Capítulo 28

Serena miró los cristales arcoiris una vez más. Después de haber tomado el cristal dentro de la pintora, Greg había ido a ellas para ofrecer su propio cristal, uno de un bello color amarillo, argumentando que ya era el momento pues se iba a mudar de ciudad de nuevo.

Tenían tres cristales y le faltaban cuatro, aún así, una sensación de que algo estaba mal no la dejaba de abordar cada vez que veía hacia la casa de sus vecinos.

—¿Qué ocurre cabe...Serena? — Darién preguntó al verla mirando hacia su casa.

—¿Estás lavando el carro de Maxfield? — Serena dijo sorprendida, debido a que Darién seguía confinado a la silla, no lo había podido ver hasta ese instante —¿Te puedo ayudar?

—No necesito ayuda.

Serena palideció al escuchar el tono agresivo de voz y humillada, volteó hacia la calle para que Darién no mirará la tristeza de sus ojos.

Ella solamente quería ayudarlo, pero por uno u otro motivo, Darién actuaba agresivo contra ella como si siguieran siendo los peores enemigos del mundo. A otro hombre, ella le hubiera respondido con la misma violencia o lo hubiera ignorado, pero ya que ella lo amaba, le perdonaba más de lo que debía.

Luna aparecio en ese intinstante, miró a Serena, después a Darién, y en unos cuantos pasos, estaba sobre Darién, amenazando con rasguñarlo desde su regazo.

—¿Qué le pasa a tu gata parlante? —Darién preguntó, sonriendo pese a la garra levantada de Luna —¿Esta en celo?

—¡Luna! ¡NO! Oh, Darién, perdón.

—Esta bien.

Darién carcajeo pese a tener su barbilla rasguñada y que Luna de nuevo lo estaba amenazando con sus garras. Él ignoró el gesto y agarró a Luna con sus dos manos, ambas mojadas, y alejó a Luna de su cuerpo para inspeccionarla. Sus ojos brillaron con un poco de tristeza y volvió a carcajear como si todo fuera gracioso pero a diferencia de la primera vez Serena sabía que él estaba triste. Ella decidió no comentar su estado de animo.

Serena entró a la cochera de la casa de Darién, tomo a Luna de las manos de él y se puso a inspeccionar el trabajo del muchacho. De alguna forma, apoyado por un par de muletas, había conseguido lavar hasta el capote y ella estaba impresionada por el brillo rojo del automóvil.

—¿Estan Max y Jed en casa? — Serena preguntó para hacer plática, motivada por sus sentimientos de enamorada y no genuina curiosidad.

—Nephrite está dormido y Jadeite salió a ver uno de sus negocios —Darién contestó, usando los nombres secretos de los generales por hábito y Serena fingió que el muchacho no había cometido ningún desliz.

Al menos que Darién supiera que ella era Sailor Moon. Serena arrugó la frente y observó las facciones del muchacho en búsqueda de la pista que revelaría si él sabía o no de su identidad secreta. Él se sonrojo un poco ante la mirada penetrante de ella y Serena suspiró aliviada. Él le hubiera dicho si supiera de su identidad secreta porque era ese tipo de persona que era mala con las dobles vidas.

Era irónico, pero el reservado Darién era peor para mantener falsedades que la extrovertida Serena. Eso a su vez era una tragedia: A diferencia de Serena que podía seguir siendo amiga de Molly y seguir siendo la hija buena de sus padres, Darién se solía distanciar de las personas mientras más secretos tuviera que guardar.

Él no podía hablar con nadie ni de sus temores o sus pasiones. La vez que le abrió su corazón tras vez la película había sido especial y una enorme muestra de la confianza extrema que le tenía a Serena y sin embargo, justo al día siguiente, algo en él había cambiado.

Serena creía que la chica que le gustaba lo había rechazado. Aún así, no tenía sentido que su alma gemela, Saori no lo hubiera aceptado más.

—¿Todo bien con Saori? —Serena se arriesgo a preguntar, abrazando con gentileza a Luna para darse valor.

—No sé. No he hablado con ella —Darién contestó confundió.

—Pero...es tu alma gemela.

Las palabras que tanto había odiado salieron de la boca de Serena, dejando finalmente a la luz la mayor causa de su amargura. Amaba a Darién y lo quería para ella, pero si no estar con su alma gemela lo lastimaba, entonces ella lo ayudaría a volver con Saori.

Nunca espero que Darién tragara una carcajada y se pusiera a negar con la cabeza.

—¿Saori no es tu alma gemela? —Serena preguntó, su rostro la perfecta imagen de la confusión, y liberó a Luna de sus brazos.

—No —Darién respondió con seriedad y algo de humor —Es solo una ex compañera de escuela.

Darién dejo de hablar abruptamente y sus ojos se pusieron vidriosos ante el recuerdo de algo y Serena se apresuró a tomar la mano de él para sacarlo de aquella memoria dentro de la fábrica y la masacre ocurrida.

Lo que había pasado ahí aún seguía causando pesadillas a Serena así que Darién debía seguir aun más afectado, especialmente porque sus pies seguían destruidos al punto de no retorno.

Él miró a sus manos entrelazadas y alzó una ceja indignada antes de liberar su agarre y girar su cara para que ella no pudiera verla. Serena parpadeó de la sorpresa, suspiró para tragar su tristeza y con un simple adiós salió del patio de sus vecinos sin esperar a que él se despidiera.

De cualquier forma, había más en la vida que chicos guapos. El plan siempre fue salir con su amiga Molly. Las dos iban a ver un cementerio en una ciudad continúa, así que no tenía que sacar a Darién de su mente. Luna la siguió hasta los confines del barrio, sonriendo pese a ser una gata. Serena continuó su marcha sin preguntar porque Luna sonreía.


Nephrite sonrió al ver que la próxima víctima estaba fuera de la ciudad. Para él eso significaba que no tendrían que enfrentarse a las Sailor Scouts. Era obvio que ellas sabían de los cristales arcoiris, de otra forma no podrían haber estado tanto en el ataque contra el muchacho de las maquinitas como en el ataque contra la pintora.

Sin embargo, después de lo ocurrido con Darién, se había acordado entre los generales que el muchacho iba a permanecer vigilado por alguno de los generales todo el tiempo.

Nephrite salió del sótano, ocultó la entrada detrás del librero y fue a la cocina para preparar algo de comer. Abrió un cajón y encontró la pulsera localizadora que le había comprado a Darién. Algo innecesario pues Darién no salía de la casa por ningún motivo, ni siquiera a la escuela.

El general reviso de nuevo esa línea de pensamiento y se golpeó la cabeza con un puño, tragando el sabor amargo de la incompetencia.

Con todo su entrenamiento militar, logró salir a la cochera sin hacer un escándalo. Le hubiera gritado a Darién si lo hubiera encontrado limpiando el carro como una persona sin recursos, pero en lugar de ello, su protegido estaba inspeccionando su mano pensando en algo que lo ponía completamente rojo.

—¿Qué te dijo Serena?

—¿La viste?

Nephrite no pudo evitar sonreír al ver que incluso las orejas de Darién se ponían rojas y la forma en que ocultó su mano fue todo menos sutil. Sin embargo, tenia una responsabilidad que cumplir y decidió ignorar los obvios sentimientos de enamorado sin esperanza de Darién.

—Olvida a Serena. Hay algo más importante de que hablar —Antes de que Darién se recobrará de escuchar el nombre de la joven, Nephrite dijo una palabra que le quitó todo el color al joven — Escuela.

—¿Escuela?

—Llevas más de un mes sin ir.

— Ya curse una vez la preparatoria...además, puedes usar tus poderes para hacer certificados y cosas así.

Todo lo que Darién decía era cierto. Él ya había aprobado todas las clases de preparatoria años atrás y Nephrite podía hacer papeles que serían capaces de engañar hasta el más cuidadoso inspector, pero eso no evitaba que se sintiera molesto por la forma en que Darién había decidido hacer frente a sus problemas. Era importante que Darién hiciera frente a sus problemas.

—Mañana es lunes y volverás a la escuela. Te guste o no.

Darién arrugó la nariz pero sabiamente se mantuvo callado. A Nephrite le tomo dos segundos descubrir porque su protegido había tomado tan calmado las noticias. El lunes era Jadeite quien haría de guardaespaldas y aunque Darién no fuera el príncipe, ese general no podía evitar cumplir los caprichos de Darién.

Cruelmente, Nephrite le reveló a Darién que él sería quién lo llevaría a la escuela al día siguiente.


Darién extrañaba su viejo departamento. La nueva casa podía tener baños y rampas condicionadas para él pero seguía siendo un lugar extraño al que no se acostumbraba. Lo único bueno era que Serena era su vecina.

Los generales y las scouts podían tener agendas en contra de Darién, Saori y Andrew podían querer no verlo más y la mayoría de las personas lo miraban extraño cuando salía a la calle, pero Serena seguía siendo la misma niña amable y honesta que sonreía al mundo abiertamente.

Ella era su amiga y en ese punto de su vida, él estaba seguro de que era su mejor amiga. Después seguía extrañamente Rey.

Él intentaba no pensar mucho que las dos personas que consideraba más cercanas eran dos niñas que apenas lo conocían. Aún así, Rey estaba dispuesta a ayudarlo a controlar sus poderes y Serena..

"Te protegeré"

Darién tapo su cara con sus manos, avergonzado de recordar aquella promesa infantil hecha por Serena. Era claro para él que ella solamente se lo había dicho para hacerlo sentir mejor y teniendo ella aquel enorme corazón dispuesto a ayudar a todo el mundo, esa promesa se la pudo haber hecho a cualquiera. Y, una parte de él, empezaba a sentir humillación ante el hecho de que una niña de catorce años fuera más capaz de protegerlo que él mismo.

Sus pies habían sido dañados sin oportunidad de recuperación y la única posibilidad de volver a caminar era con prótesis. Esa era la solución simple, la que el doctor había pronunciado como salvación desde la primera vez pero que Darién se negó siquiera a pensar.

Podían estar rotos, ser una carga y causarle dolor diariamente, pero eran sus pies. Suyos desde el día que nació y eran parte de él de la forma íntima que solamente el cuerpo puede serlo. Pero, mantenerlos significaba vivir como lisiado.

Las personas ya lo habían visto mal en las calles y él podía imaginar las burlas que sus compañeros le harían cuando el volviera a la escuela. Sería el hazme reír de todo el campus por ser la causa de que cambiarán el aula al primer piso.

Ya podía imaginar aquellos rostros burlándose de su desgracia. Esperaba que al menos, gracias a las técnicas de respiración de Rey, los pensamientos de esos muchachos serían un misterio para él.

—Come tu cena —Nephrite ordenó autoritario a Darién —Y deja de jugar con tu comida.

Darién empujó el plato hacia adelante, colocó un codo sobre la mesa y miró hacia la pared, desafiando la autoridad de Nephrite con esos actos. Un grave error al no estar Jadeite ahí.

Primero, una energía oscura se hizo presente en la habitación, amargando el paladar de los dos hombres al mismo tiempo, pero ambos estaban demasiado enfrascados en sus emociones propias para reparar en aquel detalle.

La siguiente cosa que supo Darién fue el dolor de tener uñas atravesando la piel de su muñeca. Su vista se puso nublosa y para el joven todas las paredes de la casa desaparecieron consumidas por una turbia neblina que el había visto solamente en sus pesadillas.

Y estaba tirado en el piso con Nephrite encima de él. Sus ojos, antes azules, brillaban de un anti natural color naranja y Darién sintió terror al reconocer aquella energía que una vez lo había matado. Su mente podía haberlo olvidado pero su alma seguía cargando las cicatrices así que intento pelear contra el agarre del hombre para escapar del recuerdo que amenazaba con destruirlo.

—Te encontré — la cosa dijo usando los labios de Nephrite, su voz teniendo un timbre ronco pero femenino —Tienes mi sangre y eres mío.

Alguien agitó sus hombros y Darién despertó de nuevo en su silla. Nephrite lo miraba con ojos enormes y aunque su muñeca dolía en donde Nephrite lo había sujetado, Darién estaba seguro de que la visión no había sido real.

—Lo siento. Asumo completa responsabilidad por mis acciones — Nephrite dijo una vez que se cercioró que Darién ya estaba de vuelta al mundo real. Estaba avergonzado de sus acciones y no le quedaba nada de arrogancia en su voz —. Creí que podría controlar energías oscuras que estaban más allá de mi nivel, pero he sido esclavo de ellas desde milenios atrás.

—¿Estabas siendo controlado?

Darién sintió lástima por Nephrite. Seguía siendo un títere del Negaverso pese a sus mejores intentos de liberarse de aquellas cadenas del mal y Darién no hacia las cosas sencillas con su actitud antagónica y debilidad.

Tanto Jadeite como Nephrite habían sido envenenados para hacer cosas que no querían, sus cuerpos y pensamientos controlados por aquella mano macabra que ensuciaba todo con su presencia. Los dos estaban sufriendo mucho constantemente pero aún así Darién era un egoísta que sólo pensaba en sí mismo. Siempre pensaba únicamente en si mismo.

—Esta bien. Nephrite...no tienes que seguir actuando — Darién le dijo al cabizbajo Nephrite, una sonrisa triste en sus labios ante lo que iba a decir — No me importa si tomas toda mi energía siempre y cuando logres liberarte del Negaverso. Lo dije en serio aquella vez, puedes encerrarme en cualquier lugar que quieras y no escaparé. Incluso, si te ayuda a evitar atacar humanos, aceptó que...

—¿Qué idioteces estás diciendo? — Nephrite interrumpió a Darién, sus puños cerrados sobre la mesa, después de respirar con profundidad, dibujo una sonrisa en sus labios —Si crees que con eso te vas a librar de la escuela, estás equivocado.

—No estoy bromeando —Darién dijo sin parpadear, molesto porque Nephrite creía que estaba jugando. Para mostrar su resolución, decidió condensar su postura —Puedes hacerme lo que quieras.

Justo en cuanto Darién dijo esas palabras, Jadeite cruzó la puerta de la cocina, miró a la muñeca púrpura en el brazo de Darién, la apariencia desalineada de Nephrite y pudo sentir los remanentes de magia usada en la habitación sin siquiera intentarlo.

Ni siquiera Nephrite se espero que Jadeite lo fuera a golpear justo en medio de la cara.

—¿Jadeite? —Darién casi grito el nombre, consiguiendo que el general dejará su segundo puño sobre el aire — ¿Por qué golpeas a Nephrite? Él no hizo nada malo.

Jadeite golpeó una vez más a Nephrite antes de que el otro general lo sometiera.

Unos minutos después, los tres estaban sentados a la mesa. Nephrite tenía los brazos cruzados, Darién estaba confundido y Jadeite estaba listo para volver a pelear contra Nephrite pese a ser mucho más débil que el otro general.

—Todo fue un malentendido — Nephrite se apresuro a decir y tras ver que Jadeite seguía con intenciones asesinas, tomo un segundo para componerse y continuó — Hoy en la mañana use el cristal oscuro y remanentes de la Negafuerza me dominaron está noche. Lastime la muñeca de Darién y después él se asustó tanto que empezó a decir estupideces.

—No son estupideces —Darién se defendió y los dos generales intercambiaron miradas.

—¿Tienes idea de lo que dijiste?

—Solo me ofrecí a ayudarles.

Ante la sorpresa de Darién, Nephrite se puso de pie y colocó una mano sobre su cabello negro. Era algo tan fuera de lo común que los cachetes del muchacho se pusieron rosas. Nephrite apartó su mano y se hincó frente a Darién, viéndolo directo a los ojos.

—No me tienes miedo — Nephrite sentenció amablemente, después sujetó los hombros de Darien —. Es por eso que haces propuestas tan tontas, porque sabes que ni Jadeite ni yo las tomaremos seriamente. Sin embargo, no vuelvas a decir cosas como esas.

Darién tragó saliva pero no se atrevió a decir nada. Les había ofrecido su vida para que encontrarán la libertad y ellos creían que era una tontería. Estaba tan molesto con ellos que no les dirigió la palabra el resto de la cena o les dio siquiera las buenas noches.


—¿Depresión? — Nephrite dijo la palabra con asco —Tu también dices tonterías.

—Estoy buscando ayudar, a diferencia de ti que te dejas llevar por tus impulsos — Nephrite se mantuvo callado y Jadeite continuó hablando —He escuchado que se trata con medicinas...

—Darién y las medicinas no se llevan bien. Con sus poderes tan inestables como ahora darle cualquier especie de medicamento es arriesgado. En cualquier caso, la mejor opción es que recobre la normalidad de su vida, depende demasiado de nosotros y eso lo hace decir tonterías como en la cena.

Los dos hombres se pusieron un poco azules al recordar las propuestas de Darién. Era imposible no sacar conclusiones erróneas y a ambos les preocupaba que el joven muchacho hubiera usado ese tipo de lenguaje tan degradante consigo mismo.

Nephrite decidió ir al sótano para despejar su mente, y ahí, en un altar, vio al cristal oscuro.

Era posible que aquella magia oscura había alzado la furia de Nephrite y exacerbado los sentimientos negativos de Darién . Lo cual volvía su situación la más desesperante de todas: la búsqueda por los cristales arcoiris debía ser detenida por el bienestar de Darién pero ocupaban los cristales para tener poder suficiente que les ayudaría a proteger a Darién.

Era una situación imposible de superar. Inconscientemente, llevo su mano al cristal oscuro, sintiendo su energía arrullar lejos sus dudas. De repente, deshacerse del cristal parecía una mala idea. Él tenía que proteger a Darién, solamente él podía hacerlo pues Jadeite era blando en su actuar, obedeciendo al muchacho en sus ideas descabelladas. Nephrite tenía que hacer lo necesario para protegerlo.

—¡No!

Darién gritó con tanta fuerza que ambos saltaron de sus sillas en la cocina y en pocos pasos estaban dentro de la habitación de Darién, buscando por todos lados la cuasa del grito del muchacho.

El muchacho estaba desconsolado, llorando mientras se abrazaba así mismo y gimiendo del dolor.

Al verlos viéndolo, se recompuso un poco y arrugó la frente como si no los conociera. Poco tiempo duro su confusión y en unos segundos estaba más avergonzado que calmado. Jadeite fue a la cocina a preparar un té y Nephrite se quedó al lado de Darién.

—¿De qué trato la pesadilla? — Nephrite preguntó inmediatamente. Con personas como ellos, empatas, los sueños eran un mar de información valiosa y era mejor intentar sacar provecho. Una pesadilla era a su vez la promesa de una tragedia y merecían tomar medidas precautorias.

—Solo fue un sueño.

—Dijiste que harías todo lo que quisiera — Nephrite tiró las palabras de forma deliberada, una voz oscura en su cabeza susurrando que eso era lo correcto.

Una parte de Nephrite amaba a Darién lo suficiente para desechar su propia vida en defensa del muchacho, pero tras años de manipular tanto personas como youmas, le gustaba ser obedecido y la voz oscura lo sabia.

Darién abrió sus ojos tanto como pudo, viendo a Nephrite con aprehensión pero obviamente capturado en su honor, accedió con la cabeza.

— Era un cementerio y había un velador con piel azul —Darién tartamudeo la última palabra y continuó — luego...una..doncella me decía que me alejara de una mujer y después...desperté.

—Omitir información no es hacer todo lo que quiero.

Los hombros de Darién se tensaron, su labio inferior tembló y continuó, empujado a obedecer por energías que él debía temer pero al confiar en Nephrite, no las filtraba como debía.

—En mi sueño, la doncella era Serena y ella...moría — Darién rompió en un sollozo con la última palabra, pero Nephrite no hizo ningún intento por devolverle el control a Darién.

Un cementerio como el lugar donde estaba el youma con el cristal de plata, Serena diciéndole a Darién que se alejara de otra mujer y la muerte de la muchacha eran todas partes de un rompecabezas que volvían loco a Nephrite. La obvia conclusión era que la inocente de Serena tenía un cristal arcoiris dentro de ella.

—¿Qué más? Por favor, Darién, es importante para Jadeite y yo, son pistas para librarnos del Negaverso.

Todo cierto y dicho en el tono perfecto de la manipulación perfecta. Para su mala suerte Jadeite había corrido a la habitación de Darién en cuanto los escuchó hablar.

Esta vez, si pudo evitar el ataque de Jadeite. Era obvio para Nephrite que Jadeite no entendía la nueva oportunidad frente a ellos, era una lastima pero tendría que hacerse. Los dones de Darién debían ser usados.


Luna entró por la ventana del balcón y suspiró. Serena la esperaba con cuatros cristales arcoiris a sus pies, viéndolos fijamente.

—¿Cómo está Darién? Esa energía oscura que está en su casa es solo mi imaginación, ¿verdad?

—No. Algo está mal...es como si la malvada Beryl hubiera vuelto y la Negafuerza estuviera creciendo en cada uno de ellos conforme pasa el tiempo. Quizá sea mejor que ya no lo veas.

—Lo amo Luna —Serena gimió, e inmediatamente se recompuso lo suficiente para usar su mejor voz de heroína — Además, prometí protegerlo. Lo jure con todo mi corazón.

Luna tropezó al escuchar esas palabras y comenzó a negar con la cabeza.

—Oh, Serena, por favor ¿dime qué estás exagerando? Ese tipo de juramentos cuando son hechos por scouts son mucho más que simples promesas...son un contrato capaz de ocasionar dolor y sufrimiento. Y hacer ese juramento a un humano es la peor cosa que pudiste hacer.

—¿Qué? No entiendo.

—Veras, Serena. En el Milenio de Plata, las scouts y la princesa juraron protegerse y amarse mutuamente. Todas se dan energía una a otra y con sus poderes combinados, pueden acceder a mayores reservas de poder que si fueran una sola persona...pero un humano, él solamente puede tomar de ti, por lo tanto también de las otras scouts, y causar problemas.

—Yo también soy humana, Luna — Serena dijo irritada.

—Eres una reencarnación del Milenio de Plata, esos poderes te persiguen gustes o no.

Serena estuvo a punto de decirle a Luna que que odiaba esos poderes, pero honestamente, era gracias a ellos que podía ayudar a sus amigas a vencer youmas y en un futuro, si Darién seguía siendo proclive a ser secuestrado, ella necesitaba sus poderes mágicos para salvarlo.

Aún así, Luna no tenía derecho a acusarla de nada.

—Bah, no me importa. Lo que debemos pensar aquí es arreglar lo que está mal con los generales y Darién. Obviamente algo está mal...ya se — Serena colocó sus manos en forma de plegaria y comenzó a pedir su deseo.

—¿Quiero saber qué qué pediste? —Luna preguntó retóricamente y Serena negó con la cabeza. Su deseo era demasiado importante como para arriesgarse a decirlo en voz alta.

En cuanto cerró sus ojos para dormir, los cristales arcoiris brillaron una vez y antes de que Luna pudiera inspeccionar su energía, estaban de vuelta a su estado inerte, Serena estaba ya durmiendo así que no se dio cuenta de nada, pues estaba demasiado ocupada en su sueño.

En el sueño, Serena estaba vestida con el mismo hermoso vestido rosa de moños rojos que uso en la embajada, en aquella fiesta donde por primera vez se había puesto su vida en riesgo por Darién. Estaba en un corredor lleno de puertas enormes y ella camino a paso firme en búsqueda de su amor.

—Es peligroso intrusar a los sueños de los demás sin invitación previa — una amable voz llamo desde atrás, y Serena se giró para poder ver frente a frente a un pegaso con un unicornio dorado y tan blanco como la más pura nieve.

—Necesito hablar con Darién — Serena explicó al pegaso.

—Dentro de los sueños de personas como él, es fácil plantar el mal. Decidme princesa, ¿qué planeáis hacer?

—Hablar con él... disculpa, tú estabas ahí la última vez que entre a sus sueños ¿verdad? Tú eras el que no quería que lo despertara.

—No. Este él despierto, en sueños o muerto, para mí debe ser irrelevante. Además, sus sueños son demasiado oscuros para mí. La única razón por la que estoy aquí es porque vos habéis conectado vuestros sueños a los de él y vuestra conexión me ha permitido entrar aquí sin arriesgarme.

—Estoy confundida.

—Los sueños rara vez tienen sentido. Es por eso que detrás de esa puerta no encontraras el resto del castillo.

Serena volteó a ver la puerta, de nuevo al pegaso y al ver que había desaparecido, ella entro al lugar. De repente estaba en un cementerio, Darién estaba junto a un hombre muy apuesto de ojos color miel. Ambos estaban hablando con otras dos personas que eran poco atractivas. Al acercarse, vio que las caras anteriormente feas se transformaban en las caras del pastor que ella había visto ese mismo día y la de Greg.

—Lo que la sangre se llevó, se debe recuperar con carne — Greg dijo a los dos príncipes.

—Agradecería que no hablaras con acertijos — el príncipe increíblemente atractivo dijo en un tono lleno de elegancia.

—Pero la carne del príncipe también esta manchada — el clérigo dijo mientras dirigía sus manos hacia Darién.

Serena sabía que debía evitar la siguiente escena, en sus viseras sabía que estaba a punto de ver algo prohibido y desagradable, así que corrió hacia Darién y el sueño se transformó a uno típico de Serena, uno que ella llamaba amablemente: "el día que me caso con Tuxedo Mask". Estuvo feliz al darse cuenta que era Darién quién vestía el esmoquin negro y miraba asombrado a su alrededor.

Él le sonrió al verla vestida de blanco y ofreció su brazo para que ella lo tomara. Serena aceptó el gesto y ambos comenzaron a caminar hacia el altar.

Ella sabía que era un sueño pero estaba demasiado feliz como para detenerlo.

— Serenity — Darien dijo y ella respondió usando un nombre distinto al de Darien pero igual de suyo. Ambos se sonrieron y detuvieron a dos metros del altar —Siento que este es un sueño, princesa...pero mis sueños últimamente terminan en tragedia, así que esto es verdad.

—¿Son esos sueños la razón por la que Nephrite y Jadeite están molestos? — ella preguntó sin pensar, dentro de la fantasía intentar razonar era lo menos importante.

—No. Son los cristales arcoiris. Ellos los quieren...pero no te preocupes, incluso si me cuesta la vida yo los conseguiré por ti. Así que no mueras.

Serena negó con la cabeza y lo abrazó entre sus brazos.

—Por favor, no hables como si tu vida no fuera valiosa. Yo te amo más que a nadie en todo el mundo. Yo ya conseguí varios cristales arcoiris, así que tú solamente espera y cuando consiga los siete, cuando tenga el Cristal de Plata, te contaré todo. Solo espérame

—Esta bien. Te esperaré — él la abrazó por primera vez desde que había comenzado el sueño — Incluso si nunca me amas o pasen mil años te esperaré.

Lejos sonaron las campanas y ella trago un poco de saliva antes de decir las palabras que los separarían.

—Ya es hora de despertar.

Serena abrió sus ojos ante los primeros rayos del sol y limpió sus ojos mientras bostezaba. Estaba feliz de haber hablado con Darién. Ladeó su cabeza y carcajeó. Todo había sido solamente un sueño así que tendría que hablar con él después. El problema era que el después parecía tan lejano. Pero ese solo era otro motivo para encontrar los cristales más rápido.


Alguien había pegado chicle en su cabello, otra persona lo había molestado tirándole volitas de papel toda la clase y cuando fue al baño alguien aprovecho para robarle el dinero que Jadeite le había dado.

El primer día de vuelta a la escuela no había salido nada bien. Tampoco el segundo o el tercero, pero por lo menos en la casa ya no habían peleas y sus pesadillas habían finalizado con su princesa prometiendo buscarlo a él cuando encontrara el resto de los cristales .

Quizá Sailor Moon necesitaba el Cristal de Plata para romper con su prometido. Darién, motivado por ese pensamiento, ya había inventando un escenario fantástico donde existía un matrimonio forzado y un hechizo maligno que le prohibía a Sailor Moon ir con Darién, su alma gemela.

Era extraño, después de una década de soñar con ella y buscarla en todos lados, parecía que la historia se había invertido y él era el príncipe en la torre. Mientras que ella lo amara, a él no le importaba en lo más mínimo que papel tuviera en su épica historia de amor.

—Darién Chiba, ya puede pasar al consultorio.

Darién iba a sus sesiones solo en muestra de su autosuficiencia, pero aún así, antes de siquiera tocar la puerta, la Doctora Lyreb salía a saludarlo y terminaba de empujar la silla hacia el consultorio y le ofrecía un sumo de uva que él detestaba pero nunca rechazaba por temor a que rechazarlo significará que estaba loco.

—Hoy estás muy feliz, Darién y también tienes un nuevo corte de cabello, ¿quieres hablar de ello? — las manos de la doctora acariciaron el cabello corto de Darién y él resistió el impulso de abofetear aquella mano larga con uñas postizas.

—Estoy intentando un nuevo estilo —Darién dijo después de tomar un poco de zumo y guardó silencio, haciendo todo lo posible para parecer un ciudadano modelo.

La doctora sonrió gentilmente y le sirvió otro vaso de jugo.

Él lo bebió pese a su amargo sabor.