Capitulo 38
—Nephrite, ¿estás seguro de que quieres que te purifique? — Sailor Moon preguntó, sorpendida de que fuera el mismo general quién pedía quitarse su poder.
—En mi arrogancis, lastime lo que quería proteger — Nephrite miró a Jupiter, detrás de Sailor Moon parecía su guardaespaldas en lugar de su igual. Venus también estaba presente, las otras dos chicas estaban atendiendo a Darién en el templo.
Nephrite no sabía dónde estaba Darién pues Jadeite lo había teletranportado en cuanto pudo y se negó a compartir la información con su compañero. Incluso se habían peleado y Mercury tuvo que bañarlos con agua para evitar que continuarán.
—Esta bien. Lo haré.
—Estoy listo.
De nada servía todo el poder del mundo si lo iba a traicionar.
La energía de Sailor Moon lo envolvió. A diferencia de la magia dorada de Darién, la de Sailor Moon brillaba con los colores de la aurora y le era familiar de la misma forma que lo es una enfermedad. Una parte de él, la que vivía por y para Metallia, le pedía moverse, capitular sobre su decisión de perder su poder, pero después de todo lo que había hecho, tenía que pagar el precio.
Darién, cabello negro y ojos azules, de sonrisa arrogante e increíblemente noble, era alguien importante para Nephrite. Era distinto al alma gemela, ella que le dió un hijo y se marchó porque él eligió servir a un principe sin trono.
Cayó al suelo mientras recordaba, en fragmentos pequeños como siempre, pero claros por primera vez. Uno de ellos mostraba a un niño bañado por el sol caminando por un prado verde, las estrellas susurrando "cuídalo" y él obedeció, agradecido de ser capaz de proteger al niño que salvo a su esposa.
Endymion era más que un humano, las estrellas lo sabían aunque nunca revelaron el qué y si lo hicieron Nephrite fue incapaz de entenderlas.
Aún seguía sin hacerlo. Pero jamás, ni en el pasado destruido o en el presente incierto, se arrepintió de su decisión. Y al igual que antes, las Sailors eran un peligro que prefería mantener lejos del príncipe.
—¿Estás bien, Nephrite? —Sailor Moon, una niña detrás de su aspecto de soldado, preguntó con suavidad que delataba su extrema suavidad.
—Sí —él se forzó a sonreír, ella seguía siendo una aliada y debía confiar en su infantil corazón incapaz de sospechar o cometer traición, y eso era algo que Nephrite iba a aprovechar —Cuando Darién despierte, informenme.
—Por supuesto.
Nephrite las miró agradecido. Realmente jamás podría pagarles por su ayuda pero Darién no debería estar cerca de ellas. Quizá tampoco cerca de Nephrite. Pero las estrellas no dijeron nada y él se marchó del lugar en silencio, sus pensamientos completamente suyos por pimera vez en años.
Dos días después de la purificación de Nephrite, Lita se encontró sola subiendo las escaleras que llevaban al templo de Rey.
Una parte de ella quería no ir, evitar a Rey a toda costa. Ambas eran muchachas de carácter fuerte y en una imagen sencilla sus encuentros podían verse como una casa quemándose en medio de una tormenta.
Amy, alguien que podría mantener la calma entre las dos, había ido de nuevo a su escuela especial y Serena ni siquiera era capaz de pensar en visitar a Darién. Lita entendía un poco de ello, de temer pensar en él y su nombre era un tabú en los labios que lastimaba los días menos esperados.
Hubiera sido lindo, pensó Lita al avanzar otro escalón, conocer a su alma gemela: aquella persona únicamente para ella, ambos dos partes de un solo ser. Luna lo llamaba el producto de una maldición, pero Lita hubiera sido feliz con la oportunidad de saber que allá afuera alguien la esperaba solo a ella, en lugar de eso Lita pasaba sus días recordando a su superior y buscaba en otros hombres rastos de él.
Un día, quizá un día, lo encontraría. Aunque no fuera a descubrirlo en una mar de colores ese día tenía que llegar.
—¡Agh! —Lita cayó sobre sus codos tras tropezar con el último escalón, y con ello olvidó de nuevo a su superior pues el dolor la saco de sus pensamientos y de la idea de almas gemelas imposibles de encontrar.
—Lita —Rey se apresuró a saludar, riendo un poco al ver la posición de su compañera, pero perdiendo el humor un segundo después —¿Y Amy? ¿Y Serena?
—Estoy bien —Lita ignoró la pregunta de Rey y se colocó de pie. Después señaló hacia el templo con su cabeza—¿Y el bello durmiente?
—Bien, creo... Mira, ven mientras te cuento — las dos comenzaron a caminar por el patio y Lita observó la cara triste de Rey por más segundos de los necesarios, pero la sacerdotisa estaba en su propio mundo —. Darién tiene esos poderes que le dejan ver cosas y yo tengo poderes para ver. En las noches, cuando duermo, a veces...pasan cosas extrañas.
Lita se detuvó en seco y vio a los pasillos del templo, buscando un fantasma caminando en pleno día. Rey alzó una ceja y después mordió su labio, temerosa de continuar.
—Creo, creo que morimos en una guerra —Rey dijo y cerró sus ojos —. Una guerra en la Luna. Y toda la gente, Lita, a veces estoy caminando en una pasillo blanco, en mis sueños, caminó y una persona grita, Lita. Mucha gente murió, creo que mucha gente murió. Escúchame, estoy diciendo tonterías ¡Agh!
—Oh, Rey —Lita logró decir.
Era obvio que habían muerto en aquella vida pasada. Mina había dicho algo similar pero hasta ese momento, con Rey abrazándose así misma, Lita no había pensado profundamente en que su vida pasada fue asesinada durante la guerra.
Todas perdieron aquella vez y aunque habían ganado ya la guerra contra Metallia, sus remanentes seguían ahí, en las calles o en los generales, buscando un momento para salir a la luz y consumirla con su oscuridad.
—Esas cosas, sería mejor no recordarlas, ¿verdad? —Rey preguntó a Lita mientras se sentaba en la madera del pasillo, sus manos temblando y ojos vidriosos.
Un viejo amor no se comparaba a la violenta muerte en una vida pasada, pero Lita comprendía el deseo de cerrar sus ojos ante un recuerdo capaz de hacer temblar el corazón.
—Tambien mi madre —Rey ocultó su cara entre sus manos —. A veces, cuando entró al cuarto de Darién, ese cuarto era de mi mamá, y los poderes de él...yo incluso he logrado oler su aroma... ella... Ya no quiero entrar ahí.
Rey comenzó a llorar, Lita le dió una palmada amigable en su hombro y se retiró. Rey era orgullosa y apreciaría el gesto. Tras casi media hora de reflexionar, fue de nuevo en búsqueda de Rey.
—Ehm, en mi departamento vivo nada más yo. Si quieres...tu sabes.
—No, está bien —Rey dijo, su cara perfecta sin rastros de haber llorado —. Yo, no te rías ni se lo digas a Serena, amo a Serena, creeme, pero es muy celosa.
—¿Y?
—Darién es mi estudiante. Siento que es casi mi responsabilidad darle un lugar mientras se recupera.
—Arriesgo su vida por mi, también siento que es mi responsabilidad. Supongo que por eso estoy aquí y las demás no. De verdad será un alivio cuando recuerde ser Tuxedo Mask y se pueda proteger solo.
—Sí —Rey sonrió —Sera un alivio.
.
Cinco días.
Ese era el tiempo que Darién estuvo en reposó. Sailor Mercury, quién había observado todo con su visor, les informó a sus amigas y scouts que Darién, a diferencia de Sailor Moon, transfería su poder curativo a las personas.
Wanda se había curado asi misma usando el poder de Darién, explicó desanimada Amy, sus ojos tristes sobre Sailor Moon "Es posible que hacer eso acorte su vida"
Venus, a diferencia de sus amigas, sabia que eso era algo que las guardianas como ellas también podían hacer. Inmaduras como eran, usar sus poderes de esa forma las iba a lastimar a ellas mismas, lo cual no afectaba mucho pues vivirían un poco más de un milenio. Darién, en cambio, con la vida corta de un humano, él no debería hacer ese tipo de cosas.
Serena sufriría mucho. Serena iba a sufir mucho y Venus lo había permitido y lo seguía permitiendo.
—Ya muestra señales de mejora— Mercury informó a Venus, apagando el comunicador en el que le había dado la misma información a Serena — Despertara pronto. Los cálculos indican que en unas horas más. Es bueno que Rey vive aquí y lo pondrá al tanto de lo que ocurrió.
—Jadeite y Nephrite eran guardianes del príncipe Endymion — Venus comentó, su vista fija en el cielo nocturno, hablando en voz alta como si buscará limpiar su culpa al mencionar a las personas que deberían proteger a Endymion en lugar de ella—. Malakite también... Zoicite era su amigo. Ellos cuatro, en su vida pasada, mataron a su familia y destruyeron a su reino. Estoy segura de que Endymion vio a sus hermanos morir a manos de esos generales.
Mercury palideció y sus labios se volvieron una línea firme que fallaba en ocultar el horror que sentía. Venus quería compadecerla, pero en ese momento necesitaba aliadas, alguien que estuviera de su lado para no revelar la verdad a Darién aún.
En el corazón de Chiba seguía habiendo oscuridad y miedo, Venus lo había percibido cuando rompió la conexión entre él y Wanda, los remanentes logrando revelar no solo el terror a los generales. Venus, finalmente logró saber que Endymion era el inocente enamorado que dijo ser aquella vez milenios atras. Y por eso lo odiaba.
Sí él fuera un monstruo, le podría decir sin titubear que los que habían jurado protegerlo lo habían traicionado.
Era una tragedia saber cómo y cuándo fue la traición, pues la verdad, por bien intencionada, a veces era capaz de destruir a los hombres y eso era algo que no podía permitirse con el guardián del planeta en que todos los habitantes del Milenio de Plata habían reencarnardo.
—¿De verdad quieres contarle que sus dos amigos mataron a su familia en su vida pasada?
—No, eso no —Mercury dijo en un hilo de voz, despues logró recuperar su habitual calma y uso un tono clínico digno de ella — Al menos aún no. Pero es importante que él sepa que es un guardián y quién era en su vida pasada. Esta vez tuvimos suerte, pero la próxima él podría hacer algo peligroso...como Tuxedo Mask es más eficaz. Es más seguro así.
—Jadeite intentó ahogar a Tuxedo Mask y Nephrite quizo hacerlo un panqué en un elevador. Eso definitivamente lo ayudará a sentirse bien consigo mismo.O ellos, ¿verdad que no? Lo que va a pasar es que será incapaz de confiar en ellos, y nosotras somos aliadas de ellos así que también nos odiara. Es muy pronto para decirle esas cosas.
Mercury pestañeo, buscando no llorar y después accedió con la cabeza.
—Esta bien. Dejaremos la plática para después, una o dos semanas. Pero se tendrá.
—Bien. Espero que en una semana ya tengamos el cristal que falta. Lo vamos a necesitar.
Serenity podría poner un encantamiento sobre él. La protección de la princesa lograría que usar el verdadero poder dentro de Chiba fuera imposible pues primero la tendrían que derrotar al de ella. Él también sería más débil, pero considerando que estaba acortando su vida al usar su magia era mejor para todos.
Lo ocurrido en la fábrica y las plantas asesinas era una pequeña parte del poder de un guardián y Mina prefería que esa fuera su última experiencia con habilidades así.
Convencida Mercury, ahora solo le faltaban las demás.
Se fue a su casa y durmió tranquila. No había nada de que preocuparse.
Malakite abrió sus ojos y miró al calendario en la pared de su habitación. Estaba de vuelta en el departamento que compartía con Zoicite y él sentía todos los músculos de su cuerpo pesados. Había existido por milenios por y para Metallia, el exhorcismo no solo lo había dejado agotado sino con una dolorosa claridad en su mente.
Pero por su honor no volvería a doblegarse ante aquella criatura del mal.
Finalmente podía recordar su vida pasada. Aquella vida en la que él era un hermano mayor y, principalmente, un guardián de la familia Dorada, especialmente del príncipe Endymion.
La cara morena, ojos azules y cabello negro le eran familiares tanto en el mundo de sus recuerdos como en el actual. Nephrite y Jadeite lo habían encontrado, un muchacho que saltaba para rescatar gatos y estaba inválido de acuerdo a la información de Zoicite. Necesitaba, como siempre, de que cuidarán su espalda.
Malakite solo requería más fuerza para poder encararlos y, así poder volver a jurar su existencia en bien del príncipe.
Pero eso sería después, lo importante era descansar.
Cuando Darién despertó, se descubrió en un lugar que le era conocido, pero no lo suficiente como para poder decir inmediatamente dónde estaba. El olor a madera y a incienso debieron de haberle dado una señal, pero fue la llegada de Rey la que reveló todo.
—¿Qué ocurrió?
—Buenos días también — Rey dijo, ignorando la pregunta de Darién y acomodando una mesa portátil arriba del estómago de Darién — Vamos, toma algo de beber.
Daríen intentó cruzar sus brazos para mostrarle a Rey que no iba a beber nada, pero una sensación arriba de la muñeca detuvo el movimiento. Los ojos de él viajaron al pequeño tubo de suero en su brazo e inmediatamente se forzó a reconocer la sensación de una sonda abajo.
Estaban dentro de él. Especialmente esa enorme aguja que habían atravesado su piel y metía o cosas a su sistema. Y estaba dentro de él. Por quién sabía cuánto tiempo.
Años atrás, cuando era un niño que despertó en el hospital, las había arrancado de su piel sin importarle nada y había terminado cortándose así mismo. Después, se había tropezado al intentar escapar de la cama y se partió de nuevo la cabeza con el suelo, además partió su cachete con una de las agujas del suero que había caído al piso. Se había lastimado también al intentar sacar la sonda y en su desesperación clavó la aguja del suero a su muñeca.
De adulto, su reacción hubiera sido igual, pero Jadeite logró entrar y sujetar a Darién contra la cama antes de que Darién intentará sacar el catéter.
—¡Esta dentro de mí! ¡Sácalo! — Darién gritó, su mente nublada por el pánico y su respiración ajetreada le prohibía tomar el aire necesario para pensar —¡Sácalo!
—¡Tranquilo! — Rey ordenó amable y Darién sintió las emociones de ella como si lo estuviera tocando. La sensación era similar a lo que sintió la primera vez que vio a Nephrite, como si la tranquilidad de la otra persona fuera contagiosa y él se tranquilizó por inercia.
Al ver los ojos violetas de Rey, Darién dedujo que quizá tanto Nephrite como Rey usaban una magia especial que explotaba los poderes empáticos de Darién sin ser más manipuladores que lo es una sonrisa.
Fuera como fuera, estaba agradecido.
Respiró profundo y dejó el pánico ser cambiado por la humillación. Rey y Jadeite lo habían visto actuar como un maníaco y sus ropas eran las de un paciente pese a no estar en el hospital.
¿Llevaba tanto tiempo dormido que ya lo habían translado a una casa? ¿Por qué a la de Rey? ¿Qué había pasado? Intentó hacer memoria de lo qué había ocurrido:
Él había salido sin permiso, luego Wanda era una youma y las Sailors habían llegado para salvar a todos. Entre las Sailors estaba Sailor Mars que tenía cabello negro y ojos violetas junto un carácter similar al fuego.
Darién miró a Rey con detenimiento. Sailor Mars parecía una mujer de la edad de Darién, labios carmesí más delgados que los de Rey y su nariz más angosta, además Mars no tenía ojos rasgados que revelarán siquiera un poco de sangre oriental. Y sin embargo, todo encajaba.
Especialmente su amistad con Lita. O...
Darién empujó a Jadeite y lo vio por el rabillo de su ojo, notando la falta de rigidez del general pese a la situación. Jadeite era el que había conseguido a Mars de instructora, sin pedirle permiso al ausente Nephrite. Por supuesto que él sabía ya del secreto de la sacerdotisa.
—¿Dónde está Nephrite? —Darién preguntó, intentado discernir sí también Nephrite le había ocultado la verdad.
—En casa. No te preocupes por él.
—Bien — Darién se relajo en la cama y cerró los ojos. Quería estar molesto con Jadeite y Rey, detestar la red de mentiras que ambos construyeron, pero al mismo tiempo, les estaba agradecido.
Los dos le habían cuidado, desde el principio. Aunque era más fácil abandonarlo lo habían protegido lo mejor que podían pese a las más adversas situaciones.
Y sin embargo, no pudo decirles eso porque sabía que ambos aún ocultaban información de él, por lo menos con Nephrite ausente, había un mentiroso menos de quién preocuparse.
—Mi mamá me envió un mensaje, dice que Darién ya está bien — Amy comentó a la hora del receso. Lita y Serena sentadas a su lado abandonaron sus almuerzos para procesar la información.
—¿Ya fue a verlo?
—Sí. A veces no puedo creer que nos haya ayudado...Mina a veces puede tener una lengua de plata.
—Hey, si mi hija fuera atacada por un monstruo roba energía y un chico terminará en coma por salvarla, yo también le daría servicios médicos — Lita carcajeó. Serena, por su parte, empezó a jugar con su comida.
Desde el día anterior, Serena sabía que Darién iba a despertar. Eso la hacia infeliz porque finalmente tendría que confesar todo, decirle quién era ella: una princesa muerta que lo amo en una vida pasada.
Mina había dicho que Endymion dijo que él era alma gemela de Serenity, pero Serena sabía que eso era imposible al menos que ella no fuera la princesa. O Endymion mintió o todas estaban euivocadas respecto al estatus de princesa de Serena.
¿Eso qué significaba para ellos?
—Deberiamos ir a visitarlo. Ver una película, por los viejos tiempos.
—Yo...bueno, esa es una buena idea. Necesito hacer más estudios para ver si no hay daño cerebral por todos esos días de inactividad...y será más fácil si estamos en el mismo cuarto.
—Bien, entonces nos vemos mañana chicas. Yo tengo algo que hacer— Serena se levantó y se fue del lugar antes de que sus amigas la detuvieran. Era muy pronto para volver a verlo. No podía.
La primera vez que lo vio en su pequeño coma, el estómago de ella había dado un vuelco que le hizo imposible comer por varios días y le fue imposible volver a verlo: con sus ojos cerrados como si estuviera muerto. El simple recuerdo le quitaba el aire y le causaba dolor en cada parte de su cuerpo que era imposible de exhorcisar.
Algo estaba mal en ella. Con todo.
Antes de llegar a su casa, se encontró con Mina y Luna, ambas esperándola en la vuelta de una esquina, aunque parecían un poco sorprendidas de verla.
—Serena, iba a ver a Nephrite para decirle que Darién está "bien". Por alguna razón sus pies siguen sin funcionar, pero creo que es temporal —Mina explicó feliz y los labios de Serena temblaron. Mina malinterpreto el gesto y continuó hablando —Pero puedes irlo a ver ya. Finalmente.
—No quiero verlo. No puedo — Serena logró decir tras abrazarse así misma.
Mina y Luna la observaban a poco distancia, ambas confundidas por la confesión de Serena.
—¿Ya no te gusta? — Luna preguntó con cuidado, la simpatía obvia en cada palabra no juzgaba pero aún así Serena palideció.
—Esta bien Serena. Yo...no hay nada malo con dejar de amar a una persona. Dejarla ir, ¿verdad?— Mina se forzó a sonreír tras decir esas palabras y los enormes ojos vidriosos de Serena se fijaron en los de ella.
—No entiendo — Serena agachó su cabeza y sus labios temblaron antes de poder seguir hablando —Me duele, Mina. Luna. Me duele. No puedo verlo, no puedo.
—¿Te duele?
—Mi estómago. Mi pecho...mi cabeza. Duele...todo —las lágrimas de Serena resbalaron por sus mejillas sin ser detenidas — Me duele verlo. Me duele mucho…Si lo amará, no dolería. Soy una persona horrible...dije todas esas cosas de que lo amaba…
Serena alzó su vista al cielo, toda su figura temblando ante el peso de sus emociones y Mina corrió a abrazarla.
—Lo dije...— Serena gimió y su cara se llenó de dolor que era incapaz de calmar —. Pero no sé ¡No sé nada!
Mina la dejo llorar en su hombro y Luna observó todo con tristeza.
Darién miró de Júpiter a Mars, ambas con sus caras de niñas normales, fingiendo que eran simples y mundanas personas que venían a visitarlo.
De Mars, Rey, era obvio, pues ella vivía en el templo, pero los motivos de Lita eran desconocidos. Quizá si Serena, amable a un punto inconcebible, estuviera también ahí, Darién sospecharía menos de Lita, de Jupiter, de ella que sabía de los generales y de Darién desde el principio.
Todos estaban confabulado contra él y sus redes de secretos eran suficientes como para sofocar en sus traicioneros hilos.
—Mi abuelo actuó en esta película— Rey le comentó a Jadeite desde el otro lado de la habitación —Creo que les gustará.
—¿De que trata?
Darién ignoró la plática del extraño duo y volvió a fingir que leía un libro sobre teoría de la música. Lita lo acompañaba, sentada en la cama y a los pies de Darién, se pudo haber confundido que eran amigos.
Por supuesto eso era mentira.
Sus dedos apretaron con fuerza el libro y su frente se arrugó pero logró evitar ver a alguien del grupo de mentirosos alrededor de él.
—Si tienes un problema conmigo, solo dilo — Lita dijo irritada y todos voltearon a verla. Darién fue el primero en fingir que no la había escuchado y ella cruzó los brazos despues de levantarse —¿Cuál es tu problema?
Darién la ignoró y Jadeite levantó una de sus manos en señal de alto y agitó su palma en el aire.
—Solo está así porque Serena no vino.
Darién sintió sus mejillas ponerse rojas y la furia empezó a formarse en su garganta. La risa de Rey ante la situación no ayudo pero los ojos de Lita aceptaron la explicación del general y le lanzó una mirada amable a Darién.
—Va a venir después. Ella se preocupa mucho por ti también. Solo dale tiempo.
—A mí no me importa si Cabeza de Chorlito viene o no —Darién dijo tras apagar su furia, despues elaboró— Está ocupada con su familia, no tiene tiempo para ver películas o cosas tontas.
Era por eso que ella no estaba ahí. Darién sabía en su corazón que ambos eran amigos y por eso Serena lo visitaría, él creía que no le importaba cuándo y le molestaba que todos parecían creer que sí.
—Sí, deber ser eso — Rey ofreció su opinión, un halo de sabiduría en sus palabras más marcado ahora que Darién veía en ella a una scout —. Su hermano fue atacado por un youma cuando ocurrió lo de Wanda, aún debe estar preocupada por eso.
Darién sintió una loza levantarse de sus hombros. Por supuesto que era por eso, Serena era una buena hermana mayor y tenía que velar por su adorado hermanito menor. Aún así, cuando vio la película donde un principe, con sus mismos poderes, moría solo, Darién pensó brevemente, que incluso alguien dulce como Serena, podía cansarse de él.
Las amistades eran mucho como el amor, Darién pensó al ver la flor en la pantalla, son relaciones hermosas como la bella flor que crece ante la adversidad, pero incluso esa belleza es efímera y se marchitara cambiando el pasional rojo por el lugubre negro.
Tras dejar a Mina, Serena se sentía más infeliz. Luna, para su buena suerte, se mantuvo callada y su compañia silenciosa seguía a Serena como una sombra negra a sus pies.
Ella también, pequeña y con la marca de la Luna, era un recordatorio de todas las fallas en Serena: como estudiante, Sailor o princesa. Desde el principio, todo fue un error.
Las lágrimas volvieron a rodar sobre sus mejillas rojas y antes de poder limpiarlas, una persona se acercó a ayudarla.
—¿Serena? — Saori dijo el nombre de la muchacha con cautela, como si temiera asustarla.
Saori no era su mamá o sus amigas, pero Serena confiaban en ella. Además, parecía que ella también estaba sufriendo.
No había nadie en casa, así que Serena se ocupó en preparar un té, Saori la esperaba en la sala junto a Luna.
Al volver, taza de té lista, Serena vio que la otra mujer estaba sumamente agotada.
—¿Sabes de Darién?
—Ya despertó...uhm...esta bien — Serena comenzó a jugar con su propia taza, intentando ignorar el enorme peso que se había formado en su estómago al pensar en él.
—...Ya veo ¿Nephrite lo sabe?
—Aun no.
Luna maullo y Serena se dio cuenta de su error. Su estómago dió una vuelta y tragó saliva para no vomitar del estrés que le causaba saberse descubierta. Saori sabía que Serena sabía.
—Darién y tú, no sé cómo terminaron enredados en todo esto. No sé que es todo esto, pero cuando necesites ayuda, cuando cualquiera de ustedes necesiten mi ayuda —Saori colocó su mano sobre el hombro de Serena —, sólo habla. Solo dime, o a tus padres. Por favor, confía en los adultos un poco.
—Yo, yo... Saori. Soy una persona horrible — las lágrimas brotaron tan rápido que Serena apenas logró ocultar su cara entre sus manos, sintiéndose tan pequeña e insignificante, después recargó su cabeza sobre la mesa. La gente empezo a buscar la causa del ruido.
—No entiendo...¿por qué soy horrible? — Serena volvió a gemir, esta vez en la seguridad del asiento de copiloto de Saori — Ni siquiera lo visite, no quiero verlo, y...dije que lo amaba...pero aún así...soy horrible. Hasta Luna lo sabe.
—Ayudas a muchas personas, incluida yo — Saori comento con amabilidad y tras varios minutos de silencio continuó hablando —. Nunca has sido horrible y se que Darién te perdonará si lo ofendiste...mira, Darién, él y tú son iguales, tienen un enorme corazón incapaz de odiar y siempre quieren ayudar a los demás. En la embajada, ambos pusieron su vida en peligro sin esperar nada a cambio.
—Usted también, se puso en peligro por nosotros — Serena dijo mientras abrazaba a Luna, su corazón latiendo con rapidez por las emociones dentro de ella, los recuerdos de aquel evento que la hizo por primera vez darse cuenta de lo valioso que era Darién para ella —. Gracias. Muchas gracias por eso...Saori, si un día quieres ver a Darién, está en el templo Hiwaka.
—Gracias Serena. Por favor, intenta no ser tan severa contigo, nada de lo que pasó fue tu culpa.
Serena sintió la sangre irse de sus cachetes. Una parte de ella quería negar las palabras de Saori, decir que había fallado a su promesa de proteger a Darién y otra enorme parte de ella quería repetir lo dicho a Mina horas atrás, que era horrible por desear mantener su distancia del muchacho.
Al bajar del automóvil, Serena levantó su vista al cielo y apretó sus puños para recobrar el valor. Luna la miró sin comentar, pues al igual que la niña, la gata sabía que Serena necesitaba un poco más de tiempo.
Esa noche, Serena soño en un principe que tomaba sus dedos entre los de él, después llevaba sus labios a los nudillos de ella, pidiendo con ese gesto un perdón que jamás diría en voz alta. Ambos se habían equivocado al enamorarse uno del otro, Serena lo supo ese breve instante. Su amor los mató y Serenity debió saber en sus entrañas que tenía que alejarse de Darien para no volver a acabar con su vida.
"No es tu culpa" Saori susurró en sus sueños y Serena, antes una princesa, beso la frente del príncipe. Mañana, en el mundo de los despiertos, se disculparía por fallar en protegerlo, pero al igual que el príncipe Endymion, no pediría perdón por su amor.
Kido revisó el informe de Chiba, de Endymion. De nuevo se había ausentado de la escuela y había fallado a su entrevista con la psicóloga. En teoría, esos hechos administrativos no eran parte de su trabajo, pero Endymion era demasiado peligroso para dejarlo estar en las calles.
Por eso, en cuanto encontrará a Chiba, lo enviaría a un lugar donde él jamás sería libre de volver a matar a la princesa Serenity.
Solo tenía que ser paciente.
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Feliz año nuevo. Perdón por la tardanza. Necesito reviews para animarme...bueno, a forma de disculpa un omake.
Darien Chiba levantó el objeto entre su pulgar e indíce, intentando apreciar mejor la joya incrustada como una bella corona. Ese debía ser el regalo perfecto para Serena, mucho mejor que los aretes blancos que eran similares a los de ese bueno para nada de enfermero loco que merecía desaparecer de la faz de la Tierra.
—Este, me llevo este.
—Oh, muy buena elección joven — la muchacha que atendía dijo, un brillo en sus ojos parecía servir de cómplice a Darién —. Ella es una mujer muy afortunada, es muy especial para usted, ¿verdad?
—No solo para mí. Ella es especial para todo el mundo, su simple existencia hace este planeta un lugar mejor —Darién empezó a hablar sin pensar, utilizando el mismo tono que hubiera usado para hablar de una verdad universal irrefutable.
—Sin lugar a dudas afortunada. Apuesto que amará cuando le ponga esa sortija en el dedo.
—¿Ponerle?
—Sí, justo en el dedo anular. Eso la hará inmensamente feliz.
Darién no entendía que tenía de especial el dedo anular y asumió que era cosa de chicas. Por eso, cuando vio a Serena de nuevo, con la cara más triste del mundo, Darién saco la pequeña caja y sin dejar que ella hablara, tomo su mano delicada y colocó la sortija en el dedo anular de ella.
Serena miró a la sortija, luego a Darién y de nuevo a la sortija.
—¡Oh, Darien! —Serena lo abrazó con fuerza, revosando de alegría —Aceptó, aceptó, aceptó.
Años después, todos se podrían reír de la propuesta de matrimonio que no era una propuesta de matrimonio, lo único que Darién entendió al día siguiente fue que de repente Serena era su novia. Y Serena descubrió que el anillo era solo un regalo cuando Darién le volvió a regalar otro anillo y volvió a repetir el gesto en el cumpleaños de ella.
Bueno, nadie era perfecto.
