Capitulo 23
Nephrite jugo con el cristal oscuro, lo último que había logrado conseguir del Negaverso, pensando brevemente en qué hacer.
Tenía una nueva pista, nueva información sobre la que era necesario investigar. Las estrellas habían hablado de los cristales arcoiris y él podía recordar a aquellos siete youmas que una vez casi llevaron al Negaverso a la victoria. Mercury había caído en aquel entonces y él, como general del Negaverso, había creído que esas eran buenas noticias.
Por azares del destino, parecía que el aliado y enemigo de ayer habían cambiado lugares. Él sonrió amargamente, la Sailor Mercury de la época actual era una niña pequeña, alguien con poderes que apenas entendía.
Las scouts de antes, del Milenio de Plata, habían muerto, de otra forma era imposible que sus templados fueran apenas una sombra de aquellas mujeres que detenían ejércitos enteros y eran ocasión de leyendas extravagantes.
—Darién está dormido. De nuevo —Jadeite dijo y sentó enfrente de Nephrite — ¿Alguna nueva pista del Cristal de Plata?
—Nunca creí que sería tan vital para ti encontrar el Cristal de Plata —Nephrite ocultó el cristal oscuro en su chaqueta y miró a Jadeite esperando la respuesta a la extraña curiosidad de Jadeite por buscar el cristal. En todo su tiempo tras despertar en el siglo XX jamás Jadeite mostró deseos de hacer otra cosa que juntar energía para el Negaverso.
—Si tuviéramos el Cristal de Plata, con su energía podremos sobrevivir sin tomar de ninguna persona... además, con su poder, curar a Darién será sencillo.
—Estas demasiado apegado a ese niño — Nephrite señaló como si él mismo fuera inocente — Además está enamorado de esa otra niña, la vecina.
—A diferencia de Zoicite, a mi sí me gustan las mujeres —Jadeite aclaró, apenas inmutado por las palabras de Nephrite, pero aún así, demasadem orgulloso para no aclarar.
Nephrite tenía que admitir que eso era cierto. Zoicite jamás aprecio la belleza en el cuerpo femenino, siendo incluso capaz de negar a su alma gemela por ser mujer. Y después, de alguna forma, convenció a su familia que Malakite era su alma gemela.
En aquel entonces, el príncipe había negado estar envuelto en la treta de ellos dos, pero Nephrite sospecho que le mintio.
—Se parece al príncipe —Jadeite admitió tras tomar un sorbo de vino — ¿Crees que sea uno de sus descendientes?
Nephrite recordaba fragmentos del príncipe, detalles que prohibían ver la totalidad, como enfocarse en un árbol que no permitía ver el bosque. Ni siquiera podía recordar el nombre del príncipe aunque sabía que al escucharlo lo reconocería inmediatamente.
—La bruja de la Luna lo mató antes de su tiempo —Nephrite contestó a la pregunta de Jadeite, molesto al recordar a la princesa de la Luna —Lo secuestró del palacio para matarlo.
—Estaba vivo cuando llegamos a la Luna.
—Y fuimos incapaces de salvarlo a tiempo.
Era ridículo, apenas y podía recordar al principe, pero aún así a veces, incluso cuando no existía el recuerdo de su primer encuentro, Nephrite había deseado encontrar el cristal de plata y la princesa con el deseo de vengarse. Jadeite jamás compartió ese deseo, culpando a la guerra de la muerte del príncipe en lugar de alguna persona en particular.
—¿Tal vez, al igual que nosotros, él también fue sellado por la Reina de la Luna?
—Deja los sueños para después. Lo más importante ahora es encontrar el Cristal de Plata antes que Malakite.
Jadeite siguió bebiendo y Nephrite lo acompañó en la bebida, ninguno de los dos capaz de embriagarse cuando en secreto ambos querían proteger a la persona que les recordaba tanto a su príncipe.
Los hechos de la vida podían dividirse en buenas y malas noticias. La buena noticia era que Darién era su nuevo vecino, la mala era que tenía a dos guardianes que podían o no ser malvados. Serena, para la mala suerte de sus padres y scouts, prefería concentrarse en las buenas.
—¿Tus nuevos vecinos son quién? —Rey preguntó una vez que Serena terminó de contar su historia de la mañana.
Estaban en el templo únicamente Rey, Lita y Serena, esperando a que llegara Mina para irse de compras. Amy, intentando recuperar los puntos perdidos en el examen, se había inscrito en otro curso intensivo y no las acompañaría a ningún lado. Rey, por supuesto, estaba demasiado molesta con Serena para preocuparse por las calificaciones de Amy.
—Darién.
—Deja de decir su nombre así. Me empalagas.
—A mi me parece bueno que tengas admiración por alguien. Ya lo pensé bien, debes luchar por él.
—¡Gracias Lita!
Serena tomo una mano de Lita entra las suyas y la miró a los ojos, sonriendo alegremente al darse cuenta del hermoso apoyo que le prestaba su amiga Lita. Casi saltaba a darle un abrazo cuando Rey tocó su brazo con el mango de la escoba.
—¿Qué decías de los generales viviendo a un lado de tu casa? —Rey preguntó sin inmutarse una vez que Serena volteó a mirarla con ojos azules brillando con algo de ira.
—Ya les dije, estaban hablando y hablando ..luego Darién llegó. Se ve tan guapo en las mañanas y el sol entraba por la ventana iluminando su cara a la perfección. No, su cara es perfecta.
Rey cruzó sus brazos y miró resignada al cielo, admitiendo su derrota. Lita, por su parte, accedía con la cabeza, feliz por Serena. Después de la horrible batalla en el Negaverso y la experiencia en el edificio de mala muerte, todas ellas merecían algo de normalidad. Lo que le recordaba que tenían otra noticia que darle a Rey.
—Por cierto, Rey, ya estoy yendo a la escuela de Amy y Serena.
—¿En serio? Esas sí son buenas noticias. No como eso de los generales siendo vecinos de Serena. Es muy sospechoso.
—¿Entonces por qué no investigamos?
—¿Ahora mismo?
Serena, que había escuchado todo pese aún seguir fantaseando con la perfecta cara de Darién, formo una sonrisa maquiavélica mientras pensaba un gran plan. Al decirlo en voz alta, las otras dos estaban demasiado impresionadas que olvidaron comentar a Mina sobre los generales y Darién. O quizá, una parte de ellas comprendía que Mina no las dejaría intentar su grandioso plan.
Fuera el motivo que fuera, cuando Mina llegó al templo ninguna de las tres tocó el tema de Darién o los generales, prefieriendo enfocarse en elegir a que tiendas ir o contar el dinero en sus monederos para ver si valía la pena ir a comprar ropa o resignarse con comprar nieves.
Después de comprar helados y divertirse un buen rato, Mina miró preocupada hacia la alegre cara de Serena, después hacia las otras dos que parecían estar muy tranquilas pese a la información que Mina tenía que dar.
Respiró profundamente, llamando la atención de las otras tres mujeres aclarando su garganta, y como si estuviera a punto de dar malas noticias, tomo el tono de voz más gentil que pudo.
—Serena, Artemis dijo que Luna dijo que vio que tenían nuevos vecinos: los generales — nadie dijo nada y Mina malinterpreto su silencio como sorpresa —No te preocupes. Solamente no te acerques a ninguno de ellos y Artemis y yo pensaremos en algo.
—¿Y nosotras qué? —Lita preguntó, molesta por ser dejada afuera del plan de Mina.
—Artemis es bueno con la diplomacia. Solo queremos llegar a un acuerdo con ellos. En serio.
—Esta bien, confío en Mina — Serena dijo, aceptando la idea de su amiga por completo —Mientras tanto Darién y yo vamos a volvernos los mejores amigos del mundo y luego...un día nos casaremos.
La última palabra la dijo en un suspiro, pensando en una boda llena de flores blancas y un lindo vestido que causaría la envidia de medio mundo y un esposo tan resplandeciente que la otra mitad también moriría de envidia.
Mina, ajena a los pensamientos de su amiga pero con oídos funcionales, palideció al escuchar la posibilidad de una boda y levantó sus manos frente a ella.
—No, no Serena. Cuando digo que no te acerques a ninguno de ellos digo a ninguno. Darién también es peligroso.
—¿Qué tú no eras la que más a favor estaba de Darién? —Rey preguntó, saliendo en defensa de Darién antes de que Serena pudiera decir algo más.
Antes de que Mina pudiera defender su punto, el comunicador sonó y Amy, transformada en Mercury, les informó que un youma perdido estaba en el techo de su escuela y que necesitaba ayuda. La discusión sobre Darién acabo inmediatamente y todas fueron en ayuda de su amiga.
Operación "Conoce al vecino", comenzó dos días despues de que Mina les ordenó no acercarse. Ninguna de las tres, cuando salió de casa de Serena y se plantó fuera de la casa vecina, de verdad creía que iban a pasar del paso uno.
Sin embargo, la situación para llegar al paso dos se presentó como un regalo del cielo, ya que la puerta de la casa se abrió de golpe y un muy molesto Darién salió hacía la calle, sin importarle la posibilidad de que su silla de ruedas se volteara al bajar el escalón enfrente de su casa. De alguna forma logró mantener el equilibrio y fue hasta que casi estuvo en la banqueta que se dió cuenta de tres pares de ojos viéndolo.
—Cabeza de Chorlito, ¿qué haces aquí? —preguntó sorprendido, fingiendo que unos segundos atrás no era un mar de rabia, o quizá, al notar que tenía público, olvidó por completo que estaba molesto.
—Vivo en la casa de a lado —Serena logró decir sin ponerse roja.
—¿En serio? — él alzó su unica ceja visible y vio hacia la casa de Serena, luego a la suya y finalmente a las tres niñas paradas en la banqueta, viendolo con enormes ojos que parecían juzgarlo — ¡Dejen de mirarme así!
Lita fue la que decidió tomar la iniciativa cuando sus dos amigas se lanzaron miradas nerviosas que estaban cargadas de vergüenza. A ella no le preocupaban en lo más mínimo los sentimientos de Darién, así que no dudo en seguir el "plan".
—Vamos a ver una película y como Serena vio que te acabas de mudar, quería invitarte. Pero su videocasetera se descompuso y también su televisor y...¿podemos verla en tu casa?
El plan original había sido invitarlo a ver la película, pero incluso ella se podía poner nerviosa al mentir, y todo termino siendo un mar de mentiras increíbles cuasadas por el deseo de que él rechazara ver la película. En lugar de ello, Darién accedió con la cabeza y dijo "bien"
Eso nadie lo esperaba.
Nephrite salió de la casa y los vio, después las saludo amablemente mientras colocaba una mano sobre la agarradera de la silla de Darién.
—Vamos a ver una película. En la casa —Darién dijo inmediatamente después de que las chicas terminarán de saludar de vuelta al general, y este último lanzó un vistazo a Darién y accedió con la cabeza a los deseos de Darién.
Nephrite y Jadeite decidieron acompañar a las chicas y Darién a ver la película. Ellas pensaron en utilizar la del abuelo de Rey pero al final decidieron ver una de comedia que logró sacar varias carcajadas a Nephrite y Jadeite casi se ahogó al decidir tomar un vaso de agua en una escena de comedia.
—Esa fue una película interesante — Darién dijo una vez que la película terminó, sus cachetes rojos después de haber reído tanto.
—Al presidente le faltaba un tornillo —Serena agregó, acercándose un poco a Darién en el sillón en el que estaban. Rey, sentada al otro extremo limpió unas lágrimas de sus ojos y Jadeite, sabiendo que eran porque él casi se había ahogado con el agua, cruzó sus brazos.
Lita, sentada en el sofá, lanzó una mirada a Nephrite, que se había levantado del piso y estaba juntado los recipientes de palomitas para llevarlos a la cocina a lavar.
Había muchas cosas que se podrían decir de los generales, pero malos anfitriones no eran, ya que Nephrite se había apresurado en ir a comprar palomitas en cuanto Darién las pidió y Jadeite, sin mucho escándalo les ofreció sodas.
Era fácil olvidar que eran enemigos, así que, sin pensar mucho, Lita se ofreció en ayudar a Nephrite en la cocina. Ambos comenzaron a preparar la cena para los demás, asumiendo sin preguntar que ellas se quedarían hasta tarde.
Con el sonido de la cocina lejos, Rey alzó una ceja hacia Jadeite y él respondió frunciendo su entrecejo. Sin palabras, Rey salió del cuarto y unos minutos después él la siguió. Ni Darién ni Serena pensaron mucho al verlo salir, ignorantes de sus motivos, pensaron que ella había ido al baño y Jadeite a ayudar a la cocina.
—¿Te gusta vivir aquí? — Serena preguntó, su corazón palpitando con fuerza por la cercanía y los dedos de su mano se acercaron un poco a los de él, recorriendo ligeramente la tela del sillón.
Darién alzó un hombro en respuesta, después, giro su cabeza para ver hacia la ventana y ella espero a que él le dijera lo que sea que lo estaba comiendo desde que Lita ofreció ayuda a Nephrite a hacer la cena, pero él mantuvo el silencio.
Él estaba a punto de decirle algo que no quería admitir.
Ella imaginó a un hombre, vestido de finos ropajes azules, rechazando su mirada porque tenía miedo a que ella supiera algo y mucho más miedo de saber él también, inseguro de que decir para calmarlos a ambos y temeroso de romper el silencio.
Pestañeó una vez y Darién, vestido con una camisa azul de manga larga y pantalón gris, volvió a ser lo único que ella veía, el otro hombre desapareciendo de su mente. Brevemente, ella pensó que era extraño que Darién vistiera tan casual, ese día ella había llegado temprano a su casa y no recordaba a Darién haber llegado de la escuela pese a que la preparatoria estaba más lejos que la secundaria ¿En qué momento llegó y se cambió del uniforme escolar a su ropa?
—¿Qué harias si la persona que amas no te corresponde? —Darién preguntó sin verla y ella perdió un poco de aire procesando esas palabras.
—¿Cómo?
—No debes encapricharte con una persona que no te ama ¿verdad? — él se volteó y la miró directo a los ojos, buscando una respuesta que afirmara lo que ya sabía —Pero si dejas a esa persona, si olvidas a esa persona, eso significaría que nunca la amaste y simplemente fue un capricho de un corazón débil que buscaba calmar su vacío con falsedades ¿verdad?
Serena no respondió, incapaz de procesar ninguna de las palabras de Darién. Tras unos segundos de silencio lo hizo y sintio su corazón congelarse. Para ella, era obvio que la estaba rechazando y llamando su amor débil.
Aunque...volvió a recorrer palabra por palabra y se forzó a sonreír: Ella no dejaría de amar a Darién tan fácilmente, ni siquiera la muerte pondría final a su amor, ella pensó mientras se alegraba con esa idea.
—Creo que aunque la persona que amas ame a otro, tu deber es estar ahí y ser un buen amigo en quien confiar. Eso es el verdadero amor —Serena dijo, su sonrisa tímida y cachetes rojos, pero su voz llena de la certeza que acompañaba sus sermones como Sailor Moon.
Darién se alejó de ella tanto como pudo en el sillón, y acepto la respuesta de Serena. Poco tiempo después, Nephrite los llamo a cenar y Darién, sin ninguna ayuda, se acomodó en su silla de ruedas y se dirigió hacia la cocina sin que nadie se atreviera a ofrecerle empujarlo.
Su ojo y sus pies seguían mal, Serena pensó mientras se sentaba a la mesa, en ese caso, ella tenía que apresurase a encontrar el Cristal de Plata y a la princesa, seguramente la princesa lo podía curar.
Nephrite, al notar que faltaban personas a la mesa, fue en búsqueda de Jadeite y Rey, dejando a Lita que terminara de servir la comida, y Darién mantuvo su silencio como si fuera oro que se le había ordenado cuidar, Serena también intentó proteger aquel valioso silencio que para ella era similar a la plata.
Pocos minutos después, Rey, Nephrite y Jadeite entraron por la puerta de la cocina, los tres mirando brevemente a Darién y únicamente Rey lanzó una sonrisa triunfal a su amiga que mostraba que algo había salido bien.
Durante toda la cena, Darién y Serena fueron los únicos que no participaron en la platica sobre el tema común de la película.
Nephrite las invitó a volver y aunque las tres dijeron que les gustaría, ninguna tenia la completa certeza de que volvería.
—Jadeite sabe que Serena es Sailor Moon y yo Mars. Hablamos un poco de Darién.
—Parece que lo único que hacemos últimamente es hablar de Darién.
—Yo quiero saber por qué fraternizaron con el enemigo a pesar de que acordamos que no.
—¿De que hablaste con Jadeite?
—Sí, ¿de que hablaron?
Rey lanzó una mirada sucia a Serena, entendiendo a la perfección su cara burlona. Mina parecía menos que feliz de ser ignorada pero aceptó su suerte con gracia. Lita y Amy, al otro lado de la mesita de te, se prepararon para el intercambio de insultos que solía acompañar esos rostros.
En lugar de gritar, Rey cruzó sus brazos y decidió contar lo ocurrido.
—Jadeite admitió saber las identidades de Sailor Moon y Mars, pero la de Mercury esta segura. El tonto creyó que era Lita pero cuando me rei supo que no...eso y ademas ofrecí a Jadeite entrenar a Darién.
—¡QUÉ!
Rey encogió sus hombros e ignoró las cuatro caras que la miraban con distintos grados de sorpresa. Incluso los gatos parecían sorprendidos por la nueva información.
—Darién tiene poderes psíquicos y ofrecí a Jadeite ayudarle a controlarlos.
—¿Los poderes que hicieron eso al edificio? —Amy preguntó, paradójicamente ella era la que tenía más dudas de cómo actuar respecto a los generales y Darién —No me parece buena idea ayudarle a volver hacer eso.
—No, esos poderes parecíán...no se como explicarlo, pero no son esos —Rey se apresuró a defenderse —. Es más bien psicometría. Toca cosas o personas y eso hace que vea cosas.
—No puedo creer que Jadeite te haya dado esa información —Artemis dijo, pensando en las distintas posibilidades en su cabeza.
—En realidad yo sospecho eso. Tengo la sensación de que es eso...solo confíen en mí.
—Yo confío en Rey —Serena casi grito, orgullosa de su amiga con poderes psíquicos que estaba a punto de ayudar a su próximamente-novio a manejar sus poderes.
Luna saltó al medio de la mesa, dando su espalda a Serena de forma deliberada, después observó hacía Amy y Mina, las únicas dos personas que no habían formado parte del plan loco de Serena de convivir con el enemigo.
—Dejando de lado a los generales, tenemos otro asunto por revisar: los cristales arcoiris. Mientras tres de ustedes perdían el tiempo viendo películas, el resto busco pistas sobre los posibles poseedores. Tenemos a varios sospechosos.
Amy saco varias imágenes de su mochila, algunas recortes de periódicos y otras fotografías con personas de diferentes edades.
Serena reconoció un rostro inmediatamente.
—¿Ese es Greg Urawa, el de nuestra escuela?
—Puede ver al futuro —Amy explicó y sonrió —Es una posibilidad de que lo sea. Sin embargo, Artemis cree que es mejor encontrar al resto primero y yo coincido con él.
Serena se preguntó brevemente si la razón por la que la calculativa Amy aceptaba dejar a Greg para después tenía que ver con sentimientos de romance o alguna estrategia que ella no podía ver. Prefería pensar que era por amor pero Artemis estaba involucrado...no. Definitivamente, Serena pensó, era por amor.
Otra de las fotos mostraba a Andrew, una a Molly sonriendo para la cámara y en un recorte estaba la imagen de un muchacho desconocido que había sido entrevistado después de sacar varios muñecos de un tragamonedas. Se apresuró a tomar el recorte, dispuesta a dejar a sus amigos hasta el final, y con increíble certeza, dijo que él sería la persona que investigarian primero.
Nephrite y Jadeite esperaron a su victima a pocas cuadras de la casa de él, ninguno de los dos dudando del cristal negro. Las estrellas le habían dicho a Nephrite que buscara algo llamado Cristal Arcoiris y lo guiaron a usar el cristal negro, apuntando a un muchacho de quizás veinte años famoso por saquear maquinitas de juguetes.
De acuerdo a lo que ellos sabian, las Sailor Scouts no podían saber ni del cristal negro o los cristales Arcoiris, así que tenían ventaja absoluta para encontrar el Cristal de Plata antes que ellas y más importante, que Malakite, quién seguramente seguía peinando Medio Oriente en búsqueda del poderoso objeto.
Jadeite le dió un codazo a Nephrite y señaló hacía el joven que caminaba hacia ellos cargando una bolsa llena de muñecos pequeños. Sin piedad, Nephrite alzó el cristal oscuro listo para tomar lo que fuera necesario.
La luz oscura beso al joven, rodeando al muchacho como un manto y este cayó de rodillas al suelo.
Para la sopresa de los generales, el muchacho comenzó una metamorfosis que era distinta a las de humano con sangre de Metallia en sus venas. Un humano normal era rodeado de luz oscura, y parecía más un truco de magia de intercambio de personas que una transformación. El muchacho, en cambio, comenzó a crecer en su piel humana, sus ojos saltando de sus cuencos y dientes perforando sus labios y una vez terminada la transformación, sus enorme ojos azules eran los de una bestia sin pensamiento racional.
Fue Jadeite el que se lanzó tras la pequeña piedra que había caido en el suelo mientras Nephrite evitaba un zarpazo del monstruo. Ambos se separaron y ocultaron detrás de cercas separadas y esperaron a que el youma tomara una elección de cual buscar primero.
—Las noches son para dormir en camas suaves y soñar con tu bello príncipe. Por gritar a estas horas de la noche, nosotras, las Sailor Scouts qué luchamos por el amor y la justicia, te castigaremos.
Sailor Moon y sus amigas posaron en medio de la calle, resplandeciendo a la luz de la luna como angeles de justicia y los dos hombres tuvieron que refugiarse más en sus escondites para evitar ser vistos. Ninguna de las chicas los encontró, pues su atención estaba en el youma.
—¡Fuego de Marte! — Mars gritó mientras lanzaba una llamarada de fuego al mismo tiempo que Venus lanzaba una cadena para retener al monstruo.
Mercury se había apresurado a sacar su mini laptop y leía a una distancia considerable de la batalla, Sailor Moon, a su lado, esperaba su momento de atacar con una tiara lunar, que era su ataque más letal y rápido. Jupiter, enfrente de ellas, estaba dispuesta a ser su escudo humano mientras la estrategia era formada.
—Ese youma no es como los demás —Mercury dijo, limpiando un poco de sudor de su nariz — De acuerdo a esto, es una especie de humano. Sus lecturas son similares a las del abuelo de Rey...
—¿Eso que significa?
—Que es un humano.
Mars, quién escuchó eso, dejó sus llamas morir y el youma, con increíble fuerza, rompió la cadena de Venus y se dió a la fuga. Las cinco se miraron una a otra antes de comenzar su persecución, ignorando por completo a los dos culpables sumergidos en las sombras. Ambos, al darse cuenta que estaban solos, salieron de sus escondites y Jadeite levanto su mano para mostrar el cristal en su mano, su enorme sonrisa clara a la luz de la ventana de la casa.
Arriba de ellos, una sombra saltó por los techos, y ambos vieron una familiar silueta yendo en dirección de las scouts. A ninguno le importó mucho y se fueron del lugar sin preocuparse mucho.
Nunca había escuchado de los Cristales Arcoiris, pero en su nuevo sueño, ella se los había pedido y él, fielmente, iba a buscarlos por ella. Su mente, aún así, estaba en caos, ignorante de por qué las scouts habían dejado escapar a los generales para seguir a un youma.
Odiaba llegar tarde a las peleas por eso.
Dió un salto hacia un poste de luz y después hacia el techo de una casa. En cuanto cayó sobre las tejas, soltó un pequeño quejido de dolor y recordó que la razón de su tardanza era que sus pies, por algún motivo, dolían cada vez que los movía. Además, su ojo izquierdo picaba y lo invadía una sensación de cansancio que era más difícill de mantener lejos conforme el tiempo se extendía.
Aún así, tenía que ayudar a Sailor Moon y a las demás. El cristal, el pasado y sus respuestas, tenían que esperar, por eso y aunque sintiera miles de agujas pinchar sus pies a cada paso, continuó rumbo a ellas, incapaz de dejarlas solas.
Cuando llego a la zona de batalla, ellas estaban festejando, como las buenas amigas que eran, y él se recargó detrás de un árbol de una linda casa de dos pisos y se dejó caer al césped mojado por el rocío de la noche.
Intentó ponerse de pie, pero en cuanto su talón se apoyó en el piso, soltó un grito de dolor que fue escuchado por las scouts, y decidió que antes de que Mercury sacará su visor, era mejor revelarse asi mismo.
Una nueva scout vestida de naranja, Venus, su subconsciente susurró, le lanzó una mirada a él y después a la casa, señalando a dos personas que miraban curiosas desde el balcón. Entendiendo el mensaje, y a como pudo, saltó hacia el techo de la casa de enfrente y brinco lejos de los ojos curiosos de las personas normales.
Una vez a salvo, e incapaz de soportar el dolor cegante de sus pies, se sentó en el borde del techo de una casa abandonada y se quitó sus zapatos negros para inspeccionar sus pies, ni siquiera le importó que sus zapatos cayeran a la tierra a varios metros de él y mucho menos le interesó voltear a ver a las cinco chicas que lo habían seguido.
Sailor Moon, la más amable de ellos, se acercó hacia él cuidando de no asustarlo, como si temiera que él fuera a escapar con un paso en falso.
—¿Estás bien?
Él se detuvo antes de poderse quitar el calcetín negro de su pie derecho, en su cabeza repitiéndose la pregunta en un bucle maquiavélico. No estaba bien pero eso jamás lo confesaría, tal vez si cerraba sus ojos con suficiente fuerza podría ignorar la cantidad de verdades que amenazaban con destruir lo poco que le quedaba de cordura.
—¿Tuxedo Mask? ¿Qué te pasó?
Se tensó ante esa pregunta y quiso llorar al recordar una voz que había hablado de angeles sin alas, de aquella mano que era horrorosamente amable en su piel y luego estaba aquella mesa fría donde lo habían amarrado por horas mientras el doctor trabaja en sus pies y él era incapaz de defenderse.
—Nada. Nada me pasó.
Era cierto, si se lo decía toda la noche y por el resto de su vida, no tendría que afrontar lo que le habían hecho. Lo que él había hecho. Solo era cuestión de creerlo con suficiente fuerza y no habría ningún problema pese a que Sailor Moon tuviera aquella mirada de niña asustada que él se reusaba a ver.
—¿Estas seguro?
—Sí, Sailor Moon.
—Tuxedo Mask, con todo respeto, estás llorando de dolor. No estás bien —Jupiter intervinó y él decidió que era suficiente humillación por un día e intentó saltar hacia el suelo, pero Sailor Moon lo sostuvo de un brazo y Mars lo siento del traje, logrando hacer que tendiera en el borde del techo. Jupiter se acercó a ellas y a él antes de continuar hablando — Estás herido, acepta nuestra ayuda y deja de ser un niño.
Él respiró profundo, y ya una vez que lo consiguieron subir al techo, dió una sonrisa que esperaba pudiera convencerlas de dejarlo en paz.
Sailor Moon lo miró con ojos tristes, su rostro que antes era el de una adolescente que seguía acariciando la tierna infancia, era más maduro, casi adulto. Incluso, su cuerpo con ligeras curvas que lo habían hecho pensar en niñas de secundaria, estaba más desarrollado y la ponía en una edad menor que veinte y mayor de dieciséis. Había crecido tanto en tan pocas semanas y él no se había dado cuenta.
Ante la mirada escrudiñadora de él, ella comenzó a tomar un tono rosado y él sonrió honestamente al ver su nerviosismo. Ella siempre, por algún motivo, parecía tener ojos de corazón al verlo. Eso elevaba su ego pese a que él tenía una princesa de sueños que lo esperaba.
"¿Lo hace?
—¿Tuxedo Mask? ¿Tengo algo en la cara?
—Has cambiado, Sailor Moon.
Él en cambio, seguía siendo el mismo de siempre. Solo era cuestión de tiempo para serle innecesario a la heroína de carne y hueso, entonces solo tendría a su princesa sin nombre o cara que habitaba sus sueños como un triste fantasma.
Ella sonrió, sin rasgos de timidez finalmente y él tragó saliva al darse cuenta que también los ojos de ella habían cambiado. Ya no lo miraban como antes.
—¿Estás enamorada? — si era una pregunta o una observación él no lo supo. Ni siquiera espero su respuesta pues aquella amable cara no ocultaba nada. Dolía.
Saber que Sailor Moon amaba a otro fue incluso más doloroso que las miles de espinas que parecían castigarlo al caminar, por eso se puso de pie y saltó lejos de ellas, siendo guiado por su memoria a un departamento vacío en donde podría calmar su dolor.
¿Por qué? ¿Por qué nunca sería amado?
Incapaz de soportar más, se durmió en el piso desnudo de la sala, soñando con una bella princesa que se alejaba de él y que jamás podría alcanzar.
