Alcanza el cielo y tocalo, allí lo tienes.
Estaremos aquí para siempre, levántate y gritalo.
Buscó a sus compañeros, luchando por encontrarlos entre la multitud, sólo quería desearles suerte (muy en el fondo creía que no lo necesitarían). Vio, entonces, a Neji entrar en una de las tiendas; no dudo mucho antes de caminar hacia dónde él se encontraba.
—¡Neji! —el muchacho se hallaba observando un pergamino extendido en la mesa, era un mapa, supuso, al acercarse un poco más noto que así era—. ¿Viste a Lee?
—No —la miró frente a frente, y ella pudo notar algo de preocupación en sus ojos—. Deberías estar con tu división.
—Lo siento, quería desearles suerte —las mejillas de la castaña adoptaron un tono rosado—. Quería decirte algo antes de irme.
El chico levantó una ceja, expectante. La muchacha jugó con su dedos en señal de nerviosismo.
—Realmente no es que dude de ustedes, todo lo contrario son capaces de todo —una mueca de disgusto se formo en su rostro—. Pero no me creo capaz de afrontar esto...
—Tenten.
—No, déjame terminar —lo miró a los ojos, con un brillo extraño—. El caso es que, si yo no puedo...si fallo —sus ojos se humedecieron, el de ojos color perla la observó confuso (algo triste también)—, quería decirte que te quiero. No me refiero de manera amistosa, tú me gustas Neji, mucho.
—No vas a fallar Tenten —el Hyūga extendió su mano hacia su mejilla, acariciándo su rostro gentilmente. La castaña sintió su rostro arder, ¿qué significa aquello?
—¿Neji?
—Um.
—¿A caso tú?
—Si.
—Oh —sus labios se unieron en un cálido beso, sus manos colocadas sobre el pecho de él, y su rostro siendo acariciando por quién amaba. Deseaba que se repitiera, luego de que todo acabara, cuando ya podrían querer al otro sin miedo a perderse.
—¡Oh! ¡No hay nada más hermoso que la llama de la juventud ardiendo intensamente! —Maito Gai los observaba con ojos llorosos desde la entrada— ¿No es así mi querido pupilo?
—¡Claro que si, Gai-sensei! —el cejotas más joven abrazó a los castaños, llorando exageradamente.
—Lee —murmuró Tenten, avergonzada—, estás haciendo un escándalo.
—Es la emoción, mi bella flor —se separaron, para luego unirse (obligando al Hyūga) en un abrazo más cómodo. Su maestro los observó, recordando el momento que los vió la primera vez, parecía ser, en aquél entonces, que un abismo los separaba; muchos años después, veía un puente sobre aquel abismo.
—Suerte, chicos.
—Ninguno lo necesita, ¿no es así, Gai-sensei? —Lee sonrió a Maito, el correspondió. Tras unos segundos, ya se encontraban libres de aquél gesto afectuoso.
Gai se preguntó entonces, al verlos marchar, si ellos también notaban que tan alto habían volado.
