Capitulo 15

Serena había dormido mal toda la noche, plagada de pesadillas que sabían a amargos recuerdos apenas y había podido descansar.

Al despertar, cansada y empapada de sudor, ella intentó recobrar alguna memoria que le pudiera dar las respuestas que necesitaba. Tras varios minutos de estar mirando el techo de su cuarto, ella decidió que era suficiente y tenía una agenda muy importante que cubrir.

Primero, asegurarse que Tuxedo Mask estuviera mejor, luego ir en búsqueda de Darién. Lita la había convencido que el muchacho simplemente había ido al cine y Nephrite no entendía que llegar una hora tarde a casa era un signo de adolescente y no una señal de desgracia.

Serena se puso de pie y se fue a bañar. Ya fuera que Darién hubiera llegado tarde o no, ella tenía que encontrarlo para asegurarse que estaba bien. Era su deber como una superhéroina.

—Te despertaste temprano —Luna dijo medio adormilada cuando Serena volvió al cuarto, la gata bostezo antes de continuar hablando — ¿A dónde vas?

—Al templo —Serena contestó, poniéndose una linda blusa de manga corta color azul que era digna de llevar a una cita, junto con una elegante falda y sus mejores zapatos de vestir. Estaba vistiendose de más, pero no podía aparecer ante Tuxedo Mask de otra forma.

—Sí es por ese hombre, Tuxedo Mask, solamente pregunta a Rey por medio del comunicador.

Serena se estaba abrochando la falda cuando Luna dijo eso, así que su falda quedó con el cierre abajo mientras Serena corría por el comunicador para llamar a Rey. En un tiempo que le pareció eterno, Rey contestó la llamada y por primera vez en su vida parecía una humana con un mal día de cabello.

—Si es por Tuxedo Mask, se fue antes de que saliera el sol —Rey dijo molesta, obviamente cansada tras la noche de vigía.

—¿Cómo? ¡Pero yo quería verlo! —Serena no estaba feliz al saber que sus esfuerzos al escoger la ropa fueron inútiles.

—Por cierto, no vas a creer quién está ocupando la cama de Tuxedo Mask —Rey dijo, cubriendo su boca con la mano que tenía libre y Serena acercó su cara a la pequeña pantalla, Luna, curiosa, saltó al hombro de la joven para escuchar también. Los ojos de Rey vieron en todas las direcciones antes de hablar y revelar el nombre —Darién.

—¿¡QUÉ!? —Serena gritó con tanta fuerza que Rey casi perdió su agarre en el comunicador. Antes de esperar explicaciones, tomo el par de zapatos de vestir y corrió por las escaleras hacía la primera planta —¡Ya voy para allá! ¡No dejes que se vaya!

Luna, brincando detrás de Serena, le recordó que se subiera el zipper cuando llevaban ya dos cuadras corriendo.


Nephrite froto sus ojos antes de llevar sus labios al vaso de café. Otra noche en vela porque Darién había decidido huir de la nada.

La posibilidad alta de que el joven finalmente hubiera desarrollado un hueso de supervivencia era reconfortante. Intentar ser la única víctima de Nephrite, desde el principio, fue algo suicida. El general oscuro detestaba haber aceptado esos términos.

Sin embargo, había otra idea sobre el paradero de Darién, una que era como un gusano dentro de la fruta, que decía que algo terrible le había pasado al muchacho.

Con poderes que apenas sabía controlar y la mala suerte de estar en lugares desafortunados, era posible que alguna agencia de gobierno lo hubiera capturado para hacerle una terrible serie de experimentos capaces de llevar personas a la locura.

O tal vez había resbalado en algún lugar, se había golpeado la cabeza y ya no recordaba como volver a casa. Eso o el golpe lo había matado.

—Ese café va a ser difícil de limpiar —Jadeite mencionó al ver que Nephrite, con su fuerte agarre, había roto el vaso termico, dejando que su líquido cayera sobre sus piernas y el asiento del carro.

—Tenías una sola misión, Jadeite — Nephrite, al ver a Jadeite, sentado cómodamente en el asiento del conductor, sintió furia hacía él hombre —Una sola y la fallaste. Dame un motivo para no destruirte.

Jadeite apretó un poco las manos sobre el volante, sonriendo con ira contenida y sus hombros tensos por la amenaza sobre su vida. Se forzo así mismo a recobrar su compostura antes de contestar.

—En un combate yo te destruiría primero, Nephrite —devolvió la amenaza, listo para pelear contra el otro general oscuro. A diferencia de Beryl, la diferencia de poderes entre ambos hombres no era tanta.

Antes de que Nephrite pudiera desmentir las palabras de Jadeite, vio cruzar varios metros adelante a un par de coletas rubias que le eran cada semana más familiares.

Serena Tsukino, la niña a la que Darién parecía tener un gran aprecio. La noche anterior, ella había estado muy afectada por la noticia de la desaparición del muchacho, pero esa mañana, llena de energía, Serena caminaba por la calle con su gato negro en brazos.

Nephrite se le quedó mirando por varios segundos, Jadeite imitó la acción e, ignorando toda la conversación anterior, comenzó a seguir a la niña con la sutileza que les permitía su carro rojo. Su persecución duro al menos cinco minutos antes de que ella parará en seco antes de comenzar a correr con una velocidad digna de una maratonista.

—Creo que se a donde fue— Jadeite dijo mientras estacionaba el automóvil, después le tiró las llaves a Nephrite —Tu sigue buscando al niño, yo iré tras ella.

—¿Por qué vas tras ella? —Nephrite preguntó, irritado por la falta de disciplina e intelecto de Jadeite. Era un hombre de buenos planes pero siempre fallaba en ejecturlos así que Nephrite consideraba poco confiable al hombre.

Después de ver a Jadeite subirse a un camión, Nephrite volvió a su búsqueda, dispuesto a hacerle pagar al otro su impertinencia más tarde.


—El cristal de plata, por favor, encuentra el cristal de plata.

Ella dijo en medio del caos, detrás de la etérea princesa el planeta tierra era consumido por sombras que lo destruían desde adentro. Daríen bajo la mirada para ver qué de nuevo estaba vestido en un traje negro, incluídos lustrosos zapatos que contrastaban con el blanco mármol. Alzó de nuevo la vista hacía la torre del castillo e intentó encontrar a una princesa que ya no estaba ahí.

Intentó escuchar su voz de nuevo, pero en lugar de ello, pudo escuchar los gritos de miles de personas, todas suplicando un dulce alivio.

—¿Qué debo hacer? —les gritó y por primera vez, se atrevió a caminar hacia el castillo.

—Espera— su sombra susurró, la tenue voz desvaneciendo todas las demás —Hay que recordar primero.

—¿Qué debo recordar?

—El cristal de plata, encuentralo por favor —su princesa suplicó desde un lugar imposible de ver. Arriba, por encima de todo, la tierra empezaba a partirse y Darién supo, con increíble certeza, que él no podía defenderla.

—Despierta.

Darién abrió sus ojos a un cuarto desconocido por segunda vez ese día, pero al fallar en recordar la primera, asumió que la sensación de Deja Vu provenía del sueño que se le escapaba con cada nueva respiración.

Una pequeña polilla blanca se posó sobre mano, tan ligera que él se sorprendió que la pudiera sentir descansar en su piel. Estaba demasiado cansado como para moverse así que dejó al insecto permanecer ahí.

Volteó hacia la ventana, observando las copas de los árboles bailar con el viento, los pájaros cantaban al día y el sol iluminaba suavemente el escenario con amables rayos cálidos. Era tan tranquilo que lo hacía olvidar la sensación de peligro que se formaba en su corazón.

En una semana ella despertaría. Él podía sentirla moverse morosa, estirando sus falanges hacia él para llamarlo a su lado, la energía de ambos encontrándose en su cuerpo como viejos enemigos. Más que nunca era importante recordar.

Alguien entró en la habitación y colocó un trapo mojado sobre su frente. Su cabello negro era muy largo y sus ojos eran violetas, su cara tenía aún rasgos de la dulce infancia en sus cachetes y mentón, aún así, a él le pareció que se parecía a Sailor Mars.

Ella parecía estar preocupada por él y podía sentir algunas de sus emociones cada vez que sus dedos rozaban con su frente . Darién intentó tomar su mano, porque tenía la impresión de que ella sabría ver lo que él únicamente percibía.

La joven se colocó de pie y vio a las afueras del templo, sus poderes ancestrales presintiendo algún peligro cercano que para él era desconocido.

Rey cerró las puertas del cuarto sin darle ninguna indicación, como si supiera que era inútil darle órdenes. Darién cerró sus párpados y pudo ver un violento rojo manchado de un sucio verde. Se estaba acercando.

Una luz brillo en la oscuridad de su mente y el calor de aquella amable energía lo hizo recuperar el aliento. Lentamente, empezo a levantarse.


Sailor Moon llegó al templo, con poco aire. Luna al igual que ella, parecía rendida después de haber corrido una buena distancia intentado escapar del carro rojo de los generales.

La joven heroína limpió el sudor de su frente, después colocó una mano sobre su corazón mientras esperaba tranquilizarse.

—¿Por qué Nephrite y Jadeite me estaban siguiendo? —preguntó a Luna, y luego de asegurarse de que nadie estaba viéndola, se quitó la transformación, dando paso a su apariencia de Serena.

—Jadeite sabe que eres Sailor Moon —Luna dijo con tristeza —Tal vez ellos estaban haciendo una misión de reconocimiento.

Serena escuchó las palabras con miedo, su mente viajando a sus padres y hermano. Era cierto que los generales oscuros no habían atacado a su familia directamente, pero eso podía cambiar en cualquier instante.

En momentos así deseaba dejar de ser Sailor Moon y el pequeño broche sobre su blusa era un peso que amenazaba con asfixiarla.

—¿Serena? —una voz suave gritó desde uno de los pasillos exteriores.

Amy tenía ojeras que hablaban de su noche en vela y Serena pudo notar que la joven genio apenas y tenía energías para estar en pie. Se apresuró a llegar al lado de su amiga pero no sé subió a la madera, en lugar de ello se quedó sobre la firme tierra.

—Tuxedo Mask ya se fue —Amy informó tras saludarla, obviamente molesta por los modales del héroe enmascarado. Tras una breve pausa continuó hablando—Sin embargo, fue reemplazado por ese muchacho, Darién.

—Sí, Rey ya me dijo —Serena dijo en un susurró. Los nervios por saber que Jadeite y Nephrite podían atacar a su familia en cualquier momento. Era injusto y horrible —Amy, ellos me siguieron por un buen rato, ¿qué debo hacer?

—¿Quién te siguió? —Amy preguntó, apresurandose a sobar el brazo de Serena para tranquilizarla, fue Luna la que decidió explicar lo ocurrido al ver que la joven seguía asustada.

—Nephrite y Jadeite. Estaban cerca de la casa de Serena y nos siguieron por varios minutos hasta que Serena consiguió escapar. Creemos que planean algo perverso.

Amy comenzó a sudar en seco al escuchar eso y mientras buscaba la mejor forma de calmar a Serena pese a su propio miedo, otra persona llegó hacia ellos.

Rey observó primero las ropas de Serena, luego su cara de preocupación y tomó varios segundos para contar hacía diez, sospechando que la otra joven estaba llorando por alguna causa ridícula. Antes de poder amonestarla, Luna saltó hacia el tejado tras solar un chillido feral.

Las tres jóvenes llevaron sus manos a sus objetos de transformación, asustadas por la actitud de Luna, pues sabían que existía un motivo para eso. Rey fue la primera que sintió un aura maligna, similar a los youmas pero claramente humana y se apresuró a correr hacia la entrada del templo, seguida por sus amigas.

Serena se detuvo en medio de un paso en cuanto lo vió: parado enfrente del abuelo de Rey, como si fuera una persona normal, estaba Jadeite. Rey no dudó en tomar una escoba en la entrada y alzarla para realizar un poderoso escobaso.

El general oscuro apenas tuvo tiempo de esquivar la escoba que pasó a escasos centímetros de su cabeza, sus reflejos permitiendo que se agachara a tiempo. Su cara se volvió dura de la ira pero logró componer su rostro en una sonrisa de vendedor en poco tiempo.

—¡Rey! ¿Qué ocurre? —el abuelo preguntó, sus pequeños brazos sujetando a Rey por la cintura —Es Jed, trabajó para el templo unos meses atrás.

—Abuelo... —Rey dijo en un suspiro, agobiada por la situación e incapaz de decir nada más, sus ojos violetas yendo de sus amigas al abuelo en un silencioso gritó de auxilio.

—No hay problema, tal vez la señorita sacerdotisa me confundió con alguien más.

Por su altiva sonrisa, era obvio que Jadeite sabía que Rey no lo había confundido con nadie, pero el abuelo sonrió amable, y después pidió a Rey que fuera a preparar té para recibir al número elevado de visitas ese día.

El amable viejo fue a otra parte del templo en cuanto los tres invitados estuvieron acomodados en una habitación: Serenay Amy acompañaban a Jadeite a un cuarto del templo, sentándose enfrente de él mientras esperaban que Rey volviera. Amy, en una increíble muestra de temple, logró evitar que se mostrará siquiera una pizca de miedo en su cara, en cambio, sostuvo una mueca de franca hostilidad mientras mantenía su mano apretada sobre la pluma de transformación.

Serena, al ver que Jadeite no mostraba signos de atacar, decidió que no se preocuparía mucho sobre el asunto.

—Sailor Moon, Sailor Mercury —Jadeite dijo tras varios minutos de silencio —Me alegro de que estén bien.

—¿Qué quieres? —Amy preguntó sin rodeos, su vista yendo fugazmente a las manos del general como si sospechara que él escondía un arma en sus palmas.

Jadeite dió una pequeña carcajada que revoloteó en la habitación con un extraño eco y Serena recordó que pese a la preocupación que él había mostrado por Darién, Jadeite seguía siendo una persona malvada que atacaba atacaba personas inocentes, como a Molly y Tuxedo Mask.

Al pensar brevemente en Darién, recordó que él estaba en algún lugar del templo, enfermo de nuevo. Ella podía no ser Amy, sin embargo era obvia la correlación entre Darién enfermo constantemente y robo de energía por parte de Nephrite.

Serena también imitó el gesto agresivo de Amy, molesta de que los dos generales se estuvieran aprovechando del bondadoso corazón de alguien que esperaba en la lluvia con tal de que una bella dama no estuviera sola.

Jadeite, al notar que ambas muchachas querían matarlo con la mirada, alzó sus manos en señal de paz y volvió a adquirir su sonrisa de vendedor.

—Preferiría que Sailor Mars vuelva antes de comenzar nuestra negociación.

Justo terminó de decir esas palabras, Rey entró en la habitación cargando una charola con tazas de té, sus ojos violetas encendidos por el odio que sentía hacía el hombre.

—¿Negociación? —Serena preguntó con curiosidad y sin perder su furia. Amy, a su lado, se tensó al sentirse amenazada.

—No negociamos con basura — Rey dijo sin pensarlo.

—Al escuchar nuestros términos, estarán de acuerdo.

Serena parpadeó varias veces, incapaz de entender porque Amy estaba más preocupada que al principio de la conversación o por qué Rey parecía querer tirarle el te caliente a Jadeite en cualquier momento. Una negociación era un acuerdo, quizá él no era tan malvado y sí quería proteger a Darién.

Jadeite observó el cambio de humor en la cara de Serena, sospechando que era ella la mejor estrategia, decidió hablarle directamente.

—En ocho días justamente despertará la reina Metallia.

Las tres chicas vieron a Jadeite en confusión. El nombre sonaba familiar como si fuera parte de un recuerdo olvidado con los años, pero ninguna podía entender la correlación entre aquel recuerdo marchitado por la edad con la presente batalla. Jadeite también parecía estar sorprendido al ver las caras de ellas.

Finalmente, él tragó saliva, apretó sus manos y mordió la sarta de groserias que quería gritar. Serena notó la preocupación sobre sus facciones pero no sé atrevió a decir nada. Ese era un momento en donde la paciencia era primordial.

—Ella, Metallia, ¿es la reina del Negaverso? —Amy preguntó perspicaz, Jadeite atinó a afirmar con la cabeza y la joven tomo eso como indicación para demandar respuestas —¡Explicate!

—Siempre sospeche que ustedes no tenían relación con el Milenio de Plata —Jadeite mencionó casi en burla, observando las caras infantiles de las niñas con menosprecio, finalmente, recordó algo dentro importante y decidió tratarlas como iguales —La reina Metallia es a quién intentamos despertar con la energía de los humanos, una vez que despierte, ni Nephrite ni yo seremos capaces de pelear contra ella. Ustedes tendrán menos suerte que nosotros en ello. Por eso les propongo una alianza para derrotar a la regente actual, la reina Beryl.

El nombre envió un escalofrío a la espalda de Serena junto a imágenes de piedra blanca manchada por muerte.

—¿Por qué quieres que acabemos con tus jefes? —Rey inquirió, cruzando sus brazos.

—Mis motivos no importan —Jadeite dijo tras unos segundos de relfexionar en silencio —Sin embargo, por el bienestar de sus familias les conviene aliarse con nosotros. Este miércoles, Nephrite y yo las esperaremos para planear la logistica del ataque.

—No te tenemos miedo, Jadeite —Rey recalcó, lista para atacar al general aprovechando que ella estaba parada y él seguía sentado sobre sus piernas.

—Sus familias lo tendrán —Jadeite dijo, colocándose de pie de una forma deliberada para asustarlas. Amy y Serena se pusieron de pie también; listas para pelear.


A Darién le pesaban los ojos y tenía un pequeño dolor justo en el puente de su nariz. Sabía que tenía que continuar caminando pero la sensación de urgencia casi media hora atrás había desaparecido y se sentía como una brújula inservible navegando sin dirección.

Estaba en un pasillo interior del templo, buscando de nuevo en su cabeza alguna buena ruta, cuando vio los pies de Nicolás comenzar a asomarse por el lado contrario del pasillo , lo cual signiraria que ambos iban a encontrarse de seguir caminando por donde iban.

Pese a que escuchó varias voces provenir de uno de los cuartos, no dudó en abrir la puerta y cerrarla detrás de él, dando la espalda a las personas ahí adentro, contando los segundos en espera de que Nicolás pasara por enfrente de la puerta y así Darién podría continuar hacia su destino.

—¿¡Darién!?

Él palideció un poco. Varias voces habían dicho su nombre casi al unisono y algunas tenían un timbre similar a las de sus sueños. Tomo una bocanada de aire para tranquilizarse, buscando dejarse claro así mismo que quizá era un fantasma intentando jugarle una broma.

Estaba a punto de recordar que él no creía en los fantasmas cuando una mano pesada sujetó su hombro y lo forzó a verlo. Ahí, claramente entre las emociones de ira y preocupación, estaba Jadeite.

Detrás de el hombre, tres adolescentes familiares parecían dispuestas a pelear y los ojos de él inmediatamente viajaron a la única que no había estado en el templo una hora antes.

Serena, vestía una blusa y falda que parecían dignas de ir a una fiesta, en cambio él, tenía una camisa sudada, pantalones arrugados y calcetines sucios. Ese día era el día que moría por humillación.

—¿Estás bien? —Jadeite preguntó amable, como si temiera asustar a Darién si alzaba más la voz. La mano sobre su hombro había sido retirada y Jadeite la parecía estar sobando con su otra mano. Darién se percató que, inconscientemente, él había alzado su brazo para quitarse a Jadeite y lo había golpeado.

Jadeite miro con furia hacía las tres jóvenes al no obtener respuesta, y se colocó en medio de ellas y él. Ellas lanzaban miradas hostiles a Jadeite antes de lanzar unas de preocupación a Daríen para volver a Jadeite.

Era como si ellos cuatro tuvieran un conflicto privado al que Darién no estaba invitado. Considerando su estado de salud y que los conocía a todos en el cuarto, no pudo evitar sentirse molesto por toda la situación.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con todo el veneno que su voz enfermiza pudo conjurar. Cuatro pares de ojos volaron a él simultáneamente.

—¿Qué te hicieron ellas? —Jadeite cuestionó a Darién sin responder la pregunta.

—¿Ellas? Jed, son niñas de secundaria —Darién dió un par de palmadas a Jadeite para calmarlo, negando con su cabeza lo ridículo de la pregunta. Como decía el dicho, todo león cree que todos son de su condición. Para el joven estudiante era obvio que Jadeite había malinterpretado todo —De hecho me ayudaron.

El hombre lanzó una mirada a las tres niñas antes de perder un poco de tensión tras tragar saliva y aire. Finalmente, tras decidir que ellas no eran un peligro, habló.

—Bien, en ese caso tenemos que irnos. Nephrite nos espera.

Darién agradeció la hospitalidad del templo y Jadeite imitó el gesto. Las tres chicas caminaron con ellos hasta la salida, donde el abuelo de Rey saludo a Jadeite. Por un breve lapso, al ser ellos dos los más lentos al caminar, Darién y Serena se quedaron solos en el portal del templo.

Darién dejo salir un suspiro. Sus ojos vieron a los de Serena, tan llenos de vida y de sinceridad, pese al estado lamentable de Darién, no había señal de burla en ninguna parte de su cara. Le parecía más bien, que estaba preocupada por él.

Por eso le dió una sonrisa, y en espera de cambiar su humor, abrió su boca listo para hacerla enfadar. La preocupación o tristeza eran algo que jamás debía ser permanente en la cara de ella y menos por causa suya.

—Cabeza de Chorlito, no cabe duda, aunque te vistas de seda mona te quedas.

—¡Patán! — ella dijo, su cara roja como un tomate y salió corriendo hacia el lado de su pequeña amiga Amy.

Pese a su terrible día, a Darién le alegraba que Serena estuviera actuando de forma normal, más como una niña sin preocupaciones y menos como una persona agobiada por terrores imposibles de hablar.

Jadeite bajo con Darién las escaleras, quien rehusó con fuerza cualquier ayuda pese al leve mareo en su cabeza. Extrañamente, justo en la bajada, los esperaba fuera de su carro, Nephrite. Darién supuso que Jadeite lo había llamado con sus poderes mágicos.

El viaje de vuelta al apartamento parecía que iba a ser silencioso hasta que Nephrite lo arruinó.

—¿Dónde estuviste toda la noche?

—Por ahí —Darién contestó desde detrás del carro, su cabeza descansando en un asiento y ojos clavados en el techo.

—De nuevo estás enfermo.

—No me había dado cuenta.

Jadeite sofocó una carcajada, ahogandola en su garganta, pero Nephrite no parecía compartir el humor de Darién.

—Estas castigado.

—No eres mi padre.

Nephrite no era su padre, de hecho Nephrite, años atrás...Darién parpadeo y en lugar de ver el techo rojo del automóvil, estaba viendo a un hombre teñido de rojo, muriendo a la luz del atardecer a manos de alguien en quien confiaba. Y Darién sintió la mano de Nephrite empujarlo hacia un pasillo oscuro, cerrando el pasadizo una vez que Darién estuvo adentro.

Había habido tanta sangre. Un mar bajo las botas de los soldados y el rey había muerto y aunque Darién no era el que tenía heridas en su estómago o cuello, se estaba ahogando en la sangre.

Despertó con alguien sacudiendo sus hombros, más mareado que al principio del día. Nephrite estaba pálido y Jadeite parecía agarrar fuerza en abanicarlo con una carpeta de colores exóticos.

—¿Qué pasó? Un segundo estaba peleando con Nephrite y al siguiente casi te desmayas.

La respuesta, la memoria de algo ocurrido milenios atrás, aún seguía dejando un olor metálico que era imposible de sacarse, sin embargo, al ver las caras de Maxfield y Jed, Daríen se tranquilizó y dejó el recuerdo desaparecer en el abismo, incapaz de lastimarlo.

Una semana después, su ignorancia voluntaria sería pagada con mares carmesí.


Hola, gracias por los reviews, Nancy y Caro. Saludos.

Sobre Liar y su edad. Nunca pensé mucho en su edad, pero ya que tenía suficientes años para ayudar/trabajar en el hospital, a lo mínimo tiene 28.

Para incrementar artificialmente el número de palabras del fic, más recuerdos sobre el pasado...disfruten a Jadeite.

Jadeite apenas lo podía creer. Había una espada sobre su cuello, cortando ligeramente su piel y la herida ardía mientras sangraba gotas rojas.

—Baja tu arma, Jadeite —Malakite, vestido en un nuevo uniforme gris, tan lejano al de su holgada toga, jamás le había parecido tan amenazador.

—¿Cómo pudiste traicionarnos? ¿A la alianza? ¿Al Reino Dorado? — ¿A él? Fue lo que Jadeite no dijo, sus manos apretaron la lanza con más fuerza al pensar en el príncipe al que le había jurado lealtad eterna.

—Mi reino y la Tierra. Debo defenderlos. La familia real del Reino Dorado le falló a la alianza Pentagea al buscar ayuda de la gente oscura de la Luna y por ello uno de sus hijos ahora está hechizado por una de sus brujas.

Jadeite no preguntó cuál hijo de los reyes era el hechizado. Él había visto al príncipe mirar por horas el reflejo de la luna en el estanque, sonriendo abiertamente cuando creía que nadie lo veía. Él le había confesado de estar enamorado de una "princesa lunar", una de aquellas criaturas que viviría siglos mientras el príncipe solo lo haría décadas.

O menos. Con la traición de Malakite, estaba seguro de que el recién coronado rey Zoicite, también estaba confabulado encontrá del Reino Dorado, más conocido por sus artes que por su milicia. El rey jamás se uniría en la batalla contra el Imperio Lunar, primero moriría. Él y toda su familia. Incluído el príncipe.

—¿Quieres salvar al príncipe verdad? —Malakite dijo retirando su arma y Jadeite inmediatamente llevó una mano a cubrir la herida pese al ardor que le provocó tocarla. Sin embargo, no intentó ningún contrataque, las palabras de su enemigo daban pie a una promesa que él jamás creyó posible — Hay una forma de salvarlo.

—¿Cuál? —Jadeite preguntó, tragó saliva y la acción dolió más de lo que esperaba, aún así continuó hablando —¿Cómo? ¿Cómo puedo salvarlo?

—Ni tú ni yo podemos hacerlo. Sin embargo, la reina Beryl sí. Lo único que necesita es una boda y sobrevivieran los que deben ser salvados. Incluído él.

—El príncipe jamás aceptaría casarse con ella.

—Lo hará por el bien de su reino y nuestro planeta. Él va a sobrevivir, lo juro —Malakite extendió su mano hacia el cuello de Jadeite y amablemente quitó la mano ensangrentada para dejar sus dedos curativos sanar la herida

Jadeite estaba inseguro de que decir. Si Malakite decía la verdad, entonces había una oportunidad de que el príncipe sobreviviera, era egoísta, carecía de orgullo, pero Jadeite se dejaría matar mil veces para que el principe viviera un día más.

Eso era lo único que él quería.