Capítulo 32
Serena aún seguía en las nubes cuando llegó a la escuela. El beso dentro del mundo de sus sueños podía ser casto pero era algo mucho más especial que cualquier otro beso.
No era Serena siendo besada por un hombre que no amaba; tampoco era Darién besando a una superheroína. No, el beso en sus sueños era la primera vez que Serena besaba a Darién, en un lugar secreto solo para los dos que surgía al cerrar los ojos.
Sí, existía el enorme detalle de que todo había sido un sueño, pero aún así, el aroma y las palabras de él parecían tan reales que le era difícil creer que no ocurrió.
Incluso la voz de Metallia, femenina y cavernosa, había parecido asquerosamente real tanto cuando buscaba seducir a Darién como a Serena.
Estaba pensando en ello, cuando su comunicador sonó, por la luz del monitor sabía que la llamada era de Luna y tenía que ser algo urgente. Pidió permiso para ir al baño y salió corriendo por el pasillo en cuanto la maestra accedió con la cabeza.
Cuando llegó al lugar, donde otro humano youmificado estaba ocasionando problemas, Serena, como Sailor Moon, ya no tenía aire en sus pulmones y se tuvo que recargar contra un poste de luz mientras recuperaba el aliento.
Era la primera en llegar y por eso Luna saltó al lado de sus pies. Ambas miraron en dirección de la youma asegurándose de no llamar su atención. Por suerte la youma estaba contenta de pasar sus dedos de muñeca por los aparadores de la calle y dejaba tranquilos a las personas que miraban aterrorizadas desde adentro.
—¿Qué puede hacer esa youma? — Sailor Moon preguntó, sus ojos fijos en la criatura que parecía un maniquí vestido con puro maquillaje y parecía provenir de una película de terror.
—Dos calles atrás la ví tirar cosas que parecían etiquetas a varias personas. Las inmoviliza con ese ataque y después les absorbe energía para lanzar más etiquetas. Comenzó siendo capaz de tirar solo una y ahora ya puede hacer un remolino con cientos.
—¡No! ¡Por favor no!
Una mujer de unos cuarenta años, despistada, había salido del pasillo de un negocio sin ventanas, y se encontraba a solo un metro de una youma que la miraba con ojos de cristal. La mujer gritaba por ayuda pero el resto de las personas se mantenía en su lugar seguro de observadores.
Sailor Moon cerró sus ojos antes de salir de su escondite, buscando calmar su propio miedo. Como heroína, tenía que aparentar ser eficaz o las personas podrían entrar en pánico.
—¡Los maniquíes son para poner hermosos vestidos de otoño, usarlos para espantar a los amantes de la moda es un crimen! ¡Soy Sailor Moon, y te castigare en nombre de la Luna!
La mujer inocente aprovechó para escapar mientras Sailor Moon decía su sermón y la youma- maniquí giro su cabeza de porcela 180 grados en lugar de girar parte de su cuerpo de muñeca.
Sailor Moon realmente odiaba ese tipo de youma.
La youma soltó un grito animal y después, de su boca, salieron volando estampas de vibrantes colores amarillos.
Sailor Moon intentó esquivarlas saltando encima de la marquesina de una tienda cercana, pero por una mala pisada al saltar, terminó con un pie fuera del techo, desequilibrando su balance y la gravedad se impuso sobre la heroína.
Ella cayó sobre su lado izquierdo y el dolor de la caída atravesó su cuerpo, cegandola por un segundo y haciéndola ver borroso tras parpadear una vez. Mientras lograba enfocar su vista, la youma lanzó una etiqueta que se clavó justo en el cachete derecho de la heroína y ella sintió electricidad recorrer todo su cuerpo.
—No puedo moverme, ¡Luna! —Sailor Moon gritó desde el suelo, incapaz siquiera de mover su dedo meñique, buscó ayuda en su gata guardiana —¡LUNA!
La youma avanzó hacia Sailor Moon, arrastrando sus pies falsos sobre el pavimento, su humanoide figura rosa alzándose sobre la forma inmóvil de la joven heroína. Después, lentamente los dedos sin uñas se dirigieron a la cara de Sailor Moon y ella cerró los ojos como si con ello pudiera hacer desaparecer al monstruo y aparecer de nuevo en la seguridad de su salón de clases.
El olor a rosas, tierra y sudor más que la familiar tela de esmoquin la hicieron abrir los ojos al mundo real. Estaba en los familiares brazos de un hombre que ella conocía muy bien. Y sin embargo, al ver la máscara blanca, Sailor Moon buscó alguna prueba de que él no era quien decía ser.
—Tuxedo Mask — exhaló el nombre con cuidado y se forzó así misma a no respirar su fragancia. Su mente estaba haciendo cortocircuito y su corazón acelerado no ayudaba mucho en calmar sus deseos de oler de nuevo el aroma que la perseguía incluso en sueños.
—¿Estás bien, Sailor Moon?
Tuxedo Mask tenía una voz autoritaria, noble y mesurada. Jamás ella lo había escuchado usar un tono burlón y sin embargo, su mente recordaba justo el nivel de aguda que se podía volver esa masculina voz al momento de lanzar una burla.
—¿Sailor Moon? ¿Qué pasa?
Sailor Júpiter saltó al lado de la pareja de héroes, su cabello castaño, casi rojizo, revoloteando con el viento del medio día, sin embargo, Sailor Moon apenad y la vio, la mayoría de su atención aún puesta en la figura negra de Tuxedo Mask.
Él estaba parado, sosteniendo el peso de Sailor Moon sin problemas, y ella no podía dejar de verlo. Su barbilla, nariz y cachetes no eran ocultos por el antifaz y su sedoso cabello negro mantenía su volumen pese a estar debajo de un sombrero de bombillo.
—¿Sailor Moon? — esta vez fue Mercury la que buscó llamar la atención de su compañera. A diferencia de Júpiter, la heroína de Mercurio tenía el ceño fruncido mientras miraba a Tuxedo Mask.
Sailor Moon respiró profundo antes de colocar su mano sobre el pecho de Tuxedo Mask, pidiendo con ese gesto que él la dejara ir. Él obedeció, su boca mostrando señales de preocupación que sus cejas ocultas eran incapaces de mostrar.
Ella pensó un segundo en sonreirle. Pero aún no podía. En lugar de ello, señaló al youma y les ordenó a sus amigas que lo detuvieran mientras ella cargaba el ataque para curar al humano del mal dentro de su persona.
Una vez que la batalla acabo, Tuxedo Mask ya se había ido. Sailor Moon apretó sus labios y se trago el grito que deseaba realizar desde el principio. El sofocante aroma a rosas permaneció con ella incluso cuando volvió al salón.
Nephrite había perdido puntos de gallardo desde que supo que Lita era Júpiter. Primero la había atacado y después, de la nada, decidió aparecer en la salida de su escuela pareciendo un león enjaulado.
Serena y Amy se detuvieron al mismo tiempo que Lita para ver al general dar otra vuelta sobre sí mismo.
Era posible que él supiera que sus amigas eran scouts, pero ella no tenía forma de confirmar qué sabía o no Nephrite sin revelar demasiada información.
—Chicas, dejenmelo a mi —Lita les dijo a Amy y Serena, pasando su portafolio por encima de su hombro.
Las dos jóvenes accedieron con la cabeza tras lanzar un mensaje entre ellas. Aunque la expresión de Serena siguió siendo igual de triste como lo habia sido desde que vencieron a la youma.
Lita no quería pensar mal de Tuxedo Mask, pero tampoco podía creer en que él era diferente. Especialmente no podía bajar su guardia cuando recordaba lo tonta que fue al confiar en "Maxfield"
—Jupiter — Nephrite dijo en cuanto ella llegó a su lado, su saludo casi parecía una amenaza, pero ella no se inmutó. En silencio, lo siguió a un área más despejada y lo retó con la mirada a intentar algo.
—¿Qué quieres? — Lita preguntó imitando el tono hostil de él. El silencio de Nephrite fue respuesta suficiente. Solamente existía una persona que podría causar tanta ira y preocupación en Nephrite. Aún estaba irritada por tener que tratar con él, pero ella tenía una deber y una deuda—¿Qué le pasó a Darién?
—Es algo urgente — Nephrite contestó y Lita alzó una ceja, fuera lo que fuera, parecía perturbar a Nephrite — Tal vez Mercury pueda ayudar. Vayan a nuestra casa a las cinco.
—¿Ni siquiera dices "por favor"¿así como quieres ayuda?
Nephrite respiró profundamente, miró a Lita con furia y los nudillos de sus puños se volvieron blancos. Ella se preparó para combatir aunque sabía que Nephrite estaba pensando en un enemigo diferente.
—Oh, Nephrite…¿atacando a estudiantes de secundaria a plena luz del día?
Una voz melódica sonó por encima de la cabeza de los dos castaños y ellos alzaron la vista para ver a Sailor Venus encima de una cerca.
—Venus…¿desde cuándo?
—Cuando Darién no va a la escuela tengo que investigar. Ya sabes, mi deber es rescatar inocentes.
—¿Espías a Darién?
Nephrite preguntó con tanta indignación que incluso Lita arqueó una ceja a su aliada. Existía la explicación obvia de que Venus únicamente estaba haciendo su misión de scout, pero el tono escandalizado de Nephrite la hizo pensar que estaban hablando de acoso.
—Bueno, yo no soy la que deja marcas en su linda piel morena— Venus contestó con una sonrisa pícara. Lita se puso completamente roja y vio a Nephrite con ojos completamente abiertos. Él entendió el tono de Venus y rechinó sus dientes.
—Nephrite…¿tú…? — Lita ni siquiera sabía que quería preguntarte.
—¡Qué! Suficiente de juegos —Nephrite casi gritó pero logró mantener su tono bajo —. Algo le pasó a los poderes de Darién está mañana y Mercury debe verlo.
Sin esperar respuesta de ellas, Nephrite se desvaneció en un remolino de aire gris. Por suerte estaban en una calle que nunca tenía personas si no Lita jamás hubiera podido explicar eso.
Lita miró a Venus, agradecía el rescate así que por ello empezó a negar con la cabeza.
—Si Serena te escucha hablar de Darién o Nephrite como lo acabas de hacer…
—Sí, lo sé. Pero valió la pena. Nephrite no querrá volver a enfrentarte solo...ademas, ¡Je! Estaba completamente rojo...esto irá a mi diario.
Lita jamás esperó eso de respuesta. Pero Mina era simplemente el tipo de persona a quién Lita jamás podría entender.
Una hora después, en el templo, comenzaron a organizar la expedición a la casa de Darién. Extrañamente, Serena no saltó ante la oportunidad de hablar con su vecino.
—Mercury debería ir — Rey dijo tras sorber un poco de té — Yo iría, pero con mis poderes y los de Darién tan proximos, incluso con los poderes de Marte ocultando mi apariencia, creo que él me reconocerá.
Lita miró a Serena, pero está se mantuvo callada. Era extraño que ella no salatara ante la menor insinuación de que Darién tenía algo especial con alguien que no se llamará "Serena"
—Mercury, Jupiter y yo somos la mejor opción — Mina declaró feliz aunque sus ojos viajaron brevemente a la silenciosa Serena.
—Parece la opción más óptima —Amy concedió — Sin embargo, me pregunto en qué consiste el incremento de los poderes de Darién, ¿qué se supone son los poderes de guardianes que los hacen diferentes a los de Nephrite?
—En realidad es cosas como permitir vida en un planeta y curarlo. En cuanto a poderes ofensivos o defensivos...bueno, no deberia ser mucho. Incluso lo que hizo en la fábrica de criminales iba un poco encima de sus habilidades, creo — Mina dijo con seriedad y después golpeó su cabeza con un puño —Aunque, como les dije, no tenemos prueba definitiva que Darién sea un guardián.
—Permitir vida o curar un planeta no suena como asunto mínimo — Amy señaló, su nariz arrugandose un poco. A su lado, Rey y Serena coincidieron con sus cabezas.
—Bueno, pero toma siglos...ehm...bueno...creo — Mina encogió sus hombros — Es complicado y no entiendo todo. Lo siento.
Estaba diciendo la verdad, de eso estaba segura Lita, únicamente porque una voz dentro de su corazón recordaba un poco lo que significaba tener una verdadera semilla estelar.
"¿Por qué Mercury, Jupiter y Venus están en la sala?" era la última pregunta que Darién esperaba hacerse ese día, sin embargo, al punto de las cinco con cinco, esa la pregunta que tuvo que hacerse.
—Buenas tardes, Darién — Mercury saludó formalmente y las otras dos simplemente lo saludaron con sus manos — Nephrite, aquí presente, dice que sus poderes han aumentado.
Darién pestañó un par de veces, un poco sorprendido por el frío tono de la joven, por ser llamado de "usted" y por último porque él no estaba conciente de que sus poderes habían aumentado.
—Mercury, no estamos en una sala de juicios — Júpiter colocó su mano sobre el hombro de su compañera y le sonrió con gentileza. La joven scout de cabello corto se ruborizo y desvío la mirada avergonzada.
Darién alzó una ceja ante ello y observó con más cuidado a la joven Sailor de falda azul, intentando descubrir qué amiga de Júpiter podría ser. Rey sabía de los poderes de Darién y Serena a veces era muy tímida...no. Sailor Mercury no era Serena.
Serena era una joven feliz, llena de vida y con dos amorosos padres que la cuidaban como el enorme tesoro que era, además, lloraba ante la menor ofensa así que jamás estaría involucrada con algo tan horrible. Su gentil carácter no permitía que ella fuera una guerrera.
—Se que no nos agradamos mutuamente — Venus dijo en un tono casual a Darién—. Pero, quita esa cara de gato sin amigos.
—¿Qué? — Darién salió de sus pensamientos oscuros y miró a la joven Sailor Venus. Ella era rubia, al igual que Serena.
No. Jamás. Su vecina no estaba involucrada y él no quería siquiera pensar que un día lo estuviera. Serena merecía una vida feliz y normal.
—Eh... disculpen, pero aunque Nephrite nos citó aquí y dice algo de sus poderes, ¿qué poderes son precisamente? —Mercury preguntó recuperando un poco de su compostura helada.
—No sé — Darién miró a Nephrite, juzgandolo con una fría mirada que casi podía bajar la temperatura del cuarto. Jadeite no estaba ahí así que Darién se iba a defender solo de los planes malvados de Nephrite.
—Darién tiene el poder de tocar a las personas y devolverles el color...vaya, parece que eso nos las sorprende.
Darién volvió su mirada a las tres chicas en medio de la sala y confirmó que ellas parecían ya saber de esa habilidad. Sin embargo, él no recordaba ningún momento en el qué ellas pudieron haberse enterado, pero las cosas habían estado demasiado caóticas y en medio del caos ellas pudieron haberse enterado.
—Hoy en la mañana — Nephrite continuó hablando tras apretar sus puños —, una mujer a varios metros de él recuperó, brevemente, la capacidad de ver colores.
—¿Dices que ese poder de Darién funciona igual que los de un alma gemela normal? —Jupiter preguntó confundida — Eso…¿es malo? Hay muchas personas que podrían beneficiarse de eso.
—Es cierto. Hay estudios que comprueban que incluso sin capacidad de reencontrar a su alma gemela, las personas que pueden apreciar todos los colores viven más y tienen mejor vida. Óptimamente, si vamos por una calle transitada, nadie podría saber que Darién es la causa y millones de personas vivirían mejor.
Darién jamás pensó que sus poderes fueran tan grandes o tan útiles. La idea de ayudar a cientos de personas sonaba a música para sus oídos y volvían sus extraños poderes un don en lugar de una maldición
—Ni siquiera es permanente —Nephrite respingo para sorpresa de todos, después les sonrió condecendiente —Su plan está destinado a fallar.
—A mi me parece un buen plan. Tal vez si practico puedo hacerlo permanente —Darién dijo emocionado, brillando por la emoción como un niño que acaba de descubrir un nuevo truco.
Nephrite negó con la cabeza y después hecho a las Sailor Scouts fuera de la casa, ofendido por la idea que ellas habían osado mencionar. Darién sin embargo estaba feliz de pensar en esa idea y dormir con ella. Tal vez, en sus sueños, podría hablar de ello con su princesa o Serena. Ellas sabrian que hacer.
Serena no sabía qué hacer.
Quince horas atrás, ella había despertado abrazando una almohada e intentado recobrar el aroma de Darién de sus sueños, pero en ese momento, mientras miraba el techo oscuro de su habitación, la asfixiante fragancia de Darién la atormentaba.
Quería creer que su nariz la había engañado. O que sus ojos mentían y sus oidos fallaban. Y sin embargo, la mayoría del rompecabezas ya estaba hecho y pese a las piezas faltantes ella ya podía ver la clara figura de las cosas sin siquiera usar su imaginación.
Todas esas veces que Darién había estado en problemas y Tuxedo Mask no apareció, las veces quw ella "confundió" la voz de su heroe por la de Darien, o aquel beso que Darién dió a Sailor Moon en un vivero, incluso el campo salvaje de plantas que envolvió la fábrica o la misteriosa recuperación de la vista de Darién. Cada una de esas cosas señalaban a una verdad que Serena siempre había intentado negar.
Darién Chiba era Tuxedo Mask.
¿Entonces por qué le mentía? Entendía, una parte de ella entendía el valor de las identidades secretas, pero ella, como Sailor Moon, había arriesgado su vida al entrar a un campo de espinas, y sin embargo, Tuxedo Mask jamás tuvo la decencia de darle una señal. Además, podía saltar fácilmente y hacia la farza de usar silla de ruedas.
¿Por qué? ¿Por qué el fingía a esos extremos?
Jamás ella quizo pensar que su Tuxedo Mask planiara algo nefasto, pero al final del día, Tuxedo Mask vivía junto a dos generales, junto a dos personas que él sabía eran enemigos de Sailor Moon y aún así Tuxedo Mask los permitió dentro de su vida. O quizá ya estaban dentro de su vida antes que ella.
—No entiendo —Serena lloró las palabras en su almohada.
Le entregó su corazón, estaba dispuesta a viajar al fin del mundo por él y sin embargo, él era un completo desconocido lleno de secretos.
Ni siquiera sabía si Darién ya había sido informado que Serena y Sailor Moon eran una sola ¿Entonces, por qué se comportaba así con Serena? ¿Por qué el tono burlón cuando se disfrazaba de civil? Serena no sabía.
Ya no sabía qué hacer.
Nephrite entendía lo que tenía que hacer.
Las scouts eran ignorantes del peligro que los poderes de Darién significaban.
—Deberia ser encadenado a la plaza pública...esa criatura nisiquiera es humana, ¿verdad?
—Su poder es Anti natural, una aberración que debe ser destruida.
—Dicen que si bebes su sangre te curas temporalmente... ¿quizá tengas que comer su sangre para hacerlo permanente?
—Es mío. Solo mío.
Nephrite sacudió su cabeza y tragó su bilis, sintiendo el mundo volverse tan peligroso como cuando el Reino Dorado seguía en pie. Cuando distintas guerrillas surgieron en todos los lados debido a alguien que escapaba de la mente de Nephrite.
Sus memorias seguian confusas por los años y la magia de Metallia, pero Nephrite podia recordar instancias donde sangre corrió como caudales incluso antes del ataque al Milenio de Plata. Y en el centro...
En el centro podría estar Darién. Joven, impertinente y lleno de sueños él sería la causa y el fin de cientos de tragedias. Pero a las scouts no les importaba, ellas odiaban a Darién. Al menos Venus ya había mostrado sus verdaderos colores y Nephrite no confiaba en las otras cuatro, especialmente tras haber metido ideas en la cabeza de Darién.
Por eso, Nephrite necesitaba poder.
Saco el cristal oscuro de su caja, y pese a estar en el sótano, guió su vista a las estrellas y pidió la forma de encontrar el siguiente cristal arcoiris. Él tenía que proteger a Darién porque nadie más en el mundo lo haría.
