba él, cargando heridas de una batalla en la cual él jamás debió de involucrarse y con claras señas de fatiga en cada músculo de su cuerpo. Su uniforme escolar parecía serle incómodo en los lugares que rozaba con las heridas hechas por el youma e incluso parecía más herido que la última vez que lo vio.
Los ojos de Darién brillaron un poco y sus cejas se ciñeron después de ver la cara roja de Serena, como si ella lo hubiera lastimado.
—Es solo una inocente gata, cualquier problema que tengas con el mundo no deberías de desquitaron con ella —Darién consiguió decir, después, como si ocupará pensarlo, agrego —Cabeza de Chorlito.
—¡Tonto! ¡Bobo! ¡Sin sentido de la moda! ¡Tonto! —Serena reafirmó sus palabras sacando su lengua, aún así soltó a Luna.
—¡Ja! —Darién fingió una carcajada, después sonrió orgulloso de si mismo —Ni siquiera eres buena con los insultos, Cabeza de Chorlito.
Era insufrible que solo una horas atrás creyera que él sentía algo por ella, aunque debió ser obvio que él sería la clase de hombres que veía a Sailor Moon como una conquista más, Darién era un casanova digno de la televisión matutina.
Saori merecía algo mejor.
—¿Nuevos aretes? —Darién preguntó, consiguiendo de nuevo cambiar las emociones de Serena.
—Liar —fue lo único que consiguió decir ella en un hilo de voz, y tuvo que ver hacía sus zapatos para detener sus lágrimas.
—¿Cabeza de Chorlito? Serena...
—¡Basta! ¡Ya no más! ¡Ya no puedo soportarlo más!
Serena corrió lejos de él con toda la velocidad que le daban sus piernas. Se sentía al borde del precipicio, el frío dentro de su cuerpo un contraste con su sangre caliente, sus manos temblaban por las emociones encontradas y su pecho dolía. Liar, Darién, Saori, Sailor Moon, cada nombre brincaba en su cabeza invocando cientos de sentimientos encontrados.
No se detuvo sino hasta que subió las escaleras del templo y divisó a Rey barriendo el pateo de izquierda a derecha. La joven sacerdotisa parecía saber de su llegada, pues su sonrisa era melancólica incluso antes de poder ver la cara llorosa de Serena.
—Ven, creo que necesitamos hablar.
Rey la abrazó y la llevo al cuarto, le preparo un té de jazmín y unos bocadillos de pan que hubieran sido tentadores para Serena si su estómago no fuera un enorme nudo. Rey no le preguntó nada, esperando que fuera Serena la que rompiera el silencio.
Después de diez minutos, Rey decidió que sus minutos de simpatía habían transcurrido y olvidó su previo intentó de hacer a Serena abrirse por si sola.
—Es por Darién, ¿verdad?
—¿Cómo lo supiste?
—Secretos de oficio. Ahora, dime, ¿de verdad besa tan mal? Digo, ya que tú no lo quieres estaba pensando en-
Serena alzó una amenazante ceja y su nariz se arrugó en enfado.
—¡No puedes! —dijo mientras cruzaba sus brazos, olvidando su tristeza por completo —Él ya tiene a Saori. Además, ¡beso a Sailor Moon! Ese tipo de hombre no tiene respeto.
—No sé, me parece un buen partido para mí. Es listo, guapo, refinado y es como yo.
Lo último quiso parecer un comentario lleno de orgullo, pero al decirlo, los ojos de Rey sé humedecieron un poco y su sonrisa se volvió tan triste que los instintos maternales de Serena brincaron con el deseo de ayudarla.
—¿Cómo tú? ¿A qué te refieres Rey? —Serena llevó su mano al brazo de su amiga mientras le preguntaba directo a los ojos.
—Supongo que tienes derecho a saberlo —Rey apretó la mano de Serena y tragó saliva antes de continuar —¿Sabes que tengo poderes psíquicos y como...bueno, la gente decía cosas de mí? No, no hables, sé que me consideras genial, y sí, soy genial. Pero, aún así, mis poderes a veces me causaban problemas, veía más que los demás y la gente hablaba mal de mi.
Serena sintió furia por Rey. La sacerdotisa era a veces cruel, pero era bonita y ayudaba a las personas sin esperar nada a cambio. Alguien como ella no merecía que hablaran mal de habilidades tan buenas que ayudaban a vencer al mal.
—Darién, su aura, me recuerda a la mía. De hecho, por eso creía que era Tuxedo Mask —Rey dijo dijo contemplando el jardín, recordando algo que únicamente ella había sido capaz de ver.
—Él no es tan genial como tú.
—Nadie lo es —Rey giño uno de sus ojos y sonrió feliz antes de mirar hacia la puerta, en espera de que alguien más llegará, con la misma habilidad con la que había percibido a Serena.
Pocos minutos después, Lita y Amy entraron por la puerta, la primera hecha una furia y la otra observaba todo con cautela, en su pequeño hombro, Luna descansaba como si fuera un chal. Las dos jóvenes se sentaron a la mesa y Lita agarró uno de los bocados con rapidez.
—¿Estás bien Serena? —Amy preguntó al notar los ojos rojos de su amiga, pero está última sonrió y asintió con la cabeza, después miró a Lita con cejas alzadas y llena de preocupación.
—Lita, dijiste que querías hablar con nosotras, ¿verdad? —Luna decidió ser la valiente y llamar la atención de la joven furia.
Lita llevó otro bocado a su boca y después, apretó una almohada con fuerza, sus uñas penetrando la tela. Serena, más que asustada, estaba preocupada por las acciones de su amiga. Antes de preguntarle qué pasaba, Lita consiguió clamarse un poco.
—Él sabe de Nephrite —Lita escupió las palabras, su cara roja por el enojo —Darién sabe sobre Nephrite.
—¿Cómo?
—Ayer, en la florería, reconocí a Nephrite —Lita rompió la almohada al decir eso —Y luego, pasaron cosas. Al final del dia, lo confronte. Y ese chico, Darién, estaba ahi. Dijo que no le importaba si Nephrite era del Negaverso y otras tonterías.
Lita se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, molesta por lo absirab de la situación.
—¿Darién trabaja para el Negaverso? —Amy se atrevió a preguntar, pues las otras dos chicas estaban demasiado sorprendidas para formar palabra.
—No, ni siquiera sabía que era —Lita dijo con más calma —Nephrite le reveló que robaba su energía y yo...ese tonto, ¿saben lo que dijo? Le dijo que estaba bien siempre y cuando no atacará a otras personas ¡Agh!
Serena estaba muy confundida por todo lo dicho, Rey parecía seguir intentado acomodar las piezas, ni siquiera Luna parecía comprender las palabras de Lita y parpadeaba con rapidez.
—¿Darién le pidió a Nephrite ser su única víctima? —Amy preguntó, sus ojos eran fríos y sus manos parecían más blancas que lo habitual —Eso podría costarle la vida, o peor, darle suficiente energía al Negaverso para llevar a cabo sus planes.
—¡¿Amy?! —Lita y Rey gritaron alarmadas por el clínico análisis, Serena solo pudo abrir su boca por la sorpresa.
—Ella tiene razón —Luna saltó en defensa de Amy —Si el Negaverso obtiene suficiente energía, un terrible mal asotará la Tierra. Cosas horribles pasarían, millones morirían. Sería una horrible guerra y es nuestro deber detenerla antes de que empiece.
Las tres niñas sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos ante la mención de la guerra, sin saberlo, una pequeña parte de ellas recordaba una vida pacífica destruida milenios atrás. Serena sintió lágrimas formarse en sus ojos y Amy se apresuró a confortarla.
—No. No quiero que nada malo le pase a Darién —Serena suplicó y vio a cada una de las chicas —Tampoco quiero una guerra.
—Ninguna de nosotras piensa lastimarlo —Rey dijo, segura de sus palabras —Él único que planea algo malo es ese Nephrite, a él si hay que eliminarlo.
Serena negó con su cabeza. Pese a todo el mal que Nephrite había causado, no podía evitar pensar en las veces que el general había corrido detrás de Darién para protegerlo de la lluvia o su genuina preocupación por Darien al llevarlo al hospital.
—Es extraño, pero ahora que lo pienso, ese general parecía estar muy perturbado ante la idea de Darién de sacrificarse. Creo que hay una parte dentro de su oscuro corazón que sí se preocupa.
—No te dejes engañar Lita —Rey dijo, pero ella también parecía pensativa sobre el asunto —En cualquier caso, haré lecturas con el Fuego Sagrado, si Nephrite ataca, o no, lo sabré. Y tal vez, sea bueno que Luna vuelva al departamento de Darién, solo que esta vez no se deje el comunicador ahí.
Todas vieron las orejas de Luna hacerse para bajo y rieron, un poco de la tensión de ellas disminuyendo con la expresión morosa de la gata.
En la noche, mientras Serena se quitaba la ropa, sus ojos cayeron en los aretes blancos, chapados en plata y bastante elegantes, deberían de ser de su agrado. Pero no lo eran, así que agradeció que ninguna de las chicas los hubiera notado.
Únicamente Darién lo hizo. Y por algún motivo, eso dolía aún más.
¿Maxfield o Nephrite? Darién no estaba seguro bajo que nombre pensar al amigo de su padre que quizá nunca fue amigo de su padre.
Darién estaba pensando eso, sentado en el balcón mientras veía la blanca luna brillar en el cielo, intentando dar sentido a todo lo ocurrido el día anterior. Para su propia vergüenza, en lugar de que su mayor preocupación fuera Maxfield y sus secreto, Sailor Moon era su prioridad número uno.
Tal vez debió haberse disculpado más por el beso y mucho más por atacarla con sus propias manos. Le era difícil verlas en ese momento, le parecían sucias y ajenas a él al punto que deseaba perderlas para nunca volverla a dañar a la hermosa heroína.
—Miau.
Darién vio hacia el barandal en sorpresa, pues ahí estaba, negra como la más oscura noche, la gata parlante de Serena.
—¿Luna? ¿De nuevo lejos de Serena?
Al cruzar por sus labios, el nombre lo hizo enfermar. Contando a Saori, Serena era la tercera mujer a la que Darién había herido tanto que huían de él. Antes, con Serena, al verla esconderse de él le había causado diversión, del tipo infantil que tenía al jugar las escondidas.
Tras el fiasco del día anterior, no podía evitar preguntarse si todos lo que él creía era un inocente juego entre amigos en realidad siempre fueron reacciones nacidas de algo similar al asco por parte de ella. Si fuera así, entonces no podía esperar a que Nephrite le robara energías y acabara con todo.
—¿Serena me odia? —le preguntó a la gata, sabiendo que no le iba a contestar. Pero hablar con un gato era sin lugar a dudas mejor que hablar solo o escribir en un diario que siempre terminaba rompiendo —¿Fui yo él único que creyó que éramos amigos?
Darién respiró profundo y con el pie, comenzó a abrir la puerta del balcón, dispuesto a dejar a la gata obtener asilo de nuevo en su departamento. La gata permaneció en el barandal, viéndolo con brillantes ojos de animal nocturno.
Por unos segundos, estuvo tentado a revelarle sus pensamientos a la gata, de decirle que él también se había equivocado con Sailor Moon, quién hasta tenía un prometido. Darién no sabía mucho de Tuxedo Mask, pero por lo que leyó en los periódicos, parecía un hombre noble y romántico.
Era imposible competir contra alguien así.
El aire húmedo lo hizo temblar del frio, y él volteó hacia dentro para ver el reloj del despertador, en espera de que los números marcarán en letras rojas el comienzo de un nuevo día. Era la marca de otro año más. El aniversario que jamás podría olvidar.
Once años atrás, un niño despertó con vendajes en la cabeza, agujas clavadas en sus brazos y rodeado de paredes de un vacío color blanco. Doctores le dijeron un nombre que sonaba inventado y en susurros hablaron de la tragedia ocurrida como si de verdad les importará ser escuchados por un niño amnésico.
Del niño al adulto, la soledad parecía no tener predilecto. En la actualidad, le era inútil era intentar buscar lazos. Serena lo detestaba, Andrew y Saori estaban decepcionados de él, Maxfield únicamente lo cuidaba para robar su energía y Sailor Moon, su amada princesa, lo había rechazado.
Si ni siquiera su alma gemela lo amaba, quizás Serena tenía razón y no había nadie para él.
Luna lanzó un fuerte maullido que apenas y logró inmutar al deprimido Darién, sin embargo, cuando una persona se materializó de la nada a un metro de él, Darién saltó al otro extremo del barandal para poner distancia entre ambos.
—Así que tú eres el proyecto de Nephrite —un hombre con una bella cara andrógina y vestido con un traje gris, le dijo a Darién. Lo vio a través de largas pestañas y después el joven rió —Eres muy apuesto, pero no creo que valgas la pena.
—¿Qui... Quién eres? —Darién consiguió preguntar, observando por el rabillo del ojo como la gata se ponía en medio de ellos, como si quisiera proteger a Darién.
—Soy Zoicite —el hombre se presentó con una reverencia llena de burla. Eso, por alguna extraña razón, hizo olvidar a Darién el peligro. El misterioso hombre parecía incluso más joven que él mismo y su apariencia era todo menos amenazante.
—Si buscas a Nephrite, vendrá dentro de poco.
Maxfield aparecía de la nada en el apartamento de Darién, así que ni siquiera estaba mintiendo. Zoicite lanzó una larga sonrisa y de nuevo lo miro.
—Sabes, me gustan los hombres como tú, ¿no te gustaría unirte a mí y a mi novio?
Darién alzó lo hombros. Ir a tomar cervezas con criminales para escapar de su departamento, sentimientos y problemas le parecía tentador.
Zoicite se se sorprendió un poco por la respuesta de Darién, pero su sonrisa volvió con sencillez a sus labios y le extendió un guante blanco, ofreciendo el anhelado escape. Darién extendió su mano desnuda, dispuesto a aceptar ser llevado lejos.
Lo que nadie esperaba es que Luna interviniera.
La gata de Serena brincó sobre Zoicite. Hubo un fuerte aire y lo siguiente que supo Darién es que estaba colgado del balcón, sujetando a la gata con un brazo. Saltar por el balcón para salvar un animal podría parecer ridículo, pero aunque no fuera parlante, había algo increíblemente humano en ella.
Una mano callosa sujeto la muñeca de Darién y en poco tiempo fue ayudado a subir. Incluso antes de verle la cara, Darién estaba seguro que Maxfield era la imagen perfecta de la furia contenida.
—¿Ese era Zoicite? —un completo desconocido preguntó desde la seguridad del cuarto —Nephrite, si me despertaste para lidiar con Zoicite tendremos problemas en esta alianza.
Daríen, ya a salvo en el balcón, observó al desconocido. Su piel era blanca y su corto cabello rubio formaba rizos en su frente. Le parecía familiar. Sin embargo, parecía que con la llegada de Maxfield y el desconocido, Zoicite se había ido.
Maxfield ignoró las palabras del hombre y sujetó los hombros de Darién, viendolo fijamente a los ojos.
—¿Zoicite te intentó matar?
—No, pero tiró a Luna y yo la salvé —Darién consiguió decir en increíble descaro. Casi esperaba ser atacado por ello, pues ansiaba discutir o pelear o beber o no pensar en lo mucho que no quería ser el mismo en ese momento.
Maxfield, por su parte, estaba demasiado confundido para pensar en que decir o hacer, finalmente, abrió su boca para regañar a Darién.
—¿Estás tonto? ¿Qué se te cruza por la cabeza?
—Nada.
Nephrite alzó su mano, temblando por la furia, pero alguien sujetó su brazo y lo detuvo. Darién vio al desconocido con resentimiento, pero el hombre no se inmutó ante la mirada venenosa. Maxfield empujó al desconocido antes de entrar al departamento molesto.
La gata en sus brazos observó de uno a otro hombre, tensa y dispuesta a atacar de nuevo.
Darién no se atrevió a entrar, en lugar de ello, prefirió dormir afuera. En alguna parte de la noche, la gata había desaparecido y Darién únicamente se quedó mirando al cielo, a la noche transformándose en día y pese a que la vista era hermosa, lo único que sintió fue melancolia.
Serena despertó con lágrimas en los ojos. De nuevo había soñado con el príncipe. Él había estado llorando por sus padres, su cabeza pesada en el hombro de ella, y con manos blancas ella acarició un sedoso cabello negro.
Aún podía oler la fragancia de rosas en sus manos. Parpadeó y observó sus manos, pues era extraño que aunque tuviera un prometido, su mente conjurará sueños en los que ella amaba a otro. En otros tiempos, caer enamorada de dos chicos simultáneamente había sido tan gracioso como un buen chiste.
Limpió su cara y sacudió su cabeza, intentando rastrear hasta el último detalle de su sueño, pero conforme pasaba el tiempo, los detalles comenzaban a desaparecer como la noche desapareciendo ante el sol.
—Nunca debí de haber visto esa película.
Su madre entró a la habitación en ese instante, cargando un vaso de agua que colocó en la mesita de noche.
—Este día siempre despiertas llorando, ¿verdad? Realmente, esperaba que ya lo hubieras superado —su mamá dijo mientras acomodaba un mechón rubio detrás de su oreja, después la abrazó para protegerla de un terror que la invadía año con año.
—Cierto. Lo había olvidado —Serena empezó a carcajear, roja por olvidar que era el aniversario de "eso". Ella no sabía porque pero todos los años, sentía un dolor que no parecía ser suyo y ella quería curarlo —Ya ni recuerdo como comenzó.
Ikuko paso sus manos sobre el cabello de su hija, deshaciendo los pocos nudos formados en la noche, y miró hacia el techo, intentando recordar también.
—Estaba embarazada de Sammy por esos días, y tú estabas muy, muy feliz...y una tarde despertaste gritando. Creímos que te habías caído de la cama—Ikuko negó con su cabeza para quitarse la imagen —Decías que "él está muriendo". Fue tanto el susto que hasta tuve que ir al hospital, pero por suerte, cariño, tus sueños no son proféticos y Sammy estaba bien.
Serena recargó su cabeza en el hombro de su mamá, intentando recordar aquellos días de los que su mamá hablaba. Pero le era más imposible que intentar recobrar los contenidos del sueño de esa noche.
—Un mes después, este mismo día, despertaste llorando de nuevo. Diciendo que te dolía aquí —Ikuko puso su dedo índice encima del pecho de Serena —Lloraste tanto que te tuvimos que llevar al hospital, pero estabas bien de salud.
Serena sonrió al pensar que había hecho a sus padres correr hacía el hospital porque ella decía sentirse mal. Algunos años, Serena despertaba sin respiración, como si hubiera corrido una distancia incalculable, siguiendo a algo o alguien.
—Tal vez, este relacionada con Liar —su mamá aventuró a decir y Serena sintió la sangre de su cara irse —Hay algunas personas que pueden sentir el dolor de sus almas gemelas. Deberías de preguntarle este viernes que lo vas a ver.
—¿Mamá...?— Serena intentó formar una pregunta, pero no supo que iba a decir y cerró sus labios, en lugar de ello, volvió a cerrar sus ojos. Era muy temprano y aún podía tomar otra pequeña siesta antes de tener que alistarse.
De nuevo, comenzó a soñar. Esta vez, caminando en un jardín iluminado por la casta luna y lámparas de fuego danzante, el lugar donde lo vio por primera vez. Ella podía ver su cabello negro, su capa azul y sus botas cafés, unos pasos más y...
Sintió un golpe en el estómago y despertó con saliva en los labios. Luna la miraba desde sus piernas.
—¡Serena! —Luna dijo antes de poder recuperar todo el aire y miró a la niña, todo en ella una completa imagen de alguien aterrorizada —Es terrible. Tenemos que ir con las chicas. Hoy, es urgente.
—¿No debías asegúrate que Darién estuviera bien?
—Eso no importa.
Serena frunció el seño. La vida de Darién sí importaba y decir lo contrario era más que cruel, era casi un crimen. Luna ignoró el enfado de Serena y agarró valor antes de hablar.
—Jadeite ha vuelto.
Tuve comentarios en el último cap así que pues me puse a escribir. Soy ese tipo de personas que necesita reviews...Bueno. Decidí no poner nada M...uhm. ok.
No sé si ya lo dije antes, pero...¿Por qué nadie me recordó que el nombre de Maxfield era Masato me confundí de doblaje y tome el nombre en inglés (es que el Dub en inglés se me hizo tan cómico que tuve que ver un episodio...el soundtrack de Tuxedo Mask es muy gracioso). Ahora es muy tarde para corregirlo.
Gracias por leer y un abrazo a los que amablemente me dejaron sus comentarios. Nos vemos.
