Darien estaba feliz consigo mismo. Había logrado escabullirse de casa y contrario a lo que Nephrite creía, sus poderes no habían causado problemas. Estaba en la cima del mundo.
El único problema era que Andrew seguía sin tener idea de cómo doblar la silla de ruedas. Saori y Wanda, ambas le intentaron ayudar pero eran malas para eso, Darién estaba muy cómodo en el asiento del copiloto como para siquiera ofrecer tips y por eso el tiempo pasaba sin ningún avance.
Nephrite o Jadeite eran los encargados de la silla, Darién solamente se encargaba de girar las ruedas, aún así sus manos se negaban a desarrollar cayos cortesía de sus poderes que eran útiles para sanar cortadas pero no para sanar sus pies.
Darién apretó sus puños sobre sus piernas y se forzó a recordar que su ojo estaba curado. Pocos podían decir lo mismo tras lo ocurrido. Él sabía que algo muy malo había ocurrido para dejarlo así, pero mientras más tiempo pasaba, menos deseaba recordarlo, por eso, como un niño asustado cerró sus ojos.
—¿Estás bien, Darién? — Saori abrió la puerta del copiloto y recargó un brazo sobre el carro.
—Sí, todo bien ¿Aún tienen problemas con la silla?
—Andrew lo solucionará. Es solo que esta preocupado porque no le dijiste nada a esos dos hombres que te cuidan...creo que teme que no te den permiso de volver a salir con nosotros.
—No es eso — Andrew dijo mientras golpeaba el descansabrazos de la silla —. Digo, ¿quienes son esos hombres? Darién, si necesitas alguien con quien quedarte...
Darién alzó una ceja. Solamente les había dicho que "Max" se enojaría al no verlo en casa y pese a que él mismo había carcajeado, Saori se puso tan pálida que ni Andrew ni Wanda imitaron la risa de Darién.
Él no entendía por qué habían tomado esa actitud.
Lo hacía sentirse como un niño ignorante que era incapaz de ver por encima del mostrador aquellas cosas que estaban destinadas a los adultos. Solo le llevaban un par de años, pero eran ese tipo de personas que tienen sabiduría más allá de su edad, Wanda, Andrew y Saori tenían una experiencia que él era muy inocente para comprender.
Y demasiado inocente como para entender cuando es necesario un poco de prudencia o pensar sus palabras antes de decirlas.
—¿Por qué querría ir a tu tonto departamento?
El departamento de Andrew olía a cigarrillo y siempre era un caos que lo mareaba, además, muchas personas iban a menudo. Darién siempre lo creyó un departamento bobo y por eso lo llamaba el "departamento tonto de Andrew" en su cabeza, sin embargo jamás lo había dicho en voz alta hasta ese momento.
Andrew se incorporó un poco, olvidando la silla de Darién por completo, y lanzó una mirada dura a Darién, mordiendo su cachete para evitar decir algo de lo que se arrepentiría pese a la enorme ofensa del otro joven. Saori negó con su cabeza una idea y Wanda se apresuró a tomar el brazo de Andrew para calmarlo.
—Daríen...tu..de verdad no entiendes nada — Andrew dijo entre dientes y respiró profundo antes de continuar— No se ni porqué me molesto. Olvídalo, no vas a comprenderlo.
—¿Comprender qué? — Darién preguntó con voz filosa, deseando poder ponerse de pie para encarar a Andrew de frente. Saori colocó una de sus manos en el pecho de Darién y lo llevo contra el asiento. Wanda susurró algo en el oído de Andrew y él se relajo finalmente.
La novia de Andrew mando a su novio a volver a sus intentos de meter la silla en la cajuela y camino al lado de Saori, las dos formando un hermoso duo que reprobaba a Darién con la mirada.
—Ya, bien. Me voy a disculpar — Darién dijo mientras cruzaba los brazos y después apretó su boca. La salida con sus amigos se había arruinado porque Andrew era demasiado sensible. Él no tenía porque ser así, no era como si él fuera el inválido incapaz de cuidarse asi mismo y cuyos dos guardianes habandonarian a la primera oportunidad.
Unos minutos después Saori puso en marcha el carro y comenzó a ir rumbo al hogar de Wanda que estaba a las afueras de la ciudad. Darién se sorprendió que no lo fueran a dejar primero a él pero no lo suficiente como para no pensar lo mucho que no quería hablar con Andrew en ningún momento.
¿Cómo pudo Andrew ofrecer su departamento? Nephrite y Jadeite ocupaban la energía de Darién aún y él...los perderia igual que a Fiore, que a su princesa quien quizá siempre fue un simple sueño conjurado por un niño solitario ansioso de amor.
Una pequeña melodía lo distrajo de sus pensamientos lúgubres y sacó el guardapelo en forma de estrella de su bolsillo. Ese objeto, que Serena le había devuelto ese mismo día, era una prueba de su princesa y además, Serena misma era su amiga más preciada en todo el mundo y al ser su vecina los dos estarían juntos mucho tiempo más. Tragó saliva y se negó a pensar que un día alguno de los dos se mudaría.
—Ya he escuchado esa melodía antes — Wanda quebró el silencio sorprendiendo a todos —. Es de una obra teatral...sí, lo recuerdo. Es sobre dos amantes que solamente se pueden ver en la noche, cuando la luna llena brilla en el cielo...pero...no recuerdo cómo termina ni su nombre.
—Yo tampoco lo sé — Darién dijo cerrando la tapa del objeto. Andrew resopló entre dientes y Saori apretó con más fuerza el volante.
—Entiendo. No esperaba que lo supieras, despues de todo es menos como un recuerdo y más como un sueño. De no haberla escuchado ahora mismo, hubiera vivido toda mi vida creyendo que lo soñe.
—¿Lo soñaste? — Saori inquirió y vio a Wanda por el retrovisor.
—Bueno, a veces recuerdo cosas a través de mi sueños. A veces son los exámenes...otras, recuerdo bailes, eventos...a un lugar lejano donde las flores de todo el mundo crecían..jaja, incluso he soñado que estoy en la luna, una libreta en mano mientras veo personas actuar en un hermoso mercado de carpas blancas.
—Son sueños muy hermosos — Saori dijo con una sonrisa y después soltó una pequeña carcajada—. Yo a veces sueño también, que estoy en otro planeta. En Júpiter y siempre me estoy preocupando de que no voy a llegar a tiempo a la Luna.
—Una vez yo soñé que vivía en Venus — Andrew carcajeó — Pero eso es todo. Wanda aún me lo recuerda.
Darién escuchó todo en silencio. Era sorprendente que todos ellos también tuvieran sueños tan extraños como visitar otros planetas. Era casi como si sus sueños fueran recuerdos de una vida pasada donde existía vida en todo el sistema solar.
Eso explicaría porque siempre consideró a la princesa venir de la Luna.
Se rió un poco para sí mismo de su idea e inmediatamente lo lamento.
—Darién, ¿tu también tienes sueños raros? — Andrew se asomó para adelante, su pregunta una rama de olivo entre ellos dos. Darién, sin embargo se rehusó a contestar.
Era imposible que él revelará que soñaba con una princesa más bella que la vida y más grandiosa que la eternidad. Ella era solo de él y no quería que Andrew, ni ningún otro hombre lo supiera. Sailor Moon era bella por si sola, pero cuando la luna brillaba en su frente era algo especial.
—¿Qué te importa?
Intentó sonar hostil para que Andrew lo dejara en paz, pero Andrew carcajeó al ver los cachetes rosados de Darién y le dió una palmada gentil en la espalda y después tanto él como Wanda rieron al unisono. Incluso Saori compartió un poco del humor.
Él sabía que se estaban burlando de él y apretó el guardapelo en sus manos mientras se obligaba así mismo a contar hasta diez. Todos eran unos tontos.
Ellos siguieron platicando felices hasta la casa de Wanda, una enorme mansión que incluso tenía establos. Wanda era hija de un noble, pero era una familia sin sirvientes así que nadie salió a abrir el portón, en su lugar, Andrew bajo y empujó la puerta para permitir al carro pasar.
—No traigo la llave de la entrada principal, pero la puerta del patio está siempre abierta. Es extraño, una prima mía debería estar por aqui.. — Wanda informo antes de cerrar la puerta del carro, Andrew se ofreció a acompañarla y Saori y Darién quedaron solos mientras esperaban.
Saori prendió las luces del carro preparándose para la caída de la noche y Darién vio atraves de la ventana las nubes grises que profetizaban una fuerte lluvia. Cerró sus ojos cuando sintió una pequeña jaqueca formarse en su frente y apretó sus puños sudorosos en un intento de contener el dolor.
Ya pasaban de las cinco, Darién pensó mientras tragaba saliva. La sensación de peligro tenía que ser porque Nephrite y Jadeite ya lo estaban buscando.
—Darién. Por favor, dime la verdad— Saori miró a Darién directamente a los ojos —. Esos hombres, ellos, ¿te han amenazado? Yo sé que Maxfield es el que controlaba al monstruo de la embajada y e otro, el rubio, se parece al que amenazó con quemar Tokio.
La sensación de peligro sobre su piel paso a segundo plano al escuchar la confesión de Saori. Ella sabía la verdad y él era incapaz de negar lo dicho. Por un segundo imagino que ella sacaría unas esposas y lo arrestaría por asociación delictuosa.
—Se que no soy una Sailor Scout, pero mi padre es un oficial muy importante. Podemos meterte a un programa de protección. Solo tienes que decirlo. Yo no puedo, no mientras estés con ellos.
—¿Quieres qué los traicione? — Darién preguntó indignado. Después de todo lo que ellos dos habían hecho para protegerlo, él no podía simplemente alzar su dedo y señalarlos como criminales. Además, estaba seguro que la policía no entendería que los generales estaban siendo manipulados por energías oscuras.
—Ellos han lastimado a mucha gente — Saori sentenció — Incluyendote.
—Nephrite y Jadeite son buenos.
—¿"Nephrite"? Darién...tú — Saori abrió la puerta del carro y se apresuró a bajar, intentando poner la mayor distancia posible entre los dos. Sus ojos enormes brillaban del terror y Darién frunció el ceño al ver esa acción.
Había dejado de ser un simple "cómplice" a uno de los criminales en la mente de Saori y ella parecía estar al borde de las lágrimas con ese cambio.
Antes de que algunos de los dos hablara, Darién sintió un escalofrío en su piel y giro su cabeza en dirección de un grito agudo que llegaría varios segundos después de que él se moviera.
El grito de Wanda saco a Saori de sus pensamientos, ella lanzó una mirada fugaz a Darién, aún sujetado al asiento por el cinturón y en cuanto apartó los ojos de él, corrió en dirección del grito. Él espero un segundo, despues abrió la puerta del carro y comenzó a desabrochar el cinturón. Algo complicado ya que su pequeña jaqueca había saltado a un dolor que nublaba su vista.
Con sus sentidos funcionando contra él, le tomo un tiempo desifrar las voces de Andrew y Saori, ambos exclamando el nombre de Wanda como si buscarán llamar su atención.
Torpemente, empujó su peso contra la puerta y cayó sobre la terracería, suavizando la caída con la palma de sus manos. Su sombra, siempre presente, comenzó a susurrar en sus oídos que Nephrite estaba cerca y Jadeite venía en camino.
Luego, la imagen de Saori intentando sacar a Andrew de un arbusto atravesó su mente. Parecía real, con Saori llorando mientras gemía el nombre de su amigo pese a saber que él ya nunca iba a respirar, frente a ellos, una críatura de piel azulada y ojos tristes tras haber matado a su propio novio.
Las emociones de las dos mujeres revolvieron su estómago y llevó una mano a su boca, el aroma metálico en sus dedos demasiado fuerte para ignorarlo. Sus ojos azules buscaron en el suelo la causa de sus heridas y vio a una inocente flor roja, sus espinas filosas dispuesta a defenderla de todos, incluído su creador.
Con su mano libre, la que no tapaba su boca, intentó capturar la rosa, creyendo que con eso cambiaría todo.
Andrew y Saori gritaban en la distancia. Escuchó el sonido de flamas provenir del jardín. Otra persona estaba al lado contrario del carro y estaba hablando en una voz clínica que recordaba a Darién sus idas al estéril hospital.
—Mars vio algo en el fuego y me llamo para que las dos investigaramos. Jupiter y Venus se encontraron con Jadeite en sus rondas y están en camino para acá, ¿quieres que las envié para tu dirección?
—No. Ya no estamos en la casa. Y yo soy la única que puede curarlo...ustedes contengan a ese youma...yo me encargo de mi hermano. Puedo hacerlo.
—¿Estás segura Sailor Moon? Este lugar tiene menos gente que dentro de la ciudad y...
—Los siete grandes youmas son más peligrosos, ¿verdad? Confía en mí, Mercury.
—Bien, la detendremos aquí cuanto tiempo sea necesario. Eso sí podemos hacer, confía en nosotras y tómate tu tiempo para salvar a tu hermano. Suerte Sailor Moon.
Daríen escuchó los pasos de Mercury alejarse y volvió a respirar, olvidando la flor en el suelo, incapaz de entender todas las revelaciones de aquella conversación. Sailor Moon, su princesa, tenía un hermano.
Por supuesto que tenía lógica. Alguien con un alma tan hermosa como la princesa, debía tener cientos de personas a quienes amar y que la amaran. Darién no era nadie especial para ella, solo un número más entre toda esa gente pese a que ella era única para él.
Sus sueños, el lugar de los dos, solo esa mañana se había revelado como una farza. Él estaba seguro de que la mujer con la que había soñado toda su vida fue una simple imagen conjurada por su mente de una princesa, una premonición en lugar de un recuerdo. Lo había intentado negar sujetando el guardapelo, pero la revelación de un hermano era recordatorio de que ella tenía otras personas a quienes pedir ayuda.
Personas a las que abrazaba, besaba y amaba tanto a la hora de despertar como a la hora de dormir. Personas reales con las que platicaba feliz de una vida alejada de los monstruos que la perseguían a ella (y a él).
Entonces, ¿por qué había nacido?
Había mucho ruido. Andrew, Saori, las Scouts, la youma... Nephrite. Todos hacían mucho ruido y él era demasiado debil como para acomodar sus pensamientos. Iban de Sailor Moon a la mirada de terror de Saori, después a Andrew hablando de que Darién no entendía a Nephrite robando su energía y a Wanda hablando de visitar la luna. A sueños que no eran reales a Fiore sonriendo mientras tomaba una rosa.
Una rosa, una niña. Dos molotes que permitían coletas y aquel cabello rubio sobre su pierna. Ojos azules que prometían que todo estaría bien. Serena.
Ella era amiga de Andrew. Andrew era su amigo. Saori, Wanda e incluso Nephrite eran amigos de Darién. El respiró hondo, dejando que los sentimientos de amistad lo recorrieran. Abrió sus ojos y miró la rosa roja en el suelo.
Él iba a protegerlos a todos.
Venus y Jupiter llegaron a tiempo para salvar a Andrew de ser arrojado a unos matorrales. La youma parecía estar feliz de atacar a los más débiles mientras Nephrite peleaba contra Mars en la distancia.
—¡Deja de moverte! — Mars gritó con desesperación tras fallar un ataque. Nephrite no había contratacado pero ella no le iba a permitir huir con un cristal arcoiris.
Jadeite ni siquiera intentó ayudar a su compañero. Cómo siempre, su objetivo principal era asegurar el bien de Darién y prefería al otro general eliminado antes que arriesgar las clases de su protegido con Mars.
Saori miraba todo desde atrás de un muro, a diferencia de Andrew ella había renunciado a intentar devolver la cordura a Wanda y esperaba paciente a que las Scouts se hicieran cargo de la situación.
—Sería más fácil matarla que contenerla — Jadeite informó a Mercury, demasiado práctico como para no señalar la solución obvia — Pero, Sailor Moon también podría aparecer ya y solucionar esto con su magia, ¿dónde está ella?
—Ocupada — Mercury contestó sin dejar de escribir en su computadora y en un tono frío volvió a hablar — Aleja a los civiles del lugar. Especialmente a Andrew.
—Novio de ella, supongo. Solo así se explica su valentía ciega. Humanos.
Jadeite lanzó una mirada a la youma encadenada por el poder de Venus y después caminó rumbo a Saori, ignorando al muchacho rubio que se negaba a seguir las indicaciones de Jupiter para desalojar. Él reconocía a los dos humanos a la perfección.
—Buenas tardes, señorita Saori ¿verdad?
Ella se incorporó y le lanzó una mirada tan gélida que podría competir contra la de Mercury. Ambos sabían que tenían que fingir una cordialidad inexistente pero los ojos de ambos eran honestos respecto a cuanto desagrado se tenían mutuamente.
—Jadeite — ella intentó no escupir el nombre pero falló y él apretó su quijada esperando alguna señal de que irían a los golpes.
—No recuerdo haberle dado mi nombre — él colocó su mano en el hombro de ella, intimidando con ese simple gesto que invadía la privacidad y seguridad de ella, pero Saori se mantuvo firme.
—Solo toma a Darién y vete.
Jadeite la vio de nuevo, buscando señal de su mentira, pero ella hablaba honestamente. Darién estaba ahí, cerca y fue Mars la primera en verlo. Ella se detuvo en medio de un ataque y giró su cabeza hacia la entrada del patio.
Nephrite, curioso por el comportamiento de su rival, también vio hacia aquella dirección, incapaz de creer lo que veían sus ojos.
Darién caminaba.
Sus pasos eran lentos y su mano sangraba al ser perforada por las espinas de una rosa que sujetaba con dedos fuertes, pero iba valiente en dirección de la youma.
Su presencia distrajo lo suficiente a Venus y la cadena desapareció de sus manos, dejando a la youma escapar. La criatura, como lo había hecho desde el principio, se abalanzó hacia el blanco más débil, llevando sus manos al cuello del muchacho y amenazando con apretar con más fuerza al menor gesto de ataque.
—¡Wanda! — Andrew gritó con fuerza y al mismo tiempo la lluvia comenzó a caer sobre ellos, fría como la youma—¡No lo hagas!
—Yo te conozco — la youma dijo mientras veia los ojos azules del muchacho a quien había capturado. No solo lo reconocía, al entrar en contacto directo con él, descubrió que dentro del joven había un increíble poder y ella sonrió mientras se preguntaba así misma de que forma podía obtenerlo.
Las manos de él sujetaron sus muñecas, increíblemente suaves como si estuviera acariciando a un bebé. Ella siempre odio eso de él. Jadeite le ordenó que parará y ella giró su cabeza para verlo por primera vez desde que había llegado.
Seguía siendo tan guapo como la primera vez que lo vio, un hombre extranjero llegado a la corte de la Familia Dorada trayendo colores a su vida con una simple sonrisa. Pero igual que la última vez, los dos estaban destinados a pertenecer a diferentes bandos. Ella se debía a Metallia y no iba a permitir que emociones de un amor que nunca fue la detuviera.
Era demasiado tarde para cambiar. Había matado y no existía tal cosa como el perdón.
—Wanda — el muchacho de ojos azules tal noche logró decir entre dientes y ella fue incapaz de clavar las uñas en su piel morena. El nombre le era conocido y los recuerdos teñidos por Metallia empezaron a desvanecer, siendo bañados por una luz dorada que traía a su mente a su madre, a sus maestros y a Andrew.
Era hermoso.
Las lágrimas brotaron sin querer y él, Darién su subconsciente logró recordar, las limpió con gentileza, logrando con ese gesto de misericordia ayudar a su alma adolorida después de todas las cosas ruines que había hecho.
La luz dorada los cubría a los dos y pese a dejar de ser visible a los pocos metros, todos los presentes sintieron su calidez rosar sus pieles, pero solamente una persona supo que hacer.
Venus corrió hacia Darién y rompió el contacto físico entre los dos, abrazando a Darién y dándole sostén al mismo tiempo. Wanda cayó al piso, primero sus rodillas golperon el césped y después su cara cayó al suelo. Andrew corrió rumbo a su novia.
Darién permaneció inconciente, su respiración tan tenue que parecía estar muerto y Venus era incapaz de pensar claramente que hacer al respecto.
La lluvia, por suerte, dejó en claro en todos que lo más importante era buscar resguardo.
