Capítulo 31
La psicologa Lyreb accedió a la entrevista del detective Saito sin poner muchas trabas y él estaba agradecido por ello.
Venus había ordenado el cese a la investigación sobre Chiba o Tristan, alegando que ella misma estaba investigando, pero Saito sospechaba que los motivos de la scout no estaban relacionados con los de la Oficina. Chiba había aparecido un día, sus "padres" personas acaudaladas sin ningún registro claro y la indemnización y pensión provistas por las Oficinas del Milenio de Plata eran elevadas, a tal punto que él tendría que haber sido un noble en su vida pasada, pero si fuera así, su pasado no sería tan nebuloso que a veces él creía haberse perdido en un corredor que estaba en ningún lado.
Saito tenía buenos motivos para sospechar que Chiba era un agente encubierto del Dark Kingdom, si era youma o humano corrompido estaba por verse.
—Pase, pase — la psicóloga lo paso a la oficina y le ofreció un poco de té. Él lo rechazó por convicción. La mujer se sentó en su silla y observó a Saito antes de hablar — Dice que quiere hablar sobre mi paciente Chiba.
Una alarma sonó en la cabeza de Saito por la forma en que la doctora pronunció el nombre del muchacho.
—¿Alguna posibilidad de que sea un peligro? — Saito decidió ir directo al punto y la mujer suspiró profundamente.
—Me temo que sí. Es horrible pero considero que Chiba ha mostrado tendencias suicidas y algunos ataques de violencia...tal vez sea necesario institucionalizarlo.
Saito accedió con la cabeza aunque no tenía ningún plan de encerrar a Chiba en ninguna institución.
Incluso cuando llegó a su casa, sintiendo todo el peso de un día infructuoso, jamás consideró hacer caso a las indicaciones de la doctora.
Su hija le sirvió la cena y después lo dejó solo porque iba a hablar con unos amigos de la Universidad. El tiempo definitivamente volaba incluso para él que recordaba haber vivido un par de siglos en una vida pasada.
Sí que volaba demasiado rápido y él tenía la impresión de que se estaba perdiendo algo.
Dos cristales más y encontraría a la princesa. Eso era lo único en que Serena podía pensar mientras acomodaba por enésima vez los cristales, como si pudiera conjurar algún poder usando una combinación secreta.
Ella tenía que conseguirlo.
Para acabar con Malakite y Zoisite y sobre todo para proteger a Darién y a sus amadas amigas.
Sus manos apretaron los cristales, haciendo un bulto en su mano y pinchando un poco sus palmas. Faltaba poco y al mismo tiempo, demasiado tiempo. Afuera, la luna brillaba como si quisiera decirle algo, pero ella era incapaz de escucharla.
—¿Serena? — su madre tocó la puerta antes de entrar, sus ojos preocupados. Serena logró ocultar los diamantes en un cajón antes de que sus mamá pudiera verlos.
—¿Ocurre algo malo?
—Últimamente has estado muy preocupada... ¿es acaso porque te prohibimos ver a Liar?
—No — Serena rió, la idea sonando graciosa en su cabeza. Liar era su pasado y Darién su futuro, de eso ella estaba segura. Ni el destino podía evitarlo. Esa era la convicción de Serena —. De hecho, ya no quiero nunca tener que ver a Liar.
— ¿Estás segura? ¿Es tu alma gemela? — Ikuko alzó una ceja y su cara se iluminó al notar el rostro de su hija — ¿Estás enamorada? No, no me digas. Es ese muchacho guapo, nuestro vecino..Damián.
—Darién — Serena suspiró el nombre y al ver a su mamá se puso roja. Hablar de su amor por Darién con su mamá era diferente que hacerlo con sus amigas. Lo volvía más real.
La mayoría de su vida era un caos de vidas pasadas, una guerra milenaria, scouts y generales. Algo que parecía un cuento lleno de monstruos en lugar de la vida normal de secundaria que había tenido solo un año atrás. De Amy a Darién, todos formaban parte de el pandemonium de ser scout.
Su madre, su padre y su hermano, ellos eran normales, alejados de aquella vida de magia que amenazaba consumirla. Ser normal no era la realidad de Serena, pero confesar sus sentimientos por un chico, era tan dulcemente normal que ella olvidó por unos segundos que Darien era el guardián de la Tierra y ella una scout.
En ese momento, con su mamá tomando las manos de ella, Serena y Darién eran simplemente vecinos. Una historia típica de romance tan cliché que nadie escribiría un libro sobre ellos.
—Parece un chico muy agradable.
—Lo es. Es el mejor en todo el mundo.
—Deberíamos invitarlo a la casa.
Serena sonrió feliz y negó con la cabeza. Ella conocía a su padre y Kenji, pese a tolerar a Liar, era un hombre celoso sobre su hija. El día que su padre descubriera que el vecino era un contendiente en el corazón de Serena, ella no podría platicar con Darién como lo había estado haciendo desde hace tiempo.
Su mamá comprendió y le guiñó un ojo en conspiración. Sin embargo, después, su cara cambio a una de preocupación.
— Ayer unos policías vinieron a su casa — Ikuko comentó pensativa, rompiendo la burbuja en la normalidad.
Mina les había informado que había un detective que sospechaba que Darién era un youma. La scout de Venus había detenido la investigación, pero mientras la mala fortuna acompañará a Darién, él no podría librarse de los detectives.
—No sé mamá — la mentira salió de sus labios con facilidad, como si ella hubiera actuado por horas la mejor forma de engañar a su familia —. Tengo sueño, ¿me rascas la espalda?
—Por supuesto.
Serena se dejó llevar al mundo de los sueños, la mano suave de su mamá en su espalda.
Y despertó en medio de un jardín de flores de diversos colores, eran tan exóticas que nunca había visto alguna similar en su vida. Ella tocó el pétalo enorme de una flor azul cielo, sintiendo la suave textura a través de la yema de sus dedos y sonrió.
El lugar le era familiar. Era su hogar.
—¿Serena?
Ella se puso de pie y buscó al dueño de la voz, una sonrisa alegre al reconocer de inmediato de quién era. Una parte de ella sabía que todo era un sueño y por eso, sin titubear, se abalanzó al pecho de Darién, oliendo su familiar fragancia a rosas, tierra mojada y sudor. La fragancia irresistible que prometía protección y seguridad.
Él tardó un rato en darle un par de palmadas en su espalda. Ella, por supuesto, estaba confundida, en sus sueños su amado era siempre más cariñoso, una versión idealizada dispuesta a cumplir los caprichos de Serena sin que ella dijera palabra.
—¿Qué haces vestida así?
—Lo mismo te puedo preguntar yo.
Ella tenía puesto un largo vestido blanco con encaje dorado y él, un uniforme azul y una armadura oscura por encima de su pecho. Ambos, en opinión de ella, parecían estar disfrazados como príncipes de cuentos de hadas.
—Este es un sueño extraño — Darién dijo y alejó a Serena de su cuerpo, una pequeña mueca de desagrado en sus labios. Aún así, ella le dió la razón, su sueño no debería ser tan extraño.
Darién comenzó a caminar, alejándose de Serena, y ella empezó a seguirlo, confundida por su aberrante actitud. Después de varios minutos y tras pasar una cascada de agua rosa, Darién se detuvo en seco y enfrentó a Serena.
—¿Has visto a una princesa por aquí?
—No.
—¿A Sailor Moon?
Serena pestañeó un par de veces, sus ojos azules buscando una respuesta en la cara de él. En sus sueños Darién sabía que ella era Sailor Moon. Tuxedo Mask y Motoki antes que él, todos los hombres de su fantasía sabían su identidad secreta. Excepto por la versión rara de Darién frente a ella.
—¿Pasa algo malo Darién? ¿Por qué necesitas a Sailor Moon? — en cuanto terminó de decir la pregunta, el corazón de Serena se hizo pequeño y ella retrocedió un paso y tapo su boca, y sin dejar de mirar a Darién, le preguntó —¿alguien te ha hecho daño?
—Solo los youm-
Darién se detuvo en medio de la palabra, recordando algo que lo perturbaba y el mundo alrededor de ellos empezó a ser cambiado, la cascada de agua rosa empezó a oscurser, el piso prístino bajo sus pies se volvió lodo y los alrededores se encogieron hacia ellos. Serena reconocía el lugar, el olor y los cadáveres.
Busco a Darién inmediatamente y lo encontró recargado contra la pared, su ropa la de un paciente de hospital y uno de sus ojos vendados. Su ojo bueno estaba abierto y su boca formaba un perpetuo grito mudo.
Ella también estaba aterrorizada y más porque aunque las ropas de Darién habían cambiado, ella seguía usando el lindo vestido blanco, por lo que los bordes se ensuciaban con la sangre derramada en el suelo ¿estaba aumentando de nivel?
—No. Yo no... — Darién se deslizó por la pared y cayó en el "agua" roja que bañaba el lugar. Estaba al borde de morir del miedo, incapaz de soportar ver la masacre que él había ocasionado.
Cierto, la mente de Serena susurró, Darién había hecho eso. Él era un criminal del que incluso su madre parecía estar preocupada.
—Eres mío —una voz ronca de mujer sonó en dirección de Darién y Serena vio en el reflejo de él una serie de manos sin carne atraparlo — Olvida todo lo demás y se mío.
—Yo lo tomaré y nunca tendrás que sufrir más — la misma voz dijo detrás de Serena y ella sintió una mano tocar su tobillo. Dió un grito agudo mientras daba un brinco para atrás y eso logró sacar a Darién de su transe de terror ciego.
Él se apresuró en ir a su ayuda y la sujetó por la muñeca izquierda para tranquilizarla. Ella vio su cara era triste y como parecía más cansado que nunca. Una lágrima recorrió su blanca mejilla, después otra. En unos segundos, él la estaba abrazando.
—Perdoname, Darién — Serena gimió desde el pecho del muchacho —Debí haberte salvado antes.
Si ella hubiera sido más fuerte, más rápida, más inteligente, entonces hubiera podido haber evitado toda esa masacre que amenazaba con destruir los sueños de ambos.
—No quiero... — él dijo desde el hombro de ella, su cuerpo aún cargado de los últimos vestigios de su terror temblaba en los brazos de ella —, no quiero recordar esto. No quiero.
—¿Tienes miedo? — ella preguntó mientras sujetaba la mano de él cuidando de mantener la misma distancia entre ellos. Lo quería cerca. Los hombros de él perdieron tensión al sentir los dedos de ella atrapando los suyos.
— Ya no. Antes sí, pero en este momento no. No tengo miedo.
Ella sí seguía teniendo miedo. El lugar de sus sueños era más bien una pesadilla y el Darién de sus sueños era un mar de emociones caóticas que él parecía ser incapaz de controlar.
—Es extraño — Darién rió en el hombro de Serena —. Siento que si tú estás conmigo es imposible temer. Mi corazón está en completa calma; es como si tus brazos fueran la promesa de la paz más sublime y mi corazón solo pudiera sentir serenidad a tu lado.
Unos segundos atrás, el Darién de sus sueños había estado fallando en ser ideal, pero tras esas palabras, Serena decidió que el actual Darién era mucho mejor. Lo que decía llenaba su estómago de mariposas, la hacía desear abrazarlo con más fuerza y acariciarlo y olvidarse de su propio nombre.
—Puede ser tuyo — la voz ronca susurró en el oído de Serena y ella sintió un vacío en sus brazos. Estaba de nuevo sola, en medio de las ruinas de un castillo blanco y encima de ella, el cielo parecía pudrirse.
—¿Dónde está Darién? — Serena preguntó con firmeza, su voz logrando hacer ondas en el agua roja que seguía cubriendo el lugar.
—Aquí.
Una luz rojiza partió del cielo y cayó sobre una figura tendida en un pilar. De nuevo, Darién había cambiado de ropa, su traje de hospital cambiado por una túnica blanca que mostraba casi tanta pierna como el uniforme de scout de Sailor Moon.
Por algún motivo, Serena lamió sus labios y sintió calor en su estómago junto a una llama de deseo en su pecho..
—Ven conmigo, y lo haré tuyo para siempre — la voz era una caricia sobre sus hombros, tentandola a aceptar la propuesta.
Sí. Era cierto. Si aceptaba, tendría el poder de desafiar el destino, de deshacerse de conceptos como almas gemelas y podría salvar a Darién. Los dos vivirían juntos por siempre.
Serena dio un paso y su estómago se volcó. Todos sus instintos gritaban que algo estaba mal. Esa voz era peligrosa, su energía era familiar como el olor de lo podrido y ella recordó, no a Beryl en el cuarto de trono ni sus pesadillas de castillos destruidos, no, lo que apareció en su mente fue Kunzite llevando a Daríen a un callejón y en Nephrite, intentando forzar a Darién a beber una sustancia que era la sangre de Metallia, y Darién diciendo que no quería. Él no quería.
—Él no sabe lo que es mejor para él. Tu sí. Tu sabes que él necesita mi ayuda, mi fuerza. Ayúdame a salvarlo y así ambos estarán juntos.
—¡Jamás! — Serena gritó, sus ojos viendo por primera vez la figura oscura en el cielo, más una serie de sombras deformes que una persona. Ella era Metallia — Tú eres un ser maligno que utiliza el amor de las personas para corromperlas, transformando sus puras intenciones en obsesión y manipulación. Yo no te perdonaré eso.
El cetro lunar apareció en su mano derecha y Serena suspiró mientras llevaba el objeto a su pecho. Iba a destruir esa asquerosa criatura llena de veneno.
—Por el halo de la princesa de la luna — se escuchó decir así misma, el agua roja a su alrededor volviéndose cristalina en un remolino que partía de las puntas de los pies de ella — ¡CURACIÓN LUNAR!
El lugar fue bañado por una tenue luz rosa que cubrió todo con gentileza y en un parpadeó, Serena estaba de nuevo en el jardín, Darién frente a ella, curado de los vestigios de Metallia que habían estado dentro de él.
—¿Princesa? — Darién preguntó, sus cachetes rojos y sus ojos curiosos — En realidad eres...tuve un sueño horrible…¿sigo soñando, verdad?
Lejos de ser la ilusión que llamaba a su más pura lujuria, el Darién frente a ella,tan confundido de todo y lleno de emociones contradictorias, le recordaba cuánto lo quería.
Y solamente porque podía, Serena ignoró la pregunta, caminó hacia él, se puso en puntillas y besó la comisura de sus labios antes de dejarse caer en los fuertes brazos de él.
Despertó en el suelo de su casa, agarrando una almohada en lugar de un apuesto príncipe y suspiro decepcionada. Sintió calor en su frente y brevemente se preguntó así misma porque sentía que había corrido un maratón.
Darién tocó la comisura izquierda de su labio. Aún podía sentir el beso de mariposa de su princesa ahí. Sus cachetes seguían rojos y él no podía lograr calmar el revoloteo en su estómago. Quería alzar un puño al cielo y gritar que era invencible, pero en lugar de ello comenzó a girar en su cama mientras se guardaba sus gritos de felicidad.
— ¿Dormiste bien? — Nephrite preguntó mientras entraba en la habitación. Darién normalmente hubiera soportado con tristeza que Nephrite entrará a su habitación, pero en ese momento, estaba demasiado contento como para no continuar sonriendo.
—Sí — Darién suspiró la palabra, colocó sus brazos detrás de su cabeza y miró hacia el techo. El mejor sueño del mundo.
—¿De qué trataba?
— Secreto — Darién cantó y de nuevo comenzó a rodar en su cama.
Neprhite encogió los hombros y entró al baño de Darién, artículos de limpieza en su mano. Jadeite tocó la puerta de la habitación unos segundos después y miró a Darién como si le hubiera salido otro brazo.
Después, sutilmente fue hacia Nephrite.
—¿Darién tuvo uno de esos sueños? — preguntó en voz baja y Darién solamente logró oírlo porque algo de su euforia había empezado a declinar.
—Conociendolo, soñó que una niña lo besaba.
Darién solamente pudo sonreír más al recordar el beso y abrazo su almohada, por suerte, los otros dos hombres estaban ignorándolo.
—Eso es ridículo —Jadeite dijo.
—Nunca has estado enamorado —Nephrite contestó sabiamente. Después agregó — Sin embargo, su actitud tendría más sentido si lo hubieran besado en la vida real y no en un sueño.
Darién dejó de sonreír. Un sueño, por supuesto. Si él era realista, los sueños eran eso nada más, invenciones creadas por el cerebro mientras se dormía. El beso no había sido real.
¿O sí? La princesa era real, él la había visto y todos sabían que Sailor Moon era una heroína de verdad. Además, él tenía poderes así que quizá todo había pasado como en su sueño o tal vez era una visión del futuro.
—Deja de soñar y prepárate para ir a la escuela — Nephrite amonestó, pero él también estaba sonriendo.
—Ya voy — Darién dijo aunque no tenía intenciones de dejar de soñar en ella todo el día.
Fue un terrible descubrimiento. Algo que Nephrite jamás pudo haber calculado.
No llevaba ni cinco minutos de haber salido al patio, Darién en su silla de ruedas intentando acomodarse solo en el asiento del copiloto, cuando una de las vecinas corrió hacia ellos con lágrimas en los ojos.
—No puedo creerlo — la mujer dijo mientras abrazaba el cuello de Darién — Tengo cuarenta años esperando este momento.
—¿Eh? — Darién logró decir pero seguía aún en las nubes tras su sueño de la mañana, todo en él la perfecta imagen de un enamorado.
—Eres mi alma gemela…¡oh, Dios! — la mujer tomó las manos de Darién entre las suyas y el muchacho parpadeó varias veces — Estaba regando mis plantas y te vi y ahora, finalmente, finalmente nos hemos encontrado. El mundo realmente es mucho más bello ahora.
Nephrite decidió que ya había escuchado suficiente. El poder de Darién de ser tocado y devolver a las personas el color, eso era algo que Nephrite, Jadeite e incluso las scouts sabían. Pero ¿que los poderes de Darién actuarán como los de las almas gemelas normales, a través de algo tan común como la visión?, eso era algo nuevo y potencialmente peligroso.
Sin preocuparse mucho de sí era visto o no, Nephrite tocó el hombro de la mujer, la puso a dormir y borró los recuerdos del evento.
Una parte de él, por primera vez, se percató de que tenía demasiada experiencia borrando vestigios de supuestas almas gemelas. La llevó cargando hasta la puerta de la casa de ella y la recostó en una silla que ella tenía para las visitas. Todo lo hizo con practicada calma.
Sin embargo, una vez que estaba de vuelta en la casa, no pudo evitar sentirse derrotado.
Una cosa eran poderes táctiles, otra eran los visuales. Por supuesto, Darién tenía poderes ópticos, eso era claro desde la primera vez que los usó para enviar el mensaje de que debajo de su yeso tenía una infección.
—Nephrite, ¿qué le hiciste a esa mujer? ¡Por qué lo hiciste!
Darién estaba molesto. Y mucho. Si solo él pudiera entender el peligro en el que estaba la vida de Nephrite se volvería mucho más sencilla.
Una voz oscura empezó a sonar en su cabeza. Lo único que requeriría para salvar a Darién era poder. Y él no entendía.
Brevemente pensó en golpear a Daríen, intentar dejarle en claro el peligro del mundo. O llevarlo a la mansión o…
Nephrite respiró profundamente. Darién estaba muy feliz en la mañana y eso lo hizo sentir feliz a él mismo. Si pensaba en aquella felicidad enamorada que Darién tenía, Nephrite quería cuidarla. El amor del resto del mundo, los enamorados en la calle y las bodas, todas esas cosas causaban risa en Nephrite, pero Darién era diferente a los demás, si había alguien a quien Nephrite quería proteger era al muchacho.
—Si no asisto a la escuela, el detective se molestara y ni la visita a la psicóloga resolverá esto — Darién mencionó irritado.
Nephrite quiso golpearse la cabeza.
Estaba trabajando contra reloj.
