Capitulo 18
Malakite paseo sus dedos largos por la cabellera de su amado, sus ojos grises pensativos sobre los eventos del día anterior.
Desde que se había enterado de que Nephrite tenía a un humano bajo su cuidado, había maquinado como hacerle pagar por su insolencia hacía el Negaverso. El humano sería la pieza clave para controlar al peligroso Nephrite.
Zoicite tembló bajo las caricias de Malakite, su piel brillando bajo las luces de la habitación le recordaba la vida anterior de ser sellado por la bruja de la Luna y su impertinente hija. El pasado que recordaba como flahses de luces intermitentes pero que rara vez intentaba observar.
Pero era imposible no sacar de su cabeza al niño de cabello dorado partido a la mitad, su voz suplicando por la vida de su hermana menor, rogando a Beryl por salvar a aquella frágil alma de tan terrible destino.
Al final, todos bebieron la sangre de Beryl, dejándose consumir por un increíble poder oscuro que volvía la muerte un peligro lejano. Sin embargo, por primera vez en muchos años se dejó recordar así mismo aquellos años anteriores a Metallia.
Era el que más recordaba e iba a sacarle el mayor provecho posible.
El día destinado finalmente llegó. El miércoles en que se decidiría si formaban un frente común frente a la eelusiv enemiga que era Metallia o rechazaban aquella alianza ofrecida por Jadeite días atrás..
Antes de ello, primero, las cinco scouts y los dos gatos tenían que hacer una votación sobre al respecto. El debate interno parecía estar en dos bandos definidos: los nuevos integrantes del equipo, Mina y Artemis; y las armas pesadas del equipo: Rey y Lita.
—De acuerdo a Urawa, quien es un vidente —Mina continuó su defensa con seriedad, lista para hacer valer su punto — Metallia va a despertar este próximo lunes. Esta "alianza" es nuestra única oportunidad para llevar a cabo un contraataque.
—No sé por qué debemos confiar en el tal Urawa...aun si dijera la verdad ¿cómo sabemos que no es una trampa de los generales para llevarnos a su guarida y atacarnos?
—Jadeite ya sabe la identidad de tres de ustedes —Artemis dijo, sosteniendo la mirada de Rey, ayudando a Mina a convencer al grupo de trabajar con personas que le eran desagradables en principio— Pero ha ofrecido esta alianza contra Metallia en lugar de atacarlas una por una cuando están solas.
—¡Por eso dije que los atacaremos primero!— Lita casi gritó, molesta por la constante amenaza que representaban los generales para sus amigas.
Rey accedió con la cabeza, sus brazos cruzados para mostrarle a Mina y a Artemis que su voto no cambiaría bajo ningún argumento.
Amy abría y cerraba su libreta, dividida entre las dos ideas. Lo dicho por Artemis tenía sentido, Jadeite y Nephrite parecían considerar el apoyo de las scouts algo necesario para destruir a la reina Metallia. Ella sospechaba que era alguna especie de lucha por el poder, un golpe de estado orquestado por los generales para volverse ellos los que dictaran las reglas del Negaverso.
La joven había pasado toda la noche reflexionando en ello, moviéndose de un lado a otro de la cama incapaz de cerrar el ojo por todo el estrés al enfrentar tal dificil desición de decidir o no colaborar o las ramificaciones que tendría ese cambio de poder.
Luna, al igual que Amy, estaba dando vueltas a su decisión, preocupada por la implicación de enviar a las niñas a la base del enemigo y la necesidad de hacerlo. Ellas eran muy jóvenes y, especialmente Serena, inocentes en su forma de ver al mundo. Por otro lado, el del deber, si Metallia despertaba ocurriría una guerra cruenta capaz de destruir el planeta Tierra y eso era un escenario mucho peor para todos.
Serena había permanecido en silencio desde que llegó, reflexionando sobre la situación con una increíble calma que hacía honor a su nombre.
—La hora se aproxima —Mina señaló hacia el reloj con su cabeza — Ya hemos expuesto nuestros puntos de vista, a votar.
Su voz era final, llena de una autoridad que llamaba a un entrenamiento militar que ellas habían olvidado en una vida pasada de la que eran completamente ignorantes pero que causaba ecos en el presente, por eso tres de las cuatro se sentaron más derechas y afirmaron con su cabeza, Serena las imitó en cuanto se dio cuenta, mirando las caras de todas con algo de vergüenza al ser incapaz de entender aquel código que tenían entre ellas.
—Lo más importante es detener a Metallia — Mina sentenció, antes de dar su afirmativa para la alianza. Artemis, a su lado, apoyó a su protegida sin titubear con un "si"
—Es una sucia trampa — Rey señaló —No vamos a formar equipo con ellos.
—Estoy de acuerdo con Rey —Lita sentenció con brazos cruzados también.
La siguiente en la rueda, era Amy, quien finalmente cerró su libro para ver a sus compañeras, sus ojos fueron a los de Mina, ignorando las miradas atónitas de dos de las scouts que le eran más familiares pero menos veteranas que incluso la misma Amy.
—Acabemos con Metallia antes de que tenga oportunidad de empezar —Amy habló en una voz fuerte, con un valor que ignoraba poseer —Voto por sí.
Tres contra dos, ganando la alianza, Luna pensó antes de suspirar. Vio con cuidado las caras de las chicas, aun cargadas de los años de la más tierna infancia, incapaz de verlas como las guerreras que vio al despertarlas tomo una decisión.
—Es demasiado peligroso. No. Mi voto es en contra de la alianza.
Serena, desde el principio, había mostrado un enorme miedo a los youmas y una gran aversión a las batallas. Rey contaba en esas emociones para ganar la votación, Mina no conocía bien a Serena pero esperaba que tanto Amy y Mina la hubieran convencido de votar porque si basada en la admiración hacia ellas.
—Apoyo el plan de Venus.
No dió ninguna explicación y casi parecía estar avergonzada de esa decisión: Sus puños estaban apretados como siempre que estaba apunto de hacer algo que no quería pero no dijo palabra a ser víctima de la mirada fulminante de Rey.
—En ese caso...momento de planear la logística —Artemi dijo —Primero, todas se van a presentar con su traje de scouts, incluida Venus. No hay motivo para revelar a Jadeite y Nephritye la identidad de las demás.
Rey y Lita aceptaron a regañadientes la victoria de Mina esperando que no fuera a reventar sobre ellas algún día.
Unas horas más tarde, los generales llegaron vestidos de su habitual gris y pronto comenzó a formarse un plan entre todos ellos.
—Vamos, Sailor Mars, ahora somos aliados. Sonrie.
Jadeite parecía estar disfrutando el seño fruncido de tanto Jupiter como de Mars. Ambas lanzando dagas con los ojos a los dos hombres vestidos de gris frente a ellas parecían hablar telepáticamente sobre cómo hacerlo sufrir después. Tras ver que él continuaba sonriendo, la Sailor de Marte no pudo soportar más.
—Considerando que su plan es estúpido, no hay nada por qué sonreír, basura —Sailor Mars dijo con un tono tan cargado de veneno que sus poderes espirituales hubieran lastimado a Jadeite de haber estado más cerca.
—No es el mejor plan —Mercury agregó su voz, también decepcionada por la estrategia que iban a tomar pero sin nada de antagonismo.
—¿De verdad es necesario matar a esa mujer? —Sailor Moon preguntó por décima vez desde que los generales les habían informado que es lo que harían, sus manos sujetadas en su pecho en un vano intento de proteger su corazón.
Nephrite hubiera carcajeado de su apariencia infantil en otra ocasión, pero con sus vidas en juego le encontraba poco humor a que la lider de las scouts se comportara como una niña asustada de un poco de sangre.
—Ustedes solo mantendrán ocupados a los youmas —Jadeite contestó con una amabilidad que lo sorprendió a él mismo —. Nosotros haremos el resto.
Sailor Moon no dijo nada, incapaz de concebir lo que estaban a punto de hacer. Unos minutos más, los siete entrarían por una puerta oscura que los llevaría directo a los cuartos de Nephrite en el Negaverso y si todo salía bien, antes del amanecer del domingo, el despertar de Metallia sería detenido.
—Les recuerdo, las hermanas DD son peligrosas y una de ellas es capaz de conjurar imágenes de personas que son importantes para nosotros —Nephrite dijo antes de abrir la puerta —Son seis, pero cuatro son las que defienden a Beryl el día de hoy. Las debemos eliminar antes de que se den cuenta del ataque.
—¡Entendido! —corearon varias voces, todas pertenenciendo a personas que querían acabar con Metallia por una ofensa que eran incapaces de recordar.
El Negaverso era más escalofriante de lo que Serena había imaginado, y no solamente porque hiciera un frío que de haber sido humana la hubiera matado por ozar andar en minifalda y leotardo. El lugar estaba iluminado por luces verdes y rojas que se movían formando sombras de cadáveres junto a su danza macabra.
El lugar olía a animales en descomposición y, en lugar de un castillo, el Negaverso era una serie de túneles con madrigueras en donde, de acuerdo a los generales, los youmas dormían hasta ser requeridos por la reina Beryl.
Sailor Moon estaba emparejada con Venus y Mars, ninguna de las dos felices de compartir equipo pero hubiera sido peor poner a Jupiter en el equipo. Nephirite, delante de ellas, señaló con sus dedos a que avanzaran por el pasillo, después apuntó hacía un hoyo del que salían ramas verdes llenas de espinas.
—Este es el cuarto de la más fuerte de las hermanas DD —Nephrite dijo en voz baja.
—Eso explica la horrible aura —Mars dijo, sujetando el brazo de Sailor Moon, temiendo que de soltarla, sería robada de entre sus narices por algún youma escondido en las sombras.
—Sigan el plan —Nephrite dijo, desapareciendo de ellas tras dar un pequeño brinco hacia atrás.
Las tres scouts guardaron la respiración por unos segundos, y tras contar varios latidos de corazón, Venus comenzó su descenso por la madriguera, por suerte la magia sobre ella protegía su piel como un escudo, así que las espinas eran incapaces de cortarla. Mars lamió sus labios antes de seguirla, asegurándose que Sailor Moon la seguía de cerca. Sus manos no se separaron todo el trayecto de la muñeca de su líder.
Al llegar, la batalla ya había comenzado. Venus estaba esquivando una serie de ramas que brotaban del cielo y Nephrite lanzó un ataque de fuego que quemó las puntas del cabello rubio de la scout sin pertubar mucho a la joven heroína.
Venus consiguió esquivar varios ataques pero un mal salto terminó con una pierna de Venus cayendo cerca de una de las hierbas, que como mano oscura, la sujeto del tobillo. La muchacha alzó la vista desafiante, lista para enfrentar el siguiente ataque pese a tener un pie capturado.
—¡Alto ahí! —Sailor Moon y Mars gritaron al mismo tiempo, deteniendo al youma en su pasos, sorprendida de la presencia de otras dos intrusas en su guarida —Somos las sailor scouts que luchan por el amor y la justicia y te castigaremos en el nombre..
—De la Luna —dijo primero Sailor Moon.
—Y de Marte —agregó con confianza Mars.
La youma no dudó en atacarlas y el suelo tembló bajo de ellas en un intento de distraer a ambas de su plan malvao de sumergirse a la tierra y atacarlas con sus propias manos de monstruo. Venus, al ver que el lugar sobre el que estaba parado la youma cambiaba de color, no dudo en comenzar su contrataque para evitar cualquier hechizo.
—Cadena de Venus — su grito fue suficiente para que la youma perdiera concentración en su huida y una cadena la sujetó al delegado brazo izquierdo lleno de escamas y lastimando su pútrida piel —Ahora, ¡Sailor Moon!
La joven scout se acomodó en un rápido movimiento sobre sus pies, plantandose en el suelo para comenzar su ataque. El cetro lunar apareció en su mano y, en un ritual que la despertaba tanto a ella como al objeto sagrado, giró la vara antes de gritar "Curación luna ¡Acción!r"
La youma logró romper la cadena, pero el ataque que brillaba como aurora boreal en la habitación, la sometió a su purificadora luz, haciéndola ver algo que existía más allá del caos en el que había existido. Casi como un nuevo inicio y gritó algo en un idioma antiguo pero humano.
Sailor Moon detuvo el ataque, cansada tras haber eliminado a la youma, que se había desvanecido del cuarto dejando como única huella de su existencia las cientos de ramas en el suelo. El general Nephrite pisoteó una de esas plantas y después caminó rumbo a Venus, ambos portando sonrisas altaneras y cejas alzadas en señal de confianza.
Mars parecía estar a punto de decir algo cuando sintió un escalofrío recorrer su cuello, como si alguien hubiera soplado en su nuca. Entendiendo el mensaje como si se lo hubieran dicho en voz alta y se lanzó sobre Sailor Moon. Las dos giraron sobre el piso destruido, esquivando un ataque que había venido desde atrás y con Mars protegiendo la cabeza de su lider.
Venus rompió la rama que la sujetaba, corrió hacia sus compañeras y se apresuró a cubrirlas de la extraña niebla que estaba cayendo en el lugar enfriando aún más la tétrica sala. Nephrite las observo con cuidado, maquinando su próximo movimiento con cautela sin revelar nada a nadie.
—Ayuda, Sailor Moon
La voz causó estragos en tres de las cuatro personas en el cuarto. Venus lanzó una mirada a las otras dos scouts, que estaban tensas y tenían los ojos abiertos completamente, asustadas por la figura desgarrada frente a ellos.
Venus apretó los dientes y se forzó a tomar varias bocanadas de aire para no apartar su vista de lo que podría ser un enemigo disfrazado.
Frente a ellas, con una camiseta blanca bañada en sangre y un traje negro destrozado, estaba un hombre de cabello negro y una máscara blanca cubriendo su rostro. "Tuxedo Mask", el misterioso aliado de Sailor Moon quien la última vez, de acuerdo a la información de Luna, había desaparecido poco antes de que Jadeite apareciera en el templo.
Ni aunque fuera el verdadero Tuxedo Mask ella bajaría la guardia.
—Ayu...da.
Sailor Moon se puso de pie, y Mars la tuvo que agarrar de las piernas para evitar que su líder cayera en la trampa.
—Por...fav..or...Sailor Moon.
—¡Me necesita! —Sailor Moon exclamó, pero no pudo intentar renovar su rescate, pues Nephrite aprovechó ese instante para lanzar una bola de energía oscura hacia la cabeza de Venus.
Pensando rápido, la scout veterana puso su brazo en medio, aceptando el daño, que gracias a su guante largo que cubría desde sus dedos hasta su codo, había sido menor que de haber impactado directo sobre su piel.
Venus frunció el entrecejo antes de lanzar una violenta cadena contra el brazo de "Tuxedo Mask", dispuesta a terminar la farsa en ese instante. Sailor Moon era incapaz de elegir cual de los ataques, si el de Nephite o Venus, la había sorprendido más y miraba todo aterrorizada.
Estaba tan confundida que cuando Nephrite y Mars combinaron sus poderes para localizar y destruir en fuego a la youma, ella seguía en el piso, lagrimas rodando en sus mejillas formando surcos gracias al polvo de la batalla.
—Ahora, a esperar la señal...—Mars dijo una vez que escaparon de la guarida de la youma, donde dos de las hermanas DD habían sido destruidas —Deja de llorar. Todos estamos bien y esa solo era una ilusión de Tuxedo Mask.
—No me gusta que nos ataquemos entre nosotros— Sailor Moon dijo entre lágrimas y al recordar lo ocurrido unos minutos atrás, la imagen de Tuxedo Mask, herido y al borde la muerte la hizo temblar y volvió a deshacerse en un mar de lágrimas.
Nephrite alzó su vista al techo del túnel, buscando paciencia para lidiar con la profunda emotividad de la scout.
Su paciencia fue recompensada unos minutos después, cuando Mercury realizó la llamada por el comunicador.
Mientras el grupo de ellas atacaba primero, el de Nephrite aprovecharía la confusión para atacar desde atrás. Solo había una oportunidad, pues en cuanto Beryl viera a Jadeite en libertad, sabría de la traición de Nephrite y, de no conseguir matar a Beryl, la huida sería imposible.
El único motivo por el cual los siete seguían vivos era porque Nephrite tenía una entrada de acceso casi directo en el corazón del Negaverso. Él se recargó en la pared, escuchando el sonido de las estrellas que brillaban pese a que en el ártico el sol de medianoche continuaba iluminando el cielo.
Ellas hablaron, una vez más, diciendo con su cantico etéreo que ya debía empezar a moverse. Sailor Mars, la eterna guardiana de Sailor Moon, accedió con la cabeza como si también hubiera escuchado el llamado.
—Es hora.
La sala del trono, una enorme gruta del tamaño de una cancha de fútbol, estaba lleno de ataques que volaban de un lado a otro incluso antes de que Sailor Moon llegará. Una zona estaba sumergida en la niebla de Mercury y rayos tronaban en el otro extremo del cuarto donde Jadeite y Jupiter peleaban juntos contra una youma que parecía una serpiente humana sin ojos.
—Ahí está — Mars señaló hacia una construcción larga que se alzaba hasta llegar al techo, en donde, sentada en su trono, yacía Beryl.
Su cabello rojo y ondulado parecía estar iluminado por las luces del mal y su piel tenía un color verdoso que la hacían parecer una muerta viviente. Pese a la distanacia, Sailor Moon pudo imaginar sin problemas la nariz fina, dientes afilados y ojos cafes teñidos por el rojo de la negafuerza.
Era el monstruo de sus sueños de la infancia, encarnada en alguien real y peligrosa que amenazaba con destruir el mundo.
Y a él
Sailor Moon apretó con fuerza el cetro lunar, respirando al ritmo de sus compañeras para sincronizarse. Venus accedió con la cabeza antes de saltar hacia el campo de batalla, lista para hacer camino directo hacia la reina.
Una youma con tentáculos intentó atacar por la espalda, pero Mars lanzó un fuego tan poderosos que la volvió cenizas en un instante.
Desde el principio, Sailor Moon sabía que los ataques de sus amigas eran más poderosos de lo que dejaban ver en los combates en la ciudad, pero al ver cómo las llama de Mars fue capaz de destruir un youma y quemar varios metros de suelo, no lo quedó duda de que su poder ofensivo era mucho mayor que el de ella.
Aun así, ella sería la que mantendría distraída a la última defensa de la reina, otro general, el tal Zoicite. De acuerdo a Nephrite, aquel hombre la intentaría matar pese a también tener interés por acabar con Beryl.
Sailor Moon comenzó a correr con fuerza, esquivando ataques perdidos tanto de youmas como alidos, saltando sobre los remanentes de una cadena de venus cuand era necesario, pasando por debajo de cientos de espinas lanzadas por una youma que terminaron dañando a otro y por ultimo, en un salto volador hacia atrás, la punta de una lanza.
Zoicite, de cabello rubio ondulado ceñido en una cola de caballo, la miraba con ojos verdes que pese a ser enormes carecían de inocencia.
Él sonrió al ver a Sailor Moon, después miró hacia su lanza con resignación, agobiado por tener que usar una herramienta para su ataque, y sin decir palabra, lanzó el arma justa hacia el corazón de la heroína.
Npehrite jaló una de sus coletas haciéndola caer para un lado y logrando salvarle la vida, pero aun así la lanza se clavó en su brazo derecho, perforando la carne sin llegar al hueso. Ella vio rojo y negro a causa del dolor y cayó sobre su trasero al suelo, sus brillosos ojos azules viendo la lanza con vista borrosa.
Su mano izquierda, temblorosa, hizo un intento por tocar la madera, pero fue incapaz de atreverse a mover siquiera un centímetro más sus dedos, su boca seguía formando gritos agudos entrecortados y jadeaba con fuerza intentado recuperar el aliento.
—¿Dónde está tu heroe ahora? —Zoicite preguntó mientras avanzaba hacia ella, en sus manos una enorme gema con filosos extremos.
Nephrite la había abandonado en cuanto ella había caído y todas sus amigas estaban ocupadas luchando por sus propias vidas.
Ella volteó hacia todos los lados, hasta finalmente descansar su vista sobre Nephrite enfrascado en una pelea de espadas a escasos metros de Beryl. Zoicite siguió su línea de visión, viendo a Maalakite, con su largo cabello blanco moviendose con dignidad ante cualquier movimiento hecho por el general. Esa sería una batalla interesante, pero primero iba a acabar con Sailor Moon.
La joven heroína escuchó los pasos de Zoicite acercarse y el terror por la muerte la hizo reaccionar. Su mano izquierda dejó de temblar y apretó la madera de la lanza, y mientras lanzaba un fuerte grito capaz de resonar en todas las grutas del lugar, sacó el objeto de su brazo y lo arrojó al suelo, cerca del lugar donde había caído el cetro lunar.
Su grito feroz seguía resonando en todos los rincones, cargado de un poder paralizante que detuvo a todos como si fuera veneno en su sangre.
La reina Beryl, quien hasta ese momento había permanecido sentada, observando con furia todo, fue la primera en recobrar su ataque y buscó el centro de aquel poder que le era inmensamente familiar.
Ahí, gateando en el suelo, estaba Sailor Moon, con su falda azul marino, leotardo blanco y moños rojos, la scout de Japón que había sido una piedra en sus zapatillas desde su primera aparición pero a la que no le había puesto singular atención.
La niña, sintiendo los ojos de Beryl en su nuca, volteó a ver a la reina. Esos enormes ojos azules, ese largo cabello rubio y la forma en que las lágrimas caían por las mejillas tal perlas...Beryl reconocía esa cara.
La princesa, más joven que la última vez, una niña sin experiencia en la vida y mucho menos en la batalla. Una reencarnación en lugar de ser la misma princesa nacida en la luna de milenios atrás. Entonces, Beryl pensó, levantándose de su asiento, si la princesa había reencarnado era posible que él también lo hubiera hecho y una vez que la batalla terminará, iba a volver a buscarlo para…
Un dolor agudo y ensordecedor la invadió proveniente de su estómago. Bajo la vista para ver el filo de una espada salir por su estómago. Con sangre en los labios, volteó hacia atrás y apenas pudo creer que los ojos grises que la miraban le pertenecían a Malakite.
No estaban ofuscados por la energía de Metallia y parecían estar tan puros como la primera vez que los vio, cuando ambos desconocían la belleza de los colores y se encontraban en banquetes realizados por los nobles de la región. En unos segundos, volvieron a tornarse amarillos señalando que Metallia aún vivía en él. Y en ella.
—Tu..Malakite..yo volvere junto a Metallia.
Él no dijo nada y la dejo caer el en suelo, el eco de su sonido trayendo un increíble silencio tanto entre los youmas como en las humanas.
Sailor Moon terminó de agarrar el cetro lunar, en espera de tener que continuar peleando por sus vidas.
—El nuevo rey del Negaverso, soy yo —Kunzite dijo, logrando una sonrisa en Zoicite que perturbó a Sailor Moon. Los youmas, motivados por una sed ciega de obediencia, cayeron sobre sus rodillas al suelo —Scouts, Nephrite y Jadeite, son libres de irse en este instante.
Sailor Moon permaneció en guardia incluso una vez que Nephriye y Jadeite las teletransportaron fuera del Negaverso.
Habían derrotado a Beryl, por el momento, pero aún así algo estaba mal. Lo sentía en sus entrañas y en el peso de su corazón. Era…
—Darién — el nombre detuvo a los generales, quienes estaban a punto de gritar de felicidad, en seco. Ellos voltearon a mirarla, asustados de lo que implicaba que Sailor Moon hubiera dicho ese nombre. Ni la misma Sailor Moon sabía porque tenía miedo.
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¿Adivinen quien perdió mil y cacho palabras del capítulo 20? ¿Saben cuántas horas me tardo en escribir mil y cacho de palabras? Casi dos horas de trabajo perdidas en el vacío de la inexistencia. Es una lastima, porque había hecho algo muy dulce y ahora ya no se qué hacer. Y porque eso me deja muy triste, no hay extra este capítulo.
Gracias por leer.
