Capitulo 16

Lunes por la mañana. Hora de despertar y alistarse para ir a las escuela donde iba a estar rodeado de muchachos llenos de hormonas que se creían el centro del mundo y cuyas emociones a flor de piel se transmitían en el aire como bacterias. Darién estaba bastante enfermo como para andar soportando todo eso.

Maxfield y Jed no estaban presentes, posiblemente habían ido a algún lugar oscuro donde orquestarian un terrible plan malvado para dominar el mundo. La idea era ridícula, pero desde el día anterior, al verlos sentía ira que ponía sus cachetes rojos y le quitaba la voz.

No entendía por qué pero estaba al borde del precipicio, tocando con dedos torpes el final del camino sin saber si la opción era ponerse de pie y dar un paso o retroceder sobre sus pisadas como un niño avergonzado. El cielo azul parecía también peligroso en esos momentos, incapaz de ocultar las tinieblas en el horizonte pese a su amable color.

En cualquier caso, él se quedaría en su departamento, encerrado y alejado del mundo como debía ser.

Estaba pensando en eso, cuando por el rabillo del ojo, vio un bulto blanco viéndolo desde la puerta transparente del balcón. Era extraño, pensó, que un gato subiera de nuevo a un piso tan alto como en el que estaba Darién. Sospechoso casi, pero al ser un amante de los animales y plantas, ignoró su primer instinto de espantar al animal y, pese al frío que sintió al levantarse, caminó hacia la puerta y la abrió para dejar al gato entrar.

El gato blanco se parecía mucho al de Serena, desde una cicatriz en forma de luna en su cabeza a sus ojos inteligentes que miraban a Darién de una forma inquisitiva pese a estar plantado en el suelo y ser mucho más pequeño que el humano.

Darién se inco para que sus manos quedarán más cerca del pelaje del animal y como varias noches atrás, tendió una mano a un gato en espera de que su gesto fuera correspondido con cercanía. El gato blanco vio a Darién hacer todo eso sin inmutarse un poco, incluso parecía ofendido de que Darién existiera.

El aire del exterior robo el poco calor en el cuerpo de él y antes de darse cuenta estaba tosiendo con fuerza, incapaz de detener la tos pese a que el esfuerzo empezaba a ser doloroso. Después de varios minutos, logró recobrar el aliento y se recargó contra la puerta del balcón. Estaba demasiado cansado como para levantarse, aún así, inútilmente, trató de levantar sus dedos hacía el gato-estatua. Al ser rechazado de nuevo, sonrió amargamente y cerró sus ojos.

Mientras caía en el mundo de los sueños, sintió que alguien lo cubría con la sábana de su cama, sus bigotes rozando ligeramente con su piel ardiente. Sin embargo, no abrió los ojos para intentar ver si efectivamente el gato lo estaba cubriendo. Hubo silencio por varios minutos, interrumpidos por algún ataque de tos de vez en cuando.

—¿Es él?

Una mujer preguntó desde otra habitación, su voz clara pese al ruido de recipientes siendo movidos con fuerza en los cajones. Darién abrió los ojos grandes como platos al notar, para su gran alarma, que estaba acostado sobre su cama y alguien (que debía tener pulgares) había colocado un trapo mojado sobre su cabeza. Se sentó de golpe y eso causó que volviera a estornudar con fuerza; sus pulmones incapaces de soportar el movimiento parecían querer cobrar factura por la brusquedad de sus acciones.

Estaba harto de estar enfermo. Lo odiaba con rencor y al paso que iba, esa sería su vida.

—¡Sh! Sailor Venus, creo que escuche algo —una agradable voz de hombre le dijo a la misteriosa mujer y Darién llevo una de sus débiles manos al despertador al lado de su cama, pues creía que era mejor tener un arma a enfrentar a los ladrones sin ninguna herramienta.

—Solo le dió otro ataque de tos, pero la gran Sailor Enfermera lo curara en un instante —la mujer dijo, su voz brillando de energía.

—Él podría ser un enemigo. No es nuestro deber ayudarlo.

—No seas así Artemis, recuerda, "haz el bien sin perder los pies", ves, mis pies están enteros, así que ayuda con el té.

Darién ahogo otro nuevo ataque de tos, que pudo ser o no producto de las palabras de la mujer invasora que parecía creerse una fan de Sailor Moon. O quizá, Daríen reflexionó, sí era una Sailor Scout que estaba haciendo reconocimiento en su departamento.

No podía culparla, después de todo dos agentes del mal de vez en cuando eran inquilinos del lugar. Sin embargo, mientras más lo pensaba, más molesto se sentía por la flagrante invasión a su privacidad. Estaba tan molesto que ni siquiera podía pensar en nada más que cuanto odiaba todo.

Además, ¿quién era el hombre? ¿Tuxedo Mask?

Sin pensarlo más, abrió la puerta de su cuarto y corrió hacia la cocina, donde efectivamente había una persona intentado hervir agua.

Era una mujer de largo cabello rubio, con una media cola atada en un elegante moño rojo, usaba una tiara en la frente similar a las otras Sailor Scouts, sus ojos eran de un azul casi metálico y sus labios estaban pintando de un suave color naranja que combinaba con mini su falda del mismo color.

Ella lo estaba mirando de vuelta, su cara sombría mientras lo examinaba de pies a cabeza. Ella era diferente a las otras, y no únicamente por parecer llevarles algún par de años de vida que se reflejaban en su rostro adulto.

Darién tosió un poco, perdiendo parte de su entrecejo fruncido con esa acción. La Sailor Scout alzó una ceja delgada como en espera de que él la retará. Ella parecía ser una Sailor Scouts en todos los sentidos así que él se tranquilizó un poco. Sin embargo, su verdadero cambio de humor se dio al darse cuenta del estado de su cocina y su ira fue cambiada por sorpresa.

—¿Estás hirviendo agua en una cazuela? —Darién, no conocido particularmente por ser el mejor conversador, decidió abrir con aquella pregunta.

—Sí —ella contestó segura de si misma, pero al verlo apretar sus labios y arrugar las cejas, su confianza anterior desapareció —¿Está mal?

—Sí, tengo una tetera justo detrás de ti —Darién explicó en una voz resignada —¿Por qué hay azúcar en el piso de mi cocina? No, mejor contesta porque ese gato logró ensuciarse con mis provisiones de café.

—Buscabamos... té, ¿dónde lo tienes?

Darién ignoró la pregunta, aún enfocado en todos los detalles que estaban mal en su cocina, cada uno más extraño que el anterior.

—Ese cuchillo ¿su mango está roto? ¿Cómo? ¡Apaga la estufa! Bien...ahora...¿Qué estabas intentando hacer en la licuadora?

Ella sonrió y camino hacia él, pasando a su lado para sentarse cómodamente en el sillón de la sala, ignorando cada nueva pregunta que salía de su boca. Él decidió acompañarla, listo para hablar de lo que tuvieran que hablar. Hasta donde el sabía, prácticamente eran amigos con ella arruinando su cocina y él aceptandolo con gracia.

Por lo menos su dolor de cabeza parecía haber disminuido y ya no se estaba muriendo de tos, casi le parecía imposible de creer su rápida mejoría.

—Soy Sailor Venus, una de las Sailor Scout que luchan contra el Negaverso —ella se presentó con una falsa reverencia.

—Soy Darién Chiba, ¿qué haces en mi casa?

—¿Qué crees que hago, "Darién? ¿De verdad creíste que nos podías engañar con tu acto de estudiante? —ella preguntó, sus ojos duros y sonrisa tersa que amenazaba con mostrar sus colmillos.

—¿Engañar a quién? Júpiter y las demás sailors saben que Maxfield a veces viene a mi departamento — él contestó, omitiendo la existencia de Jed como si fuera una guerra fría en donde él no quería revelar todas sus cartas.

—¿Qué planeas? — ella preguntó con firmeza, en un tono que de tener forma hubiera sido capaz de perforar la piel. En cierta forma, las emociones de ella lograban atravesar la poca distancia entre ellos y Darién sintió un poco de odio teñido de angustia y sobre esos sentimientos una abrumadora soledad.

Darién la volvió a ver, como si una nueva luz hubiera caído sobre la joven para desvelar a una niña que se le había dado un trabajo de adultos. Sintió pena por ella, como una vez lo hizo por Fiore. Tan solos y perdidos, abrumados por un pasado que los había lastimado más allá de las palabras.

Estaba inseguro de lo que ella quería de él, sin embargo, decidió alzar sus palmas desnudas para mostrar que no ocultaba nada.

—Max y Jed van a trabajar con las Sailor Scouts, con ustedes, me lo dijeron —explicó amablemente, intentado tranquilizar a la joven frente a él —Si quieres, yo puedo concertar una reunión entre nosotros, dime fecha y lugar y haré lo posible par-

—Ellos ya fijaron lugar —Venus lo interrumpió, y al ver la genuina sorpresa en la cara de Darién, alzó una ceja rubia y ladeó su cabeza —¿No estás molesto de que no te lo informaran?

Darién alzó los hombros. Los dos hombres le agradaban, sin embargo era mejor recordar que ni siquiera eran amigos. En cierta forma, para ellos Darién era más como una mascota o quizá un animal de granja.

Sus manos se volvieron puños y tragó saliva cuando pensó en ello. Mientras lograba calmarse, cerró sus ojos en busca de callar sus pensamientos y recobrar una actitud digna de un hombre frente a una Scout. Sus intentos de dominar sus emociones fracasaban a cada nuevo intento y respirar era casi sofocante. Abrió sus ojos de nuevo para verla directamente, como si con ello pudiera recobrar su temple.

Venus, al ver la tristeza de Darién, perdió toda la hostilidad, como si finalmente creyera que él era una persona normal.

—Sabes, ellos, Nephrite y Jadeite, ellos son malas personas, ¿por qué los permites en tu vida?

—Están siendo controlados —Darién explicó tras tragar saliva, y recordó cuando él mismo había sido forzado a alzar su mano contra Sailor Moon, estaba seguro de que por poco que les importará la vida de Darién, ellos sufrían mucho al ser títeres del Negaverso —Una vez que el Negaverso sea derrotado ellos serán libres.

Y entonces sería como si jamás hubieran conocido a Darién. Saldrían de su vida para siempre para disfrutar su nueva libertad y lo dejarían completamente solo una vez más.

—Tú no eres él, ¿verdad?

—¿Quién?

—¡Jaja! ¡Olvídalo! Te confundí con alguien más —Venus lanzó un silbido y después se puso de pie en un movimiento fluido, con una elegancia casi sobrehumana —Usaste magia para "curarte" hace unos minutos, deberías volver a la cama antes de que recaigas...aprovecha el agua que te hice para un té ¡Adiós!

En cuanto Sailor Venus saltó por el balcón, el dolor de cabeza volvió y Darién decidió ignorar su cocina sucia. Primero dormir y después limpiar, pensó mientras se acostaba en el sillón, sin embargo, le fue difícil descansar cuando su cabeza estaba inundada de preguntas y miedos que le eran imposibles de descifrar.


Sailor Venus y Artemis pusieron una buena distancia entre ellos y el departamento de Daríen antes de hablar.

—Ese hombre, "Darién Chiba", se parece mucho a él, pero el príncipe jamás hubiera actuado tan dócil —la scout dijo, su mirada sería mientras observaba a la dirección del departamento —¿Crees que lo haya olvidado como todos los demás?

—Somos pocos los que recordamos el Milenio de Plata —el gato respondió con melancolía, sumido en pensamientos de lo que fue y ya no era — Muchos menos somos los que no rencarnamos en este nuevo siglo... Nuestro reino, nuestra gente, falleció por culpa de la Tierra y de su príncipe y no debemos dejarnos engañar por su ignorancia del pasado.

Sailor Venus suspiró. La información que les había dado Luna a traves del Comando Central (cuyo líder era Artemis) los había puesto sobre la pista de Darién Chiba meses atrás. Un joven de cabello negro y ojos azules acercándose a las scouts era ligeramente sospechoso.

Con Nephrite y Jadeite apareciendo en escenas como una especie de guardianes, Venus entendió que su primera misión al llegar a Japón sería verificar que el tal Darién fuera un humano regular sin relaciones con el príncipe. Al principio, al verlo enfermo ella dudó de que él lo fuera pero tras usar su magia de curación, Venus había casi preparado un ataque ahí mismo. No estaba segura de porque no lo hizo.

—¿Es una rencarnación como nosotras? ¿ O un descendiente como la familia Diamante? ¿O es el mismo príncipe de milenios atrás como Malakite lo es y fue liberado del sello? —Venus inquirió, todo en ella preguntándose qué es lo que estaba pasando —¿Nephrite y Jadeite lo acompañan porque se parece al príncipe o porque hay sangre del reino dorado en él?

—No lo sé. Y no importa —Artemis se sentó y observó hacía el cielo, intentando ver la luna pese a que el sol estaba brillando fuerte sobre ellos —Luna dijo que los generales quieren una alianza, pero ya una vez mostraron ser traidores, sea quien sea Darién, eso no volverá a los generales más confiables o menos traicioneros.

—¿Deberíamos atacarlos primero?

—No, es mejor esperar al miércoles. Ellos no saben de ti o mi, así que cualquier emboscada que planean no funcionará. Pero primero, es importante que hables con las demás Sailor Scouts —Artemis dijo en un tono tan serio que pese a ser un gato, Venus se irguió un poco más —Hay una ligera posibilidad de que si quieran acabar con Metallia antes de que despierte y en ese caso, ellas tienen que saber.

—¡Bien!—ella contestó, más como la guardiana que fue en el pasado que la muchacha de quince años del presente. Sin pensarlo mucho, fue en rumbo a una secundaria donde encontraría a dos de las sailors, y en cuanto estuvo a metros del lugar, con ambos pies en el suelo, dejó la transformación desaparecer.


Serena había sido castigada una vez más. Lo cual era injusto. Olvidar hacer la tarea estaba justificado cuando se es un héroe que salva a las personas inocentes del mal.

Desde Molly a Tuxedo Mask, ella los rescató de los planes perversos del Negaverso. Ahora solamente requería salvarse así misma. Rey y Amy también estaban en los mismos aprietos ya que sus identidades eran sabidas por Jadeite.

In In escalofrió recorrió su espalda y volteó a todos lados, esperando que el general se materializara en alguna esquina del salón, riendo al ver que ella estaba sola en una escuela que se vaciaba con cada nuevo segundo en el reloj.

Una mano blanca abrió la puerta, dando paso a que una persona entrara al salón. Serena soltó un chillido.

—¿Serena? —Amy preguntó en cuanto entró, bajo uno de sus brazos un grueso libro de anatomía de color blanco —Perdón por asustarte, la maestra Haruna me dijo que ya podías salir.

—¡Amy! —Serena gritó y se abalanzó sobre la genio —¡Me esperaste! ¡Gracias!

—De nada —Amy sonrió, sus cachetes un poco rojos ante la muestra efusiva de afecto.

Las dos salieron de la escuela, platicando sobre los proximos exámenes hasta que Amy se detuvo en seco y con el movimiento de un hombro señaló hacía atrás de un árbol, donde alguien se estaba ocultando tras las sombras.

Pese a todos los temores y sobresaltos sobre la idea de Jadeite en la escuela, Serena seguía siendo una optimista, así que su mente, al ver a la persona que los miraba con enormes ojos, pensó "admirador secreto" y motivada por la curiosidad, corrió hacia el árbol, seguida por una nerviosa Amy.

La persona en cuestión tropezó en su intento de huída y las dos jóvenes lograron detener infraganti a un estudiante de secundaria de cabello y ojos negros. Un nuevo estudiante que Serena reconoció haber visto la semana atrás.

—Tu eres..

—Greg —Amy corto a Serena en seco, el muchacho se puso pálido e intento retirarse en cuanto se puso de pie, pero ella no lo permitió, poniéndose en medio de la ruta de escape dispuesta a luchar de ser necesario —¿Cómo supiste lo de la joyería? ¿Quién eres?

—Yo...

La cara de Amy se modificó al ver la reacción tímida de Greg. Ella forzó una sonrisa triste y se hizo a un lado para dejarlo huir. Serena miró el intercambio con ojos grandes, sin entender que estaba pasando. Por lo que ella entendió del breve intercambio, Greg sabía de los eventos en la joyería.

Greg titubeó antes de dar un paso, sus ojos nublados por pensamientos que ninguna de ellas dos conocía.

—Gracias, Greg —Amy susurró y él se detuvo en seco, parpadeó un par de veces y después sus cachetes se sonrojaron. Tras una lucha mental consigo mismo, volteó a ver a las dos con un nuevo fuego en sus ojos.

—Yo...— él tragó saliva, mordió su labio y después limpió su cabello de la frente con una mano rígida. Tras varios segundos de no decir nada, se tensó y miró en dirección de un gato blanco que había caminado hacía ellos silenciosamente. Greg suspiró profundamente y aclaró su garganta —Sailor Venus, se que también estás escuchando.

Amy y Serena abrieron los ojos como platos, la primera de ellas reviso el área, buscando a la persona escondida entre los árboles, la segunda clavo su vista en el gato blanco con una luna creciente en su cabeza.

—¿A qué te refieres con Sailor Venus? —Amy preguntó amablemente y Greg limpió sus manos en su pantalón.

—Se que ustedes dos también son Sailors...y se que Sailor Venus está aquí. Lo ví ¡No trabajo para el Negaverso! ¡Lo juro! ¡Por favor, créanme!

—Te creo — Serena dijo inmediatamente, segura de que podía confiar en Greg por algún motivo que si alguien le preguntará, ella diría "le gusta Amy". Para ella el romance seguía siendo una fuerza increíble así que su fe en Greg era un testamento de su fe en el amor.

Greg se atrevió a relajarse un poco, y Amy, decidiendo que Greg no era una amenaza lanzó un suspiro de alivio. Resuelto el asunto de Greg, sin embargo, quedaba algo pendiente.

—¡Espera, Sailor Venus! ¡No te vayas! —Serena gritó al ver que el gato blanco había decidido darse a la fuga, y sin pensarlo ella se lanzó en su persecución. Su maletín apenas pudo ser salvado por los reflejos de Amy. Serena siguió su frenética persecución —¡Soy tu mayor fan! ¡Por favor!

Greg y Amy voltearon a verse, primero en sorpresa, luego, ambos compartieron una carcajada a expensas de Serena, quién finalmente consiguió tirarse al suelo y sujetar al gato por arriba de sus patas traseras. Había ensuciado su uniforme y una de sus rodillas tenía un raspón, pero aún así, tras acomodar al gato en sus brazos, sonrió e hizo un signo de victoria con su mano derecha.

—¡Jaja! Esa no es Sailor Venus —Greg logró decir entre carcajadas.

—¿No? —Serena preguntó, levantando al gato para verlo directo a los ojos. El gato ladeó la cabeza de un lado a otro, aparentemente también aguantado una carcajada —¿Entonces quién?

El viento sopló en respuesta, moviendo las hojas del suelo haciéndolas danzar a un son más antiguo que el tiempo, y todas siguieron ese movimiento hasta llegar a la figura imponente de una muchacha de largo cabello rubio.

—Ante todos ustedes, la grandiosa Sailor V, o mejor dicho, Sailor Venus —el gato dijo en cuanto se safo de los brazos de Serena, quién desde el primer momento quedó impactada al ver a la misteriosa niña.

No había duda. El gato parlante, la figura regia de alguien que ha sobrevivido a la muerte, el factor de hermosura por encima del límite humano.

—¡Sailor Venus! —Serena se apresuró a avanzar hacia su ídolo, sintiendo su corazón rebotar en su pecho, cuando estuvo a un paso de ella se detuvo y en una voz que apenas contenía la emoción se presentó con un quedabrado hola.

Amy y Greg, se acercaron con más cautela. Ella pensativa; él resignado. Sailor Venus los saludo con una sonrisa llena de confianza antes de dirigirse a Greg.

—Tú, eres de la familia de videntes Urawa, ¿verdad Gregorio R. Urawa?

—Sí — él dijo, sorprendido por qué ella supiera tanto de él— ¿Cómo lo supiste?

—Secretos de oficio —Venus contestó con facilidad y después tomo el brazo de Serena, quién ya estaba viendo a Greg con nuevos ojos al saber que era de una familia de videntes. Amy también parecía estar viendo al muchacho con nueva cautela, pero Venus seguía fijada en el muchacho — ¿Qué sabes de Metallia, Greg?

—Metallia va a despertar el próximo lunes —Greg contestó y mordió una vez sus labios antes de continuar —, es imposible cambiarlo.

A lo que Serena podía entender, tenían una nueva Sailor Scout en el equipo (la increíble Sailor V), Greg podía ver al futuro y Jadeite no mintió en cuanto la información que les dió sobre Metallia. No estaba claro quien era esa mujer malvada, pero por el tono con el que todos pronunciaban el nombre debía ser una persona peligrosa.

—¿Puedes decirnos que planean los generales? —Serena decidió preguntar, aprovechando que tenía un amigo vidente. Serena pudo sentir el agarre de su ídolo volverse más fuerte en su brazo, casi lastimando. Greg suspiró y negó con la cabeza, como si lamentara no poder decirles más. Serena no perdió la esperanza, pues aun tenía una importante pregunta — ¿Puedes decirnos quién es la princesa de la Luna?

Venus se tensó a su lado. Serena pensó que quizá esa nueva Sailor era la dichosa princesa, pero creía mejor confírmalo con el vidente.

—No, lo siento. La mayoría del tiempo solo puedo ver cosas sobre mi —Greg contestó, con algo más de calma, después, para sorpresa de todos, como si algo le hubiera golpeado la cabeza, llevó una de sus manos a su sien y apretó sus dientes del dolor.

Amy se apresuró a ir a su lado, ojos enormes por la preocupación. En cuanto su pequeña mano tocó la espalda de él, Greg recobró el aliento y los ojos negros de él buscaron a los de Venus.

Presintiendo la pregunta, contestó que estaba bien y se alejó de Amy, intentando huir. Ninguna de ellas intentó detenerlo.

—Greg, muchas gracias por tu ayuda —Amy dijo con una pequeña reverencia, aunque él ya les estaba dando la espalda a las tres antes de que se pronunciará la primera palabra. Él giro un poco su cabeza y ella tomo eso como indicación de que podía continuar —Espero que podamos ser amigos.

Greg accedió con la cabeza y comenzó a correr lejos de ellas. Una vez que él estuvo lejos, Amy volteó hacia Sailor Venus quién sonrió cospiradoramenete a las otras dos scouts.


yey. Dos capítulos más para el enfrentamiento contra Beryl. Gracias como siempre a los que me dejan reviews.

Cosas que pienso al escribir: algo que note al ver de nuevo Sailor Moon es que muchos personajes tenían intereses propios, y es algo que intento hacer en este fic. Para mi buena (o mala suerte), los generales y las scouts tienen el mismo deseo de eliminar a Metallia antes de que despierte.

Otra cosa, estaba leyendo comentarios en un forum acerca del uso de las cursivas, y me hizo reflexionar. Yo me suelo saltar las cursivas la mitad del tiempo, porque rara vez son parte integral de la historia, incluso en este fic, Las escenas extras de los generales están en cursivas para disminuir su impacto...aún así, los sometere a más sueños en cursivas porque, al igual que las cursivas, los sueños se suelen pasar de alto.

Gracias por leer.

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Ahora, porque soy simple, otra escena extra, esta vez Nephrite.

Él podia contar con los dedos los momentos importantes de su vida que lo llevaron a tomar la decisión de jurar su lealtad a Metalia.

Primero fue haber conocido a Cristal, nacida de la más pobre cuna, ella fue la que el destino fijo como su alma gemela. Ambos habían huido, enamorados de un reino que prohibía su matrimonio (sus padres lo habían llamado mentiroso al pronunciar a aquella mujer de harapos su igual).

El segundo, fue cuando Cristal cayó del caballo, sangrando mientras perdía al hijo de ambos. Nephrite sabía leer las estrellas, podía conjurar una que otra arma, pero sus manos jamás fueron hechas para curar. Ahí apareció, vestido de azul, un niño de cabello negro y piel morena.

El niño, tan pequeño que no llegaba al codo de Nephrite, caminó hacia la mujer, colocó dos pequeñas manos sobre el vientre y en un brillo dorado la salvó a ella y a su bebé sin decir palabra alguna. Ese fue el tercer momento.

La cuarta ocasión, fue cuando juró lealtad al príncipe del reino Dorado. Incado en una rodilla, vistiendo los colores blancos y amarillos de la guardia real, su príncipe colocó una mano sobre su cabello castaño mientras recitaba palabras en el lenguaje de los libros, en ese momento despertaron poderes en él que Nephrite juro usar para proteger al príncipe de todos los males de la Tierra.

La quinta fue cuando su esposa, su alma gemela, se marchó con otro, incapaz de entender que él era un general que debía ir a la batalla y pasar miles de noches en otro lugar lejos de su cama.

El sexto y último, fue cuando Jadeite explicó que no había otra forma de salvar al príncipe mientras el castillo retumbaba con el eco de los soldados enemigos. Sin pensarlo mucho, se adelanto al contingente de enemigos, usando pasadillos que le eran conocidos desde que juro lealtad al príncipe.

La copa fue extendida a Nephrite junto a la promesa de que el príncipe viviría. A cambio del poder únicamente tendría que dar algo: un nombre.