Capitulo 14
Tuxedo Mask estaba más confundido que nunca. Sailor Moon tenía un nuevo poder que hacía palidecer la fuerza de la tiara lunar, incluso tras varios kilómetros de distancia, podía sentir los suaves remanentes de una energía tan pura que parecía desvanecer la oscuridad.
¿Desde cuándo se había vuelto tan fuerte? A veces sentía que llevaba meses sin verla, su hermosa cara más bella que la de cualquier Venus, era algo que extrañaba como el agua. Pero, por alguna razón cuando la vió unos minutos atrás se sintió triste, como si algo hubiera cambiado entre ellos.
Estaba olvidando algo muy importante, algo que sabía pero se escapaba de su memoria como si fuera aire entre sus manos, dejando su sensación de pluma sobre sus dedos y palmas antes de desvanecer. Paradójicamente, descubrió que sabía menos que la vez anterior que la ayudó.
Tuxedo Mask saltó encima de una rama, moviendo las hojas con su impacto, despues brincó al suelo para descansar sus músculos. No entendía porque estaba tan cansado pero sabía que no podía ir a casa aún. El piar de un pajarito llamó su atención, y como el amante de animales que era, decidió hacer lo correcto y juntar al frágil animalito del suelo.
Estaba herido de un ala, posiblemente por la caída y piaba llamando a su madre, buscando ser rescatado del suelo y llevado devuelta a la seguridad del nido. Tuxedo Mask sujetó a la criatura en un guante blanco, dejando que poderes extraños trabajarán con sus manos para curar al pequeño ser.
—No deberías de desperdiciar tu energía con cosas inútiles —una voz comandante lo amonestó y Tuxedo Mask se incorporó, llevando la mano con la que sostenía al pájaro hacía su cuerpo.
Cabello ondulado y rubio, ojos azules, cara ovalada y vestido con un conocido traje gris, frente a él estaba una persona que le era familiar.
—Aretes bobos —dijo en un tono incrédulo.
—¿Qué? —el general oscuro se detuvo en seco, mirando a Tuxedo Mask en clara confusión.
—¿Qué? —Tuxedo Mask imitó la pregunta, como si hubiera sido Aretes... Jadeite el que comenzó a decir cosas incomprensibles.
Ambos guardaron silencio por varios segundos, hasta que Jadeite logró quitarse la confusión y Tuxedo Mask respondió sacando una rosa roja de su saco, intentando ocultar el cansancio que había estado ahí desde antes de transformarse.
Estaba tan enfocado en los movimientos de Jadeite que no se dió cuenta de una sombra viajando por el suelo, con el zigzag peligroso de una serpiente lista para capturar su presa. Antes de poder lanzar su rosa a Jadeite, la sombra saltó sobre él y lo hato en el árbol, funcionando como cuerdas sobre sus piernas, estómago y cuello que lo sujetaban con fuerza.
Únicamente la mano en la que sostenía al pequeño pájaro permanecía libre. La pequeña criatura piaba desde su palma, nerviosa por la brusquedad de movimiento.
Tuxedo Mask logró mover su cara la suficiente para ver a Nephrite, también vestido de gris, salir de detrás del árbol con el mayor gesto de satisfacción que se podía tener.
—¿Qué planeas? —le preguntó, su mandíbula dura al darse cuenta que no tenía escape, el general oscuro ignoró la pregunta y se puso en frente de Tuxedo Mask, apreciando que su enemigo estaba sometido—Sailor Moon te detendrá.
—Ya veremos —Nephrite dijo, extendiendo una mano hacia la faz del héroe enmascarado.
Él sabia que le iba a robar energía, el recuerdo de un día anterior se mezclaba con ese temible momento y Tuxedo Mask apretó sus dientes para forzarse a mantenerse callado. No le daría la satisfacción de escucharlo suplicar.
La mano de Nephrite ni siquiera lo necesitaba tocar, pero en la cercanía podía sentir que aquel hombre poseía energía oscura dentro de él, tan familiar que lo hacía querer vomitar. Una mezcla de algo que una vez amo teñido por aquello que amenazaba matar a la Tierra desde sus entrañas.
Los recuerdos amenazaron con ser liberados, empujados por las cientos de sensaciones que lo abrumaban. Desde el temor del pájaro en su mano al sonido del viento en sus oídos parecía estar amplificado, pero una parte de él empujó en contra y los mantuvo escondidos, lejos de su corazón.
—Atacar al hombre más guapo en todo Japón es un crimen que no perdonaré —una bella voz dijo desde algún punto que le era imposible ver con su vista nublada. Después, otras tres voces se unieron para corear al mismo tiempo—Somos las Sailor Scouts y los castigaremos en el nombre de la Luna.
Tuxedo Mask alcanzó a pensar que le gustaba la teatralidad de las Sailor Scouts mucho, era casi inspirador escucharlas creer en cosas tan puras y buenas. Después, cerró los ojos y perdió la conciencia. Él realmente era una persona rara.
Los dos generales oscuros intercambiaron miradas cargadas de mensajes antes de marcharse volando de la escena del crimen, dejando a cuatro heroínas mirarlos con rencor desde el suelo, furiosas porque no podían alcanzarlos.
—Tantos poderes mágicos y no podemos volar ¡Qué furia! —Mars dijo una vez que los villanos desaparecieron de la vista. Sailor Moon, a su lado accedió con la cabeza.
El sonido de Tuxedo Mask, libre de las ataduras oscuras, cayendo al piso, hizo que las dos recordarán el objetivo de su misión, el cual era rescatar al misterioso hombre que de vez en cuando las ayudaba. Pelear con los supervillanos vendría después.
Mercury corrió al lado de Tuxedo Mask, seguida por las otras tres, despues, colocó dos dedos sobre el cuello del hombre mientras lo examinaba con su visor.
—Así no se toma la presión —Mars señaló, incandose también para ver mejor al héroe. Sailor Moon, temerosa de los resultados, se recargó en Júpiter mientras esperaba el veredicto de la doctora de su equipo.
—Los guantes tienen tecnología en ellos, están transmitiendo información a mi laptop, por el momento lo único que sé es que tiene pulso —Mercury dijo, después unas letras se formaron en su visor y sonrío —Solo está inconsciente, como las víctimas anteriores...oh no...de acuerdo ha la información, tiene una temperatura de treinta y nuevo grados centígrados.
—¿Eso que significa? —Jupiter preguntó confundida.
—Tiene fiebre. Eso no es normal.
—Pero dijiste que era igual que con otras víctimas —Mars siseó.
—Lo siento. Yo..
—¡Déjala en paz Mars! —Jupiter saltó en defensa de su amiga sin soltar a Sailor Moon, quién parecía al borde de las lágrimas —¡Agh! No tenemos tiempo para esto...Tuxedo Mask está enfermo o algo así, no tenemos tiempo para pelear entre nosotras.
—¡Lo debemos llevar a un hospital! — Sailor Moon dijo casi histérica.
Las otras tres intercambiaron miradas, y fue Sailor Jupiter la que explicó que la identidad de Tuxedo Mask era secreta y no podían simplemente llevarlo a una clínica u hospital sin comprometer su vida privada. Mercury no se atrevió a agregar que si el gobierno lo capturaba a él (o a una de ellas) lo podían someter a pruebas científicas.
Después de pensarlo mucho, entre las cuatro se acordó llevar al inconsciente Tuxedo Mask al templo, Sailor Moon ofreció su casa, pero tras recordarle que tenía padres, la joven heroína, con labios apretados, acepto que su rival Rey tuviera bajo su techo al guapo Tuxedo Mask.
Antes de irse del lugar, Sailor Moon vio a un pequeño pájaro, un bebé quizá, y con delicadeza lo tomo entre su mano derecha, después, con los ojos buscó el nido en el árbol, la criatura en sus manos saltando entre sus dedos para liberarse.
Jupiter terminó de poner a Tuxedo Mask en su espalda mientras Mars cargaba el sombrero, y en ese instante Sailor Moon encontró el nido. Feliz, comenzó a escalar el árbol, dejando a sus amigas adelantarse mientras ella llevaba de nuevo al pequeño ser con su familia. La mamá pájaro no estaba, pero sus hermanitos si, y ella dejó al pájaro en su hogar feliz de su acción.
Sailor Mercury la esperó, sonriendo un poco al ver el grado de preocupación que su amiga había mostrado. Tenía una amiga muy amable. Ambas corrieron en un intento por alcanzar al resto y en pocos minutos las cuatro viajaban a la misma velocidad al santuario.
Al llegar al templo, vieron a Luna, esperando en la entrada como una bella estatua negra. Luna las dejo acostar a Tuxedo Mask sobre una cama sin hacer ninguna pregunta. Mercury, en una voz monótona, pidió a Mars un trapo húmedo y mientras ellas dos trabajaban en el cuarto del convaleciente, Jupiter y Sailor Moon se destranformaron al otro extremo del templo.
—Es peligroso traer a Tuxedo Mask al templo, puede ser un enemigo —Luna las amonestó —. Sin embargo, estoy de acuerdo con su decisión.
—¿Lo estás? —Serena preguntó, sus ojos enormes al escuchar las palabras de la gata.
—Sí. Es obvio que no esta bien, y las Sailor Scouts jamás fueron el tipo de personas que abandonaban a alguien por sospechas. Cada día se vuelven más como ellas...o quizá siempre fueron como ellas —Luna dijo feliz.
—Esas Sailor Scouts, ¿qué pasó con ellas, Luna?
—Lo siento, yo no recuerdo mucho...— la voz de Luna se quebró al final mientras recordaba monstruos que las dos niñas frente a ella no podían, Serena se apresuró a acariciar su lomo para tranquilizarla —Olvidense de eso, qué pasó.
—Jadeite y Nephrite lo atacaron — Lita explicó — La verdad, no nos hubiéramos dado cuenta si Amy no hubiera notado a Nephrite huyendo...o si, estabas ahí, ¿verdad? Perdón por haberte dejado atrás.
—Esta bien. Tenía que asegurarme de cosas en la tienda y después aquí en el templo —Luna dijo amablemente. Sin embargo, recordó algo en ese instante que la hizo palidecer —Serena, ¡tus padres!
Serena se puso blanca como la cera al recordar que, de nuevo, se la había pasado la hora de llegada, pero no era su culpa. Tuxedo Mask era su amigo y ella, como la increíble persona que era, lo había ayudado. Por supuesto, no podía decirle eso a sus padres.
Lita, presintiendo la angustia de Serena, colocó una mano sobre su hombro y le sonrió, después corrió hacia adentro y en un minuto estaba de vuelta, cargando los zapatos de Serena y los suyos.
—Ya le dije a las chicas que te tengo que llevar a casa.
—Pero, Tuxedo Mask..
—Esta bien aquí. Amy y Rey lo van a cuidar —le dijo giñando un ojo, sus ojos verdes brillando con la misma intensidad de siempre prometían que todo estaría bien, así que Serena aceptó sus zapatos y se dirigió a una salida del templo. Luna se quedó por considerar que era mejor quedarse en el templo y vigilar a Tuxedo Mask.
Las dos caminaron por un buen rato, platicando de las nuevas modas que se aproximaban con el cambio de estación, además, Lita informó, con manos en sus caderas, de su plan de mudarse al distrito y meterse en la misma escuela de Serena y Amy. La de Rey era muy especial en sus trámites, por lo que esa era la mejor opción.
A esas horas, no pasaba el camión enfrente del templo, por lo que ambas caminaron en búsqueda de un taxi. O lo estaban hasta que un elegante carro rojo las encandiló.
Lita comenzó a sacar su pluma de transformación, reconociendo la silueta de uno de los hombres que bajaba del carro. Serena, al ver el familiar corte de cabello rubio, dió un paso hacia atrás antes de recordar que como una héroe debía mostrarse tan valiente como Lita.
La otra puerta del carro se abrió y el conductor apoyo su mano en el techo, viendo que las dos chicas con interés, aunque su cara dura le indicaba que algo estaba mal.
—¿Serena? ¿señorita Kino? No sabía que se conocían —Nephrite dijo con franca sorpresa, al otro lado del carro, Jadeite lanzaba a Serena dagas con la mirada que eran desapercibidas por los dos castaños del lugar.
—¿Quieren algo? —Lita los increpó, cruzando sus brazos y olvidando su pluma de transformación en su bolsillo como si no les tuviera ni una pizca de miedo.
—Estamos buscando a un joven llamado Darién —Jadeite dijo sin rodeos, sus ojos fijos en los de Serena. Ella sintió el aire de sus pulmones irse, era obvio que ninguno de los dos generales sabía el paradero de Darién y si ambos hombres estaban desesperados por encontrarlo algo malo debía haber pasado.
—Quizá huyó de ustedes —Lita dijo sin preocuparse en ocultar su rencor. Jadeite le lanzó una mirada fugaz antes de volver a enfocar su vista en Serena. Nephrite, Al otro lado de Jadeite, mordió la comisura derecha de su labio en contemplación y después dió un golpe al techo del carro para dejar salir su ira.
—Si lo ven, llámenme —Nephrite dijo, lanzando una tarjeta de presentación hacía Lita, con tal habilidad que ella pudo atraparla sin moverse de lugar. Después se metió al carro, seguido de Jadeite, quién de nuevo miró a Serena con ojos duros.
El carro partió del lugar y Serena corrió al brazo de Lita, como si temiera que al soltarla, ella también desaparecería, como Darién lo había hecho.
Esa noche, Serena la paso entre pesadillas, moviéndose en su cama sin ser capaz de encontrar tranquilidad o alivio.
Había perdido sus zapatos. Era el segundo par en menos de ocho días y él sabía que, al menos que dinero cayera del cielo, se iba a tener que conformar con sus tenis deportivos por un largo tiempo.
Comenzó a bajar los escalones, tambaleando a cada paso que daba, una especie de vértigo abrumandolo cuando notaba que le faltaban varios metros para llegar a la bajada. La luz del amanecer iluminaba una parada de camiones justo en la bajada de la escalera. Un poco más y podría volver a su departamento.
Su vista empezó a volverse borrosa, una ocurrencia poco saludable pero habitual en él. Uno de sus pies resbaló al pisar un escalón, por lo que cayó sobre su trasero y brazos en la escalera, cortando accidentalmente seis escalones con ello.
Se quedó mirando el cielo, pintado de tantos bellos colores que le hacían agradecer mil veces a su alma gemela por haberlo encontrando.
Era un horrible vicio, enraizado en su mente y alma, pensar en ella. Era doloroso saber que su princesa tenía a otro, que jamás lo querría a él pese a las miles de noches que él despertó deseando verla. Ese hombre, al que ella amaba, su prometido que la salvaba vestido con un tuxedo negro, Daríen sabía que jamás podría competir contra él.
Incluso, en medio de su delirio nocturno, había fantaseado con ser Tuxedo Mask, mirando a Sailor Moon desde las sombras por si necesitaba su ayuda. Soñar con ser otro hombre no haría que ella lo amara y era humillante siquiera pensar en ello.
Torpemente, se incorporó y volvió a bajar las escaleras,cuidando de no tropezar de nuevo aunque el recuerdo de su princesa amenazaba con quitarle el aire cada nuevo paso. Al llegar a la acera, se dió una palmada imaginaria en la espalda, orgulloso de haber llegado sin lastimarse mucho.
Justo a tiempo, un camión doblo en la esquina y Darién se dirigió a la parada, listo para volver a la seguridad de su departamento. Entonces, sin que pudiera evitarlo, comenzó a caer hacia la calle, justo enfrente del camión.
—¡CUIDADO! —alguien logró jalarlo hacia la acera, su mano callosa irritando la piel de Darién, el camión se detuvo un metro adelante y el conductor, salió a asegurarse de que nadie había salido lastimado.
Las uñas de su salvador se clavaron en su piel y Darién lo empujó lejos de él con su mano libre sin conseguir que lo soltará.
El hombre, quizá de unos veinte años, tenía largo cabello castaño desarreglado, una barba de tres días y su piel morena estaba requemada por el sol. Su nombre era Nicolás, el tercer hijo de una familia noble, su padre había engañado a su madre y el joven buscaba escapar de un hogar de enormes silencios en la cual no sabía su lugar. Estaba perdido en un mundo que únicamente había visto desde el privilegio de una limosina, porque su hogar ya no existía más.
Nicolás sabía que era imposible recuperar su vida anterior y por eso vagaba por el mundo sin destino fijo. Completamente solo y confundido.
—¡Suéltame! —Darién gritó desesperado, aterrorizado por los sentimientos y recuerdos que Nicolás pasaba a través de su palma. La perdida de Nicolás amenazaba en consumirlo, llevándolo a un grado de alienación que no quería volver a vivir —¡Suéltame!
—¿Qué ocurre? —el chófer del camión preguntó, sus pequeños ojos saltando del muchacho sin zapatos al hombre que parecía ser un vagabundo sucio, pero quién al final del día, había visto salvar al primero.
Nicolás no dejo de ver a Darién directamente a la cara, sus ojos negros viendo a Darién con decepción. Finalmente, tras un largo suspiro dijo algo que le quitó a Darién el aliento e hizo que el chófer se retirará rápido.
—Eres mi alma gemela.
Darién hubiera carcajeado de no ser porque sus poderes le permitían sentir la tristeza de Nicolás, tan fuerte que lo sofocaba al punto de que olvidó como respirar. En cuanto las palabras se registraron en su mente, sin embargo, comenzó su nuevo intento por zafarse de la mano del hombre.
Odiaba sus poderes. Horribles e inútiles. Una carga que de nuevo amenazaba con quitarle la poca cordura que poseía. Recordó el domingo pasado, el día que Nephrite se había revelado como el general oscuro del Negaverso, todo porque los poderes de Darién habían actuado sin su permiso.
Nicolás se negó a soltarlo, demasiado ocupado en lamentar quién era su alma gemela como para darse cuenta del creciente terror en Darién.
Un hombre anciano bajo corriendo las escaleras, era de baja estatura y completamente calvo, sus ojos negros guardaban cientos de secretos que había guardado por más de una vida como sacerdote. Él llegó al lado de los dos hombres incados en el suelo y tras reflexionar un poco, con un brazo pesado dió un golpe a la cabeza de Nicolás.
El hombre, al sentir el golpe, finalmente ignoró a Darién para ver al pequeño viejo que lo miraba con ojos juzgadores. Avergonzado, mordió sus labios y bajo los ojos.
—Es mi alma gemela —Nicolás explicó, intentando quitarse parte de la culpa que le provocaba la astuta expresión del anciano.
—¡Es un chico muy atractivo! ¡Felicidades! —el anciano dijo tras observar a Darién, quién de alguna forma logró mantener su cara neutral pese a estar muriendo de humillación y tener una calentura que amenazaba con quitarle el aliento. El anciano continuó, ignorando a Daríen —Tu alma gemela no parece estar bien, deberías subirlo al templo.
—Yo no soy su alma gemela —Darién consiguió decir en voz baja. Se estaba haciendo difícil mantener conciente.
El abuelo sonrió amable antes de obligar a Nicolás a cargar a Darién todo el trayecto de las escaleras. Él estaba demasiado débil para poder pelear así que dejó que lo llevarán al templo.
Nicolás no era ni la mitad de fuerte que Maxfield y a medio camino por las escaleras, comenzó a tener dificultades para subir, Darién, en su espalda, aprovecho la oportunidad para intentar bajar. Él El joven noble dió la oportunidad a Darién de tocar el suelo y simplemente lo ayudó en el resto de los peldaños.
Aún podía sentir emociones debido a la cercanía, pero era más parte del paisaje y podía finalmente ignorarlo. Al llegar a las puertas del templo, pudo escuchar a dos voces de niñas discutiendo.
—¡No está! ¡Amy, lo perdiste!
—Pero mi turno acabo hace tres horas...te desperté.
El sacerdote sacudió su cabeza y se quitó las sandalias antes de subir al pasillo de madera. Nicolás hizo lo mismo siguiendo el ejemplo. Darién, avergonzado por ensuciar el piso con sus calcetines sucios, se intentó quedar sentado afuera, pero el abuelo lo tomo por el brazo y lo forzó a entrar.
Adentro, dos chicas que le eran conocidas, guardaron silencio en espera de que ellos entrarán. Una de ellas tenía un largo cabello negro y ojos violetas, la otra tenía su cabello corto y ojos grises (casi azules). Las había visto antes, eran las amigas de Serena, Rey y Amy. Ambas tenían rastros de acabar de despertar y sus ropas estaban más desarregladas que de costumbre.
—¿Daríen? —Rey preguntó, avanzando unos pasos hacia él, perdiendo un poco de tensión de sus hombros.
—¿Conoces a este chico tan guapo Rey? —el anciano preguntó, después sonrió amargamente —Es una lastima que ya tenga un prometido.
—¿Prometido?
—Sí, al bajar las escaleras, me encontré a estos dos hombres, dos almas gemelas conociéndose fuera de mi templo, que honor.
Amy y Rey primero vieron a Nicolás, luego a Darién (rojo como un tomate), de nuevo a Nicolás y finalmente de nuevo a Darién. Él sabia que tenía que negar rápido, pero estaba al borde del precipicio y temía que si hablaba sería su final y terminaría llorando o algo peor.
La niña más bajita, Amy, también enrojeció con ello y con una pequeña reverencia lo felicito. Rey, en cambio, colocó una mano sobre su cintura y vio a Darién de pies a cabeza, notando que parecía estar enfermo pero demasiado ocupada en el asunto de almas gemelas como para ofrecerle siquiera sentarse.
Para Darién era muy humillante y toda su piel ardía por el deseo de alejarse. Pero se mantuvo plantado en su posición enfrente de la puerta a un lado de Nicolás, quién se había alejado de él en cuanto vio a Rey.
—Darién, ¿estas bien? —Amy preguntó al notar el estado de salud del muchacho, despues se acercó tentativa a él, y con la parte trasera de su mano, tocó el brazo de él —¡Estás ardiendo!
—Estoy bien —él dijo, intentando salvar la poca dignidad que le quedaba. Sintió los ojos de Rey juzgandolo desde el otro lado del cuarto y tragó saliva. Únicamente el abuelo estaba disfrutando lo ocurrido y sonriendo se dirigió a su nieta.
—¿Rey, podrías llevar al muchacho a un cuarto mientras se recupera? Y pídele el número de sus padres, creo que querrán saber donde está su hijo.
—Sí, esta bien —Rey se apresuró a tomar el brazo de Darién y este se preguntó una vez más en su vida porque nadie le pedía su opinión y decidía las cosas por él. La única razón para no actuar grosero con elles es que sí le importaba la opinión de Rey y Amy.
Rey lo condujo a una cama que parecía haber sido usada pocas horas atrás, incluso había rastros de tierra en la parte de los pies que Rey tuvo que sacudir mientras sonreía con la mirada baja. Él se preguntó si la cama le pertenecía a alguien ya. Por el color de las sábanas azules él pensó que a un hombre.
No se quería acostar en la cama, pero en cuanto se sentó sobre las sábanas, sus ojos se cerraron áutomaticamente y no pudo abrirlos ni cuando Rey lo empujó contra la cama. La situación era extrañamente familiar como si ya hubiera pasado antes.
Rey lo observó por unos segundos, asegurándose que estaba dormido. Después, llevó su mano hacia la frente caliente, esperando descubrir que sus sospechas eran ciertas. En lugar de sentir la energía dorada de Tuxedo Mask o alguna premonición, lo único que sintió fue una piel pegajosa por el sudor.
En la otra habitación, ignorando las sospechas de Rey, Amy estaba haciendo pruebas a Nicolás para ver qué tan ciertas eran sus alusiones de ser el alma gemela de Darién.
—¿Qué color tiene la taza? —Amy dijo, sosteniendo una taza claramente verde, pero que la primera vez que Amy la vió era de un palido gris. Además, tenía líneas grises en la parte inferior que eran imposibles de ver para las personas sin alma gemela.
—¿Gris?
Había un extraño fenómeno sobre ver el mundo, como por arte de magia, las personas podían diferenciar los colores pese a que antes todo parecía ser visto por medio de una ventana sucia. Nicolás debería saber a la perfección que la taza era verde.
—¿Seguro de que Darién es tu alma gemela? —preguntó con agresividad, desconfiando más del misterioso hombre que a sus ojos parecía un vagabundo sacando provecho que la verdadera alma gemela de Darién.
—Estoy seguro. Cuando lo salvé, el mundo se volvió colorido, hermoso, era... increíble —Nicolas peinó su cabello hacía atrás, tragó saliva y continuó —Pero cuando llegue al templo, todo empezó a volverse como antes. De verdad no entiendo.
El abuelo de Rey, quién había observado las pruebas en silencio, exhaló un poco de aire por su boca, se dirigió a un estante y sacó un viejo videocassette, pasando sus dedos por la caja con suavidad. Las dos jóvenes lo vieron hacer todo eso sin decir palabra.
Rey llegó en medio del extraño ritual, pidiendo a Amy con la mirada que le explicará lo ocurrido. Ella encogió los hombros sin disminuir su gesto de desagrado hacia Nicolás ha quién ya juzgaba como un mentiroso.
El abuelo sacudió su cabeza y volvió su vista a Nicolás, él estaba muy ocupado viendo a Rey como para notar que el viejo requería su atención.
—Necesitamos ayuda en el templo —dijo en voz alta y Nicolás saltó en su asiento.
—¡Yo siempre quise ayudar en un templo! —el muchacho gritó entusiasmado, feliz de ser contratado en el templo.
Amy abrió la boca, atónita por lo ocurrido, Rey suspiró de la decepción de tener a su abuelo contratando muchachos guapos de nuevo.
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Caro, Arenero, Lenna Elsy y Danipi, gracias por tomar el tiempo de comentar.
Me comentan que en el manga (y Crystal), Darién sí planeaba ser médico, como alguien que únicamente vio la serie de los 90's ese dato me era desconocido. En el anime viejo, como dije, parecía más bien estudiante de informática.
La edad de los personajes. El anime de los 90's nunca pone en claro cuando es el cumpleaños de Darién o que el accidente de carros fue en su cumpleaños, así que eso me da libertad para poner a Darién en diecisiete años de edad y a meses de cumplir dieciocho. Ojalá fuera lo mismo con Serena que me arruina la línea temporal al cumplir años en junio. Posiblemente a ella también le mueva su cumpleaños para resolver problemas.
Darién si es una especie de genio, pero los motivos para que "alguien" manipulara sus documentos e ingreso a la universidad tiene poco que ver con su intelecto y más con sus misteriosos orígenes.
Escena extra: los sueños de Serena sobre el Milenio de Plata, algo que no cabe en el capítulo pero no quise borrar.
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Serena sintió en cada parte de su ser que algo estaba mal, su hermoso cuarto blanco parecía incapaz de ocultar una terrible verdad ocurrida en la larga noche. Llevaba un mes sin ver a su príncipe, la última vez, él había vestido un traje negro similar al de la moda en la Luna, despues había vuelto a la Tierra, a su reino.
Antes de terminar de levantarse de su cama, una hermosa mujer de largo cabello plateado entró a la habitación, en una caminar tan fluido que parecía deslizarse sobre el piso. Sus ojos grises, en los que se reflejaban miles de años, tenían una tristeza que no existía antes.
—Cariño —su madre dijo con delicadeza, una de sus blancas manos sujetando la de Serena —El reino Dorado, ha caído. Los reyes y los herederos fueron asesinados.
—¡No! —repitió la negativa con fuerza, buscando negar la realidad. Lo había perdido. Había perdido a su amado príncipe. Las lágrimas brotaron por sus ojos, cayendo por sus mejillas y terminando en sus finas sábanas.
Era imposible creer que él también había muerto. Tan joven y con un futuro por delante, su amado había caído en brazos de un sueño del que jamás podría despertar. Ella sabía que la caída de la familia real era el clarin que amenazaba un nuevo embate contra el Imperio Lunar, pero su pecho dolía más al pensar que él ya no vivía.
Incluso podía sentirlo aún, la promesa de su amor aún incrustada en su corazón como un ancla a la vida.
—El príncipe heredero está vivo —Serena se escuchó decir así misma, las lágrimas parando en ese instante —Esta vivo, lo sé.
Su madre la observó, reconociendo la verdad en la cara de su hija, se alejó para poner un metro de distancia entre ellas, recobrando el porte Regal de soberana y abandonado su papel de madre.
—¿Por qué razón no lo asesinaron también? —la reina se preguntó asi misma.
—Debo salvarlo —Serena dijo, poniéndose de pie, suplicando en una voz dócil a su reina por la oportunidad de ir por él. La reina suspiró profundamente y miró por la ventana, viendo la silueta enorme de la Tierra reflejando los rayos del sol con fuerza.
Serena no pudo soportar más la espera, la figura de su madre imponente en la habitación la asustaba, y tuvo que desviar su mirada a sus pies desnudos. Tras varios minutos, la reina aclaró su garganta y después una mano muy pálida acarició el cachete de Serena.
—¿Confías en él? Sus intereses serán la Tierra sobre nosotros, podría traicionarnos por proteger el reino que juro resguardar y eso podría ser nuestro final.
La joven princesa cerró sus ojos y accedió con la cabeza. Confiaba en él con toda su vida.
—Entonces ve.
