Capitulo 26
Muchas personas consideraban a Liar un hombre bien portado, un buen trabajador y una bastantepersona normal. Por eso, a veces, él se sorprendía que información que se le debía de dar le era negada y su humor estaba disminuyendo conforme pasaban los días.
Solo unos días atrás, él había visto de nuevo a Darién Chiba visitando el hospital. Ambos ojos intactos sin muestra de alguna cicatriz o problemas en la vista. Eso era imposibe, más que un milagro médico, era una aberración de la naturaleza, o eso era lo que Liar pensaba pero nunca podia decir porque las pruebas estaban resguardadas bajo llave.
Necesitaba algo para acabar con el muchacho antes de que arruinara más las cosas. Estaba pensando en qué hacer al respecto cuando un hombre de largo cabello gris se sentó en la misma mesa que él.
—¿Puedo ayudarle en algo? —Liar preguntó con fingida cortesía.
—De hecho, yo soy el que planea ayudarle — el hombre sonrió y extendió un pequeño frasco con una sustancia rojiza dentro — Le ofresco poder.
—¿Poder? —Liar preguntó, sintiendo sus manos temblar de emoción ante la posibilidad de hacerse de aquella pequeña botella, llamado por una energía que era tanto una voz en el viento como electricidad sobre su piel. Con esa cosa podría conseguir lo que quería, de eso él estaba seguro.
—Sí. Poder — el hombre de cabello gris contestó y después miró hacia un grupo de muchachas que discutía fuera del restaurante, sus ojos enfocados en una joven de trenzas que sonreía burlona ante las lágrimas de otra de las muchachas — Me disculpa, soy un hombre que debe ayudar a muchos, y alguien necesita mi ayuda justo ahora.
En cuanto el hombre se fue, Liar agarró el pequeño frasco, escuchando algo susurrar en su oído justo lo que él quería escuchar.
—¿Cumples años en diciembre?
—Sí. El veintiuno.
—¿En serio? Pareces más un leo que un sagitario.
Darién rodó sus ojos y continuó hechando tierra a las plantas del jardín. Serena lo observaba desde su lado de la cerca, apoyando sus codos en el barandal mientras lo veía trabajar, y sentado a las afueras de la casa, Jadeite leia el periódico para ver el estado del mercado.
—¿Vas a ayudar a la señorita Peggy para su obra de arte? A mí me invitó a modelar también, voy a ir el proximo fin de semana. Por si quieres ir.
—Hablas mucho —Darién dijo mientras sacaba hojas secas de las ramas de sus plantas. Atender un jardín era más laborioso que regar helechos, pero aún así lo disfrutaba enormemente.
—Ugh, estoy haciéndote compañia. Deberías apreciar mi encantadora precencia — ella dijo tras hacer un puchero con sus labios.
—No necesito compañía. Prefiero estar solo — él mintió, incapaz de admitir que sí disfrutaba la presencia de Serena ahí, la mentira había salido de sus labios sin intentarlo.
—Sí...claro —Serena contestó sarcásticamente, depues, al pensar un poco, decidió cambiar el tema de conversación — ¿Cómo te está yendo en la escuela?
Darién apretó el mango de la pequeña pala para jardín, mordió su labio y fingió que no había escuchado la pregunta. Desde que había salido del hospital, no había ido ni siquiera un solo día a la escuela. Era la única cosa buena tras todo el fiasco del secuestro.
Serena volvió a repetir la pregunta, su voz más alta y menos feliz. Él la volvió a ignorar. Ella volvió a intentar de nuevo, esta vez casi gritando y consiguiendo llamar la atención de Jadeite, quien les lanzó una mirada sucia a los adolescentes antes de volver a su periódico, dispuesto a ignorarlos al menos que una emergencia se presentará.
—Bien. Me está yendo de maravilla — Darién dijo sin alzar su vista de la tierra, incapaz de mentirle directamente a los ojos.
—Vaya. Eso es genial, me gustaría ser tan inteligente como tú, apuesto que entiendes todo en el salón de clases y tienes muchos amigos porque eres muy agradable.
Ninguna de esas palabras sonaba falsas, todas tenían el rastro de ser dichas nacidas de genuina admiración y Darién, avergonzado de siquiera alzar su vista para verla, comenzó a jugar con la tierra muerta para distraerse.
Sí, era inteligente. Muchas personas habían elogiado su cerebro, sonriendo falsamente mientras le decían que quizá era un genio, pero eso no negaba la realidad de que él era una persona antipática a la que se solía perdonar sus ofensas por creerle alguien importante, y alguna veces, si Nephrite estaba en lo correcto, las personas eran amables con Darién porque los poderes de él eran capaces de manipular emociones.
Una idea comenzó a surgir en la cabeza de Darién: él estaba manipulando a Serena.
Por supuesto, no existía otro motivo para que ella decidiera de un día para otro tratarlo como un buen amigo y prácticamente jurarle amistad eterna cuando él estaba en el hospital. No existía ninguna razón lógica para que ella desperdiciará su tiempo con alguien incapaz de caminar y con problemas de memoria.
Ella, por supuesto, era ignorante de sus problemas de memoria, pero el día que los descubriera, él estaba seguro de que ella lo vería como una carga que ya no merecía más su amistad.
—¿Darién? ¿Estás bien?
—Aja.
Darién tragó saliva, sus ojos fijos en las hojas verdes de la pequeña planta de jardín y se dispuso a buscar con una mano su silla de ruedas. Necesitaba alejarse de Serena porque tenía miedo a que él la estuviera controlando o peor, que ella descubriera que tanto su cuerpo como su alma estaban rotos.
Serena lo miró partir sin decirle palabra alguna.
—Recuerda que hoy en la tarde debemos ir al templo —Jadeite dijo cuando Darién cruzó a su lado y Darién lo ignoró.
Mina Aino observó el informe de la Dra. Tristán, intentando descubrir quien era ella para el Milenio de Plata. Las manos de la doctora estaban por todos lados en el expediente de Chiba, desde la primera operación que Chiba tuvo en el hospital al misterioso fondo jugoso de dinero que se le había otorgado a Chiba en su decimo sexto cumpleaños.
Los fondos provenían de personas que como Mina eran reencarnación del Milenio de Plata, así que Tristán tenía que haber sido alguien importante y con suficiente capacidad para recordar a Endymion.
—Es impossible. Si Endymion reencarnó hace diesciocho años entonces es imposible que ella viera el parecido entre un adulto y un bebé ¡Agh! —Mina se tumbó en su cama y observó al techo, su cabello dorado esparcido a su alrededor — ¿Entonces por qué lo ayudó? ¿Quién es ella? ¿Es una colaboradora de Endymion? ¿Es una treta urgada por Endymion para forjar el supuesto pasado de Chiba?
—Mina, estás pensando demasiado.
—No, no lo estoy haciendo. Hay muchas cosas que se me escapan...sería más sencillo si los datos de Chiba no estuvieran sobre todo el lugar.
—No entiendo qué quieres decir...
Mina lanzó una mirada desesperada a Artemis, incapaz de lograr formar una idea clara sobre la situación.
—Ni siquiera se si debo permitir el romance entre Endymion y Sailor Moon — Mina tapo sus ojos con su brazo, como si con ello pudiera ocultarse de la realidad del mundo — No sé qué hacer.
—No estamos seguros de que Chiba sea Endymion —Artemis intentó reconfortarla —Ni que Sailor Moon sea Serenity. Estas pensando sobre demasiado supuestos y eso te quita claridad para pensar. Es necesario tener evidencia concreta y de ahí proceder.
Mina reflexionó las palabras de Artemis, su cabeza revoloteando con todos los quizás que se presentaban con el escenario, pero incluso la sabiduría de su compañero era incapaz de quitarle el peso en su corazón.
Poco tiempo tuvo para acomodar sus pensamientos, pues el comunicador comenzó a sonar, vibrando en el tocador lejos del alcance de Mina. A veces la vida podía ser muy complicada.
Sailor Moon bostezó en cuanto el youma se convirtió en una pila de cenizas. Su preciosa hora de la siesta había sido arruinada una vez más. Mercury y Jupiter, las únicas otras dos scouts que estaban presentes, tampoco parecían felices tras la victoria.
—¿Por esto deje de cocinar? —Jupiter señaló al montón de cenizas que yacían en la tierra del pequeño parque vacío —Ni siquiera era una emergencia.
—Es mejor así —Mercury se apresuró a decir, aunque su rostro seguía teniendo marcas de decepcion por estar ahí —. La prevención es también importante para mantener a la población a salvó.
Las tres chicas vieron de nuevo a su alrededor, confirmando que el lugar estaba completamente vacío y su desesperación volvió a crecer. Sus vidas estaban aún dominadas por el Negaverso y sus monstruos.
La única esperanza que tenían era que la princesa apareciera y eliminará a los monstruos con el dichoso Cristal de Plata, y así todas podrían recobrar su vida normal. En ese futuro, no iban a estar arriesgando sus cuerpos constantemente ni tendrían que dejar de hacer cosas que querían porque la obligación de derrotar a un youma era siempre prioridad.
—¡Chicas! ¿Esta todo bien?
Las tres scouts miraron en dirección de sus otras dos compañeras, quienes hicieron su aparición sin el circo que hubieran hecho de haber estado el youma presente.
—Ya acabamos con la youma. Mars, vives a solo diez minutos de aqui ¿Por qué tardaste tanto? —Jupiter inquirió, su voz logrando transmitir suficiente antagonismo para conseguir que Mars cruzará los brazos y se negara a contestar.
—Debe tener un buen motivo —Mercury defendió a su compañera inmediatamente y la miró con un poco de curiosidad en espera de una explicación.
Un foco en la cabeza de Sailor Moon se prendió en ese momento, iluminando su revelación con la luz de los celos.
—¡Estabas con Darién! ¡En esas "clases"! —Sailor Moon acusó.
—¿Llegaste tarde por estar besando a un chico? —Jupiter saltó a acusar rápidamente.
—¿Qué? — Mars dijo alzando una ceja fina, retando a que volvieran a repetir aquellas acusaciones contra ella.
—¡Sabes que me gusta y lo besaste! —Sailor Moon lloró, saltando a conclusiones que únicamente tenían de fundamento sus celos.
—Para estar aqui deje que se arruinara un platillo que costaba un cuarto de la renta de mi departamento y tú estás besando chicos...no puedo creerlo.
Mercury miró suplicante hacia Venus, implorando que detuviera la pelea entre las tres amigas rápidamente, pero la scout vestida de naranja tenía la apariencia de alguien a punto de estallar. Mercury, amenazada por el aura de sus compañeras, comenzó a retroceder.
Aún sometida a las injustas acusaciones, Mars estaba brillando roja por la indignación y, al ser ella aún una niña en el corazón y un cuerpo lleno de hormonas bajo la forma de scout, hizo algo que nunca antes había hecho: empujó a Jupiter con fuerza y, gracias a lo abrupto del movimiento, la scout solamente se dió cuenta cuando ya estaba en el suelo.
Sailor Moon se apresuró a dar su mano a Jupiter, pero fue rechazada con una bofetada y Sailor Moon llevó su mano herida a su pecho, incapaz de comprender por qué Jupiter estaba molesta con ella.
—Jupiter. No lo hagas —Venus amenazó, su voz firme como la de un comandante.
—¡Cállate doble cara! —Jupiter escupió las palabras en cuanto se incorporó. Aún así no fue contra Venus sino contra Mars, y en pocos segundos las dos estaban una enfrente de la otra, listas para pelear a golpes.
Sailor Moon comenzó a sentir miedo al verlas tan cerca una de la otra y comenzó a llorar. Quería ayuda para detener el caos a su alrededor.
—Llorar no resuelve nada, Moon. Por favor, solo una vez déjame pensar en paz.
—¿Venus?
—Para empezar esto no hubiera pasado si no hubieras estado pensando en ese estúpido chico — La última palabra fue dicha con tanto rencor que Sailor Moon palideció del miedo, su corazón saltando fuertemente en su pecho —Te prohíbo verlo, no quiero que vuelvas a tener contacto con él nunca más.
Sailor Moon dejó las lágrimas en sus ojos caer justo en el momento que Jupiter dió un puñetazo a Mars.
Nephrite observó a la parte trasera del carro una vez más, cerciorándose de que Darién estaba bien. Prácticamente en el momento que Jadeite lo había subido al carro, el joven muchacho había empezado a sudar.
La primera impresión de Nephrite había sido que Darién se sentía humillado por tener que ser cargado por las escaleras, pero mientras más caras hacia Darién más se empezaba a preguntar si sería necesario ir de nuevo al doctor.
—Vira a la izquierda — Darién dijo con certeza pese a que sus ojos estaban brincando de una lado a otro —¡Hazlo!
—¿Qué ocurre?
—¡Vira a la izquierda ahora!
Nephrite continuó en línea recta, demasiado orgulloso para obedecer instrucciones que le parecían provenir de un niño malcriado. Darién comenzó a acariciar una mano con la otra y su respiración se volvió cortada.
Nephrite hizo una parada de alto, espero a que tres carros cruzarán y aprovecho la oportunidad para pensar en alguna clínica cercana para llevar al niño a revisión.
—Jadeite... llévame a allá. A la izquierda —Darién ordenó, su mano abriendo la puerta trasera en ese momento —¡Llévame!
Nephrite ni siquiera tuvo tiempo para reírse de la absurda idea de Darién, pues Jadeite se apresuró a complacer las exigencias de Darién y en cuatro segundos bajo del carro, tomo a Darién en sus brazos y fue en la dirección que se le ordenó.
Nephrite estacionó su carro, cerró las puertas que los otros dos hombres habían dejado abiertas y juro que iba a darle una paliza a Jadeite en cuanto lo viera de nuevo.
Los persiguió por tres cuadras hasta llegar a un parque comunitario que olía a gas. Darién y Jadeite estaban anonandos viendo frente a ellos, ignorando que Nephrite estaba detrás de ellos.
—Jadeite, deja al niño en el suelo.
Jadeite saltó un poco en su sitio pero al ver que Nephrite no estaba jugando, delicadedamente dejó a Darién en el césped y se volteó hacia el otro general.
En menos de un segundo, Jadeite impacto contra un árbol tras ser empujado por la energía de Nephrite . Simultáneamente, una persona voló por encima de las cabezas de los hombres, cayendo al suelo como una muñeca roja.
Mars se levantó del piso y limpió la tierra de su cara, tenía una sonrisa cruel en su rostro y sus ojos parecían brillar de una forma inhumana.
—¡Júpiter! ¡No! — Mercury abrazó el brazo de la scout de Júpiter para evitar que realizará un ataque contra ellas — Mira, hay civiles, por favor detente.
—¡Esos son los generales! ¡Ahorá quítate de encima!
—¿Qué está pasando aquí? — Nephrite gritó con fuerza, sintiendo ira por toda la situación. Una vez más Darién arruinó todo yendo directo al problema, esta vez justo en el centro de alguna rencilla entre las scouts.
—¿Por qué trajiste a ese aquí? — Venus recriminó a Nephrite, su cabeza señalando a Darién, quien estaba demasiado ocupado viendo a Sailor Moon intentar evitar que Mars buscara venganza contra Júpiter —Ese estupido mentiroso solo cuasa problemas y no es requerido aquí.
—¡Venus! — Mercury estaba al borde de las lágrimas, aún incapaz de lograr detener los intentos de Júpiter de seguir atacando a Mars — Ya chicas, por favor, todas comportense.
—¿Estás hablando de Darién, Venus? — Nephrite inquirió irritado. La única persona que tenía derecho a quejarse del muchacho de cabello negro era Nephrite.
—¡Sería mejor si estuviera muerto! —Sailor Venus ignoró a Nephrite y corrió hacia Darién, sujetandolo por la camisa — ¿Por qué sigues vivo? ¿Por qué naciste? ¡Todo es tu culpa!
Darien abrió sus ojos tanto como pudo y tragó saliva, y como un niño que no sabe qué hacer, perdido en el caos, buscó ayuda a su alrededor. Fue Jadeite el que corrió a su rescate, tomando la mano de Venus y retandola de frente, aunque ella era capaz de destruirlo, él no iba a dejar el miedo detener su primer impulso de ayudar a Darién.
Sailor Moon agitó su cabeza de un lado a otro, aún llorando mientras abrazaba a Mars. Para su buena suerte, Mars logró recobrar un poco de cordura al darse cuenta que la situación había escapado demasiado.
—Estamos siendo influidas por un youma — Mars logró decir entre dientes, después su furia volvió mientras miraba a Jadeite — ¡Te ofrecí mi ayuda y así me pagas!
—No somos nosotros — Jadeite se defenfio con más calma — Pero si quieres pelea..
—¿Jadeite? — Darién alzó su voz por primera vez tras haber llegado ahí, sus labios temblando un poco al ver la cara del general rubio.
Tal si la voz de Darién fuera agua, el fuego dentro de Jadeite pareció averse esfumado y eso recordó a Nephrite que la causa de todo ese desastre era que Jadeite obedecía ciegamente a Darién a un punto obsesivo. Eso lo hacía desear volver a golpear a Jadeite y dejarle claro quien era el que mandaba entre todos.
—¿Un youma? —Mercury decidió volver la conversación a un punto productivo. Tanto ella como Sailor Moon mostraban un enorme alivio de saber que la causa de su rencilla tenía un origen externo — Lo voy a buscar con mi mini laptop ¿Jupiter?
—Entiendo. Entiendo. Dios...¡que tonta soy! Agh..
Nephrite sintió un poco de lástima por la scout. Sin embargo, había algo que le preocupaba mucho más de la situación. No existía ningún youma en Juban con tanto poder de manipulación, la persona culpable de todo el caos solamente podía ser una: Malakite.
Y si Malakite o Zoicite estaban cerca del lugar, de nuevo recordarían a Darién y podrían ir tras a él. Pero por supuesto, al niño qué le importaba ponerse en la mira de youmas o criminales cuando era Nephrite quien tenía que lidiar con limpiar el desastre y pasar noches en vela para asegurarse que Darien no muriera a causa de una fiebre.
—Lo encontré —Mercury dijo y señaló a un punto en la distancia —. Esta justo arriba de ese árbol, pero su lectura no es como la de un youma normal. Es más bien como el youma que enfrentamos la última vez. El que era humano.
—¿Amigo suyo? — Mars preguntó a los generales, sus manos casi danzando con el deseo de lanzar fuego.
—De Malakite — Jadeite contestó por Nephrite.
—Muy bien, todas, es momento de vencer al youma.
En poco tiempo y sin ayuda de los generales, las scouts habían logrado purificar a una niña con trenzas. Aún asi, ninguna estaba feliz de saber que los nuevos enemigos eran verdaderos humanos. Eso complicaba todo.
A pesar de que el youma que las había hecho enfrentarse una a otra había sido purificado, la semilla de la discordia había sido plantada y Rey ya no quería hablar con ellas ni Serena quería hablar con Mina.
Lo que Mina le dijo a Darién parecía haberlo desanimado mucho y después del enfrentamiento, el muchacho había adquirido esa mirada triste que parecía consumir la felicidad del mundo entero.
Serena se acostó en su cama, pensando en los eventos de justo una semana atrás. Ella quería que las cosas volvieran a ser como el día que habían ido a ver películas a la casa de Darién y todos habían tenido un buen rato. El problema, es que todas llevaban siete días sin quererse hablar una a la otra.
—Luna, ¿qué debo hacer?
—Intenta disculparte con Rey de nuevo. Después de todo fuiste muy grosera con ella.
—Rey es grosera conmigo todo el tiempo y nunca me pide disculpas — Serena cruzó sus brazos, pero al ver la cara juzgadora de Luna decidió no seguir aquella línea de pensamiento — Ya me disculpé. Pero Rey simplemente no quiere nuestras disculpas. Ya sé, quizá sí le llevo un pastel va a aceptar mis disculpas.
—Sí. Me parece una buena idea.
Las clases de Rey eran solamente ejercicios de respiración y únicamente una vez ella lo había hecho intentar usar sus poderes, dándole un libro y después exigiéndole que le dijera algo del pasado del objeto. No había funcionado pero tras el intento, Darién había acabado con una pequeña jaqueca.
—¿Siempre te causa dolor de cabeza usar tus poderes? — Rey preguntó mientras acomodaba un trapo caliente en la cabeza de Darién.
La primera impresión que Darién había tenido de Rey era algo sencilla: la sacerdotisa era una niña común que se interesaba en divertirse e ir de compras. Eso era algo común, agradable en su simplicidad, pero tras dos clases con ellas descubrió que la joven tenía un temperamento mayor que Nephrite y también un lado suave que la guiaba a ayudar a las personas sufriendo como él.
—¡TIse hice una pregunta
—Sí. A veces me causan un poco de dolor. Pero nada grave...¿es normal?
—No, realmente no. Creo que te ocurre porque los has intentado suprimir mucho tiempo.
Darién aceptó la explicación. Era reconfortante saber que no estaba loco, más si consideraba que el día anterior había tenido que ir con una psicóloga que lo había mirado como si él fuera un espécimen de laboratorio.
Él no sabía cómo Jadeite le había conseguido una tutora paranormal pero le estaba muy agradecido. No podía esperar a aprender a usar sus poderes y hacer cosas increíbles como Nephrite, Jadeite o Sailor Moon. Entonces dejaría de ser una carga para todos.
"¿Por qué no moriste? ¿por qué naciste?
Darién cerró los ojos, intentando olvidar las palabras de Venus. Todas las noches de la última semana, aquellas oraciones habían sido la canción de cuna con la que dormía y el despertador amargo con el que despertaba.
Racionalmente sabía que no tenía que dejarse impactar por lo que Venus había dicho influenciada por un youma, pero su mente era incapaz de detener las reacciones de su cuerpo de vergüenza o tristeza. Incluso había hecho lo posible para no hablar con Serena.
Una parte de él temía que ella fuera a repetir las palabras de Venus y otra, aún no podía olvidar el enorme hecho de que él la estaba manipulando con sus poderes. Vio a Rey abrir un libro de su escuela e intentó preguntarle.
—¿Rey? — "estoy manipulando a Serena para que me quiera", Darién cerró su boca antes de poder siquiera avanzar una sílaba, pero la sacerdotisa lo miró esperando a que él preguntará algo y él intentó continuar — ¿Serena...?
—Serena y yo ya no somos amigas.
Darién se sentó tan rápido como pudo, sus ojos enormes ante las palabras de Rey. Era como si le hubieran quitado algo que quería y estaba demasiado sorprendido para gritar que lo quería de vuelta.
—Pero ustedes eran muy buenas amigas. Tenían una amistad tan bella como la primavera.
—No era tan profunda — Rey dijo, una de sus cejas alzadas ante las palabras poéticas de Darién.
Si la amistad de Rey y Serena había llegado a su final, Darién no estaba seguro de qué pensar. Él no tenía amigos cercanos, únicamente Serena e incluso con ella, la amistad era algo sin grosor que podía ser roto con una brisa. Quizá ya él la había destrozado con su silencio.
O peor aún, él había hecho algo para lastimar la amistad de Rey y Serena. Sí, era su culpa tal como Venus lo había dicho y todos estarían mejor si él no hubiera nacido. En unos segundos, dejó el presente y vio hacia el pasado, en esa cama había llorado una mujer de cabello negro, sus ojos violetas buscando en la puerta que él apareciera. Ella lo amaba con todo su corazón y se alistaba todos los días pero él no llegó.
—Respira Darién — Rey le ordenó, su voz atravesando filosa el mar de recuerdos ajenos — Calma.
Darién parpadeó y miró hacia todos los lados de la habitación, buscando rastros de que estaba en el presente en lugar de aquel pasado.
—Ya veo, cuando estás en situaciones de estrés tus poderes se pueden volver caóticos. Es normal.
—¿Tu también ves cosas del pasado?
—Un poco. Sí. Pero mis poderes son mejores para la predicción y es más difícil para mí ver cosas del pasado, menos si no lo intentó.
—¿Estabas llorando?
—¡Es tu culpa, tonto! — al ver que Darién mostraba de nuevo signos de estrés y tristeza, Rey decidió enmendar — Tus poderes son muy buenos para conducir emociones, y mis poderes son muy grandes. Ví lo que viste.
Darién desvió la mirada avergonzado. Él era la persona adulta en la habitación y Rey aún así se veía forzada a tener que mimarlo como a un niño asustadizo que acaba de descubrir el miedo a caer.
—Lo siento.
—No hay problema. Vuelve a acostarte y ya la próxima semana continuamos con el programa.
Rey salió de la habitación y cerró la puerta, aún intentando recuperarse del corazón roto de aquella mujer que había aparecido en sus visiones. Darien, en cambio, reflexiono en silencio: Era cierto que su princesa no lo amaba, pero los sentimientos de la mujer que había llorado por su amado, esos sentimientos eran más desgarradores porque eran también un llanto por el pasado que se deseaba recuperar y la constante esperanza aniquilada todos los días por la soledad.
Tal vez, él reflexionó, su princesa no lo amaba porque él no la había amado como debía.
Serena entregó el pequeño pastel a Rey, esperando a que la perdonará esta vez. La sacerdotisa observó el pastel glaciado de chocolate y lambió sus labios.
—Lo siento Rey. Perdón por acusarte de besar a Darién.
—Bueno. Supongo que como de verdad lo sientes mucho, todo está bien — Rey contestó y sujetó el pastel, sonriendo al ver que era de su marca favorita — Ven, vamos a mi cuarto para comer un poco de pastel.
—¡Rey! ¿Vas a compartir conmigo también? ¡Eres increíble!
—Lo sé — Rey contestó feliz, después de dar varios pasos en dirección de su cuarto, paró en seco — Agh, deje a Darién en el cuarto de huéspedes.
Los ojos de Serena brillaron al escuchar el nombre de su amado y rápidamente le dijo a Rey que era mejor si los tres comían juntos el delicioso pastel de chocolate juntos, pero Rey negó con la cabeza.
—Ahora mismo, está demasiado débil. Aún le falta mucho por aprender. Si lo ves así, podrías lastimar más su orgullo.
—¿Crees que es por lo que Venus le dijo?
—Sí — Rey contestó y volteó a mirar a Serena de pies a cabeza — Yo ya te perdone así que mejor deja de estar molesta con Mina...no es como si ella te hubiera hecho algo malo a ti.
— Es cierto. Con el que debe disculparse es con Darién.
Serena guardó silencio por unos segundos y decidió que era buen momento de preguntar si Lita y Rey habían hecho las pases ya.
—Lita se disculpo conmigo ya —Rey dijo, alzando un hombro como si le fuera de poca importancia el asunto — Aún sigo molesta con ella pero todas fuimos controladad por la youma y si no trabajamos en equipo las cosas se podrían poner muy mal para todas nosotras.
Los ojos de Rey, rojizos por haber llorado, parecían estar pensando en algo lejano, en un pasado anterior a conocer a las chicas y Serena se preguntó qué era lo que había cambiado en Rey de un día para otro.
Sospechando la causa, su vista cayó en dirección del cuarto de huespedes pero lo único que vio fue la pared de madera y Serena decidió olvidar todos el asunto.
