Capitulo 27

Serena acomodó el cojín en el que estaba sentada e hizo su mejor intento para no voltear ver a Darién sentado a un lado de ella, luciendo como alguien que definitivamente no estaba disfrutando estar ahí. Peggy, la pintora, parecía feliz de no mencionar el estado de humor de su modelo masculino.

Nephrite, Jadeite y el padre de Serena estaban hablando en el patio, posiblemente de algo aburrido como política o el mercado de valores.

—Muy bien. Listo — Peggy dijo sonriendo y después mostró a los dos jóvenes una hermosa pintura con colores pasteles en donde una muchacha de cabello rubio daba un objeto dorado a un joven de cabello negro.

Serena sintió un poco de sangre irse de su cabeza: el objeto en forma de estrella en la pintura era igual al guardapelo de Darién.

Con tantas cosas ocurriendo, había olvidado completamente darselo de vuelta. Darién también pareció reconocer el objeto y sus ojos brillaron con curiosidad por primera vez en dos semanas.

—Esta es una joven que regala una sortija a su amado como prueba de su amor eterno — Peggy dijo con orgullo, feliz de expresar con su arte lo que ella había soñado — Sin embargo, es más triste que la idea de mi cabeza, Darién, ¿podrías sonreír un poco? Lo voy a volver a intentar.

Darién no hizo esfuerzo alguno para sonreír y Serena suspiro de la descepcion. Seguía sin sonreír su amado y ella era incapaz de conseguir que él recuperará su hermoso brillo.

Aún así, ella no quería culpar a Mina, por eso se forzó a continuar modelando.

Tras otra hora y media de posar para Peggy, el padre de Serena y los generales entraron para llevárselos a casa. Mientras Nephrite acomodaba la silla de Darién cercas de él, Serena arregló las cosas en su mochila y casi soltó un grito al notar que las gemas de el cetro lunar estaban brillando. Eso significaba que habia conseguido encontrar otro cristal arcoiris. Sus ojos vieron una vez a Darién y de nuevo al cetro lunar.

Estaba a un paso más de encontrar a la princesa lunar y despues, la princesa curaría a Darién.

—¿Darién, estás bien?

Serena vio hacia Darién, sentado ya en su silla de ruedas, parecía más frágil que cuando estaba en el sillón, sin embargo, la cuasa de que Jadeite le hubiera llamado la atención era un cuadro de pintura a medio terminar colocado en el piso. Los colores eran mucho más opacos que de las otras pinturas, pero la pareja plasmada era familiar a un modo que solamente su propio reflejo podía ser.

En la pintura, un hombre con una mezcla de uniforme militar del siglo XIX y medieval, estaba abrazando a una mujer con un vestido blanco sin tirantes. El rostro de la mujer estaba cubierto por cabello dorado que caía sobre su cara dormida, dándole la apariencia de una mujer que simplemente está acostada al lado de su amado. El hombre también "dormía", sus ojos cerrados incapaces de ver las figuras de monstruos que lo enmarcaban a él o a la princesa.

Serena buscó los ojos de Darién, buscando asegurarse de que podía ver sus irises azules y las pupilas dilatadas, muestras indudables de que seguía vivo a diferencia del retrato de pintura.

—Creí que está era la segunda vez que Darién modelaba para usted —Jadeite dijo antes de que Peggy volviera a cubrir la pintura bajo una tela blanca.

—Sí. Lo es — ella contestó un poco nerviosa, pero completamente ignorante de que Jadeite la estaba amenazando. El padre de Serena si entendió la indirecta pero fue incapaz de desviar la atención de Jadeite a tiempo.

—¿Qué era esa pintura?

— Es algo que pinte cuando tenía quince años — Peggy dijo, terminando de cubrir la pintura — Pero no me gusta, es muy triste.

—Es morbida —Darién intervinó — ¿Es una alegoría a que el amor entre los jóvenes está destinado a morir? Los pintas como amantes compartiendo lecho apaciblemente cuando en realidad son cadáveres sin vida esperando a pudrirse... Eso es repulsivo.

—Yo...yo...Esa no fue mi intención.

—Suficiente —Nephrite, que acababa de entrar a la habitación, detuvo a los dos hombres— Darién, Jed, ¿por qué están molestando a la señorita Peggy?

—¿No viste el cuadro de pintura? — Jadeite dijo y dió un paso hacia la pintura pero Serena logró ponerse en su camino sin ser obvio que su intención era detenerlo. El general vio hacia las mujeres, luego a Darién y finalmente decidió que no valía la pena seguir hablando sobre el asunto.

Al despedirse en la puerta, Serena se forzó a decirle a Peggy que su cuadro de los dos amantes durmiendo era muy bonito. La pintora aceptó el cumplido con una sonrisa triste y entró a su casa para ocultar sus ojos llorosos.

El camino de vuelta a casa fue silencioso por varios minutos hasta que su padre volteó a verla, para asegurarse de que estaba bien, entendiendo que la actitud de Darién y el hombre rubio la habían peetrubado.

—A esos hombres les faltan modales. Esa no es forma de hablarle a una mujer— Kenji sentenció y Serena forzó una pequeña mueca de sonrisa en sus labios pero sus ojos permanecieron tristes. El patriarca de la familia Tsukino volvió a hablar en búsqueda de continuar la conversación — ¿Tu qué crees Serena?

—Yo ví el cuadro de pintura. Entiendo porque Jade...digo Jed estaba molesto. Se parecía mucho a Darién, el príncipe de la pintura era idéntico a Darién .

Era aterrador pensar en aquel cuadro de pintura, hermoso como una rayo que iluma el cielo con la promesa de un trueno a la distancia. Darién le había llamado morboso, pero para Serena, la pintura era terrorífica, y ella tuvo que respirar profundo mientras recordaba que Darién seguía vivo.

El cuadro de pintura, el cristal arcoiris, la película del abuelo, el pasado del Milenio de Plata. Todas formaban parte de un enorme rompecabezas que Serena sabía conocer el final, pero al intentar resolverlo tenía miedo al dolor que la invadiría. El recuerdo amargo de la tragedia amenazaba con salir a la luz y Serena no podía decidir si quería cerrar sus ojos a la verdad o aceptarla valientemente.

—¿Identico a Darién? — el padre de Serena musitó — Es solamente una pintura vieja, Serena. Te aseguro que si viste algún parecido con Darién fue unicamente una coincidencia.

Serena acepto las palabras de su padre, incapaz de siquiera jugar con la idea de que las coincidencias en su vida eran las ruedas del destino volviendo a moverse. Era su forma de encontrar alivio.


—La princesa está muerta.

Tuxedo Mask escuchó a una mujer decir, su voz quebrada transmitiendo un increíble rencor. Él negó con la cabeza y corrió rumbo al castillo, donde por algún motivo ella ya no lo esperaba en el balcón. Por primera vez logro entrar al castillo, a un salón enorme, con vitrales largos decorando las partes superiores de las paredes y pudo ver a decenas de personas bailando con máscaras en sus caras

Todos vestían trajes elaborados de algún estilo europeo viejo y él se pegó contra uno de los pilares del salón.

—¿Hoy no ha venido el príncipe heredero? — una mujer con cabello lacio largo preguntó a Darién, sus ojos azules curiosos. Él negó con la cabeza y ella ladeó su cara para señalar hacia una joven con vestido rosa con moños rojos — Aquella dama parece estar buscando que se le pida un baile.

Él se resignó y caminó hacia la misteriosa mujer, notando que ella había decidido usar una de esas máscaras que cubrían también el cabello y su vestido era tan retacado como el resto de las mujeres, por lo que incluso su cuello estaba tapado. Aún así, extendió su mano a la desconocida.

Ella aceptó la oferta de baile y posó su delicada mano en la de él y pronto ambos estaban bailando juntos. Era algo tan mundano que nadie les prestó atención mientras seguían el ritmo de la música.

—He bailado con diez mujeres a lo largo de esta noche, pero solamente usted me ha encantado de esta manera — él susurró casi en la oreja de ella, pero debido a que tenía su cara cubierta, no pudo saber si ella sonrió o no.

—Una dama muy distinguida lo ha estado observando todo ese tiempo, mi príncipe — ella dijo sin titubear o dar muestras de que las palabras de él la habían afectado — ¿Quién es ella?...la conoces Es una mujer muy peligrosa y tú has estado a su alcance, ella ya te ha tocado

—¿Peggy? — él sabía que ese no era el nombre de la mujer rubia, pero al mismo tiempo lo era, así que eso fue lo que contestó.

—Oh, Darién — la princesa dijo tras dar una vuelta en sus brazos —Sabes que es otra mujer de la que estoy hablando.

—No entiendo, princesa, ¿por qué motivo me enviás estos sueños?

La princesa se detuvo en medio de la pista de baile, sin embargo, ya no había nadie alrededor de ellos y ambos estaban en el balcón del palacio de la luna. Darién intentó quitarle la máscara pero ella se apartó de él.

—¿Me amas? — Darién preguntó desesperado a su princesa.

—Soy un sueño, si quieres saber mis sentimientos, debes preguntarme directamente.

En ese momento, sonaron las campanas a la distancia y en un parpadeo, la princesa de vestido rosa desapareció, dejando en su lugar a una bella niña con un largo vestido blanco, su cara estaba pálida y sus labios morados.

—Los cristales arcoiris, Darién — ella dijo sin mover los labios mientras caia al suelo.

—¡No! ¡No! ¡NO! —Darién gritó mientras corría hacia ella, sosteniendo a la princesa en sus brazos.

—Si no hubieras nacido...

—¡No!

Darien despertó llorando, su corazón latiendo salvaje dentro de su pecho y respirar le era tan difícil que el nudo en su garganta lo estaba ahogando. Cerró sus ojos, una imagen de Serena vestida como la princesa lo hizo gritar por la punzada que le atravesó en ese momento.

Tardó veinte minutos en lograr formar un pensamiento cuerente, capaz de discernir que del baile con la princesa a la imagen muerta de Serena eran solo un sueño. Pero el dolor lo había cegado con tanta fuerza que incluso aunque sabía la verdad, sus lágrimas seguían brotando y cayendo a las sábanas de la cama.

Una vez que logró controlar sus emociones, volvió a intentar dormir, dispuesto a dejar su pesadilla atrás y olvidala con su nuevo sueño. Acomodó la almohada debajo de su cabeza y recostó su cabeza aunque sus ojos negaran a cerrarse.

Llevaba un buen rato acostado con los ojos abiertos, cuando escuchó los pasos de alguien bajando la escalera. Inmediatamente, se sentó en su cama, sus sentidos alertas al saber que los pasos no le pertenecían ni a Jadeite ni a Nephrite.

Gatu.

Darién lambió sus labios, bajó de la cama y gateó hacia el closet, su corazón latiendo por el miedo y en cuanto cerró la puerta del closet, se empujó así mismo contra la esquina contraria, escondido entre los trajes y algunas sábanas. ¿Era mucho pedir dos semanas sin que lo intentarán matar?


Esa noche, dos facciones habían tenido el mismo plan: ir por el cristal arcoiris de la pintora Peggy.

El primer grupo, compuesto de dos hombres con idénticos uniformes grises, entraron sin permiso a la casa, asustaron a la mujer y alzaron un cristal negro dispuestos a quitarle el cristal a la mujer sin importarles que ella se volviera una youma.

Para suerte de las mujeres, el segundo grupo estaba conformado por heroínas en leotardos blancos y faldas cortas, las cinco felices de rescatar a una persona incluso de quienes el día de ayer habían considerado aliados.

—¿Sailor Scouts? Gracias a Dios...no se qué está mal con ellos. Hoy en la tarde eran humanos como yo y aparecieron de la nada, como si se hubieran teletransportado — Peggy dijo rápidamente, intentando dar la mayor información posible a las scouts — ¡Gracias por salvarme!

—¿Qué tienen en contra del arte? — Sailor Moon preguntó a los generales, irritada por verlos ahí, en el cuarto de la indefensa pintora — Además, atacar a una bella dama bajo el manto oscuro de la noche es una gran villania digna de los pervertidos.

—Son solo negocios — Jadeite dijo ofendido — Ella tiene algo que nos pertenece.

—¿Qué eres, el crimen organizado? — Mars intervinó, molesta con las palabras del general —¿Es que no tienes honor? ¡Esta mujer ayudó a Darién y así le pagas!

Peggy observaba la escena confundida, mirando a todas las personas en su cuarto bajo una nueva luz. Finalmente, pareció darse cuentá de algo y se puso de pie, asustando a Mercury con lo abrupto de su movimiento.

—¡Sean mis modelos por favor!

Todos olvidaron por un segundo cualquier línea de pensamiento en sus respectivas cabezas para repasar lo que acababan de escuchar. Incluso Nephrite casi perdió su pisada por la absurdidad de la situación.

—Bueno...parece que la señorita pintora los ha perdonado por sus infracciones — Venus dijo, mirando directamente hacia Nephrite —Ahora, no les vamos a dar una paliza si se van en este instante.

Nephrite y Jadeite se miraron uno al otro, intentando comunicar mensajes con el movimiento de sus pupilás, pero al final fueron los hombros de Jadeite los que se alzaron para arriba y dejaron en claro que aceptaban los términos de Venus.

Sailor Moon, que estaba demasiado confundida para entender la situación, sintió el comunicador vibrar y lo sacó del bolsillo de su falda de scout. Los generales alzaron sus cejas al ver esa acción, pero se mantuvieron callados.

—Luna, hay civiles y aquí estan los generales —Sailor Moon se apresuró a decir antes de que Luna pudiera decir algo que revelará su identidad secreta o la de sus amigas, aún así ella sabía que la razón de ser llamada tenía que ser urgente.

—¿Los generales? ¿Jadeite y Nephrite? Oh...no — La voz de Luna sonó en el comunicador con el toque de quién va a dar malas noticias — Ví a un par de humanos entrar a su casa, parecen ser solo ladrones comunes... Si los generales no están ahí voy a llamar a la policía.

—¿Ladrones en la casa de Darién? — Sailor Moon preguntó en voz alta e incluso Peggy mostró señales de que la noticia la preocupaba, al ver todos los pares de ojos sobre ella, Sailor Moon se apresuró a calmarlos— Luna ya va ha hablarle a la policía.

Nephrite lanzó una mirada sucia a Jadeite quien logró mantener la compostura pese a su creciente nerviosismo.

—¿No van a ir a salvarlo? — Peggy preguntó a todos, sus enormes ojos revisando a cada uno de ellos con algo de admiración.

Los generales entraron en acción y se teletransportaron lejos del lugar. Venus tomo rápidamente las riendas del asunto.

—Sailor Júpiter y Moon, ustedes terminan lo que vinimos a hacer aquí. El resto, tenemos que ir a evitar que los generales hagan otra estupidez.

Sailor Moon no tuvo tiempo de siquiera pedir que se asegurarán de que Darién estaba bien, pues Mars, Mercury y Venus salieron por el balcón y comenzaron a correr en dirección del vecindario de Serena.

Peggy observó a las scouts que quedaban ansiosamente.

—¿Puedo ofrecerles te?

—Sí. Esta bien — Júpiter aceptó por su líder y Sailor Moon tuvo que confiar en que el resto de sus amigas, y los generales, pudieran cuidar a Darién en su lugar.


Darién guardó silencio mientras un hombre abría los cajones de la cómoda del cuarto, tirando la ropa casual de Darién al piso en su intento por encontrar algo.

—Encontre las llaves de los autos — una persona distinta dijo en voz baja desde fuera del cuarto.

—¿Esta es la casa de un rico y no tienen nada de valor? — el otro ladrón dijo molesto — ¿Dónde están las joyas o la plata?

—No creo que estén en el cuarto del inválido.

—Eso es lo que nos quieren hacer creer. Ve y busca en el closet la caja fuerte.

Darién no sabía si debía o no estar tranquilo de saber que las personas robando la casa eran ladrones comunes. No iban tras de él si no del dinero que Jadeite y Nephrite tenían guardado en algún lugar de la casa, pero era posible que en un arranque de furia decidieran intentar matarlo.

Para estar seguro, se intentó ocultar lo más que pudo entre las sábanas. Los ladrones solamente estaban usando lámparas de bolsillo que apenas lograban iluminar así que si lograba mantener el silencio era posible que no lo encontrarán.

Escuchó el sonido de un carro estacionarse fuera de la casa y eso logró detener al ladrón número dos a pasos del closet.

—¿Es un carro de policía? Demonios...sh...no hagas ruido y creerán que es una falsa llamada.

El timbre de la casa resonó por la habitación y alguien comenzó a tocar con fuerza la puerta y Darién se preguntó por vez primera cual era el protocolo que los policías seguían cuando creían que había un ladrón dentro de una casa. Esperaba que al menos uno de los pasos implicará forzar la puerta y revisar todo el lugar.

Uno de los ladrones caminó despacio hacia el closet y abrió la puerta, como si fuera a esconderse ahí. Darién observó los dedos gordos del criminal comenzar a abrir la puerta y para su sorpresa, la luz de la habitación fue prendida justo en el momento que un policía tocaba el vidrio de la ventana del cuarto.

—¿Quienes son ustedes? — Nephrite preguntó, su voz autoritaria revelando solamente disgusto. Después, en unos segundos, empujó a uno de los hombres contra la pared, su fuerte mano en el cuello del criminal amenazando con matarlo.

Darién se apresuró a terminar de abrir la puerta del closet y vio por primera vez que los ladrones usaban pasamontañas y vestían de negro. También vio que Nephrite parecía dispuesto a asesinar a sangre fría.

—¡Alto!

Justo al momento que Darién gritó, el policía al exterior de la habitación rompió la ventana para poder evitar la escena que estaba ocurriendo dentro.

Nephrite arrojó al criminal a los pies del confundido policía y caminó hacia Darién, agachándose para poder verlo mejor y cerciorarse de que estaba bien.

Pronto otro policía entró a la habitación, escoltado por Jadeite.

Una vez que los criminales fueron apresados, Nephrite vio al vidrio roto en la habitación y despues a Jadeite.

—Dijiste que este era un vecindario seguro.

—Es uno de los 33 puntos de la ciudad con menos actividad youma. Entre humanos y youmas, creo que todos aquí preferimos lidiar con debiles humanos.

Darién no estaba seguro de estar completamente de acuerdo con Jadeite, pero la lógica era buena y ciertamente un youma tenia un mayor rango de peligro que dos humanos bien armados. Nephrite concedió el punto de Jadeite con mayor facilidad y examinó un pedazo de vidrio.

—Sera mejor que el seguro cubra esto.

—Más vale que si. Soy uno de sus accionistas.