Capitulo 21

El alma gemela, la persona destinada con la que se conseguiria la hermosa felicidad que tanto ansiaba desde que había escuchado el primer cuento de hadas muchos años atrás. El alma gemela que probaba el brillante destino cuando en un enceuntro romantico, los vibrantes colores floreciendo como una prueba de que estaban destinados a la más gloriosa vida.

Serena peinó su cabello dorado y se miró en el espejo, intentando parecer la princesa que siempre había deseado ser. Ahora, sin embargo, ya no se sentía como una niña jugando a ser una adulta. Antes, su corazón había latido por Tuxedo Mask, sus labios a Andrew y su mente le había suplicado amar a Liar.

Pero después de lo ocurrido pocos días atrás, hace una semana, cuando atraveso un campo de espinas por él, Serena se descubrió amando fuertemente a Darién. Su corazón, sus viceras y mente estaban en perfecta sincronía sobre a quién debía amar.

—Estás muy contenta hoy —Luna mencionó, también observando su imagen en el espejo del tocador. Serena sonrió antes de hacharle un poco de perfume encima. Después le dió un beso en su pelaje negro. Luna no se dejó convencer por aquellos gestos y continuó —. Estás arreglándote muy bonita hoy, ¿con quién vas? ¿Con las chicas?

—Voy a visitar a Darién al hospital —Serena dijo, suspirando el nombre que le ocasionaba tantas emociones. Príncipes en un sueño, almas gemelas o héroes enmascarados, nada se comparaba con su verdadero amor.

—Oh... —Luna comenzó —Darién...Serena, tal vez aún estás emocional por lo ocurrido en el Negaverso y en el edificio, tus sentimientos podrían estar confundidos por tantas emociones.

Serena ignoró todas las palabras de Luna y la cargó en sus manos, dando un par de vueltas mientras tarareaba feliz una melodía que la seguía desde que tocó el guardapelo en forma de estrella varios días atrás. Apenas podía contener tanto gozo dentro de sí y quería pasar horas enteras bailando y sonriendo.

Luna, al ver que disuadir a Serena era caso perdido, apretó sus ojos y admitió su derrota. Media hora después, siguió a su ama hasta el hospital, esperando algún ataque de Jadeite o Nephrite de camino al lugar.

—¿A dónde vas Serena? —Lita la sorprendió caminando en sentido contrario y al ver que Serena vestía un hermoso vestido azul pastel con elegantes zapatillas bajas color café, miró su propio atuendo: una camiseta verde y shorts azules, con tennis blancos para acabar su atuendo —Creí que mañana era cuando íbamos a festejar. Ya sabes, Amy dijo algo de un curso intensivo para los exámenes.

—Acabamos de salvar al mundo —Serena dijo, consolandose así misma por la mala semana en exámenes. Había sido dada de alta el miércoles así que le tocaron dos agobiantes exámenes que posiblemente iba a reprobar —Los exámenes no ayudan para eso.

—Eso es verdad —Lita contesto feliz — ¿A dónde vas?

—Al hospital, a visitar a Darién — el nombre salió de sus labios como si fuera algo dulce y Lita parpadeo varias veces antes de formar una larga sonrisa.

—Sereena —Lita alargó las vocales, colocó un brazo sobre el hombro de su amiga y levantó una ceja conspiradora —Has encontrado a tu propio superior.

—¿Mi propio superior?

—Sí ¿te gusta Darién verdad?

Serena sintió sus cachetes ponerse rojos ante las palabras de Lita. Eran ciertas pero había algo en el tono conspirador de su amiga que la hacía pensar que había algo vergonzoso en la situación.

—Te acompañó hasta el hospital.

Serena no pensó mucho de ello, incluso cuando Lita dejó toda una cuadra de diferencia entre ellas y la alcanzó un poco después, sonriendo como quién ha hecho una travesura. Cuando volviera a ver los detalles de ese día, admitiría que lo que iba a ocurrir era inevitable y ella hubiera hecho lo mismo en el lugar de Lita o las demás.


Darién había pasado toda la mañana pensando en las cosas buenas ocurridas. Saori estaba bien, Nephrite y Jadeite habían vencido a la Reina Beryl, Serena era su amiga de nuevo..y ella lo había...

Era insólito. Él jamás debió de haberla dejado hacer aquella promesa que prometía tanto sobre el futuro sin revelar nada de lo que les esperaba. Serena era muy joven, una niña de secundaria, y él ya casi cumplía dieciocho en un par de meses y además, estaba todo el asunto del Negaverso, sus estados de fuga y su princesa.

Tapo su cara con sus manos aunque uno de sus ojos no necesitará que lo cubriera.

—¿Qué te pasa? —Nephrite preguntó, preocupado al ver que Darién parecía estar en agonía.

—Nada. Estoy bien —Darién contestó sin apartar sus manos de la cara, humillado por toda la situación.

—¿Problema de chicas?

Darién destapó su cara para ver a Jadeite, sorprendido de que sus emociones hubieran sido descubiertas tan fácilmente.

—No me mires como si hubiera usado mis poderes —Jadeite dijo, entendiendo la ceja fruncida de Darién a la perfección —Analizó a los humanos y tú no eres especial por estar enamorado de alguien.

—No estoy... —Darién comenzó a decir, pero se detuvo a media idea, porque no estaba seguro de sus sentimientos hacía Serena. La promesa que ella le había hecho, al recordar la certeza de aquellas palabras, él sentía su estómago revolotear, pero si pensaba profundamente, cuando ella le había hecho la promesa ninguno de los dos mostraba signos de estar enamorado.

Quizá él había leído demasiado en aquel gesto de amistad de Serena. Por algún motivo eso lo hacía sentir peor.

—¿Es Serena? —Nephrite preguntó y dos cosas pasaron a la vez: Darién se puso tan rojo que parecía un tomate y Jadeite se cayó de su muleta. Nephrite ignoró a su compañero y sonrió hacia Darién —Es bueno probar todos los frutos de esta vida sin concentrarse en algo tan ridículo como un alma gemela.

—¿Frutos? —Darién repitió la palabra, intentando dar sentido al crítico mensaje del general.

—Darién, ignora a Nephrite. Y a esa tal Serena. Tu alma gemela está ahí afuera esperando y debes buscarla, ¿verdad? —Jadeite logró decir sin titubear, casi en un tono militar, una vez que consiguió ponerse de pie de nuevo.

Darién accedió con su cabeza. Sailor Moon, su princesa, estaba ahí fuera, y aunque le doliera ella tenia a otro, al tal Tuxedo Mask, y aunque eso lo había matado por largas semanas, él estaba seguro de que la había visto en sus sueños y ella lo había salvado.

Irónicamente, como burla del destino, al recordar aquel extraño sueño de espinas, su mente conjuraba la cara de Serena. Había muchas cosas que seguían sin ser claras sobre todo eso, demasiados huecos en su memoria que comenzaban desde que se encontró con Saori hasta el momento en que despertó en el hospital.

En los periódicos, lo que fuera que ocurrió en el edificio se consideraba un crimen más del Negaverso y las fotografías eran tan escalofiantes que había tenido que cerrar el periódico para no ver más.

Esos criminales lo habían herido, sus pies lastimados al punto de que no podía caminar y su ojo izquierdo se negaba a funcionar. Y además, Saori había sido atacada también. Pero ellos tenían familias y hermanos, gente que lloraria por ellos por años. La culpa y el alivio jugaban en igual medida en su cabeza y le era imposible racionalizar que era lo más correcto.

Quizá era un monstruo.

—Eres un adefecio.

Darién ni siquiera se había dado cuenta que había caido dormido y despertar a esas palabras lo hizo perder un poco de color. Nephrite y Jadeite no estaban en la habitación pero sí estaba una persona cien veces más oscuras.

—¿Qué haces en mi habitación? —Darién preguntó a Liar, seguro de que el otro hombre tenía instrucciones de permanecer lejos de Darién.

—Maldito raro —Liar dijo, sus ojos brillando por el odio, y tras un breve segundo sonrió burlón — Te escuché hablando solo de nuevo. Ya eres muy mayorcito para amigos imaginarios, pero como siempre, un loco siempre será un loco.

—No estoy loco —Darién respondió desafiando al otro hombre abiertamente.

—Necesitas ayuda. Y mucha. Pequeño loco.

Darién podía ser incapaz de mover sus pies, pero sus manos funcionaban a la perfección así que tiró su almohada hacia Liar, con tal fuerza que el enfermero se cayó hacia atrás golpeando contra la pared y mordiendo por accidente sus labios.

—No te preocupes. Voy a conseguirte ayuda —Liar dijo, limpiando la sangre de su labio. Se levantó y tras lanzar una sonrisa con dientes a Darién, se marchó por la puerta.

Unos segundos después, Darién comenzó a temblar de impotencia. Había vuelto a atacar a un enfermero y la amenaza del manicomio era más aterradora que nunca. El cuarto empezaba a volverse grande, con paredes que se alzaban como rascacielos y él se hacía tan pequeño dentro de la bastidad que podría desaparecer por completo.

Ya una vez lo había arruinado. Volvería a pasar.

El sonido de alguien tocando su puerta lo devolvió a su cama y él tragó la fragancia de madera mojada que parecía permear en toda la habitación pese a que no tuviera ni una sola planta ahí y él se preguntó en su mente de dónde había salido.

—¡Hola!

Serena entró radiante al cuarto, su sonrisa más encantadora que nunca y él parpadeó una vez para asegurarse que ella sí estaba frente a él. Le hubiera gustado saber como reaccionar a ella, si debía o no haber pensado en algo sobre su relación en lugar de dormir.

Ella acomodó un ramo de rosas rojas en la mesita de noche del hospital, tarareando una melodía que le era muy familiar, y por eso buscó a su alrededor en búsqueda del juguete en forma de estrella. Secretamente, la búsqueda lo ayudaba a lidiar con los nervios de tenerla tan cerca.

—¡Estas muy rojo! ¿Quieres que llame a un doctor? —Serena preguntó, un leve tono de preocupación en su voz.

—Solo necesita aire fresco.

Los dos jóvenes saltaron un poco ante la nueva voz y ambos dirigieron su vista a la puerta, por donde entraba Nephrite y una enfermera. El general traía una silla de ruedas y los ojos de Serena viajaron a los pies de Darién pero él estaba aún intentando calmar sus emociones así que apenas registró aquel gesto de lástima.


Serena aún no podía manejar por completo sus sentimientos respecto a Darién. Queria protegerlo de los males del mundo, anehelaba pasar tiempo a su lado, quería llorar al verlo en una silla de ruedas y quería abrazarlo o besarlo en ese instante.

El abuelo Kojiro, que descansaba en paz desde hace tres años, había perdido las piernas en un accidente y Serena recordaba como su abuelito fue cambiado por el evento, incapaz de dar caminatas o rescatar a sus nietos de los árboles, y ella apenas lograba recordar una sonrisa honesta después de aquel accidente.

Darién parecía creer que su incapacidad era pasajera. Incapaz de siquiera considerar aquella posibilidad aterradora, él lanzaba sonrisas discretas a Serena que ella devolvía tímidamente sin perder el ritmo con el que empujaba la silla de rueda.

Por motivos que escapaban a Serena, Nephrite los había dejado solos.

—No estabas en el arcade este fin de semana, ¿a dónde fuiste? —Darién preguntó tras asegurarse de que ella no tenía planes de hablar mucho.

—A visitar a mi tía Karol —Serena contestó sin titubear o dar la mínima seña de que mentía.

—¿Ahí fue dónde te atacó el youma? —él preguntó, arrugando la nariz un poco ante la idea.

—No. Fue aquí.

Había una historia elaborada por Amy que incluía un youma rosal que explicaba las heridas con las que había llegado al hospital, con la mayoría de los periodistas aún enfocados en lo ocurrido en el edificio de los criminales y debido a que su propio papá era periodista, nadie había investigado a fondo el supuesto ataque hacia Serena.

Serena apretó el metal de la silla en preocupación: nadie sabía que Saori o Darién habían estado en el edificio y aunque se le hechaba la culpa a youmas si se descubría que ellos dos sobrevivieron, entonces los criminales querrían algunas palabras con ellos. O eso había dicho Mina.

Youmas, Metallia o humanos, ella lo protegería.

—¿Serena?

Ambos se estaban mirando fijamente, él tenía que doblar medio cuerpo para verla y ella agachar su cabeza para verlo mejor. Al tenerlo tan cerca, de nuevo sintió esa similar situación que la empujaba a cerrar sus ojos en espera de que él cortará la brecha.

Era un momento perfecto para olvidar sobre asuntos de scouts, generales, almas gemelas o heridas ocasionadas por rescatarlo. Cerró sus ojos y espero.

Risas de mujeres la hicieron abrir los ojos y Darién inmediatamente giro las llantas de su silla para tomar distancia, intentando alejarse de la situación y dejarla a ella a sufrir la caída. Serena lo dejo huir, demasiado ocupada en lanzar dagas por sus ojos a las cuatro chicas que habían caído una sobre otra al suelo, todas anteriormente escondidas detrás de los arbustos pequeños que decoraban los caminos eran incapaces de ocultarse de nuevo.

Amy y Lita sonrieron morosas, ambas con cachetes y narices rojas; Rey parecía más molesta por ser descubierta que avergonzada por haber estado espiando; y Mina solamente sonreía feliz encima del resto. Ninguna de ellas fue intimidada por la ceja alzada o labio fruncido de Serena.

—Besarse en público... ¡qué atrevido Serena! —Mina dijo y giñó un ojo.

—No...no pasó eso —Serena contestó, perdiendo varios latidos de su corazón y sus orejas calientes tras escuchar aquellas palabras — ¿Qué están haciendo aquí?

—Revisando que los generales no traman nada —Rey logró decir después de quitarse a Mina de encima, luego cruzó sus brazos para desafiar a Serena.

Amy estaba aún demasiado roja para hablar, pero realizó un gesto afirmativo con la cabeza, dispuesta a conspirar con la que tenía su elemento contrario, ambas unidad por la necesidad de no encarar la clara furia de Serena.

—Para no caminar, Darién de verdad corre rápido —Lita señaló hacía el punto a que Darién había partido, poco interesada en mentir sobre su motivación para estar ahí y más preocupada por la reacción del joven —Creo que lo espantamos. Perdón Serena.

Serena vio la cara de todas sus amigas, colocó sus manos a cada lado de su cintura y sonrió con todos los dientes.

Cuando todas tuvieron que coperar para comprarle un hermoso vestido violeta tuvieron que recordarse que habían arruinado algo esa tarde y tendrían que pagarlo con su dinero. Serena uso el vestido el día siguiente, en la fiesta de victoria que marcaba siete días sin youmas y la derrota de Metallia.

Mina tenía marcadas ojeras en los ojos y Lita tuvo que tronar sus dedos frente a los ojos de la muchacha para despertarla varias veces, Serena aún seguía un poco molesta con ellas pues Jadeite era el que había estado de guardia de Darién esa tarde, y él no parecía feliz de verla.

—Me dijo que yo era Sailor Moon y Daríen tenia suficientes problemas sin mi en la ecuación —Serena relató, fastidiada de no haber visto a su nuevo gran amor ese día. Por supuesto, ella sabía que esta vez su amor iba en serio aunque ni Luna o las chicas pareciera pensar lo mismo.

—Lo vas a superar —Luna dijo, menospreciando los sentimientos de Serena sin endulzar nada —Darién no es el único pescado en el mar —¿Además, no tiene a la tal Saori?

—¿Eso que importa?

—¡Serena! —Lita exclamó escandalizada e incluso Amy frunció sus cejas en desaprobación. Para ellas, Serena bien pudo decir que estaba apunto de cometer adulterio. Serena rodó los ojos y cruzó los brazos molesta por no tener apoyo de sus amigas.

Mina bostezó antes de aplaudir, llamando la atención de las demás y adotpo un tono condescendiente que en ella era adorable por carecer de malicia y usar una radiante sonrisa mientras hablaba.

—Es importante ganar experiencia en el amor, los puntos que no ganas en la adolescencia son imposibles de recuperar en la fase adulta así que no podrás desbloquear habilidades cuando sean necesarias — incluso los gatos abrieron la boca ante esas palabras, Mina continuó —El fracaso de este romance es una buena oportunidad para ganar puntos.

Ni Serena pudo encontrar sentido en eso.

Luna parpadeó varias veces antes de aclarar su garganta.

—Artemis y yo tenemos buenas noticias: encontramos una pista para el cristal de plata. Tras mucho pensar recordamos a los Cristales Arcoiris. Hace mucho tiempo, en el Milenio de Plata, unos meses antes de la caída, nos atacó un enorme youma. Muchos murieron para detenerlo...

Amy palideció un poco y llevó una mano a su hombro derecho, como si buscará una herida y Serena supo que ella también tuvo imágenes extrañas que acompañaban las palabras de Luna. La gata continuó.

—Nuestra reina agarró un Diamante Arcoiris, un poderoso artilugio capaz de sellar el mal, e imbullo en el Diamante el poder del Cristal de Plata. Al momento de llevar acabo el sello, el diamante se fragmento en siete, pues siete eran los youmas que formaban al gran youma. Y tenemos que encontrarlos.

—¿Los cristales arcoiris son el Cristal de Plata? Es que no entiendo porque debemos de buscarlos —Serena dijo, confundida por toda la explicación, Lita estaba también intentando dar sentido a las palabras, Rey fingía entender y Mina estaba demasiado cansada para hacer otra cosa que fingir interés.

—No. El Cristal de Plata debe estar con la princesa. Los cristales arcoiris, al tener un lazo con el Cristal de Plata, nos llevarán a la princesa. Se podría decir que estamos buscando una brújula.

—Esos youmas, que fueron sellados, han rencaarnado en humanos por generaciones, cada uno mostrando habilidades especiales. La mayoría del tiempo, los siete están vivos al mismo tiempo y suelen atraerse a la misma ciudad y zona —Artemis dijo, apoyando a Luna — Tenemos motivos para creer que todos están en este distrito.

Serena titubeó antes de preguntar. Para ella, Darién era especial, a su forma de atraer los problemas a él, y la idea de que fuera un youma en secreto, la perturbaba un poco, para su mala suerte, Amy pensaba algo similar y carecía de cualquier interés por cuidar el honor de Darién.

—¿Darién? Lo que ocurrió la semana pasada, en el edificio de los criminales... —Amy perdió la voz al recordar las imágenes de aquel lugar, más terroríficas que cualquier cosa en el Negaverso. Tragó saliva y continuó —Creiamos que era un youma al principio.

—¡Ya les dije! Malakite le dió a beber algo y seguro fue por eso...seguro esa cosa, Metallia lo estaba controlando —Serena repitió la explicación que dió en cuanto intentaron explicar por primera vez lo ocurrido.

Rey accedió ante la idea, poco convencida pero dispuesta a apoyar a Serena. Lita en cambio si creía que era verdad y empezaba a moverse en su asiento en espera de que la conversación continuara.

Amy aprovecho el silencio de Serena para sacar su minilaptop y colocarla en la mesa, apretó unos botones y mostró una gráfica a las demás.

—De acuerdo a las lecturas de energía, la energía similar a la de Metallia, pero que no era Metallia, incrementó exponcialmente justo al momento que Malakite se "encargó" de Beryl y puso fin al despertar de Metallia por el resto de esta década. Darién tiene poderes, o algo dentro de él le da poderes, y fue él quien ocasionó esa barbarie que vimos en el edificio.

Serena negó con la cabeza, Rey bajo la mirada, Mina reflexiono un poco sobre sus palabras y Lita alzó los hombros.

—Eran gente mala. Se lo merecían.

—Eran humanos, no youmas o monstruos.

Lita endureció su mirada y Amy logró mantenerse calmada ante eso, segura de su posición.

—¿Viste lo que le hicieron? Y tú bien sabes que le planeaban hacer a la señorita Saori ¿Por qué proteges a esa basura?

—No sabemos todas las circunstancias.

Mina decidió que ese era el momento de intervenir y colocó un brazo entre las dos mujeres, únicamente Amy se relajo pero eso basto para detener aquella plática sobre moralidad.

—Buena teoría Amy. Darién podría ser un youma y eso explicaría lo ocurrido. Así que cambio de planes. Serena — la susodicha se apuntó así misma y Mina afirmo con la cabeza —, tendrás que poner el juego en pausa, nada de ir a verlo a media noche o algo así. Si lo haces lo voy a saber, esta noche me toca guardia...

—¿Hicieron guardia sin mi?

—Como decía —Mina continuó, ignorando los ojos de cachorro golpeado de Serena — Mañana u otro día de la semana, tu y alguna de nosotras irá a verlo. Con la vara lunar. Y asi, sabremos si es un youma o no.

—¿Por qué la vara lunar?

—Tiene un lazo con el Cristal de Plata y los cristales arcoiris...es la brújula que nos llevará a nuestra brujula.

Al final de la velada, Rey y Lita acompañaron a Serena por varias cuadras, Rey le sonrió tímidamente antes de observar hacia el atardecer mientras acomodaba sus palabras.

—Aunque Darién sea un youma, sigue siendo Darién. Jamás olvides eso —Rey dijo sabiamente.

—Sí. Ha rencaarnado quien sabe cuantas veces en un humano. Y es un humano irritante. Completamente humano.

Serena sintió lágrimas brotar de sus ojos. Ellas tenían razón, Darién era él y ella no iba a dejar que su vida pasada se pusiera en medio de su promesa. Sin embargo, una vez en la seguridad de su cuarto, no pudo evitar pensar en lo ocurrido en aquel edificio, en lo que Darién había hecho en la vida actual.

Ella no sabía si era una mala persona por rehusarse a culpar a Darién. Esa gente lo había lastimado, y Darién aún no entendía cuanto. Además, Malakite le había hecho algo y ella también, al salir de la ciudad, lo había dejado desprotegido. Pero Amy había dicho que no tenían toda la información.

Serena temía los detalles de esa información y por eso, como la niña que era, se oculto bajo las sábanas y cerró los ojos, intentando no llorar por la triste impotencia.


Darién jugó con la tela de la sábana mientras esperaba paciente a que la princesa apareciera en su habitación. La última vez que había estado tantos días en el hospital ella había entrado a asegurarse de que él estaba bien.

Ella tenía que volver.

Él tenía que hablar con ella.

Un día atrás, cegado por extraños y nuevos sentimientos, había intentado besar a Serena y de no estar forzado a quedarse en la silla de ruedas, la hubiera besado enfrente de varias personas. Era humillante y, sobre todo, vergonzoso. Era una deshonra total que su corazón estuviera latiendo por alguien que no fuera la princesa. Diez años la había amado y tras solo una muestra de cariño de serena, todo ese amor cultivado desde que tenía memoria.

Agradecía que ella lo hubiera ido a visitar mientras dormía y que Jadeite la mandara de nuevo a casa. Él temía que tras verla, se perdería en sus ojos o sonrisa y olvidará a su princesa. Lo único real que lo había dejado vivir pese a la soledad, era ese amor. Era su realidad y desecharlo en un par de días significaba que nunca fue real.

No le importaba ya que Sailor Moon, su adorada princesa, amará a otro. Él iba serle fiel a ese amor aunque le doliera el alma y lo sofocara saber que no existía futuro entre ellos o con él y alguien. Aún así, quería verla, una vez más, y eso sería suficiente para continuar el resto de su existencia sin ella.

Paso toda la noche en vela, pero ella no llegó. Tristemente, su ausencia palideció ante las malas noticias que recibió pocas horas después del desayuno.

—¿Qué dijo, doctor? —Darién preguntó, una sonrisa falsa más frágil que el vidrio en su cara.

—Lo siento mucho — el doctor comenzó y Nephrite y Jadeite lograron mantener sus caras inmutadas este vez — pero no podrás volver a caminar con esos pies.

A veces, solo a veces, Darién odiaba ser él. Y en ese momento, mientras apenas conseguía tomar bocanadas de aire, deseaba no ser él.