Capitulo 20
Muchos años atrás, en un castillo que existía sobre la Luna, se dió un extraño intercambio de promesas que terminarían por afectar la vida de varias personas nacidas milenios después, y terminaría con la vida de los involucrados como una triste broma del destino:
Se había descubierto que el príncipe asilado era parte de la razón de que la malvada reina Metallia tuviera suficiente poder para haber logrado atacar al reino de Mercurio, ocasionado que la bella guardiana Mercury cayera gravemente herida y estuviera en un sueño profundo del que no podía despertar aún.
—Su majestad, imploro por la vida de mi amado. Sin él, mi vida no sería nada.
Serenity tenía que recurrir a mostrar los más profundos sentimientos en su corazón para lograr detener la terrible tragedia que se cernía sobre la cabeza de su querido príncipe. Su madre, la poderosa reina del Milenio de Plata se mantuvo firme en su posición, sin intentar secar las lágrimas de su hija.
—Mi amado es inocente. Es cierto que tiene un lazo fuerte con Metallia, más tengo la firme certeza de que él es inocente y puro. Juro sobre mi misma vida que él es honorable y..
—Jamas jures sobre tu vida, amada hija mía —la reina Selene dijo alzando una mano para detener las palabras de su hija y se acercó a su ella, mirándola con ojos plateados que no revelaban nada de su alma milenaria —Hay algo que debo decirte. Esto no es para otros oídos que no sean los tuyos.
—¿Esto ayudará a mi amado príncipe En..
—Hija, escucha bien. Desde que por primera vez escuché de que te habías enamorado de un principe de la Tierra, en mi han existido terribles sentimientos encontrados nacidos de mi amor por ti. Por intentar evadir dolor en tu corazón, te deje rescatarlo de su hogar y se le ha permitido vivir en paz cuando seria más útil tenerlo en las manos de nuestros cientificos o sellado en un sueño eterno.
Serenity sintió su corazón pesado al escuchar las palabras de su madre, y comenzó a secar sus manos mojadas en su bello vestido de pulcro blanco. Su madre le había dicho que escuchará y eso haría pues era su deber como una súbdita más de la reina.
—Es imposible saber si lo que he hecho para resguardar tu corazón es lo mejor. La vida de nuestro reino podría perecer por la flaqueza de mi alma. Y sin embargo, he hecho lo correcto, mi conciencia está limpia de culpa por mis acciones —la reina extendió su mano blanca, casi transparente, al cachete rojizo de su hija —En este tiempo, tras convivir con Endymion, he descubierto algo de él. Mi amada hija, lo que te propongo ahora se lo he propuesto a él antes de venir a hablar contigo. Espero puedas convencerlo de ceder a nuestra petición. Espero que tu, mi hija, también la aceptes.
La información relevada, era algo que sería muy peligroso en manos equivocadas, así que la princesa guardo silencio mientras su madre revelaba su plan.
Inútil, pues la princesa era muy joven para cargar con aquel poder y el príncipe demasiado inmaduro para entenderlo.
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Jadeite cayó sobre sus rodillas en cuanto fue liberado de la rama que lo había atravesado. Mars se ofreció a cauterizar la herida y él aceptó con un pequeño siseo, sus ojos cerrados por el dolor lloraban un poco, pero todos estaban ocupados más en como destruir el núcleo que fijarse en aquellos detalles.
Sailor Moon ya no tenía nada en su estómago y la situación dejaba su cabeza dando vueltas, así que apenas podía concentrarse en mantenerse de pie. La última tiara lunar lanzada parecía haber tomado el resto de su energía, lo que dejaba a Nephrite y Jupiter como los únicos con los cinco sentidos alerta.
—Bien, yo voy primero —Jupiter exclamó antes de lanzar un rayo contra las ramas que abrazaban el núcleo dorado. El sonido del aire partiendose ante la electricidad aterrorizó a Sailor Moon, quién lanzó un grito de terror que parecía la culminación de los miedos que la habían invadido desde que llegó al edificio.
El núcleo parpadeo al escuchar el grito de Sailor Moon y varias cosas pasaron en ese instante: Mars alzó la cabeza para ver con sus ojos violetas el extraño nido y una serie de ramas llenas de esoinas comenzaron a perseguir a Júpiter como lanzas violentas.
Júpiter consiguió esquivar varias de las ramas ya que eran lentas antes de dispararse contra ella y lo único estresante era tener que ensuciar sus guantes y rodillas con la sangre pegajosa del suelo. Los cimientos del lugar tampoco parecían felices de soportar la rabia de aquellas ramas.
Sailor Moon se preparó para ir al rescate de su amiga, pese al cansancio en sus músculos iba a lanzar otro ataque.
—Espera, Sailor Moon —Mars le gritó a su líder, antes de que ella pudiera terminar de quitarse su tiara —Creo...creo que esa cosa es buena.
—La cosa que atacó a Jadeite y está atacando a Júpiter es buena —Nephrite dijo tan sarcástico como pudo —Estas diciendo cosas muy peculiares Mars.
—Lo dice el hombre que habla con las estrellas.
Sailor Mars señaló hacía el núcleo que era protegido por ramas de todos los tamaños y solo dejaba ver su brillo dorado que iluminaba la habitación macabra levemente. Sailor Moon se acercó a un hueco y sin que nadie pudiera decir algo, tocó una de las ramas.
En ese momento, supo que había alguien dentro. La causa de la masacre estaba ahí, escondido entre las plantas que se extendían lentamente por el edificio y ponían en riesgo la vida de todos. Y escuchó, mas con su tacto que con sus oídos: una dulce voz desconocida que cantaba canciones de cuna que ella ya no recordaba.
Se adentro por medio de los matorrales, sin importarle que las espinas rasgaran su uniforme o piel, o que su cara terminará arañada de la frente a su barbilla. El espacio para avanzar se volvió tan reducido y asfixiante que al respirar sus músculos golpeaban contra la madera y aún así, estiró sus dedos hasta que con la punta de sus yemas pudo tocar el núcleo dorado.
Ya no estaba en un edificio marcado por la muerte humana.
Era un templo antiguo, con columnas dóricas que ella solamente había visto en libros de historia, y ella estaba en una sala redonda al aire abierto, dejando ver un cielo azul que parecía estar pintado con pasteles decolorados. En el centro de la sala, en un altar cubierto de rosales sin rosas descansaba alguien, cubierto en una capa roja que era la única cosa de color en todo ese lugar aparte del cielo.
—Dejalo dormir —la voz suplicó, como una madre que pide por sus hijos y Serena sintió un escalofrío recorrer su espalda, sintiendo culpa de negar a aquella voz amable.
Comenzó a caminar hacia el altar, sus pies descalzos a veces se clavaban ligeramente con las espinas del rosal que cubría el suelo blanco y sus dedos de los pies chocaban contra las lozas rotas haciendo que tropezara y cayera sobre sus manos a las espinas dejando hoyos en sus palmas.
—Por favor, está herido...déjalo en paz. Aquí está a salvo, soñando con volar en el cielo. Allá, solo le espera dolor. Lo sabes. Detente.
La voz rogó, sus palabras acariciando la piel de Serena como brisa de primavera y ella se sintió tentada a retroceder, más eso significaría que ella no lo podría volver a ver y él despertaría solo. Era algo que rompería su corazón, por eso continuó caminando sin importarle que hacerlo fuera egoísta.
Llegó al altar donde él estaba. Serena observó aquella cara morena que a veces le era más familiar que su propio rostro, intentó descifrar en los ángulos de su nariz y cejas aquello en lo que soñaba, pero le fue imposible descubrir que era lo que anhelaba.
Ella, tan amante de las historias de amor, sabía que lo tenía que despertar con un beso. Por eso, se acercó y con la parte trasera de sus dedos índice y medio, limpió un mechón negro de su cara.
Y él abrió los párpados para verla directamente a los ojos.
—Volviste—Darién dijo en un suspiro y con una sonrisa suave en los labios.
—Siempre.
Estaba en el humbral de dormida y despierta, vagando por la línea como una hoja flotando en el agua. Había logrado descifrar varias cosas en ese estado: sus padres estaban con ella, las sábanas necesitaban un mejor suavizante y estaba en el hospital.
Incluso, Liar había pasado un rato a visitar y había conseguido hablar con el patriarca Tsukino a solas. Serena hizo trampa en ese momento y se forzó a mantener los ojos cerrados, pues no quería ver a Liar desde aquella cita y menos cuando su corazón estaba más interesado en palpitar por Darién.
—Todo está bien, mi niña —su mamá dijo tomando su mano —Vuelve a dormir.
—¿Darién? — ella preguntó, suponiendo que su mamá sabía dónde estaba él.
—... Sí, ya, ya. Vuelve a dormir.
Ella cerró sus ojos e imagino que pasaría cuando lo volviera a ver:
La primera opción, por supuesto, es que él le diría que pese a Saori, él le entregaría su corazón a Serena porque era super romántico que ella, la hermosa y linda Serena, lo hubiera rescatado. La idea, tan dulce como la miel, era paradójicamente lo que menos deseaba. Saori era una mujer elegante, amable y fuerte, merecía que su alma gemela la amara.
La segunda opción, la más posible, es que él insultara su peinado o ropa y ambos fueran por sus caminos, los eventos dentro del edificio de ramas olvidado para siempre como debía ser.
Estuvo imaginando uno y otro escenario, paseando cada posible variante en su cabeza. Finalmente, tras una hora completa de pensar sobre ello, se sentó en la cama y miró para todos lados.
Su comunicador rosado descansaba en la mesita de noche y su mamá había ido a comer algo, prueba de que todos creían que ella estaba bien. Era mejor así, su cuerpo recuperado a tal punto que no tenía ninguna cicatriz a excepción de su corazón y mente, donde los eventos del fin de semana la harían perder el aliento por años.
Llamó por el comunicador a sus amigas. Amy y Rey estaban en sus casas, descansando por la noche y Lita y Mina estaban en el restaurante cruzando la calle. Luna vigilaba por la ventana cerrada del cuarto y una de ellas le informó que Darién y Jadeite estaban en la ala de cuidados intensivos mientras que Saori había sido dada de alta unas horas atrás.
Los detalles de lo ocurrido serían discutidos después, cuando Serena estuviera mejor. Ella sonrió feliz de que todos estuvieran bien y en cuanto su mamá volvió, se apresuró a abrazarla, disfrutando el tacto humano tan real y puro que solamente podía venir de su madre.
Nephrite había aceptado colaborar con Malakite sabiendo que posiblemente sería traicionado, pero al hacer aquella alianza para aplazar el despertar de Metallia le había parecido la mejor opción del mundo. Lo seguía siendo incluso en ese instante.
Aún así, el poder semejante a Metallia que Darién mostró, era señal de que en algún momento el niño había bebido la sangre de la suprema reina del Negaverso. Los únicos dos posibles culpables eran Zoicite o Kunzite pues Beryl jamás abandonó su trono para nadie.
—Ahora, solo nos queda encontrar el Cristal de Plata antes que esas molestas sailors scouts. —Jadeite dijo, sonriendo plenamente pese a estar atado a aparatos médicos tal si fuera un humano común y corriente.
—Sí. Son demasiado ingenuas al creer que somos amigos —Nephrite dijo, observando a las estrellas brillando afuera del hospital, buscando una respuesta a la pregunta que lo agobiaba desde que las plantas habían revelado a Sailor Moon durmiendo encima del casi muerto niño. De Darién, el causante de aquellas ramas que destruyeron sin problemas a humanos y lograron herir gravemente a Jadeite.
¿Era por eso que las estrellas le dijeron que lo protegiera? Un poder así sería muy útil a la par de peligroso, tal llama salvaje de fuego que amenaza de salirse de su lugar.
—Darién, ¿ya despertó? —Jadeite preguntó, genuinamente preocupado por el niño y sin el menor signo de resentimiento. Nephrite a veces no podía creer cuanto aprecio le tenía su compañero a Darién.
El recordaba a otro hombre al que Jadeite juro proteger. En el tiempo antes de ser sellados. Los recuerdos, lamentablemente, estaban borrosos por la magia de Metallia y el inclemente tiempo, así que ambos generales únicamente recordaban un cara morena y cabello negro, y un uniforme azul digno de la nobleza.
Nephrite sospechaba que la razón por la que ellos se habían encariñado tanto con Darién era porque estaban proyectando al príncipe en él. Esa era su única explicación para mantenerlo con vida y en libertad.
—Intentó cortar a un interno con un bisturí. Así que está muy sedado por el momento. Sin embargo, tenemos un problema. Cuando la gente lo toca puede ver colores. He estado alterando la percepción de ellos con ilusiones, sin embargo no considero prudente tenerlo aquí más tiempo del que sea necesario.
—Que niño tan interesante —musito Jadeite, planeando ya el próximo movimiento para sus planes.
Mina revisó los documentos de Mamoru Chiba una vez más antes de meterlos en su mochila. Jupiter, usando su forma de Lita descansaba en una silla continua. La joven muchacha sabía que la castaña era demasiado honesta para confiar la información que tenía.
Luna y Artemis ni siquiera les habían dicho de su vida en la Luna, mucho menos que ellas eran rencarnaciones de guerreras antiguas. Hasta donde las demás entendían, ellas eran herederas más que directas rencarnaciones de las primeras Sailor Scouts.
Y sin embargo su mayor problema era Darién-Endymion.
La joven salió afuera, dejando a Lita dormida, y caminó un largo rato hasta que Artemis saltó a su hombro.
—¿Descubriste si el tal Darién es o no Endymion?
—Fue difícil. La mayoría de sus documentos parecen ser reales pero muchas de las fechas no coinciden, hubiera sido imposible rastrear sus orígenes.
—Deja de alabar tus habilidades de detective y ve al punto. Ese muchacho, los poderes que tiene son muy similares a Metallia y ya sabes, incluso en el Milenio de Plata, jamás confíe en él. Endymion, fue su culpa todo lo malo que ocurrió y no viste lo que hizo a esas personas en el edificio.
—Todos los que murieron eran criminales —Artemis señaló, pensando en los reportes policíacos que había leído en cuanto comenzó el trabajo forense de la policía.
—Lo sospechaba —ella dijo, su mirada hacia el hospital y ojos duros—. Eso no lo vuelve ni a él ni a sus poderes buenos, ¿la última vez lo dejamos vivir y ves lo que pasó?
Mina tapo su boca tras decir aquellas palabras, sintiendo culpa de haber dicho algo tan terrible en voz alta. Ella siempre era perseguida por el recuerdo de la guerra y de cómo pese a haber descubierto que el príncipe daba energía a Metallia la reina le dió refugió en su castillo.
—Hay algo que sigue sin tener sentido —Artemis dijo, sacando a Mina de su culpa—. Los humanos, cuando reencarnan, lo hacen por completo. Cabello, ojos, raza y sexo suelen ser distintos en cada nuevo ciclo. Incluso ustedes... Darién es exactamente igual que Endymion, unos años más joven quizá.
—¿Es el mismo Endymion que él del Milenio de Plata, congelado como los generales y por eso idéntico asi mismo? ¿Un descendiente? ¿Un clon? —Mina comenzó a conjurar una pregunta tras otra, confundida por el enigma de una persona que no debía ser.
—Por eso te conté sobre sus extraños papeles. Alguien no quería que se pudieran rastrear sus orígenes con facilidad —Artemis dijo, saltando hacia el suelo para poder dar vueltas mientras hablaba, Mina tuvo que ponerse de cuclillas para poder escucharlo bien —Un tal Tristán aparece como firmante en varios documentos. Pero no he dado con él. Sin embargo, logré recabar información de que Darién Chiba estuvo internado en este hospital diez años atrás y sí, era un niño en ese entonces, así que no puede ser el mismo Endymion que el príncipe.
—¿Así que un descendiente o un clon? —Mina preguntó en voz conspiradora. Un descendiente sería lo más obvio, pero un clon podía solucionar muchas dudas. Ella jamás había visto un clon y antes de reencarnar en el siglo XX jamás había escuchado de ese tipo de ciencia, pero como cinefila, las películas de clones le eran muy conocidas.
Artemis negó con la cabeza y suspiró antes de contestar.
—Creo que es una reencarnación.
Imposible. Incluso la gente de la Luna, bendecida por la reina Selene, había reencarnado en cuerpos humanos que pese a coincidir en sexo, color de cabello y ojos, tenían marcadas diferencias de sus yo anteriores, las que más se asemejan a sus vidas pasadas eran las Sailor scouts y eso era más producto del tipo de semilla estelar que poseían al ser guardianas que por bendición de la reina.
Mina sintió la respuesta golpearla en el estómago. Si Darién de verdad era Endymion reencarnado, entonces él era..
—Un guardián.
—Posiblemente uno tentado por el caos. Es decir, mientras él viva, su energía alimentará al caos nacido de este planeta, a Metallia.
Mina sintió su sangre congelarse. Era imposible y sin embargo, ya tenía una respuesta a sus preguntas y no sabía qué hacer al respecto. Quizá, lo mejor para el planeta hubiera sido dejarlo dormir por la eternidad, a salvó de los peligros y conteniendo el caos en sus sueños.
—¿Qué hicimos?
Antes de que Artemis pudiera decir algo a Mina, ella escuchó pasos detrás suyo y al voltearse, vio a Lita, caminando hacia ella notablemente confundida pero feliz de verla.
La guardiana de Júpiter miró a la de Venus, inquiriendo con la mirada a su compañera, al ver que no tenía ninguna respuesta ofreció su mano para ayudarle a ponerse de pie.
—Vamos, ya casi es hora de desayunar.
Serena vio a Liar salir de una habitación e inmediatamente se escondió detrás de un pilar del pasillo. Por suerte, Liar tomo el elevador y Serena continuó su grandiosa misión de encontrar a Daríen.
Había despertado esa mañana con la necesidad de hablar con él. Habían pasado cosas horrorificas en aquel edificio antes de que ella llegará y necesitaba asegurarse de que él estaba bien.
Por supuesto, una experta en vivir en el hoy, ella decidió olvidar sus sospechas de que Darién fue la causa de la casa del terror con ramas asesinas. Ella logró crear un escenario en que Saori y Darién eran únicamente víctimas suertudas que se salvaron de un ataque de youma.
Serena entró por las escaleras y subió un piso, casi saltando los escalones, feliz de que todos los que ella amaban estaban vivos. Era la primera vez en varios meses que se sentía radiante de energía y completamente feliz con su destino.
El extraño sueño donde ella casi besaba a Darién era algo interesante, pero incapaz de disminuir su felicidad pese a que él terminaría con Saori. Se podría decir que ya había hecho las pases con eso.
Sin saber cómo, llegó a una habitación que tenía una placa con el nombre de Darién.
Ella abrió la puerta y entró gritando un saludo lleno de energía. Darién, recostado en la cama, se digno a sonreírle.
Cualquier felicidad que hubiera tenido unos minutos atrás se desvaneció al verlo. Su ojo izquierdo estaba vendado y sus tobillos estaban vendados. Eso no podía ser bueno, incluso era algo terrible que le llevaba de frío los pulmones.
—¿Sigues llorando por tonterías? —el preguntó, intentando sonar burlón y fracasando completamente al casi llorar al decirlo.
—¿Tus pies? ¿Tu ojo?
—Deberias de ver cómo quedó el otro tipo.
Serena había visto bien como quedaron los otros. No era algo que quisiera volver a ver en ninguna de sus vidas. Intentó imaginar de nuevo que todo fue causa de youmas, incluso el estado de Darién.
—Ya viste —Darién dijo con más hostilidad, tomando el silencio de ella tanto como una burla como un signo de que ella estaba asqueada —; Así que ya te puedes ir.
Ella no lo escuchó. Su cabeza dando vueltas al asunto de lo ocurrido en el edificio. No tenía idea alguna de que ocurrió y no se sentía capaz de preguntar. Sin embargo, al verlo casi al borde las lágrimas, ella recordó tantos momentos en que casi lo perdia.
Al final, eso fue lo que ganó en su corazón. El simple hecho de que él estaba vivo.
Se acercó a la cama y cayó de rodillas a su lado, incapaz de sostener el peso de la situación y él intentó acomodarse mejor pese a estar prácticamente lisiado y con su mano derecha intentó tocar el pequeño hombro de ella para sacarla de su tristeza.
—¿Sere...?
Ella capturó su mano entre las suyas. Tan calidas y amables, rodeaban la suya de una forma que lo hacían sentirse amado y por eso no pudo terminar de decir su nombre.
Serena alzó la vista y lo vio directo a los ojos, con una mirada tan penetrante que si ella le hubiera dicho que era capaz de volar él lo hubiera creído. Las palabras que ella dijo, fueron incluso más osadas.
—Te protegeré. La próxima vez, te protegeré.
Para él, Serena era una niña pequeña y feliz, alguien que merecía vivir sin preocupaciones ligadas a tener amigos como él. Él que tenía de amigos a dos generales del Negaverso, o que estaba cronicamente enfermo o era secuestrado cada vez con mayor facilidad.
Sin embargo, al sentir la piel de ella sobre su mano, al ver sus ojos azules llenos de fuerza y al escuchar sus palabras firmes, él sonrió aliviado como quién ve el sol después de haber vivido meses en la oscuridad de una caverna. Él confiaba en ella
Nephrite, Jadeite, el mundo entero podía irse en contra de Darién y él sabía que podría soportar todo el sufrimiento del mundo sabiendo que ella brillaba aún y, aunque fueran palabras hechas para animarlo en ese instante, ella deseaba protegerlo, a él.
—Gracias, Serena.
En su corazón, él se prometió que la protegería también.
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En el castillo de la Luna, en la época olvidada por la mayoría, una princesa corrió hacia su amado príncipe que la esperaba en un balcón.
—Endymion —ella dijo en el pecho de él, oliendo aquella fragancia que debió haberlo delatado desde el principio pero jamás lo hizo. No había nadie alrededor de ellos y aunque era tentador olvidarse de la propuesta de su madre y simplemente besarlo toda la noche, ella terminó el contacto y se alejó.
—Tu madre cree que soy el guardián del planeta Tierra — Endymion dijo, acariciando la palma de ella con sus dedos, buscando un poco de íntimidad con aquel acto inocente que no pasaría a más. Al ver la cara de ella, alzó una ceja —¿,Lo crees tú?
—Estoy segura de ello —Serenity dijo y el apretó con un poco de fuerza su muñeca blanca, incapaz de imaginar que él era algo más que un principe de la Tierra. Uno que jamás siquiera fue contemplado para el trono y que súbitamente era señalado como alguien tan importante que su vida o muerte podría hacer la diferencia en la batalla que se avecinaba.
Ella lo miró con tristeza antes de continuar.
—Fuiste obligado a beber la sangre de Metallia. Es por eso que ella se ha fortalecido desde que capturaron tu reino. Toma energías de ti.
Era distinto a lo habitual, que ellos se hablaran de "tu" y dejarán las formalidades, y ninguno de los dos sabía cómo mencionar aquel cambio, no cuando había temas más importantes que la cercanía de sus almas.
—¿Y por eso sería mejor para nosotros, para la Tierra y la Luna, que yo muriera?
—Te suplicó detengas esa destructiva línea de pensamiento —Serenity tomo las dos manos de él entre las suyas —. Derrotaremos al caos que ha consumido a la Tierra, y cuando yo sea la poseedora del Cristal de Plata, protegere a tu planeta y a ti, que eres su guardián.
Y a cambio, la reina Selene le había dicho a Endymion horas atrás, él la protegería a ella con su corta vida. El trato era perfecto para él, pues si algo sabía era que el poder del Cristal de Plata era el mayor en toda la galaxia. Sin embargo, rechazó la propuesta porque él daría feliz su vida por su amada sin condición alguna e insinuar que lo hacía por algo más que amor era deshonroso.
—Confia en mi —Serenity dijo, juntando las manos de él aún capturadas en las suyas, suplicando con sus ojos que el accediera —Ahora mismo, no tengo posesión del Cristal de Plata, pero te juro que te protegere. Tu me protegeras y yo te protegeré. Es un juramento de una guardiana o otro.
¿Cómo podía él decir que no?
Confiaba en ella todo, desde su vida a su corazón. Así que sin entender por completo a lo que accedía aceptó con un beso.
Ella, en cambio, comprendía las ramificaciones de su acción, así que lloró al sentir los labios de él en los de ella. De tristeza o felicidad, eso nadie nunca sabría.
En esa vida, el Milenio de Plata cayó, entre cenizas y ríos de sangre, ambos príncipes murieron pese a sus promesas de un glorioso futuro juntos y aquél juramento de protección mutua los seguiría como el aire a su siguiente vida, llamándolos sin palabras a ir al rescate del otro motivados por una promesa que ninguno recordó haber hecho.
En el presente, Serena Tsukino, reencarnación de la princesa, volvió a su casa decidida a encontrar el Cristal de Plata. Aún desconocía los secretos de su vida pasada y había varias mentiras rodeando su actual vida que la hacían creer como verdad varias falsedades, más algo tenía muy claro tras ese día.
Amaba a Darién Chiba.
