Capitulo 11

—Es viernes y toda la semana ha estado muy tranquila—Amy comentó a Serena en el receso, sus ojos conteniendo los pensamientos que sus labios guardaban.

Molly estaba acompañándolas a la merienda, por lo tanto Serena sabía que no podían hablar sobre Jadeite, quién con cuatro días para prepararse, debía estar planeando ya algo nefasto. Serena sentía un poco de culpa al ver a Molly comer nerviosa junto a ellas. Su amiga era lista y debía saber que Serena y Amy guardaban algún secreto

—Eso me recuerda, en la tienda de mi mamá va a haber descuentos, así que si quieren podríamos ir juntas —Molly se atrevió a proponer, lanzando una sonrisa amigable a Amy.

—Tengo que estudiar —Amy contestó suavemente y la sonrisa de Molly se volvió forzada, pero inmediatamente después se compuso a una genuina y volteó a ver a Serena en espera de su respuesta.

—Lo siento Molly, tengo planes.

Los ojos verdes de Molly se volvieron grandes como platos, sus labios se suavizaron y con el codo empujó el brazo de Serena en un gesto de complicidad.

—¿Una cita?

—¿Qué? —Serena palideció y dejó caer el bocadillo que estaba planeando comer unos segundos antes —¿Cómo lo supiste?

—Se nota...no me digas. El muchacho guapo del saco verde consiguió tenderte una trampa.

La heroína lunar parpadeo varias veces, confundida, pues la línea de pensamiento de Molly carecía de la lógica que solía distinguir a la pelirroja.

—¿Daríen? ¿Por qué él y yo..?

Darién Chiba saliendo con Serena Tsukino jamás, nunca en ninguna época o lugar tuvo algún sentido o esperanza. Desde el primer momento en que cruzaron caminos, ambos tenían un destino trazado que los llevaba a otra persona.

Era ridículo pensar que él, grosero y patán, siquiera hubiera cruzado la línea de sus intereses cuando ella tenía al amable Andrew en el arcade o al heróico Tuxedo Mask, y más aún a su prometido que era su alma gemela: Liar.

Darién jamás tuvo oportunidad en su corazón, ni siquiera de ser amigos. Los amigos no te hacen sentir que puedes volar o al mirarte te hacen perder el aire y olvidar la existencia misma o se ríen como los angeles de ti.

—¿Serena?

Ella intentó responder, pero le era imposible lograrlo entre los sollozos y el dolor, su corazón sentía demasiado en ese momento y su mente jugaba con la idea que la llevaba agobiando desde aquel dulce beso prohibido el domingo pasado.

Estaba enamorada de Darién.

Era igual que con Andrew y Tuxedo Mask, por lo tanto creía que podía lidiar con el sentimiento en el tiempo que tardaba en volverse una adulta madura que se iba a casar con su alma gemela a los diecinueve. Por eso, no entendía porque sus lágrimas seguían brotando pese a sus intentos de detenerlas.

—¿Estás bien? —Amy preguntó mientras acariciaba su hombro, Molly le daba palmadas en la espalda como muestra de un apoyo incondicional.

—No, pero lo estaré —Serena logró decir después de limpiar su nariz con el pañuelo de Molly —Perdón, está semana ha sido horrible.

—Perdón, Serena, no quería hacerte llorar, solo estaba jugando un poco —su amiga pelirroja logró decir tras limpiar unas pequeñas lágrimas que se estaban formando en sus ojos tras ver el dolor en Serena.

Ellas tres solo eran niñas que seguían creciendo en cuerpos extraños y lidiar con hormonas era complicado sin contar con tener youmas en las sombras, generales malvados o almas gemelas.

Serena sacudió la cabeza. No iba a pensar en eso mientras estuviera en la escuela, tenía toda una tarde para poner las cosas en su sitio.

Amy ofreció a ir por algo de agua, pero antes de levantarse de su posición al lado de Serena, vio a un niño de cabello negro viendo el espectáculo desde la distancia. Serena estaba demasiado ocupada en tranquilizar sus sentimientos para ayudar a Molly y a Amy a fruncir el ceño.

Ninguna de las tres dijo nada más por el resto del descanso, ni durante clases. Serena agradecía eso.


Jadeite, el amigo de Maxfield, era extrañamente familiar e increíblemente útil. Parecía saber de todo tipo de trabajos y actividades. Por ejemplo, había conseguido arreglar el refrigerador que llevaba meses tirando escarcha y fallando en congelar productos, y además, Jadeite, sin problemas, realizó un curry mientras con voz de maestro explicaba a Darién los pasos a seguir.

Darién sabía que el hombre estaba ligado a los turbios monstruos del Negaverso, pero le era difícil mantener su distancia emocional con alguien que llevaba una semana viviendo en su departamento y que era admirable en la mayoría de los sentidos (había viajado a varios países del mundo), aún así lograba no hablar mucho con Jadeite, en lugar de ello fingía hacer la tarea de la preparatoria.

Detestaba la preparatoria, una sola vez había sido suficiente, pero de nuevo estaba ahí con muchachos que eran muy revoltosos y llenos de emociones fervientes que parecían querer ahogarlo vivo. Maxfield le había dicho que tenía poderes psíquicos y era ese el motivo de que pudiera ver cosas que otros no. Darién se había negado a investigar sobre eso con la misma voluntad que lo hizo huir de cualquier libro de psicología.

Quería ser normal como los demás y no eso.

—Ire a buscar a las Sailor Scouts —Jadeite dijo tras terminar de limpiar el mostrador de la cocina, hablando con aquella formalidad que se podría esperar de un soldado y que era un recordatorio que él era malvado.

—¿Por qué? —Darién preguntó, dejando el lápiz encima de hojas en blanco. Sus cejas estaban arqueadas y casi podía sentir el deseo de gritarle que dejara en paz a Sailor Moon, pero conseguir la información era vital así que guardo sus deseos para después.

—Para formar una alianza.

—¿De verdad? Eso no me suena creíble.

—Le dijiste a Nephrite que primera tomará todas tus energías antes de siquiera pensar en atacar a alguien más, además, mencionaste que esperabas que las Sailor Scouts consiguieran acabar con el Negaverso antes de tu muerte —Jed explicó, siendo increíblemente directo. Pero así era Jadeite.

Darién alzó una ceja al escuchar todo eso. No entendía nada de lo que se le estaba diciendo. Tampoco quería parecer tonto y admitir que las palabras de Jadeite lo único que conseguían era confundirlo más.

—Para salvaguardar tu vida —Jadeite explicó, entendiendo a la perfección las arrugas en la frente de Darién , es necesario que formemos una alianza con las Sailor Scouts y ataquemos antes de que la Reina Metalia despierte.

El nombre de la reina congeló a Darién. Su respiración se detuvo y perdió la capacidad de formar palabra. Ella, esa cosa, en el pasado, su reino, a su gente... Darién sacudió su cabeza y volvió en sí, aún sudando en seco. Estaba seguro de que había sufrido otro estado de fuga, pero era incapaz de discernir cual era la causa.

Jadeite tenía sus ojos fijos en Darién, incluso había salido del cuarto de cocina para sentarse al otro extremo de la mesa, observando cada pequeño detalle en la cara del muchacho como si esperara resolver algún rompecabezas.

—Nephrite ordenó que si presentabas signos de tu enfermedad te llevará al hospital.

—¿Lo hizo? —Darién preguntó sorprendido, después recordó que Nephrite lo quería vivo para poder tomar sus energías. Su estado de fuga seguramente aún le seguía causando estragos para no ver lo obvio, pero era mejor a tocar cosas o personas y ver su (asqueroso) pasado. No iba a volver al hospital —No te preocupes, no es nada.

—Como gustes.

Unos minutos después, Jadeite se empezó a alistar para salir del departamento en búsqueda de las Sailor Scouts, Daríen veia todo desde el pasillo de salida.

—Yo iré solo —Jadeite dijo al ver que Darién lo esperaba en la puerta, recargado en la pared con las manos en sus bolsillos.

—No puedo dejar que las lastimes —el joven contestó, seguro de que estaba haciendo lo correcto al enfrentar a alguien con mayores poderes y entretenimiento militar.

—Los humanos siempre sobreestiman sus palabras y el poder de ellas—Jadeite le dijo con una sonrisa que no ocultaba su molestía—Tus palabras no se volverán realidad solamente porque lo desees.

Darién apretó sus puños, listo para pelear. Llevaba cuatro días enteros sin fiebre, y ya no tenía ni una sola marca o cicatriz sobre su piel de lo del domingo, así que finalmente podía pelear por su propia cuenta sin necesidad de ser salvado por nadie.

Jadeite sacudió su cabeza y lo miro compasivo.

—La violencia no va contigo —le dijo con una sonrisa amable, como si las acciones de Darién le causarán gracia, después colocó un puño sobre su pecho y dió una reverencia —Bajo mi palabra de honor, yo Jadeite, juro que haré lo posible para formar una alianza benéfica con las scouts encontrá del Negaverso.

Darién se puso rojo al ver la solemnidad del hombre, incapaz de procesar el extraño comportamiento que lo hacía pensar que tanto Jadeite como Nephrite, a veces, actuaban como si Darién fuera algún príncipe o un noble.

—¿Satisfecho? —Jadeite preguntó, tan serio como siempre y sin rastros de burla.

—Sí.

—Entonces iré en búsqueda de las scouts. Si viene Zoicite de nuevo...— Jadeite se detuvo en seco — Pensando esto mejor, debo dejarte en un lugar donde no serás encontrado solo.

—Me puedo cuidar solo. Además, Zoicite no parece peligroso ni una mala persona.

—Tu realmente eres ingenuo.

Darién frunció el ceño ante esas palabras y llevó sus hombros para atrás, pero Jadeite tenía razón, él no era necesariamente violento y era poco dado a intercambiar puños. De otra forma, quizá en lugar de ponerse en medio del ataque del youma y Sailor Moon, hubiera intentado golpear al monstruo.

Mientras más lo pensaba, su violenta actitud con Jadeite parecía más su intento de compensar los eventos del fin de semana anterior. Sin embargo, ¡él no era ingenuo!

—Si sigues arrugando la frente te van a salir arrugas —Jadeite dijo como observación mientras abría la puerta. Tras ver que Darién seguía clavado en el mismo lugar, continuó — ¿Su alteza va a venir conmigo?

—Esa broma no es graciosa —Darién respondió, moviéndose para ponerse sus zapatos para salir.

—Eres muy directo al hablar. Sin embargo, Nephrite asegura que varias personas hablan de ti como una persona bien educada y amable. Tus poderes debieron haberlos confundido sin lugar a dudas —Jadeite dijo, observando de nuevo a Darién como si fuera un rompecabezas.

—¿Dices que mis "poderes" hacen que la gente tenga mejor percepción de mí?

Imposible. Lo único que podía hacer era ver cosas falsas y tener extraños sueños. Nunca había manipulado a nadie para tratarlo bien. Darién miró a Jadeite en busca de alguna señal de que todo había sido una broma, pero el amigo de Maxfield seguía siendo la imagen de la seriedad y tras ver que Darién estaba listo procedió a retirarse, sin cerrar la puerta pero tampoco sosteniendola para Darién.

Al terminar de cerrar con llave la puerta de su departamento, Darién buscó a Jadeite por el pasillo, pero lo único que vio fue al elevador marcar que iba rumbo al primer piso. Era algo irritante no ser esperado.

En cuanto salió del edificio departamental comenzó su búsqueda por el malvado general oscuro. Ese era un mal apodo. Ya sabía su nombre, pero muchas veces, antes de saber el verdadero nombre de una persona, Darién les ponía sobrenombres. A Andrew le había llamado "Sonrisa de pez", a Saori "Lápiz Rojo", al velador de los departamentos "Chimuelo bobo" y a Serena "Cabeza de Chorlito". Los que habían escuchado esos apodos le habían dicho que era cruel pero parecían olvidarlo un segundo después y jamás se lo comentaban a nadie.

Su intención no era ser cruel, era solo que pensar en caras sin darles algún nombre, tenía el riesgo de que terminaran en el olvido. Todas las personas con un apodo eran valiosas para Darién incluso antes de saber sus nombres y por eso lo había hecho.

Se detuvo en seco mientras reflexionaba en eso. Lo que una vez le pareció un método gracioso para ejercitar su memoria, le empezo a parecer algo enfermizo. Esas personas quizá nunca quisieron que Darién las recordara. O que hablara con ellas.

Unos días atrás, Serena le había gritado que lo quería lejos de su vida. Darién sintió una estocada en el corazón que lo tambaleó. Pensar en Serena huyendo de él, rechazando su amistad, era casi tan doloroso como cuando recordaba a Sailor Moon, hermosa como la más bella luna, decirle que amaba a otro.

De nuevo se sintió enfermo y todo a su alrededor se tornó más gris, como si jamás la hubiera visto a ella alguna vez en su vida. Nada tenía sentido si ella no lo amaba y él no era libre para amarla. Diez años la amó con increíble fuerza, aferrado al hermoso sueño de un amor más grande que el mundo y el tiempo, pero al estar despierto, descubrió que en realidad era una pesadilla.

Se le había mostrado el paraíso a través de un cristal etéreo y al intentar alcanzarlo, fue arrojado sin perdón a la dolorosa agonía del fuego. Tal vez al caminar, el crujido que hacían sus zapatos eran de los fragmentos de su amor destrozado y de un corazón roto en mil pedazos.

Si Nephrite apareciera en ese instante, él daría todo su energía pues la negra muerta era preferible a la terrible agonía de existir sin ella.

Sailor Moon, su princesa, su único amor. Día y noche su recuerdo lo asaltaba sin misericordia, ofuscado su mente y formando un vacío en sus entrañas que duraba horas. Había pasado al menos dos noches enteras viendo al techo con una vista vacía y con pensamientos que no llevaban a ningún lado. En las mañanas, continuaba su letargo y no se movía de la cama para nada.

Jadeite jamás se molestaba en obligarlo a ir a la escuela, y la única razón por la que Darién había asistido ese viernes, fue que Maxfield decidió visitar el departamento y lo obligó a ir a ese lugar en donde era inútil estar.

Dos años de universidad arruinados. Sus años de esfuerzo eran nada pese a todo lo que él sacrificó. Tan inútiles como sus intentos por ayudar a Sailor Moon.

Su garganta se cerró y Darien limpio sus ojos con su mano, como si se estuviera quitando mugre de la cara. Estaba en medio de la calle así que no iba a hacer algo tan inmaduro como llorar. No importaba si su amada tenía otro, si su mejor amiga jamás lo fue, o si Maxfield lo veía como una fuente de energía y nada más.

Él no iba a mostrarle al mundo que estaba roto. Ese era su secreto y moriría con él.


Saori llevaba semanas sin haber hablado con Darién. Aún le era difícil creer que por un error administrativo lo hubieran dejado inscribirse en la universidad pese a no cumplir los requisitos. Ambos habían ido a la preparatoria, pero sus rasgos europeos siempre hicieron difícil calcular su edad en aquella época.

Una vez, ella recordaba haber hablado con él de un caso muy famoso de homicidio serial que había sido muy sonado cuando ella tenía nueve años. Todos en su rango de edad lo conocían pues era común verlo en las noticias. Darién no lo había hecho y él comentó, en una voz casi de niño, que en ese año el había estado en el hospital.

Ella lo había considerado extraño, pero antes de indagar más, se sintió llamada a pensar en otras cosas. Sin saberlo, ocurría exactamente lo mismo en el presente, pues al pensar sobre el error administrativo, cuando quería investigar más a fondo, lo olvidaba de inmediato y se ponía a hacer otras cosas.

En ese momento, la "otra cosa", era visitar a Andrew para que le ayudará a instalar un programa a su computadora. Unos meses atrás, le hubiera pedido ayuda a Darién, pero en ese punto no sabía cómo encontrarlo.

Lo había visto un par de veces, vestido como un estudiante de preparatoria, y le había parecido tan joven que era casi un desconocido. Por eso, le había sacado la vuelta. Además, no quería arriesgarlo si por accidente revelaba que Maxfield no era ningún tipo de amigo.

—¡Saori! —Andrew la saludo desde una máquina de videojuegos que estaba limpiando, su sonrisa como siempre amable y digna de alguien que sabe que la vida es hermosa. Una vez, Saori lamento que él no fuera su alma gemela.

—Buenas tardes Andrew ¿cómo estás?

—Muy bien. Ya no te he visto últimamente cerca de la facultad, ¿qué pasó?

—Solo la visitaba porque Darién me ayudaba con la computadora —Saori contestó con una sonrisa triste.

Andrew aceptó la respuesta y le ofreció ir a tomar un café al restaurante de al lado, también parte de la misma franquicia que el Crow.

Quince minutos después, los dos estaban sentados platicando de los últimos avistamientos de monstruos y las noticias más relevantes de la semana.

—¿Te enteraste que asesinaron a un Yakuza? —Andrew preguntó en voz baja —Escuche que fue con un cuchillo.

—Sí. Ahora mismo parece haber una lucha de plazas por ello, y nadie sabe quién es el asesino —Saori dijo en el mismo tono bajo, cuidando de que no se le ocurra hablar del tema tan abiertamente. Sintió un tremor recorrer su espalda al pensar lo que su padre le había dicho del caso.

Tanto la puerta de la asotea del edificio como la del cuarto del líder Yakuza habían sido explotadas con algo que no dejo rastro de pólvora y el cuchillo era similar al que se encontraba en varias casas de la región. Nadie más había muerto en el atentado ni podia recordar la persona que los atacó.

Saori sospechaba que la única razón por la que se les había dejado investigar el asesinato era para obtener pistas en la base de datos de la policía, y gracias a los nuevos avances tecnológicos, se tenía como pista que solo dos pares de manos habían sosteniendo el mango del cuchillo con anterioridad.

Pero eso Saori no lo podía decir y su padre únicamente se lo comentó para que tuviera cuidado.

—¿Esa niña...?—Andrew alzó la cabeza y miró hacia fuera del edificio a través de la ventana, Saori siguió la línea de visión y sus ojos cayeron sobre una niña peinada en chongos y coletas que le era muy familiar.

—¿Serena?

—¿La conoces? ¿Quién es el hombre al lado de ella?

Andrew comenzó a levantarse de su asiento, sus ojos duros como si estuviera a punto de pelear con alguien y Saori se apresuró a sujetar su manga antes de explicarle que ese hombre era el prometido de Serena, "su alma gemela"

—No puedo creerlo —Andrew dijo, sus brazos estaban cruzados y el el lado derecho de su labio ocultaba una amenaza —Serena, la pequeña Serena, ¿tiene un alma gemela? Se ve muy viejo para ella y mírala, no parece ella misma.

Saori vio como la pareja se retiraba, el con una mano en el rígido y pequeño hombro de ella. Pero el hecho es que la mayoría del tiempo se procuraba casar a las almas gemelas con la única excepción siendo cuando eran padres e hijos. La mayoría de las religiones estaban basadas en ese tipo de relaciones e incluso en la época actual, Saori tenía reservaciones para interponerse en lo que era conocido mundialmente como "verdadero amor"

—Solo la he visto dos veces, no la conozco bien —Saori dijo, lanzando una última mirada a la niña que creyó era amiga de Darién pero resultó no serlo. Una lastima, pues Darién parecía si tenerle aprecio —Pero creo que tienes razón.

En la mesa continua, pegada tambien a la ventana, Saori vio a un hombre rubio ver a la pareja de novios, siguiéndolos con la vista en un increíble descaro, incluso se había puesto de pie para verlos mejor y solamente se sentó hasta que ellos desaparecieron en la esquina.

—Pobre Darién —Andrew dijo en un suspiro y antes de que Saori pudiera preguntar a qué se refería, el hombre rubio volteó a ver la nuca de Andrew con detenimiento — Después del problema administrativo con la universidad y todo lo que ocurrió en la embajada, parece que este será un mes lleno de malas noticias para él.

El hombre rubio se hizo para adelante de su asiento y tocó el hombro de Andrew, sus ojos azules apenas revisando la cara de Saori, sin embargo, ella intuía que él era la clase de personas inteligentes que habían leído al menos un libro de psicoanálisis en su vida.

—¿Habla de por casualidad de Darién Chiba? —el hombre preguntó con una voz fuerte y segura.

—¿Por qué? —Andrew decidió esquivar la pregunta realizando la suya propia, pero todo su cuerpo traicionaba sus planes de no revelar que sí lo conocía.

—Soy Jed —el hombre se presentó, después intentó lanzar una sonrisa encantadora pero era obvio que lo hacía por mera formalidad —Darién apreciaría que le hicieran compañía, ¿Saori y Andrew verdad? Él me los mencionó.

—¿Y dónde está él? —Saori interrogó, recordando que la última vez que vio a Darién fue en compañía del tal Maxfield, quién al igual que el rubio, tenía aretes en las orejas. No podía ser coincidencia.

Jed sonrió y con sus ojos comenzó a buscarlo alrededor, después, la confusión atravesó su cara y empezó a alzar la cabeza buscando con mayor interés, luego realizó un sonido con la lengua de disgusto, y trás sacar un puñado de billetes a la mesa salió corriendo del lugar.

—¿Lo seguimos? —Andrew preguntó conspirador a Saori.

—Sí —ella contestó sin titubear.

Llevaban cuatro cuadras persiguiendolo cuando se dieron cuenta que ellos no eran los únicos detrás del nervioso Jed, pues también había una gata negra que parecía seguirlo. Saori pensó brevemente si aquella gata era del hombre.


Serena sentía que sus mejillas estaban rojas y cada vez que veía el perfil de Liar no podía evitar mirar hacía el suelo, avergonzada de no saber que decir en su primera cita.

Aún le era difícil creer que su papá lo hubiera permitido, pero después de dejado plantado y con los hermosos aretes de plata de por medio, lo mejor para su relación era tener momentos solos. O eso le había explicado su mamá.

Pese a toda la mortificación que la había agobiado en la mañana, al estar caminando al lado de Liar, su mente parecía pensar únicamente en que las personas seguro los estaban viendo y asumirían que eran almas gemelas.

—Mi otra mitad —Liar dijo mientras apretaba el hombro de ella y la forzó a detenerse con ese gesto.

Ella volteó a verlo, apareciendo que estaban en uno de los tantos caminos que eran poco transitados y que ambos estaban prácticamente solos, su única compañía las aves que descansaban en los cables de luz.

Sus manos se volvieron puños y su corazón palpitó al ver los ojos cafés de Liar y aquellos labios húmedos que le habían robado su primer beso.

—¡Mirá! ¡Ese pájaro está muy gordo! —Serena se apresuró a decir, apuntando con el dedo índice al ave, intentando distraer a Liar de cualquier pensamiento que estuviera cruzando su mente.

—Siempre tan animada —Liar contestó con una sonrisa amable y colocó su otra mano en el hombro libre de Serena, atrapandola por completo —. Eres la mujer más hermosa del mundo, tan hermosa... Yo amo más que a nadie, mi pequeña Serena. Por ti iría hasta el fin del mundo, pues jamás podría vivir sin ti.

Ella estaba acostumbrada a que los niños de la escuela le dieran confesiones simples que eran vergonzosos "me gustas", pero las palabras de Liar eran más fuertes, profundas y cargadas de un deseo arduo de estar siempre a su lado.

Por primera vez, sus cachetes enrojecieron por algo distinto a la vergüenza. Las palabras eran una romántica telaraña que la volvió incapaz de pensar.

—Eres mía —el susurró en su cuello, su respirar caliente enviando escalofríos a su piel —Desde siempre has sido mía y yo de ti.

El beso que le dió no la asustó. Apenas y lo consiguió registrar en el mar de incoherencias que era su mente. Nunca nadie había dicho esas cosas antes a ella. Era demasiado para poder comprenderlo.

Tampoco comprendió cuando fue llevada hacía dentro de unos apartamentos pese a que su mamá lo había prohibido en la mañana. Era el hogar de Liar y ella había estado demasiado distraída para darse cuenta que todo el tiempo, él la había encaminado para ese lugar.

Fue hasta que él la hizo entrar a su departamento, sujetando su pequeña mano con la enorme mano de él, que Serena se armó de valor para negar con la cabeza.

—¡Jeje! —Serena fingió una carcajada e intentó librarse del agarre —Soy muy joven para estar con un hombre a solas, jaja, que vergüenza.

—Soy tu otra mitad, no hay nada que temer —Liar dijo con aquella sonrisa habitual, pero sus ojos tenían un brillo distinto que se asemejaba a una bestia. Quizá Liar había sido reemplazado por un youma.

—Mamá dijo..

Los labios de Liar la silenciaron y está vez, no fue la confusión, si no el miedo la que la hizo que se dejará besar, petrificado su cuerpo entre la pared de la entrada y Liar.

—Te amo. No puedo vivir sin ti mi pequeña Serena, de verdad te amo—Liar dijo, su mano acariciando el brazo de Serena con un asqueroso afecto —¿Y tú me amas verdad?

Ella accedió con la cabeza, imitando el gesto de él sin comprender de todo a que estaba diciendo sí.

—Esto te va a gustar — él dijo con una sonrisa pícara y su mano dejó en paz a su brazo, pero antes de que Liar pudiera cerrar la puerta, el aroma a tierra y rosas llegó a la nariz de Serena como una fresca bocanada de aire.


Una hora atrás, Darién había estado jugando con una lata de cerveza, tocando el aluminio con sus dedos para formar distintas arritmias. Era humillante, pero pese a su aparente perfección, tenía un ligero problema de alcohol.

También lo dejaba confundido y mareado como otras sustancias que eran malas para su salud, pero desde la primera vez que perdió la conciencia en su departamento y arruinó una buena alfombra, Darién descubrió que una mortal jaqueca no le dejaba pensar en lo mucho que odiaba su vida.

Tendría quizá quince años y habría estado festejando algo importante solo, así que ninguna persona se molestó en darle un vaso de agua cuando despertó sintiéndose al borde de la muerte. Quizá había llorado del dolor.

Abrió la lata y observó el contenido por varios minutos. Él sabía que estaba actuando mal bebiendo una cerveza en las vías públicas, pero como siempre, la gente pasaba sin mirarlo, ignorando que tenía al menos otros tres botes en sus pies y, por supuesto, sin saber que llevaba cinco en la mochila.

Maxfield se molestaría mucho con Darién. (Pero solamente porque seguro le pasaría algo a su energía con el alcohol, nada de un verdadero interés por la salud de Darién).

El sabor era conocido pese a no haberlo probado en varios meses, prácticamente desde que conoció a Serena una parte de su mente le había llegando de escalofríos al pensar en beber, porque si él no estaba sobrio entonces no iba a poder...

—¿Poder qué? —Darién preguntó y volvió a jugar con la que ya era la tercera lata. Dejó de beber por la extraña culpa que lo atravesó. Estaba olvidando algo muy importante.

A alguien.

Ocultó su cara en sus manos e ignoró la cerveza. La mochila, que también había comprado esa misma tarde, pesaba mucho en sus hombros tensos. ¿Qué diría la gente si lo veía así? Maxfield volvería a gritarle que no valoraba su vida, Jadeite estaría decepcionado, Saori lo regalaría por ser muy joven para andar bebiendo, Andrew ofrecería un café y Serena lloraría por él.

—Es una llorona —Darién se dijo así mismo, imaginando la reacción de Serena al ver a Darién sumergido en latas de cerveza y llorando en plena vía pública. Ni siquiera se había dado cuenta cuando comenzó.

Limpió sus cachetes y se atrevió a ver a su alrededor, agradecido de que la única persona a la vista fuera un oficinista que corría apresurado a varios metros de distancia, lo suficiente como para que no pudiera ver la cara de Darién si decidía voltearse en ese instante.

Suspiró profundo y vio al cielo, su mano de nuevo sujetando la lata listo para continuar. Hasta que lo sintió.

Era la voz de Serena, distante, callada por millones de otras que venían de todas partes, todas cruzando por la Tierra, filtradas por su confundido corazón. Lo estaba llamando, no a él precisamente, pero pedía auxilio.

Como en el hospital. Ella iba a estar en peligro.

Darién comenzó a correr pese a la confusión dentro de él. Su mente nublada por el alcohol incapaz de lograr separar el ruido de Serena de los otros tantos, de personas buenas o malas. Pero sabía que sus pies lo conducirían a ella.

Corrió hasta perder el aliento y cuando paró a tomar aire, sus ojos vieron la punta de un cabello rubio desaparecer dentro de un complejo departamental. Su estómago dolía de tanto correr, así que tuvo que trotar las dos cuadras restantes, forzando la molestia lejos pese a estar al borde del delirio.

Una parte de él quería golpearse por haber estado bebiendo. Ese era el motivo de que sus extraños poderes no lo hubieran hecho encontrarla antes, también su cuerpo hubiera estado más listo para correr el maratón hacía ella de no ser por el alcohol.

El recepcionista lo vio entrar y al ver los ojos de Darién, señaló hacía el elevador, contestando un comando jamás dicho en voz alta.

—Séptimo piso.

Darién tomo la respuesta como válida y presionó el botón. En el tiempo que esperaba, su lado más racional, el que se negaba a creer en sus poderes, le preguntó a Darién que estaba haciendo.

Darién no pudo dar respuesta y entró al elevador por inercia, cada segundo más confundido. Aún podía escuchar que Serena estaba en peligro, pero la imposibilidad de la situación y lo ridículo de todo era un balde frío sobre su cuerpo.

Las puertas se abrieron en el séptimo piso y se quedó viendo al pasillo inseguro de si debía o no continuar. Parecería un loco para todos.

Presionó el botón del primer piso dispuesto a irse y dejar todo eso atrás. No más poderes extraños o visiones raras, o sueños de princesas iluminadas por el halo de la Tierra, ni niñas de secundaria que tirarán papeles a su cabeza.

Las puertas se cerraron con un sonido mecánico, pero Darién no le prestó atención, sus ojos estaban completamente abiertos mientras se forzaba a seguir, caminando por el pasillo tras rechazar el escape que su mente le había ofrecido.

Su respiración se volvió cada vez más lenta mientras más se acercaba a su destino. Finalmente vio una puerta abierta, escuchó la voz de un hombre que debió serle familiar de haber estado prestando más atención y, sin pensarlo, Darién se puso en el marco de la puerta para ver a la pareja dentro.

Un hombre y una mujer, no una niña inocente con enormes ojos azules que desconocían de los terribles demonios de la humanidad.

—Serena —Darién dijo con una calma que parecía venir de alguien que no era él —¡Vámonos!

Darién agarró la muñeca de Serena, para guiarla hacia fuera de la habitación, después, la empujó en dirección de las escaleras, poniéndose en medio de ella y el hombre, el pervertido Liar, quién estaba demasiado sorprendido como para pensar detener a Darién.

En otra situación, el joven estudiante hubiera pensado en esperar el elevador, en lugar de ello, llevó a Serena por todos los escalones, su mente únicamente pensando en salir de los edificios. El silencio entre ambos la única compañía que tuvieron en el recorrido.

Su mano estuvo sobre la parte media de la espalda de ella todo el trayecto, como si con ello fuera capaz de conseguir cambiar algo.

Finalmente, ambos salieron del edificio, sus labios sellados y sus corazones enjaulados por emociones que les prohibían dar sentido a lo ocurrido.

—¡Daríen!

Serena, paradójicamente, fue la que despertó del trance al escuchar a un hombre gritar el nombre del muchacho a su lado. Al enfocar su vista, ella vio una cara que la dejo aún más helada.


Notas:

Pense en cortar este episodio en la parte que Darién está indeciso en el elevador. Pero eh... bueno, al final no me gustó la idea. También pensé en eliminar la escena de Liar pero eso implicaría eliminar la mitad del capítulo (o todo el capítulo, rip cap nueve). También pensé en no subir este capítulo hasta terminar el que sigue pero...los reviews me motivan a escribir.

Muchas gracias a todos por su apoyo, leer sus opiniones y mensajes es lo que me hace continuar. De nuevo gracias.