Capitulo 33

Serena despertó sintiéndose infeliz y a como pudo, logró animarse lo suficiente para levantarse de su cama. Luna le preguntó algo pero ella decidió vestirse para la escuela en silencio.

Debía hablar con Luna o las Sailors de sus dudas, del descubrimiento de la identidad de Tuxedo Mask y sin embargo, quería mantener sus labios sellados como si con ello pudiera ocultar la verdad a sus amigas y, sobre todo, a ella misma.

Además, no tenía otra prueba que el recuerdo en su nariz y eso era prueba insuficiente. De hecho, la última vez que había olido el aroma de Darién fue dentro de sus sueños y quizá solamente se había confundido en todo el asunto.

—¿Serena? ¿Qué ocurre?

—Nada, creo que estaba pensando algo de más — Serena contestó feliz, decidiendo continuar la farza un poco más. Ella quería creer que Darién era exactamente lo que él aparentaba ser y no alguien capaz de engañarla.

Salió de su casa, paso en frente de la casa y se detuvo a ver la inocente puerta de madera que podría revelar los secretos que Serena quería mantener ocultos. Si ella tocará la puerta de esa entonces le preguntaría a Darién directamente.

Serena llevó sus hombros para atrás, respiró profundo y continuó caminado. No lo dejó para después sino para jamás.


Liar maldijo su suerte. Darién Chiba, el niño al que él siempre consideró esquizofrénico y por lo tanto un problema que se solucionaría solo, un día decidió volver a la vida de Liar como un adulto, ese Darién Chiba, era vecino de Serena.

Tenía que deshacerse de él. Pero primero…

—¿Liar? — Kenji Tuskino preguntó desde la puerta de su carro, intentando dar pies al asunto de tener a Liar ahí. No sonaba molesto o irritado, por eso, Liar sabía que necesitaba poco para conseguir lo que quería.

Gracias al hombre de cabello blanco, tenía el poder de hacer lo que necesitaba, dentro de él, una criatura con increíbles habilidades yacía en espera, lista para brindar a Liar lo necesario para manipular a las personas a hacer lo que él quería. Incluso, había logrado salir de su trabajo gracias a esa habilidad.

Veinte minutos después, los padres de Serena estaban hablando amablemente con él, olvidado ya el desliz que hizo a Liar una persona no grata para la familia.

—Veo que tienen nuevos vecinos — Liar mencionó, su tono cargado de preocupación, engañó a la pareja completamente —Es ese muchacho, Darién, el que me atacó.

—¿Lo atacó? — Ikuko preguntó, sus ojos llenos de preocupación por el bienestar de Liar.

—Sí. Sin ningún motivo, cuando estaba en el hospital, él se abalanzó contra mí y en otras ocasiones, lanzó objetos en contra de mi persona — Liar vio que la pareja frente a él parecía confundida y prosiguió, forjando esa apariencia amable que ellos conocían — Pero no es su culpa. Darién, verán, estuvo en un accidente de niño. A mí me tocó ser su enfermero en un par de ocasiones. Por eso, note que no estaba bien, no solamente físicamente, también…

Guardó silencio un segundo, dejando la tensión crecer. Él sabía que su Serena tenía una relación especial con Darién que se negaba a desaparecer, por eso tenía que destruir todas las posibilidades de un futuro entre ellos.

Los padres de ella, por supuesto, debían tener sus dudas. Si un día Serena pedía permiso para salir con Darién, ellos no estarían de acuerdo. El muchacho estaba lisiado y eso presentaba una serie de problemas que ningún padre querría para su hija. A lo mucho los dejarían salir un par de meses.

Eso no podía permitirse.

—Su mente también. Veía cosas que no existían, hablaba solo y mentía todo el tiempo. A veces, atacaba a personas sin ningún motivo y una vez mintió a la esposa de un doctor y le dijo que el doctor la estaba engañando. El doctor no pudo soportar la humillación. Darién ocasionó la muerte de un buen hombre... Yo tenía la esperanza de que él hubiera cambiado, pero tras nuestra última interacción, sigue igual o peor. Sigue hablando con cosas que no existen.

—¿Cosas que no existían?

—Tiene esquizofrenia con ataques de locura — Liar dijo como si de verdad sintiera lástima, a pesar de que odiaba a Chiba desde el primer momento que el niño le llamó mentiroso —. Me preocupa un poco el bienestar de Serena. Es imposible saber cuándo Chiba tendrá su próximo arranque y ponga en peligro la vida de alguien. Yo soy un hombre adulto y puedo defenderme, pero Serena es solo una niña. Por favor, cuidenla mucho.

"Y mantengala lejos de Darién". Liar pensó esas palabras con alegría aunque cuido parecer realmente consternado por la salud del muchacho.


Segundo día sin escuela. Ninguna princesa de sueños que reportar y Jadeite estaba ocupado intentando hacer un desayuno. Eso era todo lo que Darién podía contar de ese día.

Estaba tan aburrido que decidió leer todas las secciones del periódico. Incluso paso por una nota en la cual un gato gordo había salvado a una niña rubia de ahogarse. La pobre criatura había fallecido pero su acto heroico fue recompensado con su fotografía plasmada en el diario.

El enorme gato color menta estaba en brazos de su ama y era al menos cuatro veces el tamaño de la pequeña gata negra de Serena.

La gata negra de Serena que él estaba seguro podía hablar y compartía la cicatriz en forma de luna que el gato de Venus también tenía.

Darién apretó con fuerza el periódico buscando hacer desaparecer la idea de su cabeza. Serena era solamente una niña gentil de corazón tierno, ella jamás podría estar involucrada con los monstruos que aterrorizaban a Darién.

La siguiente página del periódico pareció burlarse de sus deseos de escape. Una youma había atacado el distrito comercial y Sailor Moon tuvo que ser rescatada por Tuxedo Mask. Su princesa había estado en brazos de él y existía una fotografía para comprobarlo. Darién arrugó la nariz y sintió una pequeña jaqueca. A diferencia de muchas otras veces, no sintió celos.

Era obvio, porque él era..

Recordó las manos de Jadeite en su cuello, el peso del agua arrastrandolo hacia el fondo y las luces del aeropuerto brillando, la imagen de Nephrite cerrando una puerta secreta mientras los gritos de decenas de personas se alzaban en el palacio y Darién apretó los ojos para no seguir recordando. No quería saber.

—¿Darién? — Jadeite paró sus intentos de preparar el desayuno, toda su atención sobre el muchacho más joven.

—No es nada — Darién contestó en un tono filoso y desvió la mirada al encabezado del espectacular. Jadeite era leal y siempre hacia todo lo que Darién quería, jamás le había dado una razón para odiarlo y Darién no quería odiarlo ni a él ni a Nephrite.

Sin embargo, ellos habían lastimado a gente inocente, usando métodos similares a los de los nuevos enemigos de las scouts: los otros dos generales que seguían sometidos completamente al yugo de Metallia.

—¿Es posible salvar a Zoicite y a Malakite? — Darién logró preguntar en medio de su jaqueca, viendo a Jadeite como si creyera que él podía rescatar a los otros dos generales de la maldad de aquel monstruo que Darién recordaba de sus pesadillas.

No tenía forma de comprobarlo, pero desde el beso de su princesa en aquel sueño, él se sentía distinto, la voz ronca de mujer que asediaba su alma había sido desvanecida con aquella muestra dulce de afecto. Si Metallia era como aquella existencia macabra dentro de él, Darién quería salvar a los dos generales de sufrir bajo su poder.

—No, la única cura para ellos es una espada — Jadeite dijo irritado pese a mantener su postura militar.

—Quiero salvarlos, Jadeite — Daríen dijo sin pensar. Tenía poderes que las Sailor Scouts encontraban útiles y si era cierto que los poderes de Darién podían ayudar a alguien, entonces Darién queria ayudarlos.

Jadeite tragó saliva y sus cejas decayeron un poco. El general logró llevar un puño a su pecho pese a sus obvios deseos de no hacerlo.

—Como desee, su alteza.


Andrew no sabía conducir, por eso, Saori se ofreció a acompañarlo al aeropuerto a recoger a su novia Wanda.

Ella jamás podría entender porque una mujer tan preparada salía con alguien tan común como Andrew. Darién también parecía preferir a personas de carácter abierto como Andrew (o esa niña llamada Serena que hacía a Darién actuar como un niño de primaria), el choque de personalidad era demasiado.

Saori suspiró al recordar a Serena. Le tenía lástima por tener que lidiar con un alma gemela a la que ella no amaba. Era una verdadera tragedia que ni el corazón o el cuerpo fueran capaces de amar a quien te debía de hacer feliz.

Ese era un temor oculto de Saori, que un día encontraría al hombre indicado, a su alma gemela, y la chispa simplemente no existiría. O también existía otra posibilidad que era más triste. La madre de Saori, que descansaba en paz ya, había conocido a su alma gemela durante la adolescencia, en el cuerpo de un niño que jamás logró pasar la primera década. A veces, tu alma gemela simplemente jamás fue destinada para ti.

Wanda y Andrew, que estaban felices platicando en los asientos traseros, se habían elegido mutuamente sin mediación de ningún color y eso también podría traerles problemas en el futuro.

A veces, algo que se suponía ayudar a encontrar la felicidad, se sentía más como una maldición.

—Andrew, Wanda, una disculpa, pero necesito ir a la estación de policías a dejar un documento a mi padre.

—Por supuesto, adelante —Andrew contestó felíz y Saori de nuevo reflexionó en el carácter amable del muchacho capaz de agradar hasta las almas más agrias.

Estaba aún pensando en ello mientras caminaba hacia la puerta principal del edificio de policía, estaba tan enfocada en sus pensamientos que, en su descuido, impactó contra el pecho de un hombre justo antes de entrar. Wanda y Andrew se apresuraron a ayudarla a levantarse, pero el hombre misterioso les ganó.

Era alto, de cabello platinado lacio y piel morena, sus ojos eran claramente grises incluso bajo el velo de la extraña maldición que volvía el mundo opaco. Algo en él era familiar del modo en que lo es una serpiente vista por primera vez. Todos los instintos de Saori gritaban que era un hombre peligroso y ella rechazó la mano y se incorporó sola.

El hombre encogió los hombros y parecía dispuesto a marcharse sin ofrecer disculpas cuando sus ojos cayeron sobre Andrew.

Era claro que estaba intentando reconocerlo de algún lado sin tener ningún éxito.

—Malakite, vamos, tenemos otras cosas que hacer — un hombre joven, quizá de dieciocho, abrazó el brazo izquierdo de Malakite y lo forzó a marcharse.

Los tres universitarios intercambiaron miradas y Wanda fue la primera en hablar.

—Ese chico parecía chica.

—¿Qué? ¿El rubio era hombre? —Andrew preguntó sorprendido — Su cabello y figura no lo aparentan.

—Sus hombros son bastantes masculinos, no tenía pechos y además, vestía ropa de hombre —Saori señaló, casi tenía deseos de rodar los ojos, pero los ocupaba para ver a la pareja de hombres que hacían que su piel se erizara.

Ellos dos, sin lugar a duda, le recordaban a alguien que Saori detestaba con ahínco. Eran como Nephrite y Saori detestaba a ese hombre que tenía de rehén eterno a Darién. Saori saco esos pensamientos de su mente y abrió las puertas de la estación.

Al entrar a la estación, la hicieron esperar unos cuantos minutos, y los tres aprovecharon para platicar un poco de una persona a la que los tres conocían pero llevaban tiempo sin ver.

—¿Andrew, qué ha sido de Darién? —Wanda, la menos informada preguntó con una sonrisa cariñosa — El muchacho que dijiste te ayudó para el proyecto de primavera. Saori, también lo conoces, ¿verdad?

—Esta en la preparatoria —Andrew contestó sin perder el tino y como si no fuera la gran cosa. Fue la reacción de Wanda la que hizo que Saori recordara que lo ocurrido con el nivel académico de Darién era anormal.

—Pero...llevaba dos años de universidad, no entiendo.

—Sí, es un poco raro — Andrew admitió y rió un poco — Supongo que con tantos monstruos atacando, se me había olvidado que no era normal.

—Que joven tan misterioso —Wanda dijo en voz queda —Ahora que lo pienso, desde la primera vez que lo ví me pareció un hombre fascinante. Hay un aire alrededor de él que lo hace destacar.

—Solo lo dices porque te pareció similar al príncipe de esa película con un monstruo gato. Creo que el abuelo de Urawa participó en esa película. También el sacerdote del templo en el cerro participó y era el director, ¿verdad?

Saori recordaba haber visto esa película una vez. A blanco y negro con una escena en vivos colores que ella jamás pudo apreciar. A su difunta madre le gustaba esa película pues decía le recordaba a una leyenda de Grecia.

Wanda, ignorante de los pensamientos de Wanda, sonrió con añoranza mientras recordaba aquella película.

—Sí, Darién se parecía mucho al príncipe Endy... — Wanda no terminó la palabra y se puso pálida antes de girarse un poco para ver detrás de ella a un hombre de cabello castaño rojizo que los observaba como si acabara de ver un fantasma.

—Oh, padre, no te había visto — Saori le sonrió a su padre, aunque la preocupó que él parecía al borde de un ataque de furia. Wanda dió una pequeña reverencia al policía y pidió permiso para retirarse, Andrew imitó a su novia y la siguió rápidamente.

Saori no les comentó nada. Su padre ocupaba la mayoría de su atención.

—Endymion — él dijo casi entre dientes y sus manos se volvieron puños. Saori retrocedió un paso y él finalmente salió del mundo de odio que ese nombre extranjero le había provocado, su cara más relajada pero el pensamiento seguía ahí, escondido detrás de la piel.

Saori sintió un escalofrío recorrer su espalda. Algo había ocurrido, su padre había descubierto algo y Saori estaba segura de que eso era señal de una tragedia.


Lita disfrutaba la presencia de sus amigas mucho, aún así la irritaba tener a una guardaespaldas que apenas le llegaba al hombro y era tan bonita que varias cabezas se giraban para seguirle el paso. Incluso dentro de la tienda, varias personas habían observado a Rey de pies a cabeza.

—Estas son buenas —Rey alzó un paquete para que Lita las mirará y ella aceptó la sugerencia sin mirar. A veces, algunos días del mes, detestaba ser mujer y no tener una madre que hiciera las compras de ese tipo.

Lita tiro el paquete a la canasta y las dos comenzaron a caminar por el resto de las islas de la tienda departamental, las pisadas de los zapatos negros de charol de Rey haciendo más ruido que el modesto calzado de Lita.

Ellas dos, pese a compartir el mismo destino, tenían vidas completamente distintas. Una vivía en un templo, era hija de un prominente político y sus poderes con el fuego le eran útiles para conseguir información del futuro, la otra vivía en un pequeño departamento, ambos padres estaban muertos y sus poderes servían para dar toques.

También Serena era distinta a Lita, con su linda casa de dos pisos, sus amorosos padres en perfecta salud y viviendo al lado del chico que le gustaba. Y paradójicamente, eran Rey y Serena a quienes Lita consideraba más cercanas.

Amy era muy introvertida y al igual que Mina parecía guardar una cantidad imposible de responsabilidades. Lita a veces tenía dificultad para entenderlas. Ambas parecían saber tanto del asunto de las scouts mientras Lita batallaba para comprender siquiera como era posible venir de la luna.

—¿Rey, alguna vez has pensado que casi no sabemos nada de esto?

—Yo tampoco entiendo. Me gustaría que mi mamá..—Rey tragó saliva y sus ojos se pusieron vidriosos antes de continuar —, me hubiera explicado cosas como estas.

Lita había estado pensando sobre el conflicto contra el Negaverso y sus vidas pasadas, pero el hecho de que tanto Rey como ella extrañaban a sus madres era algo que solamente ellas podian entender. Al final, eran más similiares de lo que parecía a simple vista.

—A veces pienso en ella, cuando cocino a veces recuerdo su cabello dándome cosquillas en el cuello — Lita dijo, su mente pensando en aquellos días que su mamá se colocaba por encima de su hombro para tomar algún ingrediente de la mesa. La acción hecha para tener una excusa para abrazar a Lita y darle un beso en la mejilla. Cuando era niña la había irritado, pero en la seguridad de sus recuerdos, Lita añoraba aquellos momentos entre las dos.

—Mi mamá era terrible para cocinar y una vez quemó el arroz — Rey dijo, sus ojos aún brillando pero al mismo tiempo sus labios sonreían con el recuerdo de aquel día. Un hermoso recuerdo también.

Las dos continuaron caminando, compraron los objetos que ocupaban, y despues de las compras subie a un camión rumbo al templo, intercambiando anécdotas de sus madres.

Rey corto una de sus palabras a media historia y se asomó por la ventana, ante el cuestionamiento silencioso de Lita, Rey únicamente pronunció el nombre de Mina. Las dos bajaron del camión en la siguiente parada. Tenían una Sailor que rastrear.


Sailor Venus lanzó un bostezo antes de dignarse a saltar al techo de la comisaría. El detective Saito la había llamado para algo urgente pero la falta de electricidad en el aire la hacían sospechar que ningún youma estaba causando caos.

Tal vez, por fin, el detective había encontrado pistas sobre el modus operandi de Malakite. Venus esperaba que no, pues un enfrentamiento entre generales y personas reencarnadas del Milenio de Plata era una tragedia jugando con un estambre.

—Voy a ir con Luna — Artemis dijo tras verificar que el aire estaba tranquilo —. Dice que sintió energía oscura en la casa de Darién está noche. Si el detective dice algo importante ya sabes que hacer.

—Entendido, capitán — Venus dijo fingiendo un tono feliz y después volvió a bostezar.

Para ella, Nephrite y Jadeite ya no eran tan peligrosos. Especialmente Jadeite, quién haría todo para complacer a Endymion mientras lo tuviera cerca. Finalmente, después de tantas dudas, Venus tenía la certeza de que Darién era la reencarnación del príncipe que sedujo a su princesa.

El poder de devolver los colores visualmente era una habilidad que el príncipe Endymion original había tenido. Y si la memoria de Venus servía, entonces esos poderes eran una manzana envenenada más poderosa que la de la discordia.

Lo detestaba, pero aún así le tenía lástima. A él y a la inocente Serenity.

Venus saltó al techo, entró por la puerta abierta y se dirigió a la sala de juntas. El detective Saito Kido apareció por la puerta unos segundos despues.

—Endymion.

Ella no esperaba escuchar ese nombre pronunciado por Saito en un par de décadas. Por supuesto, el detective era capaz de recordar al culpable de la guerra, al hombre que con cuya simple existencia permitió que el caos creciera dentro del sistema solar.

Venus arqueó una ceja. El estatus de Darién como guardián o soberano de la Tierra era algo que el detective no sabía y ella estaba dispuesta a mantenerlo así. Por el momento, Saito únicamente estaba actuando con la misma cantidad de hostilidad que Venus tenía al recordar al príncipe terrestre sin entender qué tan responsable era de verdad.

—¿Qué ocurre con él?

—Darien Chiba.

Venus alzó más su ceja, forzando al detective a elaborar pero en lugar de ello, Kido golpeó la mesa.

—¿Desde cuándo sabías que esa cosa estaba viva?

—Chiba es un humano y no hay pruebas de que él sea otra cosa que normal. Incluso si fuera Endymion, ¿qué con ello? Nuestra reina Selene nos concedió una oportunidad a nosotros y él por algún motivo y nosotros no podemos lastimar los deseos de nuestra amada reina en base a sentimientos de rencor hacia un humano.

Kido negó con la cabeza y tragó saliva, incapaz de desafiar a su superior o al recuerdo de su preciada reina. Aún asi, Venus sabía que Saito intentaría algo.

—Deja a Chiba en paz, Kido.

Sin decir más salió por la puerta y brinco al techo de un edificio continuó, dónde Mars y Júpiter la esperaban. Venus accedió con la cabeza. Si una persona normal del Milenio de Plata sabía de Endymion, entonces sus amigas scouts también merecían la verdad.

Incluida Sailor Moon.