Capitulo 35
Serena llegó a su casa y sintió un escalofrío recorrer su espalda. El ambiente era similar al que había sentido en el parque aquel día que acusó a Rey de querer robarle a Darién, motivadas todas por la energía de una youma que las puso una contra otra y llevó a Serena a acusar injustamente a Rey.
Ella sintió una aguja en el pecho y cerró sus ojos. A diferencia de Serena, Rey había apoyado incondicionalmente a Darién, incluso cuando descubrió que él era Tuxedo Mask su corazón siempre pensó lo mejor de él.
Tuxedo Mask, aquel hombre que Serena había querido como si él fuera un famoso de alguna serie de televisión que estaba enamorado de ella, más una ilusión que una persona de carne y hueso. En aquel entonces, Darién era cruel con ella. Un antipatico durante el día, un héroe en la noche, sin tener la mínima conciencia. Y Rey había admitido interés en él mientras Serena odiaba interactuar con él sin sospechar la ayuda que le dió.
Ella recordó aquel ensayo de lenguas, tirado a la basura por un Darien triste y deprimido. Esperaba que eso no fuera el resultado de ser Tuxedo Mask. Tal vez, si ella como Sailor Moon hubiera sido más autosuficiente, él hubiera entregado su ensayo sin problemas y no hubiera ocurrido todo el desastre que ocurrió despues.
Lo de la embajada, el incidente en la florería, el secuestro de Darién que la hizo olvidar festejar la primera victoria sobre el Negaverso pues encontrarlo era prioridad.
Entró a su habitación, con pasos cansados, y sacó de su mesita de noche la pequeña caja musical de Darién, el hermoso objeto dorado que jamás había devuleto, la solemne música triste la hizo pensar en todos esos días antes de la embajada, cuando tanto Serena como Darién podían fingir ser normales, lanzando insultos dignos de dos niños que no saben expresar sus sentimientos y fingen desconocer la etiqueta de la buena sociedad.
Pero todo eso había sido mentira. Ambos eran héroes con poderes extraños que los marcaban a seguir un destino lleno de sufrimiento y el constante riesgo de muerte cada día.
Una lágrima calló sobre la cara de la caja musical y Serena cerró la tapa para silenciar la música, despues llevó el objeto a su frente, intentando calmar sus sentimientos con el frío metal. Ya no sabía cómo podía protegerlo.
—¿Por qué lloras?
Era la voz era de su hermano, pero había algo abajo de ella, un sonido rasposo que le recordaba a sus pesadillas. Serena se giró sobre si misma para encarar a Sammy.
Él tenía una sonrisa burlona pese a las lágrimas de Serena y sus ojos parecían reflejar una luz naranja que no existía ni dentro ni fuera de la habitación.
—Sammy, ¿estás bien?
—Eso debería preguntarte yo. Pero no lo estás — Sammy dijo mientras cruzaba sus brazos, luego se recargó contra la puerta para mirarla como si se creyera superior — Mis papas quieren aceptar de nuevo a Liar, por eso lloras, ¿verdad?
Serena perdió un poco de aire al escuchar aquel nombre. Él le había robado su primer beso, él la había llevado a su departamento y la había hecho sentir repulsión en lo que respectaba al amor, él era una persona que Serena jamás quería en su vida.
Antes de confrontar a sus padres, Serena empujó a su hermano fuera de la habitación, él actuó como siempre y se fue a su habitación a jugar videojuegos, su aura oscura desapareciendo inmediatamente. Ella no se atrevió a bajar al primer piso hasta que escuchó el sonido de la consola. Respiró profundo y descendió las escaleras lentamente.
Sus padres estaban en la cocina, su padre leyendo algún periódico extranjero mientras su madre cocinaba eran la perfecta imagen de la inocencia.
—Papa, mamá — Serena comenzó en un tono de voz alto y agudo — Sammy me dijo que quieren perdonar a Liar.
—Serena, cariño sé qué crees que nos estamos apresurando, pero Liar es tu alma gemela — su madre dijo preocupada, genuinamente creyendo que le hacía a Serena un favor — Está sociedad no perdonaría que no estuvieran juntos.
—Sabes que me gusta alguien más — Serena sollozó, un nudo en su garganta ante la traición de ellos — ¿Por qué me haces esto?
—Ese muchacho no es una buena persona — Ikuko dijo tras lanzar un suspiro triste, sus ojos llenos de compasión. Kenji alzó una ceja, obviamente no estaba enterado de Darién, Ikuko continuó hablando en un tono amable — Liar nos contó las cosas horribles que hizo.
Serena negó con la cabeza, incapaz de soportar a su propia madre hablando mal del hombre que ella amaba. Mordió sus labios para evitar que sus sollozos la destruyeran.
—Chiba ha destruido vidas — Ikuko dijo mientras cerraba sus ojos, adolorida de darle esas noticias a sus hija. Serena apretó sus dientes y corrió a su habitación.
Esas personas, su madre no podía haber estado hablando de aquellos criminales, pero aún asi, Serena recordó lo que había visto: aquella masacre peor que cualquier escena en el Negaverso. Incapaz de soportar el peso de toda la situación Serena corrió a su cuarto, agarró de nuevo la caja musical y empezó a llorar de la impotencia y del terror.
Cuando sintió el pelaje de Luna en su brazo, Serena se apresuró abrazar a su gata, el calor de su amiga reconfortando su alma agitada. La gata la cuestionó con la mirada y ella le contó sobre Liar y lo que su madre había dicho sobre Darién destruyendo vidas y lo que Serena recordaba de aquella fábrica.
Luna escuchó sin lanzar ningún comentario y suspiró cuando Serena confesó desconocer si su mamá estaba en lo correcto o no. Serena misma no sabía que pensar al respecto.
—Darién es una buena persona — Luna le dijo a Serena lo que ella quería escuchar y acarició el brazo de Serena con su lomo negro, intentando mostrar su apoyo incondicional—. Rey ya nos dijo al resto, sobre Tuxedo Mask y Daríen. Él siempre te a ayudado, te ayudó contra los youmas y también contra ese terrible Liar. Es una buena persona, tú misma lo sabes, ¿verdad?
—Luna — Serena volvió a abrazar a su amiga, y ella se dejó tomar entre las manos de la niña — ¡Gracias Luna! Gracias.
Las dos se fueron a dormir. Luna a un lado de ella le ofreció su apoyo y Serena durmió abrazando una bolsa que contenía tanto la caja musical de Darién como los cristales arcoiris. Necesitaba hablar con Darién y creía que de alguna forma, esos objetos la llevarían a él.
Endymion, Tuxedo Mask, Darien. Tantos nombres para un solo ser. Venus casi queria reírse de la situación.
Su máscara le permitía ver kilómetros a la distancia, a un par de casas de techos naranjas donde vivían tanto una preciada amiga como un "aliado". Era imposible evitar una sonrisa cruel formarse en sus labios al pensar en lo ridículo de todo.
Serenity, Sailor Moon, Serena, su princesa, aliada y amiga, había cometido un grave error al bajar a la tierra y enamorarse de aquel hombre que ocasionó guerras incluso antes de que Metallia poseyera a Beryl. Si solo su princesa lo hubiera dejado morir. O mejor aún, si la reina Selene hubiera sido honesta con las scouts y lo revelará como el débil guardián que era. Pero entonces Venus hubiera ido a él y si Endymion fuera la mitad de héroe que Tuxedo Mask, entonces, el mismo Endymion hubiera acabado con su vida y sellado con su cuerpo a Metallia.
El destino de Endymion era morir sin importar qué. Pero la reina Selene intentó evitarlo.
—¿Mina? — Artemis llamó la atención de la scout, pero ella continuó su vigilancia — Se lo qué estás pensando.
—¿Lo sabes? —Venus apretó sus puños enguantados e intentó encontrar a la luna en el cielo, pero las nubes de las noches ocultaban todo —. Nuestra reina sabía que él era como nosotras. Ella debía saberlo, no puede ser coincidencia que Tuxedo Mask ayudará a Sailor Moon desde el principio, sin tener forma de comunicarse con ella. Eso sólo sería posible si ambos se juraron protección mutua en una vida pasada.
Y eso era una traición. A Endymion y Serenity, Venus podia perdonar. Estaban enamorados, eran dos jóvenes llenos de emociones nuevas y desbordantes que les hacían creer que podían volar sin alas y que atrapar estrellas en las manos era posible. A esos dos amantes, Venus no podía odiar sin denunciar a ser ella misma. Pero su reina, la gobernante del Milenio de Plata, a ella la detestaba por su engaño.
—Nuestra reina jamás nos dijo. Nos mintió. Nos engaño.
— Nada hubiera cambiado — Artemis suplicó tras un breve silencio.
—Eso es imposible saberlo — ella dijo mientras caía de rodillas, sus piernas débiles ante el peso del descubrimiento de la traición —. Pero nuestra Reina no confió en nosotros, ni en mi que soy la líder de las scouts, la mayor comandante de las fuerzas del Milenio de Plata.
La última palabra se quebró en sus labios y Venus tragó saliva mientras buscaba contener sus lágrimas. Toda la gente del Milenio de Plata murió, personas que Venus había jurado proteger y con las que compartió risas y aventuras en años cargados de felicidad sencilla. Todo había sido tan hermoso en aquel entonces y era imposible de recuperarlo. Ella había vuelto a aceptar ser scout porque quería cuidar lo que quedaba de esos bellos recuerdos.
La reina los había manchado de una forma que incluso las guerras o la muerte no habían podido.
—Aun no estamos seguros si Darién es un guardián o Serena es la princesa — Artemis de nuevo intentó animar a Mina con palabras que cada vez sonaban menos plausibles.
—¡Tiene la misma cara! — Venus dijo entre dientes, Darién era Endymion y si era Tuxedo Mask, entonces Sailor Moon debía ser Serenity. Ella pediría ayuda y él iría en su ayuda incluso contra su frágil voluntad por aquel juramento que se hicieron una vida atrás.
Una idea que solamente pudieron haber realizado tras ser empujados por la reina, pues Endymion era ignorante de muchos de sus poderes y solamente pudo haberlo hecho con la guía de la reina.
Venus continuó llorando de amargura por varios minutos más hasta que logró calmar sus ánimos. Se acostó en el frio techo y miró hacia las nubes pensando de nuevo en qué era lo que tenía que hacer con todo lo que sabía.
Debía revelar a sus amigas el pasado de Endymion y sus sospechas de que Serena era la princesa, pero no estaba segura de cómo hacerlo. Por un lado, revelar que Darién era una manzana envenenada cuyos poderes era mejor ocultar en un sótano era terrible, más si les decía que haría un favor al mundo al morir, por otro lado, Serena no merecía sufrir ante el peso de ser la princesa de la Luna.
Algunos le llamarían un honor ser la portadora del Cristal de Plata, pero Serena quería una hermosa vida normal y pasar siglos peleando contra fuerzas del mal era muchas cosas menos normal.
Al mismo tiempo, Venus quería revelar todo. Se sentía sola en su obligación de ser una scout y una parte de ella siempre sufría por el pasado. El refrán tenía razón, a la desgracia le gusta la compañía.
Serena estaba molesta con él.
Darién cerró sus ojos e intentó dormir, pero bajo sus párpados, la cara triste de ella se dibujaba en la oscuridad.
Al principio, cuando apareció en el cuarto del templo utilizando el mismo tono que Sailor Moon, el corazón de Darién perdió un latido, pero después, ella lo había mirado con algo que era decepción y tristeza mezclada en su hermosa cara.
Él no recordaba haber hecho algo que ameritara la ira melancólica de Serena, pero ella era una persona más fuerte de lo que aparentaba. Si estaba triste por algo que hizo Darién, entonces el motivo era muy bueno.
Eso significaba que tenía que sacar su arma secreta. Preparada para la próxima navidad, la poderosa caja que llevaría una sonrisa resplandeciente a Serena y la haría perdonarlo.
Darién abrió el cajón de su mesita de noche y sacó la cajita preparada con anterioridad. Serena no podría resistir su contenido y ambos volverían a ser los mejores amigos del mundo.
Llevó la caja a su pecho, cubriéndola con sus dos manos y cerró los ojos, imaginando los diversos escenarios en los que entregaría su regalo a ella y lo mucho que la sonrisa de ella brillaría.
Serena, vestida con aquel lindo traje blanco de encaje dorado lo esperaba en un jardín, en sus manos, sostenía una estrella de oro en sus pálidas manos y parecía un hada en medio de los rosales.
—Endymion — ella saludó y no era más Serena, si no una mujer cuya cara estaba oscurecida por estar contra luz. Darien apretó la caja entre sus manos, su ligero peso atandolo a la revelación más grande de su vida.
La desconocida no era Serena. Ni siquiera Serena-sueño o Sailor Moon-sueño, era más como aquel fantasma que vivía en sus recuerdos. La princesa que siempre soñó desde que era un niño solitario en un estéril cuarto de hospital.
—¿Dónde está Serena? — le preguntó a su princesa que en realidad no era la verdadera princesa. Después de haber visto a la real, Darién estaba seguro que la mujer frente a él era más una sombra que una persona. Y si Serena-sueño o Sailor Moon-sueño llegaban, él no sabría que hacer. ¿Dónde estaba ella?
—En la casa de a lado. Quizá sigue despiertá.
—¿"Quizá"?
Darién siempre había creído que su princesa era omnisciente, una diosa que tenía la respuesta a todas sus preguntas.
—Solo sé aquello que tu sabes, Endymion.
—No entiendo.
La princesa se puso de pie y su vestido blanco se volvió de un regio azul marino, su forma se iluminó y en un parpadeó, un hombre de cabello negro y piel más oscura que Darién, tomo su lugar. Darién llevo su tesoro más cerca de su corazón. Al mismo tiempo, el otro hombre imitó la acción pero con la estrella en sus manos.
—¿La princesa?
—La necesitábamos, para tener un motivo.
—Ella no era quien me enviaba esos sueños.
Darién casi aplastó la caja entre sus manos ante esa revelación. Todos esos años en los que el amor de la princesa era su única verdad, él se había engañado así mismo.
La princesa no era real. Sus deseos, sus palabras de aliento, su amor, todo fue una invención de su propio y frágil ser por el enorme deseo de contacto humano.
—Pero yo la amo.
Eso tenía que ser real. El hombre en uniforme azul no dijo nada y en cuanto Darién volvió a profesar su amor eterno a la princesa, él desapareció. Darién estaba solo. Muy solo en el mundo de sus sueños.
No había nadie más en la penumbra que él. Cerró sus ojos en un intento de tranquilizar su corazón, pero le era difícil cuando escuchaba el bombeo de latidos en sus oídos y no existía nadie que lo forzara a afrontar la verdad.
Una melodía triste y familiar atravesó el sonido de su corazón, Darién abrió su mano. La caja musical de su infancia parecía hecha de oro y su brillo etéreo dejaba ver los diamantes blancos que formaban la cara móvil debajo del delicado vidrio.
Su juguete parecía digno de la realeza. Llevaba meses sin verlo y Darién sospechó que también era producto de su mente en la vida real, un intento de imaginar a su princesa incluso cuando estaba despierto.
Al final, seguía siendo un niño sin nadie ni nada.
—¿Por qué lloras?
Una voz aguda, casi de bebé, lo hizo alzar su cabeza. En lugar de una niña pequeña de vestido púrpura y pequeñas coletas doradas, Serena lo miraba, su uniforme escolar limpio contrastando con el mundo a su alrededor y su largo cabello llegando or debajo de su cintura.
— No puedo caminar — Darién mintió. Era un sueño, pero aún así, revelar la verdad de su miedo a la soledad le preocupaba.
Serena accedió con su cabeza, su cabello dorado rebotando con ese simple movimiento. Su expresión era comprensiva y a Darién se le olvidó por qué motivo se había sentido mal antes. Estaba demasiado ocupado viendola como para permitir otro pensamiento que no fuera Serena dentro de su cabeza.
Ella dió un paso hacia adelante, su falda azul danzando con el movimiento de su cadera, y Darién fue incapaz de apartar su mirada de aquella cara angelical que prometía paz y tranquilidad con su existencia.
Su mano tembló sobre su pecho y él sintió el peso de su caja musical. De nuevo perdió todos los sentidos ante ese recordatorio. Era falso. Todo era mentira en ese sueño.
—Darién, tu eres un hombre, ¿verdad? — Serena-sueño preguntó, perdiendo su apariencia tranquila para tomar una expresión preocupada al recordar algo.
—Eres muy observadora — Darién dijo mientras se sentaba en la banca que su princesa había usado. Ya no estaban en el mundo oscuro de él, en su lugar, ambos estaban en el parque frente a un lindo lago.
—Es algo importante — Serena se sentó a un lado de Darién y, atrevida, descanso su cabeza en el hombro de él.
Era un sueño, pero aún así, Darién no estaba seguro de qué hacer ante ese contacto humano que parecía real pero no podía serlo.
—Sammy, mi hermano, está actuando extraño. Mis papás dicen que es normal pero yo no lo creo, siento algo dentro de él, como cuando Metallia estaba dentro de ti, o dentro del Darién real.
—Yo soy real — Darién dijo sin atreverse a mirar a la Serena de sus sueños.
—Sí. En mis sueños — Serena sujetó el antebrazo de Darién y él sintió su corazón latir con mucha fuerza — También quiero hablar de eso. Hice algo horrible.
—¿Le tiraste a alguien un zapato en su cabeza? — Darién preguntó intentando no pensar en las sensaciones que Serena despertaba en su piel. Estaba olvidando algo importante pero dentro de sus sueños, crear pensamientos coherentes era difícil.
—Quisiera — Serena lo soltó y Darién volteó su cabeza para verla a los ojos, pero ella tenía su vista en el lago él casi quería burlarse de ella para que sus ojos volvieran a él —, hice algo terrible. Contra Darién.
—¿Contra mi?
—¡Perdón por no confiar en ti! — Serena se lanzó al pecho de Darién y él sintió un inmenso alivio al sentir el calor de ella cercana a él. Con ella a su lado, todos los miedos se desvanecían, su pulso se calmaba y él único deseo en él era que ella se sintiera igual.
Serena alzó su vista, sus ojos brillosos tenían lágrimas sin derramar.
—¿No estás molesto?
—Mientras estés a mi lado, me es imposible sentir otra cosa que no sea serenidad en mi corazón y cualquier emoción negativa desvanece ante el calor de tu amistad.
Serena se distanció de inmediato, sus cejas alzadas y nariz arrugada. Como si Darién la hubiera ofendido.
—Para ser un sueño, te falta mucho para entender los sentimientos de una chica — Serena volvió a sentarse rígidamente, cruzando los brazos y después negó algo con su cabeza —Voy a arreglar lo que hice con Darién, con el real. Aún así necesito un consejo para con Sammy.
Darién estaba más allá de confundido y Serena elaboró.
—Mi hermano, ¿crees que estoy exagerando?
—Tal vez quiera estar solo. Es importante saber lidiar con los problemas tú solo, ¿verdad? — Darién dijo en lo que esperaba fuera un tono digno y sabio.
Serena aceptó al principio, pero después se negó.
—Es más importante saber cuándo pedir ayuda —Serena dió su punto de vista — Además, si es algo con relación al Negaverso, debo hacer algo al respecto, ¿verdad? Es mi hermano, es mi responsabilidad.
—Es mejor que él aprenda a lidiar con sus problemas él solo. Es bueno para su carácter.
—Es mi hermano. Mi obligación. Y el Negaverso tiene algo que ver con esto — Serena recalcó, su tono demasiado similar al de Sailor Moon, tanto que él olvidó continuar defendiendo su postura de dejar a Sammy lidiar con sus problemas solo.
Ella no podía ser Sailor Moon. No debía. Sería un crimen contra la bueno y puro.
—¿Estás seguro de ello?
Tanto Darién y Serena saltaron al escuchar la voz de un hombre. Sin voltear a verlo, sabían que era Jadeite. Los dos estaban en un lugar desconocido, una especie de castillo de piedra labrada, enormes columnas sosteniendo un techo con colores dorados decorando los bordes.
Darién avanzó en silencio, Serena siguiendo sus pasos. El sueño era sin lugar a dudas muy extraño.
—La reina Beryl se ha hecho con los siete sabios — un hombre muy apuesto, de piel tostada y penetrantes ojos aceituna contestó mientras jugaba con una daga. Darién reconocia su cara pero le era difícil ponerle un nombre a las facciones — Ahora todos son monstruos. Uno de ellos, su forma es más un tigre que humano, me pidió que entregara algo a la Reina Beryl a cambio de un tratado de paz.
—¿Qué cosa?
—La reina Beryl quiere a Endymion. A mi hermano, realmente cree que lo entregaré como si fuera un esclavo. Jamás lo permitiré.
Darién tuvo la necesidad de tomar la mano de Serena, sus dedos entrelazados, pues el misterioso príncipe empezaba a descomponerse mientras hablaba y Serena lanzó un grito cuando Jedite clavo una espada en el abdomen del misterioso hombre.
Ambos cerraron sus ojos y retrocedieron por donde habían venido. Ya no estaban en un castillo dorado, en su lugar, ambos estaban frente a un lago congelado, a la distancia, un palacio blanco como el mármol. Las manos de Darién temblaban en las de Serena y había un increíble silencio a su alrededor.
—¿Darién?
El agarre de Serena se volvió más fuerte y él sintió un peso levantarse de sus hombros. Ella era, sin lugar a dudas, la persona más especial del mundo para él después de su princesa.
Su princesa que era Sailor Moon y en la que él tenía que creer, aquella promesa de ella debía ser cierta, aunque fuera en el mundo de la noche, al igual que Serena-sueño, él quería creerla verdadera sin importar qué.
La princesa era real. Era lo único que le quedaba después de pensar en lo que Jadeite, Nephrite y él mismo habían hecho.
—Todo estara bien — Serena lo abrazó y él sintió el metal del guardapelo/caja musical en su espalda. El aroma dulce de Serena fue un alivio para sus emociones y él devolvió el gesto, juntando ambas manos de él en la cintura de ella.
—Lo sé — él contestó en el cabello de ella, cerrando sus ojos para inhundar todos sus sentidos del calor de ella y forzarse a olvidar—. Déjame olvidar todo el dolor en la calidez de tu abrazo. Por favor. No quiero recordar, hoy no...
Darién olió un olor a podrido y ciño con más fuerza a su amiga, sus ojos cerrados con fuerza para no ver el escenario que seguia.
—Eres un cobarde — su sombra dijo en un tono triste, derrotado. Darién apretó sus dientes, buscando ensordecer sus oídos ante aquellas palabras que eran ciertas — Si te escondes en el regazo de la princesa, jamás podrás valerte por ti mismo. Debes lidiar con tus problemas tú solo.
—No.
Darién susurró y perdió el sostén de sus piernas. Comenzó a caer y solamente los brazos fuertes de Serena evitaron que sus rodillas se lastimaran en el suelo mojado. Él mantuvo sus ojos cerrados hasta que una palma suave se colocó encima de su cachete.
Abrió sus ojos para ver una hermosa cara blanca enmarcada por cabello dorado.
—Darién. Yo siempre voy a estar contigo — Serena le dijo, tan amable como él imagino su princesa sería — Está bien tener miedo, todos lo tenemos, y aunque es cierto que debemos saber lidiar con nuestros problemas solos, debemos saber pedir ayuda y aceptar con gracia cuando la recibimos.
—Tú siempre me estás ayudando — Darién dijo, sus mirada desviada incapaz de soportar tanta comprensión en su mirada. Su princesa, Sailor Moon, Serena, siempre lo ayudaba, y él no podía devolver el favor.
—Tu eres el que me salvas todo el tiempo — Serena ya no era Serena, si no Sailor Moon y él se percató que sus ojos eran del mismo azul cielo. Era hermosa y él no la merecía despues de lo que había hecho y lo que le había ocurrido.
Cómo alguien tan dañado como él podría ayudarla.
Sailor Moon acarició su cabello y todas las dudas desaparecieron de la mente de Darién y al cerrar sus ojos fue a un sueño más profundo sin oportunidad de más pesadillas y listo para olvidar la guerra, la traición y la masacre.
Serena abrió los ojos ante los primeros rayos de la mañana, limpió las lágrimas de sus ojos y abrió la bolsa donde había guardado la caja musical y los cristales arcoiris. La pesadilla que había tenido fue reveladora en más de una forma.
Aún podía sentir el suave cabello de Darién en sus dedos y su aroma varonil teñido de olor a rosas seguía tatuado en su memoria junto a los sálvajes hedores de la muerte que existía en su extraña visión que era tanto un sueño como una pesadilla.
Ella sospechaba que todo era producto de los cristales arcoiris. Una persona menos inteligente pudo deducir que los siete sabios eran los siete grandes youmas y mientras Darién-sueño había estado ocupado en sus miedos, Serena había visto a las personas que bailaban en el palacio. Había estado la pintora Peggy, el abuelo de Rey, el sacerdote, un gato gordo, el jugador del arcade, el posible novio de Amy y una hermosa mujer de cabello castaño que Serena jamás había visto.
Eso era un asunto importante para las scouts y la misión, pero había algo que la preocupaba más.
—Luna — Serena acomodó sus molotes y después abrochó su falda, una vez lista para la escuela, continuó hablando — ¿Es posible que los cristales me den poderes extraños? ¿Cómo entrar en los sueños de los demás?
—Sí, es posible — Luna contestó y saltó al buro para ver mejor a Serena — ¿Al sueño de quién entraste?
—No importa — Serena se apresuró a decir e, ignorando los ojos de Luna, guardó los cristales en su maletín escolar. Solamente dejó la caja musical afuera, para recordarse que debía devolverla y la metió en uno de los bolsillos de su falda.
El timbre de su casa comenzó a sonar y Serena suspiró mientras bajaba la escalera. Su mamá estaba tendiendo la ropa y Sammy seguía dormido, así que ella tendría que atender a la visita.
Al abrir la puerta, de haber estado sosteniendo su maletín, lo hubiera dejado caer al piso, porque frente a ella, sentado en su silla de ruedas, tan guapo como siempre y con ojos más brillantes que en su sueño, Darién la esperaba con una sonrisa triunfal.
—Cabeza de Chorlito, no espera que estuvieras despierta tan temprano.
En momentos así Serena pensaba que su corazón erraba al amarlo. Podía ser guapo y ser Tuxedo Mask, pero sus modales dejaban mucho que desear de vez en cuando. Él, al ver como Serena no formaba ni una sonrisa, comenzó a ponerse nervioso y se apresuró a buscar algo en sus pantalones.
Las expresiones que hacía en sus intentos de encontrar eran encantadoras y Serena se sintió feliz de verlo finalmente. Aún tenía muchas dudas, pero su Darién era un encanto que ella quería ver por el resto de su vida. Su corazón realmente estaba loco por él.
—Listo — Darién extendió una caja a Serena y ella la vio intentando darle sentido al gesto. Darién ni siquiera pudo esperar a que ella intentará agarrar el objeto, pues inmediatamente lo abrió para revelar un par de lindos aretes blancos.
Serena parpadeó varias veces, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Darién alzó más la caja para que ella la tomara.
—Vamos, Serena. Son tuyos.
Miles de fuegos artificiales explotaron en el estómago de Serena y ella sintió su pecho envolverse en calor. Era tan romántico.
—Darién, no tenías que...— Serena suspiró mientras agarraba la pequeña caja de las manos de él. No sabía los motivos de Darién pero en ese momento, lo único que le importaba es que él le estaba obsequiado unos aretes, tal si fueran novios — Son hermosos.
Ella le sonrió y se sorprendió al ver que los oscuros ojos de Darién estaban viendola con calidez, como aquella vez que él la había besado cuando era Sailor Moon. Era el momento perfecto para besarlo. Solamente tenía que cerrar sus ojos y bajar su cabeza un poco.
Hasta que recordo que estaba en el patio de su casa y en cualquier momento alguien podría pasar. Los verían besarse y luego a Darién...
Darién tenía esos poderes extraños que lo volvían un alma gemela a la medida y Serena lo había olvidado por completo. Era peligroso que él estuviera afuera de la seguridad de su casa. Lo único bueno de los sueños era que él no estaba en riesgo a causa de sus poderes.
Una luz se iluminó en la cabeza de Serena. En sus sueños, había sentido una magia provenir de la caja musical, y ese mismo objeto había estado en contacto con cuatro poderosas piedras mágicas que concedían deseos.
Ella llevó su mano al guardapelo musical y penso con fuerza en su deseo de proteger a Daríen. La magia de Sailor Moon o los cristales debían funcionar por el bien de Darién.
—Toma — Serena mostró la estrella a Darién —. Un día Jed pidió ayuda para buscarte y lo tome por accidente. Lo siento.
—No...—Darién sonrió mientras agarraba el objeto entre sus manos, su cara resplandeciente al ver aquel objeto —...No hay problema Serena. Despues de todo, somos amigos, ¿verdad?
Serena solamente le pudo sonreír. Él era un tonto.
El final se acerca. Veamos, ya tengo el borrador del capítulo 36, avances del 37 con posibilidad de funcionario con el avance del 38. Luego, si el 38 se mantiene, el 39 también tiene avances y el cuarenta sería el final. Eae es el plan, pero recuerden que ya había mencionado que no tenía idea de cómo iba a avanzar la historia y he estado escribiendo conforme a mis ocurrencias.
Por supuesto, hay ideas, escenas que quiero escribir y motivan la escritura de capítulos anteriores. Por ejemplo, Serena rescatando a Darién de sus sueños fue la causa de la destrucción del Negaverso, necestaba un escenario en el cual los generales y las Sailors no fueran al rescate de Darién inmediatamente. A su vez, el secuestro de Darién fue escrito porque existe todo el lío de las almas gemelas y quería explotarlo.
También juega un papel importante en el desarrollo del fic que quería desviarme del Canon lo más posible. Nephrite y Jadeite están ayudando y obviamente su participación cambiaría todo en la historia y no iban a pasar las cosas como en la serie.
Por cierto, me preocupa un poco tener este fic en "T", con tanta masacre, tortura e intentos de abuso sexual tal vez merezca ser "M"...al mismo tiempo M parece ser reservado para escenas más elevadas y candentes. Vivo en confusión y quizá, aunque no vaya a ver de esas escenas, lo ponga en M para evitar problemas...
...
Yannin, Nora, Caro, Nancy Sau y Lorenmac, muchas gracias por sus reviews, el motivo de que logré animarme a seguir escribiendo para este fic. Leo sus reviews y me animo para escribir el siguiente capítulo. Sin ustedes, ya hubiera saltado a otro proyecto. Gracias por su apoyo.
Al resto, lectores silenciosos, también muchas gracias. Espero que estén disfrutando también.
