Capítulo 12

La primera vez que Serena se enfrentó a Jadeite, ella era nueva en ser Sailor Moon y una pequeña herida en el codo era capaz de hacerla llorar del dolor, por eso al verlo volando en el cielo, un monstruo con una hermosa cara humana, Serena había retrocedido del terror.

Tuxedo Mask, gallardo tal principe azul, apareció en la escena inmediatamente después, lanzando una peligrosa rosa roja que se clavó en el techo del edificio. Jadeite había huido al sobreestimar la amenaza que los dos superhéroes eran para él.

Los encuentros posteriores, Jadeite se volvió una suerte de enemigo que parecía más un rival a vencer en un videojuego, a los youmas les siguió teniendo terror, pero Jadeite con su eterna apariencia humana, dejo de ser la amenaza que congelaba su sangre con cada nueva treta que Serena destruía con mayor facilidad. Después de la llegada de Nephrite, mucho más sutil con sus víctimas y más agresivo en su actuar, Serena había extrañado a su viejo enemigo.

Pero al verlo ahí, en medio de la calle, Serena dió un paso hacía atrás del terror y su mano buscó la tela blanca del uniforme de la persona a su lado.

Jadeite la observó con ojos inteligentes y una sonrisa triunfal en sus labios, reconociendo en la cara infantil de Serena la de su enemiga Sailor Moon. En otra situación, Serena hubiera pensado en huir, pero pese al miedo que le causaba el general oscuro, tenía aún el recuerdo de Liar en sus labios y temía que si separaba de Darién descubriría que seguía allá, en el cuarto de Liar y no en la calle.

Entre Jadeite y Liar, Serena se sentía mareada e, incapaz de soportar más la presión de su pecho, comenzó a llorar haciendo pequeños gemidos cuando intentaba callar sus sollozos. Después, con sus dos manos cubrió su cara como si con ello pudiera negar toda la realidad.

Darién dió un pequeño salto lejos de ella, por primera vez viéndola de verdad y notando que, efectivamente, estaba llorando.

—¿Serena? — él titubeó, su nombre dicho como si fuera la primera vez que la veia.

Ella limpió sus lágrimas y se forzó a mirar a Jadeite, quien parecía estar decepcionado de verla en lugar de feliz por saber que Sailor Moon era una niña llorona.

—¿Tú eres Serena Tsukino? —Jadeite preguntó, sus ojos llenos de desprecio, pero al ver que Darién se ponía en medio de ella y él, Jadeite formó una mueca de sonrisa y alzó los hombros en señal de paz.

Serena, más tranquila, intentó acomodar sus pensamientos. Primero, Jadeite era un peligroso general oscuro y Darién era una persona normal sin poderes, ella era Sailor Moon, la hermosa guardiana de la justicia y el amor. Y al pensar en el amor, la imagen de su alma gemela, Liar atravesó su cabeza y ella comenzó a llorar de nuevo.

—¡Serena! —tres voces gritaron simultáneamente de detrás de Jadeite. Las tres Las conocía muy bien.

Andrew y Saori corrían hacía ellos, delante de ellos Luna, quién accidentalmente había gritado el nombre de su protegida, pero nadie parecía haber notado ese desliz, quizá porque al menos Andrew ya había probado ser incapaz de escuchar a la gata como algo más que una gata.

—¡Luna! —Serena recibió a la gata en sus brazos, ignorando la mirada inteligente de Jadeite. Andrew la sujetó del hombro al ver al otro rubio y se forzó a dar una sonrisa cordial (amenazante) antes de mirar a Darién en búsqueda de respuestas.

—¿Qué está pasando aquí? —Saori preguntó despues de cerciorarse que Serena estaba en perfecto estado de salud pese a tener rasgos de estar llorando.

—¿Qué le hizo él? —Andrew indagó, asumiendo que Jadeite era la causa de que Serena estuviera hecha un caos.

Jadeite lanzó una mirada a Darién, que parecía una estatua incapaz de hablar, antes de decidir defenderse.

—No deberían lanzar acusaciones en mi contra solo porque esa chiquilla es una llorona —Jadeite dijo, consiguiendo que cinco pares de ojos saltarán hacía él en similares gestos de furia.

Serena, más segura de si misma con Luna de su lado, no podía creer que Jadeite negara sus maldades anteriores. Era cierto que ese día no le había hecho nada ese día, pero tenía un historial enorme de fechorías. Incluso Luna lo entendía.

Al ver que todos, incluído el gato, lo estaban juzgando, Jadeite optó, sabiamente, a lanzar la culpa a alguien que no fuera una niña tan pequeña que el maquillaje era prácticamente ajeno a su piel.

—Estaba así cuando la encontré con Darién.

Saori, Andrew y Luna pasaron sus ojos furiosos del hombre de cabello rubio al joven de cabello negro, esperando de él una respuesta.

—Uhm —Darién consiguió murmurar, poniéndose algo rojo al ver la forma en que lo escudriñaban, como si él tampoco tuviera idea de lo que había pasado.

En otras ocasiones, Saori y Andrew hubieran sido desarmados por la vergüenza en la cara de Darién, pero ambos estaban demasiado preocupados por Serena para dejarlo en paz.

—¿Estuviste bebiendo? —Saori interrogó, viendo directamente a las manchas en la ropa del muchacho y se acercó a él para verificar que sí, efectivamente, olía a alcohol. Sus ojos se suavizaron un poco, e intentando no juzgar mucho, preguntó más amable—¿Qué hiciste?

—Yo...¡Eso no importa!

Serena lo sintió en ese instante, en la voz de Darién había algo distinto, algo que le recordaba a la energía de los poderes de Jadeite, era casi hipnotizante. Abrazó a Luna con más fuerza, notando que la gata parecía haberse percatado de algo.

Jadeite, también parecía haber notado algo y, tras darse cuenta que Saori y Andrew parecían confundidos, decidió intervenir.

—Estoy seguro de que Serena nos dirá que pasó...con el caballero con quién estaba afuera del restaurante Crow.

Serena sintió su sangre helarse, saber que Jadeite la había visto antes y quizá la había seguido era un poco más terrorífico que recordar a Liar. Al pensar en él, se comenzó a acercar más a Saori, buscando en ella la protección que sintió la primera vez que huyó del beso de Liar.

Saori, al notar eso, decidió ignorar al aún confundido Darién, y agarró su mano. Después le sonrió con gentileza y sus ojos dijeron lo que Serena ocupaba: "entiendo"

—Ya veo, si es así, creo que lo mejor es que lleve a Serena a su casa. —Saori dijo.

—¿Quieres que las acompañé? —Andrew ofreció, pese a no entender nada confiaba en los instintos de Saori.

—No, gracias.

Serena también negó la ayuda con una sonrisa, después miró hacia Darién, quién parecía estar inseguro de su lugar en el mundo. Era necesario, Serena supo, disipar las dudas sobre Darién así que, se dirigió a él.

—Muchas gracias Darién —pequeñas lágrimas se formaron en sus ojos —De verdad.

Las dos mujeres se fueron, dejando a tres hombres con diversos grados de confusión atrás.

En el camino a su casa, Serena habló de lo ocurrido, avergonzada por haberse dejado llevar por Liar a un lugar a solas, pero dispuesta a contarlo a alguien. Después de todo, Saori sabía que algo había pasado y Serena no quería que alguien tan refinada como Saori pensará que Liar era un enorme pervertido.

—Fue solo un beso —dijo mientras agarraba su cara con una de sus manos para ocultar su vergüenza —No sé ni siquiera porque llore, jaja. Lo sé, que tonta soy.

—Para nada. Es normal estar asustada en esas situaciones —Saori dijo con una amable sonrisa, Luna, aún en sus brazos, accedió con la cabeza, como si entendiera algo que Serena aún no podía — Lo importante es que no te pasó nada.

—¿Se lo vas a decir a mis papás? —Serena preguntó, llevando el pelaje de Luna a su cara como si con ello pudiera apagar sus palabras.

—Tengo qué. Tus padres les prohibieron estar solos y él se aprovechó, deben saberlo —Saori respondió con increíble madurez, tanta que Serena no pudo evitar ser arrastrada por el argumento y ceder con la cabeza ante aquellas palabras.

Mientras más caminaba al lado de Saori, su respeto crecía más. Ella estaba en otro nivel, y quizá, aunque le doliera admitirlo, Darién si podría serle buena pareja considerando que él también, al igual que Saori, actuaba como un adulto ante todas las situaciones.

Él no era un niño asustadizo como ella.


Había algo malo en el ambiente, Lita lo podía notar, una electricidad extraña que la mantenía al borde de la transformación.

Estaba de nuevo en el distrito de Juban, paseando por las calles buscando la dichosa señal de que algo estaba a punto de pasar.

Aún faltaban horas para que el sol se ocultara, pero no quería molestar a sus nuevas amigas (¿hermanas de combate?) y distraerlas de su agenda. La mayoría de las personas le lanzaban miradas curiosas al ver su uniforme escolar y enorme altura, y como era costumbre, ella las ignoró.

Llevaba un buen rato caminando, cuando vio a Serena y una hermosa mujer de cabello castaño casi rojo, platicando en la acera contraria, algo curioso pero sus instintos le indicaron que no debía acercase, así que ella obedeció y siguió su camino.

No tardó mucho en encontrar otra cara conocida, de nuevo al lado contrario de la acera. Después de los eventos del domingo, la cara morena de Darién estaría grabada en su mente por un largo tiempo. Para haber sido golpeado bastante aquel día, era la imagen perfecta de salud.

Al lado de Darién, dos hombres muy atractivos discutían con máscaras falsas de cordialidad que se esperaban en la buena sociedad, únicamente Darién estaba indispuesto a seguir el juego, pues sus labios estaban apretados y parecía estar molesto de que los otros dos platicaran.

Luna les había informado a las scouts de dos hombres rubios en el departamento de Darién, un tal Jadeite y el completamente desconocido Zoicite. Lita no pudo evitar preguntarse si esos dos hombres eran los mismos.

Sus manos comenzaron a jugar con la pluma de transformación, los tres estaban distraídos, la calle estaba sola, Lita podía ganarles para evitar más batallas y engaños. El único problema sería Darién, un civil sin poderes extraordinarios que de alguna forma se había vuelto parte de la agenda de los dos bandos.

Uno de los rubios, el de cabello más corto y lacio, dijo algo con una sonrisa genuina antes de despedirse, ignorando que Lita observaba todo desde poco distancia. Finalmente, Darién y el desconocido comenzaron a retirarse, si la vieron no les importó.

Lita sonrió para si misma. Esos dos no sabían de sus habilidades increíbles para espiar a enemigos del bien y la justicia. Sacó unos audífonos de su mochila, se puso en la esquina del edificio y espero a que cruzarán la calle.

Gracias a su buena memoria espacial, estaba segura de que el departamento de Darién quedaba por el camino que ella estaba, y viendo al paso lento que iban era obvio que los iba a poder escuchar.

Un par de minutos después ambos cruzaron frente a ella.

—No puedo creer que invitarás a Andrew a mi departamento — Lita alcanzó oír a Darién casi gritar.

—Lo sé, es la tercera vez que lo repites —desconocido número uno dijo —. Deja de fruncir el ceño o te saldrán arrugas.

—Eso no me importa —Darién murmulló justo después de pasar de largo a Lita y ella rodó sus ojos ante el carácter del muchacho.

Ambos hombres continuaron platicando y Lita decidió dejarlos ir. Pese a su primera impresión, ella en realidad no era buena espiando y prefería la confrontación directa, algo que no haría mientras un civil estuviera involucrado.

No estaba segura de cuanto tiempo estuvo caminando, la sensación de peligro menos presente, como si el asunto ya hubiera ocurrido, y por lo tanto, ella ya podía volver a su departamento.

—¡Agh!

Estaba tan distraída que tropezó, cayendo al suelo sobre sus rodillas. Para su propio orgullo, la razón de su caída era una mochila dejada en medio del camino. Una de esas mochilas que ella sabía tenían un alto precio.

Al lado de la mochila, había botellas de cerveza y al examinar el contenido descubrió aún más. Era curioso, así que comenzó a buscar dentro alguna pista de quién era el propietario. Estaba en esa búsqueda cuando sintió una sombra sobre ella.

Dió un salto y se preparó para el combate, pues aunque reconocía a la persona, los lazos de camaderia habían sido rotos cuando él mostró sus verdaderos colores.

Maxfield, o mejor dicho, Nephrite, estaba mirándola. Su traje era del mismo impecable gris y tenía las manos en sus bolsillos como si no reconociera en Lita a Sailor Jupiter. Por supuesto que no lo hacía, pero Lita no iba a bajar su guardia.

—Señorita Kino, ¿verdad? —Nephrite dijo con una sonrisa amigable —¿Qué hace aquí a estas horas de la noche?

Lita se preguntó así misma cuál era su mejor opción, si atacar o simplemente mantener su pose de pelea en caso de que el general oscuro dejará de lado su imagen de buen ciudadano. Apretó más sus puños y desafió a Nephrite con la mirada.

—Calma — él dijo, sacando sus manos de los bolsillos para mostrarle sus palmas vacías a Lita —¿Por qué tan agresiva? No me digas que una pequeña caída te puso de tan mal humor.

Lita mordió su cachete y renovó su furia.

—¡Fue la culpa de esa mochila!

Nephrite vio a la mochila, aún sonriendo, pero después de ver las botellas de cerveza y observar con detenimiento el objeto, sus cachetes perdieron color y se apresuró a sujetarla, examinando el objeto en búsqueda de pistas.

Lita respiró una bocanada de aire para tranquilizarse pese a la cercanía del enemigo. Ella reconocía la preocupación del otro hombre, odiaba tener que sentir lástima por él, pero después de los eventos del fin de semana, no lo culpaba.

—¿Es de Darién, verdad? —preguntó casualmente, dejando atrás su pose de pelea para simplemente cruzar sus brazos.

—¿Lo conoces? —Maxfield alzó una de sus cejas, sorprendido por qué ella supiera exactamente lo que él estaba pensando.

—Lo ví con un hombre rubio hace un par de horas —Lita contestó alzando los hombros —Se veía bien.

—El hombre rubio, ¿tenía cabello corto o largo?

—Corto.

—Ya veo. Gracias— Nephrite observó a Lita, sus ojos juzgando la furia dentro de los de ella, finalmente, decidió que no le importaban los sentimientos de Lita, en lugar de ello, examinó una de las botellas dentro de la mochila, sujetándola con una mano — ¿Estás botellas de alcohol...?

—Posiblemente el "hijo de su amigo" estaba bebiendo —Lita explicó con burla en sus labios, sin embargo, la reacción de Nephrite la sorprendió.

Con su mano aplastó la lata de aluminio, haciendo que el líquido ensuciara las mangas de su camisa y saco. Parecía furioso ante la idea de que Darién hubiera bebido.

—Tengo que irme —Nephrite dijo viendo en dirección al departamento de Darién —Cuidese.

—Si, por supuesto— Lita respondió con arrogancia y vio al hombre correr en una dirección aleatoria, sabiendo que él se iba a teletransportar.

Ella sabía al menos dos cosas, primero, tendría algo que reportar a su grupo de amigas y segundo, que no le gustaría ser Darien en ese instante.


Daríen sintió el dolor de la cahetada pero se negó a llevar su mano a su cachete. Era algo que ya estaba anunciado, así que ni siquiera le sorprendió.

Jadeite, por su parte, empujó con agresividad a Maxfield, molesto porque hubiera osado lastimar a Darién.

—¡Alcohol! ¡ALCOHOL! —Maxfielfd gritó, pero no se atrevió a acercarse a Darién cuando Jadeite parecía estar dispuesto a lanzar un puño —. El doctor te lo prohibió y con tus inestables poderes, pudiste haber muerto.

—Siempre he tomado alcohol y nunca me ha pasado nada —Darién se defendió.

—Las estrellas están seguras de que el alcohol te podría matar mientras no controles tu poderes—Maxfield dijo con voz filosa y Darién rodó los ojos, ignorando de nuevo el dolor en su mejilla. Nephrite observó a Jadeite tras unos segundos de silencio —Se supone que debías vigilarlo.

—No es un bebé. Puede cuidarse solo.

Ambos hombres se miraron con furia y Darién cruzó sus brazos en arrogancia, harto por la actitud de ambos y lo ridículo de la situación. Para él, la única razón por la que Maxfield mostraba preocupación por su salud era para obtener energía.

—No te preocupes, Maxfield, mis energías están a niveles óptimos, listas para usarse o lo que sea.

Dos pares de ojos vieron a Darién como si le hubiera salido una cabeza extra. Maxfield fue el primero en recuperarse y lo vio para abajo, con la arrogancia habitual.

—Muy bien. Siéntate en el sillón y no te muevas — dijo tras lanzar una mirada amenazante a Jadeite.

Darién obedeció y cerró los ojos, incapaz de ver cómo la mano de Nephrite se colocaba sobre su cara, únicamente sintiendo la sensación de caída de la que por primera vez era consciente. Cuando logró despertar, no podía moverse y todos los músculos de su cuerpo estaban irritados.

Jadeite lo veía desde una silla, pues el otro sillón había sido roto por Sailor Jupiter el domingo pasado. La semana había comenzado muy loca y no parecía tener intenciones de dejar de causar dolores de cabeza a Darién.

—Dime, Darién, ¿confías en Sailor Moon? —Jadeite preguntó, una de sus manos sujetando su mentón mientras reflexionaba —La ví está tarde y me di cuenta que sus oportunidades de ganar contra el Negaverso son peores que en mis anteriores consideraciones.

Darién apretó sus ojos para quitarse la migraña e intentó formar pensamientos coherentes. Incluso si Sailor Moon tenía a otro, desde que era un niño pequeño, se había tenido que atener a la guia de su princesa, y tras verla pelear contra los monstruos, él estaba más seguro que nunca que podía confiar su vida a la joven de cabellos rubios y sonrisa blanca.

—Sí. Yo sé que Sailor Moon lo va a conseguir.

Jadeite observó de nuevo a Darién, una mezcla de resignación y amargura atravesando su faz al sopesar las palabras del adolescente.

—Yo no lo hago. Ella es una niña, las otras dos también lo son. Sería más fácil unirte a nosotros, a ponerte en el ejército de la reina Beryl, que siquiera pensar en derrotar al Negaverso junto a ellas.

Beryl.

Cabello rojo ondulado, dientes afilados, una espada teñida de violento carmesí. Una mujer, madre, en el suelo. Su padre. Su gente al fuego. Un cáliz de sangre negra. No. Jamás.

—No —Darién dijo mientras empujaba su cuerpo contra el sillón, como si con ello pudiera alejarse de la idea expuesta por Jadeite, las imágenes en su cabeza haciéndolo delirar —. Primero muerto.

Era un eco de algo de miles de años atrás, de una decisión tomada por un príncipe que nadie recordaba y que era dicha por un muchacho que había olvidado todo. Por supuesto, ninguno de los dos hombres en el cuarto sabía de eso, ambos ignorantes de aquel pasado.

Jadeite accedió con la cabeza, después, colocó una mano sobre su pecho.

—Entendido. Pondré mi fuerza de su lado y ayudaré a las Sailor Scouts a vencer al Negaverso.

—¿Por qué?

Por qué Jadeite consideraba importante la opinión de Darién; por qué estaba dispuesto a pelear contra el Negaverso; por qué las Sailor Scouts. Daríen no sabía que estaba preguntando y Jadeite contestó lo que creyó.

—Eso no debe importarle, alteza.


Como siempre gracias a los que han leído y tomaron el tiempo de dejar un comentario. Son mi inspiración para continuar escribiendo esta historia.

Nancy, Elsy y Linna, aquí está para ustedes que querían una actualización rápida. Espero que esté capítulo sea de su agrado (o que el siguiente lo redima).

Danipi y Caro, gracias por tomar el tiempo de escribir sus opiniones y pensamientos, eso me ayudó mucho para animarme a escribir el siguiente capítulo. Gracias.