Capítulo 19

Darién despertó solo ese sábado. Algo era distinto en el ambiente pero le era difícil el discernir el qué. Las cortinas azules eran las mismas que de el día anterior, sus cuadernos de la escuela seguían recibiendo polvo porque él se negaba a abrirlos y el aire de su habitación llenaba el ambiente con su habitual sonido agudo.

A diferencia de muchos otros días, no se sentía mal y la noche había transcurrido sin sueños sobre el pasado o el futuro. Pero aún así, no podía evitar sentir en su nuca la sensación de que algo estaba mal.

Se levantó de la cama, fue a la cocina y se calentó sopa instantánea para desayunar. Los martes eran su día preferido para ir de compras, por lo que al ser arruinado se le había olvidado ir a rehabastecer su alacena. Mientras esperaba a que el microondas terminará de girar, Darién buscó dinero en su billetera buscando el preciado papel moneda que requería para vivir.

La encontró vacía por supuesto.

Alguien, un elusivo benefactor, le había dado una cuenta con varios ceros, pero en contraste de su aparente madurez, Darién era igual que muchos otros adolescentes que vivían al día y que al ver un espléndido carro rojo en la tienda de autos se paraba en seco, entraba al lugar y extendía el cheque sonriendo de oreja a oreja. Contando la motocicleta y la ropa de marca, no era de extrañar que sus ingresos apenas le alcanzarán para pagar su departamento.

Por eso había estado trabajando para su profesor de informática, ayudando en la realización de unos códigos. Ese trabajo, lamentablemente, se perdió por aquella época en la que Sailor Mercury era noticia nueva en las calles y él despertaba en lugares tan extraños como una tienda de relojes sin saber que había hecho por horas.

El microondas bipeo, llamando la atención de Darién a su comida y sacándola de su billetera y él se apresuró a sacarlo.

Comenzó a comer, la sensación de incertidumbre cada vez más fuerte en su estómago y cada segundo más largo que el anterior, sonando inclemente en el departamento vacío de otra persona, pero Darién podía escucharlo a la perfección en su habitación.

Dobló sus manos, intentando quitarse los nervios que lo consumían desde adentro como larvas de gusano comiendo carne y vio en dirección a la puerta del departamento, esperando escuchar los paso fuertes de Maxfield o la voz de barítono de Jed.

Dos, cinco, veinte minutos transcurrieron sin que ninguno de los dos apareciera y Darién se levantó de su sitio. Sus pasos lo llevaron enfrente de la vajilla y con dedos torpes comenzó a tocar las tazas que ellos habían usado solo unos días atrás. No consiguió ninguna imagen o recuerdo; únicamente pudo sentir el frío de la cerámica.

El sillón, los lápices e incluso las plantas hablaban de una soledad que permeaba cada rincón del departamento pese a la existencia real de Darién. No le gustaba permanecer en un lugar tan vacío.

Dejó su sopa a medio comer y se apresuró a salir de su departamento sin preocuparse por peinar siquiera un poco su salvaje cabello negro o arreglar el cuello de la camisa púrpura que se puso encima de su camiseta de dormir. Maxfield y Jed no estaban y él tenía que encontrarlos.

Recorrió las calles, buscando pese a ignorar por qué tenia tanta urgencia de encontrar. Al llegar al arcade de Andrew, admitió su derrota y acepto que ellos no estaban en Tokio. Ni en su departamento, o en las calles o en Japón, cualquier lazo que Nephrite mencionó parecía tener distancia.

Estaban lejos. Todos se habían ido y lo habían dejado solo sin ser capaz de seguirlos.

Los edificios de la ciudad jamás le habían parecido tan horriblemente altos o tenebrosamente grises. Le era imposible ver el cielo o más allá de sus pies. Lo peor, era que no había nadie a su alrededor y así sería siempre.

—¿Darién?

La voz de una mujer lo saco de su sordera temporal y de nuevo el mundo parecía ser normal y honesto a su alrededor. Se volteó con media sonrisa en su cara esperando ver cabello rubio agaraddo en molotes y cristalinos ojos azules.

—Estas pálido? ¿Estás bien? — ella preguntó, viendo por encima del hombro de Darién buscando a alguien que no estaba ahí —Este sector de la ciudad es muy peligroso desde la muerte de un cabecilla criminal. No deberías estar aquí solo.

Darién la vió de pies a cabeza, decepcionado. Siempre que Serena estaba cerca lo podía sentir en los bellos de su piel, y por eso no debía tener ningún motivo para haber confundido a Saori con Serena excepto su enorme deseo de verla.

Todos se habían ido. Él estaba solo.

—Ven, vamos a un lugar..

—Vaya, vaya, ¡miren que tenemos aquí!

Saori suejeto el antebrazo de Darién en cuanto escuchó las palabras salir de un hombre con tatuajes en la cara y brazos, dando la perfecta imagen del criminal que es peligroso y las personas temen ver por temor a ser secuestrado después.

Por si solo, a Darién no lo hubiera preocupado. Él podía contra un bueno para nada sin ningún problema. Contra al menos sus ocho secuaces él no estaba tan seguro, además no podía evitar pensar que ya lo había visto antes y eso lo llenaba de escalofríos.

—Este vale mucho —el criminal dijo sonriendo tal maníaco y Darién empujó a Saori detrás de él — Nuestro jefe realmente quiere verlo.

Uno de los lacayos, uno el doble de pesado que Darién, intentó sujetar el brazo del muchacho y apenas pudo creer cuando el joven le dió una patada justo en el estómago y cayó contra el suelo como un saco de plomo mientras intentaba recuperar el aire.

Los siguientes dos atacaron simultáneamente, sus puños buscando tanto la cara de Darién como su pecho, pero él esquivaba tan bien un gancho derecho como una zancadilla, apenas necesitando levantar un dedo para incapacitar al más delgado de los dos criminales.

—¡ Hya! —Saori gritó desde poca distancia de donde Darién estaba peleando, y él se apresuró a buscarla. La pobre estaba siendo sujetada por la muñeca por el hombre gordo, dejando marcas púrpuras en la piel de Saori que Darién podía empezar a ver.

—¡Saori!

Apenas consiguió esquivar un cuchillo por la distracción, sin embargo, antes de que pudiera recapitular sobre que estrategia tomar, se detuvo en seco al ver que el hombre gordo había sacado una navaja que descansaba peligrosa a escasos centímetros del pecho de Saori.

—¡Vete de aquí! —ella, siempre la perfecta adulta llena de compostura, le ordenó pese al peligro sobre su propia vida. Él podía ver su resolución de hierro al pedirle que la dejará. Él tragó saliva y negó con la cabeza, después miró al criminal tatuado y alzó ambas manos frente a él dispuesto a entregarse.

—¡Déjala ir!

—¿Y dejar que vaya a la policía? No, ella vendrá con nosotros, señorito.

Saori intentó volver a gritar y suplicar a Darién que hullera pero un paño tapó su boca y tuvo que soportar enmudecida mientras ataban las manos de alguien que ella debía de proteger.


Una tarde muchos años atrás, Darién encontró a Fiore escondido en la lavandería del hospital, su piel verde manchada con el detergente azul y su extraño traje negro oliendo a suavizante.

Darién se sentó a su lado, compartiendo la misma sábana recién lavada, y tras un breve silencio le preguntó de que se escondía.

"Los humanos son malvados" Fiore había dicho en una sociedad aguda, sus ojos mirando hacia el techo "No me gustan". En aquel entonces, siendo Darién muy pequeño para comprender el alcance de la palabras de Fiore, únicamente se forzó a sonreír con tristeza mientras negaba con la cabeza.

Aún no sabía si Fiore era real o no, pero al verse amarrado a una silla en un pequeño cuarto oscuro, Darién comprendía totalmente el miedo de su amigo hacia los humanos. Llevaba varias horas ahí, incapaz de moverse y esperando que algo terrible ocurriera con única compañía su corazón latiendo errático dentro de él.

Hubo un momento en que su habitual dolor de cabeza había comenzado, pero era demasiado distante como para atraparlo y por ello, fuera de una pequeña molestia, su estancia había sido imperturbada.

Estaba ocupado viendo las uñas de sus pies cuando las puertas de acero se abrieron y él sintió su corazón saltar hasta su garganta.

—¿Dónde está Saori? —le preguntó al hombre que entró a la habitación, alguien de cara cuadrada y ojos pequeños que contaban sobre asesinatos hechos en su larga vida de vrimen. Estaba escoltado por dos hombres más altos que él y Darién sabía que el era uno de esos dichosos jefes criminales.

—Depende si eres tan bueno como dicen — el hombre dijo, acariciando con sus dedos su pequeño bigote negro, después avanzó hacia Darién.

Si no tuviera sus manos atadas al respaldo de la silla y sus pies encadenados, Darién hubiera golpeado al hombre para que no lo tocará. No, no quería ser tocado.

La mano callosa sujetando su mentón con fuerza unicamente consiguió enviar imágenes de cenas entre otros cabecillas y Gatu, el hombre frente a Darién que tenía más de veinte años respirando el humo del crimen organizado sonrió.

—Maravilloso —Gatu estaba mirando a su alrededor maravillado, y cuando sus ojos calleron sobre su colorida corbata, sonrió tan felizmente que Darién pudo sentir su alegría casi como si fuera suya —Tu, realmente...Maravilloso.

El toque, anteriormente duro, empezó a volverse suave mientras acariciaba su cachete. Darién intentó morder los dedos del criminal, pero Gatu lo volvió a sujetar con fuerza por el cuello al notar el intento de ataque. Gestiono hacia uno de sus guardaespaldas y Darién fue amordazado en un instante. Y después, aún con Darién peleando contra sus ataduras, el criminal lo miró directamente a los ojos.

Los guardaespaldas se retiraron del cuarto, entrecerrando la puerta de metal y Darién volvió a intentar pelear contra las esposas de metal que comían su piel. Odiaba todo eso. Él quería no estar ahi, incluso quería que Maxfield..

La idea lo detuvo en seco. En su mente, se formo la imagen de Max vestido de gris, cerrando la puerta del pasadizo y dejandolo en la oscuridad. No podía contar con nadie.

—Eres maravilloso...¿eres humano? No, no, imposible que seas humano ¿Un ángel quizá? Sí, eres un ángel — Gatu besó la frente de Darien, sin soltar su agarre, y el muchacho sintió su estómago revólverse al ver imágenes de personas muertas, de niñas llorando y tantos ojos que miraban a Gatu vacios de cualquier emoción. — ¡¿Por qué me miras así?!

Darién se doblo del dolor cuando el puñetazo golpeó su estómago pero siguió frunciendo su seño con fuerza, buscando transmitir todo su odio hacia el hombre. Recibió varios golpes en su estómago y en un momento el hombre agarró una vara de madera y comenzó a golpear sus piernas. Su cara, sin embargo, no fue tocada.

Gatu terminó su abuso y se apresuró a volver a tocar el rostro de Daríen con asquerosa gentileza.

—Sabes, si eres un ángel, entonces es mi deber cortarte las alas —Gatu dijo, su frente llena de sudor tras haberse cansado por darle una paliza a Daríen, después, molesto porque Darién seguía lanzando dagas con sus ojos, Gatu paseó sus dedos por encima de los párpados —Los angeles no necesitan caminar, ver o hablar dentro de sus jaulas, verdad, ¿mi hermoso ángel?

La implicación de sus palabras no golpeó a Darién hasta que él criminal, una vez afuera, deliberadamente llamó por un doctor tan fuerte que Daríen escuchó cada sílaba.


Todo era demasiado surreal. Los bordes de las personas a su alrededor eran inexistentes, haciendo que se difuminaran con los colores sucios de las paredes. Todo giraba a su alrededor y él cerró los ojos para quitarse la sensación de mareo.

¿Dónde estaba? ¿Qué hacía ahí? Algo malo estaba pasando a su alrededor, lastimando sus piernas, sus pies, pese a que en ese instante fuera incapaz de siquiera moverlas o sentirlas. Quería huir de ese lugar asi que invocó todo su poder de escapismo y comenzó a conjurar cualquier escenario que lo sacará de su cuerpo para no sentir el dolor de sus músculos o la impotencia de su cuerpo.

Su mente lo llevo al lugar de sus sueños. Sin embargo, en el balcón estaba ausente su melancólica princesa. En su lugar solamente había una terrible oscuridad.

Las sombras de sus pies se estiraban lo más posible para encontrarla, pero ella estaba muy lejos para alcanzarla, sumida en un lugar manchado de muerte y dolor. Él podía ver ese lugar, que empezaba a consumir el castillo con su oscuridad e intentó retroceder para evitar ser tocado.

—¿Eres humano?

En un eco de Gatu, una voz imponente de mujer resonó desde la oscuridad y él retrocedió un paso buscando alejarse del peligro.

—Los humanos son malvados.

¿La voz era de Fiore? ¿O la de una horrible enemiga? Él no sabía la diferencia y cuando la oscuridad empezó a ahogarlo en sangre, a él le dejo de importar y comenzó a luchar por salir del mar metálico que amenazaba con meterse por todos los poros de su piel. Finalmente, tras varias horas de intentar mantenerse a flote, la oscuridad se contrajo y volvió a su escondite, esperando el siguiente mejor momento para atacar.

En el exterior, en donde yacía su verdadero cuerpo, alguien dijo algo sobre pasar a los ojos y pese a no sentirlo por completo, estaba aterrorizado.

Sintió una mano tocar suavemente su codo y él despertó en un palacio inundado de rosales llenos de espinas que cubrían desde las lozas del piso a los enormes pilares del templo. No había nadie a su alrededor.

—Sabes, las rosas tienen espinas para protegerse del mundo —una dulce voz susurró desde los ecos del palacio destruido milenios atrás. Un niño de cabello negro y ojos azules apareció entre el mar de flores, aruñado y lleno de vendas sonreía con tristeza— Tengo sueño.

—Tengo sueño —Darién repitió y dejó que los rosales se extendieran, protegiendo a su cuerpo herido, a su corazón roto y a su alma marcada por la traición. Ya no quería saber nada del mundo exterior.


.

El departamento de Darién estaba vacío cuando Sailor Moon, Venus y Nephrite llegaron al lugar la única prueba de que él había estado ahí era un plato de sopa que estaba demasiado frío como para calcular cuánto tiempo transcurrió desde que fue servido. Hasta donde Sailor Moon sabía, pudo haber sido dejado el día anterior.

Ella se sentó sobre la cama de Darién, intentando ponerse en la cabeza del muchacho para imaginar hacia donde había ido, pero estaba demasiado cansada para poder pensar bien. La herida en su brazo ya no sangraba, pero su guante seguía manchado de sangre y al verlo ella sintió una sensación de mareo así que se recostó en la cama.

Algo brillo desde la mesita de noche como si fuera oro y con su mano enguantada comenzó a tocar los bordes de lo que parecía ser un pendiente en forma de estrella. Era nostalgico y familiar, como un sueño olvidado, y ella imagino una música triste que acompañaba al objeto desde el principio.

Él ya no sonreía o hablaba. Su príncipe era infeliz pese a tener santuario en el castillo de ella. Serena quería animarlo y por eso lo llevo a la calle de actividades diversas, donde se podía encontrar desde personas enseñando a bailar a obras de teatro de principiantes

En otras ocasiones, la gente hubiera observado al príncipe como si su presencia los ofendiera, pero con la guerra en la Tierra y la caida del Reino Dorado, todos lo miraban como una víctima más de la calamidad. Él los ignoraba. No solo a ellos, ella también parecía perderse de su mundo.

En un puesto unos niños practicaban la "Luz de Luna", las tristes notas de una obra de teatro sobre amantes destinados a permanecer separados. Y fue ahí, que por primera vez en días, su príncipe se detuvo y emociones cruzaron sus fríos ojos.

—¿Te gusta? — ella inquirió.

—Si.

Pese a la melancolía de la canción y todo lo que significaba, ella sonrió feliz al verlo salir de sus escudos, finalmente podia sentirlo a su lado. Serena intentó alcanzar su mano pero él ya no estaba ahi cuando sus dedos lo buscaron. Eso no era lo que había pasado.

Alguien sacudió sus hombros, gritando un nombre que era más un título que un nombre, y Serena abrió lentamente los ojos, saboreando su lengua reseca mientras despertaba del sueño que ella sabía era importante recordar, pero al mismo tiempo le dolía en su pecho pensar siquiera en ello.

Venus le tendió un pañuelo y ella limpió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. El príncipe de sus sueños, un hombre cuyo rostro era más misterioso que el de Tuxedo Mask, él la necesitaba pero ella sabía, por medio de aquella extraña mezcla entre recuerdo y premonición, que no iba a poder encontrarlo.

—Sailor Moon, ¿qué ocurrió?

—Yo...no estoy segura —la joven heroína contestó, viendo el cuarto desconocido intentando hubicarlo en su memoria —¡Darién! ¡¿Ya volvio?! ¿Dónde está?

—Eso tendrá que esperar —Venus dijo en un tono amable pero firme —Mars detectó una aura similar a la de Metallia en una fábrica abandonada.

Sailor Moon volvió a llorar con fuerza y cubrió con su mano el lugar donde la lanza la había golpeado, recordando el ensordesedor dolor como un fantasma sobre su piel. Era demasiado pronto para tener que soportar todo eso de nuevo.

Venus apretó el hombro de Sailor Moon, entendiendo a la perfección las reservas de la joven de volver al campo de batalla cuando creían que lo más temible había pasado. El destino parecía ser incapaz de dejar a ninguna de las dos descansar.

—¿Qué hay de Darién? ¿Por qué Sailor Moon dijo su nombre? —Nephrite preguntó desde el marco de la puerta, molesto de verlas a las dos descansar.

—Si quieres nuestra ayuda para buscarlo, mientras más rápido acabemos con este nuevo enemigo mejor.

A pesar de que las palabras de Venus iban para Nephrite, Sailor Moon tragó un sollozo y acepto con la cabeza.


Normalmente, los edificios abandonados estaban llenos de basura y las plantas salvajes buscaban reclamar su viejo puesto como un rey reclamando territorio. Lo que había frente a ellas cuando llegaron, era muy distinto a lo que esperaban.

Los policías ya habían acordonado el área con cintas amarillas, buscando alejar a las personas de la extraña aberración mágica ocurrida plena luz del dia y varios periódistas estaban tomando fotos con sus cámaras profesionales pese al peligro.

Sailor Moon no podia podia culparlos por su curiosidad, pues el edificio estaba sumergido en ramas gigantes que hacían agujeros en las paredes de concreto o habían tomado las ventanas por completo. Además, en un fuerte contraste con el edificio, el patio e incluso gran parte de la acera estaban bañadas por campos de hermosas flores de todos los colores.

—¿Esta bien que entren junto a nosotras? La gente los va va reconocer, ¿o no? —Sailor Mercury preguntó a los generales, quienes al igual que las Sailors, miraban desde la seguridad del techo de un complejo departamental hacia el edificio lleno de ramas.

—Los humanos normales no son capaces de ver mucho de nosotros—Jadeite dijo sin desviar la mirada del objetivo —. Dices que la energía es similar a la de Metallia, se le parece mucho pero no lo es ¿por qué motivo deberíamos ayudarles a controlarlo? ¿Qué nos pueden dar a cambio?

—Les ayudaremos a buscar a Darién —Venus se interpuso entre Mercury y Jadeite, una ceja alzada en señal de que hasta ahí llegaba su negociación.

Jadeite dio una sonrisa forzada a Venus. Después de tantas horas continuas de pelea, nadie de todos ellos estaba con ánimos de discutir o pensar mucho sobre la situación. Juzgando por la posición del sol, llevaban más de treinta horas sin dormir, a excepción de Sailor Moon y su pequeña siesta de media hora.

Ella acomodó el cabello dorado de una de sus coletas en un vago intento de acallar sus nervios. Mars, a su lado, miraba con profundos ojos violetas hacia el edificio maldecido en búsqueda de descubrir los secretos que resguardaba. Júpiter y Nephrite estaban contentos de mirarse como los enemigos que eran mientras esperaban órdenes y ninguno parecía dispuesto a desviar la vista del otro.

—Mercury, ve hacia el ala izquierda del edificio. Ví algo —Mars dijo tras pestañear un poco, peleando contra su sueño como la guardiana que debía ser.

—Hay una señal de vida —Mercury, con sus visores azules leyendo la información que se proyectaba, parecía no estar feliz por encontrar a alguien adentro —. Es una mujer. La señal de su corazón indica que está herida.

—Adios plan de quemar todo, ¿verdad? —Jadeite señaló con amargura —Tal vez sea un youma y no...

—Es una humana —Mars lo corto en seco, malhumorada también por tener que mantener su fuerte fuego como una pequeña llama debido a que sin sin importar qué, la prioridad era proteger a los inocentes.

Todos saltaron hacia el edificio, brincando sin problemas veinte metros completos de distancia, y cayeron en el creciente jardín de flores levantando tanto pétalos como hojas verdes al aterrizar Las cámaras sonaron con fuerza a sus espaldas pero únicamente Venus se digno a saludar con un signo de victoria.

Mercury aun tenía en su cara la herida ocasionada por una youma de fuego y a Mars le faltaba parte del uniforme blanco de su lado derecho, sangre seca era prueba de que también ella había sido herida. Nephrite por su parte, tenía su cabello hecho un caos y Jadeite portaba tres rasgones en la piel de su mejilla.

Era vanidad lo que los llevo a moverse lejos de la cámara y adentrarse al jardin del edificio.

—¿Qué es este lugar? —Mercury preguntó tras dar varios pasos y dedorientada busco a Sailor Moon por respuestas —¿Qué hacemos aquí?

—Algo —Jadeite contestó, aunque él también se detuvo en medio de varios tulipanes, confundido por la situación.

—¿Qué? —Sailor Moon agregó su pregunta, un escalofrío recorrió sus brazos y ella volteó hacia Mars en búsqueda de respuestas.

La Sailor de Marte, más acostumbrada a lidiar con fuerzas sobrenaturales, lanzó una bola de fuego hacia las flores cercanas a Sailor Moon antes de correr a su lado y sujetarla para llevarla hacia dentro del edificio. Júpiter, mostrando también gran poder sujetó a Mercury por la cintura y la cargó lejos de las hermosas margaritas y fueron Nephrite y Venus los que consiguieron empujar al confundido Jadeite de la hermosa trampa floral.

Pero para todos ellos fue como dar un paso de un sueño a las pesadillas.

—¡Kya! —Sailor Moon gritó junto a Mars, ambas pálidas mientras se abrazaban una a la otra, temblando por el terror de lo que estaban viendo.

—Ese hombre...su cabeza... —Venus logró decir antes de sofocar la bilis que le ocasionaba esa escena. Normalmente Júpiter hubiera ido a confortarla, pero estaba demasiado ocupada vomitando como para hacerlo.

Entre todas las personas, era Nephrite el que sujetaba el cabello castaño de la joven para que no se ensuciara y Mercury limpió con delicadeza las lágrimas de sus ojos mientras Jadeite la observaba porque necesitaba distraer su atención de el macabro panorama frente a ellos.

—¿Quién pudo hacer algo tan horrible? —Sailor Moon logro preguntar desde la seguridad que le brindaba la cercanía a Mars, sus ojos clavados en el moño púrpura de su amiga para no ver lo que estaba a su alrededor —Esos dos hombres..Dios. oh Dios.

—Tenemos que encontrar a la mujer —Venus tomo su tono de líder inmediatamente —Mars, tu busca el centro de esta energía. Jupiter ve con ella mientras que Mercury, Moon y yo buscamos a la sobreviviente.

—Ire con Mars —Jadeite dijo sin titubear, Nephrite a su lado accedió —. Si es algo como Metallia es mejor destruirlo antes de que crezca.

Sailor Moon vio de nuevo a su equipo separarse en dos, ya no había youmas en cada esquina o escondite, en lugar de ello estaban en una madriguera llena de ramas que tenían clavadas personas como si fueran muñecas abandonadas en los árboles.

Era extraño que un lugar en medio de Tokyo fuera más terrorífico que el Negaverso, pero por lo menos en el Negaverso el piso no estaba bañado en sangre.

Mercury se detuvo enfrente de una rama que cubría la entrada de un pasillo y antes de que hablará, Venus lanzó una serie de cadenas que destruyeron el medio de la rama gigante, creando un hoyo tan ancho como ellas.

El uso de tanta energía, sin embargo, la hizo casi desmayar y Sailor Moon se apresuró a abrazarla por delante para evitar que Venus cayera al suelo. Mercury las miró, sonrió un poco y tras decir que volvería entró por el hoyo, dejando a las otras dos atrás.

Ambas se quedaron en espera juntas.

—Por lo menos aquí el piso está limpio —Sailor Moon dijo, respirando únicamente el aroma de las plantas sin ningún olor metálico molesto que le recordara que estaban en un lugar más horrible que el Negaverso. Era horrible —¿Qué clase de monstruo malvado hizo esto?

—No llores, Sailor Moon —Venus logró decir pese a estar obviamente en el punto en que peleaba por mantener sus ojos abiertos —Lo que sea, vamos a pararlo.

El comunicador comenzó a vibrar en ese instante, y ambas lo sacaron de los bolsillos secretos de sus minifaldas. Mercury apareció en la pantalla, su máscara de frialdad puesta a la perfección para evitar mostrar más de lo que quería.

—Encontre a Saori, la amiga de Darien. Esta inconsiste y tiene una herida en la pierna...ya contuve la hemorragia pero necesita atención médica urgentemente. Un segmento de la pared estaba destruido en mi camino para acá, creo que lo más sencillo es que saque a Saori por ahí y nos reunamos afuera para reagruparnos.

—Entiendo —Venus contestó agotada por la simple acción de hablar —Es mejor atacar de lejos a esta cosa y destruirla desde afuera, ¿verdad?

—Solo hay un problema chicas —Mars intervino, su voz cargada de ira incluso por medio del transmisor —Encontramos el núcleo del mal y una rama atacó a Jadeite. Está vivo pero digamos que no lo podemos mover... tendremos que atacar desde aquí.

Sailor Moon se puso un poco verde al escuchar los gritos de Jadeite al fondo de la transmisión, un terrible recordatorio del lugar en el que se encontraban. No había duda de que al terminar con todo eso iba a tener pesadillas que la iban a perseguir por un largo tiempo.

Venus estaba demasiado cansada para caminar hacia la sala donde estaban las demás. Unicamente Mercury había salido del edificio junto a Saori, así que Sailor Moon cargo con el peso de Venus todo el trayecto.

A veces, para encontrar a sus amigas, podía sentir una especie de hilo, o más bien un olor sin aroma, que parecía conducirla a donde estaban ellas. Incluso si no hubiera visto las ramas quemadas y negras ella las hubiera podido encontrar sin dificultad.

Era una lastima que la dificultad estuviera en tener que pasar charcos carmesí y maniquíes que no eran maniquíes. Sus ojos estaban rojizos pero temía que si lloraba iba ser imposible no quebrarse de la emoción y se quedaría a llorar en medio de esa masacre.

Al ver a Jadeite con una rama que le atravesaba parte de su costado y lo tenía clavado a la pared, fue cuando perdió toda la energía de sus piernas y calló cerca de una cabeza llena de tatuajes.

—¡Dios! ¡Dios! — ella dijo tapando su boca con sus manos y Venus, quién se apoyaba en su hombro, cayó al suelo junto a ella, pero Venus logró mantener su compostura ante la situación.

—Sailor Moon, deja de gritar, ya me estás dando una jaqueca —Mars amonestó, su cara estaba llena de arañazos y su brazo tenía una herida de varios centímetros que no había estado ahí antes de entrar —Utiliza tu tiara lunar para destruir esa rama y liberar a Jadeite.

Sailor Moon mordió sus labios y accedió con la cabeza, aunque tenía unos terribles deseos de vomitar.

Jupiter y Nephrite estaban a escasos metros de la conmoción, dando la cara a un nido de ramas que abrazaba algo que brillaba un opaco dorado desde adentro. Eso, era sin lugar a dudas, lo que tenían que destruir.