Capitulo 29
La joven costurera estaba agotada. Necesitaba dinero para pagar el alquiler y debido a una avería con la máquina de cocer perdió varias importantes horas de trabajo.
—Buenas tardes — un hombre entró por la puerta del taller. Su cabello era lacio y blanco, su piel morena y su altura superior al de un japonés promedio, pero fue su intromisión sin anunciar la que lo marcaba como un extranjero. Ella intentó no mostrar que eso la afectaba.
El hombre deslizó sus dedos por la madera del mostrador y sonrió sin mostrar sus dientes, con algo que podría ser gentileza o burla.
—Vengo a ofrecer ayuda — él dijo mientras sacaba de su chaqueta gris una pequeña botella roja que a los ojos de ella estaba enublecida por el filtro de la maldición de quien aún no encuentra a su alma gemela, después comenzó a jugar con el objeto haciéndolo brincar dentro de su mano. Ella siguió el objeto, hipnotizada por el color verde — A cambio necesito su ayuda.
Ella sabía que lo que se le estaba pidiendo era algo peligroso, pero al mismo tiempo, dentro de ese pequeño frasco, existía el poder necesario para hacer lo imposible. Poder, finalmente ella tendría poder.
Sin titubear aceptó en voz alta la propuesta, sus labios abiertos incapaces de contener su aliento caliente y su risa de felicidad. En un parpadeó el hombre desapareció, pero ella no se preocupó en buscarlo, pues ahí, en el mostrador, estaba un inocente frasco que la llevaría a cumplir sus sueños.
Finalmente tendría poder.
En el Milenio de Plata, había varias personas que habían escuchado que dentro de todas las personas existía algo llamado "semilla estelar", pero solo una pocas conocían sobre las "semillas soberanas", también llamadas a veces de guardián y, al menos en Venus, semillas reales, en otras galaxias, se les conocía también como verdaderas semillas estelares.
Muchos nombres para referirse a aquellas semillas capaces de brindar vida y sanar planetas enteros, vigilantes de la paz que mantenían las energías oscuras del caos retenido y lejos de aquellos que no podían protegerse asi mismos.
Paradójicamente, tener una semilla soberana no implicaba victoria absoluta sobre criaturas con poderes inferiores, pues rara vez una guardiana utilizaba su poder para el ataque y mucho menos para ataques mortales.
Era una bendición y una maldición que las empujaba a trabajar en equipo, a ceñirse en alguien más poderosa y jurar lealtad a la reina a cambio de una más poderosa protección.
Mina Aino, una poseedora de esa poderosa semilla, en una vida pasada, juro lealtad a la familia de la Luna, a cambio perdió su vida. Era imposible lamentar lo pues debido a la gracia del Cristal de Plata, Mina reencarnó en un lindo planeta lleno de vida y su vínculo con el planeta Venus seguía igual de fuerte que en menos de dos mil años sería posible plantar de nuevo vida en él. También, su gente venusiana, por gracia de Mina, habían sido reencarnados también.
Sus amigas, su gente y la princesa vivían una nueva vida llena de oportunidades. El problema es que los que destruyeron sus vidas en el pasado, el Negaverso, había resucitado también. La culpa yacía, en opinión de Mina, en las manos y gracia del soberano de la Tierra.
Él los estaba protegiendo sin ser capaz de curarlos.
Artemis saltó sobre la cama de Mina y ella salió de sus pensamientos sobre semillas estelares. Parecía tan lejano el tiempo en que aprendió por primera vez todo aquello, materialmente milenios atrás, pero en sus recuerdos una simple década que no era nada en comparación de la vida que estaba destinada a tener.
O tendría de no ser porque el Negaverso seguía vivo.
—¿Alguna pista sobre Malakite o Zoicite? — Mina preguntó a Artemis, sentándose al borde de la cama y dispuesta a escuchar las noticias que revelarían el fin.
—No — Artemis contestó, su voz cansada—. Ellos dos siempre fueron los más sutiles, Malakite más que Zoicite, pero Zoicite sabe dónde hacer escándalo para no ser visto...lo siento Mina.
—Esta bien. Por lo menos Metallia la malvada está invernando de nuevo. Nada de lo que ellos puedan hacer es capaz de lograr nada — Mina estaba segura de ello, era esa esperanza lo que le permitía sonreír en las mañanas sin ser comida por la culpa.
—El otro problema, es que no hemos encontrado ninguna nueva pista de la princesa...
—¿Debería hablar con Serena? Si ella es la princesa, entonces debe tener recuerdos de entonces. Ella tiene la vara lunar y su estilo de peinado es el que utilizaba en aquella época.
—Estaba de moda vestir o peinarse como la princesa — Artemis refutó suavemente, pero no comentó sobre la vara lunar, el objeto que por derecho pertenecía a la princesa — ¿De verdad vas a hablar de esto con ella?
Mina comenzó a jugar con los pliegues de las sábanas, pensando en que debía de hacer. Revelar la verdad a las chicas era lo mejor pero al mismo tiempo, eso era algo tan cruel como patear a un cachorro huérfano hacia una calle transitada. Mina quería decirles pero con la verdad el dolor llegaría a ellas.
Descubrir que en sus vidas pasadas eran alienígenas era la parte más sencilla. Pero si lograban recordar la guerra, la muerte y destrucción, entonces pasarían noches llorando o en catatonia, sus ojos vacíos porque el dolor era suficiente para enmudecerlas porque el grito estaba atorado en la garganta.
Mina era distinta, la mayoría de su gente estaba viva y ella misma estaba conciente al momento que se le brindó una segunda oportunidad. Mercury había estado en un sueño prolongado y fue su gente la que fue diezmada, el planeta Marte fue en donde la guerra consiguió volverse tan salvaje que los campos de sangre en la Tierra palideció al rojo de los de Marte, las personas de Júpiter fueron las primeras en ser traicionadas por los humanos.
¿Podrían sus amigas sonreír igual que siempre de saber la verdad?
—Aun no. Es muy pronto — Mina dijo.
Una parte traidora dentro de ella admitió que sus motivos eran evitar el dolor para ella misma en lugar de proteger a sus amigas. Mientras menos personas recordarán, aquella pesadilla era menos real.
La lista de negocios de sastrería era larga, pero la mayoría de las direcciones estaban a una distancia considerable del nuevo departamento de Lita.
Ella tenía que encontrar una nueva costurera. Debido a que era una Sailor Scout su tiempo libre era reducido y necesitaba ayuda para ajustar la ropa pues no existía ropa de su talla. Eso no la irritaba, en lugar de ello la entristecía.
Desde que había cumplido nueve años, su altura se volvió marcadamente superior a la de las demás niñas, logrando sacarles una cabeza entera sin problemas. Incluso los niños eran enanos en comparación suya. Cuando Lita entró a la secundaria, su altura era mayor que todos los demás estudiantes, excepto por cuatro muchachos de tercer grado que eran más altos que el promedio.
Ser tan alta siempre le causó problemas. Tener más fuerza que las demás personas tampoco ayudo.
Ella era una niña que, como todos, quería ser reconocida y admirada, que las personas la vieran y pensaran que era linda con un simple vistazo, que sus compañeras de clase le dijeran que era bonita o que al verse en el espejo pudiera sentirse la hermosa princesa que sus padres habían dicho que era.
La vida real había destrozado mucho de ello. En aquel entonces, sus compañeros de clase siempre decían que ella era como un hombre, en admiración o burla, el comentario le dolía. La hacía sentir como un fracaso en ser. Como si ser una mujer fuera algo que se ganaba en lugar de ser un simple hecho de la vida y Lita había fallado el examen.
Lita dejo el libro de direcciones y comenzo a revisar el periódico, buscando con la mirada algún negocio. Necesitaba ropa hecha a la medida inmediatamediante.
Su busquéda fue cancelada cuando el comunicador vibró desde el tocador. Ella arrugó la nariz, sonrió un poco y contestó sin mostrar señas de molestia alguna.
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Todo comenzó con una carta para Serena el día martes. Algo que no tenía sentido considerando que el remitente era el mismísimo Jadeite, quién pedía una reunión con las scouts la noche del miércoles.
El lugar de reunión el templo y todos los presentes debían estar destranformados para evitar llamar la atención. Venus, siempre desconfiada, saco una Pluma-P propia y dijo que lo más inteligente era que tanto Jupiter como Venus estuvieran al asecho con una transformación debil prácticamente indetectable. Mercury, o mejor dicho Amy, decidió no ir porque Jadeite seguía sin saber su identidad secreta y siempre era mejor tener a alguien vigilando la ciudad con la laptop (además, tenía que estudiar para un examen).
La noche del miércoles era tranquila y tanto Serena como Rey disfrutaban los panesillos que Lita había llevado. Con la magia de la pluma, Mina parecía una mujer de cabello negro corto sin rastros de sangre oriental. Serena tenia que admitir que la pluma era útil.
Justo a las ocho Jadeite cruzó el umbral de la entrada y caminó hacia ellas con las manos en alto.
Al ver a Mina y Lita, ambas cubiertas por magia, únicamente comentó que eran buenos disfraces y sonrió burlón.
—¿Qué planes Jadeite? —Mina preguntó inmediatamente, indispuesta a cambiar saludos con un enemigo que seguía actuando como enemigo.
—Una nueva alianza. Han pasado cosas con Nephrite últimamente, Sailor Moon debió haberles informado. El domingo lastimo al prín...a Darién y por el bien de él, es mejor eliminar a Nephrite.
Mina cerró sus ojos mientras acomodaba las implicaciones de lo que Jadeite estaba diciendo. Una tregua para cometer traición era algo inesperado pero podía funcionar.
—A Nephrite sí le importa la vida de Darién — Serena dijo —. Lo que pasó fue un accidente o algo así.
—Su orgullo lo hizo volver a utilizar energía del Negaverso que lo volvió a corromper. En este punto, es lo que ustedes humanos podrían llamar una adicción — Jadeite dijo con rabia —Darién es un humano débil, su mente es frágil como la de ustedes y se que si Nephrite sigue con él, entonces Darién morirá.
—¿Oh, y tú quieres ser su único guardián? — Mina preguntó con hostilidad, alzando una de sus cejas en claro antagonismo.
—Sí.
—Nosotras no seremos tus matonas —Lita, que estaba disfrazada como una mujer rubia, dijo en un tono de voz filoso.
—Lo sé. Yo lo mataré.
—Darién nunca te perdonará — Serena se apresuró a rechazar esa idea , negando con la cabeza —. El los quiere a ambos mucho y si ustedes se pelean solamente lo podrán hacer sufrir. Debe haber una forma..
Jadeite carcajeó malhumorado. Mina alzó una ceja y empezó a reflexionar.
—Esta sufriendo ahora. Sería más fácil para él quedarse en casa, ver películas, atender el patio y hablar contigo todas las tardes, Sailor Moon. Pero Nephrite lo obliga a ir al asqueroso mundo exterior lleno de esos horribles humanos. Además, Darién tiene miedo a alzar la voz porque Nephrite podría tener otro arranque. Todo lo que hago lo hago por el bien de Darién, si tanto te gusta, seguro que sabes que digo lo correcto.
—Me niego —Serena contestó con firmeza—. Yo sé que hay una forma de solucionar esto pacíficamente, tiene que haber ¿verdad chicas?
—¿Es posible limpiar energía del Negaverso de Nephrite, como con los youma? —Lita musitó en voz alta y todos los ojos viajaron a Jadeite, que parecía bastante sorprendido ante esa posibilidad.
—Solamente si es voluntario se puede conseguir purificar a alguien tan teñido de oscuridad —Mina dijo a todos, deduciendo que Jadeite no tenía ni la más mínima idea. Después de todo, Jadeite comnezo siendo un humano de la Tierra y con menos información sobre asuntos de purificación que cualquier ciudadano del Milenio de Plata.
—¿De verdad creen que Nephrite aceptara eso? — Jadeite preguntó, su nariz arrugada y ceño fruncido.
Serena no dudo en afirmar con su cabeza, estaba segura de que Nephrite aceptaría porque él sí quería a Darién. Serena estaba segura de ello.
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Darién revisó que su billetera estuviera en el bolsillo derecho de su pantalón, como si sospechara que alguien la hubiera robado del momento que salió del carro de Nephrite al trayecto a la sastrería.
Era ridículo, pero quería un traje hecho a la medida para su cumpleaños. Faltaban varios meses, sin embargo, en su cabeza ya tenía ideas de como iba a festejar ese día. Serena, sin lugar a dudas, le compraría un regalo o, con sus torpes manos, crearía una abominación que presentaría a Darién sin la menor vergüenza.
—¿Darién?
Una voz golpeada le llamó la atención y él levantó la cabeza para saludar a la amiga de Serena. Lita estaba usando un traje que esperaría de una muchacha de preparatoria, pues su blusa amarilla mostraba escote y su falda verde era muy corta.
—Hola, Popotitos.
Si los puños cerrados de Lita no hubieran bastado para indicar a Darién que había fallado de nuevo en socializar, el golpe en su cabeza cortesía de Nephrite logró que el muchacho se forzara a lanzar una una mirada de disculpa a Lita.
—Señorita Kino — Nephrite sonaba muy feliz, cortés y amable, pero aún así Lita parecía más molestacon él que con Darién. Nephrite ignoró la postura antagónica de Lita sin perder el humor — ¿También viene con esta costurera?
—...Sí...— Lita contestó y su mano derecha agarró su falda verde mientras sus ojos buscaban sus zapatos cafes — Dicen que es buena...
Darién no entendía porque Lita estaba actuando tan extraño. Como si estuviera avergonzada de visitar una costurera.
Estaban en medio de la acera, frente al local, y varias personas lanzaban miradas hacia ellos tres. Darién sabía que muchos lo estaban juzgando por usar silla de ruedas, pero al verlos, pudo ver varios ojos cargados de lujuria dirijidos a Lita acompañados de labios con muecas crueles. Darién los miró feo y todos ellos inmediatamente voltearon hacia otro lado, como si los ojos de Darién fueran capaces de lastimarlos.
Nephrite reflexionó en eso varios segundos antes de decidir empujar la silla de Darién hacia adentro del local, Lita, sin esperar direcciones, abrió la puerta en silencio.
—¡Buenas tardes! — una mujer de baja estatura y cabello negro recojido en una cola alta los saludo. Detrás de Darién, Nephrite se tensó y Lita, al verlo, empezó a observar el lugar con mayor detenimiento — Pasen...pasen.
La primera en pasar a que le tomarán las medidas fue Lita, quien llevaba varios juegos de ropa que quería que le arreglaran. Mientras, Nephrite y Daríen esperaron en la sala de espera.
—No debes ofender a las damas, Darién.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—Ofendiste a la señorita Kino.
—Estaba jugando.
—Ella no estaba sonriendo.
Darién apretó los labios. Era cierto que Lita parecía haberse molestado con Darién y él sabía que sus apodos podían llegar a ser crueles. Aún así le molestaba cuando Nephrite lo regañaba de esa forma, como si Darién fuera una niño que no sabía navegar por el mar de las relaciones personales. Al mismo tiempo, prefería a Nephrite siendo una figura paterna que un celador violento.
Tras media hora de espera, la costurera y Lita regresaron y fue el turno de Darién y ambos fueron a otra habitación para realizarle las medidas. En un momento, mientras ella media sus brazos con una cinta azul, la parte trasera de sus dedos tocaron la piel de Darién.
Los vellos en el cuello de Darién se alzaron y él sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al mismo tiempo que la costurera dejaba caer la cinta. Después, las mano derecha de la mujer comenzó a acariciar el brazo de Darién dejando una sensación de hielo en su piel.
—¿Qué está haciendo? — Darién preguntó sin alzar la voz, logrando contener su ira ante el gesto dema íntimo para su gusto.
—Te encontre — ella dijo con una voz que no era suya pero Darién había escuchado antes, en sus pesadillas desde que era niño y en una visión pocos días atrás. Pero al sentir aquel agarre, él sabía que no estaba frente a ninguna ilusión. Los ojos de la mujer brillaban de un Anti natural color naranja.
Una de las manos de la costurera sujetó el cachete de Darién con la amabilidad de una madre y después, sus ojos de nuevo humanos, ella recargó su frente en la de él. Darién pudo saber de la vida de una mujer sin padre al borde de la ruina, perdida en un mundo que parecía no tenerle misericordia. Ella estaba muy feliz de que Darién estuviera ahi, salvandola mientras pintaba su mundo de colores, su alegría era tanta que comenzó a llorar.
Darién la intentó alejar de él, sabiendo que su rechazo la lastimaria pero deseoso de terminar el contacto. Él no era quien ella creía
—Pero...eres mi alma gemela — la mujer dijo entre sollozos, uno de sus mechones negros cayendo en su frente —¿Por qué? Si solo...por supuesto, ahora si tengo el poder...también tu lo tendrás..
Ante la mirada atónita de Darién, la piel de la mujer empezó a volverse azul y sus pupilas crecieron dentro de los cuencos de sus ojos. El cabello negro se trenzo sobre su cabeza de tal forma que parecía tener una corona y su traje normal cambio a uno digno de una princesa de cuentos de hadas, siendo de un majestuoso color púrpura.
Los dedos de la monstruo, paradójicamente eran menos valiosos que los que había tenido en forma humana y lo acariciaron levemente mientras limpiaban un mechón de la frente de Darién y después, la mano de ella cayó en el hombro de él.
Darién necesitó toda su fuerza de voluntad para no gritar. De nuevo, de nuevo estaba pasando eso. De nuevo necesitaba ser salvado.
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Los tomó desprevenidos. Esa era la única razón de que Nephrite estuviera atado por listones que le hacían colgar de cabeza. Lita, por su parte, había conseguido llamar por ayuda, pero también yacía atada a una silla y estaba envuelta en tela de algodón. Darién estaba sentado en su silla, solo sus manos atadas, y había desistido de intentar morder sus ataduras porque la youma había amenazado con amordasarlo Lo más extraño era que el poder de la youma era cambiar ropas.
El traje de Nephrite había sido cambiado a un esmoquín gris y el de Liita a un vestido de noche de color verde. Darién estaba vestido con un traje negro que lo marcaba como el novio en la macraba fantasía de la youma. Llevaban varios minutos solos y estaban a la espera de que la youma volviera del lugar al que fue.
—No te preocupes — Darién dijo, su sonrisa amable pese a la situación — Sailor Moon nos salvará.
Lita abrio los ojos ante esa declaración. Ella sabía que Darién tenía sentimientos hacia Sailor Moon, prácticamente la primera vez que lo vio, el muchacho había besado a la heroína directo en los labios, aún así, la fofma en que pronunciaba Sailor Moon estaba cargada de tanto cariño y admiración que Lita no pudo evitar desear algo igual.
Un hombre que la amara y respetará.
Sonrió con amargura al darse de aquella línea de pensamiento. Había momentos y lugares para la envidia, una guarida de youma no era uno de esos lugares.
— Sí, lo se — contestó tras suspirar, permitiéndose relajar en sus ataduras, después, un pensamiento atravesó su mente y ella desvío la mirada —. Perdón, senti algo al ingresar a la tienda y por mi culpa estás de nuevo en este tipo de situaciones.
Ella era una Sailor Scout, una protectora de los inocentes, una guardiana de la paz, y pese a que sabía que Darién atraía youmas como el azúcar a las hormigas, Lita había bajado su guardia, permitido que frente a sus propios ojos las cosas escalaran.
—Realmente, eres una persona muy gentil — Darién dijo con tanta gentileza que su voz casi parecía ser capaz de tocar a Lita —. Esto no fue tu culpa, o de nadie. A veces las cosas malas, simplemente pasan.
Eso Lita lo sabía. Sus padres eran prueba de que cosas horribles pasaban todo el tiempo. Lita esperaba que las cosas no llegarán a ello, que Sailor Moon y las demás lograrán salvarlos a tiempo. Si no, Lita haria lo posible para lograr liberar a Darién y después a Nehprite.
—Cuando la youma vuelva, le voy a pedir que te libere y la voy a distraer — Darién hablo antes de que Lita siquiera hubiera comenzado a planear.
Era extraño contrastar al muchacho burlón de media hora atrás con el joven que lograba mantener su cabeza fría y parecía dispuesto a sacrificar su vida por Lita. Por ella que era prácticamenente una desconocida y, en secreto una scout.
—Ya volví, amado mío — la youma entró a la habitación, su vestido blanco con escote empedrado y la falda tan corta que de haber tenido apariencia más humana le hubiera dejado poco a la imaginación. Darién volteó hacia la youma con calma.
—Bienvenida — lo dijo con tanta falsa cordialidad como le fue posible, pero Darién no era el tipo de personas que es bueno en mentir, y su sonrisa estaba al borde de caer ante la falsedad de su acto — ¿Podrías liberar a nuestros invitados?
—¿Qué? — la youma inquirió confundida y giro su cabeza para ver mejor a Nephrite y a Lita.
—¿Qué clase de anfitriones seríamos si no les tratamos bien? Hablaran mal de nuestra boda.
Lita pudo ver la manzana de Adán de Darién moverse cuando el tragó saliva. Las palabras eran falsas pero era obvio que para Darién pronunciarlas casi lo había ahogado. La youma no notó eso y estaba tan complacida que las ataduras desaparecieron volviéndose primero hilos y después humo.
Antes de que Nephrite cayera de cabeza al piso, Lita logró salvarlo, pero el abrupto movimiento logró despertarlo un poco.
—Ya no puedo ver los colores — la youma ingnoro a los dos "invitados" para enfocarse en solo encontrar la mano de Darién y cuando la sostuvo, el timbre de su voz fue más alto — Maravilloso, solo tengo que tocarte y vuelven. Eso es prueba de nuestro amor, por siempre y para siempre unidos...solo falta...
La youma metió su mano en el escote, Lita observó cómo la mujer sostenía una pequeña botella transparente con alguna sustancia rojiza dentro, y sintió un escalofrío recorrer su espalda. A su lado, Nephrite sacudió la cabeza, aún desorientado.
—Más invitados. Necesitamos más invitados — Darién se apresuró a decir pero la youma negó con la cabeza. Los ojos azules de él viajaron brevemente a Lita y Nephrite mientras decía eso.
La youma volteó a ver a los dos castaños y negó con la cabeza, y lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
—Me quieres engañar con esa...no puedo creerlo, mírala...esta muy alta, es como una de esas fenómenos de circo y aún así tu...
—¡Cómo te atreves! — Lita gritó y cegada por la furia, se abalanzó hacia la youma dispuesta a destruir la cara del monstruo con sus puños desnudos. La youma contrataco más rápido de lo que Lita logró abarcar la distancia.
—¡Lita!
Ella sintió la sangre recorrer su muñeca en cuanto cayó sentada al piso. Una daga, hecha de algo que no era tela, le había conseguido atravesar la piel de su brazo y un golpe en el estómago logró hacerla caer para atrás. Aún así, ella no se iba a rendir.
Logró ponerse de pie, respiró profundamente y apretó la mandíbula dispuesta a luchar. La youma parecía dispuesta a matarla. Darién tenia otras intenciones y se abalanzó a la espalda de la youma, intentando inmovilizarla. El frasco en la mano de la youma cayó al piso sin romperse y su tintinear desapareció en el grito de Darién.
—¡HUYE!
La youma soltó un grito más de bestia que de humano, y con lazos de tela, se quitó a Darién de la espalda y lo lanzó contra la pared con tanta fuerza que hizo retumbar la habitación. Logró el cometido de hacer que la youma olvidará a Lita y enfocará toda su atención en él.
Lo que no esperaba nadie era que Nephrite lanzará una ráfaga de energía oscura que envió a la youma a volar contra la mesa, haciéndola astillas. El general, vestido de su traje gris, miró a Lita con sus frios ojos azules y alzó una mano en dirección de ella.
Lita respondió mirándolo con odio. Si él quería pelear, entonces ella le daría rayos y centellas para una vida.
—¡Agh! — Nephrite sacudió su mano, la volteó para ver su parte trasera y se quitó de la piel una aguja. Tanto Lita como Nephrite tuvieron como primer instinto ver hacia la inconsciente youma pese a que él ataque había provenido del lado contrario.
Nephrite apretó sus labios al descubrir quien lo había atacado. Ahí, recargado contra la pared, con un labio sangrante, Darién lo observaba desafiante. El general caminó hacia el muchacho, deteniéndose únicamenente para agarrar el frasco del piso. El general continuó su caminar medio hipnotizado y Lita respiró profundo, esperando el momento de atacar.
—Con esto, te vas a recuperar — Nephrite dijo mientras apretaba el frasco en sus manos, su caminar rítmico mientras caminaba hacia Darién y después, se inco para estar a la altura de Darién — Con esto, vas a estar mejor.
—¿Nephrite? — la voz de Darién por primera vez en el día, era tímida, y Lita comenzó a buscar su pluma de transformación.
En retrospectiva, ella debió haber sacado la pluma desde el principio.
La mano de Nephrite cayó en el hombro de Darién, su pulgar justo debajo del cuello del muchacho.
—Confia en mi. Esto te hará sentir mejor.
—¡Por el poder del cristal de Júpiter, transformación!
Los dos hombres voltearon simultáneamente a ver en dirección de los rayos. Nephrite con la boca abierta por la sorpresa y Darién, pese a la situación, se puso rojo al ver la transformación ocurriendo frente a sus ojos.
—Lita Kino...es Sailor Jupiter — Nephrite logró susurrar y se incorporó. Sailor Jupiter alzó sus puños.
Pelear con sus truenos en un lugar tan cerrado, con Darién tan cerca, no era buena idea. Ella estaba en desventaja.
Nehprite logró recorrer la distancia entre ellos en unos pocos segundos y su golpe fue detenido por el brazo de la Sailor, quién más que detenerlo consiguió desviarlo con ese movimiento. Aún así, no pudo evitar un golpe de energía que la envío volando contra el techo.
—Con esto Darién estará mejor. Deja de entrometerte — Nephrite le dijo a Sailor Jupiter cuando ella cayó al suelo.
—¿Ayudarlo?— la Sailor escupió las palabras y un poco de saliva —¿Como a esa mujer?
—¡Lo curará! —Nephrite gritó con tanta fuerza que otras hubieran perdido el ritmo de sus acciones, pero la scout continuó incorporándose.
—¡Nephrite! ¡Detente! —la voz de Darién fue autoritaria, intentando imponerse sobre la situación — Atacar a una amable damisela es indigno de quién se llama así mismo hombre.
Nephrite carcajeó con mal humor.
—Ahora te crees Tuxedo Mask, lanzando objetos puntiagudos, dando sermones a mitad de la batalla, salvando a scouts...es por eso...que no puedo permitirte continuar siendo como eres — pese al tono patronizador, Nephrite obedeció la orden de Darién e ignoró a la Júpiter y volvió hacia Darién. Después, abrió el frasco y la scout sintió su estómago revolverse ante el el olor.
Le recordaba a la muerte.
Iba a tener que lanzar un trueno para detener esa locura. Darién iba a salir un poco lastimado, pero él tenía alguna especial de poder, lo ocurrido en el edificio de los criminales era prueba. Ella esperaba que él no le diera a ella el tratamiento que le dió a esos hombres.
—¡Alto ahí! — un coro de voces gritó desde la puerta y varios pares de ojos se dirigieron a las culpables.
Todas las chicas estaban ahí, Sailor Moon frente a ellas tenía un dedo acusatorio dirigido a Nephrite.
—¿Qué estás haciendo? — Venus inquirió mientras caminaba hacia los dos hombres. A Júpiter no se le escapo notar que su compañera había adquirido una postura hostil al ver el frasco en la mano de Nephrite.
—Con esto lo curare — Nephrite ignoró a Venus y dirigió su súplica a una Sailor Moon bastante horrorrriza.
—Basta, Nephrite. No sé qué sea eso, pero no lo quiero — Darién suplico, tomando gentilmente el brazo del general para que volviera su vista a él, pero Nephrite se soltó del agarre y tras ver a todas las scouts juzgandolo con diversos grados de hostilidad, se teletransportó y dejó el frasco atrás de él, suspendido en el aire por medio milisegundo. Darién de alguna forma logró atrapar el objeto sin derramar ninguna gota.
Venus se puso pálida al ver eso y en dos pasos, estaba frente a Darién, extendiendo una mano hacia él. Todo músculo de su cuerpo tensado por el terror. El muchacho dió el frasco a la scout sin decir ninguna palabra.
—Hay una youma ahí — Mercury señaló a la youma inconciente y después le dió una señal a Sailor Moon con la cabeza — Utiliza la curación lunar, es una humana.
—Sí...ya voy — Sailor Moon logró decir tras cerciorarse que Darién estaba bien. Una vez que la batalla terminó, Jupiter se ofreció a esperar a que Jadeite lo recogiera.
Sailor Moon aceptó, por algún motivo, no sintió celos. Después, en la seguridad de su habitación, cuando nadie la viera y el recuento del día ocurriera, se recordaría que Darién era su vecino y ella tenía una promesa con él que nadie más compartía. Pero eso sería después.
